La reunión de antiguos alumnos resultó ser más tranquila de lo que Rhegan había imaginado aunque no por ello menos decepcionante; habían transformado las paredes del gimnasio en una especie de lienzo de arte moderno, de esos en los que solo se alcanzan a distinguir manchas de colores que en teoría, representan algo tremendamente complejo que uno sólo puede fingir comprender tras leer la descripción de la obra, aunque por suerte para quien tuviera que limpiar todo aquello, las "manchas" no las habían hecho con pintura, sino con montones de papel de colores arrugado o "flores de papel", como se empeñaban en llamarlos los profesores.
Unos pequeños altavoces colocados a varios metros de altura, trataban de ambientar la fiesta con música sacada de un casposo CD de canciones del verano que se repetía una y otra vez a bajo volumen y al fondo del gimnasio, a la vista de todo el mundo, habían dispuesto la comida y la bebida: un par de platitos con galletitas saladas, montones de platos hondos llenos hasta arriba de aceitosas patatas fritas de bolsa, de esas que te dejan las manos tan sucias como apestosas y varias botellas de refrescos con gas de diferentes colores, que compartían prácticamente el mismo sabor.

Pero a pesar de la decoración y de la comida, había que reconocer que, desde un punto de vista basado meramente en el porcentaje de asistencia, la reunión había sido un éxito y es que habían ido prácticamente todos sus ex compañeros de clase. Estaban Peggy, Melody, una reformada Amber que se acercaba sonriente a todo el mundo de la mano de su pequeño de apenas 2 años, un Castiel que ahora lucía una tremenda barriga cervecera y barba de tres días e incluso gente a quien Blake apenas era capaz de reconocer.

De Armin, sin embargo, ni rastro.

—¿Estás bien?

A regañadientes y sin articular sonido, Rhegan se dio la vuelta.
Hacía más de diez minutos que había terminado con su ronda de saludos y charlas de cortesía; tenía calor, hambre, estaba preocupada, triste y enfadada, y desde luego, no le apetecía nada empezar otra conversación sobre el tiempo y la crisis económica, y sin embargo, al encontrarse cara a cara con Violeta, le ofreció su mejor sonrisa y la saludó como si realmente se alegrase de verla, a pesar de que aquella era probablemente la primera vez que le dirigía la palabra.

—No sé si te acordarás de mí, estábamos en la misma clase —la joven le ofreció un vaso lleno de un líquido con gas blanquecino y sonrió complacida cuando Rhegan aceptó su silenciosa invitación, sin sospechar ni un solo instante lo mucho que odiaba aquel tipo de bebidas.

Blake por su parte, se limitó a darle un rápido sorbo a la bebida para no quedar mal y asintió con gesto brusco mientras luchaba por mantener la sonrisa en el rostro.
—Eres Violeta, ¿verdad?

La muchacha le devolvió el gesto, aunque con mucha más naturalidad.

—Buscaba al resto de nuestros compañeros, quería saludarles antes de irme. —añadió Blake; una mentirijilla de nada que de ningún modo podía hacer daño a nadie.
—Pero parece que no han venido todos y ya no creo que se presente nadie más, así que supongo que puedo irme ya —. Miró su vaso mientras trataba de decidir si debía beber un poco más o si ya habría sido suficiente su tortura, lo agitó con suaves movimientos circulares y luego examinó la cara de la chica, ¿querría ella que se la terminase? ¿Le importaría lo que hiciese con aquel brebaje?

—Ah pero… ¿ya te vas? —Violeta consultó su reloj de pulsera con una mueca que a Rhegan se le antojó demasiado seria y acto seguido levantó la cabeza para lanzarle la mirada más inocente que había visto jamás.
—Todavía es muy pronto, yo creo que aún podrían venir más exalumnos. ¿No te puedes quedar un poco más?

Blake apartó la vista de aquellos hipnóticos ojos, apretó los dedos contra el vaso en busca de algún tipo de consuelo y se quedó mirando una flor especialmente deforme de la pared, una de color rosa casi fluorescente, muy arrugada e incluso rota en algunas partes, una obra sin lugar a dudas, nacida de la frustración y la ira de su autor.
«Amigo, te envidio… ojalá mis problemas se redujesen a hacer un par de flores de papel…».

La pregunta en sí no tenía nada de malo, era incluso lógica, o por lo menos lo habría sido si Violeta y ella hubiesen sido amigas, pero el hecho de que no la conociera más que de vista, hizo que Rhegan se sintiera incómoda.

—Es temprano, sí — asintió Rhegan —pero…
«Pero no tiene sentido quedarse por amor al arte».
—…pero es que vivo algo lejos y no puedo perder el último tren.
«Si Armin no ha venido, yo no pinto nada aquí, así de simple».

—Pero si el último tren pasa a la 1 de la madrugada y para eso aún faltan varias horas. Además, si con esos alumnos te refieres a Alexy, Armin y Kentin, sé de buena tinta que deben de estar al caer…

«Disculpa… ¿qué?» Blake volvió a mirar a Violeta, y en aquella ocasión, ya no se molestó en ocultar su desconfianza.

—S-Son los únicos que no han venido y además… además mira esto.
La joven, que a pesar de los años había conservado parte de su carácter tímido, sacó su teléfono del bolso cruzado que llevaba y se lo puso delante de las narices sin decir una sola palabra más. En la pantalla se veía una conversación de la cual Rhegan solo se atrevió a leer la hora.

—Es de Alexy.
Añadió Violeta, como si aquello lo explicase todo, y después agitó el teléfono un par de veces, urgiéndole a que leyera el mensaje.

Rhegan suspiró resignada, agarró la muñeca de su excompañera para que se estuviera quieta, entrecerró un poco los ojos para poder ver mejor las minúsculas letras de la pantalla y obedeció.

El mensaje era breve y no podía extraerse gran cosa de él, básicamente Alexy le decía a Violeta que iba de camino a la reunión y aprovechaba para pedirle que le guardase algo de comer, pero por absurdo que fuese, aquellas palabras le devolvieron a Blake la esperanza, porque si algo tenía claro, era que allá donde fuera Alexy, encontraría a Armin o por lo menos, encontraría información sobre él.

—Mira yo no te conozco mucho, pero Iris ya se ha marchado y no sé a quién más pedírselo. La cuestión es que yo solo he venido para ver a Alexy, pero me da reparo que me encuentre sola. Como yo antes solía… —se detuvo como lo habría hecho un niño antes de desvelar por error un secreto y después de tomar aire, ignoró lo que había estado a punto de decir y siguió como si nada:
—bueno, que no quiero que piense vete tú a saber qué y por eso, si pudieras quedarte conmigo a esperar...

«Así que era eso» pensó Rhegan aliviada.
—No veo por qué no, a fin de cuentas yo también quería ver a una persona y creo que quedaría menos desesperado si esperase con alguien en lugar de hacerlo sola.

—¿Verdad? Eso mismo pensaba yo —Violeta asintió, agachó la cabeza, clavó la vista en sus bonitas sandalias color rosa pálido como si fueran la cosa más interesante del mundo y lo que vino a continuación… ¡ay! Lo que vino a continuación fueron los 30 minutos más largos y desconcertantes de la vida de Rhegan. Media hora cargada de preguntas triviales, silencios incómodos y de absurdos viajecitos a la mesa de las bebidas, en los que una de las dos aprovechaba la excusa de traerle un refresco a la otra, para descansar de aquella cargada atmósfera que las rodeaba.
Y por fin, cuando ya había perdido toda esperanza de que la noche remontara, cuando ya se había resignado a pasar toda la velada bebiéndose aquellas porquerías, cruzaron el umbral del gimnasio los últimos alumnos que asistirían a la reunión: Alexy, Kentin y Armin.

—¡Ah, ahí están! —Violeta se apresuró a cogerle la mano a Blake y haciendo caso omiso de las protestas de la joven, avanzó en dirección al grupo como si fueran un manantial de agua fresca en mitad del desierto.

«Chica, que yo tampoco me lo estaba pasando en grande» pensó Blake, algo ofendida por aquel descarado comportamiento.

—¡Hombre, Violeta! —exclamó Alexy con tono excesivamente jovial. —¡Pero cuánto tiempo sin vernos!
Acto seguido la abrazó con toda confianza y después se la llevó a la otra punta del gimnasio mientras no dejaba de parlotear como una de esas molestas cacatúas que se compran las personas mayores para sentirse acompañadas.

La fuga de Violeta estuvo bien durante un par de minutos, pero pronto empezó a echar de menos su presencia y es que ahora que se había ido, a Rhegan no le quedaba más remedio que enfrentarse a Armin y a Kentin ella sola y la verdad, ya se le hacía difícil pensar en disculparse en un ambiente más íntimo, así que siendo dos contra uno, la poca confianza que tenía en sí misma acabó de desvanecerse.

Por suerte para Blake, Kentin pareció darse cuenta de su incomodidad y después de ofrecerle un saludo poco entusiasta, fue a perderse entre la multitud.

No podía decirse que Armin hubiese cambiado demasiado en aquel tiempo, aunque obviamente tampoco habría sido justo decir que fuera el mismo que ella recordaba. Para empezar, estaba un poco más alto, tenía la espalda más ancha y se había dejado crecer una atractiva perilla que le daba un look más maduro, Sus facciones se habían vuelto un poco más angulosas, más afiladas y sus ojos tenían una expresión tan seria, que por un momento hicieron que Rhegan se preguntase si se había equivocado de chico.
A pesar de los cambios, no podía negarse que seguía conservando su atractivo y puede incluso que hubiese mejorado con el paso de los años.

Fue en ese mismo instante, mientras le miraba de arriba abajo con, por desgracia, bastante descaro, cuando escuchó la voz del joven; una voz profunda y algo áspera que le provocó escalofríos.

—Hola y adiós.

Armin no solía ser rencoroso, de hecho siempre le habían dicho que era bastante agradable y de trato fácil. Vaya, que no estaba en su naturaleza ser tan seco, pero aquella noche no estaba para bromas y además, aún tenía demasiado fresco el sabor amargo que la "conversación" con aquella mujer le había dejado años atrás, así que sin pensárselo dos veces, se dio la vuelta y sin esperar a que su excompañera le respondiera, salió del recinto y echó a andar en dirección a la entrada del instituto, mientras se decía, que no tenía por qué pasar por lo mismo dos veces.
Por desgracia, la mujer no estaba dispuesta a dejarle escapar y antes de que pudiera desvanecerse con elegancia en la noche, se vio acorralado por Blake, que no solo había logrado alcanzarle, sino que le había adelantado y se había situado justo en la cancela que separaba al instituto del resto del mundo.

—¿Ni siquiera me vas a dejar hablar? —fue todo lo que se le ocurrió decir a Rhegan.

El informático la miró con desdén, después dio unos pasos hacia la izquierda y trató de pasar por su lado, solo para encontrarse el cuerpo de la mujer en medio. Volvió a probar suerte, ahora por la derecha, pero de nuevo se topó con el mismo obstáculo.

—Mira, no estoy de humor y tampoco quiero escuchar lo que tengas que decirme —suspiró cansado y dio unos pasos hacia atrás como signo de rendición. —Tú precisamente deberías entenderlo, si estuvieras en mi lugar tampoco te darías otra oportunidad, ¿verdad?

De no ser porque se había estado preparando mentalmente para aquel momento, probablemente se habría apartado de la salida, pero para bien o para mal, las palabras del informático no consiguieron moverla ni un milímetro. A fin de cuentas, era normal que estuviese enfadado con ella y que no quisiera escucharla, así que le dijera lo que le dijera, lo único que podía hacer era escuchar pacientemente y tratar de disculparse de la mejor manera posible.

Armin suspiró abatido.
—Ya veo que te da igual lo que yo quiera, así que adelante, ¡no te cortes! —le hizo un gesto con la mano, invitándola a hablar y después se cruzó de brazos y volvió a suspirar. —Dime lo que tengas que decir, pero te digo desde ya, que si lo que quieres es disculparte, arreglar las cosas y marcharte de aquí con la conciencia limpia, no pienso ponerte las cosas fáciles.

«¿Que no me piensas poner las cosas fáciles? ¿De qué vas, tío?».
Tal vez no estuviera tan preparada como creía…

—¿Así que yo tengo que tener en cuenta tus sentimientos?

Rhegan volvió a mirarle de arriba abajo, aunque ya no podía decir que aquel hombre le pareciese atractivo, ¿cómo iba a pensarlo después de que le hubiese dejado claro la clase de idiota que era?
Vale, podía entender que le hubiese ofendido años atrás y sí, podía comprender que le durase el enfado porque de hecho, ella misma era rencorosa hasta decir basta, pero de ahí a negarle siquiera la oportunidad de explicarle lo sucedido… ¿qué clase de persona haría algo así? Sin duda el mismo tipo de persona con la que era mejor no tener relación alguna, ni amistad, ni nada de nada.
—Es curioso que tú me digas eso, cuando eres el primero en no tener consideración por los demás. ¿O es que tengo que recordarte que en nuestra "discusión" fuiste tú el primero en atacar?

—Pfff… —Armin echó la cabeza hacia atrás, dio una lenta vuelta sobre sí mismo mientras miraba el cielo y después volvió a concentrar su atención en Rhegan.
—No te hagas la ofendida, porque que recuerde, yo solo te hice una broma y tú te la tomaste de la peor manera. Si no estás bien de la cabeza, digo yo que lo que tienes que hacer es ir al médico, no ir por ahí molestando a los demás.

—¿Buscar pelea? —Blake negó con la cabeza y soltó una carcajada forzada. —¡Venga, por el amor de dios! ¿Quién habla así hoy en día? Y ¿qué quieres decir con "mal de la cabeza"? —se llevó las manos a la cadera y dio un paso hacia adelante con pose amenazadora. —Aquí el único que no rige bien eres tú. Yo solo quería disculparme por lo que te dije en el instituto, pero la verdad, ahora se me han quitado las ganas.

El programador extendió una mano en dirección a la joven y asintió complacido. —Lo ves, típico de una desequilibrada, ¿vienes a disculparte o a insultarme? Aclárate. —Armin acabó de cerrar la distancia entre ambos y apoyó una mano en el hombro de Blake, todo mientras le decía:
—Esos cambios de ideas tan repentinos no parecen muy normales, ¿no te parece?

Rhegan se apartó la mano de una bofetada y retrocedió unos cuantos pasos. Quería contestar, insultarle del mismo modo en que él lo estaba haciendo, pero justo entonces, sin venir a cuento, se acordó del desconocido del tren, que prácticamente se había aprovechado de su amabilidad para desahogarse, de Violeta, que una vez que hubo conseguido lo que quiso la había abandonado sin miramientos minutos atrás y de pronto, descubrió que no le quedaban fuerzas para mantener aquella conversación.
—Está bien, tú ganas, no sé qué decir, me has ganado. Siento mucho lo que te dije aquel día y siento haberte importunado hoy, ya puedes irte.
Dicho aquello, se apartó de la puerta, con la cabeza gacha y el cuerpo encogido.

Aquel cambio repentino hizo que Armin sintiera una punzada de culpabilidad en el pecho. No hacía falta ser un genio para comprender que se había pasado, pero pensándolo fríamente, solo le había devuelto el agravio, ¿no? Es decir, por muy malo que fuese lo que acababa de decirle, tenía derecho a desahogarse con ella porque ella misma lo había hecho años atrás con él, ¿no?

Silenciando la molesta vocecilla interior que le urgía a volver atrás y a pedirle perdón a la joven, Armin avanzó calle arriba, en dirección a la estación, y una vez que hubo perdido el instituto de vista, no dudó un instante en sacarse el teléfono del bolsillo. La pelea que acababa de tener le había dejado tan mal sabor de boca, que necesitaba compartir sus penas con alguien, y dada su situación: soltero y prácticamente sin amigos, no pudo evitar pensar en la desconocida del tren, pero en lugar de buscar el número entre su lista de contactos como habría sido lógico, se descubrió a sí mismo mirando fijamente la pantalla.

Se habían dado el teléfono de mutuo acuerdo, pero... ¿estaría bien que la llamase, después de que se mostrara tan rara a la hora de colgar?

Mientras, Rhegan había subido a la azotea por la escalera de incendios y al igual que Armin, se había quedado mirando el teléfono, pero a diferencia de él, sentía que no tenía nada que perder y por eso no dudó un solo segundo en marcar el número del desconocido.

NOTA: quiero disculparme por la tardanza, no tengo los mejores horarios del mundo y a veces hay capítulos que nunca me llegan a satisfacer por mucho que los modifique, así que me puedo pasar días y días borrando y reescribiendo.
Disculpad.