Capítulo 4

Al amanecer, Sanae se despertó sintiendo las pataditas de su hijo, que reclamaba el desayuno. La chica ya no podía acariciarse el vientre con la mano, pero sí pudo lamerlo.

Sanae: Eres un glotón.

Kumi: Pues agradece que sólo lo tienes que alimentar. Cuando nazca tendrás que amamantarlo, vigilarlo…

Sanae: Tú sí que tienes suerte. Cuatro hijos sanísimos y llenos de energía.

Kumi: No es para tanto. A lo mejor la próxima vez tengo siete u ocho.

Sanae: ¿Tantos?

Kumi: Pues claro. Los lobos solemos tener varios cachorros hasta que envejecemos, entonces ya sólo tenemos uno o dos.

Sanae: ¿Siendo vieja aún puedes tener crías?

Kumi: Sí.

Sanae(sorprendida): Guau.

En ese momento entró Tsubasa, que se aproximó a su mujer y ambos se restregaron los hocicos.

Tsubasa: Buenos días, cielo. ¿Dormiste bien?

Sanae: Más o menos. Es la primera vez que duermo en una cueva.

Tsubasa: Ya te acostumbrarás.

Sanae: ¿Y qué hay de desayuno?

Kanda entró en la lobera.

Kanda: Lo mismo que cenamos ayer.

Sanae: ¿Carne cruda otra vez?

Tsubasa: Es lo que se come cuando eres lobo.

Sanae: Pero no somos lobos.

Tsubasa: En apariencia sí.

Sanae suspiró.

Sanae(pensando): Espero que este hechizo se rompa de una vez, no sé cuánto tiempo podré seguir aguantando a base de comer carne cruda. ¬¬

La loba café comió el trozo de carne que le trajo su esposo y Kumi hizo lo mismo cuando Kanda le llevó su parte, mientras que los lobeznos mamaban sin cesar.

Kumi: ¿Dónde está Ero?

Kanda: Fue a inspeccionar la zona, a ver si encuentra el rastro de Iru.

Tsubasa: Creo que el ciervo se está acabando, ¿no deberías ir a cazar, Kanda?

Kanda: ¿Deberías? Querrás decir deberíamos.

Tsubasa: ¿Qué?

Kanda: Escucha Tsubasa, ahora somos más bocas que alimentar. Yo no puedo cazar y conseguir alimento suficiente sin ayuda. Tendrás que acompañarme.

Tsubasa: Pero… yo no sé cazar.

Kanda: Tranquilo, te enseñaré.

Al chico no le gustaba la idea de cazar animales, pero tenía que alimentar a su mujer y a su futuro hijo. Una vez que se terminó el cuerpo del ciervo, Kanda llevó a Tsubasa a cazar. Guiándose por el olfato, el lobo gris encontró una manada de ciervos en un claro.

Kanda: Atiende, Tsubasa. Lo primero que hay que hacer es…

Tsubasa: ¡AAHHHHHHH!

Kanda no pudo seguir hablando, el lobo blanco se lanzó al galope hacia los ciervos sin prestarle atención.

Kanda: ¡¿Pero qué haces, idiota?!

Tsubasa intentaba atrapar una presa, pero la manada se dispersaba y el lobo no conseguía morder a ningún ciervo. Al final, decidió ir a por el macho alfa, un ciervo enorme con una impresionante cornamenta.

Tsubasa(pensando): Ese ciervo dará suficiente alimento para varios días.

Kanda: ¡¿Pero a quién atacas, gilipollas?! ¡Te va a matar!

Tsubasa saltó para morder el lomo del ciervo, pero éste le dio semejante coz que lo mandó a volar a cientos de metros de altura.

Tsubasa: ¡¡ME CAGO EN LA P………!!

Dos minutos después, el lobo blanco caía al suelo dejando su silueta en la tierra.

Kanda: Vaya, ya volviste.

Tsubasa: Ayyyy… mis costillas… mis patas, auuuuuch.

Kanda: Debiste escucharme y quedarte quieto. Además lo que hiciste fue un suicidio, ¿cómo se te ocurre atacar al macho alfa? A no ser que tengas suficiente experiencia, es imposible cazarlo.

Tsubasa: Lo siento.

Kanda: Bueno, regresa a la guarida. Yo cazaré algo.

Tsubasa: Está bien.

El joven volvió a la madriguera tambaleándose. Cuando entró, Sanae se levantó se acercó a él, preocupada.

Sanae: ¡Tsubasa! ¿Pero qué te ha pasado?

Tsubasa: Intenté cazar un ciervo grande. Pero fue una mala idea.

Kumi: Hay que ser estúpido para intentar cazar al ciervo alfa. Y más si eres un novato.

Tsubasa: Ya lo sé.

Kumi: ¿Y Kô?

Tsubasa: Está cazando.

Kumi: Ah, vale.

De repente, Tormenta se separó de los demás y fue hasta Tsubasa para olfatearle la alianza que llevaba en la garra.

Kumi: Tormenta, ¿otra vez? Perdona, Tsubasa, es que es muy rebelde.

Tsubasa: No pasa nada.

El lobo blanco lamió el lomito de la hembra gris y la cogió en la boca para dejarla junto a la barriga de Kumi.