N/A: Una disculpa sincera por el retraso en la actualización de esta historia. La pospuse por avanzarle a "Always" y lo lamento porque, desafortunadamente, la respuesta a aquélla no ha sido tan satisfactoria como yo hubiera querido, y le he invertido un tiempo que debería haber empleado en ésta. Pero aquí está el capítulo 4, y espero que sea lo suficientemente largo como para compensar la espera. Ojalá lo disfruten y –ojalá también- me lo hagan saber de algún modo, porque la falta de respuesta es algo con lo que resulta triste lidiar. Aquí se los dejo pues, deseando que les haga más amable el compás de espera para el estreno de "Driven" el próximo lunes 29.
N/A2: Para Viv (guiguita), con todo mi cariño y mi gratitud, porque desde el principio de esta aventura no he tenido de ti sino palabras de aliento xx
Descargo de responsabilidad: Castle y sus personajes no son mi propiedad, sólo mi inspiración.
How many times do I have to tell you
Even when you're crying you're beautiful too
The world is beating you down, I'm around through every mood
You're my downfall, you're my muse
My worst distraction, my rhythm and blues
I can't stop singing, it's ringing, in my head for you
-All of me-John Legend-
Capítulo 4.
Las palabras de Rick siguen rebotando en las paredes de su mente con la fuerza de una bola de demolición. Después de todo, la habilidad de expresión de él ha sido, desde hace más tiempo del que quiere recordar, el lazo que la ha sujetado a la esperanza y a la fe en una justicia que –hasta hoy- la ha esquivado.
La verdad es que, por principio de cuentas, el hecho de haber obtenido una respuesta de él –aunque sea por escrito- es, en sí mismo, toda una revelación. Kate no puede evitar sentirse sorprendida y un poco intimidada por el suceso, hoy por hoy extraordinario, de que Castle, ése que se ha portado frío y distante luego de haberlo sentido tan cercano, al final haya abierto un canal de comunicación con ella.
Ahora se percata Kate de que le escribió más por un impulso desesperado que porque tuviera el más mínimo grado de convicción de obtener una sola palabra en respuesta. De modo que la réplica la tomó por sorpresa y con la guardia baja… Bueno, eso último no es del todo exacto; sus defensas para con Richard Castle, se doblegaron desde hace mucho tiempo, quisiera ella reconocerlo o no.
Después de mantener la vista clavada en la pantalla del celular durante tanto tiempo que empieza a volvérsele borrosa, Kate consigue –no sin esfuerzo- centrarse en la idea alentadora de que esa puerta por tanto tiempo cerrada para ella y a la que se atrevió a volver a llamar, finalmente se abrió; y ahora hay que aprovechar la oportunidad e intentar entrar. Si Rick está devolviéndole sus palabras, obrando también bajo un impulso, más vale agarrarse de ese clavo ardiendo antes de que se pierda el ímpetu que los llevó hasta donde ahora mismo están…es decir, al borde de una potencial y escabrosa discusión. Así que, sin pensarlo mucho, teclea otra vez.
Mientras observa atentamente la pantalla de su teléfono, contemplando con ansiedad ese espacio en el que se anuncia que tu contraparte está replicando el mensaje, Rick no puede evitar sentir aprensión, nervios y una incómoda descarga de expectación que le nace en el estómago y se le extiende a través del cuerpo como una ola de calor y frío. Se suponía que en estos momentos él tendría que estar profundamente dormido, ajeno al mundo exterior, incluida Kate; y helo aquí, sorprendido, desesperado, exasperado, esperanzado y pendiente de la palabra "escribiendo…" que aparece en el rectángulo iluminado que sostiene en la mano, como si la vida se le fuera en ello. Y, en cierta medida, así es. El último mes ha sido como una montaña rusa, con la diferencia de que no ha habido ninguna subida; sólo una especie de caída libre tan angustiosa que, a estas alturas, él sólo implora tocar fondo…o ascender. Y el mensaje de Kate a horas tan inopinadas ha detenido en seco su descenso, y justo cuando él estaba decidido a claudicar, a dejarse arrastrar hasta el punto más bajo del abismo y retirarse.
La intensidad en la luz del dispositivo empieza a bajar, anunciando que va a entrar en modo de reposo hasta nuevo aviso, pero él se apresura a tocarlo brevemente con su dedo índice para impedirlo. Se niega a preguntarse por qué, pero el simple hecho de saber que ella está redactando una respuesta, lo mantiene relativamente en calma; bueno, todo lo calmado que se puede estar bajo las actuales circunstancias. Parece que de su cuerpo se desprende tanta energía en forma de tensión que puede cortarse el aire con un cuchillo y generar chispas. Apenas puede reconocerse a sí mismo; él, Rick Castle, el siempre seguro y despreocupado creador de best-sellers, hoy está despierto en medio de la noche -sin la escritura o alguna compañía ocasional de por medio-, sentado en su cama, aferrado a su teléfono móvil como el náufrago a su salvavidas…todo a causa de una mujer en cuya vida ahora mismo no está seguro ni siquiera de qué papel desempeña. Y esperando sus palabras escritas como si fuera un adolescente en la búsqueda de que le den el sí para una primera cita.
Los segundos se le vuelven tan largos que pierde la noción del tiempo, del espacio y de todo lo que no sea ese intercambio de mensajes a través del aparatito que tiene entre las manos, junto con todas sus implicaciones y posibles desenlaces. Al fin, la suerte –o Kate- parecen apiadarse de él y se dibuja en la pantalla el tan esperado cuadro de diálogo con la respuesta de ella:
Leerte siempre ha sido un alivio (un día te voy a contar a qué me refiero), pero hoy…no sé como explicarte lo que tus palabras significan para mí, Rick. Tienes razón. Ni la amistad ni el cariño ni el amor se acaban de la noche a la mañana, y le doy gracias al cielo por eso. Estoy de acuerdo en que nos debemos explicaciones. La pregunta es ¿cuándo vas a permitir que saldemos esa deuda?
Rick suelta de golpe un soplo de aire larga e inconscientemente contenido. El primer pensamiento que le cruza por la mente -nublada por la adrenalina y la falta de reposo-, es que si habrá algún momento de la vida en el que Kate vaya a dejar de sorprenderlo. Siempre, desde que la conoció, ha sabido con certeza que ella es un misterio que nunca va a poder resolver y, de hecho, el sólo deseo de intentarlo es una de las cosas que le ha dado sentido a su vida y lo ha mantenido gravitando alrededor de su musa como un satélite natural, durante demasiado tiempo ya; pero las facetas nuevas que Kate es capaz de ir develando para él, pueden llegar a ser como una adicción…como una tentación irresistible que le impide moverse hacia adelante aun cuando su lado más racional le grita que eso sería lo más sensato que podría hacer: superarla y pasar de página.
Ahora mismo no hace más que quedarse inmóvil, releyendo el texto mientras su mente trabaja alternamente en la respuesta. Ni por asomo se le ocurre dar por zanjada la conversación, volver a encerrarse en su caparazón –como lo ha hecho últimamente-, apagar su teléfono y reintentar conciliarse con el sueño. Sabe bien que esa es una batalla perdida opantes de pelearse. No merece la pena el esfuerzo. No hay manera de que su cerebro encuentre descanso tras sentir –más que leer- las palabras de Kate. Ya se tendió el puente nuevo sobre las ruinas del anterior, ahora hay que dar un segundo paso, empezar a cruzarlo y ver si se encuentra con ella en algún punto de esa senda. Aunque sea para salvar una amistad que vale totalmente la pena y para dar una justa sepultura al sueño roto de lo que alguna vez pensó que podía ser. Quizá sea el camino más acertado, aunque no el más fácil ni el más corto; superarla y continuar con su vida bajo estos nuevos términos. Inspirando profundamente, como quien intenta almacenar aire antes de lanzarse al agua, sus dedos inseguros y trémulos vuelven a escribir y presionan la tecla de envío.
Tras lo que le pareció una eternidad, la respuesta llega. Al menos el saber que él seguía escribiendo, según se lo indicaba el letrero en la pantalla, fue un paliativo para sus nervios excitados y tan tensos que le provocan incomodidad en el cuello. Kate está sentada sobre su cama, con el torso y la cabeza recostados sobre la cabecera y el celular firmemente sujeto entre las manos. La vibración la hace volver la vista hacia el aparato y mover los dedos con cierta impresición; al fin lo desbloquea y Rick reaparece en forma de un texto breve e inquisitivo que vuelve a poner a su mente en estado de hiperactividad y en una marcha forzada para captar las preguntas y generar las respuestas casi simultáneamente.
¿Crees que eso es posible, Kate? ¿Que aún estemos a tiempo de saldarla? Y lo más importante, ¿crees que estemos dispuestos a hacerlo?
Sí. Sí creo que es posible. Quiero creer que estamos a tiempo. Y, al menos por mi parte, estoy dispuesta a intentar lo que sea para recuperar lo que teníamos.
Las respuestas empiezan a fluir casi sin tiempo muerto de por medio. Los mensajes aparecen instantáneos en la pantalla, como si de pronto ambos hubieran entrado en alguna especie de frenesí por seguir el hilo de los pensamientos del otro, sin importar a dónde los lleve ese derrotero. Se abrió la ruta y la caminan a ciegas, con la única seguridad de que la están recorriendo juntos…otra vez.
¿Y qué teníamos exactamente, Kate?
Teníamos una amistad, Rick, más sólida que nunca. Y me niego a pensar que ya no la tenemos. Creí que teníamos…un acuerdo. Teníamos todas las posibilidades…Y tenía confianza en que nos estábamos acercando el uno al otro. ¿Estaba equivocada?
Si tú estabas equivocada, entonces yo también, Kate. Del acuerdo ese ya no estoy muy seguro de haberlo entendido bien. Pero a mí me parecía que habíamos coincidido al fin en la misma página; que nos encaminábamos a la meta...
Esas últimas frases calan como una daga helada y fina que se clava corazón adentro. No está seguro de su acuerdo. Kate siente como un cosquilleo desagradable se extiende en su vientre enviando una sensación de angustia que alcanza sus ojos y los vuelve agua a punto de desbordarse. Evidentemente algo debe haber hecho que la volvió merecedora de esos golpes bajos. Y su consciencia le dice a voz en cuello que razones sobradas tendría Rick para desconfiar de ella si supiera todo lo que se supone que no sabe; a menos de que…sí lo sepa, y ese sea el origen de su inseguridad, de sus recelos, de su presencia ausente, de su distanciamiento e indiferencia. Dios…la sola idea es aterradora, debastadora, y Kate siente que su boca se seca, que su pecho se contrae con dolor y miedo. No se le había ocurrido antes, pero es lo único que tiene sentido, y que explica con toda claridad la conducta de Castle las últimas semanas. Es una sospecha. No hay manera por ahora de salir de esa duda que es más que suficiente para sumirla en un estado de desesperanza y temor insostenibles. ¿Ahora qué?
Inhala y exhala intentando apaciguar sus nervios al borde del colapso y aclarar su mente que frenéticamente busca una salida inmediata. No puede evitar pensar que ojalá y esa epifanía no hubiera llegado sino hasta después de culminada su correspondencia electrónica con él. Ahora Kate está reducida a un manojo de nervios, incertidumbre y confusión de entre los que sólo destaca una oscura certeza: Rick sabe que le mintió y las consecuencias de que él haya descubierto su mentira pueden ser aún mucho más profundas y nocivas de lo que ha podido atestiguar hasta ahora. La indiferencia de que la ha hecho objeto es sólo la punta del iceberg, apenas los síntomas de un mal que puede ser fatal para su incipiente relación. Si las cosas fueran al revés, Kate está bien segura de que su confianza en él quedaría hecha polvo y su seguridad en sí misma, hecha cenizas. Su orgullo se alzaría como un muro infranqueable que la llevaría inevitablemente a alejarse, pensando que el motivo aparente más probable por el que alguien puede negar que sabe que lo aman, es porque los sentimientos confesados no son recíprocos. Y entonces un sollozo se le escapa del pecho. Si Rick ha estado sintiéndose así, pensando así…puede que el daño que sea irreparable, y no se explica cómo es posible que él aún esté obsequiándola con la generosidad de sus palabras después de saber lo que ella le ha hecho.
Aunque, pensándolo mejor, si Rick sabe la verdad es porque debe haberla descubierto hace semanas puesto que su cambio de conducta no se dió de ayer a hoy precisamente. Y si, a pesar de todo, aún está cruzando mensajes con ella luego de un desdichado lapso de evasión y hielo, entonces quizá –sólo quizá- lo peor ya pasó, y su infinita nobleza y capacidad de perdón están manifestándose, una vez más, poniendo ante ella una última oportunidad. Misma que está determinada a no desperdiciar.
Por ahora, a través de un celular, no es la mejor forma de averiguar, confesar y pedir una inmerecida absolución; tal vez lo mejor en este momento es seguir la corriente en la que se han sumergido los dos, a fin de mantener abierta esa entrada que él le ha dado; ganar todo el terreno posible y, cuando se sienta parada sobre suelo más firme, dar paso a las inevitables confesiones y todo lo que venga con ellas. Por lo pronto, hay que nadar con la corriente…sólo eso. Un paso a la vez. Vuelve a escribir, rogando a quien sea que puede escucharla, que él no se haya cansado de esperar la respuesta a su último mensaje.
Y así era, Rick. Así era hasta que tú dejaste de creer…o de sentir. Y te alejaste de mí.
¿Y qué más se supone que debía hacer?
No entiendo tu pregunta, Rick…o tal vez es que no la quiero entender.
Entonces, definitivamente en algún punto perdimos la sintonía, Kate…y también nuestra cuestionablemente útil habilidad de entendernos sin necesidad de ser explícitos.
A pesar de la enorme tentación de engancharme en esas últimas aseveraciones, voy a ser fuerte y resistir en favor de obtener las respuestas que más me interesan, Castle. Ya habrá tiempo de discutir lo demás.
Kate no da tiempo a que él conteste. Siente el impulso de decir más, de presionar, de pelear por quien vale absolutamente cualquier batalla. Continúa escribiendo y enviando sin detenerse a esperarlo.
¿Qué más se supone que debías hacer? ¿Es serio me preguntas eso, Rick? ¿Alejarte de mí era tu única o tu mejor opción? ¿En qué momento llegamos a eso? Por favor, explícame.
Kate sabe que está presionando demasiado, que las respuestas pueden no gustarle y la ausencia de ellas, mucho menos. Pero es inevitable. Ya llegaron a un punto donde no hay retorno y aunque lo hubiera, ella no va a dar un solo paso en retroceso. Hay demasiado en juego…su posible felicidad, esa que sólo puede alcanzar si lo recupera a él. Y mientras esos pensamientos le cruzan por la cabeza, la respuesta llega.
Sin afán de evadirte (estoy tan dispuesto a hablar como lo estás tú), pero ¿por qué estamos teniendo esta conversación por este medio, Kate?
Porque es el único intento que me ha funcionado hasta ahora de comunicarme efectivamente contigo, Rick. Y, siendo muy sincera, porque me resulta más fácil así…y esto es mejor que hablar frente a frente pero entre líneas siempre. Básicamente por eso.
Desde luego que Kate veía venir esa pregunta. Cualquier persona con sentido común pondría en tela de juicio el hecho de que un medio electrónico de comunicación fuera el espacio ideal para sostener una conversación tan delicada y trascendental. Y tratándose de una mente tan privilegiada como la de su compañero, el cuestionamiento estaba a la vuelta de la esquina. Pero su respuesta no ha estado nada despegada de la realidad. Ahora mismo se siente tan aturdida que la expresión escrita parece el punto de partida más seguro y el más franco también. Es una verdadera pena reconocerlo pero, hablando personalmente jamás han estado tan dispuestos y abiertos como ahora. Al tiempo que reflexiona sobre ese punto, la vibración entre sus manos anuncia la entrada de un mensaje nuevo.
Kate, quiero responderte, explicarte, preguntarte muchas cosas, pero...no estoy seguro de que este sea el momento o el medio adecuados.
También eso lo esperaba, sin embargo eso no alivia el ramalazo de decepción y de frustración que siente surgir en su pecho. Pero, si sus sospechas son ciertas y Rick sabe que ella le mintió a la cara todo este tiempo, honestamente su negativa a hablar por mensajes es lo mínimo que ella se merece. Ya bastante es que le dirija la palabra después de todo el daño que le ha hecho. Pero no piensa ceder sin luchar, así que vuelve a la carga.
¿Otra vez me vas a evitar, Castle? Ni siquiera se supone que tengamos que vernos hasta dentro de tres días cuando volvamos al trabajo. Porque si voy a verte el martes en la comisaría ¿verdad?
Envía y sólo espera que a través del texto se disimule su inmensa necesidad de asegurarse de que él va a regresar a la 12 a trabajar con ella; de que aún son, por lo menos, compañeros. No está segura de poder manejar lo contrario. Espera con ansias la respuesta…y ésta llega.
Te prometo que sí vamos a vernos, Kate, para decirnos de frente todo lo que nos tenemos que decir. Te doy mi palabra de que así va a ser…
Pero… ¿?
¿Me darías un poco de tiempo? Sólo un poco. He tenido problemas para escribir últimamente; debo entregar la línea argumental de mi próximo libro a mi editora y el plazo está por vencerse. Realmente necesito sentarme a escribir.
Otra vez duele, y mucho. Lo ha lastimado tanto que ya no sólo no le alcanza para ser su amiga o algo más, sino que ni para ser su inspiración y su musa sirve. Por más que sabe que se lo merece, eso no frena el dolor y el miedo. Pero la esperanza muere al último y él está dándole su palabra –que para ella vale oro-; le ha hecho una promesa –que es mucho más de lo que merece-; así que toca ponerle buena cara al mal tiempo, entender, tener fe y esperar.
Entiendo. Y yo puedo esperar todo el tiempo que quieras, Rick. Lo único que necesitaba era una posibilidad, una oportunidad, una esperanza…Por el momento, con tu promesa me basta.
¿Sólo por el momento?
Es que tengo miedo…
¿De qué tienes miedo, Kate?
Del tiempo que tengo que esperar…de lo que ese tiempo pueda hacer contigo.
Conozco ese sentimiento…
Lo sé. Y lo siento, Rick. Tú necesitas ese espacio y es injusto de mi parte presionarte. Yo voy a esperar cuanto sea necesario. Cuando tú estés listo, vamos a hablar. No me voy a rendir. Además, nos vamos a ver en la 12…eventualmente.
Sí, Kate, nos vamos a ver…ahí o donde sea. Pero no sé cuándo. Mañana salgo de viaje hacia Los Hamptons, con la esperanza de encontrar ahí la inspiración y poder entregar pronto a Gina lo que me está pidiendo. Planeo estar allá hasta que ese trabajo quede terminado.
De acuerdo. Espero que la inspiración te encuentre pronto y el argumento de tu próximo libro quede listo a tiempo.
Yo también lo espero, Kate. Entre más pronto termine con eso, más pronto me libro de la presión de Gina (estoy pensando seriamente en desactivar los teléfonos), y más pronto podré volver para pagarnos ese adeudo de explicaciones que nos debemos.
Okay. No voy a interrumpirte...para que puedas terminar antes de lo previsto.
Kate, lo de desconectar los teléfonos no iba en serio, al menos no para ti. Por alguna razón que aún no logro entender, mi inspiración y tú siempre están estrechamente relacionadas, bajo cualquier circunstancia.
Una sonrisa infinita transforma el rostro de Kate. Ahora que sabe lo que sus secretos y omisiones le han hecho a Rick, más que nunca agradece su eterna capacidad de perdón y su deseo de hacerla sentir bien aun cuando ella no lo merezca. Aunque él diga que ya no están más en sintonía, parece que lo que si no se ha perdido es la clarividencia de su escritor para con la línea de sus pensamientos. Es como si hubiera percibido sus dudas y su pesar ante la posibilidad de no ser más una musa para él, y bastaron unas cuantas frases para aliviarle esa pena y sacarla de su agonía. Como quisiera tenerlo a su lado ahora mismo para comérselo a besos. Pero como no es posible, hace lo único que tiene a su alcance…escribirle.
Ojalá esta no sea la excepción, Rick. Nunca como ahora he querido ser más efectiva como tu fuente de inspiración, para que así escribas rápido y regreses muy pronto.
Jamás cuestiones tus capacidades como mi musa, Kate. Créeme que no tienes idea de lo que puedes lograr con tan sólo…un mensaje instantáneo en medio de una pésima noche.
La mueca de adoración y alegría sigue invadiendo la hermosa y cansada cara de la detective. No sólo está adulándola su autor favorito a pesar de…de los pesares, sino que además, le da el bono extra de saber que estaba pasando una mala noche cuando Kate, por varias tormentosas horas, pensó que sucedía exactamente todo lo contrario, es decir, que Rick estaba disfrutando de una maravillosa velada en la cama con su última conquista. Pero por el contrario y afortunadamente, él acabó solo en casa, hablando ni más ni menos que con la mujer a quien acaba de reafirmar en su papel de musa y que, dicho sea de paso, está más loca que nunca por su famoso escritor. ¿Qué más puede pedir Kate? Pues mucho, muchísimo más; todo, de hecho. Pero por el momento, con esto basta.
Aunque claro que nunca falta la parte oscura de su mente que le arruina el momento y la aterriza en la realidad, susurrándole que si de verdad fuera tan efectiva para ayudarlo a generar ideas nuevas, él no estaría en medio de esa crisis creativa. Y es esa inseguridad amarga la que se manifiesta en el siguiente texto.
No siempre te sirvo como inspiración, Rick. La prueba está en que ahora mismo te vas lejos de mí para lograr escribir algo…
No, eso no es jugar limpio, Kate –se recrimina a sí misma-. Él no se merece las presiones, ni las impaciencias, ni los chantajes. Hay que corregir ese paso en falso.
Perdón, Castle. Eso no fue justo. Dije que sin presiones. Yo voy a estar aquí, esperando por ti cuando sea que decidas volver.
Gracias, Kate. Por comprender. Por soportar estas pasadas semanas sin salir corriendo. Nuestra amistad merece todos los intentos…aún si es lo único que queda y aún si está muy dañada.
Otro golpe duro. Pero ahorita no importa el dolor que ella pueda estar sintiendo -después de todo es su propia culpa y lo tiene merecido-, sino lograr que él se deshaga de esas ideas fatalistas en las que no hay más camino que el de una amistad parchada y remendada a medias. Hay mucho más en el horizonte para ellos dos, y Kate se promete que lo va a conseguir, así muera en el intento. Sólo tiene que lograr que Rick se mantenga a su lado y de lo demás, ella se hará cargo.
Soy yo quien te agradece tu disposición para hablar conmigo, Rick, aunque sea a través de este medio, que es el que –por ahora- le ha parecido más seguro a mi cobardía.
¿Por ahora?
Sí, Rick, por ahora…porque te prometo que mientras tú estés lejos, escribiendo, yo voy a reunir el valor necesario para decirte muchas cosas…cara a cara y sin medias tintas.
¿Es una promesa?
Es una promesa. Y espero que también un aliciente para que no tardes mucho en volver. Si no tardas mucho, te espero toda la vida. Y, Rick…nuestra amistad, con todo y lo valiosa que es, te aseguro que no es lo único que queda entre nosotros. Si tú me dejas, yo te lo voy a demostrar.
Sí. Sí te dejo, Kate. Sólo tenme paciencia. Y dame un poco de tiempo.
Todo el necesario, Rick, porque realmente esto lo vale.
Todo lo que cuesta tanto esfuerzo, desde luego que debe valer la pena.
Cierto. Como va a merecer la pena ese argumento tuyo que deberías estar escribiendo mientras yo te estoy distrayendo. Me encanta hablar contigo, Castle, pero me niego rotundamente a intercambiar mi honorable papel de tu musa por el de distractor. Así que, por el momento, te voy a desear dulces sueños y me voy a dormir.
Dulces sueños para ti, Kate. Otra vez gracias. Hasta muy pronto.
Hasta siempre, Rick.
Continuará…
¿Qué les pareció? Háganmelo saber, por favor. Desde ya y de todo corazón, se los agradezco infinitamente. Besos y feliz estreno de temporada el próximo lunes. Estoy contando las horas.
Val.
