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La princesa encantadora
Unas horas después del Expelliarmus que derribó a Malfoy, Alan intentaba encontrar a Alexa. Buscó en la plaza, en el Gran Comedor y en las cocinas de Hogwarts. Pero se dio cuenta de que no podía seguir buscando, pues pronto tendría su próxima clase: Encantamientos.
Se dirigió a toda prisa hacia su salón de Encantamientos, donde un hombre bastante bajito observaba exultante cómo Hermione Granger realizaba efectivamente un encantamiento de Wingardium Leviosa. Alexa, desde luego también estaba allí, y después de Hermione, ella había sido la única que había realizado el encantamiento perfectamente.
-¡Veinte puntos para Gryffindor y Hufflepuff! - anunció el profesor, casi a voz en grito. -Ah, señor Westwood. Llega tarde. Siéntese y ponga a practicar el hechizo con… a ver… - el profesor trataba de ver qué puestos había libres en el salón, y encontró el puesto al lado de Alexa - la señorita Longbridge, si es tan amable.
Alan sonrió y no discutió, y se puso al lado de Alexa. Sin embargo, lo primero que hizo fue preguntarle:
-Fuiste tú, ¿verdad?
-¿De qué estás hablando? - preguntó Alexa confundida.
-El encantamiento Expelliarmus. Después de las prácticas de vuelo.
-No sé de lo que me hablas, Alan - dijo con falsa seguridad. Alan pareció tranquilizarse por un momento hasta que Alexa añadió - Por cierto, vuelas muy bien.
-¿Estás tomándome el pelo? - dijo en un tono de voz elevado, que el profesor tuvo que reclamarlo y quitarle 5 puntos a Slytherin por su imprudencia.
-Ahora, el siguiente encantamiento que quiero que practiquen es el encantamiento Expelliemillus - comenzó el profesor. - Es un encantamiento difícil que sirve para… - se cortó en seco. A la derecha del profesor se escuchó una voz que repetía:
-¡Expelliemillus!
Era la voz de Alexa, y fue la más rápida. La pluma que tenía enfrente de ella empezó a consumirse con las llamas. El profesor vio con sus pequeños ojos cómo la pluma se consumía lentamente, y sonrió mientras aplaudía.
-¡Excelente, excelente, señorita Longbridge! ¡Veinte puntos más para Hufflepuff!
Hermione Granger, que estaba al otro lado del salón, se puso lívida. Primero en pociones y ahora en encantamientos…
-Seguramente sabe cómo efectuar el encantamiento Aguamenti, que sirve para apagar el fuego, ¿cierto? - preguntó el hombre bajito sonriéndole ampliamente.
Alexa asintió enérgica y tocó lo que quedaba por consumirse de pluma con la varita.
-¡Aguamenti!
Un pequeño chorro de agua salió de la punta de la varita y apagó las llamas. El profesor volvía a aplaudir.
-¡Quince puntos más para Hufflepuff! - anunció a la clase.
Unos veinte minutos más tarde, Alexa y Alan salían del salón hacia la plaza de receso seguido por el resto de alumnos, y Hermione Granger más atrás, llorando.
-Mira lo que hiciste, Alexa. Eres tan buena en Encantamientos que ya la hiciste llorar - dijo Alan, pero no parecía enfadado ni preocupado, sino todo lo contrario, miraba a la chica con un orgullo inconfundible. Sonreía y la veía triunfante.
La chica sonrió penosa.
-Pero dime la verdad, Alexa - la detuvo y se acercó un poco a ella y para preguntar otra vez con seriedad. - ¿Fuiste tú la del encantamiento Expelliarmus?
Alexa lo miró por unos instantes, y luego respondió:
-Sí, está bien, he sido yo. Pero no se lo digas a nadie, por favor.
-¡Pero qué dices! - Alan sonrió todavía más, y Alexa se veía un poco abochornada, casi contrariada. - En serio, no sé por qué tanto misterio.
-¡Porque no me gusta llamar la atención! - dijo Alexa con un hilo de voz, de modo que sólo Alan pudo escucharla. - ¿Te imaginas lo que pasaría si algún profesor me ve realizando hechizos poderosos y avanzados contra los demás, a mi edad? - le preguntó, preocupada.
-Está bien, está bien, no diré nada - la tranquilizó Alan con fastidio, aunque sonriente. - Pero necesito que me ayudes a mejorar los encantamientos, Alexa. No quiero reprobar…
-No hay problema, Alan - sonrió Alexa con ternura. - Podemos ir a la biblioteca a encontrar libros que te ayuden a mejorar los encantamientos, y los practicaremos en nuestros tiempos libres. ¿Te parece?
-De acuerdo - dijo Alan mientras le devolvía la sonrisa. - ¿Cuándo podemos ir?
Hubo una pausa.
-Si quieres, podemos ir ahora mismo - respondió Alexa lentamente, un poco abochornada. Alan la miró atentamente.
-¿Estás segura? - preguntó con incredulidad.
-¡Claro que lo estoy! - respondió la chica a la defensiva, aunque sonreía. -Pero si vamos a ir ahora mismo tenemos que darnos prisa, se hace de noche.
Alan y Alexa se apresuraron a la biblioteca. Todavía quedaban algunos estudiantes, unos de Slytherin, otros de Gryffindor y algunos de Hufflepuff.
Alexa estuvo registrando en algunas estanterías mientras Alan registraba en otras, y pasados unos quince minutos, Alan consiguió un libro que se titulaba: "Los contra embrujos más potentes, Parte 1". Discretamente, Alan leyó el libro sin que Alexa lo viera. Abrió una página al azar, la registró, y encontró un hechizo que le llamó la atención, llamado Poderis Amorten. Alan arrancó la página del libro que contenía el hechizo y un poco de su descripción lo más silenciosamente que pudo. Sin embargo, unos segundos después escuchó una voz y sintió una mano demasiado cerca de él.
-¿Qué haces? - decía Alexa mientras le tocaba el hombro. El muchacho pegó un brinco y se le heló el corazón, y se volteó rápidamente.
-¡Alexa, no hagas eso! - susurró exasperado. - ¡Casi me matas del susto! - añadió por lo bajo.
-¿Y ese libro? - preguntó Alexa al libro que Alan acababa de cerrar.
-Oh, aquí tienes - se lo entregó. -Me llamó la atención, pero no sé si haya algo que sea adecuado aprender…
Alexa revisó el libro con cuidado, hoja por hoja. Se estaba acercando a la que Alan había adulterado, con lo cual el muchacho se estremeció un poco. Por suerte, Alexa no lo notó, porque antes de llegar a la página, encontró un encantamiento perfecto que se llamaba Protego.
-Esto es lo que necesitamos para cuando Malfoy intente embrujarte por la espalda otra vez - dijo Alexa sonriente. -Este encantamiento protege de muchos hechizos, embrujos y maleficios. Claro, que no te servirá de mucho contra las maldiciones imperdonables, pero te puede servir para otras cosas.
-¿Maldiciones imperdonables? - preguntó Alan, confundido.
Pero antes de que Alexa tuviera oportunidad de responder, se oyó un grito a lo lejos.
-¡TROL! ¡HAY UN TROL! ¡EN LAS MAZMORRAS!
Alan y Alexa salieron corriendo en dirección a donde se produjo el alarido hasta llegar al Gran Comedor, donde estaba la mayoría del alumnado y varios profesores, y descubrieron que se trataba del profesor con el que Snape había estado hablando la noche de Selección; el profesor con un turbante y túnica púrpuras.
-¡UN TROL EN LAS MAZMORRAS! - repetía el hombre. Alan distinguió a Albus Dumbledore, a la profesora McGonagall y a Snape ponerse de pie. -Sólo es un aviso - añadió el profesor antes de desmayarse.
Todo el alumnado presente pareció perder el control; algunos corrían de un lado a otro y otros se limitaban a gritar sin control. No obstante, Alan y Alexa permanecían estáticos a las puertas del Gran Comedor, hasta que Dumbledore gritó:
-¡SILENCIO! - Dumbledore aguardó a que todo el alumnado se callara. Cuando hubo completo silencio, prosiguió: - Todos los estudiantes deben volver a sus dormitorios…
Pero Alan no terminó de escuchar lo que Dumbledore estaba diciendo; Alexa lo había jalado por un brazo y ambos empezaron a correr hacia las mazmorras.
-¡Alexa, espera! ¿A dónde me llevas? - preguntó el muchacho con nerviosismo, pues conocía el camino.
Ambos se detuvieron en la entrada de las mazmorras y observaron al gigantesco trol verde con el pesado garrote en una mano, caminando de un lado a otro, como queriendo encontrar una salida. Alexa lo presionó contra una pared fuera de la vista del trol y le dijo:
-¡Ésta es nuestra oportunidad! - susurró triunfante. Alan la miró perplejo, por lo tanto ella continuó: - ¡Si atrapamos al trol, nos darán puntos por nuestros esfuerzos! ¡Además, es una buena oportunidad para probar algunos hechizos!
Alan la miró como si fuera una loca recién salida de un manicomio.
-¿Te has vuelto loca? ¡Ese gigante podría matarnos! - dijo Alan agitando un poco los brazos. - ¡Además, no sabemos ningún hechizo que pueda derribar a un trol!
Mientras Alan decía esto, se escucharon fuertes pisotones hacia donde se encontraban. El muchacho volteó lentamente y vieron la enorme cabeza del trol con cara de pocos amigos, detrás de ellos. Alan no pudo ahogar un grito de "¡CORRE!" y ambos subieron a toda carrera la escalera de caracol, con el trol pisándoles los talones.
En el camino, Alexa sacó su varita y conjuró todo tipo de encantamientos poderosos: Expelliarmus, Confundus, Rictusempra… Pero ninguno parecía hacer efecto en el gigantesco trol que iba detrás de ellos.
Siguieron corriendo por la salida de las mazmorras hasta que pasaron por una puerta, por la que el trol no pudo pasar de buenas a primeras, que llevaba a un pasillo enorme hacia los baños. Alan aprovechó esta oportunidad para correr a toda prisa con Alexa hacia una de las paredes más alejadas de aquella puerta, y esperar a que el trol no los localizara.
Acurrucados en las sombras detrás de la pared, ambos vieron a Harry Potter y a Ron Weasley pasar y observar cómo el trol se dirigía hacia los baños de mujeres, pero ninguno dijo nada.
Alexa estaba muerta de miedo y Alan respiraba agitadamente. Ambos fueron encontrados unos cinco minutos más tarde por la profesora McGonagall y el profesor Snape. A Alan no le extrañó que la profesora McGonagall le quitara puntos a Slytherin y a Hufflepuff, pero no se le ocurrió nada que decir para justificarse. Ambos estaban pálidos, muertos de miedo, y seguramente arrepentidos por haber realizado tal acto de estupidez.
