Disclaimer: Los personajes del mundo de Harry Potter no me pertenecen, le pertenecen a JK Rowling (gracias, gracias, gracias por crearlos).
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Capítulo 4
Comida
Alimento, comida, energía para el cuerpo y la mente, pasión secreta mía (desde el punto de vista de comerla, no de cocinarla) y la que definitivamente, no fue una de las razones por las que estoy con Hermione.
Ella es todo dones, con sus 27 años se ha vuelto realmente hermosa, no hay nada como caminar, correr, escurrirte y entrenarte por un par de años con la finalidad de sobrevivir a una guerra y derrotar al archi-enemigo del mundo, para que tu cuerpo pase de bonito a hermosamente balanceado. (Hermione detesta mucho que diga este chiste personal, pero después de tanto dolor, miseria y sufrimiento, a ratos, solo me queda tratar de hallarle el lado cómico que no tienen a algunas cosas, aunque sea, para simular que este dolor y oscuridad que se quedaron tatuados en mi antebrazo, no fueron más que un mal sueño).
Es inteligente, es la bruja más inteligente de su generación (y de la generación anterior y posiblemente de la que sigue), es valiente, es generosa, es increíblemente estudiosa y no eh conocido a otra mujer que luzca tan sexi en una pijama más antigua y desaliñada que el escudo de Hogwarts y pantuflas de conejito a las 9 de la mañana luego de no haber dormido en las últimas 24 horas porque "no se dio cuenta que hora era y siguió leyendo".
Pero todos tenemos un defecto, y el de Hermione era la cocina.
Cocinar cocinar si sabía, dentro de ciertas recetas y parámetros podíamos perfectamente no morir de hambre ni de intoxicación, después de todo, hasta cierto punto, la cocina y las pociones tienen alguna similitud, cuando debes seguir una receta ya pensada y no colocar nada de mas ni de menos. Incluso yo llegue a hacer algo similar a cocinar, y bajo los parámetros de "no cambiar nada de la receta" todo funcionaba y hasta era entretenido, pero la parte de limpiar trastos nunca fue de mi agrado, detesto los días de "a Draco le toca limpiar los trastos", sobre todo por su doble obsesión de no tener elfos domésticos y de no usar la magia para las cosas "simples". Ya me dirás que tiene de simple quitar la grasa de las ollas. Es por eso que muchas veces suelo tener "reuniones de trabajo" hasta tarde en esos mágicos días de lavar trastos de tal forma que consigo zafarme de hacerlos a lo muggle, y con algo de ayuda de mi varita y una dormida Hermione que ignora que sucede en la cocina, consigo dejar todo medianamente limpio sin demasiado esfuerzo (y la clave para no ser descubierto es dejarlo todo MEDIANAMENTE limpio).
Pero me desvío del tema, hablaba de Hermione, de la cocina y de sus NO dotes culinarias, ya deje en claro que mientras fuese comida de supervivencia, y nada digno de ser degustado en un banquete, todo estaba bien, lo que no estaba bien era esos días en que llegaba peculiarmente estresada y molesta del trabajo y decidía desahogarse inventando un nuevo plato en la cocina.
Eh visto y probado cada cosa salir de esos ataques de enojo, que me sobran las ganas de buscar al o la infeliz que la puso de ese humor e invitarlo a cenar a casa.
Ese día llegue a casa un poco más tarde de lo normal, no mucho, solo una media hora quizás algo más, pero desde el momento en que cruce el umbral de nuestro pequeño departamento, pude sentir un escalofrío recorrerme en la espalda, quizás, solo quizás, era una buena noche para hacer una visita/cena amistosa a la casa de mi buen amigo Zabinni.
Pero mi leona favorito se dio cuenta de mi presencia, y antes de que pudiera ingeniera una excusa, me arrastró a la mesa de la cocina, donde un aún pequeño e inocente Casper esperaba frente a su platito ansioso por su ración de comida.
Al momento de adoptar a Casper, entre las cientos de reglas que pusimos (puso ella), estaba la de alimentarlo en la medida de lo posible únicamente con comida especial para su especie, la cual ella solía traer con cierta frecuencia a casa junto con el resto de las compras.
Pero era la primera vez que había decidido hacer una "comida especial" desde que llego Casper, y haciendo una excepción a la regla, decidió que el también debía probarla.
Nos sirvió a ambos en nuestros respectivos platos, ambos olfateamos con cautela nuestra comida y ante la mirada casi asesina de ella por nuestro "espectáculo de desconfianza", procedimos a ingerirla.
En mi experiencia lo mejor era tragar sin saborear, aunque era inevitable que algunos sabores se colaran en tu paladar, en esta ocasión, había una mezcla de sabores entre pus de alguna extraña planta extraída del invernadero de Hogwarts, y esencia de calcetines de Filtch, esta vez realmente se había lucido, lo trague como pude.
-Y bien ¿Qué les pareció?-nos pregunto.
Casper en su inocencia lo saboreo, su cara fue un verdadero poema, sus arcadas eran dignas de un actor renacentista emulando la muerte, y como era de esperarse, tardo mas en probarla que en vomitarla, como si nada, sobre el piso, ligeramente cerca de los pies de Hermione.
-Ni yo podría haberlo expresado mejor. –pensé, mirando el espectáculo de Casper aun haciendo sus últimos gestos y arcadas.
Me basto subir la mirada directamente a los ojos de Hermione para darme cuenta de que no lo había pensado, sino que lo había DICHO, en voz alta y con mi mejor tono marca Malfoy.
Lo que sucedió después…bueno, resumiré diciendo que aprendí lo fuerte que golpean los sartenes, que las siguientes 2 semanas soy responsable de alimentarme y alimentar a Casper y que Casper y yo hemos sido ambos exiliados por esta noche al sillón.
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Aún así no me arrepiento de lo que dije.
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Empieza a agradarme este gato.
