Título: Vampiros y otros seres de leyenda

Autor: Akitsu-chan o Aki-chan, como lo prefieran ^·^

Género: Un poco de todo, comedia, aventuras, fantasía, sobrenatural, un pelín de drama y amor

Público: +16 (no sé muy bien como puntuarlo, así que pongo +16 como punto medio)

Advertencias: Lenguaje obsceno y mal sonante, posible Lemmon y un poquitín de sangre (casi nada, solo unas gotitas) o sí, inspirado en Rosario+Vampire (aunque solo unas cuantas cosas) y alguna que otra cosa de Vampire Knight.

Publicaciones: en este foro (también lo publiqué en otro bajo el nombre Aki_blossom)

Resumen:

¿Alguna vez se preguntaron si existían? Ellos merodean el mundo entre las sombras, la mayoría por la noche, otros pocos por el día, una cifra microscópica las veinticuatro horas.

¿Alguna vez se preguntaron que si son reales cómo es que no sabemos que están allí? Ellos se ocultan en fachadas mundanas, aunque no consiguen encubrir lo que son. Su extrema belleza, su carisma, sus verdaderos instintos, los delatan.

¿Alguna vez se preguntaron que si son reales, si se ocultan de nuestros ojos, cómo lo aprendieron? Ellos habitan en un internado, donde no están permitidas sus verdaderas formas, así practican. Realizan una prueba a los jóvenes para ver si pueden salir al mundo exterior sin ser detectados.

¿Alguna vez se preguntaron que si son reales, si se ocultan de nuestros ojos, si pueden caminar por el mundo exterior una vez graduados cómo viven? Ellos viven el día a día normalmente, con sus costumbres, sus grupos y clanes, con su jerarquía, con sus instintos, manías, problemas, ellos viven en un mundo diferente, pero en el mismo que el nuestro ¿me explico?

¿Alguna vez se preguntaron, queridos lectores, qué son ellos? Ellos son seres fantásticos, sobrenaturales, de cuento de hada… Ellos, estimados lectores, ellos son leyendas.


PARTE I: INICIO

Capítulo 4

Economía doméstica, un desastre para tres

Desperté con la garganta seca. Conocía muy bien este sentimiento. Estaba sediento. Los colmillos se alargaban, y mis ojos pasaban a ser de negros a un color rojo intenso. Como la sangre que tanto ansiaba tomar. Y no quería cualquier sangre. Quería la de "ella". Y eso me ponía furioso. ¿Cómo podía ser que deseara la sangre sucia de esa bruja?

Furioso conmigo mismo, pateé fuerte las sabanas de seda negra y me dije a mi mismo que la estupidez se me iría con una ducha de agua fría.

Con montones de pensamientos negros hacia esa persona entré en el lujoso baño. Era una habitación amplia. Y, como todo el internado, estaba decorado con la extraña mezcla de lo medieval, la cultura gótica y la Youkai mientras los lujosos y modernos chismes se amoldaban escondiéndose de la actualidad.

Giré el grifo, dejando fluir el agua caliente. Metiéndome bajo el chorro de agua dejé que la calidez se metiera en mi cuerpo. Una vez que mis músculos se relajaron y mi cuerpo ganó un poco de calidez, deslicé el climatizador de la ducha hacia el frío, mis colmillos retrocedieron y mis ansias disminuyeron. Realmente me agradaba sentir calidez en mi cuerpo, pero no era un buen momento.

Noté como volvía a ver con normalidad, mis ojos habían cambiado a negros otra vez y mis colmillos habían quedado prácticamente como antes, largos, blancos y afilados, y del tamaño correcto en esta situación. Me vestí y recogí la maleta con los libros, con la otra mano agarre el horario de clases y leí, "Primera clase: Economía doméstica en el mundo humano." Genial, simplemente genial.

Frustrado, irritado y furioso cerré la puerta de la habitación. Baje las escaleras en forma de caracol que conectaban la torre en la que dormía y la cuarta planta. Allí me estaba esperando un viejo amigo, uno rubio y extremadamente idiota.

—¡Teme! Te tardaste mucho hoy—con un estruendo hizo girarse a la gente que nos miró con curiosidad.

Entonces el infierno empezó. Habló y habló sin parar. Estuvo hablando de una chica que malvadamente le robó su adorado ramen con tofu frito (N/A: Se dice que a los kitsune les agrada el tofu frito) que era horrible y fea, y que iba a la misma clase.

Ya estábamos saliendo del edificio de los dormitorios, por suerte sin toparnos con nadie que nos incordiase. La escuela quedaba a pocos minutos.

—Me gustaría que hiciéramos ramen… ¡Es la comida humana más buena que he probado nunca! —Al contrario que su acompañante él no tenía ganas de entrar en esa clase.

La profesora era un Zashiki Warashi, un espíritu del hogar benefactor, un youkai mayoritariamente benévolo. Y él no tenía ganas de tratar con una profesora que lo trataría como una mota de polvo.

—¿Qué te dijeron ayer en dirección? Es la primera vez que te envían allí. —con curiosidad y burla que le habría hecho comer a golpes, Naruto preguntó.

—No te importa.

—Demo, Sasuke no te cuesta nada decírmelo.

—Hmp.

—Teme—un susurro que para nada sonó como una murmuración.

Con una mirada teñida de rojo amenazante le hice callar. —Cállate, usuratonkachi.

Después de esa corta plática, discusión, pelea verbal entre amigos… se dirigieron a clase.

La primera clase del día se realizaba en las cocinas para estudiantes del internado. Eran unas salas, o aulas, pero en vez de pupitres tenían unas mesas alargadas, con fogones, un horno, neveras y todo lo que una cocina básica requería.

En la planta baja y en la parte sur-este del castillo Konoha Gakuen se estaban arremolinando los Youkais que les tocaba hacerla. Sasuke no era la excepción, aunque le hubiera gustado serlo. Había una cosa que odiaba más que sus estúpidas seguidoras, y esa cosa era cocinar, la cocina, o cualquier cosa que relacionara el hacer comida. Con Naruto siguiéndolo mientras charlaba alegremente de cual podría ser la chica de su grupo empeoraba todavía más las cosas. Porque en esta clase se hacían grupos de tres, dos de los cuales eran chicos y tan solo uno de los integrantes era chica. El solo estaba medio deseando y medio rezando, porque Sasuke Uchiha no rogaba, que no le tocase ni con el dobe de su mejor amigo, ni con una de las tontas fans, ni con esa molesta bruja de ojos jades. Si fuera posible quería que le tocara con Hinata Hyuga, la única chica que conocía y que no le perforaba los tímpanos.

Una vez llegaron, se quedaron de pie al final de la clase siendo observados por los ojos rojos de Kurenai, la profesora de economía doméstica del mundo humano, que estaba parada enfrente de un pizarrón.

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Kurenai apretaba sus labios con fuerza, mirando con desesperación a los alumnos que se estaban preguntando que hacían allí de pie. Si dividías la clase en tercios, dos tercios de ellos eran hombres. Y los hombres, como mínimo los youkais—encima adolescentes— que ella trataba cada año en las clases eran terriblemente difíciles de aguantar. Orgullosos, arrogantes y altaneros, no se preocupaban por lo más básico del "camuflaje" humano. Los humanos comen, los youkais también, pero de distinta forma. Algunos youkais no podían tomar algunos alimentos. Para eso debían saber separarlos de su dieta—aunque suponía que no serían tan idiotas como para comérselos— otros tan solo se alimentaban de energías, así como los súcubos se alimentaban de la lujuria robada de los sueños de los humanos. Por eso debían aprender a pasar inadvertidos y esa era su tarea. Pero la respuesta que daban los muchachos a los que regañaba cada vez que los veía haciendo el vago o haciendo algún desastre le respondían con un: "Las tareas de la casa son para las mujeres" o "Para eso están las hembras". Y eso realmente, y repetía, realmente le sacaba de quicio.

Vio como una última alumna entraba en la sala y al ser vista por los demás compañeros sintió como el aire se tensaba. Sakura Haruno, la bruja que intentó darle una patada en el trasero a Sasuke Uchiha, un vampiro pura sangre. Sonrió inconscientemente. Esa muchacha sería interesante y ella estaba dispuesta a supervisar los movimientos que daba en contra de la jerarquía de esa escuela. No la conocía, pero solo observando cómo andaba podía saber tantas cosas de ella… Y las palabras que se le aparecían en el subconsciente al ver esos ojos jade llenos de determinación, eran muchas, valiente, fuerte, decidida, salvaje e indomable. Pero ante ellas perseveraba una más, la que destacaba más de esa niña era el adjetivo más raro que puedes encontrar en una escuela para youkais: "Pura".

Se recogió las mangas y apretó el lazo del mandil. Cogiendo aire y llenándose de valor—porque estos críos le gastarían la paciencia— golpeó fuertemente la pizarra acallando los murmureos entre los alumnos.

— ¡Empecemos la clase! —la tiza se deslizó por la superficie pizarra. — Soy Yuhi Kurenai, vuestra profesora — el nombre escrito con tiza blanca contrarrestaba con el oscuro fondo al mismo tiempo que las caras molestas de los estudiantes contrarrestaban el optimismo de la profesora. —Como muchos ya sabéis, esta clase es o-bli-ga-to-rí-a, así que nada de hacer novillos y sobretodo nada de hacer gamberradas en mi clase. No queréis verme enfadada. —Y la dulce Kurenai cambió a una faceta un poco aterradora. —¿Alguna pregunta?

Como era de esperarse ninguno de los presentes quiso aumentar la presión que les estaba dando la profesora. Y callaron mirando unos entre otros. Eran tan predecibles. Cuando iba a pasar de apartado descubrió que la chica rebelde —Sakura— había levantado la mano con total indiferencia, sin importarle que los demás la vieran como mucho menos que una mota de polvo. Le permitió hablar. Su voz se sintió clara y apacible.

—¿Cuántos exámenes, parciales y finales, tendremos en esta clase? —oh, eso la sorprendió, así que era una chica estudiosa, ¿eh? Con normalidad le respondió haciendo un pequeño esquema en la pizarra.

—En los tres trimestres en los que se divide el año escolar habrá un examen cada dos semanas, un parcial en mitad del trimestre y un final en cada uno de los tres trimestres, además en el último de ellos se hará un nuevo examen incorporado recientemente.

Los estudiantes miraron con repulsión el pequeño esquema lleno de flechas y remarcaciones. Y a Kurenai le llenaba de satisfacción ver eso. Le gustaba que sus alumnos trabajaran duro, y además en esta materia, junto a unas cuantas más, ponía presión a los alumnos adrede.

—Entonces, si no hay más preguntas, vamos a empezar por uniros en grupos de tres. Y les advierto que no admito queja alguna, los grupos han sido propuestos, aprobados y formados por el consejo de oráculos. No tengo nada que ver, hacer o decir en este tema, así que acéptenlo. Las mesas son numeradas, así que en el respectivo orden vayan colocándose en sus mesas por grupos. Empecemos. —impecable se dispuso a recitar los grupos de clase. — Equipo 1: Akato Karin, Hakai Juugo y Hozuki Suigetsu. —Se oyó un gruñido de frustración, y todos los presentes sabían de quien y porque se debía el mismo. Akato Karin no aceptaba que no hubiera sido emparejada con Uchiha Sasuke, vampiro al que quería echársele a los brazos.

Kurenai continuó haciendo caso omiso de las quejas que no quería escuchar, iba diciendo el número de equipo y los integrantes de este todo fue relativamente "tranquilo" hasta llegar a cierto número.

— Equipo 7: Sasuke Uchiha, Naruto Uzumaki y Sakura Haruno.

Y el mundo se derrumbó encima de este particular trío de alumnos. Y como un resorte bien sincronizado Uchiha Sasuke y Uzumaki Naruto se levantaron a la vez.

—Yo soy el gran Uchiha Sasuke/Uzumaki Naruto, simplemente no pueden ponerme con una sangre sucia.

Kurenai afiló su mirada haciendo que los dos chicos retrocedieran un poco, solo un poco. —Recuerdo haber dicho que no tengo nada que ver, hacer o decir en este tema, así que aguántense, y escuchadme bien, no toleraré otra falta de respeto hacia vuestra compañera de equipo. Así que seguimos o quizás Uchiha-sama desea ir a dirección por segunda vez en esta semana, claro, con la compañía de Uzumaki-sama. —Kurenai se burló y salió impune de la ira de los dos chicos, ¡pues claro! ¿Que se habían creído esos mocosos? Se fijo en la chica, viendo como apretaba sus labios a tal punto de hacerlos ver como una línea dura y furiosa, y no le habría extrañado que se estuviese mordiendo la lengua. Ser llamado sangre sucia no era una broma, era un insulto que realmente no debería ser escuchado, al menos no lo permitiría dentro de su clase. Y con mirada severa continuó nombrando los integrantes de cada equipo, en total serían unos 10 equipos, y por lo que sabía solo una docena de estudiantes podrían graduarse de la clase principiante ese año. Pero no era su plan explicárselo, ni tampoco su tarea, así que le dejaría el muerto al vago de Kakashi, que por algo era el tutor de esa clase. Suspiró, esa clase prometía ser larga.

—Ahora empecemos con la clase.

Kurenai explicaba como deberíamos utilizar la cocina, los utensilios, las recetas y otros tantos detalles. Mientras sus tacones resonaban en el piso al compás de su ágil movimiento una tiza se deslizaba toda sola en la pizarra, escribiendo "Receta", "Materiales" y "Alimentos". Finalmente juntó sus pies dirigiendo una mirada satisfecha a la clase. Y habló con un tono terriblemente encantador. —En mi primera clase quiero que se observen, platiquen y detallen todo lo posible sobre ustedes a sus compañeros de equipo, porque al final de clase, que por cierto es probablemente la clase más larga que tendréis hoy—dijo observando los papeles que llevaba en sus manos— tendréis que presentarme dos platillos por persona, es decir, quiero que preparéis dos platillos que vayan acorde con la personalidad y gustos de vuestros compañeros de equipo. —Un gruñido colectivo de desagrado se oyó en la clase, a lo que la profesora de labios rojos puso mala cara— Y también quiero advertirles que hasta que esos platillos no queden aprobados no podréis pasar a la siguiente parte de la materia, lo que conlleva a un retraso, lo que nos lleva a menos practicas para antes del pequeño examen que se realiza cada dos semanas. —Con sonrisa socarrona la pelinegra continuó con lo que a Sakura le parecía un discurso diabólico — Y claro, esos exámenes si no se aprueban bajan casi la mitad del examen parcial lo que los perjudicará en los exámenes finales. No quiero meteros presión, chicos, pero probablemente esta sea una asignatura que no deberían tomar a la ligera— La profesora terminó de explicar, aunque parecía una amenaza, y sonrió dulcemente.

Así que no me fastidien

Sakura casi pudo jurar oír la voz de la profesora, aunque quizás no fuera la única que notó que esa sonrisa iba con segundas intenciones. Un escalofrío recorrió su espalda. Sería mejor no provocar a esa profesora.

—Ahora, ¡pónganse sus delantales y empiecen!

¿Eh? ¿Dijo delantales? Esta profesora juega con fuego. — Sakura vio las aterradas miradas de algunos chicos, que ahora miraban el elegante mandil de color negro como si fuera el peor enemigo que pudieran encontrar. Deslizó la miraba hasta los ojos escarlatas de la profesora, sin duda no era el peor.