Al parecer el acta se había quedado en el mostrador, Ouji solo traía la tarjeta que nos había

dado la señora. Ni siquiera me daban ganas de regresarme por ella. Además, ¿de qué serviría? En

sólo semanas, dejaría ser su esposa y volvería a ser Bulma Brienfs.

—Se acabó— miré mis manos no sabiendo qué más decir.

Ouji, sólo me observa.

En mis manos, se hallaba aún el anillo. Frunzo el ceño al darme cuenta que llevo otra alianza

plateada en otro de mis dedos, suponía que esa me la habían dado en la capilla. Ya que de reojo pude notar que era parecida a la que él usaba.

—Puedes quedártelo.

—¿Qué? —Pregunté incrédula—. No, desde luego que no lo quiero— me quite rápidamente su anillo y se lo extiendo.

Se encoge de hombros y al momento que él iba a tomarlo, una pareja tambaleándose paso entre los dos provocando que cayera al suelo.

—¡Ups, perdone! —nos dice la mujer ebria que se sostiene de un señor mucho mayor que ella.

—¡Nena, ahí! —canturreo el hombre señalando la capilla romántica.

Hice una mueca al verles entrar a la capilla. Tal vez, tanto Ouji como yo teníamos el mismo

aspecto cuando nos casamos. Abajo, el anillo brillaba en la alfombra dorada.

—Ah— me queje al chocar contra él, me incorporé —.Creo que solo eso tengo tuyo —dije

mientras le observo recoger el anillo. Esos ojos grises me observaron.

—Al parecer.

—Me hubiera gustado despedirme de Vega.

—No—dice tajante.

Y no pude evitar hacer una mueca ante su tono duro.

—No sería correcto—continúa él—. Bastantes desilusiones por esta semana ha tenido.

—Cierto —acepté sin opción su excusa.

Los segundos pasaban lentamente. Se podía escuchar a la pareja, que entró en la capilla romántica tratando de decir sus votos. Ouji, ni siquiera hacía el intento por hablar. Noté cómo miraba a lo lejos, al pasillo que daba al lobby del hotel. Así que comprendiendo su urgencia por irse. Pongo mi mejor sonrisa falsa y miró aquellos ojos negros.

—Bueno, eso es todo.

Él simplemente me observa, con el ceño fruncido.

—Adiós— me despido torpemente, y me doy la vuelta. Evito girar la cabeza y verle, así que

Comienzo a caminar con paso rápido.

Ouji ni se despidió.

Tal vez, por inercia fue que llegué a mi habitación. Sin prisas, comencé hacer las maletas.

Mientras divagaba sobre todo lo ocurrido esta mañana.

Dado que seguía sin recordar absolutamente nada de esa noche, comprendí que en días, todo lo que sucedió, solo sería un desagradable recuerdo. No hacía falta explicarle a Yamcha.

En todo este tiempo que llevamos juntos, jamás lo había mirado de esa forma tan intensa, como la pareja de recién casados de hace un rato y para mi sorpresa tampoco él. Si, recordaba esa ilusión que me embargaba los primeros meses, pero mientras más pasaba el tiempo, la ilusión desaparecía. Y al parecer, que soy la única que se da cuenta de ello. En cuanto cerré la maleta, mi celular sonó.

—¿Si? —conteste sin mirar la pantalla.

—Bulma.

Y pensando en el rey de roma.

—¿Por qué no llamaste?

Inmediatamente mi otra mano se convirtió en un puño al escucharlo. ¿Es que siempre sería yo quien debía llamarlo? Apreté con más fuerza el celular al sentir el coraje de gritarle…

—Tienes días sin comunicarte con nosotros— interrumpió Yamcha mis pensamientos—. Tu madre me habló, quería saber si estabas conmigo ¿Dónde estás? Me tienes muy preocupado, mi amor.

¿Y por qué no me llamas si tan preocupado estabas? Mordí mi labio para evitar responderle eso y otras cosas más. Estaba cansada de que siempre sucediera esto. Y de que mi madre sólo se comunicara con él, en vez de llamar a su hija primero.

—¿Bulma?

—Eh… ¿No les dije que iba a venir a Las Vegas? —recordaba perfectamente no haberle dicho a nadie.

A lo lejos escuché un par de cosas cayéndose.

—No—su voz sonó fuerte— No lo hiciste.

—Lo olvide.

— ¿Cuándo regresas?

—Hoy.

No era en mi plan regresar al día siguiente, quería estar al menos todo el fin de semana aquí.

Pero, acostarme con Ouji me había dado pánico, sé que me estoy comportando como una cobarde al huir y además no tengo porqué irme, ni que él me reprendiera o comentara lo sucedido entre nosotros.

—Cariño —su tono se volvió más acelerado —Tengo que terminar algo, te llamo después.

—De acuerdo.

Su respuesta fue que colgó.

Alivio. Fue lo que sentí. Por lo regular, siempre me cuestionaba más cuando no seguía la

conversación o según él me notaba distante. Eso provocaba discusiones sin sentido entre nosotros. Y, las odiaba. Más cuando la familia sentía que tenía el derecho de meterse y defender al que supuestamente es la víctima. Sí, siempre es él.

Recorrí la habitación, era casi idéntica a la habitación de Ouji, sólo que más sencilla. Dejé

salir un largo suspiro, al observar detenidamente la cama sin deshacer. Pasar la noche con el actorcito, me hizo confirmar las sospechas que ya venía cosechando todo este tiempo. Y por lo que ahora estaba completamente decidida.

Acabaría mi extraña relación con Yamcha, aunque mi familia no estuviera de acuerdo.