*¡Muchas gracias a todos por seguir aquí! Esta vez elevamos un poco la temperatura entre Cary y Melinda tras varios capítulos de duro trabajo. Espero que os deje con ganas de más.

Os animo a que me comentéis qué os ha parecido ya sea este capítulo o lo que llevamos de fanfic*

4

Un bar llamado deseo

Las siguientes semanas la dinámica se fue repitiendo: Cary llamaba o se pasaba por la planta de Pediatría del hospital con la excusa de que necesitaba su ayuda para un caso médico que le había llegado. "Mucha coincidencia que los últimos cinco casos sean todos médicos y requieran de tu ayuda urgente, ¿no?", pensó con una pizca de travesura. Con el paso de los días, se fueron haciendo más cercanos, pasaban más tiempo juntos y sus conversaciones iban siendo más naturales y cómplices. La conexión era cada vez más palpable, la electricidad entre ambos se podía notar cada minuto que hablaban. Las risas, los toques inocentes en el brazo, las bromas, los comentarios incrementan ese ambiente extraño que pedía a gritos un siguiente paso a veces necesario, el contacto más físico, dejar totalmente de lado la profesionalidad y meterse en el terreno de la carnalidad. Una de aquellas mañanas se había levantado con el sabor de sus besos por toda su piel, jadeando de placer y cubierta en sudor del sueño placentero que acababa de tener. Luego se sintió una completa estúpida por pensar en él de esa forma. "No te enamores de él, es una abogado. Ya sabes cómo son, tiburones dentro y fuera del juzgado", se había repetido durante las últimas semanas, intentando seguir ese mantra a pesar de que su cuerpo le pedía una cosa totalmente distinta. Era imposible no sentir esa sensación de las hormonas flotando por todo el cuerpo cada vez que le veía, una pequeña tensión entre sus piernas pidiéndole una tregua entre tanto deseo. La situación se estaba volviendo insostenible, saliéndose de madre en muchos niveles. "Llevas mucho tiempo sin acostarte con nadie. Normal que estés como una perra en celo. Tú y tu filosofía de no tener ligues de una noche". Melinda no era muy partidaria de un "aquí te pillo y aquí te mato" de vez en cuando; si quería obtener placer tenía otros caminos que no involucraban a otra persona en la ecuación.

La promesa se hizo realidad y compartieron más de una copa tras las sucesivas victorias después de la primera. Cary estaba muy contento con los resultados y ella no podía terminar de creerse que aquellos tantos que habían metido en el marcador se debían gracias a ella; quería mantener su ego a raya y siempre lo atribuía al duro trabajo que ambos habían realizado. El alcohol hacía que los cuerpos se acercasen, las barreras desapareciesen y la intimidad creciese aunque el bar estuviese repleto de otros abogados u hombres de negocios, todos luciendo traje. Sabía que el termómetro estaba a punto de explotar cuando vio que casi podía besarle sin pensarlo. Melinda prefirió alejarse y alegar que iba a irse a casa tras darse cuenta de la agenda que tenía preparada para el día siguiente.

- Déjame que te acompañe a casa – le había sugerido él de forma natural producido por el alcohol ingerido. Ella se lo pensó dos veces antes de acceder a la propuesta. Imaginaba lo que podía pasar y lo que iba a hacer, pararle los pies, ¿o no? El deseo estaba en su punto más álgido y la tensión se podía sentir desde manzanas a la redonda.

Eso no cambió en el ascensor, donde las ganas de hacerle suyo ahí mismo no dejaban de aumentar. "Has visto demasiadas películas, Melinda. Concéntrate en llegar a casa y darte una ducha de agua fría, que te hace falta". Se puso lo más recta posible, poniendo los cinco sentidos en su cuerpo, ignorando al hombre que la acompañaba y que deseaba como pocas veces había sentido. El viaje estaba siendo raramente largo, eterno se aventuró a pensar. "Es el problema de vivir en un ático", se contestó a sí misma. Al abrirse las puertas, Melinda empezó a respirar normalmente y se relajó un poco.

- Ha sido divertido – le dijo mientras se daba la vuelta hacia él tras abrir la puerta – Espero que lo repitamos con otra victoria.

- Claro, sin ningún problema – Cary estaba tenso, se le notaba en la cara.

- Si necesitas ayuda con otro caso, dímelo, ¿vale? – ella lo había notado. ¿Estaría sintiendo la misma necesidad que ella? Se había imaginado cómo su mano subiría por su pierna mientras la mantenía contra la pared del ascensor, besándole el cuello sin descanso, liberando la tensión del momento.

- Por supuesto – la sonrisa volvía a aparecer, la tensión entre sus piernas iba en aumento, las hormonas estaban enloquecidas. Tenía que cerrar esa puerta de inmediato.

- Hasta mañana, Cary – pronunció su nombre con dulzura, mostrando un poco de esos sentimientos que tenía hacia él.

- Hasta mañana, Melinda – lo había captado y había sonreído. ¿Había interpretado bien las señales o estaba demasiado confusa por el calor que tenía en su interior?

Cerró la puerta y se dejó caer en la pared, sintiendo el agotamiento que le había producido mantener la compostura. Se sentía una estúpida. ¿Por qué no dejarse llevar por las sensaciones que estaba experimentando, por qué reprimirse de aquella manera? No era sano. "Si no le fuese a ver más lo haría pero me va a volver a pedir ayuda. Lo sé, lo presiento". De repente sus ensoñaciones quedaron en un segundo plano cuando oyó el timbre. Cary se abalanzó sobre ella cuando abrió la puerta, cogiendo su cara entre sus manos y plantándole un beso lleno de pasión y ganas. La puso con la espalda en la pared en la que había estado regañándose a sí misma unos segundos antes, con un poco de fuerza producida por el momento. La cogió del cuello y la trajo para sí, bajando la mano hasta la cintura cogiéndola con esa fuerza que la pasión produce cuando dos cuerpos se están reclamando mutuamente. Melinda empezó a quitarle la chaqueta con violencia, dejando que sus instintos más animales actuasen por sí solos y que la razón quedase relegada a un segundo plano. Sentía que se iban a borrar los labios a besos, sin parar un segundo para tomar aire. El deseo era demasiado fuerte, pidiendo a gritos que se tomaran allí mismo, aprovechando el tiempo que antes habían perdido entre tanta conversación y casos de por medio. La cremallera de su falda estaba bajando lentamente, aumentando la desesperación de ambos.

- No puedo – dijo casi sin aliento Melinda, apartándolo de ella sin mirarle a los ojos –. Lo siento, Cary, pero no puedo. Quiero, pero no puedo - le miró tímidamente a su cara desconcertada –. Tengo mis motivos, de veras. No puedo – otra vez se sintió increíblemente estúpida ante lo que estaba haciendo.

- No te preocupes, ya me lo contarás si quieres – intentó tranquilizarla con una sonrisa. "No puede ser más mono. ¿Por qué me paro?", se preguntó aunque sabía perfectamente la respuesta.

Tras despedirle en el ascensor con un último beso apasionado, Melinda se metió en la ducha donde dejó correr las preocupaciones por el desagüe. No podía sacarse de la mente lo que acababa de ocurrir, el fuego seguía tan vivo como cuando él estaba besándola. Necesitaba extinguirlo de alguna forma o acabaría por quemarla casi literalmente. Se recreó en el momento mientras dejaba que la tensión invadiera todo su cuerpo, dejó volar su imaginación y continuó aquello que había parado en el vestíbulo de su apartamento, con la misma pasión y desenfreno que le pedía su interior. Cary estaba bajando la cremallera de la falda, ella estaba arrancándole la camisa, él se había desecho de la corbata sin que ella se diese cuenta. La había cogido y estaba separándole las piernas, ella no dejaba de tocarle el pecho. La electricidad se palpaba en el ambiente, el calor hacía que la cabeza le diese vueltas, entregándose cada vez más a aquel momento tan esperado por ambos. Le sintió dentro de ella, los embistes liberaban la tensión que había acumulado durante tanto tiempo haciendo que se sintiera más ligera que de costumbre. De repente todo terminó. La tensión había desaparecido por completo.