Esta es una adaptación con algunos de los personajes de Tite Kubo, la historia no es mía, en el ultimo capitulo les diré el nombre de la autora y el nombre original de la historia.


Capítulo Tres

Ichigo fue tras ella sigilosamente decidido a dejar las cosas claras. No podía jugar con su hombría. Le sobraba hombría. Eso podían atestiguarlo todos sus lectores.

Rukia no se había dado cuenta de que lo tenía detrás.

— ¿Cómo me vas a asustar si besas como una colegiala nerviosa? —le dijo al oído.

Rukia ahogó un gritito.

Así era como él atacaba y, aunque la conocía solo hacía unas horas, sabía que aquella mujer tenía orgullo y sentido común... por eso estaba decidida a salirse con la suya. Su prometido le había herido y quería volver a recuperar la confianza en sí misma de la única manera que sabía.

Era una gran contradicción, pero Ichigo se alegraba de que lo hubiera escogido a él. Lo que debía hacer era hacerla picar el anzuelo y tirar del sedal con cuidado.

—Nunca he dicho que tuviera mucha experiencia —se defendió—. ¿Tan mal lo he hecho? —añadió preocupada.

—No tienes delicadeza, preciosa. Ni rastro de finura —contestó Ichigo intentando esconder la ternura que le provocaba—. Me he sentido como un trapo —Rukia comenzó a girarse, pero él la agarró de los hombros y se lo impidió—. No me regañes. Tú has dicho que yo parecía un conejillo asustado, pero eso no es cierto y lo sabes. En realidad, yo diría que eres tú la que está muerta de miedo. Por eso te abalanzaste sobre mi cuerpo.

—Es que tienes un cuerpo de infarto, Ichigo. No pude resistirme —apuntó Rukia. ¡Si seguía haciendo comentarios de ese tipo iba a ser difícil resistirse a ella!—. Prometo controlarme más en el futuro.

Ichigo no quería que se controlara. Lo que quería era conocerla mejor, hablar con ella y luego dejaría que se le abalanzara todo lo que quisiera.

Tenía que conseguir que ella se intrigara tanto como él. Tenía que conseguir que quisiera algo más de él, aparte de las artes amatorias... aunque sabía que era uno de sus puntos fuertes.

—No me asusta que una mujer me ponga la mano encima. No es eso. Ya te he dicho que no me interesas —le susurró. Sintió la tensión del cuerpo de Rukia, su excitación, sus nervios—. Pero me siento tentado de demostrarte que lo que das por hecho sobre mí es cierto —añadió. La oyó tragar saliva. Bien—. ¿Quieres que te demuestre que no tengo reservas, Rukia?

—Sí —contestó ella sorprendentemente. Él había esperado que se mostrara ultrajada.

Ichigo se rió y le rozó el cuello con los labios. Se dio cuenta de que Rukia siempre lo sorprendía y no le disgustaba la idea.

—Hay que ir siempre despacio —musitó—. Así crece el deseo.

La volvió a besar y paseó la lengua por su cuello. Ichigo nunca había visto a una mujer que necesitara tan desesperadamente saberse deseable y tan vulnerable a la vez. Era audaz, bondadosa, sincera y práctica. Su piel estaba caliente. Se estaba calentando por momentos y sabía bien.

Rukia abrió las manos y estiró los dedos sobre la pared que tenía delante. Ichigo se dio cuenta de que estaba temblando. Sintió deseos de abrazarla y de decirle que no había prisa, pero se merecía que le diera un poco de lo que ella tanto había pedido. Con un poco de suerte, ella sólita se daría cuenta de que, con tiempo, las cosas salían mejor.

Le rozó la oreja con la lengua y pasó a inspeccionar el interior. Ella aguantó la respiración.

— ¡Me has metido la lengua en la oreja!

—Sí —contestó él dubitativo.

Ella suspiró profundamente.

—Ha sido... ha estado bien. Nunca me lo habría imaginado...

Ichigo sacudió la cabeza y pensó que su ex debía de ser un estúpido. Volvió a chuparle la oreja. Aquello hizo que a Rukia se le pusiera la carne de gallina.

—Un hombre que sabe lo que se hace debe tomarse su tiempo y dejar que las cosas se desboquen al final.

— ¿Se desboquen?

—Sí —sonriendo al ver que Rukia tenía los ojos cerrados. Le agarró la mano derecha y se la llevó a la boca—. Hay que conseguir que el deseo vaya aumentando y aumentando. Normalmente, se suele desbocar. ¿Tú y tú prometido...?

—Ex prometido —puntualizó—. Sí, pero no se desbocaba nada. Era... —se paró a buscar la palabra adecuada—, más bien normal y corriente. Supongo que no estaba mal —Ichigo se prometió a sí mismo que no pensaría que «no estaba mal» después de haberse acostado con él—. Rangiku me ha dicho que...

—Olvídate de mi hermana. Tiene menos idea que tú —le aseguró—. O al menos era así antes de que Gin sucumbiera —le susurró.

—Ha leído muchos libros.

— ¿Y te los ha recomendado?

—Sí, pero yo prefiero aprenderlo en mis propias carnes.

«Eso no hace falta que lo jures», pensó él.

—Nunca te olvides de los sitios menos obvios.

—Bien —contestó ella mirándolo por encima del hombro—. ¿Cuáles son esos sitios?

Ichigo la apretó contra su cuerpo y le puso la mano que tenía libre sobre el pecho izquierdo.

—Todo el mundo sabe que los pechos de las mujeres son zonas muy sensibles, ¿verdad?

—Sí.

Ichigo sentía su corazón a toda velocidad. A pesar de dárselas de valiente, estaba nerviosa. Si su ex no le hubiera hecho aquello, no estaría allí. No era de las que se entregaba así como así. Despacio, bajó hasta el ombligo.

—Y esta también —añadió. Estaba estupenda. Tenía la tripa dura y firme. Su aroma de mujer estaba empezando a hacer estragos en él.

— ¿Y más abajo? —preguntó ella esperanzada sacándolo de la nebulosa.

—Por supuesto, más abajo, también —contestó él afectado por su cercanía—, pero eso va mucho más tarde —añadió pensando que eso llegaría como dentro de una semana, si es que aguantaba—. Primero, hay que ir a otros sitios, sitios que también excitan.

—Pero no tanto como más abajo —insistió ella llegando a apretarse contra él.

Lo estaba haciendo flaquear, pero, en ese momento, Ichigo oyó roncar a Kon y volvió a tener las cosas claras. Kon necesitaba un hogar y Rukia parecía ser perfecta para ayudarlo en eso. Era la única mujer que entendía al perro. Sería la madre perfecta para él.

Ichigo pretendía ir despacio para que Rukia insistiera en volver a verlo. Una y otra vez hasta que se le quitara de la cabeza hacerse la experimentada en sexo y se decidiera a dar un paso más. Ichigo sonrió.

—Te voy a enseñar una cosa —dijo girándole el brazo y besándole la muñeca.

—Bien. Me ha gustado, pero…

No la dejó terminar. Le besó la palma de la mano, paseó la punta de la lengua dejando el rastro de saliva. Ella suspiró.

Quería enseñarle lo estupendo que era ir despacio, pero no quería ponerse demasiado íntimo. Con delicadeza se metió el dedo corazón de Rukia en la boca.

—Dios mío —exclamó ella temblando.

Ichigo disfrutó de su beso, pero quería más. Quería su cuerpo, su tiempo, quería que quisiera a su perro.

Estaba acostumbrado a conseguir siempre lo que quería.

Con la respiración entrecortada, Rukia apretó el trasero contra su erección.

—Ichigo—jadeó.

Al darse cuenta de que se había pasado, de que sus juegos eróticos la habían excitado más de lo que se había imaginado, Ichigo dio un paso atrás. Tuvo que sujetarla para que no se cayera.

Rukia se dio la vuelta.

—Has leído el libro —lo acusó sonrojada—. Sabes exactamente lo que estás haciendo.

—No necesito leer ese maldito libro —contestó él mirándola a los ojos.

Ella no parecía muy convencida.

—Bueno, me da igual. Yo lo que quiero es que tengas una aventura conmigo.

Ichigo se sonrió. Mira que era insistente, divertida y dulce. Deseaba decirle que sí.

—Ya te he dicho que no puedo.

— ¡Te encanta reírte de los demás, Ichigo Kurosaki! Seguro que hay una palabra para describir a los hombres como tú.

—Sí. Experimentados —contestó. Se negaba a cargar con toda la culpa cuando ella lo había incitado. Además, solo le había besado el dedo, no todos los sitios que le habría apetecido.

Se le aceleró el corazón al pensarlo.

—Me parece que te mueres por hacerlo —dijo ella.

—Por supuesto —apuntó él. Lo único que quería era que Rukia aceptara sus condiciones.

—Obviamente, no te soy indiferente como mujer —continuó mirándole la entrepierna—. Porque supongo que no llevarás un rollo de monedas en el bolsillo.

¡A la porra las condiciones!

— ¿Un rollo de monedas? —repitió indignado. Ella se encogió de hombros—. ¡Yo diría más bien una linterna!

—Supongo que el tamaño depende de cómo se contempla el objeto en cuestión.

—Y tú no has visto nada todavía, así que no te atrevas a decirle a un hombre que su cuestión es pequeña —puntualizó él deseando enseñarle lo impresionante que era... no, no debía hacerlo. Tenía que resistirse.

Rukia lo miró. Sabía que estaba a punto de ganar.

— ¿Qué más da que sea grande o pequeña si te niegas a aceptar mi estupenda oferta?

Ichigo tenía muy claro que era una oferta estupenda y, de hecho, unos meses atrás la habría aceptado sin pensárselo.

— ¿Por qué tienes tanta prisa? —preguntó ganando tiempo para pensar.

—Porque tengo veintiséis años. He sido buena toda mi vida y lo único que he conseguido ha sido un compromiso roto y mucho tiempo.

— ¿Por qué me has elegido a mí? —preguntó él esperando algún cumplido.

— ¡Porque te conozco perfectamente! Rangiku me ha hablado mucho de ti. Desde el primer momento, tus historias me encandilaron. Tú eres todo lo que yo no soy.

— ¿Cómo? —preguntó Ichigo sorprendido.

—Divertido, experimentado, valiente. Yo siempre he sido una beatilla, lo que en mi profesión no es una ventaja y, obviamente, en mi vida personal, tampoco.

—Que tu compromiso se haya roto ha sido una bendición, si me permites que te lo diga.

— ¡Estoy de acuerdo! Ahora que no estoy con nadie, quiero tener mis propias experiencias. Tal y como tú dijiste, tendré mejor perspectiva y me lo pasaré bien. Además —añadió tímidamente—, es como si te conociera. Contigo me siento... segura.

Ichigo se dio cuenta de que, tal vez, se estaba equivocando. Rukia estaba actuando así por despecho ante el episodio de la pluma. Tanta prisa probablemente era porque, de lo contrario, se echaría atrás.

Tal vez, si le mostraba lo satisfactoria que podía ser una relación de verdad, se olvidaría del anticipo sexual que le acababa de dar.

Aquella idea era mucho más tentadora que irse. No le apetecía irse. Quería hacer el amor con ella.

¿Por qué no? Rukia cumplía sus requisitos. Le gustaba su perro, quería mucho sexo y estaba buena.

Estaría manteniendo la promesa que le había hecho a Kon y disfrutaría mientras tanto. ¿Qué más podía pedir?

Necesitaba más tiempo para convencerla de que se casase con él. Sabía que si lo conseguía, sería una mujer generosa y leal. Le gustaba Kon. Incluso, tal vez, conseguiría que se enamorara de él.

Decidió disfrutar de la cena y ver qué pasaba. Seguro que no se aburriría con ella. Entonces, bajó la vista y se quedó mirando los pechos de Rukia. ¿Qué era aquello que ponía en el vestido? «En plena floración». «Recién cortada».

— ¿Pretendes liarte conmigo o con todos los hombres del mundo? —preguntó celoso.

Rukia intentó calmarse, pero era imposible con Ichigo mirándole los pechos. Su voz, aunque enfadada, había sido como un beso.

Recordó sus caricias... su dedo no volvería a ser nunca el mismo. Se dio cuenta de que lo tenía apartado de los demás, todavía con saliva.

¡Pero si solo era un dedo!

Rukia carraspeó e intentó ser tan borde como él.

—Kyone, una de las mujeres de la clínica, trabaja creando eslóganes para ropa —dijo intentando hablar normal—. Este era para una floristería. Fue todo un éxito, por cierto. Si comprabas determinada cantidad de flores, te la regalaban. A los más jóvenes, les encantó. Se dispararon los pedidos para bodas.

—Ya me lo imagino.

—El otro era para una empresa que hacía mermeladas.

— ¿De melocotón?

—Y de fruta de la pasión, de kiwi, de moras. No te quiero ni contar el eslogan de la de la fruta de la pasión —contestó mirando el vestido. Sabía que le sentaba bien, pero no había conseguido llevarse a Ichigo al huerto—. A mí, me gustan.

—A mí me parecen bastante groseros.

Rukia se rió y decidió volver al ataque.

—Claro, no me extraña que un hombre a quien asusta dejarse llevar por sus instintos más primitivos, lo intimide algo así.

— ¡No me intimida! —le espetó él dispuesto a estrangularla.

Rukia suspiró. Sabía que era cierto. No era el ligón sin escrúpulos que se había imaginado. No, Ichigo Kurosaki era un hombre amable, que quería a su perro y que tenía un código del honor que lo obligaba a rechazarla una y otra vez.

Ichigo quería ir despacio, pero eso implicaba conocerlo mejor y ya le gustaba demasiado. Cuanto más tiempo pasara con él, más peligraba su corazón.

No quería enamorarse de otro hombre. Podría volver a sufrir. No, no pensaba volverse a dejar engañar. Si Renji, que tampoco tenía tanta experiencia, jugaba con plumas no quería ni imaginarse con qué jugaría Ichigo... aparte de con el corazón de las mujeres. Interesarse por él sería ir de mal en peor.

— ¿Lo de la cena era una broma o iba en serio? —preguntó él justo cuando Rukia estaba a punto de darse por vencida.

— ¿Podría sobornarte con la comida? —inquirió ella retomando la esperanza.

—No.

A pesar de la negativa, Rukia se rió. Le encantaba su sinceridad. Sabía que nunca le mentiría, se lo había dicho su hermana. Era un soltero de oro, pero era honorable.

— ¿Me ayudas en la cocina?

— ¿Te vas a portar bien?

— ¡Por supuesto que no! —sonrió ella encantada con su complicidad. Se lo estaba pasando bien. Hubiera sido mejor otra cosa, pero aquello no estaba mal—. No sabía que convertirse en vampiresa iba a ser tan divertido.

—Todavía no eres una vampiresa, Rukia.

—Venga, cuéntame tus viajes mientras cocino. Desgraciadamente, estaremos tranquilitos —le dijo ella tocándole el hombro.

Una hora después, la cena estaba lista. Le había sorprendido ver que aquel hombre se desenvolvía muy bien en la cocina. Un punto más a su favor para que le gustara. Frunció el ceño. No formaba parte del plan que le gustara.

Al dejar la comida sobre la mesa, oyó a Kon que se estiraba en el sofá y, aunque todavía tenía los ojos cerrados, quería salir corriendo hacia ellos.

Rukia se rió.

—Está hecho una vaca, pero no ha perdido el sentido del olfato.

—Kon —dijo Ichigo en voz bajar—. Comida.

El perro saltó del sofá y se sentó a su lado.

—Cuando me lo encontré, estaba muerto de hambre. Ahora come como un glotón.

Rukia sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Es como un niño malcriado —le recriminó a Ichigo—. A veces, dar todos los caprichos no es demostrar amor. Míralo. Tiene que comer menos y hacer más ejercicio. Por lo menos, cómprale comida que no engorde.

Rukia se puso a cortar el pollo, sin piel, en trocitos. Ichigo la observaba curioso y sonriente.

—Deberías tener perro, Rukia.

—Lo haría si pudiera permitírmelo —le contestó. Durante toda su vida, había querido un perro y un gato y una casa... y un marido e hijos. Rukia sacudió la cabeza. Aquello ya no podría ser—. No gano mucho y no se me ocurriría tener un perro si no pudiera darle lo mejor —Ichigo no dijo nada, pero la miró de forma extraña—. Ven, pequeño —añadió dejando el plato en el suelo. El perro gruñó y ladró mientras ella lo acariciaba—. Me parece que venden comida para perros con problemas de peso.

—No le gusta la comida de perro —apuntó Ichigo.

—Pues disfrázasela al principio con pollo o algo que le guste. Le vendría bien.

—No me puedo creer que, de verdad, te preocupes por el —comentó mirándola a los ojos.

— ¿Quién sabe? —rió ella—. Tal vez, así estaría de mejor humor. ¿Lo sacas de paseo?

—Por el parque.

—Tal vez, podría ir con vosotros —dijo Rukia bajando la mirada para que Ichigo no se diera cuenta de cuánto le apetecía.

—Tal vez.

— ¿Lo dices en serio? —preguntó volviéndolo a mirar.

—Claro. ¿Por qué no? No dejas de sorprenderme, Rukia Kuchiki.

Rukia se puso roja sin saber por qué. Probablemente fuera porque se lo había dicho con admiración en la voz y deseo en los ojos. Al menos a ella, le había parecido deseo. No era una experta, pero tenía muchas esperanzas.

— ¿Lo suficiente como para rendirte, como para sacarme de mis miserias, para ser la primera muesca del cabecero?

—Podría ser —contestó él tras masticar el pollo que tenía en la boca y beber un poco de leche.

Rukia abrió los ojos como platos. «Podría ser» era mucho mejor que «No me interesas». Estaba haciendo progresos. Durante el resto de la cena, apenas tocó la comida.

Kon terminó de cenar y se volvió al sofá. Rukia lo observó. Caminaba más despacio que antes de comer y, al tumbarse, parecía el doble de gordo.

— ¿En qué estás pensando?

Rukia se puso roja.

—Estaba pensando en cómo podría hacer para ponerlo a régimen.

Ichigo no se enfadó. Asintió.

—Buena suerte. Si lo consigues, te deberé un favor. La última vez que fuimos al veterinario...

Al oír aquella palabra, Kon abrió un ojo y se cayó del sofá. Al verse allí solo, se sorprendió y se avergonzó.

Ichigo se limitó a negar con la cabeza, pero Rukia se levantó y fue hacia ella.

—Shh, no pasa nada —lo tranquilizó. No soportaba ver a nadie sufrir.

A pesar de que el perro gruñía, lo abrazó y le repitió las mismas palabras.

Kon se acercó a Ichigo sin quitarle el ojo de encima a Rukia. Esta se dio cuenta de que el perro miraba a su amo como pidiendo ayuda. Era obvio que no sabía cómo canalizar el afecto de Rukia. Aquello le recordó a las mujeres con las que trabajaba. Al principio, se comportaban así.

Cuando se conocían mejor, la adoraban y ella las adoraba también. Albergaba la esperanza de que con Kon ocurriera lo mismo. Ichigo se rió.

—Sigue sin confiar en mí —apuntó Rukia desde el suelo.

—No. Lo que pasa es que no sabe por dónde vas —dijo el poniendo al perro en su regazo.

Rukia suspiró. El regazo de Ichigo parecía un sitio muy cómodo pero no había sitio para los dos.

Kon le dio un lametazo de agradecimiento en la mejilla y volvió a mirar a Rukia con el ceño fruncido.

—Estás llena de pelos —le dijo Ichigo mirándole el pecho.

—Oh —dijo ella quitándoselos. No le importaba mucho, la verdad.

—Baja —indicó Ichigo al animal.

El perro se fue de nuevo al sofá, bostezó, se estiró y suspiró relajado.

Rukia sonrió.

—No volveré a mencionar esa palabra que empieza por «V». No me gusta verlo así.

Sin previo aviso, Ichigo la levantó del suelo y la sentó entre sus muslos. Un bonito sitio. Ella lo miró y se apoyó en sus hombros para no caerse.

Ichigo le miró la boca.

—Me has convencido.

Rukia sintió que le daba un vuelco el corazón.

— ¿De qué? —preguntó sin quererse hacer ilusiones.

—De que una aventura sexual entre nosotros estaría bien.

— ¿Quieres?

—Quiero, puedo y lo deseo.

«Bien, bien, bien».

— ¿Ahora?

Ichigo miró a Kon, que roncaba, y sonrió.

—Ahora —contestó mirándola como si le estuviera viendo el alma—, si estás segura de que es eso lo que quieres.

Rukia estaba más que segura.

—Sí.

Ichigo la agarró y la puso a su altura. Rukia se encontró con la tripa contra su ingle. Tragó saliva. ¡Estaba excitado de nuevo! ¿O sería que estaba así desde antes?

Sintió que se mareaba al pensarlo.

Ichigo la miró a los ojos y no dejó de hacerlo hasta que sus labios se tocaron. Ella cerró los ojos. El calor de su boca, su olor masculino, sus manos. Rukia se estaba consumiendo.

« ¡Por fin!», pensó Rukia antes de no poder pensar en nada.


Hola chicas, les dije que ahora tenía mucho tiempo libre.

Me alegran mucho los reviews es un detalle bonito de parte de ustedes.

Gracias por todo y si las cosas funcionan mañana tendrán el siguiente capítulo :)