Declaimer: Los personajes de Haikyuu! no son propiedad mía sino de Haruichi Furudate
Advertencias: Creo que ninguna, por ahora
Parejas: TsukkiHina y KageHina Leve
Notas al final
III
Todos tienen problemas, incluso él.
Estúpido Lev en estado etílico y su celular.
Estúpido Kunimi con sus problemas sentimentales.
Estúpido Kuroo por su fantástica capacidad de lograr convencerlo para hacer cosas que no quiere.
Pero… más estúpido él, Tsukishima se está insultando solo, por dejarse llevar por ese grupo de idiotas que lo han llevado a esta situación.
Hace unos días su nuevo grupo "social" había logrado sacarlo de su tranquila rutina, saliendo a una noche ilegal de copas, con el pretexto de ahogar las penas, aunque el chico dijera que estaba bien, de la ruptura de Kunimi con el cabeza de nabo. Todo parecía una salida bastante normal, al menos la primera hora. El ex jugador del Aoba parecía resignado a poder cambiar los planes, les siguió la corriente y tomó un poco, durante la primera hora. Pero después terminó cediendo, se entregó a las terribles garras del alcohol y, lo segundo peor del asunto, llorando y quejándose sobre el hombro de Tsukishima.
Porque Tsukishima, en palabras de Kunimi, era la persona más respetable en ese grupo. Pudo haberlo apartado y largarse, eso era el mejor plan, no obstante terminó ahí, escuchando cada reclamo del castaño. Todo era normal, al menos hasta donde recordaba, todos tomando como si no hubiera mañana y haciendo tonterías, todos menos Kunimi y él, o eso creía.
Al otro día tenía una resaca del tamaño del mundo, y literatura, a primera hora, y una etiqueta de una foto donde estaban Akira y él besándose. Todo esto cortesía de Lev. Bueno, podía vivir con ello, incluso el "me enoja" de cierto jugador del Aoba, pero no esperó que sucediera algo como… bueno, su papá.
¿Por qué su papá tenía una cuenta en facebook? La razón es innecesaria.
Su progenitor había visto la foto, ni siquiera se dignó a visitarlo y pedirle una explicación. Una llamada con un "no esperaba esto de ti, Kei" le dijo que debía irse despidiendo del apoyo familiar que poseía.
Piensa en lo que tiene en su cartera, no es mucho pero si lo administra bien puede durar un rato en lo que consigue un trabajo, hoy más que nunca agradece ser precavido y haber ahorrado un poco. Y también está la beca, es listo.
Suspira desde su sillón, es obvio que también tendrá que dejar ese lugar ahora que ya no depende de sus padres, tal vez algo más barato y, bueno, algo con el resto de los estudiantes, dios eso parece ser lo peor, convivir con un montón de patéticos y molestos universitarios. Aunque nada se puede hacer ahora. Su hermano le ha dicho que es bienvenido a su casa, pero no piensa que sea muy bueno, no cuando está "él" viviendo con Akiteru.
Deja que la música fluya, que aquel ritmo se lleve todos esos problemas que ahora lo aquejan, si hubiera podido guardarlo un poco más todo habría sido perfecto.
-Yamaguchi.-contesta su teléfono.
-Akiteru me lo ha dicho todo ¿estás bien? necesitas algo, sabes que…
En otro momento le regalaría su normal "que molesto" pero la voz de genuina preocupación que tiene su amigo hace que desista, además de que se ha tomado la molestia de hablarle desde el otro lado el globo para ver su situación.
-Estoy bien, fue mi error no fui discreto y…
-Tsukki, no es un error, es malo que ocultes lo que realmente te gusta y tu papá está mal si piensa.-contesta.
-Kunimi no me gusta.-dice con desprecio, la sola idea le eriza la piel.
-Pero te gustan los chicos.
Yamaguchi se escucha tan maduro que quiere hacerle alguna clase de broma, pero al final termina contando con lujo de detalles lo que ha ocurrido y como su padre se enteró de que, al igual que a su hermano mayor, no le ponian las chicas sino los chicos. Todo un escándalo para sus progenitores, pensó que después de lo que ocurrió con el mayor no iría tan mal, pero fue peor. Eso sí, se salvó del golpe que Akiteru recibió años atrás.
Su padre no era una persona muy tolerante, ni en lo más mínimo. Un hombre severo y hecho justo a la antigua, regido por un montón de valores arcaicos. Era una persona que creía fielmente en que solo los hombres y las mujeres debían estar juntos, negando y repudiando a personas del mismo sexo tuvieran relaciones.
Finaliza la llamada con su amigo. Ha prometido que si necesita algo, por más pequeño e insignificante que parezca, llamará a Yamaguchi para pedir ayuda. Pero no va a hacerlo, el chico de pecas ya tiene un montón de cosas en las cuales pensar y enfocarse, como la ex manager del Karasuno, Yachi, a quien ha seguido a América y con la cual está residiendo.
No, Tsukishima Kei puede solo.
…
El fin de mes llega, tiene que mudarse. Esperaba que su papá reflexionará y diera su brazo a torcer, pero al final no ha pasado nada.
Que patético que por su orgullo aleje a sus dos hijos.
Toma sus maletas y sale por puerta, ha conseguido una habitación con, estúpido destino, Kunimi en la residencia cercana a la universidad. Aunque es la gloria, si lo comparas con tener que vivir con Lev, Kuroo y Bokuto, un cataclismo total.
Cuando sale puede ver a su vecino, con aquella ropa veraniega que usa en todas las estaciones. Una bolsa colgada en su brazo izquierdo indica que ha salido por algunas compras. No quiere, pero le pone más atención. Sus mejillas vuelven a ser más regordetas, su peso está restablecido y un pequeño bulto ya comienza a notarse.
-¿No has olvidado la azúcar esta vez?-pregunta sonriendo con superioridad.-sabes que ya no podrás tocar mi puerta por si tienes flojera de ir a la tienda de la esquina.
Intenta sonar normal, no quiere hablar de la situación.
-¿Te mudarás?-evade el tema de su problema con el endulzante.
Hinata tiene la vista pegada en su equipaje.
-Sí.- contesta sin ánimo.
Como parece que Shoyo no va a agregar nada, el rubio hace un ademán con la mano y sigue su camino. Sabe que Hinata sabe sobre lo de su padre, porque es más que seguro que Yachi ha telefoneado.
¿Esperaba algo? se cuestiona mientras toma el ascensor, no lo hacía. Las puertas se abren y la salida es cada vez más cercana.
-¡Tsukishima!-le grita el bajito bajando por las escaleras a gran velocidad.
Estúpido Hinata, aunque no tenga tan avanzado su embarazo no es bueno que corra cinco pisos por las escaleras.
-No es necesario que grites.-contesta.-molestas a los vecin…
-¡Quédate!-vuelve a gritar, no parece importarle las palabras anteriores.-aquí, en mi apartamento hay una habitación extra, la puedes ocupar y no pagarme nada.
Tsukishima alza una ceja, no puede creer que el otro pueda decir algo como eso, la idea es un disparate.
-No es para siempre, es un favor.-responde sabiendo lo que Kei va a abogar.-cuando trabajes podrás pagarme, incluso te cobraré jugosos intereses.-le quita una maleta de la mano y la arrastra hasta él.-pero no te vayas.-murmura suplicante, con esos ojos con bolsas negras que se niegan a irse.
Quedarse en el apartamento de Hinata, ese lugar que compartió con Kageyama y su molesto gato. La idea es terrorífica, es tonto siquiera pensar en la posibilidad.
-Por favor.-le quita una maleta.-sé que al gran Tsukishima no le gustaría vivir con el proletariado de la residencia universitaria.
Se burla, bara imitación del mismo Kei.
-Te advierto que no toleraré molestias.-dice resignado, de vuelta al ascensor.
Hinata está a su lado tarareando feliz por lograr su cometido.
-De todas manera ¿Por qué quieres que me quede?-trata de ocultar su curiosidad.
-Olvidé mi azúcar, alguien debe buscarla o moriré por falta de glucosa.-dice sonriendo.
Ese enano nunca ha tenido sentido, en el voley y en la vida.
"Hinata no necesita explicaciones para convencerte"
Cierto, Rey.
Hola
Lamento la demora, pero estoy incomunicada en un pueblo -estoy tomando un pequeño descanso- fuera de mi ciudad. Espero que les guste, gracias por leer y por ese precioso comentario.
Espero leernos pronto~
