De regreso pronto con esta historia, aunque no tan pronto como supondría, tomando en cuenta que el fic está prácticamente terminado. Si... soy así. Ya saben que no me gusta mucho improvisar.

Y aún con el peso de 8x17 sobre mi psiquis intento desesperadamente continuar expresando mis sentimientos y expectativas respecto a SPN en mis horrorosas historias...

Llevo días intentando escribir algo acerca de Crowley y Naomi en la Mesopotamia... pero no lo logro! Y en verdad lo estoy necesitando... barajeé todo tipo de ideas para su contexto, desde Salomón hasta Nabucodonosor y Hammmurabi (con jardines colgantes y todo!) y hasta un crossover con el Príncipe de Persia (el juego, no la peli) pero nada sale de mi cabecita hueca... qué se le va a hacer!

Así que tendrán que conformarse solo con la temp 7 (por ahora...)

Espero que les guste este dramático cap lleno de angst en el cual Erika no se toma nada bien la muerte de Cas. Y si quieren me tiran un review. No se olviden que no necesariamente debe ser un halago, pueden comentar si no les gusta ;-)


Al borde del abismo

Alguien tocó a la puerta con tal delicadeza que no habría sido posible oírlo si no fuese por el abrumador silencio que reinaba en el dormitorio.

– ¿Qué pasa? –preguntó Erika.

La puerta se entornó ligeramente y Garth asomó su cabeza por ella.

– ¿Puedo pasar? –dijo mirándola con esos ojos siempre llenos de picardía y dulzura.

–Claro que si –respondió sin moverse de la cama, haciendo el inútil esfuerzo de esbozar una sonrisa.

–Vi el inesperado eclipse y me dije…. Es una señal. Erika me necesita…

Ella sonrió finalmente. Él se sentó a su lado, tomándole de la mano.

–Todo va a estar bien… ya verás.

–Él va a morir, Garth. Lo se…

–No… no lo sabes. Tal vez… ocurra un milagro.

– ¿Otro? Ya van dos…. No habrá una próxima vez. Si la hay… empezaré a creer que Dios en verdad nos ama…lo juro…

–Te tomaré la palabra….

El móvil de Erika interrumpió a Garth. Ella se arrodilló en la cama para buscarlo entre las cobijas.

– ¿Qué pasa? –preguntó nerviosa –Entiendo…. Ok… si… estoy bien… -habló con voz monocorde –bueno… mantenme al tanto… -dijo ya sin poder disimular el dolor que estaba sintiendo. –Adiós.

Colgó. Se quedó mirando al vacío, sin pronunciar palabra. Respirando agitada y dificultosamente. Sus mandíbulas apretadas mostraban a las claras que no eran buenas noticias. Una sola vez la había visto así…

– ¿Qué pasó? –indagó Garth.

No obtuvo respuesta. Le quitó el móvil de la mano para investigar con quién había hablado. Reconoció el seudónimo de su más querido mentor.

– ¿Bobby? ¿Era Bobby? ¿Qué te dijo?

Ella seguía sin responder. Aún de rodillas.

–Es Castiel, ¿verdad? –dijo con un tono dulce en su voz pasando la mano por la tensa espalda de la chica. Ella no pareció notar el contacto físico. Parecía ajena a la realidad. –Hey… suéltalo…. Deja salir ese dolor… me asusta verte así.

Súbitamente ella se arrojó entre sus siempre cálidos brazos. Lo apretó fuerte contra su cuerpo. Rompió a llorar. Un llanto de dolor, casi histérico.

–Castieeeeeeelllll –chilló. –ESTA MUERTO…. ¿Por qué…..? ¿Por qué? ¿Por qué Dios me odia…? ¿Por qué me quita todo lo que amo…?

–Dios no te odia, amiga…. –la consoló con voz queda. –Nadie puede odiarte…. Te lo juro…solo son cosas que pasan… y son asquerosas y son una mierda… pero… no puedes pensar algo así….

–Siiiiiii…. Es mi culpa…. es mi culpa…. Este es mi castigo….


Finalmente se durmió. Había llorado tanto que todo su cuerpo le dolía. Ahora dormía, con algo de congoja e inquietud. Garth la cubrió con las frazadas, acarició su espalda y se sentó a su lado. No quería dejarla sola.

Cuando despertó, la cabeza le dolía. Se incorporó de la cama, fue al botiquín y buscó analgésicos, luego se dirigió a la cocina. Se tomó los medicamentos ayudada por varios tragos de whisky.

– ¿Qué mierda crees que estás haciendo? –le reprochó Christopher –He visto lo que has hecho.

–Solo es una aspirina….

–Que acompañaste con whisky….al menos hubieses comido algo antes….

–El orden de los factores no altera el producto –sentenció.

–Garth tenía razón…. No debiste estar sola…

–Deja de reprocharme… ¿vas a reprocharme todo lo que haga de aquí en adelante?

–Si te empeñas en pasar el resto de la vida haciendo idioteces… pues… si. Y… Crowley estuvo aquí… dijo que volvería si no ibas a verle…

–Solo eso me faltaba… –renegó volviendo a su cuarto llevándose consigo la botella de licor.


–Se que estás ahí….Fergus. –le dijo a Crowley desde la cama sin molestarse siquiera en voltear a verle.

– ¿Cuánto llevas así?

–No lo se…. –respondió con tono irónico en su voz. Era evidente que había bebido mucho.

Él se sentó en la cama. Le apartó el cabello del rostro con la punta de sus dedos como solía hacer siempre. Ella no se movió.

–No había nada que pudieras hacer….

– ¡TAL VEZ EVITAR QUE HICIERA ESA LOCURA PARA EMPEZAR! –le gritó incorporándose finalmente.

Él la contempló en silencio.

–Fue su decisión. –declaró finalmente.

–Oh… ¿si? ¿No me digas? –le replicó con sarcasmo.

–Nadie lo obligó a tragarse todo eso… ¿Y sabes que pienso?

–No. Y no me interesa.

Se volvió a recostar, dándole la espalda nuevamente.

–Pienso que se lo merece. Ni yo traiciono de esa manera….

– ¿QUIERES QUE TE DIGA LO QUE YO PIENSO? –Ahora volvía a levantarse de un salto.

–No. Pero lo harás de cualquier modo…

–Pienso que lo que Castiel ha hecho no fue otra cosa que salvar tu egocéntrico, ególatra y soberbio culo…. Él era un ángel… mil veces más poderoso que tú…. Y ¡mira lo que le pasó! ¡En lo que se convirtió! ¡¿Dime una cosa Crowley…!? ¿Si hubieses sido tú….? ¿Qué te hubiera ocurrido? ¿Eh? ¿Dímelo…? Lo único que Cas ha hecho ha sido salvarte la vida. Estarías muerto de no ser por él. ¿O por aún, Raphael? ¡Con su soberbia y todo su complejo de Edipo…! Y quién sabe que hubiera sido de todos nosotros.

Crowley escuchó las acusaciones en silencio. Armado de toda la paciencia de la que era capaz de juntar. Erika lo extenuaba, llevándolo a los límites. Siempre era difícil contener toda la ira que ella le podía despertar. Parecía que el único objetivo en la vida de esa muchacha era sacarlo de quicio. Solo para eso vivía. Y para eso estaba él ahí esa noche. Para recordarle que aún le quedaba esa razón para seguir viviendo. Pero era complicado, más porque lo que había dicho era una gran verdad. Había jugado con fuego, y si Castiel (aún sin tener conciencia de ello) no hubiese estado ahí para apagarlo, él estaría muerto.

–En verdad que pareces una remilgada cuando lloras por tu ángeles perdidos…

Esperaba un insulto como respuesta, pero solo recibió indiferencia.

–Tienes que contestarme… hay una dinámica en esto… es de ida y vuelta… -le reprochó.

El silencio no era buen síntoma. "Tal vez es demasiado pronto" pensó Crowley. "Tal vez deba dejarla unos días más".

–Bien… me voy. Volveré pronto… espero que tengas más ganas de charlar a mi regreso. Y no se te olvide, que mientras estás aquí lamentándote todavía hay un mundo allá afuera. No vaya a ser que pierdas alguna otra cosa importante para ti por estar tumbada medio ebria en esa cama… -le advirtió.

Salió por la puerta. Chris lo estaba esperando afuera.

– ¿Quién eres? ¿Y qué has hecho con Crowley?

–No tiene sentido insistir por ahora. –observó ignorando el comentario sarcástico sobre su exceso de gentileza –Le daremos más tiempo. Mientras tanto, no la dejes sola…. –dijo con seriedad. –Que no tenga armas ni objetos punzo cortantes con ella. Tampoco drogas o medicamentos. Asegúrate.

– ¿Tú… crees que ella intente….?

-Soy un demonio. He jugado con los sentimientos y la salud mental de la gente por siglos… sé una cosa o dos sobre suicidios…No está demás prevenirnos… –le interrumpió. –Porque el único ángel que estaba dispuesto a resucitarle…. Ya no está con nosotros….

–…Gracias…–dijo Chis, dubitativo.

Crowley se fue sin responder.


Despertó angustiada. Había tenido una pesadilla cuyo contenido no podía recordar. Su cuerpo estaba bañado en sudor. Se levantó de la cama y abrió la ventana. El gélido aire nocturno enfrió repentinamente su cuerpo empapado, provocándole cierta rigidez. Sentía que el mundo le pesaba sobre la cabeza.

Corrió a su cama, se arrodilló y tanteó debajo de ésta. Buscaba la caja con armas que guardaba ahí. No estaba.

Abrió el último cajón de la repisa. La pequeña Bersa que guardaba ahí tampoco estaba.

Fue al closet. La caja con armas y chuchillos estaba vacía.

Fue al botiquín. Estaba vació.

Empezó a enfurecer. ¿Quiénes se creían para tomar así el control de su vida? ¡Ella era quién decidía! Si quería suicidarse, nadie se lo impediría…

Bajó las escaleras, furibunda.

– ¿DÓNDE ESTÁN MIS MEDICAMENTOS? –gritó.

–Yo los tengo… te estás excediendo en su uso…

–Despierto en medio de la noche con jaqueca ¿y no soy libre de tomar una aspirina?

–No te devolveré tus armas…. Si es lo siguiente que vas a reprocharme. –le dijo su amigo.

Ella no respondió. Tomó su cazadora y salió de la casa, dando un portazo. Caminó sin rumbo fijo durante un buen rato. Hasta que tuvo tanto frío que no sintió más sus pies ni sus manos. Una licorería llamó su atención. Compró una botella de whisky, de la peor clase, ya que no llevaba demasiado dinero en el bolsillo. No tardó demasiado en vaciarla casi toda, mientras continuaba caminando sin rumbo fijo.

De pronto, y sin quererlo siquiera se encontró en el puente. Caminó con pasos vacilantes hacia la cornisa. Se apoyó en una de sus enormes vigas, contemplando el agua obscura que pasaba por debajo de ella. Se preguntó cómo sería el infierno. Si sería acaso peor que eso. No podía imaginar nada peor que lo que estaba viviendo justo ahora. Y con esa convicción se arrimó aún más al borde, con gran dificultad, provocada por la borrachera. Miró al horizonte que ahora mismo permanecía invisible entre las tinieblas de esa tenebrosa y fría noche.

– ¿POR QUÉ LO PERMITISTE? ¡HIJO DE PUTA!

Hizo un silencio, como si estuviese esperando una contestación.

– ¡EH! TE ESTOY HABLANDO, INFELIZ…. ¡OH! CIERTO… SE ME OLVIDABA… DIOS ESTÁ DEMASIADO OCUPADO HACIENDO QUIÉN SABE QUE COSA…. PARA DIGNARSE A RESPONDER EL RECLAMO DE UNA INSIGNIFICANTE…. ABOMINACIÓN COMO YO….

Arrojó la botella al aire. La oyó caer muchos segundos más tarde. Un mareo la obligó a aferrarse a la viga que tenía su lado.

En ese momento, percibió que la altura no le asustaba, al contrario. La enorme distancia entre ella y el agua comenzó a resultarle atractiva. Se soltó de la viga y contempló la obscuridad a sus pies. Miró nuevamente al cielo, murmuró desafiante y con placer:

–Ven a detenerme, hijo de puta….

Y si pensar en nada más, extendió los brazos en cruz y se dejó caer al vacío.