Un poquitín atrasado pero seguro.

Disfruten el capítulo =)!


Capítulo 4

¿Por qué me ignoras?


..

— Muy bien… eso estuvo… genial — Dijo un chico con la respiración todavía acelarada por la actividad física que acababa de realizar.

— ¿Qué? ¿Ya terminaste? — La chica preguntó con voz estrangulada mezclada con tintes de incredulidad y frustración.

— Obviamente — soltó en un jadeo — ¿Acaso tú no? - Preguntó mientras se acomadaba al lado de su novia.

Ella lo miró sin poder creerlo.

— Claro… fue... increíble. — Mintió.

Sora se recostó lejos de él, fastidiada y frustrada por no haber quedado satisfecha en lo más mínimo. Tan siquiera se había acercado al orgasmo y su novio ya había terminado en tiempo record.

— Genial, simplemente genial.— Pensó en manera sarcastica.

Soltó un bufido del que su novio ni se percató. Le había dicho que había llegado al clímax para no hacerlo sentir mal, pero en dos minutos, ¿qué mujer era capaz de hacerlo en tan poco tiempo? Además, ni siquiera la había excitado con juegos previos, palabras sexys, nada de nada.

Decir que estaba desilusionada era poco.

Se levantó y se puso la franelilla y el short que ella misma se había quitado. Por que el moreno no se había molestado ni siquiera en desnudarla, todo lo había tenido que hacer ella.

—¿A dónde vas? —preguntó él al ver que la chica se dirigía hacia la puerta

—A preparar algo de comer.

—Buena idea, estoy hambriento —Se recostó más cómodo en la cama, con los brazos tras su cabeza y cruzando las piernas mientras cogía el control remoto y prendía el televisor para ver el canal deportivo.

La pelirroja rodó los ojos mientras salía de la habitación y se hacía un moño desordenado en su corto cabello.

Ella quería a su novio, llevaban años juntos... Desde que sus padres los habían presentado. Al principio todo era excelente y color de rosa; la chica había pensado que iba a enamorarse de él rapidamente pero las cosas no mejorarom, al contrario, habían ido en descenso... Aun así, ella quería al chico, pero no, no estaba perdidamente enamorada de él.

Llegó a la cocina donde estaba su amiga Mimí comiendo un poco de ensalada de frutas mientras tecleaba en su portátil negra el nombre de alguna receta exótica, supuso la pelirroja. Mimí hizo varios cursos culinarios y para ese entonces estaba costeándose la carrera de gastronomía.

Si no estaba estudiando, estaba leyendo un libro o estaba escribiendo alguna receta que de seguro en cualquier momento se encargaría de preparar para ambas.

La castaña la miró y soltó una sonrisa.

— ¡Sí! Gané — estiró la mano a un lado con la palma abierta —. Ahora, querido Toya, mi amigo fantasma imaginario, paga con tus billetes fantasmales imaginarios porque has perdido.

Sora la miró extrañada mientras una sonrisa asomaba en sus labios por el espectáculo de su amiga.

—¿Qué apostaste esta vez con Toya?

No era que Mimí tuviera un verdadero amigo imaginario ni nada de eso, sólo lo decía para bromear y molestar a pelirroja por las veces que la dejaba sola para irse con su novio a algún lugar.

— Yo dije que saldrías de ese dormitorio a los cinco minutos. Toya, como espécimen masculino, tenía más fe en Daisuke y dijo que diez, pero perdió y yo gané. Oh, sí, oh sí — empezó a mover sus brazos en círculos frente a su torso en una bailecito estúpido de victoria.

Sora no sabía si sentirse ofendida o divertida por lo que había pasado. ¿De verdad había estado cinco minutos en esa habitación? ¿Había tenido sexo durante cinco minutos con Davis? ¿Cuán triste y deprimente era eso?

Al final soltó un suspiro cansado mientras se sentaba al lado de su amiga con un tenedor y le quitaba un poco de la ensalada que se había preparado.

— No es que me moleste ganar cincuenta dólares fantasmales imaginarios, pero no sé si deberías estar con Daisuke. Las cosas entre ustedes ya no son como antes — que alguien le dijera algo que no supiera ya —. ¿Por qué sigues con él? — inquirió su amiga, haciendo a un lado el portátil para hablar seriamente con Sora.

— No sé, supongo que es porque estoy muy...Ehm... muy acostumbrada a estar con él — la pelirroja se encogió de hombros y pinchó de nuevo la taza, hasta tener el tenedor lleno de frutas picadas.

— ¿Y qué pasa con el chico del club? Ese moreno increíblemente guapo y tan adorable que se sonroja por todo.

La pelirroja no pudo evitar que una sonrisa se formara en sus labios. Era una reacción natural en ella cuando se acordaba y pensaba en Tai, en su timidez, en su sencillez y ese aire dulce y encantador que siempre lo rodeaba. Sora había conocido a muchos hombres seguros hasta el punto de ser arrogantes, que daban por sentado que ella moriría a sus pies, pero Tai no era así, él era dulce y encantador, respetuoso y la escuchaba, incluso cuando decía estupideces. Oh, y el mundo entero sabía que ella era muy parlanchina... se le había pegado de Mimí... por lo que encontrar a alguien que no se aburriera de ella era un gran mérito. Davis se desconectaba de sus conversaciones tan rápido como llegaba al orgasmo, es decir, extremadamente rápido.

— Es un buen amigo — respondió a la pregunta de su amiga. Obviamente le había contado acerca del moreno.

— No te entiendo. Conoces a un chico dulce, encantador y extremadamente sexy, pero es tu amigo. Estás de novia con un tipo del que no estás enamorada y con el que ni siquiera tienes buen sexo. De verdad no entiendo cómo sigues con Daisuke.

Y Sora se estaba preguntando lo mismo muy seguido, pero no era fácil dar por terminada una relación de tres años con un hombre con el que toda su familia, y amigos, a excepción de Mimí y Matt, creían que se iba a casar.

— Cuando lo entienda te lo digo. Pero con Tai nada que ver, ¿de acuerdo? Sólo es un chico agradable que conocí.

— Un chico que está más bueno que el chocolate —acotó Mimí mientras comía un poco más de su ensalada.

Sora no pudo estar más de acuerdo. Tai sin duda era guapo… Increíblemente guapo. Con ese cuerpo fornido, alto, hombros anchos, caderas estrechas, sus cabellos castaños alborotados, sus hermosos ojos chocolate tan cálidos, esa sonrisa pícara en sus labios finos, su frente amplia, sus manos de hombre, grandes y fuertes. Definitivamente le quitaba el aliento a cualquier mujer y ella no era inmune a sus encantos, pero tenía un novio y jamás le sería infiel porque era de la firme política: No le hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti... La vida tenía que ser un juego justo y ella no le haría semejante daño a nadie.

Además, aunque considerara llevar la amistad con Tai a algo más (cosa que no estaba haciendo), nunca podría estar cómoda con él. Jamás podría decirle a lo que se dedicaba por las noches para pagar sus estudios y no ser sincera con él en su imaginaria, relación estaba mal. Así que sólo podrían ser amigos y punto.

Ya tenía suficiente cargo de conciencia por mentirle a su familia, a su novio y a todos los que conocía. Mimí y Matt eran las únicas personas que sabían de su doble identidad y era porque trabajaban con ella. Matt había sido quien las había llevado ahí diciéndoles que pagaban bien y no tenían por qué venderse. Mantenían su integridad pese a todo.

De pronto su teléfono sonó. Lo había dejado en la cocina cuando Davis había llegado a verla. Se levantó para revisar quién era. Tenía un mensaje en su bandeja de entrada y una sonrisa se le escapó al ver el remitente.

¿Un café a la misma hora de ayer y en el mismo lugar? Tengo que hablar contigo. T.

— Uhhhh, parece que el señor-sólo-un-amigo ha dado señales de vida —molestó la castaña mientras se balanceaba en el asiento como una niña emocionada.

— No molestes — pidió Sora guardando el teléfono en el bolsillo del short de mezclilla y sentándose otra vez al lado de su amiga —. Quiere hablar conmigo.

— De seguro quiere hablarte acerca de la exótica bailarina que se lo llevó a un apartado para un sensual baile privado — Alzó ambas cejas repetidamente — Nunca antes lo habías hecho, ¿qué te habrá hecho actua así?

Sora se hacía la misma pregunta, sólo que en primera persona. Nunca antes había actuado así con un cliente del club, nunca les había hablado, ni se les había acercado de esa manera.

Suponía que era porque Tai no era un cliente común y corriente y porque ella lo conocía de antes. Además era joven y estaba tan incómodo en ese lugar… Había sentido compasión y lo había entendido. Él no era como todos esos otros hombres calientes que sólo querían manosear a una mujer. El moreno había sido respetuoso incluso en la situación comprometedora a la que ella lo había impulsado.

—Sea lo que sea, lo sabré a las seis —musitó ella con la mente puesta en el castaño de cálida mirada chocolate.


..

Esa misma tarde.

Tai llegó a la cafetería y se dio cuenta de que Sora no lo estaba esperando. Se alegró por ello, pues no le gustaba que ella lo tuviera que esperar. No se le hacía eso a una mujer. Así que tomó asiento en la mesa donde lo habían hecho las veces anteriores y esperó a que la pelirroja llegara.

Cinco minutos después ella cruzó la puerta del local, haciendo sonar la campanilla de esta. Miró directo a la mesa donde estaba él, le sonrió ampliamente y se acercó con paso alegre. Le dio un beso en la mejilla y se sentó frente a él sin perder la sonrisa.

—¿Y? ¿De qué quieres hablarme? —preguntó ella después de la charla inicial en la que se contaban como habían estado sus días.

El moreno se puso un poco nervioso. Quería hablar con alguien sobre Rubí, no estaba seguro si Sora sería la persona idónea para charlar del tema, pero era una chica comprensiva, tolerante, abierta de mente y también la única amiga que tenía en Tokio, se dio cuenta.

En su afán por surgir en su trabajo había perdido contacto con toda la multitud de amistadas de la universidad y ni se hablara de las del lico; hasta que conoció a la encantadora pelirroja, nunca se había dado cuenta lo solo que había estado en esa ciudad. Por eso, y por su encantadora personalidad era que disfrutaba tanto de pasar tiempo a su lado.

— Este… bueno, tú... ya sabes que volví al club anoche — empezó, justo después de que la camarera le llevara sus cafés y unas galletas. Sora asintió para indicarle que escuchaba y seguía su conversación —. Bien, la chica se llama Rubí y este… anoche me hizo un baile privado y… — le costaba hablar, estaba muy nervioso y no sabía muy bien lo que quería contarle a su amiga — No sé, actúa de manera diferente conmigo por alguna razón y yo... yo no puedo dejar de pensar en ella, me tiene completamente hechizado.

Sora dio un sorbo a su café antes de decir algo. Hizo lo posible para ocultar la sonrisa que quería escaparse de sus labios, y es que no podía negr que le gustaba el hecho de Tai estuviera pensando en ella, aunque él no lo supiera. Todo el tiempo que el chico le habló ella lo miró directamente a los ojos mientras sopesaba sus palabras.

— ¿Tienes novia? — él negó con la cabeza — Entonces no hay mayor problema en que pienses en ella. No estás engañando a nadie con el pensamiento — le sonrió para infundirle un poco de calma —. No sé qué más quieres que te diga.

— ¿Crees que deba volver al club o alejarme para sacármela de la cabeza? — preguntó, directo. Era su mayor incertidumbre.

Sora se le quedó mirando por varios minutos, decidiendo qué responder. ¿Qué diría ella si no estuviera involucrada en el caso?

— Creo que deberías volver al club. No vas a buscar una novia a lugares como esos, solo vas a pasarla bien, ¿verdad? — ella sonrió, pero no fue como las otras veces, no le llegaba la alegría a sus ojos y es que en parte no quería escuchar la respuesta.

—Sí, supongo que sí — respondió él no muy convencido. Algo le pasaba a Sora y él no sabía qué, pero le resto importancia, quizá eran ideas suyas.

Cambiaron el tema y se quedaron horas hablando de diferentes trivialidades y conociéndose más el uno al otro. Al moreno le fascinaba estar con la chica, con ella todo era tan fluido, tan natural.

Al chico le hubiera encantado seguir compartiendo la noche con ella, pero la chica recibió una llamada y tuvo que irse. Tai la acompañó a tomar el taxi, sólo al cuarto que le hizo señas se detuvo. Definitivamente aquella muchacha no tenía mucha suerte con eso, pero a él le encantaba verla quejarse de su mala suerte.

Antes de despedirse, la pelirroja se acercó hasta él, le puso una mano en el hombro derecho, se paró de puntillas y le besó dulcemente la mejilla.

El chico de nuevo se la quedó mirando mientras se mientras se subía al vehículo y la perdía de vista. Una vez más se había quedado con ese cosquilleo en la piel que no sabía identificar.


..

Sábado por la noche.

Ese sábado su jefe le había dicho que no irían al club, o por lo menos que él no lo haría porque tenía una cena familiar, pero Tai tenía ganas de ver a su diva bailarina así que iba a ir a Cabaret con o sin Kido.

No se había podido quitar a Rubí de la cabeza en casi todo el día, de hecho no había podido en toda la semana,los únicos minutos que pensó en otra cosa, fue cuando se acordó de Sora. Había en esa pelirroja, algo tan cautivador, cálido y agradable que era difícil no pensar en ella, y no querer compartir horas a su lado.

No lo podía creer pero sacándo cuentas ultimamente pasaba todo el día pensando en mujeres, ambas distintas pero cautivadoras.

Una sonrisa se extendió en sus labios. Se soltó la corbata y se dirigió lenta y tranquilamente a su departamento. Tenía que hacer unas cosas antes de irse al club. Además, aún le quedaban horas para ir a ver a la sensual Rubí. No sabía si iba a conseguir algo con ella, pero sabía que quería verla y eso haría.


..

El rubio miraba desde la barra la patética escena que protagonizaban Mimí y el actorsucho de quinta categoría. Desde que se "conocieron" el tipo había estado frecuentando el lugar y la castaña prácticamente corria a atenderlo cada vez que lo veía y ahora estaba ahí con él, sonriendole sonrojada ante toda las estupideces que le decía.

Como si no fuera poco tener que calarse a la castaña mencionándolo todo el día, ahora tenía que verlos en vivo y en directo una vez más.

— Por que Michael esto, porque Michael aquello, Michael, Michael, Michael — Intentó imitar el tono voz de Mimí en forma de burla.

Continuó posando sus ojos azules en aquellos dos, hasta que por fin el fulano tipucho se paró de la mesa y se despidió de la chica.

La castaña se acercó hasta él riendose.

— Michael es tan cómico. ¿A qué no adivinas lo que me dijo? Te morirás de la risa... Veras era una vez un...

— No tengo tiempo ahorita Mimí — La cortó en seco. No le gustaba ser odioso con ella pero es que no podía soportar otra conversación acerca del rubio desteñido de Michael.

— ¿Y a tí que te pasa? — Se quejó ante la actitud de su amigo.

— Nada ¿Qué me va a pasar? — Respondió cortante — Nos pagan por servir tragos y atender la barra, no por hablar de actores mediocres.

— Oye no le digas así, Michael no es ningún actor mediocre, él...

—Si como sea — La volvió a cortar — Saca la basura porfavor, yo iré a atender la mesa 10 — Y dicho esto dejó a la castaña hablando sola.

Mimí se quedó paralizada ante la actitud del chico ¿Qué demonios le pasaba? ¿Por qué la había tratado así? Quizá estaba estresado, no había dormido bien, había reprobado un examen... Sea lo que fuera se lo aceptaría solo esa vez, no permitiría en otra ocasión que pagara sus rabietas con ella.

Tomó las dos bolsas de basura que llenaban las papeleras de la barra y salió hasta la parte de atras del club a botarlas.

— Estúpido Matt, lo que debe es estar envidioso de Michael — Se quejaba sola - Claro, como él no ha sálido en películas ni nada por el estilo tiene que... — Su monólogo fue interrumpido por un sonido.

La castaña dirigió sus ojos color miel hasta el lugar de donde provenía el ruido. De las sombras salieron dos chicos de unos 25 o 26 años. Quienes se acercaron hasta ella poco a poco.

— Tú debes de ser una de las lindas bailarinas que trabaja aquí — Comentó uno de los chicos, su cabello era azul.

— Hola, no, yo trabajo en la barra — Respondió Mimí tratando se sonar cortés, a pesar de que la situación se viera intimidante ella no era de las personas que juzgaban por la apariencia.

— Que lastima, a nosotros nos hubiera encantado verte bailar ¿Verdad Hiro? — Habló esta vez el otro chico, de cabello blanco.

— Sí, nos hubiera encantado — Se acercaban más hasta Mimí.

— Yo no bailo... pero — Comenzó a hablar nerviosa — Pueden ir a la parte de adelante del club y — Caminaba disimuladamente hasta la puerta — le podría decir a una de las chicas que los atienda — Casi llegaba hasta la entrada.

— ¿Pero por qué te vas preciosa? — Preguntó el peliazul al verla acercarse cada vez más a la puerta.

— ¿Acaso nos tienes miedo? — Cuestionó el otro. Ambos volvieron a acercarse.

— No... No, es que yo... yo tengo que atender la barra — Intentaba verse calmada.

El chico de cabello blanco se puso en frente de la puerta para impedir que la castaña pudiera abrirla — Insistimos en que te quedes.

La chica intentó alejarse de ellos pero el peliazul se lo impedió sosteniéndola por el brazo.

— No te asuste, no te haremos nada malo, la vas a pasar muy bien creeme — Le dijo en un tono de voz sádico.

— Su... Suéltame —Intentó librarse del agarre, pero no pudo. Ahora sí estaba asustada y mucho.


..

Luego de servirle los tragos a la mesa 10 el rubio buscó con la mirada a la castaña. Se sentía terrible por como la había tratado, se comportó como un verdadero idiota con ella y sin motivo alguno.

Quería pedirle disculpas por su manera de actuar pero no la veía en el lugar. ¿Estaría todavía botando la basura? Si era así se había tardado demasiado.

De pronto lo recordó y el corazón se le apretó en el pecho: Jeffrey, el empleado de seguridad de la parte trasera del club no había ido a trabajar ese día.

Salió corriendo hasta la puerta trasera con miedo a que algo le pudiera pasar a la castaña. Al ser ese un club de strippers habían muchos sádicos rodeando el lugar, esperando cualquier oportunidad de estar a solas con una de las muchachas.

Cuando salió sus ojos se enfurecieron al ver semejante escena frente a él

— Su... Sueltame —Intentó librarse del agarre, pero no pudo. Ahora sí estaba asustada y mucho.

— Quítatele de encima malnacido — Se abalanzó sobre el peliazul, propinándole un fuerte puñetazo en la cara, haciendo que el chico cayera en el piso.

— ¿Qué te pasa idiota? Aléjate de aquí — Salió detrás de él el chico de cabellos blancos, tirándole un golpe.

— Matt — Sollozó Mimí al ver que había herido a su amigo.

— Calma muñequita, ya nos vamos a deshacer de este y volveremos a estar solitos — Habló el peliazul reincorporándose del suelo mientras se limpiaba la sangre que brotaba de su labio.

— ¿Por qué no te vas de aquí rubiecito? ¿Qué no ves que somos dos contra uno? Vete ahora y no te haremos daño — Amenazó el peliblanco.

— Váyanse de aquí ahora — Habló Matt con voz fría.

— No nos dejas otra opción, vamos a enseñarle a respetar Hiro.

El rubio sonrió ante ese comentario, habían tomado la decisión equivocada. Sí, podía ser que ellos fueran dos y el uno, pero él sabía pelear y era 3 veces más musculoso y ágil que ellos dos.

El de cabellos blancos intentó darle un puñetazo, pero él lo detuvo con la mano y se lo devolvió con sorprendente destreza.

El chico peliazul al ver esto se lanzó encima de él, pero también recibió los fuertes golpes de Yamato.

Luego de pocos minutos de patadas, golpes y un poco de sangre los dos abusadores se dieron cuenta de que no podrían contra el rubio y huyeron corriendo del lugar.

Mimí al ver que los maleantes se iban corrió directo hasta su amigo.

— Matt ¿estas bien? ¿No te hicieron daño? — Preguntó en un tono evidentemente preocupado, pero no obtuvo respuesta de parte del chico.

Iba a volver a insistir cuando sintió los brazos del chico rodearla en un cálido y fuerte abrazo.

— Discúlpame — Escuchó al rubio hablar en su odio con un hilo de voz.

— ¿M..Matt?

— Yo te puse ante este peligro por andar de idiota contigo, olvidé completamente que Jeffrey no había venido hoy a trabajar... Actué como un completo idiota y por mi culpa esos tipos... — Calló al recordar la escena y apretó los dientes, sin soltar el abrazo a Mimí.

— No es tu culpa — Habló ella con un tono de voz cálido — Si no fuera por tí, quien sabe lo que hubiese pasado — Se separó un poco del agarre del chico, se puso de puntillas y le dio un suave beso en la mejilla — Gracias Matt

Él sintió un cosquilleo en su cuerpo ante el contacto de los labios de Mimí, volvió a apretar el abrazo y hundió su cabeza en el cuello de esta.

— No permitiré que nunca te pase nada.

— Yo sé que no, por eso somos tan buenos amigos — Le dijo dedicándole una tierna sonrisa.

Matt se la devolvió repitiendo en su mente la palabra "amigos".

— Ahora entremos, si no nos regañaran — Habló enérgica la castaña, olvidando por completo la desagradable escena que había vivido hace pocos minutos.

— Después de tí — Señaló el rubio abriendo la puerta, dando paso caballerosamente a su amiga.

— Y ahora que todo está arreglado — Sonrió maliciosamente la chica — Había una vez un...

El chico rodó los ojos, después de todo iba a tener que escuchar el chiste de Michael.


..

Cenó, se bañó y se cambió de ropa. Cerca de las once de la noche, después de haber visto una película y avanzado en el aburrido libro de su jefe, fue al club. Decidió ir en su auto esa noche porque estaba determinado a no beber ni una gota de alcohol. No quería que la bebida tuviera ni un poco de influencia en sus actos.

Llegó al club y fue a la barra cuando vio a la castaña sonreírle y hacerle un gesto con la mano.

—Y veo que has vuelto. ¿Rubí te dejó loquito, verdad? —bromeó la castaña de suaves ojos color miel.

Su compañero de trabajo se acercó y lo miró como evaluándolo y luego hizo un ademán de sonrisa.

—Así que tú eres el famoso tipo al que Rubí le hizo un baile privado… —la mirada del rubio era fiera y determinada—. Ten mucho cuidado. No intentes nada con ella porque, para tu información, es una chica decente y no una puta que hará lo que quieras por dinero. ¿Entendido?

Tai asintió, asumiendo que los dos empleados frente a él eran amigos de la bailarina para mirarlo de esa forma. Él era más alto que el rubio, le sacaba al menos cinco centímetros, aunque eran igualmente anchos de hombros y con buena cantidad de masa muscular. Tai salía a correr cada mañana sólo para despejarse y pensar claramente, no porque le importara el físico, en cambio, parecía que el tipo frente a él era un cliente recurrente del gimnasio.

—Nunca pensé eso de ella —dijo él para que el rubio dejara de mirarlo amenazador.

—Matt, no intentes intimidarlo. Rubí es grande y sabe lo que hace —le recriminó la castaña a su compañero. Dirigiéndose a él agregó— ¿Cuántos whiskies para hoy?

—Ninguno. Sólo pasé a saludarte —ella le sonrió radiante.

—Aww, que adorable. ¿Quieres alguna otra cosa?

Quería ver a Rubí pronto, pero eso no podía pedírselo a la mujer tras la barra, así que sólo sonrió mientras negaba con la cabeza.

La muchacha se encogió de hombros y se dirigió a atender a otro cliente que la miraba a los pechos mientras le hacía su pedido. Ella lo golpeó con el trapo que se colgaba en la cintura y se cruzó de brazos hasta que él la miró a los ojos. Tai sonrió al ver la cara de vergüenza del hombre. Se dijo que le agradaba la castaña por el hecho que no se dejaba pasar a llevar y que le cantaba los cuarenta a quien no bailara a su mismo tiempo.

Después de un rato mirando en la barra como la muchacha atendía a los diversos clientes, les llamaba la atención o reía con ellos, decidió acercarse al escenario a esperar que Rubí hiciera su aparición.

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Rubí observaba detrás de la entrada al escenario. Había visto como Tai ingresaba al club y hablaba con su amiga y Matt.

De sólo verlo ahí, aun cuando sabía que vendría, un nudo de nerviosismo se hizo en su estómago. Tai era muy guapo y encantador, pero ella no quería que se terminara obsesionado con su personaje, con la bailarina que interpretaba casi cada noche. Uno: porque tenía novio y sin importar cómo fuera él, no lo iba a engañar. Dos: porque que se obsesionara con alguien que no podría estar con él y con quien no era compatible no sería bueno para él.

Tai no era un hombre que saldría con una bailarina exótica. Y, debido a que sólo mostraba interés por su alter ego, era su deber encargarse de que él no pensara en ella más de la cuenta, aun cuando le gustaba la idea de él soñando con su persona.

Tomó aliento para infundirse fuerzas. No podía seguir retrasando su salida al escenario.

Sintió la mirada de Tai clavarse en ella en cuanto puso un pie en el escenario, pero sólo le dio una mirada fugas para percatarse de que se había cambiado de ropa. Iba vestido casualmente, con unos jeans oscuros, una remera blanca con cuello en V y un saco gris oscuro encima. Le encantaba ese estilo casual y sencillo de él. Pero trató de no mirarlo más de la cuenta para no perder la concentración. Se centró en un punto muerto del club y empezó su baile.

Tai observó algo extrañado que Rubí no lo mirara ni le dirigiera ninguna sonrisa mientras hacía su performance. Bailaba como si él no estuviera ahí, como si no lo conociera. Después de terminar su baile, la chica recogió la pequeña y diáfana bata que se había quitado y salió del escenario sin dedicarle ni una mirada.

Él se quedó sentado ahí sin entender qué había cambiado en el transcurso de un día, ¿por qué ella actuaba como si no lo conociera? como si nunca hubiesen hablado y ella jamás le hubiese bailado.

¿Qué había pasado?

Él se giró clavando sus ojos en la barra, específicamente en la castaña que tenía una expresión de profunda confusión también. Tuvo la intensión de levantarse y caminar hasta donde estaba la mujer vestida como pirata y preguntarle si ella entendía qué había pasado con Rubí.

Al entrar le habían dicho que era la primera vez que ella hacía algo como lo que había hecho el día anterior, y esa noche ella lo trataba como si no existiera.

Estaba confundido.

Sin saber qué hacer, salió del club y se fue directo a su departamento, sin volver a mirar a los dos trabajadores en la barra.


..

Notas de la Autora:

Tenía en mi mente muchas cosas que decir aquí pero ya me olvidó la mayoría ._.

¿Qué tal les pareció el novio de Sora? ¿No se esperaban que fuera "él" verdad? (No belén, no pondré el nombre en las notas 3=D) Yo sé que es un poco raro pero no sé, me parece que le va bien xD

Tai ya está empezando a mezclar los sentimientos, se siente muy cómodo al lado de Sora pero es que Rubí lo mata... A todas estas la bailarina lo ignoró por completo y el pobresito quedó como que: ¿wtf? o.O xD

El momento Mimato, lalalaii...

El momento Mimato de hoy viene a ustedes gracias a Roww xD... Quien en los comentarios me dio la idea de golpes =A... Fue largo, pero no me convenció de todo como armé la trama u.u Si no les gusta hechenle la culpa a Leeen Josefina, quien me obligó a actualizar sabiendo que esto no estaba del todo listo ¬¬ (nah, mentira (L))

Agradecimientos: Muchísimas graciias a:

Row (x3), Gravi (x2), Johita0310 (x2), princesa de Rosa (x2), Faty Takenouchi (x2), Shio (x3), Stefi (x3), Shinxey (x3), y a mii Len (x2) *.* .

Próxima Capítulo: Estará hot, hot, hot xD especial para los babosos =3... Ahm y Matt le pedirá una especie de cita a Mimí.