Disclaimer: TMI, TID y sus respectivos personajes son propiedad de Cassandra Clare, que el ángel la bendiga.
Muchas gracias por los reviews. Disfruten el capítulo!
Ducks
En la hora de receso, lo primero que Clary hizo fue tomar la mano de Jace y salir disparada por el pasillo. Corrió y corrió, tan rápido como sus pequeñas piernas le permitían, hasta los salones de segundo año. Los niños aún estaban comenzando a salir tranquilamente por la puerta, pero Clary reconoció al instante a su hermano gracias a su ojo experto y entrenado y se lanzó contra él.
— ¡Johnny! —exclamó, hundiendo el rostro en su pecho. Jonathan le devolvió el abrazo con fuerza y le dio un beso en la cabeza, haciendo caso omiso a las risas y burlas de sus amigos porque su hermanita acababa de llamarlo de un modo tan cariñoso.
—Cada día superas tu récord de llegar aquí en el menos tiempo posible. Ayer me atrapaste por el pasillo, hoy me atrapaste en la puerta del salón. Eres rápida, renacuaja. —dijo Jonathan, sonriendo radiante e inclinándose para verla de cerca. — ¿Qué harás ahora?
— ¡Jace me llevará a ver a los patitos! —chilló Clary con entusiasmo, alzando las manitas para darle emoción a sus palabras. La sonrisa de Jonathan vaciló un poco cuando se dio cuenta de que Jace también estaba ahí: ¡Ese niño era un chicle! ¿Qué no podía alejarse de su hermanita ni un segundo?
Pero se enfadó aún más al notar que Clary le tomaba la mano. ¡Eso era nuevo! Estuvo a nada de agarrar a Clary, colgársela al hombro y llevársela de ahí. ¡Nadie podía tocar la mano de su hermanita hasta que tuviera treinta años!
—Pensé que Jace le tenía miedo a los patos. —dijo, ceñudo, y la carita de Jace se puso roja. — ¿No recuerdas cómo se puso a lloriquear la última vez que fuimos a Central Park y un pato se acercó?
— ¡Eso no es cierto! —reclamó, enfurruñado, pero Jonathan no le hizo caso. Estaba muy ocupando analizando a Clary y a Jace detenidamente, preguntándose si era seguro dejar a su ranita con aquel cobarde.
Volteó a ver a sus amigos, que lo esperaban para irse a comer, e inhaló profundamente.
—Está bien, Clary. Ve con Jace a ver a los patos. Yo iré a comer, jugaré un poco a la pelota e iré a verlos antes de que toque la campana para ver que todo esté bien, ¿De acuerdo? —dijo, y Clary asintió enérgicamente con la cabeza. Jace se limitó a verlo feo. —Bien. Hasta entonces, Clary.
Le dio unas palmaditas cariñosas en la cabeza y luego se fue con sus amigos. Clary no perdió el tiempo, hizo uso de sus cortas pero rápidas piernas una vez más y arrastró a Jace por el jardín hasta el estanquito que tenían.
Ooooooo
— ¡Will, mira qué bonitos son los patos bebés! —llamó Jem, que estaba sentado cerca del estanquito y observaba con una enorme sonrisa al patito que se había subido a su regazo. El animalito no dejaba de hacer soniditos. — ¡Acércate, te aseguro que son inofensivos!
— ¡Jem tiene razón, Will, no tienes nada que temer! —corroboró Tessa, que estaba recostada en el césped y estaba rodeada de un montón de patos que también hacían ruiditos y que comenzaban a tocarla con sus piquitos. La niña soltó una risa. —Mira, ni siquiera lastiman, ¡Sus picos son tan suaves que hacen cosquillas!
Will les contempló con temor a un par de metros, con los pequeños hombros temblándole levemente y un puchero en los labios. Él no quería ir a ver a los patos, él prefería ir a comer y a jugar, pero Jem y Tessa habían insistido tanto que él no había podido resistirse.
— ¡No quiero! —repuso, aterrorizado, y se sentó en el césped. Sus ojos le picaban, pero no iba a llorar. — ¡Ya vámonos, me aburro!
— ¡Hola Will! —saludó Clary, pasando a su lado, y rió al verlo en el césped. — ¿Qué haces ahí? ¡Levántate, los patos están por ahí!
Lo tomó de un brazo antes de que pudiera protestar. Él forcejó y trató de librarse de su agarre, pero Jace apareció a su lado y lo tomó por el otro brazo. Juntos, arrastraron a un angustiado Will por el césped hasta el estanquito. Jace estaba igual de aterrorizado, pero se sentía mucho mejor teniendo a alguien que lo comprendiera a su lado.
—Si un pato se ve sospechoso, te daré la señal y ambos corremos. ¿Está bien? —le susurró Jace a Will, y Will asintió con la cabeza. Ambos parecían a punto de llorar. Clary les había dado un pedacito de pan a cada uno para que alimentaran a los patitos y se había unido a Jem y a Tessa.
Analizaron cuidadosamente el alrededor: Los patos adultos estaban lejos, muy ocupados haciendo sus cosas de patos. Al parecer estaban acostumbrados a ver a los niños jugar con los patitos. Por lo pronto nada parecía sospechoso.
Jace experimentó y lanzó un trocito de pan. Gritó junto con Will cuando uno de los patitos se acercó a él, y Will le pegó cuando otros tres patitos siguieron su ejemplo y los rodeaban.
—Acabas de condenarnos. —murmuró dramáticamente, viendo como poco a poco los patos se acercaban más y más…
ooooooo
Pasaron horas y horas jugando con los patitos. Jem y Tessa habían tenido la magnífica idea de ponerlos en el agua y hacer una carrera de patos, y todos gritaron para animar a su propio pato durante todo el rato. Se llevaron una enorme sorpresa cuando los patos de Jace y Will empataron.
Ambos niños tomaron a sus patos en brazos y los abrazaron cuidadosamente para no lastimarlos, entusiasmadísimos.
— ¡Mi pato es el mejor! —chilló Jace.
— ¿Qué? ¡No es cierto! ¡El mío es mejor que el tuyo! —repuso Will, dejando a su patito en el suelo y mirando ceñudo a Jace.
— ¡No es cierto! El mío es mejor, ¿No viste la carrera? ¡Su pico llegó antes que el del tuyo!
— ¡Mentiroso, el pico del mío llegó primero!
— ¡Aunque fuera cierto, mi pato es más bonito que el tuyo!
— ¡No es cierto!
El resto del receso Tessa, Jem y Clary se sentaron a comer, exhaustos después de jugar tanto, pero Will y Jace no quisieron dejar de jugar con sus patos. Continuaron haciéndolo todo el rato, y cuando Jonathan llegó no pudo creer lo que veía. Jace y Will ahora amaban a los patos.
O bueno, los amaron por veinte minutos, el tiempo más largo que ambos recordarían haber pasado cerca de un pato después de lo que sucedería a continuación.
Cuando los niños se disponían a regresar a clase, dos patitos siguieron a Jace y a Will, demasiado encariñados con ellos. Al principio a ambos les pareció algo muy tierno, hasta que voltearon y vieron a una pata corriendo furiosa hacia ellos.
Fue un evento traumático. Trataron de correr, pero mamá pato fue mucho más rápida y los atrapó a ambos. Rasgó los calcetines y las camisas de ambos y los picoteó hasta que una maestra escuchó el alboroto y corrió a salvarlos.
— ¡Odio a los patos! ¡Odio, odio, odio a los patos! ¡No quiero ver uno más en mi vida! —sollozó Will, ahogándose con sus propias lágrimas mientras que Tessa y Jem trataban de consolarlo cuando la dulce enfermera de la escuela le curaba las mordidas.
—Shh, cariño, shh. Mamá pato solo cuidaba de sus patitos, no quería lastimarlos…—trataba de consolarlo la maestra Charlotte mientras le acariciaba la cabecita, insegura de sus propias palabras, pero Will continuaba llorando desconsolado.
—Yo siempre supe que un pato nos atacaría. Esas pequeñas bestias sangrientas…—balbuceó Jace, cuyo único consuelo era que Clary lo abrazaba con tanta fuerza. Aún así, las lágrimas caían a raudales por su rostro. Volteó a ver a Will y él le devolvió la mirada.
—Nunca confíes en un pato. —dijeron los dos, y ambos gritaron cuando la enfermera les puso banditas adhesivas con dibujos de patitos.
Pobres bebés Jace y Will. Verdaderamente tienen razón para odiar a los patos, siento que tienen una especie de atracción magnética para patos malvados (?) ¡Espero que les haya gustado el capítulo! (:
