DISCLAIMER: Los personajes del anime y el manga Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki y Toei Animation. Yo solo los tomo prestaditos para jugar a que les doy finales felices.
Amigaaas, mil gracias por recibir bien esta historia, aquí les dejo el penúltimo capítulo, donde las cosas ya se empiezan a poner un poco fogositas pero ante todo no olvido que esta historia es clasificación T, por lo que el siguiente capi tendrá un one shot aparte más específico y para mayores sobre el desenlace ;) Ok, para no ofender la susceptibilidad de nadie.
Por otro lado, agradezco a Nelly, Stear's Girl. Adinag1, Comolasaguilas40, Smilefan, así como a quienes siguen esta trama en chiquito, por todo su apoyo, gracias amigas, son especiales. Las quiero =)
Capítulo IV
Sin querer saber los pormenores de lo ocurrido en la fiesta después de que la abandonara ni lo acontecido en la relación de Stear y Patty, Candy decidió perderse la semana siguiente, excusándose de estar demasiado ocupada en su trabajo y sus compromisos ante las peticiones de reuniones que le hicieran del grupo.
Más una de esas noches cuando se disponía a descansar, movida al fin por la curiosidad se puso a ojear las misivas enviadas por Annie que no había tocado desde que recibiera y dentro de ellas encontró una frase que le llamó la atención:
"Patty rompió con Stear. Ambos dicen que no hay vuelta atrás, que es una situación irreconciliable"
Enterarse de aquello no la sorprendió del todo pues era algo que intuía después de haber recibido el día siguiente a la fiesta una carta de la misma Patty en la que le expresaba lo decepcionada que se sentía de ella, así como de su suerte por ser tan infame al haberle permitido conocerla y llegar a considerarla una amiga… Sus crueles palabras la habían dejado por el suelo, era cierto, pero no por eso había dejado de responderle, deseándole a diferencia de ella, lo mejor, pues siempre la consideraría como una de las mejores personas que había conocido.
Patricia O'brien no tenía la culpa del fracaso de su relación, era solo una víctima del confundido corazón de Alistear Cornwell… otra persona a la que jamás podría odiar.
Ofuscada ante el caso, sabía que tarde o temprano iba a terminar encontrándose con él aunque en esos momentos lo estuviera evitando y por eso mismo procuraba todos los días darse ánimo y valor frente al espejo.
El esperado encuentro ocurrió un lunes a la hora de salida de su trabajo.
Después de dejar cerrando el consultorio, Candy se puso de camino hacia su casa acortando camino por el pequeño parque que se encontraba en las cercanías, como acostumbraba a hacer…solo que no contaba con hallar a Stear pensativo, sentado en uno de los columpios con los brazos apoyados en las piernas y haciendo girar un pequeño ramo de flores entre las manos.
Cuando él al advertir su presencia fijó su mirada llena de ternura en ella, Candy comprendió que la estaba esperando.
Al verla acercarse, Stear se levantó enseguida sin poder disimular la emoción, había transcurrido muchos días desde la conversación tan íntima que tuvieran y la había extrañado como un loco, en esos momentos le parecía aún más hermosa de como la recordara.
En cuanto ambos con cierta timidez llegaron frente a frente, él le entregó el bouquet de flores, detalle que Candy apreció.
-Gracias Stear, es muy tierno de tu parte- dijo aspirando el agradable aroma de rosas y claveles del arreglo floral.
-Me da tanto gusto verte- confesó él - te extrañé-
Candy bajó la mirada sin saber que decir pero enseguida él inició una conversación para que no se sintiera incómoda.
-Y...¿cómo te ha ido?- preguntó comenzando a caminar a su lado, dispuesto a acompañarla hasta su casa.
-Bien ¿y a ti?- profirió Candy, aún sabiendo que era una respuesta simple y tonta porque los nervios la traicionaban, mas Stear no se sintió desanimado
-¿Qué tal te va en la Clínica Felíz?- agregó haciéndola empezar a retomar la confianza, al verlo realmente interesado por su vida.
-Me siento a gusto y tranquila allí para qué, aunque el sueldo es menor que en el hospital...sin embargo siento que con aquella atención personalizada logro establecer una relación más estrecha con las personas que atendemos...en especial con los niños y aquello me hace sentir conforme...más altruista, no sé- le contó. Él sonrió al oírla.
-Te entiendo- dijo con las manos en los bolsillos y la mirada en el horizonte, en sus anhelos- es lo mismo que siento cuando empiezo a crear un nuevo invento y pienso en ayudar a la humanidad...solo que aún no logro perfeccionarlos-
-¡Pero no debes darte por vencido nunca!- Candy se apresuró a decirle con su habitual entusiasmo-Posees un magnífico talento y una inteligencia increíble, es un potencial que debes aprovechar- le recordó. Stear le dirigió una mirada de profundo agradecimiento y cariño por creer en él que a ella le hizo sentir mariposas en el estómago, teniendo que desviar enseguida la cara -¿Y has pensado en seguir estudiando?- agregó volviendo a concentrarse en el camino, cambiando el tema.
-Tengo una oferta para continuar trabajando en el Ejército en el "Departamento de Inventos para la Defensa Nacional", eso me permitiría estudiar dentro del Organismo y hacer carrera... estoy pensando en aceptarlo o no...- contó él pero entonces Candy se sobresaltó
-¡No puedes hacer eso! ¡Es peligroso!, en cualquier momento puedes enviarte al frente de nuevo, se ha oído casos...no sabemos cuándo terminará esta cruel guerra...por favor- trató angustiada de disuadirlo
-Está bien, también tengo otros planes como seguir Ingeniería aquí en la Universidad de Chicago y formar una familia- comentó Stear lanzándole una indirecta, contento de saber que se preocupaba por él. Candy se sonrojó un poco pero se sintió después de todo más tranquila.
-...Es lo que la tía abuela querría- mencionó enfocándose en el frente, sin mirarlo, avergonzada de dejarse descubrir así, más Stear era paciente y no deseaba forzarla a nada, respetaba su espacio y quería darle tiempo para decidirse. Así que citando otros temas la acompañó tranquilo durante el resto del camino, haciéndole saber que en él aparte de un hombre enamorado tendría siempre un amigo en quien confiar.
El uno al lado del otro recorrieron las calles solitarias de aquel viejo barrio embebidos en conversaciones sobre sus vidas, sus trabajos, sus experiencias de los últimos meses, sus sueños y proyectos. Candy sintió por ratos como si hubiese vuelto los tiempos del colegio cuando existía esa camaradería tan natural entre ellos que ayudaba a que sus días fueran completamente felices.
-…No recuerdo nada de lo que sucedió después de que aterricé herido con el paracaídas, solo sé que no quería morir...quería volver a ver a mis seres amados y realizar los planes que tenía pendientes...me aferré a aquello y sobreviví- Stear terminó de relatarle en el momento en que se detuvieron cerca del edificio donde vivía ella, cuya fachada se quedó observando con nostalgia después de no haberlo visto en mucho tiempo.
Candy guardó silencio un momento pensando con algo de tristeza en que tal vez él aún tenía presente a Patty.
-Stear...yo siento mucho lo que pasó con Patty...ya me enteré- apenada le comentó
-Aquello fue algo que no podía ser...- Alistear confesó sin complicarse, mirando al vacío -…tan solo un amor de adolescencia que se terminó. La estimo mucho, no lo niego, Patricia es una excelente persona pero no la amo...-
Un instante antes de que lo dijera Candy había sentido que podía morir de la tensión, sin embargo el saber que él ya no sentía cosas por Patty la tranquilizaba aún cuando se reconocía egoísta.
Estar en presencia de Stear le hacía sentir confundida, algo insegura. Sabía que él se moría porque le diera una oportunidad, una esperanza para seguir, pero en el fondo no estaba convencida de que aquello fuera lo correcto tan pronto para los dos que recientemente habían logrado salir de relaciones complicadas... Le gustaba muchísimo era la verdad, pero también tenía miedo...temor de enamorarse y de salir lastimada otra vez.
Stear vio la lucha interna de ella por abrirse, por lo que se propuso suavizar el momento invitándola a cenar, lo cual era parte de su objetivo esa noche.
-Candy ¿Te gustaría ir a merendar conmigo comida italiana? Sé de un buen restaurante- se sentía tímido y nervioso como un niño ante ella pero aún así se había armado de valor para pedírselo. Candy se perdió durante unos segundos en la dulzura que irradiaban sus ojos y no se pudo negar como hubiese preferido.
-...De acuerdo- expresó -Pero primero subiré a dejar mis cosas e iré por un abrigo, ¿me esperas?- le pidió, alzando la agenda con informes que llevaba con ella más el bouquet de flores que le obsequiara, para que lo recordara
-¡Claro! ¡Todo lo que quieras, no me moveré!- expuso él aliviado de no haber obtenido un rechazo, sin poder disimular su emoción, haciéndola inevitablemente sonreír y sonrojar.
-En ese caso ya regreso- profirió Candy volteándose también ilusionada y encaminándose hacia el inmueble, no obstante, al pasar cerca del kiosco de periódicos y revistas que estaba al lado, observó sin querer un artículo en un diario que le llamó la atención:
"Terry Grandchester tiene un nuevo amor"
-¿Le interesan las noticias de farándula señorita? Esta noticia es reciente- comentó el vendedor incentivándola a comprar al verla acercarse. Candy no escuchó lo que decía porque en esos momentos toda su atención estaba fijada en la fotografía de su ex novio después de una exitosa función de teatro junto a una nueva coestrella. Una mujer de larga cabellera oscura, más exuberante y elegante que Susana y ella juntas…No comprendía que había pasado, se preguntaba que estaba sucediendo en su vida, si aquello serían tan solo rumores o realidad...pero luego caía en cuenta de que ella ya no tenía nada que ver con él, que sus caminos ya se habían separado sin marcha atrás aunque eso no evitaba que le invadiera la nostalgia al recordar el hermoso tiempo a su lado.
-¿Te preocupa aún lo que ocurre en la vida de él?- la voz un tanto dolida de Stear detrás de ella la trajo de vuelta a la realidad, había estado pendiente de todo, por lo que solo pudo dirigirle una mirada triste como respuesta al voltearse
-Entonces es cierto, aún lo extrañas...¿le escribes?- Él no quería ser así, no quería demostrarse celoso pero no podía evitarlo. No quería saber de Terry, mucho menos que la buscara, no podía concebir que volviera a estar cerca de ella o que la tocara, no quería que apareciera...-Lo siento Candy...- dijo al fin dándose por vencido inevitablemente en su interior ante un fantasma que no estaba seguro a ciencia cierta de si existía, pero en el cual la tristeza de amor reflejada en los ojos de ella le había hecho creer -...de pronto recordé que tengo un proyecto que hacer para mañana y debo ponerme a trabajar en eso-
-...Stear...lo siento- intentó disculparse Candy pero él movió la cabeza para hacerle saber que no hacía falta que lo hiciera
-Te veo en otra ocasión Candy- resolvió dando media vuelta para empezar a alejarse, sólo que no había dado dos pasos cuando sintió un molesto dolor en el hombro derecho donde había recibido el impacto de bala en batalla, obligándolo a encorvarse.
-¡Stear!- gritó Candy corriendo asustada hacia él para socorrerlo
-Estoy bien Candy, ya me pasará- expresó el joven militar para calmarla aunque su rostro colmado de dolor denotaba lo contrario, por suerte Candy era testaruda y no le creyó.
-Debes ir a casa a descansar y yo debo revisarte- resolvió como toda la profesional que era. Sin decir más o hacer caso a sus objeciones quiso que se apoyara en ella pasándole el brazo por sus hombros y detuvo un taxi.
Aunque casi ninguno de los dos cruzó palabras durante todo el camino hacia la mansión, Stear por resentido y ella por sentirse culpable, la tensión de una desavenencia sin saldar se percibía entre ambos...algo que ni el cruce de miradas furtivo ni el roce de sus manos sobre el asiento sin querer, que a la final ambos esquivaron, pudo romper.
Una media hora después, habiéndose detenido previamente en una farmacia, arribaron a la casa Ardley. Nadie se extrañó de verlos llegar juntos pues después de todo Candy era otro miembro de la familia, solo que en esos momentos no se encontraba presente ninguno de los dueños. Archie por encontrarse realizando sus pasantías laborales referentes a su carrera de Economía y Negocios en sus propias empresas y la Tía abuela por haber salido a una importante reunión de la cual no regresaría hasta bien entrada la noche, cosa que por un momento la puso a pensar a Candy en si estaba haciendo lo correcto o no al ir allí.
-No debes hacerlo si no quieres- argumentó Stear disminuyendo el paso mientras se dirigían a su habitación para que ella pudiese cambiar de opinión si quería respecto de revisarlo, no obstante Candy respondió:
-Jamás me perdonaría el poder ayudarte y no hacerlo-
De no muy buena gana Stear abrió la puerta de su cuarto para que ingresaran y se tumbó de espaldas en su cama exhausto, un momento a descansar. Candy se dejó deslumbrar entonces por todo lo que allí encontró.
Era la primera vez que ponía un pie dentro de los dominios de Stear y se impresionó del orden y pulcritud que reinaba en el lugar a diferencia de lo que creía, teniendo en cuenta que Stear era un amante de la ciencia e invenciones. Al final entendió que su tranquila personalidad concordaba perfectamente con sus personales hábitos.
Candy observó las estanterías llenas de libros de variados temas como física, química, matemáticas, ciencias naturales, geografía, también literatura, en especial novelas de ciencia ficción, reparó en sus revistas de invenciones, en las carpetas llenas de planos de proyectos o en sus inventos pulcramente ordenados en las repisas y arreglados por nombre, los sueños de toda una vida y no pudo más que admirarlo por tener el coraje de arriesgarse a perseguirlos.
-Creí que te deshacías de los inventos que fallaban-comentó tomando con cuidado el barquito mensajero que un día les presentara en el colegio y que ella misma había colaborado por sus despistes a dañar.
-Me gusta tener un recuerdo de ellos, así si algún día se me ocurren ideas para perfeccionarlos no tengo que empezarlos de nuevo... esta pequeña colección es de mis preferidos pero tengo más guardados en mi taller junto a la cochera- le contó
-Es impresionante- opinó Candy maravillada
-Gracias- expresó él de corazón
Ella entonces sin distraerse más, se acercó al escritorio para poner encima el medicamento que había comprado y empezar a prepararlo. Ninguno de los dos se ocupó en cerrar la puerta pues no creyeron que fuera necesario.
-¿Desde cuándo posees esa pasión por inventar cosas?- Candy no se contuvo de preguntar, quizá la interrogante más relevante dirigida alguna vez hacia él.
-Creo que es algo que nació conmigo- respondió Stear sin complicarse -el amor por la ciencia es algo que me acompaña desde que tengo memoria...quizá proviene de mi padres que son profesores...-
Candy percibió la melancolía en sus palabras, conocía que sus progenitores ejercían un cargo importante en una Universidad Asiática por lo que tenía años sin verlos...comprendió lo duro que debía haber sido para él crecer sin ellos y se identificó con su soledad. Su paladín era también un solitario como ella... Decidió cambiar entonces el tema para no crear un ambiente triste y se enfocó en los juguetes de aviones, réplicas de madera a escala que yacían colgados del techo al fondo de la habitación.
-Siempre has sentido pasión por volar…¿verdad?- mencionó, recordando la fascinación con la que había contribuido a reparar el avión de Terry durante las vacaciones en Escocia, en el colegio.
-La sensación de volar es algo que no te puedo explicar Candy...- argumentó él, olvidando a totalidad su anterior enojo o su repetina sensación de tristeza y comenzó a relatarle, concentrándose en la atención que ponía ella en cada cosa, procurando satisfacer su curiosidad - es algo casi mágico, percibir el viento soplando hacia ti, rodeándote... el sentir que elevas tu alma entre las nubes y te vuelves parte del cielo...esa libertad...- expresó casi en un suspiro, en medio de añoranzas -...es algo que extraño-
Candy entonces se acercó hacia él sin dejar de sentirse impresionada pero procurando disimular con toda la fuerza de su voluntad para no caer en el efecto de atracción que ejercía sobre ella, como si fuese un imán.
-Tómate esto por favor- solicitó, pasándole una taza con una medicina -funciona como una aspirina, para calmar el dolor- especificó. Stear no refutó nada, se incorporó en la cama y le obedeció, ingiriéndola toda como ella requería sin dejar de mirarla.
-Déjame ver- entonces Candy le pidió, estirando las manos delicadamente hacia su camisa, como pidiéndole permiso para empezar a desabrocharla. Él sin decir nada le ayudó y pronto quedó al descubierto su fornido torso, donde para variar no había herida alguna porque ya estaba cicatrizada...sin embargo, Candy no pudo dejar de admirarlo durante varios segundos.
-No comprendo...¿por qué te quejaste?- indagó después de reaccionar.
-Así es a veces, me duele, pero los médicos me dijeron que será hasta que el músculo termine de recuperarse- explicó él para que no creyera que la había conducido allí engañada
-Ok, déjame revisar cómo está eso- solicitó ella, sentándose a su lado para examinarle despacio el lugar de la herida -¿Quieres que le pida al Doctor Martin una consulta para ti?- preguntó
-No te preocupes...estaré bien- repuso Stear sin poder evitar que la melancolía de su frustrado amor por ella empezara a reflejarse en su mirada, lo cual Candy entendió como un grito adolorido de su alma que la reclamaba como único alivio. Aquello le hizo estremecer a profundidad, pero se obligó a sí misma a ser fuerte, volcando toda su concentración en su responsabilidad mientras continuaba examinando con su mano otras cicatrices más pequeñas que como anécdotas de guerra yacían esparcidas en el musculoso pecho de él...y la exploración hubiera continuado de no ser porque Stear le retuvo la mano sobre su corazón para que lo sintiera con claridad.
-¿Lo puedes sentir?...- le dijo respecto a sus latidos acelerados - es lo que me ocasionas-
-Stear...- Candy musitó, como siempre, conservaba esa habilidad para dejarla sin palabras
Él la vio dudar en sus sentimientos tal como aquel día en la estación de trenes, cavilar entre lo que debía hacer o no y decidió repetir entonces su dulce acción. Su hermosa boca cual fresa a la que no podía resistirse más, le tentó y preso de su impulsividad se inclinó para apropiarse de ella con la suya sin darle tiempo de reaccionar, brindándole con su demostración de amor la posibilidad de un porvenir junto a él, otro camino por el cual decidirse.
Candy no se lo esperaba, una vez más la pasión de Stear la atrapó, envolviéndola, desarmándola nuevamente como en aquella ocasión, haciéndola estremecer hasta los huesos...sus labios contra los suyos se movían con maestría, con devoción, con un ardor profundo, anhelante… con todo ese deseo contenido, ese amor frustrado que guardaba en su interior, que había conservado por años casi sin esperanzas de materializar… su alma percibió toda esa mezcla de sentimientos y aquello le embotó los sentidos provocando que a la larga no pudiera más que dejarse llevar, contagiándose de esa euforia, de esa desesperación, terminando por caer rendida entre sus brazos.
Stear jubiloso al sentirla corresponderle, le atrajo de la cintura juntando su cuerpo al suyo, acariciándole la espalda para que no estuviera nerviosa y fue disminuyendo un poco la intensidad en pro de pedirle permiso para abrirse paso con su lengua dentro de su boca, comenzando así junto a la suya una erótica danza.
Candy suspiró con sus besos, él la hizo sentirse en el cielo con los ojos cerrados, mas una vez que percibió que las cosas se estaban saliendo de control, que las caricias de Stear empezaban a volverse más descontroladas y fogosas, sus besos más acalorados al empezar a resbalar por su cuello rumbo al inicio de su escote y sus manos traviesas a buscar algún botón de su blusa para empezar a desabrochar, se obligó a detenerse haciendo un tremendo esfuerzo en su interior.
-Stear para, por favor, por favor- le pidió bastante aturdida
-Candy...- él solo pudo pronunciar su nombre agitado, extasiado por lo que de nuevo acababan de vivir.
Pero no era correcto, no allí. Ya no eran los adolescentes ingenuos llenos de ilusiones de antes. No, ahora eran adultos llenos de historias. La vida los había hecho madurar con rapidez… Un hombre y una mujer que de seguir allí sucumbirían a la tentación...Así que Candy con sensatez, logrando escabullirse de entre sus brazos, se levantó.
-Esto no debió ocurrir- dijo llevándose las manos a la cara abochornada y sin más tomó sus cosas para salir corriendo de inmediato de la habitación.
Continuará…
¡Gracias por leer!
Belén
