Espero lo disfruten y me dejen sus comentarios al final, sean buenos o malos... les mando besos y abrazos. Y MIL PERDONES POR LA TARDANZA... SORRYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY!
DEDICADO A TODAS LAS CHICAS QUE ME HAN ESCRITO REVIEW EN ESTA NUEVA CUENTA, ESPERO Y NO DEFRAUDARLAS… LES MANDO MUCHOS BESOS… GRACIAS!
**NOTAS**Los textos entre comillas en negrita y cursivas son pensamientos de los personajes.
AL FIN SE REVELA EL PORQUE CANDY NO QUIERE AYUDAR A TERRY A BUSCAR A SU MADRE…
Los textos en negrita son diálogos de los personajes, y lo demás de manera normal es narrativa de la historia.
Este escrito esta basado en el fan fic PASIÓN (SASUXNARU) de una excelente escritora y buena amiga ZHENA HIK me lo prestó para hacer una pequeña adaptación, y agradeciendo sus atenciones hacia mi persona le dedico esta locura... Querida Grecia, muchas gracias por darme la oportunidad de hacer esto, espero que sea de tu agrado.
DARK GIFT
CAPITULO IV
Habían pasado ya varios meses desde que Candy convirtiera a Terry en un vampiro, como buena «creadora» la inmortal le mostró maneras sutiles de hacer las cosas, el castaño era muy inteligente, y no tenían problemas. Aunque existía un detalle significativo, y este era que incluso en vida, a Terry le tenía sin cuidado la existencia de las demás personas, y ahora que sólo servían para alimentarle, era peor, al menos la rubia les veía como algo más que su comida, y por ello cuidaba bien a quién escogería, dejándose llevar por lo que sabía sobre ellos a través de sus pensamientos. Cosa que al ex actor le tenía sin el menor cuidado.
Tal y como lo había previsto la ojiverde, Terry se volvió aún más frío y no sólo hablando de la temperatura corporal, si no de sus acciones, por supuesto que le conocía desde que fuera un tierno niño, pero pudo observar sus crecientes cambios conforme su edad avanzaba, hasta que se convirtió en alguien solitario, rudo y sin la menor muestra de piedad para con nadie ya que a la hora de cazar, el ingles no escatimaba en escoger a sus victimas.
Tampoco le culpaba, siendo que no tuvo la mejor de las infancias, pero eso no era un pretexto para ser un neófito tan cruel.
Ahora ambos se encontraban en su casa…
- No creo que sea buena idea que dejes tus estudios así porque sí Terry; te falta muy poco para terminar y puedes hacerlo en el turno nocturno de la universidad. – le reprimía la rubia mientras el castaño la miraba con el ceño fruncido.
- No me interesan ya, te dije que esas tonterías pueden esperar, ahora solo quiero que me ayudes a encontrar a mi madre.
Candy solo negó sutilmente con su cabeza, mientras que Terry la miraba terriblemente molesto, mostrándole aquel color sangre, tono que le duraba solo un tiempo ya que después de alimentarse regresaban a su color zafiro original.
- ¿Por qué no quieres ayudarme mi pequeña pecosita? – exigió saber poniéndose de pie de frente a la rubia quien se encontraba recargada en el marco de la puerta de su habitación, Terry trato de seducirla comenzando a darle pequeños mordiscos en su labio inferior tratando que con esto convencerla en que la ayude, más sin embargo la ojiverde se hizo a un lado, logrando que con esto el ingles soltara un bufido de enfado.
Después de su fallido intento de persuasión hacia la chica, Terry se alejo de ella completamente al otro extremo de la habitación hundiéndose en sus pensamientos, mientras que Candy lo miraba sigilosamente tratando de adivinar lo que pasaba por la mente del ingles, haciendo esto imposible ya que el joven desde que era humano había aprendido a poner una pared blanca, dando el efecto de que la vampiro no pudiera saber; aunque sus ojos denotaran lo contrario.
- ¿Para que la quieres encontrar, Terry? Ella al final de cuentas te abandono… - la rubia no pretendía ser un tipo de juez a favor de Eleonor, pero a pesar de que ella podría ser mucho más poderosa que la madre del muchacho, verse cara a cara con ella después de tantos años era algo que no deseaba que pasara, al contrario la hacía estremecer a tal grado de temer más a aquel reencuentro que el que ella tuviera con su poderoso padre.
Quizás por eso, antes de arrebatarle la vida a Terry y a pesar de que Eleonor y él compartían la misma sangre, Eleonor tenía un carácter muy dulce, antes de convertirla en vampiro, pero ahora lo más probable es que su carácter fuera igual de explosivo que el de su amante.
- ¡Pensé que me ayudarías eso es todo, olvídalo yo mismo lo haré no te necesito! – dijo con coraje el inmortal y atravesó la habitación a una impresionante velocidad que apenas estaba dispuesto a controlar frente a los demás; pero para Candy eso era de lo más sencillo.
Candy dio un suspiro de cansancio, le estaba costando mucho trabajo tratar de controlarlo. Le siguió, ambos se alejaban de manera apresurada de la casa, no eran humanos ya así que no necesitaban ningún tipo de equipaje o algo parecido para viajar.
- Espera Terry, faltan pocas horas para amanecer y si no encontramos un lugar en donde ocultarnos sabes bien que nos pasara…
El castaño detuvo su andar y la miro, ahora Terry era mayor en estatura y también en sus años humanos.
Candy paró, mirando al otro en expectativa de qué era lo que harían ahora, sólo le miró acercarse, rozó con sus dedos la lisa y pálida piel de la rubia, después palpó con toda la mano aquella mejilla, sintiendo la pequeña caricia, palpando donde antes habitaban aquellas pecas las cuales siempre le habían parecido curiosas, dándole a la chica un aspecto hasta tierno.
El dedo pulgar del ex actor se movió acariciando la mejilla de la otra, después lo bajó hasta tocar los labios, esos que ante el simple contacto se entreabrieron por inercia, ahora Candy tenía los ojos cerrados, mientras Grandchester disfrutaba mirarle así, dejándose someter ante su toque.
Aplicó fuerza a su roce sobre el labio inferior, y con su afilada uña provocó que la sangre brotara de aquella parte, notando cómo la rubia apretaba ligeramente los labios al sentir el olor de su misma sangre, la chica sacó su lengua y lamió un poco. Pero un sonido reprobatorio por parte del ojiazul le detuvo, los verdes ojos se abrieron sólo para ver como él se llevaba su pulgar lleno de sangre hasta su boca y comenzaba a lamerlo, no perdiendo en ningún momento la visión de los ojos de Candy.
La chica sonrió, su herida estaba sanando rápidamente, por lo que Terry se agachó la poca distancia que hacía falta para unir ambos pares de labios, le tomó con una mano por debajo de la barbilla para atraer el rostro de ella, saboreando la cavidad ajena, volviendo a morderle ligeramente la misma herida para probar más de aquél líquido que tanto le gustaba.
- Estaremos bien, vamos. – dijo el ingles una vez terminado aquel beso.
Y ahí estaban una vez más de camino, ¿A dónde? Quién sabe, Candy sólo seguía a Terruce, ambos se dirigían a una de las ciudades más grandes que había cerca de las provincias escondidas, lugares de donde casi la gente no salía.
Pasó el tiempo previsto para el amanecer, faltaba poco para ello y tuvieron que buscar una casa abandonada para meterse en ella y poder esconderse del sol, buscaron una que tuviera sótano y así lo hicieron.
Aunque el hecho de no tener su cuarto oscuro, era un poco molesto, el sol no les tocaba en absoluto, pero algunas rendijas diminutas por las cuales se colaba, provocaban más luz de la que les gustaría en realidad, molestaba considerablemente a la vista.
Desde que Terry tuvo que cambiar sus costumbres por obvias razones, habían construido un cuarto grande, y a prueba de cualquier tipo de luz, era como el cuarto que se solía usar cuando se revelaban los rollos fotográficos. No tenía ventanas, era enorme y tenía una cama sumamente cómoda a petición del castaño, quien era el más delicado en ese sentido de los dos.
Candy podía dormir en el suelo si se lo pedían, ni siquiera cuando estaba viva disfrutó de numerosos lujos, pero había una gran diferencia en la manera en que ambos fueron criados, ya que el Grandchester tenía un apellido de renombre, que le brindó lujos y comodidades en su momento. Aunque ahora la ojiverde pudiera disponer del dinero que quisiera, no era muy dado a hacerlo.
Solían dormir desde entonces juntos, aunque fue curioso y hasta gracioso en un inicio, aquella noche que le convirtió, salieron y se alimentaron, después, al regresar, Terry hizo un comentario sobre que no pensaba dormir en un féretro, cosa que le dio por demás risa a la rubia, quien siempre se había reído de esa idea ridícula de los humanos. Claro que podrían dormir si así lo quisieran en uno, después de todo estaban muertos, no había necesidad de respirar si así lo desearan y por lo tanto, no había problema alguno con que se acabase el oxígeno dentro de alguno.
Pero la idea primordial de que estuvieran en uno, se debía a que el sol no les debía tocar, puesto que les quemaba la piel, así que mientras estuvieran en un lugar completamente seguro de algún rayo solar… todo estaba bien. Y ante esa explicación, fue el ex actor quien implementó el cuarto oscuro, reclamando a Candy porque no le había dicho eso antes, así hubieran podido dormir juntos desde hacía ya tiempo. Cosa que para la vampiro no era algo que hubiera podido suceder.
Para Candy ya era suficiente el hecho de cuidarse mientras se besaban para no cortarle con alguno de sus colmillos como la primera vez que lo hicieron, también cuando se abrazaban, debía ser cuidadosa en no apretarle demasiado, tampoco era como si en toda su vida hubiera convivido con muchos humanos de los que no bebía su sangre, así que Terry era el primero. Y dormir junto a él, debía ser una de las cosas más difíciles que pensó. Sin contar que el castaño dormía por las noches, y ella no, cuando aún el ingles era un simple mortal.
Pero después de aquella noche, todos los demás días, habían dormido juntos, sin el menor temor de dañarle puesto que ahora eran iguales. Aunque el mayor problema de no había sido aquel, si no lo que ya había previsto, el carácter de Grandchester.
A su primera víctima primero la atemorizó, aunque eso no era extraño, había conocido varias personas que solían hacer eso. Pero infundirles tal clase de miedo, y después causarles poco a poco dolor, casi torturándoles psicológica y hasta físicamente, era demasiado cruel.
En una de sus tantas pláticas, Candy y Terry hablaron sobre ello, la chica confesó que eso le parecía algo desagradable, puesto que ambos en su momento habían sido humanos, de hecho el ojiazul tenía poco de haberlo sido, y no debía olvidarse de algo así, no le hubiese gustado para nada a él.
La rubia siempre intentaba ser la voz de la razón, trataba de ser lo más sensata que su condición le permitía, incluso cuando estaba únicamente con Elisa, quien era su amiga y la persona más ocurrente que hubiera conocido, debía hacerla de mediadora.
Y recordando a la pelirroja, tenía tiempo de no haberle visto, pero así solía ser, quizás había decidido cumplir aquello que con imprudencia le dijo en cierta ocasión unos meses atrás.
— Está bien, creo que tardaré algunos años en volver a visitarles. Les dejaré su espacio.
— ¿Por qué dices eso Elisa? Aún eres libre de venir cuando gustes.
Tanto Elisa como Terry rieron ante la increíble inocencia que parecía poseer Candy, ¿Se estaba haciendo la desentendida? O ¿quizás en realidad no había comprendido la indirecta de su amiga?
— Seguramente estarán como animales en época de apareamiento, y no te culpo, luego de tantos años ya te debe hacer falta…
Candy entrecerró los ojos entre incrédula y furiosa por el comentario, además que juraría que si no fuera porque ese tipo de funciones corporales ya habían muerto, se hubiese sonrojado a más no poder.
Y claro que su amiga tenía razón en aquel aspecto, porque las primeras veces fueron maratónicas, algo quizás imposible para un simple humano, pero bastante realista y placentero para ellos dos.
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Y así ambos abrazados y mientras la rubia recordaba todas aquellas situaciones que la pelirroja le había echo pasar, pasaron el día en aquella oscura habitación, esperando a que la luna se asomara para así retomar su camino, un camino que Candy no deseaba por demás terminar.
El ocaso había pasado, el astro rey ya se había ocultado por lo que ambos estaban en la disposición de proseguir con su camino, fuere cual fuere éste. Pasaron por el centro de la ciudad, la cual para nada era como el sitio donde ellos vivían ni sus alrededores más cercanos, aquellos eran pueblos escondidos entre el bosque, la Andley era una mujer de mundo, había visitado ya una serie de lugares a los que llevaría a Terry en alguna ocasión, después de todo, les restaba una eternidad por consumir al lado del otro.
Aunque ciertamente, esa afirmación podía ser debatible, seguía preguntándose, ¿Cómo reaccionaría la señora Eleonor Baker ante el hecho de que le convirtió en uno más de la inmortal raza a la que ambos pertenecían desde hace tiempo ya?
Quizás esa pregunta fuese contestada próximamente, para bien o para mal…
Pasaron un par de meses más, recorrían tanto grandes ciudades como pequeñas localidades, mucho más chicas que aquella de donde venían. Terry llegó a matar familias enteras, reproduciendo la misma imagen que una y otra vez, Candy pudo ver aquella ocasión en la que mataron a su familia el día de su boda, sólo que en este tiempo, no había sangre esparcida por todos lados, después de todo, la idea primordial aquí era abastecerse del que para ellos era un vital líquido.
— ¡No estoy de acuerdo, eso es un acto brutal, me parece repugnante! – reclamó la vampiro, era la segunda vez que tocaban aquel tema, del cual el castaño siempre terminaba victorioso, sabiendo que ella era una adicta a él.
Las aún rojas pupilas del ingles miraban con coraje las de la irlandesa, quien tenía un ligero tinte de rojo en ellas también.
— ¿Te parezco repugnante?, ¿Te doy asco? – aquellas eran preguntas, que al mismo tiempo sonaban como un par de afirmaciones hechas por el mismo castaño para comprender o asimilar lo que escuchaba.
— ¡Ya habíamos hablado sobre esto, Terry, detente, te estás convirtiendo en un monstruo! ¿No te es suficiente tener que alimentarte de los humanos? ¿Acaso también debes matarles en formas colectivas y brutales?
Las palabras de Candy trataban de darle el énfasis correcto a cada frase, quería hacer entrar en razón al ex actor, pero este parecía estar lejos de comprender. El Grandchester lo pensó unos minutos, caminó cual humano esperando una noticia grave en medio de una sala, con una mano sobre su barbilla y girando una y otra vez por el mismo círculo que imaginariamente trazó.
— ¡Estoy harto de tus reclamos! ¡Sabía que en cuanto me convirtiera en lo mismo que tú, no profesarías ese amor por mí que tanto gritabas cuando aún era humano!
Las palabras salían con reproche, con un matiz que si fuesen humanos, tendría una fuerte carga de resentimiento. O ¿quizás en realidad si lo tenía?
— No podrías estar más equivocado que ahora… - enfatizó la ojiverde mirando profundamente los zafiros de su pareja.
— Sé que no lo estoy Candy. – hizo una larga pausa en la que desvió la mirada a un lado, seguido de una fuerte decisión. – Vete, no te necesito conmigo, voy a encontrar yo solo a mi madre, sabré porqué me dejó, sólo quiero conocer la verdad, deseo que me diga porqué lo hizo… necesito que lo haga. – especificó.
— Dejaré que cometas tus propios errores, cuando te canses de repetirlos una y otra vez, regresa a mí, siempre tendré una eternidad para esperarte, Terruce Grandchester. No olvides eso. – expresó de manera ecuánime, convencida de lo que decía.
Y aquella fue la despedida… Sencilla y sin más rodeos, Terry giró y se fue, dejando atrás a quien tantos años le cuidó, quien buscaba ocultarle de posibles peligros y a la única ser incondicional que había tenido aunque hubiera sido todo ese tiempo bajo las sombras, para así cuidarle de ella misma.
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Ahora partió, le llevó meses poder encontrar lo que quería, no era un vampiro experimentado, de hecho apenas llevaba poco más de medio año de serlo, pero aún así, junto a la irlandesa aprendió bastantes cosas, siendo su creadora y amante una veterana ya. Que por supuesto, tenía la imagen física de una chica de vigorosos veinte años.
Durante todo ese tiempo, no supo nada de ella, ni siquiera de Elisa, pero sí logró conocer a otros como ellos, no sabía qué tantas criaturas inmortales había en el mundo, pero quiso explorarlo, por un momento olvidó su principal objetivo y desvió el camino buscando algunos lugares hermosos que siempre deseó conocer, pero todo eso no le sabía a nada, había adoptado la doctrina de Candy en cuanto a su alimentación, sus favoritos para cazar eran los asesinos y sobre todo violadores, que para él eran la escoria más grande en el mundo.
Tuvo tiempo y soledad de sobra para darse cuenta y pensar que antes de dejar a su pecosa como solía llamarla de cariño, aquél tiempo en que ambos buscaban a su madre, en que ella le siguió aún contra su voluntad, se convirtió en aquella escoria que tanto detestaba, esa que le causaba repulsión y de la que en ocasiones le daba asco alimentarse, y sólo les mataba por venganza de aquellos que cayeron ante las maldades de ese ser.
Supo entonces que en algo tenían lógica las ideologías que la rubia practicaba, ya que ellos se alimentaban de humanos por necesidad, porque para los dos eso era parte de su existencia en sí. Como para los humanos lo era respirar, o que un corazón latiera en su pecho, así para los vampiros es el beber sangre y ocultarse del sol. No lo hacían con la saña de matar, o con la mera intención de hacer el mal y destruir familias tal cual lo habían hecho en su momento aquellos quienes asesinaron a la de Candy.
Sin embargo, el castaño después de aquel "tiempo libre" que se dio en recorrer el mundo, retomó de nueva cuenta aquel destino que le diera con el paradero de su madre, Candy regresó a aquella fría ciudad de Londres donde había conocido a Terry, se fue a aquel departamento que era del ex actor; haciendo la misma rutina de entrar por la ventana de su habitación, por suerte, la vivienda todavía no era habitada ya que Terry optó por no ponerla en venta, aún estaban sus pertenencias, aquellas que usaba el ojiazul cuando era un mortal. La rubia se dejó caer sobre aquella espaciosa cama que seguía emanando el aroma del ingles, permaneció varias semanas ahí encerrada sin siquiera salir para alimentarse, lo único que hacía Candy era abrazarse a la almohada del castaño y recordar aquellos momentos que para ella habían sido los más felices de su existencia, sin imaginar que sí continuaba en aquel estado de depresión y soledad; su inmortalidad podría verse amenazada.
El castaño siguió su camino y una noche al fin pudo dar con aquella mujer que catorce años atrás lo había abandonado, pero para su sorpresa Eleonor era un vampiro también y por razones, la primera impresión fue de total agresión.
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— ¿Qué buscas aquí? – preguntó la grave y nada tímida voz de la pelirrubia. Girándose al recibir una respuesta mental, mostrando sus ahora ojos rojos, de un color tan profundo como el de la sangre de sus víctimas. - ¿Quién…?
— ¿…Me convirtió en vampiro? – completó aquella cuestión que Eleonor no pudo, pero la cual logró leer en su mente. Trató desesperado de no pensar en Candy puesto que su madre no parecía contenta con el hecho, pero era tarde, ella ahora se había dado cuenta.
— ¡Voy a matarle! – dictaminó entrecerrando sus ojos, su mirada era fiera y se le veía bastante enfurecida. – Me aparté de ti para evitar esto, precisamente, no deseaba arrebatarte la oportunidad de vivir como lo hicieron conmigo…
Y la respuesta a la pregunta no hecha directamente estaba ahora resuelta. Ni siquiera lo pensó, y su madre ya le había respondido, adelantándose quizás a lo que creyó el motivo de aquel encuentro.
Ambos se hallaban en medio de una callejuela, su única compañía era un hombre que yacía exánime sobre el suelo, del cual obviamente Eleonor había bebido.
— Ese ha sido siempre el problema Eleonor… - reveló Terry, llamándola por su nombre ya que no sentía deseos de decirle madre, obteniendo toda su atención, sin mover los labios, sólo viéndola a los ojos. – cuando me dejaste aún te necesitaba, pero decidiste marcharte según tú para protegerme, pero no tienes idea de lo mal que la pase; ¿Qué ganabas con dejarme solo? Sí lo hiciste solo porque estando con la familia de mi padre era lo mejor, créeme Eleonor Baker que aquello fue una total estupidez…
Tras aquello, el silencio siguió reinando, Eleonor no dijo, ni pensó nada, sólo meditó palabra sobre palabra. ¿Era verdad todo lo que su hijo ahora le reclamaba?
— ¿Qué buscas ahora, Terruce? – preguntó comprendiendo la aplicación del pretérito en el verbo necesitar.
«…Cuando me dejaste aún te necesitaba.»
¿Ello significaba que ya no?
Efectivamente así fue, ahora no le ocupaba, Terry sació su curiosidad, él sólo buscaba el porqué le había abandonado y además de ello, entendió la renuencia de su pecosa ante el hecho de buscarle, supuso entonces que si el ingles hubiera llegado junto a la rubia, Eleonor le hubiera atacado por el hecho de haberlo convertido en inmortal, pero por fortuna, pareció comprender las cosas cuando hablaron más a fondo. Aunque aún podía sentir el coraje fluir en su mente.
Poco a poco, Eleonor Baker le relató a su hijo la razón del porque de su abandono.
*********** Flash Back ***********
Era una calurosa noche de verano en Londres, después de terminar con mucho éxito la función especial para los miembros de la realeza británica, Eleonor Baker regresaba contenta a aquel departamento con el único propósito de poder ver a su hijo Terruce, su pequeño príncipe era lo único que tenía en la vida, la mujer nunca se desposó con el progenitor del niño por la negativa del padre de Richard Grandchester, ya que ella por ser una neoyorquina americana plebeya y una mujer de farándula, no tenía cavidad en ser miembro de una de las familias más acaudaladas de la Gran Bretaña y poseedoras del titulo nobiliario. Desgraciadamente, el padre de Terry murió tres meses antes de que el niño naciera pero en su testamento había dejado una dote para su hijo y Eleonor; y esta consistía en el departamento en donde actualmente habitaban, una suma de dinero en el banco y lo más importante; que Terry fuera registrado al nacer con el apellido Grandchester. Y así fue para desgracia del duque y padre de Richard, el niño se registró como un Grandchester, pero con la única condición de que él nunca tendría el derecho de aspirar al ducado, cosa que para Eleonor, eso le tenía sin importancia.
Al fin pudo llegar a aquel lugar que cada noche anhelaba al salir del teatro, como cada noche la recibía su empleada Isabella, dándole los por menores de cada detalle de su hijo, quien para infortunio de la actriz, Terry ya se encontraba durmiendo en su habitación.
Isabella no dormía en casa de la rubia, la buena mujer a pesar de estar trabajando con ella desde que el niño nació, la morena mujer cada que Eleonor regresaba de dar función, ella se retiraba.
Esa noche, antes de que Isabella saliera de aquel departamento; le entregó a la madre de Terruce un sobre de tamaño carta en color amarillo, en el membrete relucía el logotipo de una clínica de la ciudad de Londres, la actriz al recibir aquella correspondencia y ver de lo que se trataba, despidió amablemente a su empleada y se dirigió a uno de los sillones de la sala para abrir aquel sobre, que, seguramente traía el resultado de las pruebas que se había realizado un par de semanas atrás en aquella clínica.
Sin embargo, hubiera sido mejor no haberlo hecho ya que lo que vio a continuación fue el inicio de su desgracia.
RESULTADO DE CITOLOGÍA CERVICAL
Diagnostico citológico: cáncer maligno invasor grado III
Aquello inundó de lagrimas el bello rostro de Eleonor al saberse enferma y posiblemente desahuciada y morir en poco tiempo, le llenó de dolor su corazón. ¿Y ahora que iba a hacer? Y lo más importante; ¿Qué iba a ser de su pequeño hijo cuando ella muriera?
Inmediatamente se deshizo de aquel sobre y por supuesto de las pruebas de laboratorio, decidió que nadie debía de saber lo que le sucedía, mucho menos Terruce, cuando envió por el inodoro esos pedazos de papel, se dirigió al cuarto de su pequeño quien dormía placida y tranquilamente abrazado de su pequeño osito de felpa. Eleonor lo miro con ternura sin poder evitar volver a llorar en silencio ya que su hijo era muy intuitivo y a pesar de estar durmiendo, el menor de los ruidos el niño inmediatamente se despertaba y se daría cuenta del estado de su madre.
- No quiero que sufras mi amor… siempre te protegeré, aún no sé como voy a salir de esto, pero te juro que siempre estaré a tu lado pase lo que pase y nunca estarás solo. –le prometió en silencio la rubia mujer, acariciando la castaña cabellera del niño sellando su promesa dándole un beso en su rosada mejillita.
Esa noche Eleonor se quedo velando el sueño de su hijo, mientras lo hacía trataba de encontrar alguna solución donde Terry no saliera perjudicado, mientras pensaba, la actriz logró divisar la silueta de "alguien" de pie afuera de la ventana del pequeño, recordó aquella noche en que Terry le había dicho que vio en su habitación a un ángel muy bonito, obviamente ella creyó que era alguna fantasía suya, muy propia de su edad, y haciendo lo mismo que aquella noche, desecho por completo aquella visión, achacándole el hecho de que se encontraba cansada y sobre todo muy angustiada.
El amanecer llegó, Isabella entró por la puerta de aquel departamento, no se le hizo por demás extraño que su patrona ya se encontrara despierta y bebiendo una humeante taza de café en la cocina, pero esa mañana no fue así, simplemente Eleonor se estaba alistando para salir, y en cuanto vio a su empleada llegar a su departamento, esta le encargó mucho a Terruce y que trataría de regresar antes de la hora de la merienda.
Isabella se sorprendió por la actitud de su señora, más que nada porque ese día, la actriz tenía el día libre y cuando Eleonor no iba al teatro se la pasaba todo el día con su hijo ya sea yéndose a pasear o simplemente quedarse en casa.
La rubia mujer acudió con el doctor donde se había practicado el estudio, no fue necesario llevar los estudios que ella ya había tirado ya que el galeno tenía una copia, desgraciadamente el médico le interpretó de manera más detallada esos resultados, Eleonor tratando de no llorar le pidió que si existía alguna posibilidad de sobrevivencia, pero infortunadamente no la había. Eleonor Baker padecía de cáncer y su tiempo de vida dependía de cuatro a seis meses.
La actriz salió del consultorio agradeciéndole al doctor, este le dio algunas indicaciones y le recetó unos medicamentos para que ella tomara y así hacerle menos tortuoso sus últimos días de vida.
Eleonor caminó por horas alrededor de la ciudad, paso por el teatro donde actualmente trabajaba, llegó al parque donde paseaba con su gran amor y donde también llevaba a jugar a su hijo, se sentó en una banca a contemplar el atardecer, hasta que la noche cayó, aquella plaza se fue iluminando por las lámparas artificiales así que decidió cambiarse de lugar e irse a uno donde hubiera menos luz ya que no sentía deseos de sonreírle a la gente.
Sintió que alguien la miraba, una mirada que lograba intimidarla, más sin embargo la actriz no sintió miedo ya que al ver la dueña de aquel par de ojos verdes le sonrió de forma melancólica, haciendo que aquel "ser" se acercara más a ella y le hablara.
- Puedo sentir tu dolor Eleonor… -le habló en un tono de voz frío aquella chica rubia de cabellos ensortijados.
- ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Acaso eres una seguidora del teatro?
- Podría decirse que sí me gusta el teatro y he ido a ver tus funciones un par de veces. –respondió usando el mismo tono de voz, sentándose al lado de la actriz. –pero eso no es lo importante en este momento.
- ¿Entonces que es lo que quieres? –cuestionó algo reacia la mayor sorprendiéndose que los ojos de la chica habían cambiado de verde esmeralda a rojo escarlata.
- Sé que te quedan pocos meses de vida, y tu mayor dolor, lejos de que vayas a morir, es el futuro de tu hijo Terruce.
Aquellas revelaciones quedaron sin habla a la actriz, quien de inmediato se puso de pie y se alejo de aquella extraña chica, pero para su sorpresa cuando llegó a la salida del parque, la joven ya la esperaba del otro lado de la calle.
- ¡¿Quién diablos eres y que es lo que quieres? –preguntó espantada la mujer al ver nuevamente aquellos ojos rojizos que la miraban con decisión absoluta.
- No quiero que temas, Eleonor… -le habló la rubia tranquilamente, volviendo el color original de sus ojos. – Quiero hablarle de algo en que yo te puedo ayudar.
- Lo que yo tengo nadie puede ayudarme, no hay cura para esta maldita enfermedad.
La joven le extendió su mano derecha para saludar a la ojiazul y se presentó amablemente ante ella. –mi nombre es Candy y soy un vampiro.
Fue la simple respuesta que dejo boquiabierta a la ojiazul, mientras que la chica más joven trataba de leer sus pensamientos, en los cuales recibía temor, escepticismo y sobre todo una gran sorpresa.
- No te asustes Eleonor… no voy a matarte. –le respondió la inmortal acercándose más hacia la mujer. –eres alguien muy especial y mi deseo es simplemente ayudarte, eso es todo…
- ¿Ayudarme, pero en que sentido?
La chica torció un poco sus labios y le mostró una media sonrisa, simplemente, porque se dio cuenta al leer nuevamente la mente de la actriz que explicarle el "método" que utilizaría con ella iba a tardar en que ella lo comprendiera, pero para su fortuna Candy era poseedora de una gran paciencia y lo bueno que tenía toda la noche para exponérselo.
- ¿Qué tanto sabes de los vampiros? –preguntó la irlandesa a la progenitora de su "protegido" de forma serena, mientras que la actriz la miraba sorprendida.
- Sé que son seres inmortales, que se alimentan de la sangre, poseen poderes sobrenaturales, y que…
- Y que también somos unos monstruos… -musitó la chica con una bella sonrisa lo que hizo que Eleonor se llevara la mano a su boca ya que la joven terminó la frase que ella tenía en mente y que por temor no lo hizo.
- Tienes razón, desde que nos condenan a esta vida, nos convertimos en unos monstruos… -esto último simplemente Candy solo lo pensó.
- Me niego a creer todo lo que me estás diciendo. –dijo Eleonor un poco más calmada ya que pudo apreciar mejor el rostro de Candy. –No puedo imaginar que una chica tan bonita como tú seas un ser sobrenatural.
La chica solo sonrió ante el comentario de la mujer mayor, misma sonrisa que Eleonor le devolvió y ya un poco desinhibida por la revelación de la inmortal, la actriz acompañó a la joven a caminar junto a ella, al mismo tiempo que Candy le iba contando todo lo relacionado con su especie, para después de unos minutos, la vampiro le expuso su idea.
- Lo que te vengo a proponer es curarte de esa enfermedad antes de que sea demasiado tarde.
- ¿Y que es lo que tendrías que hacer para curarme?- preguntó la actriz algo incrédula pero con decisión.
- Te ofrezco la inmortalidad… -habló sin más y mirándola directamente a sus zafiros ojos.
- ¿Quieres decir que me convertirás en algo como lo eres tú? –aquello simplemente la dejó sin palabras, sin quitar su mirada de la ojiverde, esperando su respuesta.
- Exactamente Eleonor… -susurró la joven.
La actriz ante aquella proposición se quedo sin habla, no sabía como responderle, Candy al verla en esa situación le pidió que mejor se retirará a su casa diciéndole que lo más probable es que su hijo estuviera preguntándole a su criada en donde se encontraba su Mamá, así que mejor optó por darle algo de tiempo para que lo pensara, dándole tan solo una semana para que tomará una decisión.
Y así fue, esa misma noche Eleonor al llegar a su casa decidió tomar la propuesta que le hizo Candy, así que el resto de los días los aprovecharía para arreglar sus asuntos personales, y lo más difícil fue que escogió en alejarse de aquella ciudad e irse muy lejos ya que no deseaba involucrar a su hijo en nada de esto.
- ¿Estás segura que esto es lo que quieres? –preguntó la inmortal ante la aceptación de la ojiazul y su determinación de abandonar a Terry para siempre.
- Lo he dejado con sus abuelos, simplemente no quiero que mi hijo me vea en lo nefasto que me convertiré. –explicó la mujer con lágrimas en sus ojos al recordar los gritos de Terry pidiéndole que no se fuera.
- Puedes seguir conviviendo con él, pero solo sería por las noches. –le sugirió Candy lo que hizo que Elisa, quien había llegado a tiempo a la casa donde habitaban juntas, se sorprendiera ante el comentario.
- ¡Estás loca Candy! ¿Cómo demonios crees que ella pueda convivir con un niño? ¡Obviamente sus sentidos cambiarán después de su transformación y tendrá el enorme deseo de beber la sangre de su hijo! –habló la pelirroja muy cabreada y con furia en sus palabras.
- Recuerda muy bien querida… nosotros no podemos convivir con los humanos, solo los utilizamos para alimentarlos, eso es todo.–fue el pensamiento que le envió Elisa a su compañera, haciendo que Candy se arrepintiera de lo que había dicho.
- Tienes razón Elisa, no debí haberle dicho eso… -respondió la ojiverde algo apenada por aquel comentario.
Ante eso, Eleonor les dijo que su decisión ya estaba tomada y que no volvería a ver a su hijo nunca más.
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Finalmente la transformación de la actriz Eleonor Baker se dio, obviamente su reacción iba a ser igual a la de Elisa años atrás, así que cuando la recién neófita volvió en sí, la pelirroja ya había salido de cacería y le trajo un par de hombres robustos para alimentarla y saciar su sed de sangre, cosa que la rubia mujer bebió de ellos sin ningún remordimiento; y mientras Eleonor bebía la sangre de aquellos mortales, Candy recordaba las palabras que hace unas horas le había dicho la madre de Terry.
Terry nunca debe saber en lo que me he convertido
Por favor, te pido que cuides de él siempre
Te lo prometo Eleonor… tú hijo nunca más volverá a saber de ti
Candy le pidió a Elisa que estuviera con ella por un tiempo, que le enseñara todo lo relacionado con su ahora "nueva vida" La pelirroja al principio no quiso obedecer a la rubia, pero después acepto ya que no era conveniente dejarla sola, más que nada porque Eleonor no podrá controlar sus instintos y tanto la existencia de ella como la de su compañera podría verse en peligro si llegara a enterarse el padre de la ojiverde.
********** FIN DE FLASH BACK **********
Pasaron días juntos, Terry no podía esperar más para volver con Candy, deseando que en verdad le esperara aún, ya que en verdad le extrañaba, la necesitaba junto a él. No sabía que en realidad un vampiro pudiera ser adicto a algo, porque sin duda, él era adicto a su pecosa, con todo y lo muy tonta que pudiera ser, así le quería, la amaba como a nadie amó antes de conocerle.
Viajó de regreso, desesperado porque aún contra su voluntad, era necesario descansar en el día, no se sentía cansado ni mucho menos, pero su naturaleza ahora le impedía andar libre por ahí cuando el sol aún se estuviera asomando directamente y no bajo el resplandor mucho más tenue de la luna.
Pero sin imaginarse que a su regreso, se encontraría con algo que a lo mejor lo haría arrepentirse el haberle dicho que se marchara.
Candy seguía estando en el departamento de Terry, era de noche pero no tenía intención de moverse, llevaba muchos días sin buscar alimento, su tez era más pálida, si eso era posible, el rostro demacrado por la falta del vital líquido, simplemente se estaba dejando morir y recordaba que cuando vio al ingles marcharse, supo que no le podría cuidar más, comprendió entonces que desde el día en que le había regalado el don de la inmortalidad, el castaño había dejado de ser su responsabilidad, que dicho sea, nadie le pidió que lo fuera… ella la adoptó por mero gusto, más sin embargo se dio cuenta que el deseo más grande de su amante era el reencontrarse con su madre y no el de pasar toda la eternidad juntos.
Sin tener sus sentidos vampíricos al cien por ciento, la rubia no sintió que alguien entró por aquella puerta, al verle de pie al frente de ella su sorpresa fue mayor al ver a aquella figura mirándola con odio y apuntándole con algo que en un abrir y cerrar de ojos, acabaría con su existencia.
- Te he estado buscando por mucho tiempo… Candice Andley.
CONTINUARA…
Gracias por todos sus comentarios, sé que no merezco que continúen leyendo la historia, por que también en este me tarde en actualizar, pero créanme que el capitulo ya lo tenía solo que me faltaba algunas cosillas para que pudiera quedar bien…
En lo que a mi respecta, les doy miles de gracias por su compañía y claro les prometo que el siguiente capitulo ya esta en proceso, y creo que es el final de esta historia, ya que lo que más deseo es terminarlo pronto y poder continuar con las demás historias…
Cuidense mucho les deseo mucho salud y buenos deseos…
Besos y abrazos de su amiga; Ana Lilian Panti….
Bye….
