Capítulo 4
Llegó temprano. No miré el reloj pero creo que era antes de la hora que habíamos quedado. A lo mejor pensaba que tendría que pasar por la sala de espera. Si era así se equivocó completamente. Lo primero que hice fue preguntarle el nombre. Terri. Seguro que me acordaría.
La hice sentarse para poder examinar su boca, pero fue como si hubiese presionando un botón para hablar.
-Así que… hombre ocupado, ¿no? –me guiñó el ojo y entendí que no se refería a la falta de tiempo libre.
-Sí, me casé con una mujer fantástica hará cosa de un mes –como estaba atareado poniéndome los guantes no vi su expresión, pero si lo hubiese hecho habría podido descubrir la decepción en su cara. Esperaba que solo tuviese una novia de la que fuese fácil desprenderse- ¿Qué hay sobre ti?
-Esperando a mi hombre ideal –suspiró.
-¿Y cómo va la búsqueda?
-Dímelo tú –me dirigió una mirada divertida. No estaba seguro de si lo decía en serio o solo bromeaba. Me quedé un poco bloqueado sin saber que pensar, así que sonreí y me dispuse a cambiar drásticamente de tema a otro más profesional, pero ella se adelantó- En realidad estuve casada, pero mi marido me dejó por una compañera del trabajo. Se enamoró de ella. Una mosquita muerta –el odio que transmitían sus palabras me hicieron dar las gracias por no ser aquella otra mujer-. Resulta que llevaban mucho tiempo tonteando pero al final me hizo quedar a mí como la mala de la película. Por eso estaba esta mañana en el instituto. Me debe un pago.
-¿Cómo lo llevas?
-Estoy muy sola -se encogió de hombros pero supe que no le daba igual en absoluto.
-Lo siento –dije- Abre la boca –le pedí encendiendo la luz sobre el sillón. Con los dedos me ayudé a explorar su boca- Di "Ah" –empujé su lengua- Tienes empastadas las muelas de abajo, ¿verdad? –asintió con la cabeza porque le era imposible hacérmelo saber de otra forma- Vamos a tener que cambiarlos. Parecen viejos y pronto empezaran a fastidiar –quité los dedos e hizo un movimiento con la mandíbula como el que solía hacer todo el mundo.
-A lo mejor lo conoces o lo has visto por allí. Es profesor de español –retomó la anterior conversación- y además también dirige ese estúpido Glee Club. Le apasiona la música, ¿sabes?
No, no podía ser. Debía de ser otro hombre del que me estaba hablando. Pero era imposible. Si me paraba a pensar encajaba bastante bien. Pero es que me costaba creerlo. Por supuesto, Emma me había hablado de que se había divorciado porque su mujer le había engañado con un asunto de un bebé falso, pero es que no podía creerme que la chica que se sentaba ahora mismo frente a mí pudiese hacer tales cosas.
-Shuester.
Me miró sorprendida. Supongo que no esperaba que realmente le conociese.
-¡Sí! ¿Sabes quién es?
-Por supuesto. Quiere quitarme a mi mujer.
Como odiaba a ese tío. No podía soportar pensar en que podría estar intentando planear diariamente en el trabajo para atraer a mi Emma a sus brazos. Pero ella y yo teníamos un pacto de sinceridad y me lo contaba todo. Aún así, no podía evitar pensar algunas veces no me lo contaba todo. ¿Quién podía asegurarme de que no iba a suceder algo más como lo de "Toucha Touch me"?
-¿Estás casado con la pelirroja? –me dio la impresión de que iba a añadirle un montón de adjetivos más, poco agradables, pero se había mordido la lengua y lo había dejado ahí.
-Con Emma Pillsbury –asentí para que no hubiese confusiones, aunque todo estaba bastante claro.
-Entonces, Will… -lo dejó en el aire.
Ya no hablamos más mientras me ocupaba de sus dientes. Cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos. Shuester se había divorciado de aquella mujer para estar con Emma, pero ella había acabado dándole calabazas casándose conmigo. Wau, parecía un culebrón. Y ahora todos nos conocíamos. Bien, yo quería el guión del próximo episodio porque no sabía qué hacer ahora. ¿Me olvido de ella y hago como si no hubiese existido? Pero la regla número uno en mi consulta siempre había sido que no se desprecia a ningún paciente, independientemente de los problemas privados. Nunca me había pasado nada así.
Llegué a la conclusión de que ella no tenía la culpa de lo que su ex marido le fuese haciendo a las mujeres de otros. Incluso podría conseguir más información para quitármelo de encima.
No le dije nada de esto a Terri mientras le apuntaba una cita nueva para el lunes. No la culparía si no se presentaba. A lo mejor ya no le caía tan bien como me había resultado esta mañana. Normal.
Aunque cuando se fue, tuve la seguridad de que aquel no iba a ser el final.
