"Hay tanto que quiero contarte.

Hay tanto que quiero saber de ti.

Ya podemos empezar poco a poco.

Cuéntame, ¿qué te trae por aquí?"

(. . .)

Sakura le da un sorbo a su bebida mientras escribe con agilidad algo en el celular, Ino a su lado charla animadamente con Hinata, acto que llevan realizando desde que se han reunido, tratando de ponerse al día de la vida la una de la otra; la de hebras rosáceas también ha mediado palabra, pero se mantiene intermitente en la conversación. Las tres están ocupando lugar en una de las mesas al aire libre de una cafetería, misma ubicada en un estante de agradable decoración de aquel parque de diversiones al que han planeado asistir desde la semana pasada.

—Sí, y entonces Temari le dijo a Sakura... —Decía Ino, posando sus orbes azules en la figura de la última mencionada, fijándose de la poca, o nula, atención que ésta le está prestando a la conversación. Hinata y ella comparten una mirada de complicidad, y la rubia carraspea, para luego preguntar—. Sakura, ¿con quién hablas?

La aludida parece no escuchar, porque no responde.

—¡Sakura!

—¿Ah? —La pelirosa prácticamente estampa el móvil contra la mesa, al ser tomada por sorpresa ante aquel bramido—. Con nadie, con nadie, cosas de la universidad.

—Sakura se la ha pasado texteando con aquel chico. —Se entromete Hinata, sonriente, ya al tanto de la situación—. Naruto.

—¡Hinata! —Exclama la involucrada, viéndose traicionada.

—Lo sabía, le gusta, ¿no lo crees, Hina-chan? —Ino le da un sorbo a su bebida helada, bastante segura de su suposición.

—No es eso... —Sakura susurra, aún abochornada, mientras la mirada vuelve a descender hacia la pantalla del móvil. La ventana de la conversación en whatsapp sigue abierta y a medio darse. Es cierto que ha empezado a hablarse con Naruto desde hace varios días, tras ella haberle dado su número, era bastante obvio que tendrían que hacerlo; el joven fue el primero en mediar palabra, demorando sólo horas como mucho en enviarle el primer mensaje. Sakura al principio no lo reconoció, pero cuando vio la foto de perfil del de cabellera revoltosa (que era éste junto a un platillo de ramen) sintió una pequeña emoción invadirla. Ahora, puede aceptar, que ella y el joven han congeniado más que bien; él, divertido y elocuente, quizás hasta tonto, contrarrestando con su carácter fuerte, amable y risueño, ¡era una experiencia agradable! Sakura sabe que nunca ha tenido una relación similar con una persona del género opuesto, ya sea compañero de clase, y obviando a su padre, siempre mantuvo distancia de los chicos. No es que éstos le desagraden, en absoluto, simplemente nunca surge... dicha conexión. Y aquello lo ha encontrado en Naruto... ¿podría él convertirse en su futuro mejor amigo? La mera idea la emociona como a una niña pequeña, mismo motivo por lo que trata de caerle bien en cada mensaje que envía.

Ino pone los ojos en blanco.

—Okay, iré al baño un momento, ¿alguna me acompaña?

La rubia se levanta de su lugar, secundad por Hinata, quien se ofrece a ir con ella. Ambas dejan a Sakura sin darle oportunidad a seguirlas.

—Pero no me dejen sola... —Susurra ésta, en un puchero.

.

.

.

.

.

.

.

—¡Increíble! Te dije, Kiba. Este lugar es asombroso, ¡debimos venir antes! —Naruto no sabe qué observar primero ahora que finalmente han llegado. El Flores Paradiso, es el parque de diversiones temático al que lleva queriendo venir desde hace muchos días, y hoy, que es el penúltimo día en el que se quedan en su ciudad, el rubio no tuvo más opción de ponerse manos a la obra para arrastrar a sus amigos con él. Ignorando las quejas de Sasuke y Shikamaru, todos los demás accedieron de buena manera. Sai se entretiene tomando fotografías de personas en los juegos mientras susurra que le vendrá bien como referencias para sus siguientes dibujos, Kiba en cambio devora un poco de carne asada incrustada en palillos que ha comprado en la entrada, mientras que Shikamaru susurra su típico "qué problemático" sin prestarle atención a nada en especifico. Sasuke camina en silencio, algo atrás del grupo—. ¿A qué juego nos montaremos primero?

—Sigues siendo todo un niño, Naruto. —Sai le sonríe.

—¿Y eso qué? Déjame ser.

—Sí, claro.

—Aunque necesito ir al baño primero... —Naruto voltea a mirar a Sasuke con ojos rogantes. El morocho hice una simple mueca de disgusto.

—No. —Contesta al instante, adivinando los pensamientos del rubio—. Ve solo.

—¡Sasuke, por favor! ¡Me voy a perder si voy solo!

—¿Cuántos años tienes? ¿12?

—¡Pero...!

—Por dios... —Kiba suelta una carcajada cuando el Uchiha refunfuña, y rendido, empieza a caminar arrastrando a Naruto consigo, quien tras implorar con las manos juntas, se ve inmensamente feliz al lograr su cometido. A primera vista ambos no lo parecen, piensa él, pero su amistad de años los ha hecho dependientes el uno del otro. Naruto, quien siempre termina necesitando a Sasuke para todo; como un niño pequeño. Y por otro lado Sasuke... que sólo comparte las cosas que lo afligen o afectan de verdad únicamente con el rubio. Casi como una pareja de esposos, como solía molestarlos Sai.

—Shikamaru, Sai, ¡vamos a por más carne!

—Deberías agregar vegetales a tu alimentación, Kiba...

.

.

—¿Dónde se supone que está el baño? —Inquiere Naruto, mirando a todos lados.

—¿Y yo qué voy a saber? Este lugar es enorme... —El de ojos negros se mantiene caminando con serenidad, examinando desinteresado los estantes y a las personas riendo por todos lados. No ha amanecido con muchos ánimos ese día y siente el cuerpo tensionado, tampoco tiene mucho apetito y el olor variado de comidas o dulces por doquier le empiezan a causar ligeras náuseas. ¿Tal vez eran las secuelas del pelotazo en el estómago recibido de parte de Suigetsu en el partido de ayer...? Estúpido dientes de tiburón, actuando así solo para impresionar a unas cuantas chicas... ¿Es que todos sus amigos tenían 12 años? Cuando la mirada levanta, sus pies se detienen al ser consiente de la ausencia repentina de su amigo. ¿Cómo? Pero si ha estado allí hace sólo unos segundos, ¿dónde diablos está ahora?

Sasuke avanza unos cuantos pasos con prontitud por mero instinto, buscando alguna cabellera rubia que corresponda a su antiguo acompañante o algún letrero que indique el paradero de los baños sin éxito alguno. Naruto ha desaparecido de su radar como buen idiota que es. Espira, fatigado, pensando entonces en utilizar su móvil para localizarlo, pero sin dejar de inspeccionar a su alrededor. No hay de qué preocuparse, nadie va a secuestrar al tonto de su amigo o algo parecido. Además, ¿quién querría secuestrarlo? Seguro se hartaban y terminaban devolviéndolo antes de siquiera hacer la denuncia.

¿Sasuke? ¡Ah! Olvidé que podía localizarte por aquí, ¿dónde estás? Me perdí.

Sasuke escucha en su oreja la habitual voz cantarina de Naruto, quién espera una respuesta y cuestiona si es que realmente está allí cuando no recibe más que silencio desde la otra línea. El de cabellos negros tiene los labios entreabiertos y los ojos entornados, orientados en un sector determinado. Diestra, que sostiene el móvil, va descendiendo paulatinamente a medida que su boca vuelve a cerrarse y tenuemente comisuras curvarse. —Te llamo después, Naruto—. Es lo que balbucea, antes de darle al botón rojo que finaliza la llamada, dejando una oración del rubio a medio terminar. Ahora tiene algo más interesante en lo que enfocarse.

Ríe. ¿Acaso está mirando bien? ¿No es una alucinación? Porque de ser así... definitivamente ha encontrado algo mucho más curioso de la que hubiera esperado toparse en todo el día. ¿Qué le pasaba al mundo con sus bromas de mal gusto? ¿Era una indirecta, bastante directa, que le enviaban los astros? ¿Por qué de todas las personas tenía que coincidir allí con... ella? Sentada a unos metros de él, con los ojos semi ocultos tras su flequillo, con sus hebras rosas sueltas y sólo adornado con una cinta roja haciendo como cintillo. Con un bonito vestido verde, que, Sasuke podría jurar, es del mismo verde que del que sus ojos gozan. No está seguro en qué momento, ni por cuánto tiempo, pero se ha mantenido observándola sin mover alguno de sus músculos, estudiándola con un interés incomprensible. ¿Qué es lo que le hace mantenerse pegado a la tierra para apreciar a aquella muchacha? Además de sentir, de forma incomprensible, la pulsera en su muñeca más presente que nunca, como si ésta le ardiese contra la piel.

La pelirosa sigue estudiando la pantalla de su celular, ignorante de aquella mirada intensa que él le concede; sólo pasea su atención del móvil hacia el frente, buscando la llegada de alguien.

Está esperando a alguien, Sasuke cavila, reparando entonces en la soledad de la muchacha, y sin siquiera entenderlo aquel pensamiento capta su interés de sobremanera.

.

.

.

.

.

Sakura está empezando a desesperarse al ritmo que los minutos pasan. ¿A dónde diablos han ido a parar Hinata e Ino? ¿Acaso la han abandonado? Aquello era algo que podría esperar de la tonta de Yamanaka, pero de su prima... no había forma. Naruto tampoco se muestra en línea desde hace un buen tiempo, así que ya no tiene método de distracción. Suspira agotada con sus jades posados en su vaso de plástico ya sin contenido. ¿Debería pedir otra tanda? Se pregunta indecisa, pero el Espresso Macciato que antes ha ordenado la ha dejado más que satisfecha. Tampoco puede levantarse e ir en busca de ambas féminas sin antes pagar la cuenta. Espera. ¿Y si era una jugarreta para exactamente aquello? Hacer que cargue con todo. Ino Yamanaka, juro que si esto es cosa tuya te lo devolveré el doble, se dice a sí misma haciendo puños, y es entonces que una figura toma asiento en el lugar que antes ha ocupado Hinata, justo frente a ella, haciendo que inevitablemente se sobresalte y eleve la mirada.

—¿Pero qué...?

Sakura parpadea confusa, sin poder darse una explicación coherente ante lo que sus ojos contemplan. ¿Es ya... la tercera vez?

—¿Te han dejado plantada, pelirosa?

El chico de encantadores ojos negros la mira con ligero interés, y agregando un ápice de burla en el tono de su voz. Sakura no contesta, pero sus ócelos se mantienen expresando una mirada desencajada al muchacho.

—¿Qué haces tú aquí? —Prácticamente la interrogativa escupe.

—¿Que qué es lo que hago aquí? Vine a hacerte compañía, como ves.

Sakura se acomoda en su asiento, naturalmente incómoda y nerviosa. Tiene que convencerse primero a sí misma de que ésta no es una alucinación suya, de que dicho individuo está materializado frente de ella. Sasuke admira ésto y se aguanta una sonrisa.

—¿Es esta una coincidencia más? Porque siento que me volveré loca.

—Quizás. Vine con unos amigos a distraerme, y vaya sorpresa, te encuentro aquí. —Él desvía la mirada, más interesado en las personas que circulan por el lugar, como si no le resultara la gran cosa tal encuentro.

—Pero... —Sakura baja la mirada, contrariada, sin saber muy bien qué más agregar—. Yo... —Exhala—. ¿Sabes qué? Como sea. Estaba bien antes de que llegaras, así que no necesito de tu compañía, puedes dejarme sola.

—¿Esperas a tu novio? —El muchacho prescinde de sus palabras, e interroga de imprevisto—. Qué poco caballeroso hacerte esperar.

—¿Qué? —La fémina frunce el ceño, desconcertada con las erróneas suposiciones adversas y tiene que tragarse la risa burlona que está a punto de soltar—. ¿Pero a ti qué te importa con quién he venido? ¿Qué eres, mi acosador personal?

Sasuke no comenta nada por unos segundos, y en cambio se pasa la lengua por sus labios, de forma rápida y espontánea. Sakura aprovecha éste presto silencio para juzgarlo de pies a cabeza. Podrá ser un imbécil, pero, debe aceptar, el buen gusto lo tiene en la sangre; puntos extra por lo agraciado que es... Aunque tal vez por las miradas poco disimuladas de las féminas que pasan observándolo, es más que sólo "agraciado".

—¿Y qué de interesante podrías tener tú para querer acosarte?

Finalmente responde él volviendo a prestarle atención, mientras arquea delicadamente las comisuras de sus labiales, altivo. Sakura percibe aquel simple y mundano gesto como algo más que atractivo en el adverso, cosa que la enfurece consigo misma por siquiera notarlo.

—Entonces puedes irte, que de mi novio impuntual me ocupo yo.

Un brillo suspicaz surca los faros negros del de cabellos oscuros al escuchar la contestación, para luego encogerse de hombros.

—Vale, pero puedo hacerte compañía hasta entonces si gustas. ¿Te parece, Anzu? —Entonces enuncia éste, tomándola por sorpresa. Sakura está a punto de preguntar el por qué él la llama de esa forma, cuando cierto recuerdo se le cruza raudo por la mente. El día en el que ha ido a la biblioteca y se ha topado con él, su tarjeta de identificación falsa que le fue dado por Ino hubo desaparecido, resultándole imposible encontrarla por ningún lado. ¿Ha sido él? Él lo ha cogido.

—Mi tarjeta...

—La dejaste caer ese día. —Acota este, encogiéndose de hombros—. Por obvios motivos, no te lo puedo entregar ahora.

Claro, encuentro no premeditado.

—¿Me robaste algo más? ¿Dinero, un lápiz, una hoja de mi diario?

Él la observa casi ocurrente. —¿Tienes un diario? Qué infantil.

Ella se sonroja furtivamente. —¡Ese no es asunto tuyo!

—Por cierto, creo que aún no estamos a mano.

La fémina no comprende.

—Ya sé tu nombre, pero tú no el mío. Creo que sería un trato justo decírtelo.

—Hasta que al fin lo mencionas. —Sakura parece animarse un poco—. ¿Y entonces, cuál es tu nombre, señor misterioso?

—Te lo diré con una condición.

Sasuke no sabe con perfección qué es lo que está a punto de hacer, las palabras que de sus labios piensan brotar se sienten cual agua incontrolable, impidiendo que pueda comprenderse a sí mismo. O tal vez tiene una idea, pero su orgullo aún no se lo permite aceptarlo. Siente la mirada expectante de la de cabellos rosáceos fija en él, esperando una pronta explicación a sus palabras. El morocho se pone de pie, cambiando su atención a la enorme noria que gira a la lejanía.

—Súbete allí conmigo y te diré mi nombre. —Pide.

Sakura queda muda.

A los lejos el click de una fotografía recién tomada se deja escuchar.

.

Sakura no recuerda el momento en el que aceptó la extraña oferta, suponiendo que la curiosidad fue más grande que su razón. Por un momento hubo olvidado a todo su alrededor, enmudeciendo el sonido exterior y lo único que escuchaba era el latir de su corazón inquieto. Aún no puede entenderlo, ¿qué hace con el culpable de su estado, ahora caminando delante de ella, bastante confiado de que efectivamente lo está siguiendo? Como sea, no es que se equivoque, a pesar de que se mantenga preguntándose a sí misma el por qué de su torpe cooperación. Desde allí lo ve alto, delgado y con un magnetismo que impone a cada paso que da; hasta es sencillo pensar que éste pertenece a algún tipo de familia adinerada, coincidiendo muy bien con su complicada personalidad. ¿O tal vez una especie de príncipe arrogante? ¿O peor aún, un patán que iba tras su virginidad? ¿Cómo podría saber que era virgen?

Sakura cierra los ojos cuando el morocho para su andar súbito, como consecuencia chocando contra la espalda masculina.

—¿Qué demonios? —Reclama ella, con la mano sobre su repentina adolorida nariz.

—Ya llegamos. —Responde éste, con simpleza, y admirándola de reojo.

La pelirosa levanta la mirada entonces, encontrándose con el enorme juego mecánico a una escasa distancia de ambos. Es alto, bastante alto.

—¿Te dan miedo las alturas? —Lo escucha preguntar.

—Por supuesto que no.

Sasuke entrega las entradas anteriormente compradas al joven encargado cuando llega el turno de subirse a la noria. Ella sube primero y él la secunda.

El juego empieza a moverse cuando todos los lugares están ya ocupados, cosa fácil, teniendo en cuanta que sólo se permiten a dos personas por cabina. Sasuke se acomoda cerca a la ventana, notando por el rabillo del ojo que su acompañante lo hace también frente suyo, mientras sus ojos se entornan a cada minuto que la cabina se eleva más. La de hebras rosas parece maravillada.

—No puedo creerlo, desde aquí se puede ver todo el parque. —Comenta ella, posando las manos sobre el cristal de la ventana—. Aunque sería más bonito de noche...

—¿Por qué no se lo pediste a tu novio, entonces? Que te trajera luego.

Sakura le da una corta mirada fastidiada, antes de volver su atención al paisaje.

—Lo diré de una vez para que dejes de molestar con eso. No tengo novio. —Confiesa, con un pequeño puchero al final—. Vine con mi prima, a la que también casi atropellas ese día, y mi mejor amiga.

Sasuke siente que el peso imaginario sobre sus hombros disminuye, ¿está aliviado de saber aquello acaso? Imposible.

—¿Algún día dejarás de mencionar lo del casi accidente?

—No. —Ella le saca la lengua en un gesto infantil y Sasuke tiene que contener sus ganas de agarrarla por las mejillas y zarandearla, pero en cambio eleva su zurda hacia su cabeza, para ordenar con desinterés sus cabellos.

La joven lo contempla sin poder evitarlo y queda estática en su lugar cuando cierto destello capta su atención.

—¡Esa es... mi pulsera! —Recrimina de pronto, haciendo que Sasuke espabile, dirigiendo luego su orbes hacia la esclava que rodea su muñeca.

—¿Tu pulsera? —Repite, mostrándose lo más desentendido que puede.

—¡Si! ¿Cómo es que tu la tienes?

—No sé de qué hablas. Ésta es mía, me la compré hace mucho tiempo. —Miente, con la suficiente sangre fría como para convencer a más de uno, quedando Sakura incluida en ese grupo.

—Oh... ¿es así?

—Sí.

—Lo siento entonces... —Susurra ella, apenada, para empezar a explicarse—: Es que yo tenía una igual a esa y la perdí.

—No me resulta novedad, en realidad.

Sakura rie sin ganas, bajando la mirada. Sasuke vuelve a hablar.

—¿Era importante para ti?

—¿Eh? No, no... Bueno, iba a ser un regalo para alguien más, alguien que conocí. —Ella sonríe sutilmente, un gesto poco importante, de no ser por el sonrojo que sus mejillas adornan, y el tono dulce con el que la oración recita.

El de hebras oscuras vacila, desviando la mirada y sólo pudo musitar un "Ah".

—Creo que el tiempo se agota... y tú aún no me has dicho cómo te llamas.

Sasuke vuelve su atención a ella.

—Anzu. —Él la ve tensarse cuando su nombre es pronunciado—. ¿Volveremos a vernos?

Ella ladea la testa.

—Es la tercera vez que nos encontramos, no estoy segura de si existirá una cuarta vez—. Expresa, con una sonrisa sincera—. Aunque claro, me sigues cayendo mal por lo del accidente.

Él se permite curvar las comisuras de sus labios, ameno.

—Entonces crees que no nos volveremos a encontrar.

—¿Tú sí?

Sasuke siempre había sido bastante escéptico ante cosas como el destino, él no era cómo Naruto, romantizando toda situación sin prever la posibilidad de salir lastimado o como el perdedor de la misma. Él no se ponía a pensar que si todo es obra del destino, entonces por simple regla ellos tendrán que encontrarse nuevamente, y otra ocasión más después de esa, no, él no confía en esas cosas. Él sujetaría las riendas de su vida, él sería el quien maneje... no cualquier otra cosa omnipresente.

Él atraparía esta oportunidad con sus propias manos.

—Intentaré que así sea.

.

.

.

.

.

.

.

.

—Sakura Haruno, si no apareces en este preciso momento, juro que romperé en pedacitos tu libro favorito y luego lo quemaré con mucho gusto. —Amenazaba al aire una enfurecida Ino mirando a sus costados con filosa decisión. Hinata camina tras ella con las manos sobre el pecho y las mejillas ardientes, notoriamente avergonzada por la poca discreción de la rubia que va por delante.

—S-Seguro tuvo una urgencia y no pudo avisarnos porque se le descargó el celular, Ino-chan. —Refuta ésta, tratando de calmar a la más alta.

—Ella tenía el móvil cargado al 100% antes de salir, tú y yo la vimos. —Ino no parece calmarse en absoluto mientras se mantiene caminando audaz, doblando de aquí para allá. Más que una molestia por el repentino desaparecimiento, lo que siente es preocupación, el miedo de que algo le haya pasado a su amiga, de que alguien la hubiese llevado sin que nadie se fijase. Quizás y está exagerando, como Hinata dice, pero cuando hubo preguntado a la señorita de la cafetería ésta había aclarado que un hombre más había pagado la cuenta (de las tres) y se había alejado junto a su amiga. Ino tiene los nervios disparados con cada uno de los pensamiento negativos que se le arremolinan en la cabeza— ¡Sakura Haruno!

¿Ino? —La rubia para en seco cuando la voz tan familiar de su mejor amiga pregunta por ella y la cabeza gira automáticamente. Sakura se encuentra sentada en una banca al costado a un puesto de helados y la observa sorprendida.

—¡Frente de marquesina! —Chilla ésta, inminente, corriendo al encuentro de la de hebras rosas. La envuelve en un abrazo tan apretado que hace a la adversa vaciar todo el aire reservado en sus pulmones. Al minuto Ino la suelta para estudiarla, con Hinata suspirando aliviada tras ella.

—Sakura-chan, ¿dónde te habías metido? —Cuestiona la de hebras azules, sentándose junto a su prima y colocando una mano sobre su hombro.

—Es cierto, Sakura, ¿dónde estabas? ¡Estuvimos buscándote por mucho tiempo!

La aludida sonríe nerviosa, acomodándose un mechón de cabello tras la oreja.

—Como tardaban al regresar del baño fui a pasear un poco y me distraje... —Sakura frunce el ceño— ¡Es culpa suya por dejarme sola! Luego cuando intenté buscarlas no tuve suerte en encontrarlas.

Ino suspira, con una sonrisa en los labios. Para alegría de la pelirosa, ésta se ve más calmada por el hecho de estar nuevamente juntas, que curiosa por lo que hubiera estado haciendo todo el rato desaparecida.

—¿Por qué tardaron tanto tiempo en el baño? —Sakura vuelve a proferir.

Hinata e Ino se dan una rápida mirada antes de volver su atención a ella.

—Tuvimos un interesante contratiempo... —Declara la rubia, insegura. —Nos encontramos con el rubio.

—¿Rubio?

Para Sakura no pasa desapercibido el sonrojo y la mirada baja de Hinata a su lado.

—Naruto, tu amigo.

—¿Qué? —La pelirosa entorna los ojos. —¿Naruto estuvo en el parque? Diablos, hubiera querido topármelo.

Ino ríe.

—Es un chico adorable... pero niñas, la luna está empezando a salir, debemos irnos para preparar nuestra fabulosa noche chicas.

Hinata se pone en pie mientras asiente, sonriendo ligeramente, a la par que sujeta del brazo a Sakura, arrastrándola.

Aparentemente ninguna de las acompañantes nota cuando Sakura voltea la cabeza hacia atrás buscando la figura de alguien entre la multitud, y al no encontrarlo devolver la mirada al frente. Aparentemente, porque Ino arquea una de sus cejas cuando advierte ésto.

.

.

.

.

.

.

.

.

(. . .)

"Podríamos decirnos cualquier cosa.

Incluso darnos para siempre un siempre no.

Pero ahora frente a frente, aquí sentados,

festejemos que la vida nos cruzó".

Julieta Venegas - Andar conmigo.

.

.

.

HUHUHU. No sé qué agregar a este punto. (?)