Hola a todos, disculpen el retraso he tenido muchos problemas, mi compu murio totalmente y me es muy dificil escribir el capitulo y subirlo, espero no tener que suspender el fic por estos problemas, digo, suspender mas no dejar incompleto eso jamas!

Me han encantado muchisimos sus reviews, y disculpen si no los contesto o si los contestos demasiado tarde es que insisto, no tengo computadora, pero apenas puedo los contesto, muchas gracias por seguir esta historia los adoro de verdad. ah y note que hay muchas dudas, tratare de serv más clara desde ahora, gracias una vez más.


Capítulo 4: ¡Empieza el juego!

Había olvidado lo enorme de esa mansión, lo tan grande que era, la imponencia de la que hacía gala, lo había olvidado, sus recuerdos de su anterior vida comenzaban a saltar de su baúl cerrado con tres candados.

Entro al lugar abierto por Hans el viejo mayordomo.

-¡Señorita Hinata!- dijo esbozando una sonrisa al verla al lado del rubio.

-¡Hola Hans!- contesto con el mismo gesto –en… veras, el señor Namikaze necesita entrar en calor- le dijo mientras ayudaba al rubio a sostenerse.

-¡claro!- dijo el mayordomo mientras ayudaba al rubio a entrar al lugar, lo cargo hasta el gran salón donde estaba la chimenea.

La Hyuga solo comenzó a recorrer el lugar despacio. Todo estaba exactamente igual, era como si nunca se hubiera ido, por un momento ese sentimiento la embargo, sacudió la cabeza saliendo de su trance.

Naruto se sentó en el sofá que estaba justo en frente de la chimenea recién prendida por el mayordomo, sintió su calor. Estaba congelado.

Ya Hinata estaba resignada a que esa noche la pasaría en su antigua morada, decidio ir a su habitación pero no sin antes de revisar que Naruto ya estuviera bien, le echo una mirada sigilosa y lo encontro absorto en sus pensamientos con una copa en la mano, al verlo estable decidio ir a encerrarse a su recamara a esperar la salida del sol para marcharse de ahí sin causar baruyo.

Se levanto luego de un rato y se dirigió a la puerta de la habitación de ella, entro sin tocar y desgraciadamente ella nunca tuvo la necesidad de ponerle seguro a la puerta. Abrió la puerta de roble macizo lentamente y… la encontró desabrochándose la blusa, ella al oír el sonido de la puerta dio un respingo y giro la mirada al ver al rubio petrificado bajo el umbral, enseguida se cubrió, su rostro estaba más rojo que un tomate maduro suerte que iba apenas por el tercer botón.

-lo… si…ento- balbuceo él a medias con un inmenso sonrojo muy difícil de disimular. Le había impactado ver un poco de la piel de su hombro descubierta.

Ella se sonrojo en extremo -¿podrías cerrar por favor?- le pidió girando la mirada.

-claro- dijo él. Entro y cerró la puerta detrás de sí.

-contigo fuera- aclaro tratando de no titubear.

-demasiado tarde… ¡ya entre!- dijo al ponerle seguro a la puerta y dejarla helada con la boca abierta de la impresión.

Había hecho demasiado en una sola noche, le estaba dañando los sentidos con agudeza, se sentía mareada cuando sentía su perfume chocar con su olfato, ese aroma en su camisa, ese aroma tan varonil le atrofiaba los sentidos y por un momento el aroma impregnado en su saco se había pegado en su cuerpo de ella, como si fuera él quien lo había dejado y ahora lo encontraba ahí en lo que era su antigua habitación, la que lo había sido por tres años, ella había pensado jamás volver a pisar ese lugar, más sin embargo ahora se encontraba ahí y él frente a ella cosa que jamás imagino, él nunca entraba a su habitación –jamás- y ahora estaban solos ahí.

Ella retrocedió un poco al ver que se le acercaba, había entrado a la recamara con una firmeza infinita en la mirada, con unos ojos tan diferentes que la dejaban helada, que le robaban el aliento, retrocedió tanto cuanto pudo, hasta que choco con el closet con el enorme armario y decidió actuar de manera trivial.

-¿que pasa?- le pregunto al abrir el closet y husmear en el con la cara coloreada de carmesí, había sido todo una odisea abrocharse la ropa, sus manos se habían tolondrado cuando sus ojos chocaron con los de él, trato de relajarse pero le era dificil, así que aún con la ropa abierta se giro dándole la espalda y esperar a que él se vaya.

El rubio se sentó en el borde de su cama mientras la observaba –Hinata- le llamo al posar el rostro en su mano de manera cautivadora y roba-alientos. -¿desde cuando usas faldas?- le pregunto al ponerse de pie y acercarse más a ella.

Se sonrojo pero le dio la espalda, estaba fingiendo buscar algo entre el montón de lo que era su antigua ropa mientras sus manos temblaban. Le sorprendio el que todo estuviera tal cual como lo había dejado la tarde que se fue, sentía que jamás se había ido que tan solo había sido un sueño, una ilusión.

Dio un brinco al escuchar su pregunta y lo cierto es que no las usaba por gusto, tenía que resignarse a lo que estaba en el closet que Tenten le había preparado y lo cierto es que la peliazul no contaba con mucho dinero, no podía darse el lujo de ponerse sus moños y aunque odiara las faldas cortas lo cierto es que no tenía otra cosa que vestir, Tenten siempre se salía con la suya.

-bueno… desde que vivo con Neji y Tenten- le contesto, ni siquiera sabía porque le contesto, no tenía porque hacerlo, no tenía porque darle explicaciones, si estaba varada ahí, era por su eterna estupidez de ella al dejar las llaves y también por su infinita testarudez del rubio. Trataba de no hacerse ilusiones, todo eso de la "reconquista" lo veía como una broma del rubio, una broma en la que juro no caer, sabía que no era linda, nunca lo había sido por eso no tenía pretendientes como su hermana menor, ella era un ratón de biblioteca en la universidad, el destino tan solo había querido regalarle un poco de felicidad al dejar caer a Namikaze Naruto en sus manos y esa felicidad había podido perdurar en un falso amor forzado, pero ella no quiso eso para él, no merecía sufrir solo porque era demasiado benévolo.

Sabía que las faldas no le quedaban por eso no las usaba. –lo se, lo se, no me queda bien, no tienes porque decírmelo- ella conocía al rubio y en las pocas ocasiones que lo veía, él se portaba tan frío con ella, jamás la había adulado –nunca- y eso no tenía por qué cambiar ahora.

-me gusta como se te ven- le susurro al oído. Ella ni siquiera lo había visto venir, solo sintió el contacto de su labios juguetear con la piel de su oreja.

Aguanto la respiración un instante, la voz se le fugo de los labios, no podía emitir sonido ni movimiento alguno.

-Hinata- volvió a llamar él, Ella no se inmuto. -¿vas a tomar un baño?- le pregunto al ver que tenía cogida la toalla entre sus manos con el semblante en shock.

-eh… si- le contesto sonrojada. Había mucho frío, su piel tenía una mezcla de sudor y estrés, había sido un día muy largo y quería tomarse un baño, un baño caliente que le quitara la helades del cuerpo.

-por favor, por tu seguridad, ponle seguro a la puerta- se alejo de ella.

Ella no entendió ¿seguridad? -¿por qué?- le pregunto ilusa y como dije antes, ella jamás se preocupaba por los seguros, nadie entraba a su habitación así que había olvidado que existían, nunca tuvo la necesidad de usarlos.

-es más- dijo el evadiendo su duda de ella –pon una silla contra la puerta- le pidió.

El rostro de ella estaba lleno de dudas –pero ¡¿por qué?!- pregunto inocente.

Él le sonrió –para que yo no pueda entrar- con las mismas dio la vuelta y sin mirarla otra vez salio de ahí –buenas noches- dijo al cerrar la puerta detrás de sí, habiéndola dejado perpleja y con la boca abierta.

Hinata se sentó un momento sobre la cama, su cabeza aun no carburaba lo que el rubio acababa de decirle – ¿que fue eso?- pregunto al sentir que su corazón aligeraba el paso.

El rubio se sentó sobre el mismo sofá donde la había encontrado el día que ella decidió marcharse, se encontraba tomando un poco de whisky mientras veía como el fuego se retorcía en la chimenea, estaba pensando tantas cosas, aún no sabía como hábilmente la había hecho volver a casa o al menos solo por esa noche, estaba pensando en el tiempo en la que se paso negándose que la extrañaba –que tonto había sido-

Y bueno no podía presionarla, le había prometido conquistarla y así iba hacer tenía que ser cuidadoso, le había hecho mucho daño además de que tenía competencia de parte de Kiba, no podía darse el lujo de asustarla, tenía que controlarse aunque tuviera ganas de lanzarse sobre ella y robarle miles de besos, los besos que nunca le había dado así que con su inutil autocontrol salió de ahí, de su habitación de ella, ahora por lo pronto le agradaba la idea de saber que le llevaba ventaja a Kiba aunque eso no importaba, lo importante es que ella lo seguía queriendo.

Él rubial sabía que ella aún no se tragaba aquello de la "reconquista" y se paso muchas lunas preguntándose como rayos ella se había enamorado de él, según él, no había hecho absolutamente nada para enamorarla, ni el menor esfuerzo. Sonrió para sí mismo, se sentía tan idiota, incluso le tuvo que pedir que le pusiera seguro a la puerta, quizás ella aún no lo percibía pero… estaba haciendo mucho esfuerzo al contenerse, un inmenso uso de autocontrol que él no sabía de donde lo había sacado.

Esa noche sabía que no iba a conciliar el sueño, su necio corazón no se lo iba a permitir sabiendo que ella estaba bajo el mismo techo y en otro tiempo le hubiera dado igual, pero en estos momentos se estaba reprimiendo.

Había hecho un trato con Kiba y bueno él sabía que el haber puesto aquella regla también recaía sobre él, pero era mejor así, al menos su palabra le ayudaba a aguantarse las ganas de robarle un beso, aunque empezaba a pensar en romper su palabra, había flaqueado:

Hace unos momentos justo como esta ahora estaba sentado, con el mismo vaso de Whisky en la mano, veía las llamas de la chimenea danzar, estaba muy cansado, pero no podía dormir, algo se lo impedía, el recuerdo de ella estaba presente en su mente, estaba a unos metros de ella, todo se entremezclo, por un momento sintió un remolino apoderarse de él, el fulgor de la chimenea, el movimiento de las llamas tan brusco, el alcohol, su cansancio, el recuerdo de sus ojos, todo se enredaba, tanto que por un momento sintió que lo que había pasado esa noche, era un efecto secundario del maldito alcohol, de pronto entro en sí y se sentía como si acabara de despertar de un largo y abrumador sueño, sacudió la cabeza tratando de ordenar sus pensamientos, una angustia fatal lo embargo, ahora no sabía si en verdad la había visto esa noche o era una mala pasada de su mente, se encontraba atascado entre un surco entre la realidad o la fantasía, su corazón se inquieto y quiso comprobar si estaba enloqueciendo, se puso de pie sin si quiera pensarlo y emprendió la marcha, se paro justo de frente de la puerta que era su cuarto, trato de escuchar ruido alguno pero nada, eso le angustio más, sin pensarlo un segundo había tomado el picaporte y lo había tirado con fuerza como para abrirla de golpe sin siquiera tomarse la delicadeza de tocar la puerta, fue excesiva la felicidad que se apodero de él cuando la vio haciendo el intento de sacarse la ropa, ahí estaba ella: en carne y hueso, no era un holograma, ilusión, espejismo, alucinación o delirio, aún estaba en sus cabales, se alegro, pero fue tanta su alegría que ni sonrió expresándola, al escuchar su voz, se alarmo más, el sueño era real tan real que podía tocarlo, sin pensarlo un momento había entrado a su habitación, le había puesto seguro para que su dulce alegría no escapara por la rendija de una puerta, había entablado un corta conversación con ella y aunque la chica parecía tratarlo con absoluta indiferencia sabía él que estaba nerviosa de tenerlo ahí, lo sabía, podía apostarlo y perjurarlo, el que no pudiera sostenerle la mirada se lo comprobaba, le gustaba saber que aún lo seguía queriendo. Se había postrado en la orilla de su cama a observarla intentar huir de él, evadirlo, la había adulado e incluso amenazado con entrar a espiarla si ella no se cuidaba lo suficiente, se fue lleno de felicidad y al mismo tiempo sosteniendo sus sentimientos de que no lo dominaran por completo, porque comenzaba a gustarle la idea de robarle un beso, era mejor salir de ahí.

Después de eso volvió al mismo asiento frente a la chimenea, suspiraba a cada momento, era un suspiro indescriptible, se encontraba atrapado en un abismo de locura y absoluto júbilo del que por ningún motivo quería encontrar la salida.

En algún momento dentro de sus divagaciones no se percato que se había quedado dormido.

Despertó de sopetón, como si intentara huir de una pesadilla, como si de pronto recordara algo que tenía que hacer con verdadera urgencia, se reincorporo poco a poco y de pronto sintió el maravilloso efecto de la resaca.

-¡rayos!- balbuceo mientras se frotaba la sien intentando con esto disipar su dolor. – ¡Hinata!- grito al siguiente instante cuando se levanto como flecha disparada.

-se ha ido, joven- le dijo el viejo mayordomo de avanzada edad, mientras le ofrecía una taza de café negro bajada de una bandeja de plata.

-¿¡qué!?- pregunto al intentar salir a la puerta a gritar su nombre en esperanza que ella lo escuchara.

-se fue hace mucho rato- dijo Hans mientras miraba el reloj.

Eran las once de la mañana. El rubio se estreso al ver la hora y como ahora el tiempo se burlaba de él.

-¡soy un imbécil!- se maldijo entre dientes.

Se había levantado de la cama, ni siquiera había pegado el ojo, sólo estaba esperando a que el sol se indignara a asomarse, se levanto tan rápido como pudo, el estar en su antiguo "hogar" si así se le podía llamar comenzaba a abrumarle el corazón, los recuerdos le atrofiaban los sentimientos, muchas cosas se entremezclaban formando una extraña masa, no le gustaba esa sensación. Se vistió de prisa con la misma ropa que traía de la noche anterior y salió en busca de la puerta.

Vio su figura postrada en el sofá, yacía durmiendo tan tranquilo que por un momento creyó que estaba muerto, giro la mirada a ambos lados –nadie la observaba- se acerco y delicadamente le rozo la mejilla con la mano, fue un sentimiento que la estremeció tanto que sintió la descarga recorrer su cuerpo, dio unos pasos retrocediendo, el contacto había sido muy precipitado, decidió salir de ahí antes que él despertara y la acusara de acoso, le echo una última mirada y sonrió al verlo dormir tan placenteramente.

Tomo el picaporte y quiso girarlo con delicadeza hasta que una voz rompió su calma rompiéndole los nervios.

-¿se va señorita?- dijo Hans al verla más pálida de lo normal.

-bueno…- balbuceo atrapada –si- hablaba suavemente como si tuviera miedo de hacer el suficiente ruido para romper el sueño del rubio y lo cierto es que le aterraba que Hans la hubiera visto tocar la mejilla del blondo. No pudo evitar ponerse nerviosa.

-¿no quiere desayunar algo antes?- pregunto tratando de retenerla un poco más en esa enorme casa.

-no, no, no, yo… no quiero causar más molestias- dijo hablando en general.

-no es ninguna molestia señorita, lo cierto es que en esta casa se extraña su presencia- dijo sinceramente el hombre, expresándolo con un semblante serio.

La chica sonrió, no pudo evitarlo –gracias Hans, yo también extraño tu compañía- sonrió.

-permítame decirle señorita, que el joven Namikaze…- callo un instante –también la extraña-

-bueno eso realmente lo dud…- fue callada antes de terminar.

-el joven cambio mucho desde el momento en el que usted se fue de esta casa, señorita, yo lo conozco desde chiquillo, serví a su padre y a su madre, lo vi crecer, sé lo que le digo, desde el momento en el que usted partió, comenzó a beber más de lo normal, siempre se le veía retraído, triste, preguntaba a cada momento si nadie había venido o llamado y me pidió que siempre tenga limpia su habitación, era como si él supiera que usted iba a volver, el chofer: Jaime, me comentó en una ocasión que le pedía tomar la ruta a su oficina por la calle: Regent street que hasta donde tengo entendido es exactamente la misma calle donde usted esta viviendo-

La Hyuga se quedo perpleja, conocía a Hans desde hace tiempo y ese hombre era una claro de ejemplo de: honestidad. Pero en esos momentos no podía creerle, algo se lo impedía…

-Gracias por decírmelo Hans- dijo al intentar salir de ahí.

-señorita, puede que usted no lo crea, pero él realmente la quiere- dijo estremeciendo a la Hyuga, quien lo miro intrigada y luego salió de ahí.

Hans había visto por mucho tiempo la frialdad de rubio hacía la chica y él notaba como ella lo miraba con devoción, con amor en las pupilas, Hans sabía que ella se había ido para entregarle en bandeja de plata su libertad al rubio, y por un momento creyó que el rubio aceptaría aquella felicidad gustoso, pero de pronto se dio cuenta de algo… el blondo se había enamorado de ella aunque lo negara, solo que le costaba aceptar que le gustaba sus llamadas por la mañana deseándole un buen día, aunque él procuraba hacerlas lo más cortas posible, odiaba admitir que extrañaba verla cuando llegaba de un día pesado en la oficina o cuando llegaba de viaje o simplemente de una reunión de socios, odiaba admitir que le gustaba el aroma de su cabello, odiaba admitir que extrañaba su dulce sonrisa, su preocupación por él y que sin darse cuenta esos pequeños detalles le habían obligado inconscientemente a tatuar su corazón con el nombre de ella sobre él.

Y ahora se encontraba en la puerta de la enorme mansión, sintiendo la dulce ráfaga de viento que anunciaba el otoño revolverle el cabello y agitarle el corazón al encontrarse con que ella ya se había ido hace algunas horas.

Cerro la puerta molesto, el conejo se había escapado del cazador, era un reverendo imbécil.

Llego al trabajo con la misma ropa de ayer, esperaba a que nadie lo notara, entro sigilosamente al lugar, cuando escucho su tibia voz.

-¿Hinata?- pregunto el castaño detrás de ella.

Volteo de inmediato tratando de disimular su nerviosismo.

-buenos días- contesto al instante.

-¿estas bien? ¿Paso algo?- pregunto al acercarse a ella y tomarla de los hombros.

-estoy bien- dijo tratando de evitar el sentimiento de culpa por estar mintiendo y ocultar su rostro demacrado por la mala noche que había pasado.

-ven- dijo al coger su brazo y jalarla hacía su oficina, ella inevitablemente se dejo arrastrar.

Entro a su enorme oficina y cerro la puerta una vez los dos dentro.

-¡¿Dónde estuviste anoche?!- le pregunto con una seriedad que helaba hasta los huesos.

Ella no pudo evitar poner una cara de impresión.

-¿yo?- pregunto ilusa.

-¡si!- dijo severamente. Ella pensó en mentirle, pero no quería hacerlo, no a Kiba. Apretó su falda con fuerza. Al ver que ella no decía palabra alguna decidió emprender un intenso interrogatorio. -¿Dónde pasaste la noche?- le pregunto al recorrerla con la mirada y notar que tenía exactamente la misma ropa que una noche antes, le preocupaba la respuesta de ella, pero tenía que ser valiente su corazón.

-En casa de Naruto- dijo con la mirada gacha llena de vergüenza.

-¿¡que!?- se agito el al oír eso, se enfureció, pero era un caballero tenía que controlarse. La fulmino con la mirada y ella supo lo que estaba pensado.

-no es lo que piensas- le dijo ella. Aunque no sabía porque le estaba dando explicaciones, quizás era por el sentimiento de culpa, no se trataba de una visita normal a casa de cualquier amigo, había pasado la noche en casa de su ex esposo, del hombre que amaba y sentía culpa, culpa de haber cedido cuando se había prometido no hacerlo.

-¡¿entonces como es?!- dijo elevando el tono de voz mientras sus ojos poco a poco se inyectaban en sangre.

-no paso nada entre nosotros, si es lo que estas pensando, solo pase la noche ahí, dormir solo eso- dijo ella negando con las manos.

Eso pareció calmarle al castaño, sintió que ahora el aire si circulaba por sus pulmones al oír esa confesión y supo que ella decía la verdad, sintió que su corazón se había relajado por la angustia a la que estaba siendo ahogado.

-maldito Naruto Namikaze- pensó para sus adentros. –Ya empezaste el juego- pensó. -¿segura?- le pregunto al acercarse a ella e interrogar sus pupilas pálidas.

-absolutamente- afirmo alterada.

-vaya, que imbécil soy, acabo de hacerle una escenita de celos- dijo al sentarse en su escritorio y cubrirse su sonrojado rostro con las manos.

Ella estaba rígida sentada ahí en esa enorme oficina, por algún momento tuvo miedo de que Kiba pensara cosas inadecuadas de ella.

-él no te besó ¿cierto?- dijo y un microsegundo después se arrepintió de la celosa pregunta. Demasiado tarde… ya la había formulado.

- ¿qué?- se explayo ella, evitando un repentino sonrojo -¿besar?- pregunto sonrojada y con un semblante de incrédula que se apoderaba de ella –no, Naruto no haría algo así, Kiba- dijo para luego reírse como si hubiera sido una broma.

El castaño se relajo, tenía que estar seguro, su rival iba con todo y él aún no había hecho el primer movimiento.

-bien- dijo al sonreír.

No sabía porque Kiba le había hecho esa pregunta.

-Naruto… ¿besarme?- se rió –si como no…- dijo cuando empezó a teclear en su computadora, lo cierto es que no pudo evitar imaginárselo, se sonrojo y luego se maldijo por pensar en quimeras.

Así transcurrieron algunos días, esa mañana se encontraba feliz, había disfrutado del gozo de poder cargar a su delicado sobrino –los niños son maravillosos- pensó la chica.

Kiba le había llamado para que vaya a su oficina y por el tono de su voz… parecía grave el asunto, sin demora fue a su llamado. Toco la puerta.

-pasa- dijo el Inuzuka.

-¿qué pasa?- pregunto al entrar a la enorme y lujosa oficina.

El muchacho roto sobre su silla y le dirigió su atención a ella.

-Hinata- suspiro hondo -esta semana se celebrara un evento de moda muy importante a nivel mundial en París, se nos ha solicitado obtener la exclusiva, es un magno evento y necesito que vayas conmigo - explico Kiba.

La chica pareció dar un respingo, nunca había ido a París.

-¿aceptas?- pregunto al ver su cara de impresión.

-por supuesto- dijo soltando una sonrisa.

El sonrió –bien, porque partimos pasado mañana-

-¿¡tan pronto!?- exclamo.

-si- hizo una pausa –iremos solo tu… y yo- dijo al final tratando de disimular su inmensa felicidad.

Por algún motivo el tono con el que se lo dijo, o la mirada que le lanzo, le hizo de algún modo caer en los nervios.

- esta bien- dijo ella sin más.

Después de la plática con Kiba fue a su oficina, desde hace poco el clima estaba raro, había frío, un extraño frío. Se quedo fija en la ventana unos momentos e inevitablemente un rocío comenzó a caer del cielo, era extraño en esa época del año, no pudo evitar no pensar en él, en aquel rubio, su corazón volvía a traicionarle, comenzaba a extrañarlo aún sabiendo que él sólo jugaba con ella.


Bueno diganme que les parecio?, ah disculpenme por los errores estoy en un ciber y comienza a oscurecer la calle esta fea y escribo rápido. entiendo si quieren lanzarme una pedrada o su zapato :/, algunos esperaban lemon y tendre que disculparme, veran tengo 17 años y no se escribir lemon esa es la verdad, con decirles que nunca he tenido novio (Inner: no tienes porque divulgar tus nenadas), me es dificil pensar en escenas así, no se si esta sea una buena excusa :( pero... pero... me esmero porque al menos sea un poco atrevido no se si se note u.u los que han leido mis otros fics sabran que no escribo lemon, LO SIENTO!

Bbueno diganme lo que piensan y si quieren dejar de seguir esta historia yo lo entendere u.u, buenos espero sus tomatazos digo reviews, presiento que esta vez si tendre muchos (tomatazos).

Y bueno sé que deben estar decepcionados (dándose de topes contra el escritorio) así que en compensación esta vez actualizaré pronto no se quizás el sábado, martes a más tardar ah y por cierto para los que no lo sepan, actualizo los jueves, perdon por no decirlo antes, ultimamente cometo muchas tonterias. Lo siento una vez más, de verdad lo siento! prometo que se pondra mejor, espero... :/

lo siento por mis inutiles pretextos, espero sus reviews.

atte: Nakahara Sunako :(