Saludos queridos lectores, así sea unos pocos, tengan un muy buen día. Les traigo nuevamente otro capítulo, ya sé que tardé en actualizar, pero para enmendar un poco las cosas voy a subir 2 capítulos seguidos. Aún tengo que encargarme seriamente de unos asuntos personales y también meditaré más a fondo como enriquecer más la historia. Si bien estoy más seguro, tengo que ver de agregarle un poco más de emoción, no necesariamente irme fuera de la idea original, pero si algo que siga renovando el interés en el fic. Bueno, sin más preámbulos, vamos al fic.

Disclaimer: Five nights at Freddy's no me pertenece, sino a Scott Cawthon ( como las mascotas animatrónicas y los guardias nocturnos del juego), los demás personajes que aparecerán en esta historia son meras invenciones propias, así como las situaciones que los implican, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.


Capítulo 4: Un nuevo día

Llegó a duras penas a su departamento; el cansancio ya empezaba a ganarle. El joven guardia atinó por poco a caer dormido sobre su pequeña cama, pero recordó lo transpirado que estaba, así que se desvistió y se fue al baño a tomar una ducha rápida.

Sumido entre sus pensamientos, mientras dejaba correr el agua del calefón, pensaba sus posibilidades reales.

El dinero no era su única motivación, realmente el veía eso como un medio para conseguir lo que quería. Él sabía que debía recuperar algo perdido y cumplir una vieja promesa.

No puedo volver así!- dijo mientras apretaba fuertemente su mandíbula- voy a hacerlo, aunque me cueste el alma- siguió diciendo, mientras golpeaba la pared del baño.

Exequiel no tenía muchas posibilidades. En este momento se encontraba solo; a pesar de que tenía un amigo con el que se mantenía en contacto, él sabía en el fondo qué no tenía nada que ofrecerle. Ya no poseía la motivación qué tenía hace un año, cuando aún estudiaba una carrera universitaria. No se esforzó lo suficiente y terminó dejándolo.

Luego de cambiarse, por fin se pudo dejar caer en su cama y dormir. Para cuando abrió los ojos ya eran las 13:15. Se levantó sintiéndose renovado y se dirigió hacia su heladera.

Bueno, hay que ver que se puede comer- se dijo mientras revisaba en el viejo armatoste que, a pesar del tiempo, aún seguía funcionando-. Un, dos tomates, una hoja de lechuga, un poco de mostaza y un pedazo de queso - se decía el chico mientras miraba en todos los rincones del mismo, creyendo que iba a aparecer algo más-. Para su suerte en el pequeño freezer del mismo, había olvidado comer una milanesa de la semana pasada, no la había visto porque la había tapado sin querer con la cubetera.

Algo es algo- dijo al aire, con una pequeña sonrisa formada en su rostro-. El joven estaba realmente comiendo menos desde la semana pasada, intentando ahorrar lo máximo posible para pagar la renta del mes pasado.

Sacó un cuchillo y una tabla de madera. Se dispuso a preparar una ensalada, cortando el tomate en rodajas y disponiendo la hoja de lechuga doblándola con los dedos y cortándola de manera que quedara en tiras finas. Un tanto torpe, unió ambos alimentos en un plato hondo de vidrio.

Entonces fue cuando tomo una sartén de adentro del horno de su cocina, la lavó con agua y seco con un repasador que tenía sobre la mesada. Afirmó la misma en una de las hornalla y procedió a prenderla con un fosforo un tanto humedecido. Acto seguido recordó poner el aceite en la misma y espero un tiempo. Cuando creyó conveniente, colocó la milanesa a medio descongelar, provocando que saltase aceite. El joven reaccionó rápido soltando bruscamente la misma, dando un pequeño salto hacia atrás, pero no pudo evitar que le diera en el antebrazo. Quejándose por lo ocurrido, se lavó el mismo con el grifo de la cocina y se lo seco con el mismo repasador. Cuando estuvo lista, la puso en su plato y le agregó un poco de la mostaza que le quedaba.

Una vez terminó de comer, limpió y guardó todo en su respectivo lugar. Ya estaban dando las 15:25, así que decidió salir un poco a caminar, aun no estaba del todo seguro si debería hablar de esto con alguien, posiblemente no le creerían o podría enterarse su jefe y quien sabe que haría el mismo en contramedida. Así que si tenía que hablar con alguien, solo sería con una persona de confianza, un amigo.

Decidido, tomo rumbo hacia la pensión donde estaba alquilando su amigo. Una vez frente a la puerta, toco el timbre esperando que alguien lo atendiese. Otro inquilino salió a recibirlo, y le dijo que esperase, que ya llamaría a su amigo. Al rato el otro joven llegó...

Hey, Exequiel- le dijo con un tono bastante alegre- es raro que vengas sin avisar- le dijo mientras se saludaban con un abrazo-.

Bueno- dijo el otro joven, mientras se aclaraba la garganta- es sobre el trabajo, por lo que discutíamos ayer, no sé si recuerdas-le dijo a su amigo, mientras miraba hacia un costado-.

¿Que paso?- miraba al otro joven seriamente- no me digas que eran verdad los rumores, te dije que era peligroso...-Exequiel lo interrumpió antes de terminar-.

No, nada de eso- dijo mintiéndole-. El lugar da miedo de noche, pero nada más- agregó mientras lo miraba con una sonrisa fingida- aunque necesito tu ayuda en otra cosa.

El otro joven aun sospechaba de los motivos de la visita de su amigo. Lo conocía bien y no era alguien de hacer ese tipo de cosas.

Espera un poco- dijo calmándose, para luego continuar- si no pasa nada, ¿entonces para que me necesitas?

El otro joven se puso un poco tenso, realmente sabía que sospechaba, pero aun así necesitaba comentarle a alguien sobre su trabajo, para liberar un poco la tensión.

Es que el jefe es un poco jodido- dijo mientras se rascaba la cabeza- y, a la noche deja la energía de reserva funcionando, así se ahorra en luz- exhaló un poco de aire y continuó- en fin, anoche me quede sin luz a menos de 30 minutos de terminar ni turno, así que quisiera saber que me recomiendas hacer para mantenerme al tanto de la energía restante, o algo por el estilo- le dijo mirándolo seriamente.

Por un momento su amigo medito lo que le dijo, era extraña la situación; energía limitada, en un trabajo de seguridad, de noche. Era demasiado raro, pero aun así decidió ignorar este hecho, y solo se limitó a comentar lo que este le dijo anteriormente.

Wow, con razón, no sería raro pensar que algo pasa con un jefe tan amarrete- le dijo mientras se limpiaba la manga de su camisa, que había apoyado en la pared- Bueno, de por si hay que plantearse muchos factores que influyen en el generador y los componentes que va a mantener encendidos- decía mientras se acariciaba la barbilla-. Necesitarías saber la cantidad de trabajo que es capaz de soportar, los requerimientos de todos los aparatos conectados.-el chico levantó un poco los hombros y luego agregó- eso es lo que supongo, la verdad no te podría ayudar correctamente, no se sobre electricidad ni esas cosas.-terminó por decirle, a lo que el amigo solo resigno a suspirar ante lo poco útil del consejo-.

Aunque yo que vos, le reclamaría a tu jefe esa información- agregó mientras lo miraba seriamente- Después de todo, te es de vital importancia para poder cumplir tus obligaciones correctamente.- le dijo mientras hacia una mueca-.

El otro joven se impresiono ante las palabras de su amigo. Realmente no creía que le fuera a sacar algo de ayuda a ese tipo, pero podría intentarlo, después de todo era parte de sus obligaciones.

Si, supongo eso haré- le dijo mientras miraba hacia el suelo- bueno, gracias por el consejo, tal vez nos veamos mañana- le contestó mientras intentaba darse la vuelta, pero su amigo lo retuvo-.

Espera un momento- le dijo mientras lo sostenía por el brazo- recién llegas y ¿ya te vas?, quédate otro rato, yo sé que no tienes otra cosa que hacer- lo miraba a los ojos, esperando su respuesta-.

El otro joven aceptó la invitación y se quedaron conversando hasta las 17:13, cuando recordó que debía hablar con su jefe antes de su turno, así tendría tiempo para descansar.

Se despidió de su amigo con esta excusa y se fue directo hacia la pizzería. Una vez llegó allí, vio que no había tantos niños como el día anterior, así que llegó más rápido al despacho de su jefe, al cual llamó tocando la puerta. Desde dentro el joven escuchó la voz del hombre que le decía que pasara.

Hola, chico - le decía al joven sin levantar la vista de unos papeles que lo tenían ocupado- ¿qué te trae por aquí tan temprano?- agregó con curiosidad-.

Bueno, como usted sabe, a la noche la electricidad se ve limitada por las reservas del generador- le decía el joven intentando encontrar las palabras correctas para su petición- y para poder actuar en el trabajo de manera más eficaz, desearía tener un modo de saber cuánta energía le queda- terminó mientras miraba al hombre concentrado en sus papeles-.

Ayer, por que llegaste tarde- le dijo mientras levantó su mirada hacia el chico, con cierto enojo- olvidé avisarte que el técnico dejo una hoja con recomendaciones sobre ese tema, y las guardó adentro del cajón de tu escritorio- continuó mientras volvía su mirada a sus papeles- las podrás leer una hora antes de empezar el turno, ahora mismo se está ocupando la oficina.- agregó mientras lo incita a retirarse- Si no tienes más que decir...

Bueno, lo dejo- dijo el joven un tanto molesto- perdón por molestarlo- concluyó mientras salía del despacho rápidamente-.

Salió afuera del local y le entro nuevamente desconfianza y miedo. Realmente, ¿estaba seguro de continuar?, ¿era tan imprescindible terminar este trabajo? En parte se resignaba a hacerlo, porque su orgullo no le dejaba retirarse, eso fue en un principio lo que lo puso en su situación, pero había algo más que no lo dejaba irse de aquel trabajo suicida.

Entonces creyó que a lo mejor ya no pasaba de esta noche, así que se dirigió hacia el teléfono público más cercano. Insertó unas pocas monedas y realizó una llamada...

Hola- dijo una voz femenina- ¿quién habla?

Soy yo- dijo el joven con inseguridad- Exequiel...

¡Hijo!, ¿pasa algo?, ¿porque no te comunicaste en estos últimos meses?- dijo la voz con un tono de preocupación- ¿por qué nos dejaste así? Estuvimos preocupados todo este tiempo- le dijo reprochándolo-¿ Hola, estás? ¿Para que llamas si me vas a tener esperando sin decir nada?- agregó con un tono molesto-.

Perdónenme, yo... fui un tonto- dijo el joven vacilando en sus palabras- nunca pude enfrentar mi realidad, soy un fracaso...

¿Qué dices hijo, estás bien? No entiendo lo que intentas decir- dijo la otra voz bastante preocupada-.

No, no estoy bien mamá- dijo con mayor firmeza en sus palabras- nunca estuve bien, y lo sabes- agregó casi arrastrando las palabras en su boca-.

Sabía que no era buena idea dejarte ir solo- dijo con seriedad en su voz- le dije a tu padre que no estabas listo para hacer las cosas por ti mismo, pero no - agregó aumentando el tono de voz- querías irte a estudiar a esa ciudad, en vez de quedarte en casa, donde están tus padres que te cuidan...

Mamá, no digas nada más- dijo el joven con resignación- yo les mentí- continuó mientras miraba el suelo con los ojos llorosos- Yo los quiero, pero no podía soportarlo más, solo quería irme- terminó mientras contenía las ganas de gritar-.

¿Por qué?- dijo aquella voz por el teléfono-si nosotros te dimos todo, tu hermano nunca fue tan desagradecido...- se escuchó como el joven golpeó el teléfono contra la pared de la cabina-

Siempre con eso- dijo el chico mucho más enojado- tu hermano hizo esto, tu hermano lo otro- agregó con impotencia en sus palabras- Él siempre tuvo su aprobación para todo.- hizo una breve pausa, tomo un poco de aire para calmarse y siguió- Para su desgracia, yo no soy mi hermano, ¿cuantas veces más te lo tengo que decir?- terminó de hablar, pero el inminente silencio le hizo pensar que había dicho demasiado-.

Eso ya lo sé, hijo-dijo la voz, con más sutileza- Tu padre y yo siempre velamos para que puedan vivir una vida tranquila, los queremos a ambos por igual...

Eso no es lo que te estoy diciendo-dijo el joven interrumpiendo lo que su madre le estaba hablando- yo sé que ambos nos quieren, y yo si respeto a mi hermano,- agregó mientras apretaba el teléfono con fuerza- pero sé que siempre él será su preferido - dijo con un tono dejado en la voz- Nunca di con la talla de sus expectativas - al joven empezaban a escaparse pequeñas lágrimas de los ojos- Recuerdo sus miradas cuando no obtenía buenas calificaciones, y si quería empezar algún proyecto, solo ponían esa cara de descontento, como si fuera inútil el que lo intentara. En cambio a él le miraban distinto. Hasta salió como el mejor promedio de su curso, y yo...-intentaba contener el llanto, por tantas emociones encontradas, los recuerdos no le hacían bien- no pude lograr destacarme en ningún tipo de disciplina.

Haz llevado un carga que no eres capaz de soportar tu solo - dijo su madre con un tono apagado- Hay veces que no puedes hacerlo todo tu solo, necesitas pedir ayuda y dejarte ayudar - dijo la voz a través del teléfono-.

El joven, limpiándose las lágrimas, sabía que su madre tenía razón, pues él siempre quiso hacer todo por su cuenta, era su orgullo y su maldición. Ese inútil pensamiento lo tenía en esa situación, negándose a pedir la ayuda que necesitaba, haciendo más de lo que era capaz. Esto solo lograba que el mismo se echara la culpa por todo y terminara recluyéndose en solitario, por la vergüenza del fracaso. Eso mismo lo hizo continuar en su posición.

Nunca me sentí bien en esa casa - dijo el joven, con frialdad en su voz- Discúlpenme lo que hice, pero ya no puedo seguir huyendo a los problemas, mamá- dijo mientras del otro lado, su madre lo escuchaba meditando lo que su hijo le estaba diciendo-

Ya te dije que hay cosas que no puedes hacerlas solo, no te guardes todo, sino va a terminar haciéndote daño- le dijo con un tono de preocupación y angustia-

Esto tengo que hacerlo solo-dijo el chico, mientras sostenía con firmeza el teléfono- sabes que también tengo mi orgullo-concluyó formando una pequeña sonrisa en su rostro-.

Deja de lado ese orgullo tuyo y regresa a casa - dijo su madre con la voz irritada- Si sigues así, no vas a terminar bien...

El tono del teléfono hizo saber que el tiempo de la llamada se había terminado. El joven colgó nuevamente el mismo dejándolo sobre el interruptor, lo hizo de manera lenta, mientras miraba estático el suelo. No tuvo para el ningún sentido hacer esa llamada, solo le recordó lo tonto que era, porque no pudo decirle de manera directa lo mucho que los apreciaba y extrañaba. Era incapaz de decir lo que realmente sentía. Por eso estaba solo, ese orgullo e impotencia le impedían enfrentar el mundo.

Pero ahora no era momento de pensar en esas cosas. Aún tenía que esperar unas horas antes de comenzar su turno, así que volvió a su departamento y se dejó caer en su cama para descansar un poco.

Aún tenía que enfrentar su segunda noche...


Hasta aquí este capítulo, que fue algo bastante experimental. No sé si habrá quedado bien, quería mostrar un poco la personalidad del protagonista, almenos lo intenté. Como es capitulo doble, les dejo continuar su lectura. Saludos!:

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