DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

SUEÑOS AJENOS

CAPITULO 3

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Julio 5, 1993

Nuestro avión rumbo a Londres acaba de despegar y no puedo evitar preguntarme: ¿Vale la pena? ¿Será que todo vale la pena?

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- Sí que estás distraído hoy – comentó Emmett haciéndolo volver del lugar donde llevaba inmerso desde hacía cinco días, cuando Tanya, sin quererlo, había resucitado el recuerdo de Bella

- ¿Eh?

- ¿Qué te pasa?

Emmett se sentó en la tumbona a su lado dándole un trago a su cerveza.

Toda la familia se había reunido en la casa de Emmett y Rosalie para un domingo en familia.

Las mujeres de la familia estaban en la cocina ultimando la comida, mientras Alice les explicaba los detalles de su vestido de novia.

Alice estaba prometida con el hermano de Rosalie, Jasper Hale. Convivían desde hacía ya dos años y la boda estaba prevista para la próxima primavera. Faltaba mucho aún, pero Alice creía que no habría tiempo para todo.

Jasper y Carlisle discutían sobre inversiones. Jasper era el asesor financiero de los Cullen y sus ideas eran siempre bien recibidas por Carlisle.

Emmett y Edward eran los encargados de preparar las hamburguesas en la barbacoa mientras vigilaban a Vera y Henry, los hijos de Emmett de seis y cuatro años respectivamente.

- Nada. ¿Por qué lo preguntas?

- Venga ya, hermano. Te conozco. ¿Problemas con Tanya? ¿Problemas en el hospital?

- No, en el hospital todo va bien.

- Entonces ¿problemas con Tanya? – indagó Emmett suspicaz

- No, tampoco. Con Tanya estamos muy bien.

- ¿Seguro?

- Completamente

- ¿Entonces?

Inspiró profundamente y exhaló antes de hablar.

- Son tonterías...

- No importa. Cuéntamelo igual.

- Estos últimos días he estado pensando mucho en Bella – confesó

- ¿Bella?

- Sí. Bella Swan.

- ¿Bella Swan? ¿Aquella chiquilla de Forks?

- Sí – dijo dándole un trago a su botellín

- ¿Y eso? ¿Por qué ahora piensas en Bella?

- Entre las cosas que Esme me envió de mi habitación en Forks había un libro que era de Bella. – explicó – Era su libro favorito. Lo leía y releía todo el tiempo. Hasta yo mismo había memorizado algunos diálogos que solía recitarle.

- Eras un romántico – bromeó su hermano arrancándole una sonrisa

- Supongo que sí lo era. Dejó ese libro en la cabaña aquella última noche.

- La noche que su madre se la llevó.

- Sí. Te hubiese necesitado entonces – comentó con fingida diversión

- Sí. Supongo que un abogado le hubiera hecho saber a la mujer que no podía encerrarte por acostarte con su hija.

- Sí. Hubiese sido útil saberlo entonces.

- Nada hubiera cambiado, Edward. La chica seguía siendo menor de edad. Se la habría llevado a Inglaterra de todos modos.

- Supongo que sí.

- Y ¿qué pasa? ¿crees que aún la amas?

- No. Claro que no – dijo con seguridad – Era un chiquillo en ese entonces. Bella fue mi primer amor, mi novia de instituto, sólo eso.

- ¿Entonces?

- En parte, creo que aún me condiciona en mis relaciones de pareja

- Explícate

- Sabes que no termino de decidirme a formalizar mi relación con Tanya

- ¿Y eso es por Bella? Creí que era por lo que había sucedido con Irina

- Sí, lo es. Pero lo que sucedió con Irina fue resultado de lo que había vivido con Bella. Me casé con Irina porque no podía soportar que regresara a Moscú.

- Dios, Edward, eso es muy rebuscado. Te casaste con Irina porque era tu novia y resultó ser una zorra. Porque tu ex mujer era una zorra te cuesta volver a comprometerte. Bella Swan no tiene nada que ver con eso.

- ¿Estás seguro?

- Desde luego que sí – sentenció el moreno - Tanya es una buena mujer – dijo Emmett después de un largo silencio

- Lo es

- Pero...

- No he dejado de soñar con Bella en toda la semana – confesó sintiéndose culpable

- ¡Diablos, Edward! No arruines lo que tienes por tontos fantasmas

- Lo sé

- Esa chica ya ha rehecho su vida. Seguramente esté casada y con dos o tres niños. Deberías hacer tú lo mismo. No sabes nada de ella.

- Supongo que sí. Lo último que supe de ella fue que vivía en Londres y bailaba en el Royal Ballet.

- ¿Y eso cuándo fue?

- ¡Qué sé yo! Cuando murió Charlie Swan, hace como seis o siete años.

- Si no había regresado entonces, difícilmente lo haya hecho después

- Lo sé

- Por lo que más quieras, Edward, no arruines esto...

- ¿Que no arruines qué cosa, cariño? – preguntó Tanya llegando por detrás y abrazándolo por la espalda

- Las hamburguesas de Emmett – sonrió besando a su chica y dando el tema por finalizado.

En ese mismo momento, en Los Hamptons, en la casa de Phil y Renée Dwyer, Bella colocaba la vajilla en el lavaplatos mientras su madre preparaba el café.

Por la ventana de la cocina veía a su novio hablando con el marido de su madre.

- Garrett me ha contado sobre tu retraso – dijo su madre sacándola de su ensimismamiento

Se volteó hacia ella incómoda.

- Ya me ha llegado el período – explicó restándole importancia

- Sueles ser muy regular, deberías consultarlo con tu médico.

- Tengo cita para el lunes

- Bien. Garrett dijo también que consultarás por métodos anticonceptivos...

- Sí – respondió molesta – Esterilización, básicamente

- Isabella, cariño – dijo su madre cariñosa acercándose a ella – Sé que crees que es una tragedia...

- Lo es – sentenció

- Claro que no, cielo. Es la mejor opción.

- Si ser estéril es la mejor opción, no entiendo por qué no es Garrett quien se somete a una vasectomía – argumentó cuando lágrimas de frustración rodaron por sus mejillas

- Cariño, eres tú quien debe no tener hijos. Son tus hijos los que arruinarían tu carrera, no los de Garrett

- Se supone que si él y yo estamos juntos, son los hijos de ambos

- Sí. Pero si en algún momento os separaseis y tú tuvieses otra pareja, tendrías el mismo problema

- ¿Y no se te ha ocurrido pensar que tal vez ningún otro hombre me querrá si no puedo darle hijos?

- Si te ama, no le importará que no puedas tener hijos. De hecho, lo comprenderá...

- ¿Tanto odias haberme tenido a mí? – preguntó acongojada

- No, cariño, por supuesto que no. Pero no quiero que arruines tu vida. Puedes tenerlo todo, Isabella. Todo por lo que hemos luchado. Todo por lo que has trabajado toda tu vida.

- Parece ser que puedo tenerlo todo excepto hijos.

- Podrías adoptar si quisieras

- Sí, ya lo sugirió Garrett

- Ese hombre te ama, cariño.

- Garrett proyecta en mí su frustración por no haber podido bailar – "como tú" pensó, pero no lo dijo

- No es verdad. Él, al igual que yo, sabemos lo que es no tener la oportunidad de ser grandes. Tú la tienes, y porque te amamos no queremos que la pierdas.

- Nunca se te ocurrió pensar que yo tal vez no quisiera ser bailarina

- Tonterías – dijo la madre desdeñosamente y salió de la cocina llevando el café al jardín.

Bella se quedó sola en la cocina viendo a través de la ventana a su familia.

Si tan solo su madre o su novio no se hubiesen visto frustrados, tal vez ella podría haber dedicado su vida a las cosas que ella quería.

Escribir. Escribir algo más que sus diarios.

Escribir y Edward.

Edward. Edward Cullen.


Hola! He vuelto y ahora sí espero poder seguir por aquí.

De nuevo mis disculpas por no poder publicar como debiera estos días, espero poder compensaros.

Agradezco a todos las muestras de apoyo en estos días pasados. Como ya comentara las cosas están mucho mejor y mi mami se está recuperando fantásticamente.

Ahora todo vuelve poco a poco a la normalidad, así que gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos, y gracias por leer.

Dejo el adelanto del próximo capi:

– Tuve un caso que me preocupó un poco

- ¿Qué caso? – indagó Edward sin levantar la mirada de la ficha que estaba completando

- Una chica quería hacerse una ligadura de trompas

- ¿Una chica? – preguntó curioso – ¿Muy joven?

- Bastante, sí. 28 años.

- Vaya ¿Tiene muchos hijos?

- Ninguno

Edward al fin la observó.

Besitos y nos seguimos leyendo!