Capítulo 4 El amor incondicional de una niña

La noche volvió a caer. La luna nuevamente brillaba en el oscuro firmamento. El día no había sido fructífero. Naraku, ese ser despreciable, continuaba oculto entre las sombras. Tan cobarde para enfrentarse a él, al Gran Sesshōmaru.

Sus acompañantes se mostraban cansados. El día para ellos resultó agotador. La persecución de Naraku estaba resultando complicada. Sobre todo considerando que se encontraba escondido… no se sabía donde, y que posiblemente buscaría el momento y lugar adecuado para, tal vez, tomarlos por sorpresa.

Porque lo que Naraku deseaba era completar la maldita perla de las cuatro almas, la Shikon no Tama, y Kohaku tenía un fragmento de ella, introducido en su cuerpo por él mismo. Deseaba recuperar ese fragmento a costa de la vida del jovencito. Y si era necesario, enfrentar al Daiyōkai. Pero hasta el momento no le había presentado su repugnante presencia, porque sabía que Sesshōmaru podría acabar con él sin compasión. Por ello debía ser preciso y mientras no tuviera la forma de vencerlo, seguiría oculto.

Además, estaba el hecho de que Inuyasha y sus acompañantes humanos no eran de mucha ayuda, en su opinión, y que la yōkai taijiya es la hermana mayor de Kohaku. Por lo tanto, también buscaban la forma de acabar con ese engendro para salvar la vida del muchacho. A pesar de sus esfuerzos, no se ha progresado mucho.

Señor Sesshōmaru, — la linda voz de la pequeña de cabellos negros lo sacó nuevamente de sus pensamientos — creo que tengo mucho sueño. — y lanzó un pequeño bostezo — ¿Dónde podemos descansar?

Volteó para mirarla detenidamente con sus profundos ojos ambarinos, aunque sea un momento, y desvió nuevamente la mirada hacia la luna.

Nos quedaremos aquí — dijo el Daiyōkai sin mostrar emoción alguna en sus finas facciones de estatua griega. Buscó un lugar algo alejado para sentarse.

Así que se acomodaron para descansar. Kohaku llevó algunas ramas secas para que, con la ayuda del Báculo de Dos Caras de Jaken, pudieran encender una fogata y así sentirse más seguros. "¿Por qué yo?" protestó Jaken pero recibió una dura mirada de su amo, así que mejor cerró el pico. Bueno, más seguros de lo que ya estaban, porque la presencia de Sesshōmaru era intimidante. A pesar de ya no tener a Tōkijin, él es un yōkai poderoso. Y Tenseiga, ahora re forjada, era ya un arma mortífera.

Procure descansar Señor Sesshōmaru. — le dijo Lin sonriéndole desde su improvisada cama de hojas — Mañana será un día pesado.

¡No seas tonta niña! — le espetó Jaken enojado — El amo no necesita… — pero una pedrada, lanzada sutilmente por su amo, lo hizo callar y dormir.

¡Buenas noches Kohaku! — Lin se despidió de su amigo, mientras soltaba nuevamente un pequeño bostezo y cerraba sus grandes ojos cafés — Y usted también descanse bien señor Jaken.

El sirviente yacía desvanecido.

Que duermas bien Lin — le contestó el muchacho, bostezando también y cerrando los ojos, del mismo tono que los de ella.

Y así se durmieron, adentrándose al mundo de los sueños. El Daiyōkai observó por un momento a la pequeña que dormía, sumida en ese mundo donde nada ni nadie podía hacerle daño. Después desvió nuevamente la mirada hacia la luna. ¿Dónde podría esconderse ese maldito? Recordó que tiempo atrás, ese malnacido se había ocultado en un lugar sagrado, al que difícilmente hubiera accedido siendo un yōkai como era. Pero su mente divagó un poco más atrás… cuando la estupidez de su sirviente pudo haber sido el final de esa pequeña. La bondadosa niña arriesgó su vida para salvarlo del veneno mortal de los insectos del infierno, sirvientes de Naraku, los Saimyōshō.

Un tiempo después de que Naraku se ocultara para recuperarse de sus heridas, esas heridas que por poco acaban con su miserable vida, el imponente Daiyōkai y sus acompañantes se encontraban en medio de un frondoso bosque cuando…

Señor Sesshōmaru, — dijo la pequeña Lin mientras su estómago emitía un rugido — me parece que tengo un poco de hambre.

Sesshōmaru no le contestó, porque Jaken le gritó a la niña:

¡Quédate con tu hambre y no molestes!

Por toda respuesta, la pequeña Lin descendió de un salto del lomo de Ah – Uh y se internó un poco más allá de unos arbustos.

¡Iré a buscar un poco de comida! — gritó mientras se alejaba.

¡Niña grosera! — le espetó Jaken enfadado — ¡Nunca entiendes!

Jaken, — la voz profunda de su amo lo hizo callar — déjala que vaya.

Sesshōmaru observó de soslayo como Lin se había ido, y se quedaron ahí para esperarla… algo le olía muy mal.

Y tal como lo sospecho, ese "algo" salió de su escondite y atrapó a la pequeña. "¡Aaaahhh!" gritó Lin mientras un brazo, parecido al de un ogro, la sujetó con fuerza. Más veloz que un rayo, Sesshōmaru se lanzó a rescatarla, partiendo el brazo en dos con Tōkijin. Lin cayó entre los arbustos y… del brazo partido salieron los insectos del infierno, los Saimyōshō. "Así que Naraku dejo aquí una trampa, ¡qué imbécil!".

¡Qué gran hazaña, amo bonito! ¡Usted es el mejor! — dijo el lambiscón de Jaken.

¡Señor Sesshōmaru, es mi héroe! — gritó Lin levantándose de donde había caído.

Jaken, — habló Sesshōmaru con voz de mando, sin siquiera voltear a ver a sus acompañantes — busca el panal de esos insectos.

¿Eh?, si enseguida — respondió Jaken, y entre los dos (Lin y Jaken) buscaron el panal.

"Si esos insectos no tienen donde esconderse" pensó Sesshōmaru al tiempo que los Saimyōshō revoloteaban para refugiarse en el panal, "tendrán que huir hacia el lugar donde el maldito de Naraku se oculta, así los seguiré y encontraré a ese desgraciado".

¡Señor Jaken! — gritó Lin, sacando a Sesshōmaru de sus pensamientos — ¡Ahí está el panal de esos insectos! — señalaba un árbol grande que se encontraba un poco atrás de donde ellos estaban parados.

Los Saimyōshō se abalanzaron sobre los dos, Jaken utilizó el Báculo de Dos Cabezas… y Sesshōmaru concentró la energía de Tōkijin.

Apártate Jaken — le dijo con calma a su sirviente, el cual apenas tuvo tiempo de agacharse para evitar el corte mortal de la espada.

El panal fue destruido junto con los insectos cercanos, el árbol cayó estrepitosamente… y el Daiyōkai buscó con la mirada si algún Saimyōshō había escapado. No se percató de que dos de ellos habían picado al pequeño demonio, dejando sus aguijones con veneno, para después huir. Era la oportunidad que esperaba, así que se lanzó tras los insectos sin preocuparse por Jaken, lo importante es que Lin estaba a salvo y él encontraría a ese malnacido.

Siguió a los insectos, a una distancia prudente, pero… el torpe de Inuyasha arruinó todo, había matado a los insectos. ¿Es que no podía ser más estúpido? La oportunidad de encontrar el escondite de ese engendro había sido bloqueada por Inuyasha.

Sesshōmaru se apareció ante su hermano Hanyō y sus amigos. Miró a los insectos muertos y después dirigió su ambarina mirada al rostro del tonto de su hermano.

Así que tú mataste a los Saimyōshō — dijo con calma, con aparente indiferencia.

¿Saimyōshō? — contestó Inuyasha poniendo cara de bobo y abriendo los ojos de más — ¿Esas cosas tienen nombre?

Que ignorante eres. — le espetó el Daiyōkai, aún con calma, pero en su voz ya se reflejaba el enfado — Con esto hemos perdido la oportunidad de localizar al maldito de Naraku.

Créeme, estas cosas se murieron solas — continuo diciendo Inuyasha, esta vez su expresión cambió, se notaba que le molestaron las palabras de su hermano.

Tan hipócrita como siempre, buscando cualquier pretexto tonto — le dijo Sesshōmaru sin dejar de taladrarlo con la mirada.

Es verdad, — intervino la extraña sacerdotisa que acompañaba al Hanyō — Inuyasha no miente.

Desenvaina Inuyasha — fue la respuesta de Sesshōmaru, ignorando el comentario de Aome y sacando a Tōkijin de su cintura.

Ya que lo pides, ¡te arrepentirás! — el Hanyō desenvainó a Tessaiga, tampoco hizo caso a la súplica de la muchacha.

Comenzaron a pelear. En realidad Sesshōmaru no pensaba matar a su hermano todavía, sólo quería información y pensó que tal vez Inuyasha sabía algo que él no, así que esa información la obtendría por las malas. A pesar de que Tessaiga era la espada más poderosa de su padre, Inuyasha no era un diestro espadachín. Utilizaba las dos manos, mientras el Daiyōkai repelía fácilmente sus ataques con el único brazo que tiene. Pero… en un breve instante algo distrajo su atención, lo que Inuyasha aprovecharía para lanzarle un Kaze no Kizu.

Ese algo era el olor de Lin. La pequeña había pasado cerca de ahí, montada en Ah – Uh, en dirección a un área lejana donde crecían algunas extrañas hierbas medicinales y que era habitada por monstruos. ¿Dónde diablos estaba el inútil de Jaken? ¿Por qué Lin iba sola? Ya habría tiempo para saberlo, tendría que alcanzarla. Pero antes… reaccionó rápidamente y con un ágil movimiento de Tōkijin partió, más bien lo desvió porque ese ataque esta hecho de viento, al Kaze no Kizu, dejando a Inuyasha sorprendido. Tuvo tiempo de abalanzarse sobre él y desarmarlo con habilidad, haciéndolo caer bruscamente al suelo mientras que descendía con elegancia y le ponía su espada en pleno rostro.

Con esto declaro mi victoria — le dijo observando a su hermano, caído y desarmado. Tessaiga no estaba muy lejos, clavada en tierra. — Prepárate Inuyasha, vas a morir.

No tengo miedo, mátame si quieres — los ambarinos ojos del Hanyō lo fulminaban, sabía que perdió de buena manera pero no estaba dispuesto a aceptarlo ni a suplicar piedad.

¿A no? — le contestó el Daiyōkai, mirándolo también con sus dorados ojos, pero con un poco burla en ellos y en el profundo timbre de su voz. La actitud de su hermano lo divertía.

¡Espera! — gritó Aome al tiempo que casi se abalanza sobre Inuyasha para protegerlo — ¿Quieres saber a dónde fue Naraku, no? Dirígete al Noreste, es allí hacia donde vamos.

Aome… — le dijo Inuyasha a la muchacha mientras Sesshōmaru levantó a Tōkijin y la enfundó en su obi.

Con que al Noreste. Es la información que quería. — dijo girando sobre sus pasos, y comenzó a andar, sin voltear ni una vez — Estuviste a punto de morir Inuyasha.

Oye Sesshōmaru, — fue la última pregunta de Inuyasha — ¿por qué persigues a Naraku?

Porque jamás perdonare lo que hizo — fue la respuesta del Daiyōkai, la voz cargada de desprecio, sin dejar de andar y antes de desvanecerse en un círculo de luz.

Moviéndose rápidamente, fue tras la pequeña. ¿Qué diablos le había ocurrido al inservible de Jaken? ¿Por qué mandarla sola a un lugar tan peligroso? Ya arreglaría las cuentas con su sirviente, lo primordial era llegar donde ella se encontraba, y pronto. Pensándolo bien, si el inútil de Inuyasha no se hubiera entrometido, posiblemente no se hubiera percatado de que algo ocurrió a sus acompañantes. Llegó justo a tiempo, cuando Lin caía al vacío, llevando en sus manos una planta especial.

¡Señor Sesshōmaru! — gritó la pequeña mientras se precipitaba al fondo del valle, como si supiera que su salvador estaba ahí.

Veloz como un rayo, la sujeto firmemente con su único brazo, rescatándola de una muerte horrible. Ella aún no debía morir. La niña se había desmayado pero no soltó la planta. Sesshōmaru la observó, se veía tan indefensa, pero decidida a cumplir su propósito.

"La planta milenaria" pensó el Daiyōkai, sin dejar de mirar a la pequeña, con esa profunda mirada ambarina. "Significa que Jaken fue envenenado, esto lo explica todo. Lin vino a buscar esta planta para rescatarlo. Ahora está a salvo". Con ese pensamiento retornó a donde estaba su sirviente envenenado, con Ah – Uh a su lado llevando a la pequeña Lin en su lomo. Él tomó la planta delicadamente de sus pequeñas manos. Por ahora no convenía despertarla.

Caía la tarde, el cielo enrojecía con los rayos del sol poniente. El pequeño sirviente verde se encontraba apoyado en el tronco de un árbol, se veía agotado, el veneno estaba haciendo su efecto. Sudoroso, decía sus últimas palabras de agonía.

Lo sabía, la pequeña Lin no pudo llegar a tiempo. — su vista se nublaba, sin embargo, ante sus ojos, se materializó la imagen del imponente Daiyōkai, su querido amo — ¿Será una ilusión?... ¿Amo Sesshōmaru?

Sesshōmaru le lanzó la planta milenaria sin decirle nada y sin mostrar alguna expresión en sus finas facciones de estatua griega.

Amo Sesshōmaru, ¡gracias! — y la devoró rápidamente.

La pequeña, sobre Ah – Uh, susurraba algunas palabras, al parecer soñaba.

Señor Jaken… no se muera.

Jaken se recuperó inmediatamente… y recibió un buen golpe en la cabeza y una mirada de furia por parte de su amo.

Jaken — le dijo con la voz cargada de amenaza, como un gruñido.

¡Lo siento amo! — "¡Ay nanita, el amo se enojó!" pensó el pobre sirviente y se arrodilló ante él — No era mi intención que Lin corriera peligro.

El Daiyōkai desvió la mirada una vez más, la dirigió hacia la luna que ya brillaba sobre el horizonte. Jaken se levantó con la cabeza agachada. Ah – Uh se recostó y el sirviente bajó con cuidado a la pequeña para acostarla sobre la hierba, y sólo se quedó a su lado, observándola. "No cabe duda, esta niña ha cambiado al amo" pensó nuevamente Jaken mientras la veía dormir. Un rato más tarde, Lin despertó y se sorprendió de ver a Jaken a su lado.

¡Señor Jaken! — dijo con sus ojos cafés muy abiertos y llevándose una mano al pecho — No me diga que volví a morir y usted también. Lo último que recuerdo es que estaba cayendo…

No seas tonta, — le contestó Jaken, aún tenía el chichón en la cabeza — el amo Sesshōmaru se tomó la molestia de traerte hasta aquí.

¿El Señor Sesshōmaru? — la pequeña desvió la mirada en dirección a donde se encontraba el Daiyōkai, que continuaba imperturbable observando la luna.

Así es — continuo Jaken — será mejor que no molestes más al amo.

Lo siento. — Lin agachó la cabeza. — ¡Pero me da gusto que usted se encuentre bien! — y abrazó al pequeño demonio.

¡Lin, cálmate, no hagas eso! — le dijo Jaken y se soltó de su abrazo.

Los dos se levantaron y se acercaron a Sesshōmaru.

¿Señor Sesshōmaru? — dijo la pequeña mirando al Daiyōkai con el agradecimiento reflejado en su mirada achocolatada.

El Daiyōkai la miró un momento, para después dirigir su dorada mirada nuevamente al firmamento.

Andando — fue su única palabra, y empezó a caminar con su habitual elegancia.

¡Sí! — respondió Lin alegremente asintiendo con la cabeza, y comenzó a andar al lado de Sesshōmaru.

¡Qué gusto que estemos todos nuevamente juntos! — dijo Jaken con alegría.

Y se fueron los tres, caminando hacia la lejanía.

Nota de la autora: Tessaiga era, en apariencia, la espada más poderosa de Inu no Taishō, sin incluir a Souunga, esa es otro cuento que no viene en el manga original, pero la película estuvo chida, y ya trataré su historia. No me dirán que miento, pues en los pocos capítulos que salen Sesshōmaru y sus acompañantes, no falta alguna parte de preocupación por él hacia la pequeña de negros cabellos. Sayonara.