Capítulo 4 Corre Hayley Corre
Los dos mordedores se le abalanzaban, cuando escuchó disparos. Genial, ahora vendrán más, pensó. El mordedor con el que estaba forcejeando, aun tirada en el suelo, dejó de hacer fuerzas cuando un cuchillo atravesó su cráneo. El peso cayó sobre ella, ahora no podía moverse. Intentó quitárselo de encima, sin éxito.
- Hey, nena, ¿Cuántas veces te he dicho que no te metas en problemas? –dijo regañándola esa voz que tanto conocía y que ahora le aliviaba oírla.
- ¡Merle! –llamó la voz del Gobernador. – Se parece a ti. No la juzgues. –intentó bromear el hombre.
- Sí Merle, no me juzgues. –dijo en un susurro que solo él escuchó. Se sentía aliviada de haber sido salvada. - ¿Cómo me encontraron? ¿Y Hayley? –preguntó al no verla, a nadie en concreto.
- Crowley y Tim fueron por ella, la vieron correr de los mordedores. –le informó el Gobernador.
- Martínez, nos dijo que no habían llegado de la práctica. –dijo Merle halándola para que se levantase. – Muñeca, me tenías preocupado. –besó su frente. Ella lo codeó juguetonamente.
- Martínez, te debo una. ¿Cómo te puedo pagar?
- ¡Hey, yo te salvé! –Soltó Merle, estirando los brazos, incrédulo.
- Mikaela, -llamó el Gobernador- creí que sabias del toque de queda. –espetó acusadoramente.
- Sí… lo siento. Pero se nos hizo tarde. –vio como Merle se ponía incómodo. – Luego apareció el grupo de mordedores y…
- Está bien, solo ten más cuidado a la próxima. –sonrió. No muy convincente a los ojos de la joven.
- ¿Qué no entendiste de ser invisible? –le dijo en un gruñido a la chica cuando estuvieron apartados.
- Lo siento Merle, lo siento. –se disculpó hasta más no poder.
- ¡Mikaela! Que tal una cerveza esta noche y te quiero en mi esquina.
- Martínez… -decía subiendo a la camioneta.- Sabes que no me gusta eso… me parece estúpido.
- ¡Por favor! Tú dijiste…
- Ok, ok, yo y mi gran bocota. Iré a la arena esta noche. –vio como Merle subía al asiento del copiloto mientras el Gobernador estaba sentado en el asiento del piloto, viendo como Tim y Crowley venían con Hayley.
- No puedes apoyar a Merle… -le dijo al oído mientras pasaba su brazo izquierdo por los hombros de la chica.
- Hey, alto ahí… Martínez. Quita tu brazo de encima de Mikaela. Ahora. –ordenó Merle enfadado, Martínez hizo una mueca de inocencia levantando los brazos y se acomodó. – Buen chico, así me gusta. –sonrió complacido.
- Hayley, sube con Ela y Martínez. Crowley, Tim, ustedes suban a la parte de atrás. –asintieron y obedecieron.
- ¿Qué hay de las flechas? –preguntó Hayley.
- Que Martínez y Ela vengan por ellas mañana cuando haya luz. –dijo el Gobernador. – A ti te quiero practicando todo el día. Te quiero poner en uno de los puestos de guardia. –vio por el espejo retrovisor, Hayley sonreía como loca, y Ela que hacía tiempo pedía un puesto, se lo negaba. Tenía una cara de enojo, que hacia al Gobernador estar satisfecho con lo que había hecho.
• • •
Temprano en la mañana Martínez fue por Mikaela para limpiar el desastre de la noche anterior.
- Te ves fatal. –le dijo la castaña a Martínez.
- El maldito de Merle, aunque solo tiene una mano es un… hijo de perra. –soltó adolorido.
- Lo sé. –rieron, Mikaela se doblaba a recoger la flecha del cráneo de uno de los cadáveres de la noche anterior. - ¿Por qué crees que lo hace?
- ¿Qué cosa?
- El Gobernador, él no me quiere dar un puesto en las guardias. Soy muy buena. Tan buena como tú o Merle o Crowley o Tim o cualquiera otro, pero Hayley… ¿Hayley? Ella ni siquiera puede con su propio arco. No sabe usarlo. No le da ni a un tronco que este a un metro de ella. –dijo molesta, desesperada, extendió sus brazos hacia los lados y luego los dejó caer con pesadez.- Es injusto.
- Él sabrá porque lo hace…
- Sí, para fastidiarme.
- Mira, Ela es mejor que te mantengas con la Dra. Stevens y Alice en Woodbury y no quieras ser como nosotros, haces el bien con ellas. -se acercó a ella colocando sus manos sobre los pequeños hombros de la chica. – Aquí afuera… no solo hemos matado mordedores, sino que también a personas vivas. ¡Personas! Mikaela, ¿lo entiendes? No es fácil para ninguno de nosotros. No te condenes como nosotros. –ella asintió lentamente. Mikaela pensó que tal vez esa había sido la razón de porque Merle se había vuelto distante y raro.
- Bien. –Accedió. –Voy a dejar de insistir. –se encogió de hombros.
Él asintió.
- Cambiando de tema, ¿Qué pasó con Gargulio anoche?
- Ay, ni me lo recuerdes… -soltó exasperada. – Cree que tú y yo tenemos algo que ver. –rió mientras se alejaba a recoger más flechas.
- Ese chico es un tonto. –negó varias veces riendo.
Pasaron horas mientras recogían las dichosas flechas, hablaban y Martínez fuma. Un grupo de caminantes se les acercó, no era tan grande como el de la noche anterior, así que se deshicieron de ellos fácilmente. Martínez con su inseparable bate de béisbol y Mikaela con algunas flechas y su cuchillo.
- ¿Estaremos bien en el invierno?
- Sí, apuesto que sí. El Gobernador nos mantendrá a salvo. –la muchacha asintió. Ambos se dirigieron a Woodbury.
• • •
El frio invierno terminó, Woodbury no se vio tan afectado por él. La gente se dedicaba a cultivar y cosechar, los niños iban a la escuela, cada cual ejercía un oficio. Mikaela, Alice y la Dra. Stevens eran las encargadas de la salud de todos y de los suministros médicos. Había guardias, supervisores, carpinteros, etc., era una comunidad… real. Lo más cercano a normal. Martínez, por orden del Gobernador, reclutaba nuevos guardias, entre ellos estaba Gargulio.
- ¡No Gargulio! Definitivamente no. –expresó cruzada de brazos, molesta.
- ¿Por qué no?
- Eso es muy peligroso… -se negaba rotundamente.
- Mira… si es porque yo voy y tú no…
- No Neil, -le llamó de la misma forma en que Merle lo hacía. – no es por eso y lo sabes. –ahora si estaba molesta. – Es solo que no quiero que te manden a alguna misión y mueras, y me dejes sola. –dejó caer sus brazos, rendida. Ya lo había dicho, se preocupaba por él. Más de lo que quería, más de lo que debía. Como le decía el viejo Dixon.
- Estaré bien. –la abrazó y besó su frente. – Te lo prometo.
- Te amo. –dijo con su cara metida en el pecho del muchacho.
- ¿Qué? ¿Qué dijiste? –hizo que ella se separara un poco para ver su cara.
- Dije que… te amo. –volvió a repetir, esta vez en un suspiro. Le costaba admitirlo.
- Lo escuché la primera vez, solo quería que lo repitieras. –ella abrió la boca y los ojos, indignada. Le había tomado el pelo. Él simplemente rió. Ella le dio un golpe en el brazo.
- No es justo.
- También te amo. –volvió a abrazarla.
- No te dejes morder ni arañar ni matar, ¿entendido? –le aconsejó. – Vuelve conmigo. –pidió, pues era lo único que la ataba realmente al pueblo.
- Sí señorita. –le tranquilizó. –Regresaré solo para ti. –señaló feliz.
- ¡Hey! Gargulio, aléjate de la chica Dixon, o te las verás con Merle. –le gritó Martínez. Neil solo lo ignoró.
- Ese idiota. –murmuró.
- ¿Por qué te cae tan mal? –rió la muchacha.
- Porque pasa más tiempo contigo de lo que paso yo… por eso.
- Celoso.
- Sí, ¿y qué? –volvió a besarla. Sabía que ella era suya y le demostraba que él era solo de ella.
- Hoy Merle va a estar de guardia… -le informó.
- Te veo esta noche. –le guiñó el ojo.
- Julieta, ¿será que dejas a Romeo y te devuelves a la enfermería? El señor Coleman nos necesita. –le regañó la Dra. Stevens a la muchacha, que estaba bajo la sombra de un árbol hablando con su novio. Últimamente ambos estaban muy ocupados y casi no se veían y cuando por fin se veían, no había quien los separara. Excepto cuando de trabajo se trataba.
- Sí, sí ya voy… -dijo viendo a la mujer.
- Nos vemos en la noche. –le dijo Gargulio, le dio un último beso y se marchó.
- ¡Adiós! –le gritó en español. Él le hizo una seña con la mano sonriendo, perdiéndose de su vista.
- Te estás desenfocando, Mikaela. –le dijo Martínez que estaba cerca de ella haciendo la guardia.
- Cállate ignorante. –le sacó la lengua mientras se alejaba a paso rápido hacia la enfermería. Martínez solo rió.
¿Sería cierto? ¿Se estaba desenfocando? ¿Habría cometido un grave error al formar está relación con Gargulio? Mira, que muchas veces Merle se lo advirtió. "Ese chico solo es una atadura, tu condena a muerte. Nunca te ates a nadie. Así cuando alguien muera… no te dolerá.", le dijo en una de sus charlas nocturnas.
Lo cierto era que era tarde para Mikaela pues en su corazón además de Gargulio y su amiga Alice, Merle también se había colado. Sería difícil para ella reconocerlo al momento pero les quería a los tres como a nadie desde que la locura de los muertos vivientes. A excepción de aquel chico que la ayudó a sobrevivir hacía mucho tiempo atrás, en los primeros días del brote. Jensen.
Mikaela desde que había perdido a su familia reprimía el pensamiento del dolor que podría sentir al perder a sus seres amados. Intentaba solo sobrevivir.
