El equilibrio

La noche cubría la ciudad de Nueva York con un manto negro, en el puerto marítimo cerca del río Hudson se podía ver que algo inusual: entre los enormes contenedores que yacían aparcados en el suelo de cemento salían figuras desconocidas.

Casi medio centenar de hombres y mujeres, cargando una gran diversidad de armas de fuego y armas blancas, se agrupaban en una esquina del puerto, se podía divisar el logo del Black Dragon en sus ropas. Un hombre de apariencia temible y que parecía ser un líder del grupo llevaba una bolsa en sus manos.

- ¡Ahí están, basura! – gritó una voz desde la otra esquina.

Los Black Dragon giraron la vista y vieron acercarse a otro numeroso grupo, también fuertemente armado, integrado por hombres y mujeres por igual. El logo en sus vestimentas delataban que eran del Red Dragon, sus principales enemigos además de las Fuerzas Especiales.

Ambos grupos se fueron acercando lentamente hasta que quedar tan solo a pocos metros uno del otro, el líder del Black Dragon estaba delante de todos, mientras que sus rivales tenían también a un emisario con una bolsa idéntica.

- ¡No creíamos que tuvieran el valor de venir! – seguía hablando el Red Dragon con enojo.

- ¡Lo mismo decíamos nosotros de ustedes! – devolvió su enemigo. - ¡Pagarán por lo que han hecho!

- ¡¿Nosotros?! ¡Ustedes deben pagar! – recriminaba lanzando la bolsa.

El Black Dragon se sorprendió al ver como de la bolsa salía la cabeza cercenada de Daegon, el líder del clan Red Dragon. Dicha cabeza mostraba signos de descomposición, revelando que había muerto hace muchas horas.

- ¡¿Qué es esto?!

- ¡Ustedes deberían saberlo, lo enviaron junto con una nota donde decía de citarnos a los dos grupos aquí para terminar todo de una vez!

- ¡Estas demente Red Dragon, nosotros hemos recibido esto de parte de ustedes, ratas!

La otra bolsa cayó y la cabeza de Kano, también en un avanzado estado de descomposición rodó fuera de ella, para consternación de los Red Dragon.

- ¡¿Qué tienes para decir?! – amenazaba el Black Dragon. – ¡También recibimos una nota pero de ustedes haciéndose cargo de la muerte de nuestro jefe Kano y citándonos aquí!

- ¡Eso es un montón de mierda! – respondía su rival. – ¡Nosotros ni sabíamos donde estaba Kano…!

- ¡Y nosotros no matamos a Daegon!

Ambos grupos quedaron absortos, los dos emisarios llevaban encima las notas que supuestamente había sido escrita por su enemigo. Con paso lento, desconfiado y soltando sus armas, ambos se fueron acercando hasta toparse entre ellos, sus clanes los veían con sus armas listas para el combate.

- Esta es la nota que recibimos. – mostraba el emisario Red Dragon.

- Y esta es la que nos llegó a nosotros. – respondía su par Black Dragon.

Los dos vieron cada nota y se dieron cuenta de algo shockeante.

- ¡Tiene la misma letra! – exclamó uno.

- Alguien quería que nos encontráramos todos aquí.

- ¡Vaya, son más inteligentes de lo que pensaba! – exclamó otra voz.

Todos los criminales giraron en una dirección, entre las sombras se deslumbraba el aura de Cold.

- ¿Quién carajo eres? – preguntaron los criminales casi al unísono.

- Soy Cold, gran maestro del clan Lin Kuei y guerrero protector de Eathrealm. – explicaba el muchacho.

- Tú mataste a nuestros líderes y nos trajiste aquí. – lo acusaba el Black Dragon.

- Sí y no. – respondía simplemente.

- ¿Qué? – preguntaban confundidos.

- No maté a esas basuras, ambos se mataron en el Armageddon. – explicaba. – Yo solo "tomé prestadas" sus cabezas, en cuanto a la invitación si fui yo… y esperaba que me facilitaran esto.

Los dos líderes se iban separando y volviendo con sus grupos, todos se veían confundidos y enojados, gente que fácilmente asustaría a cualquiera menos al Lin Kuei.

- Sabiendo lo salvajes que son, confiaba en que se mataran entre ustedes y ahorrarme el trabajo. – se burlaba, enojándolos más. – Pero me sorprendieron la verdad, de todas formas los voy a detener ahora mismo.

Un breve silencio reinó en el puerto, los dos grupos estuvieron serios, registrando cada palabra hasta finalmente estallar en risas.

- ¿Y como esperas detenernos tú solo? – lo desafiaba el Black Dragon.

- Somos muchos, tú solo eres uno. – agregaba su antes adversario Red Dragon.

- Tuvo suerte que Ermac no lo oyera. – pensaba Cold divertido, hasta que decidió responder. – Yo solo me basto y sobro, si tan seguro están de vencerme, adelante.

Esperar una batalla justa era de algo de esperar para cualquier grupo de humanos… excepto para ellos. Con una mirada ambos lideres daban a entender que ahora lo más importante era acabar con el Gran Maestro, todos los criminales apuntaban sus armas de fuego hacia su objetivo.

- ¡Mátenlo! – ordenó el Red Dragon.

- ¡Abran fuego! – dijo el otro.

Con un resoplo Cold se limitó a cubrirse en su "armadura de hielo", las balas rebotaban contra el hielo increíblemente grueso.

- Más tarde debería bautizar esta técnica. – pensaba Cold, sin sentir nada. – "Espinas heladas", "Armadura gélida"… ya se me ocurrirá algo.

Como era de esperarse, los cartuchos de balas se vaciaron, todos quedaron pasmados al contemplar al joven sin siquiera un rasguño.

- No puede ser. – decía el Red, sorprendido.

- ¿Cómo hiciste eso? – preguntó el Black.

- Se los dije, soy el gran maestro Lin Kuei. – respondía sencillamente.

Los criminales se disponían a cargar sus armas pero el Lin Kuei ya tenía suficiente y en un movimiento hizo estallar el hielo de su cuerpo, fragmentos filosos salieron en todas direcciones.

Una infinidad de gritos quebraban el silencio, todos los delincuentes quedaron en el suelo, gravemente heridos por los proyectiles helados, incluso varios de esos fragmentos quedaron clavados en los contenedores de metal, dando a entender su potencia. Algunos de los Red y Black Dragon murieron en el momento y otros se desangraban rápidamente en agonía, incluso hubo amputaciones de miembros.

- Bueno, asunto resuelto. – decía satisfecho mirando el panorama,

Los dos lideres estaban en el suelo muertos, uno con un fragmento clavado en la frente y el otro en el corazón. Era increíble pensar que Cold solo tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para vencer a más de 100 peligrosos criminales, el Lin Kuei tomó un pequeño comunicador que tenía en su cintura.

- General, ya está despejado.

En pocos minutos, varios helicópteros y vehículos con la imagen de las F.E. aparecieron en el lugar, alumbrando todo con reflectores. Decenas de soldados bajaron armados, listos para aprehender a los sobrevivientes, a esto también se le sumó la ayuda de la policía y la SWAT.

Cold se quedó de pie, viendo como esposaban a lo que quedaba de las dos peligrosas organizaciones, poniéndole fin de una vez por todas. Un hombre maduro, acompañado de un par de soldados, se acercó a él.

- Muchas gracias Gran maestro. – dijo el militar.

- De nada general, estas escorias deben pagar por sus crímenes. – respondía tranquilo. – Además es lo que Sonya y Jax habrían querido.

- También el sargento de la SWAT quiere darle las gracias, usted sabe, él tuvo que reemplazar al sargento Stryker…

- No es necesario, solo quiero paz en mi mundo, general.

- Bueno, si quieres puedes ayudarme a entrenar a las nuevas tropas. – hablaba el general dándole la espalda. – No es fácil hallar buenos entr…

El general se enmudeció ya que darse la vuelta Cold ya no estaba, como si se hubiera esfumado, dejándolo pensativo.


Los guerreros Lin Kuei recibieron a su gran maestro con el debido respeto, el hombre se mostraba serio pero no exhausto a pesar de haber estado por todos los reinos en un día.

- De acuerdo, ya me he encargado de todo. – explicó Cold a sus hombres.

- Gran maestro. – lo saludó su teniente. – Hay alguien que desea verlo.

Extrañado, el guerrero se dirigió al salón principal acompañado de sus hombres. No podía entender que alguien hubiera entrado al lugar sabiendo que hay centinelas custodiando por todos lados.

- ¿Cómo pudo entrar?

- Se transportó señor, apareció en un haz de luz dentro de la sala. Dice ser uno de los dioses antiguos.

- ¿Los dioses antiguos? Eso me trae mala espina.

Con una mezcla de intriga y confusión, el joven entró al salón y se topó con una bella mujer con una apariencia bastante particular: piel con un tono violáceo, cabellos con un color entre amarillo y verde, ojos verdes con pupilas que parecían pequeñas galaxias. Su ropa parecía estar hecha con plantas, sus piernas estaban cubiertas por una suerte de calzado hecho de piedras de color verde.

- Aquí estas, Cold. – habló la mujer con una voz poderosa.

- ¿Y usted es…?

- Me llamo Cetrion y soy una diosa antigua.

- Sí, mi teniente estaba avisando de eso. – explicaba Cold. – Lastima que no haya avisado con anticipación, habría preparado un almuerzo o algo.

El joven lanzó una pequeña sonrisa, la diosa ni se inmutó.

- Era como decían mis colegas: alguien un poco inmaduro para ese poder.

- Wow, entiendo. Sé que esta clase de humorada no corresponde a un Lin Kuei. ¿A qué se debe su visita?

- Desde el momento en que mataste a Shao Kahn no has venido a vernos para oír nuestros consejos.

- Perdón por no ser como Raiden y consultarlos hasta para ir al baño, he estado ocupado "limpiando" los reinos. Seguro me habrán visto.

- Sí, te hemos visto. Te hemos visto, convirtiendo el Chaosrealm en un páramo helado.

- Era la única forma de asegurarlo.

- Haciéndole a un Kahn promesas que no sabes si podrás cumplir.

- Haré el intento.

- Mutilando a decenas de hombres.

- Solo los detuve, mis amigos militares los arrestaron.

- Intervenir en un conflicto ajeno en Orderrealm.

- Pero finalmente hay orden.

- Y dejar a mi hermano Shinnok como una estatua de hielo.

- Ese viejo malvado se lo merec…

El gran maestro quedó perplejo ante esa última revelación, tardó varios segundos en "digerir" lo que había oído.

- ¿Shinnok era tu hermano?

- ES mi hermano, Cold. Recuerda que solo lo congelaste. Al igual que mis pares, fuimos creados en el mismo tiempo del One Being.

- He oído acerca de ese "One Being" pero nunca entendía bien que era.

- Es el ser que creó a todos los reinos, a los dioses antiguos tuvimos que encerrarlo debido a que su poder era demasiado, debíamos contenerlo…

- …y dividieron su conciencia en los "Kamidogus" para repartirlo en distintos reinos y evitar que despertara de nuevo, esa parte la sabía.

- El poder que poseía Blaze era el del One Being, ese mismo poder que posees ahora. Por nuestro bien te hemos estado vigilando.

- ¿Qué quieres decir Cetrion?

- Antiguos líderes de Outworld como Shao Kahn y Onaga, trataron de conquistar todos los reinos en búsqueda de los kamidogus. Es fácil saber que han intentado hacer eso debido a la influencia de One Being para poder despertar de nuevo.

- Ok… y tienen miedo de que yo haga eso ahora.

- Toda precaución es poca tratándose de esto, Cold.

El ninja no le contestó, era demasiada información nueva para él, pero en ningún momento sintió el deseo de conquistar los reinos, ni siquiera en sus sueños.

- Gracias por la historia. – habló el Lin Kuei al fin. – Pero jamás pondría en peligro los reinos y nunca lo haré, no veía que fuera necesario que vinieras directamente.

- De todas debía verte en persona para advertirte de una cosa más: que debe haber un equilibrio entre los reinos.

- ¿A qué te refieres?

- Entiendo que quieras hacer el bien, pero tiene que existir un equilibrio entre la luz y oscuridad. No creas que solo debe existir el bien en los mundos.

- O sea, me dices que debo dejar gente mala vivir como si nada.

- Que seas prácticamente un dios no te da el derecho a meterte en asuntos de todos los reinos, es importante dejar a la gente libre para tomar decisiones. Tienes que comprender que la misión original de Taven, el hijo de Argus, era quitarles los poderes a todos los luchadores, tanto poder junto pone en peligro el equilibrio.

- Entiendo perfectamente tu idea Cetrion y para eso tengo una idea, pero quiero saber si seré capaz de lograrlo.

- ¿Traer a tus aliados de la muerte? Es posible… pero ten en cuenta lo que dije.

La diosa se acercó al Lin Kuei, más allá de su actitud severa, podía ver el bien en su mirada y su rostro.

- Y tal vez necesite una mujer a mi lado. – le habló el joven con una leve sonrisa.

- Me siento halagada, pero demasiado joven para mí. – respondió la diosa con una risita.

- Debía intentarlo. – se resignó.

- Nos vemos Cold. – se despedía ella. – Recuerda que siempre te estaremos viendo.

En un poderoso haz de luz, la dama de la naturaleza desapareció.

- "Es posible". – repetía las palabras en su mente.

Salió del salón tranquilamente, su teniente y los demás Lin Kuei lo esperaban.

- ¿Gran Maestro? ¿Está todo bien? – preguntaba uno.

- Sí, he recibido una mezcla de consejos y advertencias. – respondía. – Ahora tengo una nueva misión: traer a unos amigos del más allá.


Aquí termina otro capítulo, en este fic decidí que Cetrion y Shinnok no fueran criados por Kronika por un evento que revelaré más tarde.

Hasta el próximo cap.