Muchisimas gracias por los reviews. Me siento muy emocionada que os este gustando la historia, y cada comentario hace que tenga más ilusión por seguirla. Lo que pasa es que como tengo más fics siempre intento actualizarlos en orden, por lo que a veces puedo tardar en actualizar.

Decir que me sentía atemorizada ante aquel siniestro mensaje era quedarse corto. No podía creer lo que mis ojos veían. Aparte mi vista del espejo y revise todo el cuarto de baño en busca de algo fuera de lugar. Si alguien había escrito aquello, quería decir que alguien había entrado en casa. Me vestí tan rápido como pude y fui corriendo hasta la entrada para ver en qué estado estaba la puerta. Esta no tenía signos de haber sido forzada. Registre en todas las habitaciones y comprobé que todas las ventanas estaban cerradas.

En casa no había indicios de que alguien hubiera entrado. Me lleve las manos a la cabeza nerviosa. No sabía qué hacer. Volví al baño para ver si el mensaje estaba allí y en efecto así era.

No sabía que era lo que tenía que hacer. Solo se me ocurría una cosa. Cogí mi teléfono móvil y llame a la primera persona que me vino a la cabeza.

-¿Diga?- escuche su voz adormecida al otro lado de la línea.

-Ace, pu-puedes venir a mi casa por favor.- le pedí intentando controlar mi tono de voz, pero no pude evitar tartamudear.

-¿Nami? ¿Ocurre algo?

-¿Puedes venir cuanto antes por favor?

-En seguida estoy allí.

No sabía exactamente porque había llamado a Ace. Supongo que era porque en cierto modo me recordaba a Luffy. El mayor era una de las personas más cercanas a él. Por lo que la seguridad que emanaba Ace me recordaba en cierta forma a la que me proporcionaba Luffy.

Estuve sentada en el sofá esperando a que Ace llegara. Por suerte no había tardado mucho. Toco el timbre y me levante a abrirle casi de inmediato.

-Nami, ¿Qué ha ocurrido?

-Yo…- comencé a decir pero enseguida me frene. No sabía cómo explicarle lo del mensaje.-sígueme.

Los dos fuimos hasta mi cuarto de baño en silencio. La primera que entro fui yo. Entonces pude comprobar que el mensaje ya no estaba. Se había ido junto al vapor de la ducha.

Ahora no sabía que decirle. Si le contaba lo del espejo, estaba segura que no me creería. Por lo que salí de allí y fui hasta mi habitación. Ace me miro desconcertado, pero no dijo nada.

Encendí el ordenador y busque entre mi correo hasta encontrar los billetes de avión y se lo mostré. Ace se quedó con la boca abierta y me miro con preocupación.

-¿Tienes que ir allí?

-Sí. Ace…

-No vayas- me interrumpió.- no sabemos nada de lo que ocurre allí. Tan solo sabemos que mis hermanos están… Nami, pide que no te lleven a ese lugar. Seguro que cuando les cuentes lo de Luffy y Sabo lo entenderán.

-No estoy tan segura, Ace.

-Ese sitio… no sé qué será lo ocurrirá allí o si la situación ha cambiado. Pero Nami, si algo te pasara, yo no podría perdonármelo. Luffy nunca podría hacerlo.

Después de que Ace se fuera, me quede observando por la ventana. Lo de aquella noche había sido realmente extraño y atemorizante. Sin lugar a dudas alguien había conseguido entrar y había escrito aquello. No sabía quién podría haber hecho eso. Por un momento llegue a pensar que era aquella sombra. Me estaba volviendo loca.

Me metí en la cama, pero apenas pude conciliar el sueño en toda la noche.

Todo el rato miraba a la pared de mi habitación esperando a que la sombra apareciera de un momento a otro, pero no fue así. En toda la noche no hizo su aparición. Ni aquella noche, ni en las siguientes.

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Pasaron tres días desde aquello. Yo estaba preparándome para irme a aquel lugar. Ace muchas veces me pidió que me negara, pero yo no quería escucharle. Me estaba volviendo absolutamente loca.

Nunca me llegue a imaginar a mí misma yendo a Dressrosa. No sabía exactamente porque lo hacía. Tal vez era porque quería saber qué era lo que le había pasado a Luffy. O tal vez era porque ahora la sombra no aparecía.

Creo que si no lo hacía era porque estaba enfadada conmigo por no hacerle caso. Era una estúpida idea. Creer que había algo que me protegía. Pero era lo que pensaba. Aquella presencia (aunque en cierto modo extraña) se me hacía familiar. Era como si Luffy nunca se hubiera ido. Como si él siguiera junto a mí en cada momento protegiéndome. Como siempre lo había hecho.

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Tras horas de viaje en avión, había llegado a mi destino. Cogí un taxi hasta que me llevó al hostal que la empresa había alquilado para mí. En un principio, aquel pueblo me había parecido agradable. Había de todas las edades por todas partes. Había un buen ambiente con tiendas, cafeterías y tabernas. Era como si en aquel lugar no ocurriera nada extraño.

Entre en la recepción y me atendió una chica rubia de pelo corto. En su placa ponía el nombre: Margaret.

-Hola, mi nombre es Nami, tenía una reserva.

-Claro, deme un momento por favor.

Ella busco mis datos en el ordenador y después me entrego una llave.

-Su jefe ya lo había preparado todo.- me dijo con una pequeña sonrisa.- estoy segura que Dressrosa le gustara. Es un pueblo pequeño, pero es muy tranquilo. Nunca tenemos ningún problema.

-¿De verdad?

-Claro- me miro desconcertada- ¿Por qué lo pregunta?

-Es solo… que tenía entendido que la gente desaparecía de forma sospechosa.

Margaret abrió levemente los ojos y me miro entre extrañada y sorprendida.

-Creo que le han hecho una mala broma. Aquí nunca pasa nada. Nunca ha habido ninguna desaparición ni nada parecido.- volvió a sonreírme de manera amable- se habrá equivocado de pueblo.

-Si…- respondi dubitativa- puede ser.

Entre en mi habitación y deje todas mis cosas. ¿Qué había sido aquello? ¿Qué nunca ocurría nada en el pueblo? Aquello era completamente extraño. Por supuesto que ocurrían esas cosas. Aquí era el lugar al que fueron Sabo y Luffy. Nunca podría olvidarme de algo como aquello.

El primer día fue relativamente tranquilo. Todavía no tenía que hacer mi trabajo, por lo que comencé a dar un paseo por todo el lugar. Observaba atentamente a la gente que pasaba a mi lado, y me resulto completamente extraño su comportamiento.

Entre en una taberna donde me atendió una chica de pelo verde oscuro el cual lo tenía atado en una coleta. Al igual que la recepcionista, me dijo que el pueblo era muy tranquilo. Casi uso las mismas palabras.

-Creo que a ese chico de allí le gustas- me dijo en un susurro señalándome a un joven de mi edad con el pelo verde y una cicatriz en el ojo.- no ha dejado de mirarte desde que entraste en el bar.

En efecto aquel chico no dejaba de observarme, e incluso levanto la copa como queriendo saludarme. Me di la vuelta y volví a fijarme en la camarera.

-Ya, pues yo no estoy interesada en él.

-¿Estas segura?- asentí-. Pues en este pueblo, ese chico las tiene a todas loquitas.

-¿Cómo se llama?

-Zoro.

Di un trago a mi bebida mientras miraba el local. Me quede asombrada al ver una gran cantidad de fotografías en la pared. La camarera se dio cuenta de aquello.

-Hay veces que fotografiamos a nuestros clientes. Claro siempre con su permiso. Y ponemos aquí sus fotos. Acércate para verlas si quieres.

Le hice caso y me levante en silencio. Allí había una gran cantidad de jóvenes en grupo posando. Recorrí la mirada y pude ver más de una vez a aquel chico, Zoro, entre ellas (casi siempre con una chica diferente).

Pero mis ojos se detuvieron en una fotografía en la que aparecía un chico moreno que era muy familiar para mí. Y no solo eso. Sino que estaba junto a un rubio.

Se me helo la sangre al ver aquello. Pensé que sería alguna foto echa de antes de que desaparecieran. Pero era completamente imposible que estuvieran los dos juntos.

Hice una señal a la camarera para que se acercara a mí y está al ver mi estado se acercó preocupada.

-¿Estas bien?

-Estos… estos chicos- conteste temblorosa ignorando su pregunta y señalando aquella fotografía- ¿Quiénes son? ¿De cuándo es esta foto?

-Ah, ellos…- hizo una pequeña pausa- son Luffy y Sabo, los hijos de Dragon. Creo que la foto es de una fiesta que se celebró hace unos días.