Robert y Maryse eran los mejores cazadores de sombras al servicio de Valentine que pudiera haber en Idris. Eran los dos fuertes y letales.
Hacía poco que se habían casado, y planeaban un futuro de gloria Nefilim para sus hijos en un Idris puro y limpio de subterráneos.
Cuando llegaron a la finca de los Fairchild, encontraron todo quemado hasta los cimientos. No había rastros de Jocelyn en ninguna parte, Valentine les había ordenado buscarla y llevarla a donde él, pero esa misión no iba a poder llevarse a cabo.
Después de la pelea que tuvieron en el palacio de la Ciudad de Cristal, después de que ella hubiera abandonado el Círculo, Valentine entró en una crisis pues su parabatai, Lucian Greymark, era quien había ayudado a su esposa a conspirar contra él.
Pero lo peor estaba por venir.
El hombre estaba parado en el umbral de un enorme castillo gris que se dibujaba contra el cielo enrojecido por el fuego y la sangre de la batalla, y una enorme capa negra cubría toda su figura.
El Levantamiento había fracaso gracias a su propia gente, gracias a su propia esposa. La mujer que tanto había amado lo había traicionado cruelmente, su parabatai lo había traicionado….
Y La Clave estaba detrás de ellos, así que no podría estar allí por mucho tiempo más.
No tardó en divisar la silueta de Robert Lightwood alta y majestuosa que se acercaba por el camino. Sabía que se encontrarían allí.
-¿Jocelyn?- preguntó sin esperar a que el hombre y su esposa, que venía más atrás, terminaran de llegar -¿Dónde está?-
Robert no decía palabra alguna.
-¿Viva, muerta? ¿Dónde?- inquiría implacable. Robert no respondía, estaba atónito.
-Maryse ¿Dónde está?- severamente Valentine le pregunta a Maryse ahora.
-Jocelyn huyó, no está muerta- ella respondió con frialdad.
A Valentine le temblaron los labios. Evadió la mirada de sus matones.
-Imposible ¿Cómo pueden estar seguros?- gruñó negando con la cabeza y enfocó su atención en el castillo –Aquí íbamos a vivir, si yo hubiera tomado el poder. Ella, yo y mi hijo- suspiró –No ¿Cómo pudo huir? No es posible-
-Jocelyn huyó, Valentine. Nos traicionó- Maryse no tenía pelos en la legua para callar aunque su esposo le lanzara miradas nerviosas –Y huyó con Lucian-
Un giro violento hizo que Valentine encarara a sus dos matones otra vez, y eso hizo retroceder a Robert y a Maryse.
-Tú lo sospechabas- al fin Robert hablaba, tratando de defenderse de una posible acusación. Valentine se acercó a él y con brusquedad lo sujeta por el cuello de la chaqueta. Pero Robert no calló –Por eso te llevaste a Jonathan y le hiciste creer que lo habías matado, admítelo. Sabías que ella te iba a dejar con Lucian llevándose a tu hijo-
Ambos estaban armados con espadas filosas y cuchillos y Maryse era ahora quién temía un ataque de Valentine ante aquellas palabras terribles. No se quedó de brazos cruzados:
-No es momento para esto, Valentine, déjalo. Hay que huir. Nosotros también tenemos que huir, Hodge ya nos ha abierto el portal y nos espera, pues ya la sentencia está dictaminada: estamos desterrados de Idris, condenados a muerte si permanecemos aquí-
-Hodge nos dijo que el portal ya había sido usado. Hodge y Jonathan, tu hijo está con él, vamos- continuó Robert, quien como hombre no podía evitar sentir empatía por su jefe.
Valentine le quitó los ojos de encima a Maryse y volvió a Robert. Tenía esa mirada azul inyectada de sangre y las ojeras que la bordeaban eran negras.
-Entonces fue por allí que Lucian se llevó a mi esposa ¿No es así, Robert?- con voz de serpiente Valentine taladraba a Robert con sus terribles ojos –Por ese portal-
Era difícil para el hombre hablarle claro sobre la traición de su mejor amigo, sobre la huída de Jocelyn por culpa de la influencia de Lucian Graymark…. a Robert le costaban las palabras:
-Así es, los vieron, la gente de Alacante… - confesó la comprobada realidad –Cuando veníamos para acá nos enteramos, los vieron, a Lucian y a Jocelyn entrar al palacio de la reina hechicera Hada-
La furia en Valentine se había transformado en una profunda tristeza, en debilidad y agotamiento. Sus manos ya no sujetaban con fuerza a Robert. Estaba demasiado agotado.
-Tú tienes la Copa Mortal, tú tienes a Jonathan. Estás con más ventajas que ella, Valentine- Maryse trataba de aplacarlo, pero sus razonamientos no surtían efecto en el hombre.
Los ojos azules del líder del Círculo se extraviaron en el castillo que tenía enfrente, y una nube de ensoñaciones cegaron su realidad. Se apartó de los dos Nefilims, dándoles la espalda.
Había una realidad que lo abrumaba: Jocelyn merecía morir, pero no podía odiarla, la amaba demasiado a pesar de la cruel traición.
-Está escapando de mí pero no lo logrará- dijo al fin, en una voz siniestra y apenas audible para Maryse y Robert –Será mía otra vez, se la arrancaré a Lucian porque ella es mía y de nadie más. Mía-
Entonces Valentine volteó hacia los dos Nefilims, y estos vieron en su rostro los ojos de un demonio.
-¡ES MÍA!-les gritó histérico.
Y sintieron miedo.
Pero muy adentro y a pesar de todo también sintieron algo de pena por aquellos dos que fueron una vez sus amigos, porque les esperaba algo terrible.
-¿Y Lucian?- Robert se atrevió a preguntar con cierto regocijo pues sabía la respuesta muy bien.
-Nos iremos de Idris, sí, por el mismo portal, al mismo lugar a donde fueron ellos- respondía, arrastrando las palabras con sadismo- Y los cazaremos. Lucian es un "hombre" muerto-
Respiró profundo y parecía más tranquilo.
-No descansaré hasta matar a Lucian Graymark- sentenció.
Los tres Cazadores de Sombras del Círculo abandonaban el camino, emprendían su marcha hacia el exilio, dejando tras de sí una estela de muerte y destrucción, y con la Clave pisándole los talones. Se internaban en la neblina del bosque aledaño y Robert y Maryse no se imaginaban que detrás del terrible juramento que había hecho Valentine no había furia sino más bien dolor, pues en su rostro habían lágrimas.
Lágrimas de un corazón roto que se escondería totalmente detrás de la venganza.
A Valentine no le importaba tanto el fracaso del Levantamiento, no le importaba la Copa Mortal, su frío corazón había sido atravesado por el cuchillo ardiente de la traición de amor que había sufrido y la idea de perder a Jocelyn para siempre.
Pero su dolor lo aplacaría con una venganza terrible.
