"Un placer volverte a ver"
Se encontraban agotados y exhaustos.
El trío dorado se encontraba tumbado sobre los viejos sillones de la mansión de Sirius Black. Había llegado a ese lugar hacia solo dos noches tras. Su sueño, gracias a Merlín, no fue interrumpido ninguno de esos días.
Hermione dormía plácidamente sobre un amplio sillón que le ofreció el pelirrojo al echarle primero el ojo cuando arribaron al lugar. Ella aceptó no muy convencida por la amabilidad del joven. Sabía que detrás de todo eso…él tenía un plan para acercarse a ella e implorar su perdón. Harry se posesionó de un estrecho sillón color guinda en el cual dormía cómodamente. Y Ron…aceptó dormir en el suelo para estar lo más cerca posible de la castaña.
El chico de la cicatriz fue el primero en levantarse y recorrer el lugar por una vez más. Le hecho un último vistazo a sus amigos, quienes se encontraba en el quinto sueño, y salió directo a la cocina para preparar un café o algo para despertarse. Durante su transcurso a su objetivo, se topó con una puerta entreabierta que no había notado el primer día que llegaron ahí. Sacó su varita ante cualquier posible ataque e ingresó en el interior.
Detalló el interior. Las paredes gastadas y las sabanas manchadas le indicaban que nadie había habitado ese lugar en unos diez años. Se acercó hasta el mueble de cama y unos papeles hicieron que un recuerdo viniera a su mente.
Esa había sido la habitación en la cual había guardado el horrocrux que Albus Dumbledore y él habían ido en busca aquella noche de su fallecimiento a manos de Severus Snape. Pero… ¿Por qué no lo recordó el día que llegaron ahí? Imaginó que alguien había entrado y lo había hurtado. Sonrió de lado y busco en el interior del mueble. Su sospecha fue cierta: Alguien había tomado el guardapelo.
Un ruido proveniente de la puerta llamó su atención.
—Encontré algo —informó Hermione mirando al azabache.
Harry caminó hacia ella y ésta le mostró las siglas que estaban escritas sobre la puerta.
—R.A.B —susurró el león observando a su mejor amiga —. Era hermano de Sirius…—espetó sin entender.
—Y un mortifago…—agredó la castaña —…lo sé porque oía a Lupin y al señor Shacklebolt decirlo por accidente cuando pasaba por un pasillo de la madriguera —relató la joven haciendo que las dudas de sus amigos crecieran más —. Al parecer R.A.B se unió a las filas del señor oscuro para hurtar el guardapelo y destruirlo. Pero no pudo y por esa razón lo ocultó en el lugar donde Dumbledore y tú lo encontraron esa noche —finalizó suspirando.
—¿Cómo lo sabes? —cuestionó.
—Privilegios de ser la alumna preferida de Minerva —espetó presumiendo su ego —. Estábamos cursando segundo año y McGonagall me llamó para hablar sobre unos asuntos de mis calificaciones. En ese momento…Dumbledore entró en el despacho y pidió hablar con ella…a solas…estaba a punto de colocarme de pie y salir de ahí, cuando McGonagall le dijo al profesor que lo que tenía que decir…lo hiciera frente a mi…que yo era de su total confianza —siguió su relato —. Entonces Dumbledore mencionó algo sobre Regulus Black —esto obligó al azabache a mirarla —. Al principio no entendí nada…hasta la noche que Lupin lo mencionó e indague en todo —finalizó haciendo una mueca con sus labios.
Harry tomó camino hacia la cocina. Pasó de largo entre Hermione y Ron. Ésta no hizo nada para detenerlo o seguirlo.
—Eres brillante, Hermione…—halagó de nuevo el pelirrojo mirándola con encanto.
La castaña solo le decidó una mirada indiferente y siguió los pasos de su azabache amigo.
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El niño que vivió se introdujo en el interior de la cocina. Rabia y furia invadían todo su sistema nervioso. ¿Quién demonios pudo entrar y hurta el guardapelo? ¿Quién? Se preguntó caminado de un lado a otro como león enjaulado. De lo único que estaba seguro era que ese alguien no tenía conocimiento de lo que se estaba llevando.
No obstante, un ruido proveniente de un lugar de la cocina obtuvo su atención.
—Harry…—llamó la castaña mirando extrañada a su amigo.
El azabache la hizo callar con un dedo sobre sus labios en forma de silencio. Ambos Gryffindor se miraron extrañados. De pronto, otro ruido más fuerte llamó la atención del trío. Harry caminó con varita en alto hacía una pequeña puerta. Respiró profundamente y con rápidez la abrió tomando entre sus manos a una extraña criatura.
Ron y Hermione retrocedieron dos pasos hacia tras al ver como su amigo sacaba al pequeño elfo del armario.
—¿Quién eres? —preguntó el joven de la cicatriz.
—Ketcher —pronunció el feo elfo domestico de nariz puntiaguda.
—¿Tienes idea de quien entro aquí y robo un guardapelo como este? — interrogó la castaña rápidamente apuntado sobre el objeto que colgaba de la mano de su mejor amigo.
—Ketcher no le contesta a las sangresucias —insultó el elfo provocando la ira del pelirrojo.
—¡No vuelvas a llamarla así! —advirtió Ron con su puño cerrado en el aire.
—¡Ron, basta! —intervino la ojimiel tomando el brazo de su amigo para evitar una tragedia.
Este obedeció al sentir como la calidez de las pequeñas manos de Hermione atravesaban su suéter. La miró con delicadez.
—Responde a la pregunta —ordenó Harry con enojo.
—Un hombre…entró en la noche y tomó lo primero que vio —contestó el elfo —. Ketcher no pudo hacer nada…—decía desafiando la mirada de su nuevo amo.
—Trae a ese hombre ante mí —ordenó del ojiverde viendo como la pequeña criatura se desvanecía frente a sus ojos.
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Sus pesados pasos se hicieron resonar con fuerza donde pisaba.
Las risas burlonas de los mortifagos resonaban junto con sus pasos a lo largo de los fríos pasillos. Su mirada antes temerosa, ahora se mostraba con mayor confianza y fieres para quien lo desafiara con la vista. Su corazón ya no temblaba de miedo, ahora temblaba de odio y pura maldad.
Los pasos de su padrino seguían los suyos en silencio.
Severus Snape estaba convencido que su ex alumno ya no era el mismo después de salir de ese horrendo lugar. Lo pudo descifrar con su mirada y al sentir el gran poder que desarrolló dentro como mago oscuro. Detuvo su andar al ver como el rubio lo hacía y mantenía su vista griseada como el acero más oscuro sobre algo o alguien. Emparejo sus pasos con los de su ahijado y descubrió el motivo de su repentino freno.
—Oh…Draco…que bueno que ya estás de regreso —la voz rastrera de su tía Lestrange se oyó por toda la fría habitación…— ¿Listo para tu nuevo cargo? —le preguntó soltando una carcajada acompañada por sus compañeros.
El rostro de Malfoy se contrajo y su mirada oscura se tornó aún más.
—¿Te atreves a desafiarme con la mirada…Bella? —escupió el nuevo líder de la manada.
Estas palabras hicieron callar al resto de los seguidores del señor oscuro al sentir el aumento de poder que desprendía el cuerpo marcado del platino. Por un instante sintieron…miedo.
La mujer con cabello rizado serió su expresión de rostro al sentir como su sobrino ya no era el mismo. Por un momento se sintió orgullosa de él…pero por otro…no muy convencida por la decisión que su amo tomó respecto a él. Algo le decía que las cosas no saldrían del nada bien.
Severus notó ese cambio en la mortia. Supo que ella lo sabía cómo él mismo: Draco Malfoy ya no era Draco Malfoy…nunca más.
—¿Y mi madre? —preguntó el ojigris mirándola penetrantemente.
—E-en el despacho —tartamudeó la morocha sin saber por qué.
—¿Y mi padre? —volvió a preguntar.
—Salió…—finalizó Bella observando de reojo al resto de los mortios quienes entendieron su mirada.
—Bien…de ahora en adelante, las cosas cambiaran…—espetó Draco Malfoy. El nuevo y auténtico Draco Malfoy.
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Los pálidos dedos de un pelirrojo se deslizaron con torpes sobre los teclados de un piano. No era para menos, si se encontraba muy cerca de la castaña a la que no había podido ni siquiera tocar con la mirada sin que ella se lo permitiera. Intentó tocar una de Beethoven, pero solo arruinó la linda melodía.
—Déjamelo a mí —intervino Hermione tronando sus dedos antes de posarlos sobre el delicado teclado.
El ojiazul observó a la joven atónico y extrañado ¿Desde cuándo sabia tocar? Era más ¿Sabía tocar? Se cuestión al momento que una hermosa y nunca antes escuchada melodía por él empezó a ser tocada por la ojimiel. Hasta su azabache amigo desvió su mirada y la colocó encima del par de jóvenes para comprobar que su amiga fuese la que estuviese tocando tan hermoso.
Y así era.
Hermione Granger tocaba el piano de una manera que enamoraba con sus notas.
—Esa fue una melodía tocada por Beethoven —presumió la bruja más codiciada de la historia ruborizada por las miradas de sus amigos sobre ella.
—¿Dónde aprendiste a tocar tan hermoso? —cuestionó Ron sin entender nada.
—Mejor dicho ¿Cuándo aprendiste a tocar que no sabíamos nada al respecto? – preguntó el niño que vivió muy concentrado en lo que preguntaba.
Esa pregunta en específica hizo que los recuerdos de la castaña divagaran.
FLASH BACK
Cerró sus ojos ante aquellas notas que resonaban hermosamente sobre ese salón.
Decidió echar un último vistazo para concluir su ronda…cuando lo sintió cerca. Suspiró al saber que tenía que hablar con él y que mejor momento cuando los pasillos y aulas estaban desocupadas, y todo mundo dormía. Llegó a ese lugar y se sorprendió al ver como el Slytherin tocaba el piano con delicadeza y agilidad.
No quiso interrumpirlo porque quería seguir escuchando esa rara melodía que sonaba como los latidos del propio demonio. Pero, él dejo de hacerlo al sentirla.
Hermione bufó.
—¿Qué quieres? —le preguntó mirando por su hombro al girar un poco su rostro. No se colocó de pie.
—Solo vengo a dejarte el libro donde viene lo de…tu sabes —le indicó en secreto para no tenerlo que repetir.
Draco guardó silencio por unos segundos. No obstante, se colocó de pie y se giró para verla. A la castaña se le figuró ver como el rubio ladeaba sus pálidos labios para formar una sonrisa de lado, pero la oscuridad del aula impedía ver con claridad.
Hermione comenzó a respirar nerviosamente al ver como el ojigris se acercaba peligrosamente hacia ella. Draco se detuvo a milímetros de distancia de su rostro. La castaña no sabía por qué demonios simplemente no se daba la vuelta y salía de ahí; pero su corazón la traicionaba quedándose ahí. Frente a él.
—Y dime… ¿Qué has sentido últimamente? —preguntó con su arrogante voz como la oscuridad.
—Y-yo —tartamudeó la joven Gryffindor. Se armó de valor para escupirlo —, he sentido tu miedo…dolor…rabia…tristeza e impotencia de no poder hacer nada antes las cosas —confesó desafiando su mirada gris.
—No está mal… —finalizó listo para irse y dejar sola a la ojimiel.
Pero ésta, en un acto desesperado para que no se alejara de ella, lo tomó por la túnica obligando al slytherin a regresar su mirada sobre ella. Hermione sintió un hueco en su corazón al sentir como el rubio tembló ante su repentino acto. ¿Acaso él…?
—¿Y tú? —le preguntó la leona queriendo saber todo.
Draco sonrió de lado con su arrogancia hasta el infierno. No dudo en hablar.
—Solo tus estúpidos celos por esa comadreja de mierda —escupió haciendo que la castaña notara un dejo de ¿Celos? En su mirada —. Y aprovecho para decírtelo —susurró cerca de sus labios peligrosamente. Hermione no se movió ni un milímetro. Algo en su interior la obligaba a someterse ante él —. Deja de joderme —pidió al momento que la Gryffindor soltó su túnica lentamente.
Hermione retrocedió dos pasos para mantener distancia antes de que otro "incidente" ocurriera como la última vez. Decidió no seguir más en ese lugar. Lo observó por última vez.
—Por cierto…—emitió Hermione dándose la media vuelta ante él —. Linda melodía —se despidió saliendo y dejando a solas, y oscuras a ese condenado rubio de mala muerte.
FIN DEL FLASH BACK
Regresó al presente y recordó que tardó meses en encontrar la tonada de esa hermosa melodía infernal que solo podía ser tocada por el mismo demonio con nombre de Draco Malfoy.
—Hermione…—Ron tragó saliva nerviosamente —Y-yo…quiero decirte que…—La castaña respiraba agitadamente ante las palabras de su antiguo amor —…quiero decirte que yo te…—pero gracias a Merlín, las frases del pelirrojo se desvanecieron en el aire al oír gritos y pisadas fuertes que se avecinaban hacía ellos.
El trío colocó su mirada hacia la pesada puerta que se abrió dejando ver a un hombre con un par de elfos; Uno prendado de las piernas del sujeto y otro tomándolo por la cabeza, y hombros.
Harry se colocó rápidamente de pie y caminó hacia los recién llegados al reconocer a un elfo pequeño y bondadoso. Sonrió con alegría al percatarse que se traba de Dobby.
—¡Suéltenme, pequeñas cosas infernales! —maldijo el hombre de mediana estatura y con escasez de cabello.
—¡Dobby! —exclamó el azabache al ver a la pequeña criatura.
—Señor Harry…Dobby ayudó a atrapar al sujeto que Harry Potter quería ver —explicó el elfo luchando contra el hombre mayor que él.
—¡Dije que me soltaran! —gritó de nuevo el hombre siendo liberado por las criaturas que lo liberaron al instante. Este observo por primera vez a los tres jóvenes que estaban frente a él.
—Harry…es Mundugus Fletcher —avisó Hermione al reconocer al calvo con una expresión de rostro desagradable.
Ron y Hermione se acercaron a su amigo quien reconoció al hombre en brevedad.
—Señor Weasley —saludó Dobby subiendo a la mesa para anivelarse a la estatura del pelirrojo y extendió su mano en forma de saludo.
—Hola, Dobby —contestó el ojiazul con una sonrisa de lado —. Lindos zapatos —halagó colocando su vista en ellos.
—¿Tu entraste a este lugar y tomaste cosas que no eran tuyas…entre ellas…un guardapelo como este? —interrogó el niño que vivió mostrando ante la mirada del hombre calvo la copia falsa del objeto muerto de la rabia al saber que ese hombre, quien lo miraba sínicamente, había desaparecido y dejado a Alastor Moody a su suerte la noche de su traslado.
El pelirrojo y la castaña solo se mantenían en silencio total.
—¿Un guardapelo? —preguntó sin entender al momento que observo el objeto colgante.
—¡Contesta! —ordenó el ex león hecho una furia.
—¡Ah! —exclamó el hombre calvo como recordando algo —¿Hablas del collar que tiene una serpiente en el centro? —preguntó para cerciorase antes de hablar.
—Exacto…¿Dónde está?
Mundugus tragó saliva y después habló al momento que movía su cabeza de izquierda a derecha repetidas veces.
—¿Para qué lo quieres? —preguntó de nuevo Fletcher.
Eso hizo enfurecer más al azabache quien estaba empezando a irritarse incontrolablemente.
—Por qué es mío y lo quiero de regreso —contestó — ¿Dónde lo tienes?
—¿Era muy valioso?
Ron y Hermione se miraron entre sí. Harry no contesto.
—Lo era —dedujo el hombre sin pensarlo dos veces —. Ahora entiendo el interés de ese joven el día que se lo llevo.
Estas palabras alertaron al trío dorado rápidamente.
—¿Cuál joven? —ahora fue el turno del pelirrojo en intervenir.
—Yo no conservo las cosas que —hizo un sonido con su garganta —… tomo…prestadas —soltó sínicamente —. A la mañana siguiente decidí sacar algo de provecho de esas cosas y las vendí en el callejón Knockturn. Una manada de mortifagos…—susurró haciendo que la sangre de ambos jóvenes, Harry y Ron, hirviera de odio al oír esa palabra —pasó frente a mí y, al parecer el líder de ellos, decidió echar un vistazo en mis cosas y tomó el guardapelo sin miramientos— relataba mirando al trío a los ojos —. Sin preguntar precio o preguntar si estaba a la venta…me arrojó mil galones y —dijo recordando —se marchó seguido de los demás— finalizó.
—¿Puedes describir su aspecto? —preguntó Harry sospechando de quien podría tratarse.
Mundugus meditó por unos segundos y separó sus labios para pronunciar algo, pero algo lo obligó a cerrarlos y a posesionar su ceño fruncido sobre eso.
—Es él —indicó señalando el profeta sobre la mesa.
Hermione, quien estaba más cerca del papel, se acercó para tomarlo y saber quién era el interesado. Sus ojos miel se tornaron más claros y sus mejillas se incendiaron al ver la fotografía de aquel extraño joven.
—¿Malfoy? —preguntó Ron al acercarse a la castaña y observar la foto.
El azabache hizo lo mismo y le arrebató el profeta a su mejor amiga quien no hizo nada para impedirlo.
—¿Estás seguro que es él? —preguntó Harry para cerciorarse primero.
—Claro que lo estoy —contestó el hombre calvo —. Aunque…pensándolo bien…ahora luce diferente —confesó al detallar con atención la foto del periódico.
—¿Cuán tan diferente? —pidió Hermione ante la mirada atónica de sus amigos sobre ella.
—Digo…ahí parece un chiquillo temeroso y cobarde —describió seguro —pero ahora…ahora luce más fuerte, seguro de sí mismo y su mirada…—prosiguió recordando cómo le temió al momento que la griseada mirada del rubio penetró la suya sin pesar — su mirada causa escalofrió y temor para quien lo viese —finalizó.
Hermione clavó su mirada sobre el suelo.
Harry maldijo casi calladamente.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron al leer el encabezado de la nota.
La castaña alzó su mirada y la colocó encima del chico de la cicatriz esperando respuesta ante la cuestión del ojiazul.
—Entraremos ahí y…hurtaremos lo que es nuestro —finalizó tirando el profeta haciendo que callera sobre los pies de la ojimiel.
Ésta leyó el título en su interior:"Draco Malfoy toma posesión de un puesto importante en el ministerio de Magia a tan corta edad".
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—¿Y ahora? —quiso saber el pelirrojo al tener su cuerpo oculto detrás de un callejón sin despejar su mirada azulada de las grandes puertas del ministerio de magia.
—Hay que entrar…—masculló Harry con su vista en el mismo lugar que su amigo.
—Pero… ¿Cómo? Si todo el ministerio te está buscando —espetó Ron haciendo un gesto de confusión al oír la idea de su mejor amigo.
El par de jóvenes se quedaron quietos y en silencio por un par de segundos.
—Tomen esto —ordenó Hermione sacando de su bolso…nada.
Harry y Ron se quedaron viendo a su amiga y como ésta les estiraba su brazo para que tomaran lo que les indico. La castaña los observó con su ceño fruncido.
—¿Qué están esperando?
—Es que…en tu mano no hay nada…—contestó Ron rascando su nuca un poco asustado por la posible reacción de la ojimiel.
—¡No sean bobos! —Gritó percatándose de su error—. Son capas de invisibilidad que yo misma cree —confesó haciendo que sus amigos tomaran la tela invisible que en instantes se tornó de color verde —. Hace efecto al momento que te la colocas encima de tu cuerpo y al retirarla, se torna de color —informó colocándose su capa antes de ellos —¿Ven? —preguntó mirándolos.
—No te vemos —avisó Harry sin entender el funcionamiento del objeto.
—Si no se la colocan, no me verán —índico la castaña bufando exasperadamente.
El par de Gryffindors siguieron las instrucciones de la joven y al momento que la tela envolvió sus cuerpos, pudieron ver a la ojimiel.
—¿Y ahora? —preguntó Hermione.
—Excelente —espetó el pelirrojo maravillado.
—Bien…escuchen…—ordenó la joven —…el efecto dura exactamente treinta minutos. Tenemos tiempo suficiente para dar con…—tragó saliva nerviosamente —. Malfoy y tomar el horrocrux ¿entendido? —sus amigos asintieron con su cabeza —. Nos vemos en el pasillo central al terminar.
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Su mirada griseada permanecía inerte sobre un lugar de las calles de Londres mágico. Su oficina era demasiado grande para un cuerpo tan pequeño como el suyo. Bufó aburrido al no saber qué hacer.
Todo era una farsa que su padre le rogó para que montara como protagonista.
Tomó ese cargo gracias al nuevo ministro y mortifago Pius Thicknesse. Éste le ofreció un lugar dentro para que el apellido Malfoy regresara a boca de todos los ciudadanos. Él no estuvo de acuerdo al principio, pero todo lo hizo por su madre. Por la segunda y última persona que valía la pena en su vida. No quería que su madre cayera en una depresión al ver como el apellido Malfoy se profanaba con malas palabras.
Y todavía tenía que lidiar con su nuevo puesto en las filas del señor oscuro.
Recordó sus pocos días dentro de ese lugar de mala muerte. Fueron los más largos y fríos de su miserable vida como perro a las órdenes de su amo. Su mente se expandió y su imaginación desapareció. Pero lo que más lamentaba era el hecho de que ningún…ningún puto día…pudo dejar de pensar en ella.
En esa maldita que le robaba cada pensamiento, cada suspiro y cada maldito pensar. Simplemente no podía arrancársela de la cabeza y hacerla desaparecer para siempre. Al momento que la poción infectó la palma de su mano, sintió un profundo coraje y rabia hacía ella. Sabía las consecuencias de ello y le importó poco porque se suponía que la pócima durara un par de días. Pero su odio aumento más al leer de nuevo el libro y descubrir que la conexión con la ratón de biblioteca duraría…para siempre. O hasta encontrar un método que ella descubrió más tarde.
Sus pensamientos regresaron a un lugar inexacto en Hogwarts donde ella se encontraba elaborando la poción que el mismo arruinó por "accidente".
FLASH BACK
La vio.
Sentada sobre el frío suelo del baño donde habitaba Myrtle la Llorona. Había pasado un par de días desde que lo descubrió en el tercer piso tocando el piano. Se preocupó al no sentirla, o mejor dicho, sin sentir sus estúpidos sentimientos provocados por el estúpido de Weasley y su tonta novia Brown. Lo más seguro era que haya acatado su orden al decirle que ya no lo jodiera más con eso.
Se mantuvo quieto sin hacerse notar por la joven. Ésta estaba entretenida mezclando pociones y hiervas de no sé qué cosas. Y recordó. Recordó que la castaña le había llevado el libro donde se encontraba la receta para liberarse de esa maldición que la tenía atada a él. Sintió como su corazón comenzó a latir a mil por hora al pensar que ya no la sentiría nunca más. Se había acostumbrado a su calor, a sus miradas llenas de odio y al sentimiento que demostraba cada vez que lo tenía cerca y frente a ella.
—Sé que estas aquí —pronunció Hermione observando el libro que se mantenía quieto sobre sus piernas cruzadas —. Pude sentirte desde que doblaste la esquina —siguió espaldas a él.
Draco dibujó una pequeña sonrisa de lado y negó con su cabeza. Esa maldita poción estaba recobrando más fuerza día con día. Y en gran parte, lo agradecía. Ella era la única persona que lo mantenía vivo y firme en sus planes de asesinar a Albus Dumbledore. Pero, ¿Por qué? Porque quería hacerla sufría al grado de implorarle por su vida en el momento exacto que sus manos apretaran su delicado cuello con fuerza.
Los estúpidos sentimientos de la leona eran lo que lo alimentaban a diario aunque él recibiera el doble de ellos.
—¿Qué haces? —preguntó como si fueran dos grande amigos de la infancia. Emprendió camino hasta llegar a ella.
La castaña no contestó. Podía sentir su furia hacia él.
Después de unos segundos oyó como esa chillona y aterciolada voz penetraba en sus oídos volviéndolo a la realidad.
—La pócima para deshacerme de ti —soltó sin quitar su mirada miel del caldero.
El rubio se arrodilló frente a ella recargando sus brazos cruzados sobre sus rodillas y sintiendo como la Gryffindor se tensó ante su cercanía. Sonrió sínicamente. Dirigió una de sus pálidas manos hacia el cabello sedoso de la joven. Ésta se quedó quieta como una gata a la cual le hacen una demostración de afecto. Draco posó su mano hacía los labios de color carmín de ella y los acarició con delicadeza. Hermione cerró sus ojos disfrutando del contacto de sus fríos dedos.
—Eres una maldita —masculló el ojigris obligando a la leona abrir sus ojos.
—Y tú, un estúpido arrogante —insultó con rabia.
Draco sonrió más de lado y acercó sus labios peligrosamente. La Gryffindor tensó más su cuerpo y cerró de nuevo sus ojos. Sintió la respiración del rubio sobre sus labios olvidando por completo su objetivo: deshacerse de esa basura de humano. Unos escasos milímetros lo separaban de poder probar el cielo de nuevo.
Hermione deseaba con todas sus fuerzas que ese maldito mal nacido la besara de nuevo. De pronto, escuchó como algo de metal azotó fuertemente sobre el frío piso de concreto y entonces su mente regresó al lugar donde estaba. Se alejó de él rápidamente al sospechar lo que había caído: su poción estaba arruinada por completo. Colocó su vista de nuevo en el ojigris quien sonreía victoriosamente.
—¡Eres un…! —pero callo al ver como él solo se colocaba de pie y tomaba camino hacía la salida —¿! Adonde crees que vas! —le preguntó enfurecida.
—A un lugar lejos de ti —finalizó sin mirarla —. Y eso es para que entiendas que jamás podrás deshacerte de mí, inmunda sangresucia — dijo provocando que la castaña lo maldijera en mil idiomas.
FIN DEL FLASH BACK
Y así era, es y será; ella jamás podrá deshacerse de él…jamás.
¿Por qué? Porque cada maldito día que pasaba la podía sentir más cerca de su cuerpo, alma y…corazón. La castaña era la única persona que aún lo mantenía humano. Con razón y devoción ante el mundo donde habitaban.
Sonrió de lado al percatarse de una visita inesperada, que para él era la mejor de todo ese maldito infierno.
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Se abría paso entre los cientos de empleados del ministerio. Gracias a Merlín, ningún guardia, mortifgo o alguien más los había detectado, aún. Sus pasos eran rápidos y desesperantes. Tenía que encontrar al rubio antes de que sus amigos lo encontraran primero. Tenía que ser ella la que le arrebatara ese guardapelo.
¿!A quién demonios quería engañar! Su corazón latía desesperado. Quería verlo aunque solo fueran por un par de segundos. Quería ver que estuviese bien ya que las cortadas en sus brazos y rostro le indicaban lo contrario. Quería estar…cerca de él y sentir su olor a menta que desprendía el solo mirarlo.
Con un rápido movimiento, esquivo a una señora regordeta que obviamente no la había visto. Se balanceó para mantener el equilibrio y seguir en su búsqueda. Recorrió cada pasillo de la última sección y no encontró nada. Se maldijo interiormente. Lo más seguro era que Harry o Ron hubiesen encontrado al ojigris primero que ella; se maldijo mil veces más.
Decepciona y derrotada regresó sobre sus pasos y es que, el efecto estaba a punto de terminarse. Pasó frente a una pequeña oficina que había omitido por completo y fue ahí donde lo sintió. Sintió como Malfoy la llamaba al notar su presencia en el ministerio. Se acercó a la puerta sin tocar primero y la abrió sin más miramientos. El interior se encontraba oscuro y sin un alma humana en el interior; excepto él.
Lo vio ahí. Espaldas a ella y con su mirada fija a través de la ventana de su oficina. Contuvo su respiración por unos segundos. Comenzó a sentir como su cuerpo temblaba al estar en la misma habitación que él. Y entonces, su capa de invisibilidad desapareció mostrándose frente a ese maldito mortifago.
—¿Cuándo tiempo? ¿Eh, Granger? —habló Draco Malfoy enderezando su postura y girando su cuerpo completamente hacia su nueva visita.
El rubio sintió como algo dentro de su estómago se removió con fuerza. Para ella sola habían pasado un par de semanas sin verle, pero para él, fue un estúpido año entero. Comenzó a sentir como su fuerza bruta invadía con felicidad cada arteria de su cuerpo. Tenerla cerca de él era estar más próximo al mismito cielo.
—Demasiado, diría yo —contestó la castaña manteniéndose en el mismo lugar desde que pisó esa habitación.
Y lo detalló de pies a cabeza. Era cierto. Había cambiado completamente. Su cabello corto y rubio, ahora se mostraba un poco largo y sin color. Su cuerpo delgado fue remplazado por uno más grueso y fuerte como Mundugus había descrito. Su rostro hermoso e impecable que lucía con orgullo en los pasillos del colegio, ahora mostraba rastros de pequeñas cicatrices y cortadas recién hechas. Y…había crecido más de estatura.
La castaña dejo de detallarlo al percatarse que el joven mortio ya se encontraba encima de ella. La atrapó entre sus fuertes brazos y ella no objeto para nada. En el fondo quería que lo hiciera y que el tiempo se detuviera ahí, entre ellos dos, para siempre. El rostro mallugado del ojigris se acercó peligrosamente al suyo. La castaña pudo sentir como la respiración de éste penetraba sus fosas nasales.
—Sé por lo que estás aquí —habló el ex Slytherin girándola entre sus brazos y colocándola espaldas a él, pero sin soltarla ni un milímetro. Hermione suspiró indiscretamente —. Y también puedo sentir a los estúpidos de tus amigos, haya fuera, buscando lo que yo tengo— confesó acariciando con sus labios el cabello rizado y suave de la ojimiel.
—Entrégamelo —ordenó Hermione por fin logrando soltar palabra. Solo oyó como una risilla escapó de los labios de su opresor.
No obstante, Draco tomó uno de los delicados brazos de la castaña y lo situó a la altura que el pudiera verlo atreves del hombro de la joven. Ésta no se movió ni dijo nada. Y con suavidad, expusó el antebrazo izquierdo de la ex leona ante él. Sintió una rabia al observar como éste estaba cortado y magullado.
Hermione pudo percibir su furia al ver sus heridas apenas cicatrizadas.
Draco imitó su acto y le mostró a la castaña el origen de sus cortadas. Hermione pudo notar como el antebrazo izquierdo del rubio se encontraba en el mismo estado que el de ella. Sin poderse contenerse, la ojimiel acarició las cicatrices del platino haciendo que éste se estremeciera completamente ante su cálido tacto. La piel del mortio se encontraba fría y sin vida ante los ojos miel de ella.
—Es cierto…—murmuró Hermione ladeando su rostro y recargándolo sobre el pecho del platino —. Eres el líder de ellos…—soltó al borde de sus lágrimas.
El ojigris no contesto nada.
—¿Por qué? —Preguntó dolida —¿Por qué no vienes conmigo? —Siguió al ver como Draco ocultaba su brazo bajo la tela de su suéter y al momento, ocultaba el suyo —. Y-yo…Harry…puede ayudarte —dijo al sentir como las manos frías del mortio tomaban posesión de su cálido vientre —. Yo no quiero que te pase nada —confesó provocando que el cuerpo del joven temblara.
—No te preocupes…—ordenó Draco acariciando el estómago de la joven —…si lo único que te interesa de mí es lo que pueda repercutir en ti, quiero que sepas que no me pasara nada malo —espetó haciendo que la castaña se removiera entre sus brazos como luchando por liberarse de él.
¿Qué demonio no terminaba de comprender? Se preguntó Hermione interiormente. No pensaba en ella, sino en...él.
—Entrégame el guardapelo —ordenó la leona de nuevo al por fin liberase de sus garras.
Draco la observo burlonamente. Éste suspiró negando con su cabeza e introdujo su mano derecha en su bolsillo. La castaña sacó su varita ante cualquier ataque posible perpetrado por él: un mortifago.
—Vamos, no voy a herirte —indicó el platino —. Olvidas que si te hago daño, yo sufro el doble —recordó haciendo que la castaña bajara la guardia.
Se mantuvieron en silencio por un largo momento.
Draco se acercó de nuevo a ella. Ésta no se movió ni un milímetro. El rubio se colocó espaldas a ella y con delicadeza, le colgó el objeto alrededor de su delicado cuello por el cual ella había venido ante él. Y por el cual, él había pagado cientos de galeones para tenerla cerca de él por unos cuantos minutos. Hermione sintió el frío metal chocar contra su piel y rápidamente llevó sus dedos sobre éste. Se quedó atónica al descubrir el guardapelo sobre su cuello. Ahora si se movió y se giró hacia el platino.
Hermione estaba a punto de articular palabra cuando los labios pálidos de su enemigo cubrieron los suyos. Automáticamente sus manos invadieron los cabellos rubios del joven. La necesidad de corresponderle fue más fuerte que ella.
Draco la rodeo por la cintura y la privó del suelo obligándola a que enredara sus piernas en su cintura. Ésta captó al momento y se aferró al cuello de su enemigo. El rubio caminó en dirección a su escritorio el cual tenía ganas de estrenar con el cuerpo desnudo de la joven. Sus besos se tornaron más feroces y hambrientos al momento que su lengua exploraba la cavidad bucal de su enemiga. Necesitaba probar de ella por segunda vez.
Hermione soltó un gemido de placer al sentir como el rubio la dejó caer sobre la dura madera del escrito al momento que él exploraba sus largas piernas con desespero, y ella comenzaba a desabotonar su camisa negra como la noche. El platino se deshizo de su molesta camisa sintiendo como el frío se incrustaba sobre los poros de su piel. Al instante, la castaña pudo notar que el abdomen delgado que vio y sintió encima de ella la primera vez que…tuvieron sexo…había desaparecido y ahora se mostraba ante ella marcado y formado como el de un hombre de mayor edad.
El suéter de algodón había desaparecido de encima de su dueña. El ojigris lo había roto con desespero y de paso, se llevó consigo la blusa color rosa de su enemiga. Sus labios no se habían separado desde que iniciaron con ese acto de…Pero no pasó ni un segundo cuando los labios del rubio se posesionaron del cuello de la castaña con mordiscos, besos y lamidos desesperados.
Hermione volvió a soltar un gemido de placer al sentir como el mortio disfrutaba de su cuerpo como si su vida dependiera de ello. Acaricio la espalda ancha de su enemigo disfrutando del acto. Cada quien podía sentir los sentimientos que provocaba las caricias de uno sobre el otro. No necesitaban usar palabras para expresarlo; más que caricias y besos hambriento del otro.
—Hazlo de una maldita vez —gruñó Hermione besando las mejilla de su enemigo con ternura y con deseos desesperados porque él entrara en ella.
Draco no dijo nada. Acarició los senos de la joven por encima de su sujetador arrancándole suspiros y jadeos de placer. Privó a la castaña de sus pantalones y de paso, de sus bragas color azul celeste. Y sin esperar ni una puta milésima de segundo más; la penetro con furia, deseo, pasión y placer.
Hermione soltó un grito de sorpresa al sentir como el rubio entraba en ella por segunda vez. Se aferró a sus anchos hombros demostrando que le había dolido igual que la primera vez. Draco entendió el mensaje y decidió ir lentamente para no lastimarla más (cosa que él también podía sentir). Sus movimientos empezaron suaves y delicados. Quería que la joven se acostumbrara a su presencia dentro de ella. Ésta relajó todo su cuerpo y apretó más la pelvis de su enemigo contra la de ella indicándole que estaba preparada para él.
Draco comenzó a embestirla lentamente haciendo que la castaña soltara gemidos de placer descontrolados los cuales resonaron por toda la habitación. Él pudo contener los suyos en silencio. No quería que ella descubriera que disfrutaba de su cuerpo tanto como sus caricias. No más de lo que ella ya sabía. Al momento, aumentó la velocidad de sus movimientos intentando llegar lo más profundo dentro de ella. Quería marcarla con su ser por el resto de su miserable vida.
—Ah…Malfoy —gimió Hermione enterrando sus uñas sobre la espalda pálida de su enemigo dándole a entender que el orgasmo estaba muy cerca de ella.
Él aumento más la velocidad de sus embestidas para que terminara de una vez. No pasaron ni unos segundos, cuando el cuerpo de la castaña se tensó y comenzó a electrizar el cuerpo medio desnudo del platino. Este también había llegado al orgasmo junto con ella.
Sus respiraciones chocaron al momento que Draco colocó una de sus manos detrás de la nuca de su enemiga y la obligó a pegar su frente contra la de él. Ésta se dejó guiar aun en shock por el maravilloso momento. Desnuda completamente ante él, se atrevió a alzar su mirada y colocarla encima de la griseada de él. Éste la miraba aun con su respiración agitada.
—Malfoy…yo…—pero un leve dolor sobre su espalda la hizo gemir altamente.
Draco se extrañó y recordó lo que pudo haber provocado ese quejido. Hizo girar un poco el cuerpo de la joven y observó como pequeñas marcas de unas uñas se encontraba dibujadas sobre la espalda color caramelo de su enemiga. Sonrió de lado al saber que ella misma se las había provocado.
Hermione no dijo nada al descubrir la razón de su pequeño sufrimiento.
—Desaparecerán dentro de un par de días —habló Draco empezando a vestir a su visita.
Después de unos minutos, la castaña se encontraba exactamente vestida como había parecido ante la vista del rubio. Éste se alejó de ella al ver terminada su tarea.
—¿Por qué haces esto? —preguntó la ojimiel refiriéndose al guardapelo que colgaba de su cuello.
El mortifago la observó mirando el objeto entre los dedos de la joven.
—Recuérdalo…tú me lo quitaste a la fuerza —finalizó mirándola a pesar de la reacción de la joven ante sus palabras.
Y sin decir nada más, desapareció de la vista miel de Hermione Granger.
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—¡Es él! —Gritó un empleado del ministerio al identificar al niño que vivió entre ellos —¡Es Harry Potter!
El azabache y el pelirrojo se miraron entre si al momento que comenzaron a correr para escapar de los cientos de mortifagos que se les avecinaban con varita en alto.
—¿! Dónde demonios esta Hermione! —preguntó Ron sin dejar de correr por su vida.
—¡No lo sé! —contestó al recordar a su mejor amiga que aún no regresaba a ellos.
—¡Ahí esta! ¡Hermione, corre! —ordenó Ron llegando ante ella y envolviéndola entre sus brazos para después tomarla de la mano y salir de ese lugar.
La castaña no emitió sonido alguno. Aun no podía asimilar las últimas palabras que el rubio le dijo antes de desaparecer de su vista.
—¡Harry, ¿Dónde? —preguntó el Gryffindor aun aferrado a la mano de la ojimiel quien corría inertemente sin saber porque.
—¡A las chimeneas! —indicó llegando ante una de ellas y siendo absorbido dentro.
Hermione siento como su pelirrojo amigo se detuvo secamente ante la chimenea y la introdujo a ella primero. Fue en ese momento que un hechizo la hizo reaccionar y cerrar sus ojos esperando por el acto. Pero sintió como una fuerza sobrehumana la absorbía lejos de ese lugar.
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Harry cerró sus ojos al sentir como su cuerpo golpeó fuertemente sobre el suelo. Se quedó quieto unos segundos esperando reconocer el lugar donde se encontraban, pero nada lo hizo reconocerlo. De pronto, un quejillo lo hizo rodar sobre el suelo y levantar su mirada hacia sus amigos.
—¡Ron, no! —Hermione lloraba descontroladamente al ver como sus manos se llenaron de sangre al tocar la herida del brazo de su amigo — ¡Perdóname, yo, lo siento! —suplicaba la castaña entre gemidos de dolor.
El pelirrojo se quejaba dolorosamente.
El azabache rápidamente se colocó de pie y se acercó a ellos con una cara de horror.
—Hermione…—Llamó el chico de la cicatriz.
—¿! Qué esperas! ¡Pásame mi bolso! —ordenó la ojimiel intentado detener la hemorragia de su amigo.
Harry acató la orden y le entregó su bolsillo. Hermione no tardo en buscar entre sus cosas; oía como libros, adornos, floreros, retratos caían sobre el suelo de su habitación intentando encontrar la pócima para curar a su amigo.
—Ron…por favor…resiste —espetó el azabache mirando a su amigo.
—Esto te ayudara…—intervino la castaña colocando un par de gotas sobre la herida del pelirrojo.
Esta comenzó a hacer efecto rápidamente cicatrizado la cortada del joven sin dejar rastro de una posible herida. Hermione suspiró tranquilamente al ver como la temperatura de su amigo bajaba lentamente.
—Her-hermione…—susurró Ron tomando la mano de la ojimiel entre las suyas y cayendo en un profundo sueño que lo haría descansar por el resto de la tarde y noche.
—Descansa…— índico la Gryffindor acariciando la pelirroja cabellera del león.
—¿Dónde estabas? —Harry preguntó con un dejo de molestia en su voz.
—¿Qué? —Preguntó Hermione sin entender el motivo de su repentino cambio de actitud hacía ella —¿De qué hablas?
—Se suponía que nos veríamos en el pasillo centrar del ministerio y tú no llegaste a tiempo —relató haciendo que los recuerdos de la castaña se nublaran —¡lo encontraste! —Cambió rápidamente de tema al señalar el horrocrux que colgaba de su cuello —¿Te topaste a Malfoy? —le preguntó.
—N-no…lo encontré en su…oficina —mintió para no dar detalles de cómo lo había conseguido —. Toma —se lo entregó al momento que se lo sacó del cuello y el azabache lo tomaba entre sus manos.
La alumna favorita de McGonagall se postró de pie y caminó en dirección contraria a sus amigos. Levanto sus manos con su varita en una de ellas.
—¡Protego totalm! —Conjuró murmurando con sus ojos cerrados — ¡Salvio hexia! —siguió con su tarea.
—¿Qué haces? —cuestionó el ojiverde acercándose a ella.
—Conjurando hechizos protectores —contestó molesta —. No podemos avanzar con Ron en ese estado —siguió — ¡ Repello Muggletum…Muffliato…! coloca una casa de acampar – ordenó caminado alrededor del área donde dormirían.
—¿De dónde quieres que saque una casa de campaña? —le preguntó mirándola sin moverse.
Hermione le regresó una mirada fulminante y le indicó con ella un lugar debajo de sus pies. Entonces, el niño que vivió observó el bolso sin fondo de su mejor amiga.
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Continuara...
¡Hola, nenas! Bueno ¿Qué les pareció el encuentro clandestino de éste par?
Quisiera pedirles una cosa: Me gustaría que me dejaran en sus comentarios, lo mejor, lo bueno, lo malo y lo peor de estos cuatro capítulos que ya han leído. Me gustaría saber si voy por buen camino o no. O de plano, ya no escribo ninguna segunda parte. Es que, no lo sé, pero presiento que no estoy dando lo máximo de mí para hacer que ésta historia se lea muchas veces. ¿Estamos?
Bueno, me despido esperando con ansias sus R&R.
Les agradezco de corazón a todas las chicas que me dejaron sus comentarios.
¡Muchísimas gracias!.
Atte. Damián Malfoy
