-LACA DE UÑAS-
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Rose apartó el pie rápidamente cuando notó los dedos fríos de su prima recorrerlos por la planta.
Hacía un calor asfixiante. El verano se había cebado con todos los Weasley que, precisamente hoy, parecían estar en casa. Desde prácticamente el mediodía, Rose y Dominique habían conseguido escabullirse a una de esas habitaciones olvidadas de los pisos superiores. De vez en cuando, el grito de alguno de sus primos llegaba hasta la única ventana que había. Los hombres podían llegar a ser muy ruidosos cuando marcaban un gol.
-No seas idiota, Rose –se rió la rubia mientras volvía a cogerle el pie y a acercarlo a ella. –He oído que la planta del pie es uno de los lugares más eróticos de todo el cuerpo.
La pelirroja la miró escéptica.
-¿Quién te ha dicho eso? –insistió.
-No lo sé –Nique comenzó a masajearla de nuevo, concentrándose en aquella piel pálida y tersa que tenía entre las manos. –Lo habré leído por ahí.
-¿En Corazón de Bruja? No te ofendas, Nique, pero no creo que esa revista para adolescentes sea una fuente muy fiable.
La ravenclaw suspiró y miró a su prima con unos ojos brillantes por la exasperación, apretando más de la cuenta con sus manos. Rose intentó apartar el pie, pero la rubia, previéndolo, se lo sujetaba con fuerza.
-No puedes controlarlo todo, Rose. ¿Por qué no te callas de una vez y me dejas terminar? Ahora túmbate y cierra los ojos.
La gryffindor obedeció.
Dominique se regocijó con delicia cuando el cuerpo de su prima comenzó a relajarse. Se acercó aún más a ella. Cuando Rose soltó el primer gemido y se estremeció, Nique sonrió de medio lado. Segura. Luego sopló con cuidado al mismo tiempo que seguía masajeando, sin apartar un solo instante los ojos del rostro cambiante de la pelirroja.
-¿Ves como te gusta? –no era una pregunta.
De una manera que le resultaba un tanto extraña, tener a su prima tan cerca y tan… dispuesta, no era algo que la disgustara o la incomodara. Más bien justo lo contrario. De repente, Rose recordó todas esas veces que Dominique le había contado sus escapadas con otros ravenclaws a los pasillos oscuros del tercer piso.
Por eso, cuando Dominique comenzó a deslizar sus manos, no sólo por las pantorrillas de Rose, sino también por sus muslos, la pelirroja sólo pudo desear con todas sus fuerzas que no se detuviera.
