Disclaimer: Digimon no me pertenece, escribo sin fines de lucro. Mención especial a SkuAg por la idea. Love you.

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IV. Napolitano

Eran sus primeras vacaciones juntos. Decidieron ir a la playa, a pesar de los reclamos de Yamato. No era que no le gustara la playa, lo relajaba y eso era genial. Lo que no era genial era el sol, el maldito sol que quemaba e irritaba su pálida piel. Parecía que Sora y Taichi estaban acostumbrados al sol, gracias a sus pieles más morenas y a las horas bajo el sol por las prácticas de fútbol, cuándo estos eran jóvenes.

Pero eran dos contra uno y ahora estaban ahí, en la playa. Decidieron ir a Hawaii, porque era un destino en el cual no había estado ninguno, porque Mimi les repetía hasta el cansancio que debían ir y porque tenían suficiente dinero ahorrado para pagarse el viaje.

Sora y Yamato estaban sentados bajo la sombra de una palmera, leyendo. Taichi había desaparecido para tomar algo del bufete que estaba abierto todo el día. Había sido un día cansado, tuvieron clases de surf y Sora y Taichi tuvieron un mini torneo de fútbol contra otros dos huéspedes del hotel. Yamato aprovechó ese momento para aprender a tocar el ukelele con un nativo. No estaba en sus planes aprender a tocar tal instrumento, pero se dio la oportunidad y no iba a dejarla pasar.

—Vamos a nadar —interrumpió Taichi, cuando llegó con tres rebanadas de pizza y un helado que rebasaba el vasito.

—Estamos descansando —Yamato bajó sus lentes de sol, lo suficiente para mostrar la mitad de sus ojos—. Además te trajiste todo el bufet. Come primero.

—Y te tendrás que esperar 30 minutos antes de volver a nadar —añadió Sora, quien llevaba ya la mitad de su libro. De los tres, era la lectora más veraz.

—Son muy aburridos —Taichi tomó asiento en la silla reposera a un costado de Yamato. Comenzó a devorar su helado, dejando las pizzas sobre una mesilla entre él y el rubio.

—¿De qué sabor se supone que es eso? —Yamato quito por completo sus lentes de sol, mirando fijamente la mezcla congelada que tenía Taichi en sus manos y su boca.

—En el bufet tienen fresa, vainilla y chocolate —explicó animado. Inclusive causó que Sora cerrara su libro y le pusiera atención—. Como no me pude decidir, elegí los tres —el calor en Hawaii era notorio, el helado de Taichi se había derretido en cuestión de segundos—. Antes se veía bonito, ahora solo parece una mezcla horrenda.

—No se ve nada apetitoso —admitió el rubio, Sora asintió.

—Lo sé —no pareció importarle, pues siguió devorando su mezcla—. ¿Saben que estaba pensando mientras me servía el helado?

—Dinos —Sora tomó una de las rebanadas de pizza, a pesar de estar frías. La comida en Estados Unidos era mucho más grasosa que en Japón.

—Nos parecemos, al helado —tanto Yamato como Sora arquearon sus cejas. Taichi podía ser increíble, en verdad—. No me miren así, lo digo en serio —el castaño dejo su vaso, vacío, junto a las rebanadas de pizza—. Yamato es como la vainilla, Sora como la fresa y obvio yo soy el chocolate.

—Nosotros no nos parecemos a esa mezcla horrorosa que trajiste —Sora sonreía, divertida. Yamato se había vuelto a colocar sus lentes, comiendo su rebanada de pizza.

—No a la mezcla, sino al helado bonito que venden… —Taichi se recostó sobre la silla reposera—. ¡Napolitano! Así se llama.

—Yo no soy rosa —indicó la pelirroja, abriendo el libro una vez más.

—Pero eres roja —señaló Yagami—, como las fresas. —Se estiró y miró hacia las olas, que estaban tranquilas. Era un día perfecto, básicamente no había nubes en el cielo y una leve brisa marina arrullaba sus rebeldes cabellos. No pasó mucho para que se quedara profundamente dormido.

Cuando abrió los ojos se sorprendió, pues no podía moverse. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz del sol, se percató que su cabeza era lo único sobre la superficie, las demás partes de su cuerpo estaban completamente enterradas bajo la arena. Yamato y Sora habían sido lo suficientemente pacientes como para crear el cuerpo de Angewomon con arena.

—Ja, ja. Muy graciosos, chicos —Taichi comenzó a moverse, más no podía evitar admitir que se veía gracioso.

—¡No te muevas! —suplicó la pelirroja mientras aparecía de detrás suyo. Comenzó a tomarle fotos y Taichi rodó los ojos.

—Habría supuesto que ya tomaron fotos suficientes para crear un calendario, ¿no es así?

—Tienes toda la razón —se paró, firme, tras haber tomado fotos de todos los ángulos posibles—. Pero no era lo mismo sin tus ojos abiertos. Le das un toque más… dramático.

—Estás celosa porque me veo más buena que tú —Taichi rompió la escultura de arena bajo la que estaba sepultado. Miró a Yamato, quien seguía bajo la sombra de la palmera—. Seguro fue tu idea.

—Fue idea de ambos —su sonrisa brillaba bajo el sol—. Te veías tan lindo e inocente dormido, te hubieras quedado así.

—Son hilarantes —se paró y comenzó a quitarse la arena de su cuerpo—. Tengo arena hasta en los sitios más inhóspitos.

—La buena noticia es que ya ha pasado media hora y podemos ir a nadar —sonrió la pelirroja. Taichi le devolvió el gesto y comenzó a correr hasta el mar.

—¡El último en llegar es digihuevo podrido!

Sora y Yamato lo siguieron, aprovechando que el sol había bajado. Aún les quedaban varios días de vacaciones, sin embargo querían aprovechar cada minuto al máximo. Eran las primeras que compartían y se habían vuelto ya inolvidables.

Ya que lo pensaban, Taichi no estaba tan equivocado, puede que si parecieran un helado napolitano. Con ellos, tres no era multitud.


Notas

Se ha terminado :(. Estoy sensible. No, pero en serio, fue todo un placer escribir esto. Me ha encantado la experiencia y el apoyo que se le brindó (prometo contestar sus reviews).

Gracias por haberme retado, Sku. Eres la mejor.

No duden en que volveré a escribir de este trío tan maravilloso, especialmente con tanta inspiración de tri.

Espero les haya gustado este último capítulo. Me divertí bastante escribiéndolo, todo, en realidad. No olviden dejar un review.

¡Nos leemos!