Disclaimer: La historia es cien porciento mía. No está inspirada en ninguna otra, solo tomé prestados los personajes de S. Meyer para narrarla.

N/A: A ratos puede parecer cruda, tiene lenguaje obseno y capitulos subidos de tono, además de otros deprimentes, pero es así y no se puede cambiar, por eso quien lo lea es bajo su responsabilidad, por eso es clasificación M.


Lost and insecure, you found me, you found me
Lying on the floor, surrounded, surrounded
Why'd you have to wait? Where were you? Where were you?
Just a little late, you found me, you found me.

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Capitulo III

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— ¿Podrías simplemente escoger un par de zapatillas y ya? —acució Bella frunciendo profundamente su ceño al tiempo que observaba el reloj de la pared.

Alice llevaba casi media hora sepultada bajo una torre de ropa, zapatos y accesorios.

— Si me ayudaras a decidir cual combina mejor con esta polera ya habríamos salido —farfulló la pequeña llenando de aire sus mejillas y sacando su lengua creando un sonido soez al desinflarlas. Sostenía en cada mano un par diferente y su gesto se mostraba ansioso—. ¿Cuál de las dos? ¿Blancas solas o con brillos?

— ¿Mano izquierda? —respondió dudosa.

Alice la observó durante unos segundos como si acabara de brotarle otra cabeza.

— ¿Con brillos? Debes estar demente.

— Y tu idiota. Ya aclaradas nuestras personalidades, ¿podrías simplemente ponerte un par de zapatillas y ya?

— Está bien. Mejor me pongo las negras —susurró sentándose de un salto sobre la cama para atar el par que ya llevaba puesto.

Isabella se limitó a rodar los ojos y soltar un bufido mientras recogía el manojo de llaves. Acomodó sus pantalones en el lugar de sus caderas y aprovechó de robarle un poco de perfume a su amiga.

Se sentía particularmente ansiosa aquel día, tanto, que incluso fue capaz de conseguirse con su prima la blusa azul que tanto le gustaba. Penosamente la noche estaba más fría de lo que esperaba y no tuvo más opción que cubrirla con su sweater negro. El mismo que utilizaba para ir a clases, aquel que tenía las mangas roídas de tanto uso, pero que sin duda alguna era su preferido.

— ¡Lista! ¿Nos vamos? —preguntó Alice jalándola del brazo para llamar su atención.

Salieron con dirección a los videos juegos que quedaban cercanos a la avenida principal, en una gran casona refaccionada para ganar dinero. Ahí solían juntarse cada fin de semana todos los chicos del vecindario, ya que el escaso control paternal lo convertía en el sitio perfecto para hacer todo lo que se les prohibía durante el día.

Estaba provisto de distintos juegos de videos, clásicos y nuevos. En la entrada –la cual solía ser un estacionamiento techado – se encontraban tres mesas de futbolito. Luego le seguían los flipper y las maquinas de video. Y pasando la ventanilla de las fichas estaban las mesas de pool.

Las chicas se acercaron a la ventanilla y compraron unas cuantas fichas para luego quedarse jugando un largo rato en el "Pack-man".

Edward encendió el segundo cigarrillo de marihuana de la noche, e inhaló profundamente. Sintió el amargo sabor pasearse por su lengua, entrar ardorosamente por su garganta y el sosiego de su cuerpo. Se sentía relajado, mientras observaba las escasas estrellas que la bruma permitía ver. Estaba recostado sobre el césped del parque, de brazos cruzados tras su nuca y piernas estiradas. Sus pensamientos vagaban en sus recuerdos más felices, junto a Ethan y Sophia.

Un nudo ardiente, le quemó la garganta, al rememorar la tierna sonrisa de su pequeño sobrino, pero lo atribuyó al humo que concienzudamente entraba con dirección a sus pulmones, expandiéndose con rapidez por cada ramificación nerviosa.

A pesar de lo frío del clima, vestía simplemente una camisa a cuadros y sus jeans desgastados. Una gorra de béisbol mantenía sus cabellos más rebeldes en su lugar y en lugar de sus botas militares, llevaba zapatillas de lona.

— Tendré suerte si no llueve esta noche —pensó sintiendo la humedad del suelo traspasar su ropa, justo cuando un puntapiés en un costado llamaba su atención.

Observó de reojo la gigantesca figura que se encontraba a su lado y lo reconoció enseguida. Emmet lo miró y aguantó las ganas de apagarle el cigarrillo en la cara para que dejara de fumar, pero ya bastante había intentado hacerlo razonar y ahora simplemente hacía vista gorda a los gustos de su amigo.

— Vamos a los Delta —anunció dejando a un lado el gran equipo de música que hasta ese momento cargaba sobre uno de sus hombros—, ¿quieres venir?

Edward tardó en responder, pero al ver la mueca de impaciencia expandirse rápidamente por la cara del grandote, decidió hablar.

— ¿Quiénes van?

— Todos —contestó—. ¿Vienes si o no? —preguntó ceñudo.

Estaba claro que tras su gesto de sosiego, la bestia interior rugía con fuerza. Emmet definitivamente no le tenía paciencia a Edward. Nunca había sido dado a esa cualidad. Pero tras todo lo vivido, había aprendido a darle su espacio. El problema radicaba en que el espacio de Cullen carecía de límites.

— ¿Qué día es hoy? —inquirió el desaliñado chico, antes de darle otra honda calada a su improvisado cigarrillo.

— ¡Viernes pequeño idiota! —estalló Emmet perdiendo los estribos. Se hincó a un lado y de un puñetazo hizo volar lejos la marihuana—. ¿Podrías dejar de fumar esa mierda? —añadió al verlo soltar el aire con fuerza—. No creo que la necesites, eres completamente imbécil sin ayuda.

— ¡No me jodas!

— No lo hago. Tú sabrás lo que haces con tus pulmones, es tu cuerpo, tu vida…bla, bla, bla…eso es mierda de chicas. Yo solo te pregunté si vendrías. Deja de una vez tu pose a lo Kurt Cobain que ya me fastidia.

— Emmet eres un…

— ¿Excelente amigo? —interrumpió esté extendiendo su mano.

Edward sacudió ligeramente su cabeza y sonrió antes de tomarla y levantarse. Miró de reojo como el papelillo, a unos escasos centímetros de distancia, se consumía por el viento.

— Me debes la mitad de un papelillo —murmuró sacudiendo el césped adherido a sus pantalones.

— Anótalo en la cuenta de "en tu vida te compro uno"

Luego de saludar a todos los demás, caminaron por la avenida principal oyendo un ridículo tema de rap a volumen exagerado. La gente ni siquiera reparaba en ellos mientras reían estruendosamente por la caída que Emmet acababa de sufrir, estaban acostumbrados a verlos pasearse de aquí para allá sin hacer demasiado.

Tanto fueron las burlas, que al llegar a los video juegos, el chico subió aún más el volumen, dejándolo en el máximo y desafió a Mike a una batalla de break dance.

Edward, un poco aburrido de toda aquella presunción, se limitó a apoyar su cuerpo contra el muro y observar el espectáculo que daban sus amigos. Las volteretas acrobáticas que demostraban eran bastante sorprendentes para todos, en especial para las chicas que ahí se encontraban, pero él ya estaba acostumbrado. De todos modos, se encontraba risueño. Sus ojos, enrojecidos, formaban dos líneas finas ocultando el intenso verde, cuando sonreía. Y en aquel lugar, y aquel momento de su vida, él solo vivía el día como llegaba e intentaba disfrutar lo más posible.

Alice, quien se encontraba a punto de perder nuevamente su contienda contra Bella, se enloqueció al oír la ruidosa música. Alzó la cabeza y soltó la palanca, dejando a Chun Li a la deriva en su pelea contra Vega.

Tiró con fuerza el brazo de la castaña antes de gritar: — ¡Quiero ver! —obligándola de ésta manera a abandonar el juego—. ¡Ven! —insistió tironeándola para acercarse a admirar el espectáculo.

Bella caminó de mala gana sin para de rezongar en el camino.

— Estaba a punto de ganarte, tramposa —bufó ceñuda, cruzando sus brazos a la altura de su pecho. Deteniéndose justo al lado del chico que se apoyaba contra el muro.

— Si, si, como sea —replicó Alice restándole importancia a la molestia de su amiga—. ¡Mira, son geniales! —exclamó exageradamente entusiasmada

La chica rodó los ojos y soltó el aire de su boca. — Absolutamente geniales —comentó con ironía.

Isabella podía reconocer y dar crédito por el show gratuito que daban el par de muchachos. Pero para ella era semejante a ir al zoológico, viendo a los monos dando volteretas y saltos divertidos.

— Envidiosa —reprochó Alice, haciendo un mohín caprichoso. Llenó sus cachetes de aire dándole un aspecto tiernamente rudo—. Solo porque tu no puedes dar dos pasos seguidos sin tropezar con tus rodillas.

Bella alzó una ceja y calzó una mano en su cadera— Puedo hacer la posición invertida —replicó con sarcasmo, mientras, su dedo índice estiraba la parte baja de su ojo y le sacaba la lengua, haciendo un sonido infantil y burlesco—. Eso tendrá que valer algo, ¿no?

Edward, a quien le parecía muchísimo más divertido escuchar la conversación de las dos chicas, que las complicadas y ridículas acrobacias, se atrevió a abrir la boca.

— Según mi profesor de gimnasia, eso vale cinco puntos —murmuró acercándose, exageradamente, a Bella al hablarle. No era su intención ser atrevido, en realidad no tenía intenciones algunas, ni buenas ni malas.

La castaña se quedó fría. No supo si largarse a reír, responderle o ignorarlo. No había reparado en que el chico a su lado, era el mismo tipo guapo que jugaba al baloncesto. Se petrificó al verlo.

Edward, ante el gesto serio y extraño de la chica, no pudo hacer otra cosa que sonreír. No era una sonrisa en toda su ley, más bien parecía una mueca simpática en sus labios. Algo que suavizaba de cierta manera su rostro.

Lo que a Isabella con anterioridad le había parecido una sonrisa jactanciosa, ahora no era más que un gesto de lo más amistoso y encantador.

— ¿Cómo te llamas? —preguntó el chico a ceja alzada.

— No me llamo, me llaman —masculló en respuesta la castaña. Recordaba perfectamente su primer encuentro, cuando ella había sonreído y él pasó completamente de ella—. Idiota presumido —pensó molesta.

Edward, quien no podía creer el tono mordaz con el que la pequeña chica acababa de contestarle, no pudo evitar reír. Era la primera vez que le daban un corte de ese modo tan drástico.

Decidió que estaba encantado con ella.

— Vaya, muy tenaz —apreció admirado—. En ese caso —murmuró girando su cara en dirección a Alice, "alias: la amiga chismosa" y preguntó— ¿Cómo la llamas?

— Por teléfono —contestó ésta, sonriendo exageradamente, pues, se encontraba demasiado entusiasmada viendo al par de chicos bailando, como para poner atención realmente a la conversación que se desarrollaba entre su amiga y el chico—. Si quieres te doy su numero. Toma nota…es nueve…cinco…cuatro…

— ¡Alice! —gruñó Bella, tapándole la boca con una mano. Su amiga a veces resultaba ser demasiado espontánea. Desagradablemente espontánea—. Está bien —se rindió ante lo inevitable, rodando los ojos. Después de todo ella si quería conocerlo, aun cuando fuera un creído según ella—. Me llamo Bella.

— ¿Así como la de la película de Disney? —preguntó de manera retórica, aguantando las ganas de reír. La marihuana aún se encontraba en su sistema y eso lo volvía de alguna manera tan ligero—. ¡Genial! ¿Sabías que yo soy un príncipe?

— ¿Encantado? —bromeó ella y se felicitó mentalmente ante la aparición de su agudo sarcasmo.

— Encantado sería tú Bestia – replicó acomodando su tonta gorra de béisbol de la cual solo algunos rebeldes y largos mechones se escapaban, para luego besar fugazmente la mejilla de la castaña y, volteando sobre sus talones, desapareció.

Isabella fue conciente prontamente del color bermellón que acababan de adquirir sus mejillas.

— ¿Qué demonios? —se preguntó. Sentía el corazón acelerándose en su pecho, tanto, que le latía detrás de sus orejas. Una tonta sonrisa amenazaba con delatar lo que su cuerpo sentía, pero frunciendo el ceño, la controló. Si se dejaba ver en ese estado por Alice, sería su ruina.

Dándole un codazo en las costillas, su pequeña amiga, intentó llamar su atención— ¿Es simpático el muchachito, eh? —se burló cuando atrajo toda la atención de Bella. Tenía ambas cejas alzadas y las movía de arriba a abajo de manera sugerente.

— Simpático —coincidió con un asentimiento de cabeza, mirando las puertas por donde Edward acababa de salir.

El chico caminaba por la fría calle, sin reparar en que los vellos de todo su cuerpo se encontraban erizados. Llevaba ambas manos metidas en sus bolsillos, y su paso era lento. Encontró un cigarrillo a medio fumar dentro de sus pantalones, lo sacó y lo encendió. En sus pensamientos se encontraban como siempre Ethan y Sophia, pero, esta vez compartía con ellos, en un pequeño espacio, Bella.

— ¡Edward! —exclamaron desde la esquina contraria a la que él caminaba. Se giró y encontró a su amigo Jasper haciendo señas para que se detuviera—. ¿Cómo estas? —preguntó una vez lo alcanzó.

— En mejor estado que tu —contestó, haciendo hincapié en lo agitado de su amigo.

Alzó una ceja— Físico puede ser, mental lo dudo mucho —replicó el chico rubio—. Vengo corriendo desde los video juegos. Me di la vuelta para que no fuera tan notorio.

Edward soltó una carcajada, luego de botar el humo del cigarro— ¿Quieres tener un encuentro secreto conmigo? Lo siento amigo, las prefiero castañas.

— Idiota, no es eso —bufó Jasper arrebatando la colilla de los dedos de Edward, luego de darle una honda calada, lo tiró lejos.

— ¿Entonces?

— ¿Quiero saber el nombre de una de las chicas con las que hablabas?

Bella.

— Ve y pregúntaselo —dijo de manera cortante, él estaba lejos de querer adquirir un papel de casamentero con sus amigos—. ¿No es la castaña, verdad? —preguntó a la vez que comenzaba a caminar, acompañado de su amigo.

— No, la otra, la de pelo corto y ojitos claros.

Ladeó la cabeza y frunció el ceño— ¿Ojitos claros? Jodido homosexual.

— ¿Puedes dejar de comportarte como idiota? Solo dime su nombre.

Edward se encogió de hombros— No lo sé. Allyson, Aileen, Alice, algo así —contestó—. No lo recuerdo.

— ¿Te gusta la castaña?

— No —contestó alzando el rostro con brusquedad.

— ¿Vas a la fiesta de mañana en casa de Mike?

— Nadie me ha invitado.

Era la verdad, no había tenido tiempo de calidad con sus amigos desde hace tiempo, y minutos antes en lugar de estar divirtiéndose con ellos, se había dedicado a flirtear con Bella.

— ¿Y qué? ¿Acaso eres una niñita? —se burló el rubio— ¿Quieres que vaya a tu casa y le pida permiso a tu tía?

— Jasper, no abuses de nuestra amistad, no estoy de humor.

— Eso no es nada nuevo —replicó serio, aunque una sonrisa amenazaba con delatarlo—. ¿Vas o no?

— No lo sé, mañana veo.

— ¿Seguro que no te gusta la castaña? —insistió el chico. Sacó una cajetilla de cigarrillos de su chaqueta y le ofreció uno a Edward.

— ¡Hombre, que no! —Exclamó éste tomando uno— ¿Por qué tanta insistencia? —inquirió encendiéndolo.

— Es que sé que a Mike le gusta, por eso. No quería que le pasara lo mismo que con Jess.

— Ella se me lanzó a mí —le recordó Edward.

Jessica era una chica normal, bonita, algo tonta pero simpática. Su único problema real era ser demasiado fácil. Fácil en el sentido de ofrecida, literalmente.

— De todos modos. No te costó mucho decirle que si.

— Soy hombre —replicó como si eso justificara todo. Botó el humo haciendo círculos con su boca y luego pinchó los anillos con sus dedos para deshacerlos.

Jasper soltó el aire antes de contestar— Lo sé, una vergüenza para todo nuestro genero —sacudió su cabeza mientras murmuraba aquellas palabras.

— Jodete —masculló—. Y dile a Mike cuando te pregunte, que yo dije que me gusta la castaña. Que se joda él también y que no se atreva a bajármela. Esa chica tiene carácter y es muy bonita —añadió antes de lanzar lejos la mitad del cigarrillo. De pronto la deliciosa nicotina se había vuelto amarga en su boca—. Me gusta.


Chicas sorry, hoy ando poco comunicativa. Recien retomando el ritmo en mis historias, así que espero poder actualizarlas todas mucho más seguido. A ver si me hago un calendario para que sepan que día voy a actualizar cada una de ellas. Puede que lo cuelgue durante la semana.

En fin, era solo eso, besos a todas =)

muá!