DEPRESIÓN.


Se ha ido.

Sientes que la casa está más lúgubre, más cerrada. Las cortinas que ella siempre se encargaba de descorrer para que entrara la luz del sol estaban cerradas y el polvo se acumulaba en cada esquina, allí donde mirase había sombra y polvo.

Y en medio de toda esa desolación, estabas tú. Sentado con la taza astillada frente a ti mientras la mirabas fijamente. Perdido en tus pensamientos mientras tus demonios sobrevuelan tu cabeza, ansiosos por enloquecerte.

Intentas recrear lo que sentías cuando ella estaba aquí, pero todo lo que logras es una burda imitación de tus sentimientos. Cuando ella estaba todo era más colorido, más intenso. Cada esquina, cada centímetro, brillaba de luz y color. La habitación no era silenciosa, como ahora, sino que estaba llena de sus tarareos o de su voz al leer el pasaje de algún libro. Siempre había luz, color y sonido.

Ya no había nada, solo oscuridad.


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