—RÓMPEME—
Por Zury Himura
(S&E)
Gracias a May a A Edi. También a todos por sus comentarios.
Disclaimer: Los personajes no son míos. Parte de la historia sí.
Chapter 4
La tarde había avanzado demasiado rápido para su gusto, pues cada minuto se acercaba para enfrentarse a ese pelirrojo huraño, que directamente manifestaba su incomodidad con su presencia. Su personalidad era tan prepotente, frívola y egocentrista, que se lamentaba que una persona como esa hubiera sido la sustituta para el Kenshin de su mundo.
Pero no se rendiría, ni tampoco se mostraría intimidada por él. Después de todo, creía y era amante de la frase: no juzgues a una persona por la apariencia. Aunque en su caso había sido una plática, o dos, o hasta creía que habían sido tres, pero de igual forma estaba dispuesta a darle una oportunidad. Ya que si había perdido al Kenshin de su mundo por idiota, creía que éste como amigo no estaría del todo mal.
Acongojada por el alto precio de sus útiles escolares, recogió los libros de la tienda de la universidad y los metió a su bolso. Afortunadamente Misao le había prestado algo de dinero para comprarlos, pues entendía la dura situación que estaba viviendo. Pagó y salió del local para darle un último recorrido a la escuela. Le interesaba familiarizarse con el lugar antes de que las clases comenzaran.
Iba tan distraída observando a través de los ventanales de los salones que no se percató del hombre alto de traje negro que caminaba hacia su dirección, leyendo algunos papeles en su carpeta mientras que en la otra mano sostenía un termo con café. Dio un segundo paso, tratando de alcanzar a ver hacia la otra aula que parecía de ciencias, pero no alcanzó a cometer su acción cuando sus pies se enredaron con otro par de zapatos negros que habían chocado contra ella.
Estuvo a punto de caer, pero alcanzó a encontrar balance al sostenerse de un par de brazos fornidos que se habían estirado para ayudarla, soltando sus papeles los cuales se esparcieron en el piso junto a su vaso mientras simulaban una lluvia de plumas mojadas.
—¡Muchacha despistada, fíjate por dónde caminas! —El hombre de camisa blanca con los primeros tres botones del cuello abiertos acomodó sus delgados lentes de marca mientras la reprendía—. Por tu culpa tendré que pagar por esos papeles junto a otra porción de café.
Kaoru respingó con sorpresa, observándolo con ojos entrecerrados—. ¿Despistada sólo yo? ¡Usted tampoco se fijó por dónde venía!
—¡Niña insolente…! —El de coleta baja y largo cabello negro cerró su carpeta vacía, ignorando los papeles en el piso de una buena vez—. Con esa actitud no durarás en esta escuela. Sólo te ocasionarás problemas, mujercita —musitó cruzándose de brazos de una forma retadora.
—Si no duro, no es de su incumbencia —Kaoru sacudió su camisa simulando fastidio, cogió su bolso con fuerza, atorándolo bajo su brazo, y siguió su camino—. ¿Insolente? ¡Lo dice alguien que le duele pagar por fotocopias! ¡¿Quién se cree, señor grosero?! ¡Espero no volverlo a ver a verlo ni en mi vida!
Hiko alzó la ceja, sorprendido de que esas cosas salieran de la boca de lo que el había creído una muchacha inocente. Se giró y comenzó a patear las hojas mojadas con su pie para que se le facilitara recogerlas. Luego las llevó a la basura, molesto de los inconvenientes que esa niña le había causado. Pero entonces sonrió, reconociendo la figura de su hija que aparecía del otro lago del corredor saludándolo.
—Bueno, al menos ahora no tendré que limpiarlo yo…
II
—¿Kaoru?
La chica se giró, extrañada de que su nombre fuera pronunciado con dicha confianza en la calle.
—Soy yo, Enishi, ¿me reconoces? —Le preguntó con voz lenta, casi como si se tratara de un ser de otro planeta que posiblemente no entendería su idioma.
No, no lo reconocía, pero se imaginaba que si el chico le hablaba de esa forma tan amistosa debería de hacerlo. Así que le regaló una sonrisa y le estiró la mano para saludarlo.
—Lo siento, pero no logro reconocerte —Kaoru alzó sus hombros esperando no herir sus sentimientos. Su culpabilidad aumentó cuando la sonrisa del chico de cabello plateado desapareció de su rostro en un segundo—. Pero… pero, —intentó resarcir su error—, puedes contarme quién eres y tal vez... —Logre conocerte, quiso decir en realidad.
—¿Tal vez...? —La figura de Enishi se había adelantado hasta estar frente a ella, son un toque de desesperación.
—Sí, quiero decir que…. —Estaba nerviosa y de cierta manera se sentía un poco presionada. Pero era entendible si él se trataba de un chico que la estimaba… ¿o no?
—Podemos pasar tiempo juntos —sugirió el hombre de anteojos más animado, tomándola de la mano.
—Bueno, en realidad ahora no tengo mucho tiempo pero —De nuevo, los labios del chico se habían separado ligeramente sin poderse creer su desplante. Así que Kaoru lo reconsideró, estaba casi segura que para que él reaccionara así se trataba de alguien muy cercano a ella.
La chica acomodó su bolsillo y asintió dulcemente. Pasar tiempo con alguien que le 'conocía' le ayudaría a saber más sobre la Kaoru que supuestamente era, y claro su rutina cotidiana.
—Pero tendrás que acompañarme a compras rayo, ¿te importa? —Le informó antes de que el muchacho se comprometiera con ella sin saber a dónde lo llevaría. Conocía muy bien a los hombres y sabía que se irritaban en los departamentos de ropa cuando acompañaban a sus parejas. Por eso había imaginado que ese Enishi no sería la excepción y que tal vez la dejaría hasta otra ocasión.
—No te preocupes… —Pasó su mano varonil sobre el hombro de Kaoru muy cómodamente mientras cogía su bolsillo con la otra mano para cargarlo—. Estoy acostumbrado a ir de compras contigo.
¿Conmigo? ¡Huh! Entonces la de ojos zafiro se imaginó que Enishi ocupaba el puesto del «amigo sincero» y que por eso lo llevaba de compras a todas partes. Kaoru le agradeció su amabilidad y comenzaron a caminar, sin preocupase más por la confianza que el otro había adoptado con ella. Entre pláticas, le preguntó dónde podía conseguir ropa formal, y pronto fue guiada hasta una tienda aparentemente reconocida por ambos. Justo en el mismo bloque donde se encontraba su nuevo trabajo.
Era evidente que Enishi le conocía sus gustos de pies a cabeza. Así que no tuvo de otra, mas que consentir que el muchacho la llevara, al no tener idea de los locales que había en esa ciudad
—Y em, ¿cómo nos conocimos? —Preguntó para reanudar la conversación mientras el hombre estacionaba su automóvil.
—Bueno, yo soy tu interés romántico —confesó el conductor sonriéndole de medio lado mientras desabrochaba su cinturón de seguridad junto con el de ella.
Vaya eso sí que no se lo esperaba. Sorprendida y nerviosa por su claridad, rechazó su mirada enfocándose en las manos que se movían en el aire, describiendo cómo se habían conocido en una fiesta de la universidad. Lo hacía de una forma tan íntima que no pudo más que sentirse intimidada y ansiosa por salir del auto.
—Entonces… —tartamudeo ella apurándose a abrir la puerta del coche—. Somos pare…
—No —Enishi salió del coche corriendo para recibirla del otro lado. Luego, cerró la puerta y pasó su mano sobre su espalda para abrazarla, una vez más—. En realidad, dijiste que no te gustaban los compromisos. Así que nunca concretamos nada, pero solíamos ser muy íntimos —sonrió, confirmándole lo peor.
Kaoru tragó con fuerza. Aunque ella no era dueña de esa vida ni de ese cuerpo, se sentía como si lo hubiese hecho. Por otra parte, el chico para nada le parecía feo pero no podía entregarse nuevamente a alguien solo porque la otra Kaoru, o la que ella debía ser, lo hacía o lo había hecho. Su corazón aún era de Kenshin, fuera en sueño o en realidad… pero lo era.
Recuperó su compostura y encontró las fuerzas dentro de ella para dejar las cosas en claro—. Entonces… entenderás que ya no podemos ser tan íntimos —soltó ella resoplando y esperando sonar seria y determinada. No quería tener que lidiar con una ruptura que no era de ella exactamente, y menos si no conocía al chico—. No recuerdo nada, no puedo tener la misma confianza como tal vez antes la tuve contigo.
Enishi sonrió comprensivo—. Lo sé, e intentaré hacerte recordar de alguna forma —le prometió, acariciándole el hombro de la chica para asegurarle que todo estaría bien.
Kenshin terminó de enrollar la bolsa de papel color café que contenía el emparedado que había conseguido de su establecimiento favorito. Acomodó sus gafas de sol y retiró algunos flequillos de su vista al ver una melena muy conocida caminar justo enfrente de él. Estuvo por aclarar su garganta y llamar a su viejo amigo para saludarlo antes de dar la vuelta en la esquina siguiente y regresar a su puesto de trabajo. Pero entonces desistió, reconociendo la espalda y la figura curvilínea que iba caminando junto a su amigo.
Frunció el ceño, podía reconocer esa voluptuosa silueta envuelta en aquella ajustada falda gris en cualquier lugar. Miró con enojo la mano de su amigo, acomodada íntimamente sobre el cuerpo de la que recién había pedido trabajo en la mañana en su restaurante, como si se trataran de una pareja.
—¡Huh! Mr. Tarado Yukishiro y Miss. Fastidio Kamiya —Resoplo fastidiado por el cuadro que ambos pintaban, llevando su mano hacia atrás para coger el gorro de su suéter y cubrir su melena rojiza por completo. En seguida, aceleró su paso para rebasarles.
Caminó velozmente y sin voltear a verlos. Ahí no había nada que fuera de su incumbencia. Ese par podía fajarse en la misma calle si eso era lo que querían. Hostigado con la voz de Kaoru, empuñó sus manos en su bolsa de comida, tratando de ignorar su conversación para no escuchar lo que ambos hablaban. La chica le explicaba al otro que había conseguido trabajo nuevo y que por eso necesitaba ropa de la tienda a la cual estaban por entrar.
Kaoru cogió la manija de la puerta, deteniéndose un par de segundos cuando su nariz reconoció una fragancia exquisita y la cual había descubierto justo en ese día. Sin quererlo, ignoró a Enishi, quien sostenía la puerta para dejarla pasar. Atraída por la deliciosa y fresca esencia que el hombre a su lado desprendía, volteó, mirando la delgada figura de un chico vestido de negro, que ya estaba demasiados pasos adelante como para confirmar si era quien ella pensaba.
Sin más remedio, entro a la tienda tras la desaparición del sujeto. Se preguntó si su imaginación insistía en jugarle trucos o si en realidad se trataba del barista grosero que había conocido hacia algunas horas.
III
Suspiró cansada, caminando por la calle despues de que Enishi se hubiera despedido de ella, para regresar a supervisar la agencia de seguros de la que su padre era dueño. Sus pies se rehusaban a dar pasos más largos, deteniéndose con la tela ajustada de su nueva falda negra al tener enfrente a su nuevo lugar de trabajo.
Entró al bar, dándole una ojeada a los clientes que comenzaban a llegar y que eran atendidos por el flameante barista que por ahora tenía que cubrir ambas puestos. Se limitó a saludarlo, sabiendo que sería ignorada y hasta ofendida. Apurada, llegó en un par de pasos a los casilleros donde guardaría sus cosas. Más tranquila, pasó su nueva tarjeta de empleado por la computadora, registrando el tiempo en el que había comenzado su turno. Tal y como Aoshi le había indicado en las instrucciones generales en su «entrevista».
Observó el reloj, se puso sus zapatos de piso color negro y se fajo la camisa del mismo color dentro de su falda. Suspiró y salió de los vestidores, determinada a ocultar sus inseguridades. Estaba más nerviosa el tener que encontrarse con Kenshin que empezar su primer trabajo. No quería ser tratada con brusquedad pero tampoco podía pedir más, por eso se imaginaba que para que eso no doliera tenía que actuar como si el otro Kenshin simplemente hubiera sido un sueño.
Para que dejara de comparar… y para que ese Kenshin dejara de doler.
Levantó la barbilla y sacó el pecho. Estaba consciente de que seguramente caminaba de una forma ridícula y que terminaría cayéndose en medio de todos como el día de su graduación.
Pero, justo como ese día, decidió enfrentar su mayor temor, alistando su pequeña corbata del mismo color de su camisa y posicionándose frente al hombre que preparaba un par de bebidas.
—¿En qué te puedo ayudar? —Preguntó ella nerviosa, presintiendo la rudeza con la que sería alejada.
—Puedes pararte allá e intentar lucir bonita.
Kaoru no se rio, ni tampoco dio señas de su enojo. Sin embargo, su rostro lo demostró todo. Una madurez que ni siquiera ella se creía y la cual no toleraba ese tipo de bromas… si es que eran bromas.
El barista sonrió de medio lado y asintió, entendiendo su juego—. Yo te ayudaré a limpiar las mesas cuando no tenga clientes en la barra, pero cuando los tenga tendrás que hacerlo tú —mencionó despreocupadamente, sin saber que al hacerlo de esa manera le quitaba un peso de encima.
Ella asintió más satisfecha y obedeció.
Tan pronto como se había ido, atendió a su primera pareja y así continuó su labor con otros tres clientes. Toda la noche trató de lucir sonriente y amable, pues a pesar de que estaba enfocada y disfrutaba de su trabajo, no podía dejar de pensar en él. Su mundo se revolucionaba con tan solo contemplarlo de vez en cuando sin que se diera cuenta. Su estómago le cosquilleaba, y al juzgar por la actitud de este Kenshin parecían más larvas o moscas que un par de hermosas y delicadas mariposas.
Él lucía normal con los demás, solo frio con ella. Distante, para ser más certera. Inclusive, no podía negar más que sentirse rechazada y hasta odiada. Casi como él le conociera y ella hubiese cometido algo para ganar su repudio. Suspiró alzándose los ánimos mentalmente y antes de regresar a su puesto; no dejaría que eso interviniera con sus labores, ni siquiera con su humor esa tarde. Organizó sus pensamientos, decidiéndose a regalarle una sonrisa a todo el que entrara, incluso se portaría amable con él sin importa qué. Y… sin importar lo abrumada que se sintiera por dentro.
—Tienes que ser más rápida —comentó él desde el otro lado de la barra, un poco molesto al verla regresar después de entablar una larga conversación con uno de sus clientes—. Todos vienen a comer y no a hablar con la recepcionista del lugar, digo… por si no lo sabias.
Bien… tal vez no podría ser amable con él despues de todo; desde ese punto supo que comenzaría su hostilidad. Así que ignoró todo por completo y siguió limpiando los menus.
—Vaya, veo que estas animada —Aoshi apareció detrás de la puerta de su oficina y la llamó—. Discúlpalo, no sé qué le pasa, pero me imagino que anda en sus días…
Kaoru frunció el ceño, con ingenuidad—. ¿Sus días?
—Sí, los días en los que no te quiere hablar bien y en los que no puede ver a nadie ni en pintura…
Ella no supo cómo contestar, solo sonrió y se dejó contagiar por la risa seria de Shinomori—. Solo te quería preguntar algo que me ha rondado en la cabeza ya por varias horas.
—Dime…
—¿Sabes si lo conozco?
—¿A quién? ¿A él?
—Sí —repitió ella abatida, acercándose al más alto y tratando de tapar las muecas de sus labios cuando el barista le sostuvo la mirada—. Es que presiento que me odia por alguna razón.
Aoshi se alejó pensativo. Su hermano le miraba de una forma retadora y empezaba a curiosear si se trataba de la mujer. Sin tener información, llevó nuevamente su atención hacia la mujer de corta estatura y negó—. La verdad no lo sé, nunca te ha mencionado y Misao no me ha dicho nada.
—Entiendo —concedió ella, dándole las gracias y regresando a su estación tras verlo cubrir ambos de los puestos.
El color de la mirada del pelirrojo se había intensificado, mientras le ordenaba cosas que hacer y dejar de cometer hasta cierto punto de la noche. Kaoru sintió que extrañamente su atención ya no estaba en los errores fatales que estaba cometiendo sino en algo más. ¡Tal vez ya le fastidiaba todo lo que hacía!
Tras el transcurso de un par de horas y tras no recibir más ordenes, volteó sigilosa hacia el puesto de su enemigo poniendo atención a las risas masculinas detrás de la barra de metal.
Él atendía a algunas mujeres de una forma muy peculiar. Una manera un poco fría pero a la misma vez muy sensual, un encanto que temiblemente le hacía sentir atraída. Les atendía y se portaba cortésmente a pesar de su extravagante comportamiento y que inclusive una de ellas comenzaba a reírse como boba. Parecían estar encantadas con él, y enamoradas de sus desplantes al parecer.
Molesta, se giró tratando de ocupase en otra cosa, pero era imposible. Ese Kenshin era la viva imagen de lo que le recordaba a su vida pasada y era imposible no querer voltear para ver lo que pasaba... o lo que le pasaba con todas esas mujeres rendidas a sus pies. Miró una segunda vez disimulada, o eso quiso hacer. Pero sin buscarlo, sus ojos índigo se encontraron con un par de orbes ardiendo, que le miraban por el flequillo de una forma burlona. Mientras él sonreía, alzaba un shot de tequila al aire antes de ser digerido, y recibía con su otra mano una tarjeta de su clienta y la servilleta doblada de otra.
Sonrojada, desvió su atención hacia otro punto del restaurante, tratando de hacerlo parecer como si sus vistas se hubiesen encontrado por mera casualidad. Pero le fue difícil, aunque las personas seguían entrando y saliendo del lugar mientras ella trataba de atenderlos lo mejor que podía, no dejaba de sentirse irritada.
—Oh, hasta que contrataron a una chica hermosa por aquí —Un cliente la halagó mientras esperaba al chico del estacionamiento para que sacara su carro.
Ella puso atención y agradeció con una sonrisa tímida—. Gracias por los halagos, espero que haya tenido una muy linda cena.
—Sí, la tuve, y más con la vista que tuve enfrente de mí —insistió el señor de traje gris con hacerle plática y apenándola cada vez más con sus comentarios—. Vendré más seguido. Eres toda una maravilla.
—Creo que si yo decidiera venir a un lugar como este sería por la comida y no por ver a alguien… o conversar con alguien —conmemoro riendo y esperando que el barista la escuchara, mientras acomodaba algunos mechones de su cabello negro detrás de su oído.
—Vendré hasta que me canse de esa sonrisa dulce que tienes…
Ella sonrió y le despidió cuando su coche llegó afuera del establecimiento. No estaba acostumbrada a recibir halagos tan directos, pero no se había incomodado en la forma como los había dicho el señor.
—Oye, Kaoru.
Tae se acercó disimuladamente extendiéndole varios menús que había recogido de las mesas. Ella era otra de las meseras de ahí junto a otros tres que se acercaron a ella.
—Te he visto mirar a ya sabes quién varias veces, pequeña, y mi consejo es que te alejes, no tienes oportunidad…
Bueno, con esa frase no sabía si sentirse ofendida o agradecida porque se estaban preocupando por ella. Alzó su dedo índice para protestar en contra de lo que le decían y aclarar que para nada estaba interesada en es petulante, según ella. Pero fue interrumpida por una segunda empleada.
—¿Ya vieron con quien está platicando, Himura? —La rubia de camisa negra ocultó su dedo entre ellas y señaló hacia la barra—. Esa tipa ha venido varias veces preguntando por él, pero él nunca la atiende. Siempre se la deja a cargo de Tsubame, la chica que le ayuda algunos días.
Ambas meseras comenzaron a balbucear entre ellas, ignorándola totalmente.
—Pero si esa clienta es hermosa… ¡Cómo se atreve ese Himura!
—Ya sabes cómo es él. No habla con cualquiera.
—Con casi nadie, has de decir… —Tae pausó recordando varias otras noches donde sus memorias le decían lo contrario—… Em retiro lo dicho, tienes razón no se ve con cualquiera.
Kaoru, quien había comenzado a limpiar los menús paró de hacerlo, curiosa de lo que se estaba platicando. ¡¿Acaso ese Kenshin era de la vida fácil?! Negó con la cabeza por andar fantaseando con cosas como esas. En su lugar, se dispuso a ser partícipe de la conversación para sacar más detalles.
—¿Qué quieren decir con que no se va con cualquiera? —Preguntó Kaoru con cara de susto. Estaba un poco angustiada e inconscientemente volteando hacia donde Kenshin platicaba con una castaña sumamente hermosa. Su mirada parecía ser solo para ella, incluso su sonrisa parecía encantar y hechizarla hasta a ella que solo le miraba desde lejos.
—Ay, cariño… —Tae la tomó del brazo y la haló para que dejara de verlo—. Él es un hombre fuera de las ligas de cualquier mujer normal. Aparte de que es muy reservado, engreído y una infinidad de calificativos -incluyendo su sexy trasero…- es un hombre que sale con lo mejor de lo mejor.
—¡Sí! —Mika la otra mesera se unió nuevamente a la plática—. Hemos tenido a mujeres hermosas y ricas a las cuales las ha rechazado. Viene preguntado por él y salen con el corazón roto. Y ni que decir con simples mortales simplonas como tú y como yo. ¡Más rechazadas!
—Vaya, entonces es muy popular… y muy especial al escoger mujer, ¡huh! —concluyó la de ojos zafiro sintiéndose más aliviada tras escuchar eso, y, sorprendida de que en esa realidad su tímido Kenshin fuera un rompecorazones en ese mundo paralelo.
—Demasiado, para el gusto de las demás mortales —bromeó Tae, antes de mirar hacia atrás sólo para confirmar que la mujer al fin tenía su atención.
Las tres chicas rieron despacio.
—Pero… —dudó Kaoru en hacer la pregunta del millón y la cual le daba miedo que le afirmaran—. ¿Él... Ahm… cobra o algo así?
Ambas de las meseras se miraron un par de segundos y despues se echaron a reír.
—¿Qué quieres saber la cuota para ofrecer? —La rubia se burló, disimulando su risa.
—¡Por todos los Cielos, Kaoru! —Tae le dio un par de palmaditas en el hombro a su nueva amiga—. Entiendo tu ignorancia porque eres nueva aquí, pero él es socio de este lugar. Si esta aquí es solo por gusto y aburrimiento…
Kaoru entendió y asintió con pesar, al ser el nuevo objetivo de burlas de las otras meseras—. Y para conocer mujeres… —supuso.
Mika sustituyo las palmaditas de su amiga y golpeó levemente el brazo de la nueva empleada.
—¡Ha! Ese chico no necesita conseguir mujeres. ¡A ese hijo de la mala vida le llueven mujeres, aquí y en China! Que es otra cosa muy diferente —se cruzó de brazos ladeando el rostro para no volver a reír.
Ante esto la de ojos zafiro comprendió—. Así que te le declaraste y te dijo que no…
Mika no lo negó. Solo flexionó su dedo índice indicando que así había sido. Y es que la chica ni siquiera era fea. Su cabello ondulado y rubio complementaba su rostro de porcelana junto con sus ojos grises y labios rosas. Sus mejillas estaban espolvoreadas de un rosa opaco que resaltaban sus pómulos con gracia.
—También la chica que vino hacia un rato —señaló Mika con recelo solo para no ser la única expuesta por Kaoru.
La chica nueva volteó hacia la otra mesera que limpiaba una de las mesas. Su cabello era cafe oscuro y sus ojos del mismo color. También era hermosa y ni que decir de su cuerpo.
—Incluso lo hubiera hecho yo, si fuera soltera —Tae entró en las bromas, posando sus puños en sus caderas—. Si me hubiera esperado unos años, seguro que no estaría aquí platicando con ustedes… ¡mortales!
Todas rieron.
Con pesar, la de coleta alta volvió a mirarlas—. ¿Entonces, no sale con meseras, sino con gente rica? —Y para su desgracia ella que era granjera.
—No, no, no —intervino Tae una segunda vez—. Él sale con la que se le pega la gana, pero no con cualquiera. Lo he visto irse o pasear con chicas hasta más pobres que yo. Y eso que vengo en bicicleta al trabajo y pago mis muebles a crédito.
Las tres resoplaron y recuperaron su compostura cuando la tercera mesera, Sara, se les unió.
—¿Qué platican chicas?
—Nada, solo lo usual —contestó Mika alzando sus hombros y restándole importancia.
—Ah, ¿ya apostaron entonces?
Kaoru alzó su mirada cuando las otras dos meseras mandaron callar a su otra compañera de trabajo, tratando de que ella no se enterara de sus negocios… ilícitos.
—¿Qué? ¿No le han explicado a la nueva? Si ustedes dijeron que le advertirían porque la veían interesada en el bombón.
Tae resoplo, sacando un par de monedas y billetes y mirando a Kaoru con un poco de vergüenza—. Apuesto a que la rechaza.
—¿A quién…? ¡¿A mí?! —Se exaltó la recepcionista de falda ajustada dándose un golpe en el pecho con su palma abierta. Un poco indignada.
—No, tontita… la clienta que está seduciendo al biscocho… —Sara sacó otros 40 yenes poniéndolos encima de los de Tae—. Yo apuesto a que también la rechaza, ya van tres noches que viene y se va con manos vacías. Apuesto eso y que la otra clienta de ojos verdes le deja su número de teléfono. A pesar de verlos juntos. Tiene una cara de zorra que ni ella la aguanta.
—Ah, pues yo apuesto que la clienta empalagosa regresa a la salida por él… y, que la de vestido purpura también le deja su teléfono…
Las tres asintieron, mirando a Kaoru y esperando por su apuesta.
—Hermosa, este es nuestro secreto y así hacemos dinero extra. Es difícil que te dejemos ir… ahora que lo sabes —mascullo Tae juguetonamente y palpando la mesa impaciente al ver a una pareja entrar al bar.
—Pero no tengo dinero… —explicó Kaoru sintiéndose un poco confundida con las explicaciones de la actitud de ese Kenshin.
—Yo te presto —ofreció Mika algunos billetes que puso en la mesa—. Con tus propinas puedes pagármelo después.
Su cabeza comenzó a girar. Lo que hacían estaba mal, muy mal. Miró a Kenshin quien se veía demasiado entretenido con la clientela, de hecho estaba demasiado carismático.
Él alzó el rostro, presintiendo su escrutinio, y la observó un par de segundos dándose cuenta del interés con el que lo estudiaba. Luego, deslizó su vista hasta la mujer de vestido ajustado verde a la que le servía todos los tragos que le pedía, sonriéndole de una forma que muy bien sabia jamás le ofrecería a ella.
Kaoru volvió su atención hacia las chicas—. ¡Al demonio! Tengo que pagar la universidad y esta mendiga falda. Yo digo que se va con ella.
Las cuatro juntaron sus manos y guardaron el dinero despues de contarlo y antes de regresar a sus puestos de trabajo.
Un poco nostálgica, volvió a mirarlo mientras él la miraba sin ninguna clase de emoción por igual. Viró la mirada hacia otro lugar, ya no quería ponerle tanta atención si no lo merecía. Solo quería enfocarse en su vida y sacar lo mejor de ella.
Despidió a otro par de clientes con una sonrisa y así hasta que el lugar se quedó completamente vacío. Cuando estaban por retirarse, lo vio tomar sus cosas e irse por el otro lado de la calle sin ninguna clase de compañía y a pie. Él no le había explicado más, y ni se había despedido de ella, como era de suponerse. Caminó varios metros, parando y recibiendo a su lado a la misma chica que le acompañaba en el bar. Ella había salido de su auto para detenerlo.
Al principio Kenshin parecía no estar interesado en su compañía, pero tras varias líneas intercambiadas él comenzó a caminar con la chica siguiéndole el paso y sin ninguna clase de contacto.
—Qué raro —susurró ella. Por parte de la mujer, se había esperado un par de besos apasionados y alguna «violación» en público. Pero eso… había quedado demasiado corto con sus expectativas.
—¡Gané! —Mika sacó el dinero del frasco donde lo habían puesto y comenzó a contar frente a las demás—. Es decir, Kaoru y yo ganamos. Ricura se fue con la clienta.
—Ya, no hagas escandalo… seguro la rechaza al otro lado de la esquina y tu ya estas contando como una avariciosa —bromeó Tae.
—Chicas… ¿por qué ella se fue a pie? —Preguntó Kaoru interesada.
Las otras tres alzaron los hombros sin saber.
—Himura es un misterio que nunca llegaremos a entender. Menos tú, que pareces bastante interesada; tu sorpresa y preguntas apenas comienzan… pequeña.
—Lo sé… y no estoy segura de querer saber más —dijo Kaoru decepcionada, cogiendo sus cosas y echándose a caminar hacia la parada del autobús para regresar a su casa.
Y es que era verdad… no sabía lo que él estaba haciendo. Sus actos eran tan confusos que no lo entendía. Suspiró rendida. Debía aceptar su vida como ahora era y a las personas en ella. Y, si ese Kenshin era así no estaba segura de quererlo en su vida…
IV
Sus ojos pajizos se reflejaron en el vidrio del ventanal, observando su cuerpo desnudo en el mismo material. Luego, subió su vista enfocándose en la oscuridad de ese azul en el cielo.
—Como el color de sus ojos… —susurró Kenshin contemplando la constelación.
—Mmmm… me gusta la vista de tu departamento —La mujer castaña lo abrazó por detrás rozando su desnudo cuerpo envuelto en una sábana contra la figura de él—. Ven pronto… quiero que te ocupes de mí —solicitó con voz sensual mientras besaba su oído.
Él alejo su rostro para que ella dejara de besar su oído. En cambio, acarició los brazos femeninos que se habían enrollado en su tórax, estudiando la imagen en el vidrio con mirada vacía.
—Vaya que eres insaciable… pero ya no estoy de humor —confesó regresando su mirada hacia el cielo—. Puedes quedarte hasta la mañana si eso deseas… yo tengo que ir a dormir. Tengo varias cosas que hacer mañana.
La mujer se quejó pero no renunció al cuerpo desnudo y marcado del de cabellera rojiza.
Kenshin soltó un suspiro, un poco hostigado. Se giró rápidamente, tomando a la mujer de las caderas y alzándola hasta atorarla en sus caderas nuevamente. Desprendiendo en el proceso la sabana de su delgado cuerpo.
—Si insistes…
Y así ambos desaparecieron en la oscuridad de ese frio apartamento, mientras la luz de la luna que contrastaba ese cielo índigo bañaba la habitación.
Continuará…
Notas de autor:
