Chapter 4: La cena

El mundo de Harry Potter es de J.K Rowling.

La atmósfera es absorbente, seguimos a escasos centímetros, todo alrededor parece una escena de teatro, donde miles de personas nos miran y esperan lo predecible. Me sigue mirando, profundamente, de tal manera que si os soy sincera, si no fuera por mi orgullo, giraría la cara de la vergüenza que siento.

Veo como levanta la mano, lentamente, puedo ver el movimiento, puedo sentir el movimiento. Parece que están pasando horas mientras ella levanta la mano. Justo cuando va a tocarme, la puerta se abre y entra una Ginny con el uniforme de quidditch manchado de barro, como si hubiera estado retozando en una pocilga y el pelo que nada puede envidiar a un nido de pájaros.

Hermione, te estaba buscando, Cuéntame qué tal, ¿me tenéis buenas noticias?-, conforme dice eso, pasan dos cosas: la secretaria de Parkinson aparece por detrás de ella, pidiendo disculpas por la interrupción tan abrupta que hemos sufrido, algo que resta importancia Parkinson con un movimiento de la mano, y por otra parte Ginny se da cuenta de la tensión que reina en el ambiente.

Hola Weasley, ¿Cómo estás?-, dice ella de forma simpática y riendo a causa de la forma abrupta que ha tenido de entrar en su despacho.

No sé si algún día me voy a acostumbrar a que ella se lleve tan bien con Ginny. Pero bueno, si sólo fuera el tono cordial, casi que lo entendería, pero es que en ese momento Ginny se acerca a ella para abrazarla y darle un beso en la mejilla.

Te he dicho mil veces que me digas Ginny, de verdad-, justo la frase que necesitábamos para que la atmósfera de tensión desaparece.

Me fijo que Parkinson arruga la nariz mientras abraza a Ginny, supongo que ésta última por las pintas que lleva no se ha duchado, se ríe y le dice: - ¿No te daba tiempo a ducharte antes de visitarnos, eh?

Pues la verdad es que no lo he pensado, estaba nerviosa-, dice y Parkinson se le escapa una carcajada, inundando el despacho.

Adoro sus carcajadas, su risa hace que cada poro de su cuerpo deje de interpretar un papel frío e capaz de envolverme.

-Bueno, chicas, ¿Hay buenas noticias?, estáis más serias de lo normal, incluso para vosotras-, pregunta de manera cortada, incluso cohibida para ser ella.

- Sí, sí Ginny, hay buenas noticias, que te cuente lo bien que anda de retórica y lo capaz que es de tomar el control-, dice Parkinson de una manera suave, hipnotizante para mi, pero con cierto recochineo hacía mí.

Me mira y sé que es una manera de ponerme en tensión, porque toda esa frase estuviera totalmente cargada de un doble sentido bastante fuerte. Peor la sensación que tengo desaparece cuando Ginny comienza a dar saltos de alegría alrededor nuestra y a pesar de lo que acababa de decir Parkinson, me inunda su actitud y comienzo a saltar de alegría.

Ella nos mira desde la misma posición que se había quedado, apoyada en el escritorio, en el mismo momento que casi me roza con sus manos, y aunque la atmósfera ha cambiado, parece que la familiar escena, aligera cualquier cosa. Cada día me sorprende más la capacidad que tiene Ginny para aligerar la situación, aunque sea el peor de los casos.

Chicas esto hay que celebrarlo-, chilló Ginny.

Entonces en cuando me doy cuenta que hoy es el día de la cena reglamentaria, que se hace cuando una de las reuniones sale bien.

Estaba a punto de comunicarle a Granger que la cena de empresa era hoy a la nueve, donde siempre-, interrumpe Parkinson mis pensamientos.

Será mentirosa, lo que realmente iba a hacer era acariciarme con la mano derecha, para ser exactas.

Pues me apunto, porque ser salvadora del mundo mágico (qué bien suena eso, ¿no chicas), me lleva a que nadie me va decir que no a una invitación por parte del ministerio-, dice Ginny riéndose y yéndose hacia la puerta para irse.

Tan modesta como siempre, señorita Weasley-, dice Parkinson muerta de risa.

Cada vez que veo como le sonríe a Ginny, me pregunto por qué no me puede sonreír así a mí. Qué conexión es la que le une a ellas y parece que nos separa a nosotros.

Bueno chicas, yo ya me voy que este cuerpo no se va a limpiar sin más. Nos vemos donde siempre, ¿Quieres que te recoja, Herms?

Todos los pensamientos que tenía en mente se difumina cuando ella me habla.

No hace falta Ginny, tengo cosas que hacer antes-, le digo mientras Ginny me mira con cara interrogante. Sabe que algo no va bien.

Vale, luego nos vemos, ¡hasta luego, chicas!

Justo cuando cierra la puerta Ginny todo ha cambiado, a Parkinson le ha dado tiempo para sentarse con los papeles entre las manos. Sé que está dispuesta a terminar la conversación.

Granger, en otro momento tenemos que hablar de algo relacionado con el departamento. Ahora necesito terminar los informes ya, para poder llegar a tiempo a la cena-, dice de una forma suave, aligerando el tono, pero sé que no hay nada que hacer al respeto.

Me parece correcto, Parkinson. Si me disculpas me voy-, cierro una conversación que ya no tiene futuro.

Antes de salir, levanto la vista de mi pies, giro la cabeza y me encuentro con su mirada, observando como me voy.

De camino a mí despacho me encuentro con muchas personas, que aunque intenta hablar conmigo, yo posiciones están encauzados en dos caminos: el primer pensamiento, y que más me llama la atención, es la de buscar una excusa lógica y creíble para no tener que ir a la cena. Pero por otro lado, pienso en buscar una forma de subirme la autoestima, con ropa que me sienta bien y conseguir que se tambalee la fortaleza de Parkinson. Mi orgullo es el que manda, así que aún sabiendo que debo trabajar, me voy a casa a descansar y buscar la manera de llegar a la cena con la cabeza despejada.

Sin esperar a llegar a la red flu, me desaparezco, algo que aunque no está permitido para la mayoría de los trabajadores del ministerio, ser una "salvadora" del mundo mágico tiene sus privilegios.

Al llegar a mi departamento, me espera mi gato tumbado y sin ninguna intención de levantarse para saludarme. Así que con un ligero asentimiento, me dirijo hacia la cocina, quitándome los zapatos por el camino, al llegar a la cocina cojo una cerveza y me dirijo al salón.

Ya sentada en el sofá y con mi cerveza, comienzo a pensar cómo afrontar esta noche, sin jugar al ratón y al gato, con el mismo final de siempre: yo acorralada y destrozada moralmente. Las horas pasan y no me doy ni cuenta, la tercera botella de cerveza ya ocupa mi mesa y unas cuantas canciones después en el ordenador, me doy cuenta de dos cosas: si sigo bebiendo así, voy a llegar borracha a la cena, y lo segundo es que ya llegó casi tarde. Salgo corriendo a la ducha para arreglarme.

Me visto de una manera sencilla, con unos pantalones de pinza con estampado, una camisa y una americana negra con botines. Me miro en el espejo y no sé si es por las cervezas, pero me veo guapa e imponente.

Yo diría que estoy preparada.

Al llegar al restaurante me alegra ver que allí ya está Ginny esperando a todo el mundo. Me mira de manera inquisitivamente mientras me pregunta: -¿Estás bien, Herms? Hoy cuando he estado en el despacho de Pansy he notado la tensión y el mal rollo desde el primer momento que abrí la puerta, más de lo normal para ser vosotras-, susurra como si Pansy fuera a escucharla.

Antes de que tú llegaras estábamos teniendo una conversación seria sobre mi futuro en el departamento. A parte de eso, también habíamos discutido-, le hablo con un tono normal porque la valentía siempre me dura poco tiempo y que me pudiera pillar Parkinson hablando de ella en este momento me da igual.

A lo que Ginny tarda en asimilar la información, no le da tiempo a contestarme porque llega Parkinson. Imponente como siempre, con paso decidido y como si el mundo fuera suyo. se me eriza todos los pelos del cuerpo y me dejo llevar por la sensación que recorre el cuerpo cuando le veo venir. Lleva puesto un esmoquin con tacones; preveo una noche difícil. Pareciera que un día estresante no hace mella en ella.

Al mirarnos, inconscientemente le sonrío, porque se ve preciosa y la cerveza ha hecho también mella en mi.

Cualquiera que nos vea puede sentir lo que hay entre nosotras dos, es una erupción volcánica. Y Ginny era la espectadora perfecta, nos conoce a las dos, sabe lo que realmente está pasando.

Parkinson me devuelve la mirada y sonríe de medio lado. supongo que algún momento me sonreirá, como lo hace con Ginny. Pero aunque parece poco, mi cuerpo tiembla imperceptiblemente, por suerte.

Llega hasta nosotras y agradezco que lo haga con rapidez porque me siento demasiado nerviosa.

Diría que llego tarde, pero falta por llegar la mayoría del departamento y contando que he salido sólo hace 30 minutos de mi despacho, me permitiré estos cinco minutos como licencia personal-, dice Parkinson de manera afable e incluso de una manera divertida.

He de decir, como persona que no trabaja en el departamento, que como alguna de vosotras nombre más de dos veces el trabajo, bebéis chupito, y no quiero recordaros la última resaca a las dos-, dice Ginny muerta de risa.

Pues podemos comenzar a aceptar la resaca de mañana y quererla tal y como va a ser-, digo riéndome. Hace que ambas rían conmigo y todos los problemas de ese día parece que desaparecen.

Decidimos entrar y pedirnos algo para esperar a los demás. A la hora de sentarnos, sé que Ginny lo hace conscientemente, nos sienta juntas -demasiado juntas para mi gusto-, haciendo que todo me dé vueltas con la sensación.

Todos los demás llegan, sentándose alrededor nuestro, pero yo sólo siento que su pierna está muy cerca de la mía y su mano más cerca aún. Al moverse genera una ligera brisa que siento como si una brisa del desierto se tratará, ardiendo.

Mientras que transcurre la cena, me doy cuenta del que vino está haciendo su trabajo y yo comienzo a estar más desinhibida. Sólo quiero tocarla, ¿ Es demasiado arriesgado rozar mi rodilla con la mía?

Da igual a estas alturas de la noche.

Justo cuando comienza a llegar los postres, hago ahínco de toda la valentía que tengo y rozo suavemente su rodilla con la mía. Al contacto, ella se para y mira al frente, he visto como ha temblado, imperceptiblemente. siento que ella no se aparta y me da el impulso para seguir con lo que estaba haciendo, ya que nadie se estaba dando cuenta. Este es el primer acercamiento si discusiones que tenemos.

Todo el mundo a nuestro alrededor está comiendo el postre y es en ese momento que noto su mano descender de la mesa y la posa en mi pierna, me mira intensamente, comienza a acariciarme; puedo sentir que hemos desaparecido y estamos en otro sitio muy distinto a esta cena.

Ella deja su mano justo hay hasta que se decide cambiar de lugar e irnos a tomar una copa.

Va a ser una noche larga.

Continuará….