IV
Sunset enfrenta a Celestia
Ni la Princesa Celestia ni la Princesa Luna podían crear lo que habían escuchado: Sunset Shimmer, la pony que había abandonado Equestria por sus ambiciosas razones había vuelto con Twilight Sparkle tras viajar por Canterlot. Casi inmediatamente después de que le dijeran, Celestia corrió directamente a las puertas del Palacio Canterlot tan rápido como sus piernas le permitían.
—¡Abran las puertas! —gritó Celestia a los guardias que resguardaban el lugar—. ¡Les ordenó que las abran, ahora!
Haciendo lo que debían hacer, los guardias usaron su magia para abrir las puertas. Celestia se detuvo cuando vio a sus dos estudiantes de pie frente a ella: una era ahora una Princesa Alicornio, mientras que la otra era la estudiante que había abandonado sus estudios por sus ambiciosos deseos y sueños. Sunset Shimmer respingó ante la presencia de la Princesa Celestia, la pony que la había tomado bajo su ala. Sunset no sabía si llorar o gritarle enojada a Celestia, pero ella sabía que había heridas que debían curarse entre ambas.
—Sunset —jadeó Celestia, tratando de recuperar el aire tras su pequeña carrera—. Has vuelto a Equestria tras tanto tiempo. ¿Sabes a cuantos ponies has preocupado?
Sunset no tenía una respuesta para Celestia, y Twilight sabía perfectamente que Celestia no era muy paciente cuando demandaba respuestas. Sin embargo, esto era algo que no tenía nada que ver con ella.
—Sunset, por favor respóndeme —dijo la Princesa Celestia, con lágrimas generándose en sus ojos—. ¿Tienes una idea de lo mucho que yo y otros ponies nos preocupamos por ti? ¡Pense que mi única oportunidad de saber de ti se fue con el diario mágico!
Le tomo un momento a Sunset animarse y juntar el coraje para encarar a la que fue su maestra tanto tiempo. Tomando un profundo respiro, Sunset camino hacia Celestia con su cabeza baja, mientras Celestia esperaba la respuesta de su ex alumna.
—Lo sé, Princesa —dijo tristemente Sunset, con la mirada fija en el suelo—. Se el dolor y la miseria que cause en los que me amaban, incluso aunque yo no los amara.
—¿Sabes cuanta culpa he cargado desde que dejaste Equestria? —bramó la Princesa Celestia—. Trate con todo lo que estaba en mi poder de hacerte ver que lo que intentabas estaba mal, pero fue todo inútil. No puedo gobernar Equestria por siempre, Sunset, y tampoco la Princesa Luna. Mi tarea era prepararte, enseñarte todo lo que una princesa debe saber. Y ahora, ahora pareciera que tú lo aprendiste. Pero al mismo tiempo, mis intenciones para ti nunca fueron completadas. Eras como una hija para mí, Sunset Shimmer. Cierto, no eres de mi linaje ni sangre, ¡pero te amaba como si lo fueras! Cada día desde que te fuiste, podía sentir el vacío de mi corazón. Una agujero que solo podía ser llenado cuando escuchaba de tu valentía contra Las Dazzlings y la Twilight Sparkle del otro mundo, corrupta por fuerzas fuera de su control.
Sunset podía ver las lágrimas que llenaban los ojos de Celestia. No eran lágrimas ordinarias, eran lágrimas de dolor, de pena. No todos en Equestria tenían el honor de tener a la Princesa Celestia como maestra. Sunset había sido uno de los que habían tenido la oportunidad antes que Twilight, y la había rechazado por sus deseos.
—Está en todo el derecho de estar enojada conmigo, Princesa —susurró Sunset, alzando un poco la cabeza—. Así que no me enojare. Lo que hice estuvo mal, y fui demasiado impaciente para obtener lo que quería.
Ella quiso decir más, pero no encontraba las fuerzas para hacerlo. Estaba convencida de que la Princesa Celestia no le creía. Ella solo quería estar en buenos términos con su maestra, ¿cómo podría arreglar lo que había hecho?
—Sunset, nunca podría estar enojada contigo, ¡sin importar que! —dijo seriamente la Princesa, abriendo sus alas y atrapando a su estudiante en un abrazo—. Después de todos estos años, seguías siendo la pequeña y dulce potrilla que conocí un hermoso día en mi escuela. Podía sentir que tenías el potencial de lograr lo que Starswirl el Barbad no pudo, y me apenaba pensar que algún día te perdería. Quizás te puse mucha presión, esperando que aprendieras la magia de la amistad a tiempo para derrotar a mi hermana, y liberarla de lo que la corrompía.
—No me falló, Princesa —dijo Sunset, intentando ahogar las lágrimas que se formaban en sus ojos—. Yo le fallé. Debería haber confiado en su juramento de no hacerme alicornio, debería saber que tenía una razón para no confiarme en lo que el espejo decía que haría. Pero solo podía pensar en mi misma, y cuando note el error ya había destruido el lazo que teníamos. Eso es por qué no regresé, porque había cometido tal error que no podía perdonarme a mí misma.
—Me parece que tenemos mucho en común —anunció una voz que se le hacía desconocida. Una alicornio un poco más pequeña que Celestia de un negro azul, y con una melena y cola que rememoraban el estrellado cielo nocturno, se acercó desde el pasillo—. No eres la única que no puede perdonarse sus errores pasados, o que sigue luchando con ellos en el presente.
—¿Quién eres, y como me conoces? —le preguntó Sunset Shimmer a la alicornio.
Twilight sonrió y dejo ir una pequeña risa.
—Ella es la Princesa Luna, Sunset. Ella es la hermana de la Princesa Celestia. Ella solía ser la malvada Nightmare Moon, pero mis amigas y yo la derrotamos y logramos que volviera a ser buena con los Elementos de la Armonía, justo como hice contigo cuando eras un demonio enfurecido.
—Un placer conocerte tras tanto tiempo, Sunset Shimmer —saludó la Princesa Luna cálidamente—. Y te advierto que no perdonarte puede ser una fuerza destructiva si lo dejas controlarte. Debes aprender a perdonarte a ti misma de tus errores pasados, o te consumirán de una manera u otra. Pero, y espero que lo sepas, no debes enfrentar tu pasado sola. Tienes amigas ahora, por lo que tengo entendido, y ahora estas de vuelta en Equestria, por lo que puedo entrar a tus sueños si necesitas guía. No necesitas esconderte de tu pasado, es tiempo de aceptarlo y seguir adelante, como mi hermana y yo hicimos.
No había duda, en la mente de Sunset, de que el daño que había causado en Equestria necesitaba ser reparado con la magia de la amistad. Pero su oportunidad de redimirse y los desafíos para lograrlo estaban cada vez más cerca…
