Un mundo de recuerdos.

Jueves 1º de Agosto de 1996:

-Vamos, chicos ya levántense.- dijo Hermione seguida de Ginny irrumpiendo sin ninguna consideración por la puerta de la habitación de Harry y Ron. Eran las nueve de la mañana. Ambos estaban dormidos, o más bien, el pelirrojo estaba dormido y Harry estaba hablando en sueños de nuevo. Las dos chicas se acercaron corriendo a la cama de su amigo y escucharon atentamente lo que decía.

-¡Sirius, Sirius, por favor!... Profesor Lupin, ¡déjeme! Usted no lo entiende, por favor. ¡Sirius!- Harry estaba delirando.
Ginny le tocó la frente y retiró la mano rápidamente. -¡Está hirviendo!- dijo. -¡Hermione, ve a buscar a mi madre o a alguien por favor!- la castaña salió rápidamente de la habitación. Ron se despertó al darse cuenta de lo ocurrido y se quedó esperando sentado en su cama. Sabía que no podía hacer nada por él. Se escucharon pisadas en la escalera y pronto apareció una Molly muy preocupada, un profesor Lupin muy cansado y una Helen impaciente.

-¡Oh, dios! Tiene muy alta temperatura.- dijo la señora Weasley después de tocarle la frente.
-Está sudando y habla en sueños. Solo es una pesadilla. Se le pasará.- dijo Helen, e hizo el intento de irse, pero Lupin la detuvo tomándole el brazo.
-No puedes mostrarte así de indiferente. Debe tener unos cuarenta grados, Helen. Es grave, por favor has algo.- le dijo preocupado. La mujer lo miró fijamente y luego dijo:
-Granger, ve al armario de pociones y tráeme una de líquido violeta. Es la única, así que no te confundirás.- la chica se asombró por la frialdad con la que le había hablado, pero sin más salió otra vez de la habitación. Al minuto apareció con un frasco en la mano y con la otra en el pecho. Le tendió la poción a la mujer y ésta fue derecho al lado de Harry.
Dejó el frasco sobre la mesa y para asombro de todos, tomó a Harry con suma delicadeza por la cintura y la axila y lo sentó contra el respaldo. El chico respiró mejor. Todos estaban expectantes. Conjuró una jeringuilla y absorbió con ella un poco de la poción. Luego buscó en el antebrazo de Harry una vena especialmente marcada y le inyectó despacio la aguja. El chico hizo una mueca de dolor pero a los pocos minutos se fue calmando, y dejó de sudar al acabarse la poción.
Harry abrió los ojos poco a poco y se encontró de frente con los calculadores ojos azules de "esa mujer extraña" según él mismo. Ginny y Hermione se lanzaron a sus brazos, estaban muy tensas y preocupadas. "Han estado llorando" pensó Harry al verles los ojos rojos e hinchados. Vio a la señora Weasley con una mano en el pecho y dándole las gracias a Merlín, y para su alegría, vio a Remus Lupin. Aunque ese sentimiento se fue al ver las bolsas en los ojos, lo delgado que estaba y las canas que se notaban más que nunca. Se sintió de lo peor cuando se dio cuenta de que anoche había sido luna llena y él, emocionado por la fiesta, se había ido a dormir sin siquiera preguntarse dónde estaba el hombre. Se había olvidado por completo y se sentía realmente culpable. Pero Lupin sin embargo le sonrió. Como siempre, tenía una sonrisa sincera para Harry, algo con lo que confortarlo aunque fuera un instante. Parecía leerle la mente, porque cada vez que a Harry se le pasaba por la cabeza algún sentimiento negativo, Lupin le sonreía transmitiéndole que todo estaba bien.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué todos me miran así?- Harry miró a todos uno a uno. Helen no le quitaba la vista de encima, pero su rostro permanecía impasible y Harry no pudo descifrar lo ocurrido. Dirigió la mirada a Ron, quien se tocó la cabeza con los dedos para indicarle lo sucedido. -Díganme que no pasó...- dijo el moreno al comprender los gestos.
-No pasó.- le dijo Ron, en un tono que revelaba claramente lo contrario. Harry lo miró avergonzado.
-Y... ¿qué...? Es decir... ¿alguien sabe que...?
-Si, Harry.- le cortó Ron para sacarlo del apuro. -De hecho, todos te escuchamos.
De repente el humor de Harry cambió: -Pues ya estoy bien, gracias.- dijo dirigiéndose especialmente a Helen, quien luego de dirigirle una última mirada, salió de la habitación.
-Por favor, Molly, chicos, ¿me dejarían hablar con Harry a solas?- preguntó Lupin.

Todos salieron a prisa. Cuando se quedaron solos, el profesor se sentó al lado del chico.
-Harry, ¿cómo te sientes?
-Estoy bien.- contestó Harry testarudamente.
-Harry, lamento no haber podido asistir a la fiesta de tu cumpleaños.- Y con ese simple comentario de boca del hombre que había sido su apoyo desde que lo conoció, que no tenía más intención que trasmitirle su pena, Harry se arrepintió enormemente de haberle contestado mal, pues recordó de inmediato la mala noche que debió haber sufrido Lupin, de la cual él se había olvidado.
-Estoy bien.-repitió Harry. -Y lo entiendo.- dijo en un tono de voz más suave.
-Te traje un regalo.- sacó un paquete cuadrado de debajo de su abrigo y se lo dio. Harry lo miró y tras la mirada inquisitiva de Lupin lo abrió. -Era de James y Sirius, no se porqué, pero me lo regalaron un año después de salir de Hogwarts. Ellos prefierieron conservar los espejos.- miró el objeto con melancolía.
-Sea lo que sea, muchas gracias, si perteneció a Los Merodeadores, será algo muy especial.

Lo que Remus le había regalado a Harry era una mediana caja de cartón forrada en tela de gamuza roja. Adentro había un par de cadenas de plata, que tenían como centro, una gema verde brillante cada una. Si a Harry no le hubieran dicho que tenían una función especial, las habría tomado como joyas normales. Muy valiosas, pero al fin y al cabo joyas. Pero Lupin le explicó:

-Harry, estas no son cadenas comunes. De hecho, son muy útiles. Por ejemplo, tú le regalas una de las cadenas a Ron, y la otra te la quedas tú. Entonces, sin importar a la distancia que se encuentren, pronunciando un hechizo ambos se pueden localizar, siempre y cuando la lleven puesta. Esa persona a la que le regalaste la joya, en este caso Ron, no se la puede quitar, solo puedes hacerlo tú, que eres el dueño real de ambas cadenas.
-Es impresionante.- dijo Harry maravillado.
-Sirius y James las usaban entre ellos para saber que todo estaba bien. Ambos podían quitarse las cadenas ya que al comparlas pagaron exctamanete la mitad cada uno, para no tener esa clase de problema. También tenían el espejo, pero como era más grande y fácil de ser descubierto, preferían utilizar estas cadenas. Todos pensaban que las usaban para impresionar a las chicas con algo tan valioso.- rió al recordar eso, y continuó. -De hecho, nos turnábamos entre los... cuatro. Dos espejos y dos cadenas. Las cadenas generalmente eran para James y Sirius, eran unos de sus más preciados tesoros.- Lupin había dudado en dar esa información ya que. aunque implícitamente, incluía a Peter Pettigrew.
-Me encanta. Es genial. Increíble. Maravilloso.-
-Me alegro de que te gusten.- dijo Remus sonriendo abiertamente.
-Muchas gracias, profesor. Significa mucho para mí.- Harry no podía dejar de pensar que esas mismas joyas las habían usado James y Sirius. Y ahora pertenecían... a él.

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Voldemort se deleitaba ante el sufrimiento de su prisionero. En sus ojos se veía fuego y eran más aterradores que nunca. Su figura se alzaba imponente, habría hecho retroceder a cualquiera sin necesidad de utilizar su gran poder. En los últimos momentos había intentado persuadirlo para que le diera información de la guarida de la Orden del Fénix, pero había sido en vano. Tampoco podía penetrar en su mente, para su asombro, aún seguía totalmente cerrada.

-Tu estado es terrible, Moody. ¿Pensaste que podías escapar de mis garras? Eres un imbécil.- Voldemort había utilizado un tono de voz entre sarcástico y furioso. Nadie se escapaba de Lord Voldemort, y menos un viejo loco. -Es tu última oportunidad, tú decides. O me revelas el paradero del cuartel y te doy una muerte rápida o sino...- Voldemort lo miró de tal forma que parecía querer matarlo con la mirada. -ésta muerte será tan lenta y dolorosa que pasarás a la historia como el hombre que más sufrió en la tierra.- Voldemort soltó una carcajada que retumbó por todas las paredes de la guarida, e incluso llegó hasta las mazmorras, e hizo que varios mortífagos tengan algo de compasión por el que en ese momento estuviera siendo castigado por el Señor Oscuro.

-Ja... jamás... yo... no repetiré... lo que hizo... Pettigrew.- le faltaba el aire. Todavía se estaba recomponiendo de la última maldición que había recibido. Pero nunca traicionaría a sus compañeros, sin importar la situación en la que se encontrase.
-¡Entonces sufrirás la ira de Lord Voldemort!- y le apuntó con la varita.

En ese momento, ambos sintieron cercana una fuente de energía inmensa. Y no se equivocaban. Una mujer de pelo largo y negro apareció justo al lado de Moody. Se alzaba su figura imponente, casi más aún que la del mismísimo Voldemort. Ella lo miró intensamente y extrayendo de su espalda un arco y una flecha, ambos negros, lanzó una flecha al hombro del mago tenebroso sin que éste se lo impidiera y le dijo fríamente:

-Tómalo como un recuerdo... para que no olvides... de lo que soy capaz...- Luego tomó de un brazo a Moody, y del asombro Voldemort no pudo disparar la maldición Cruciatus. La mujer desapareció con Moody, rodeada de un potente brillo de energía. Mientras tanto, el Innombrable sintió algo frío resbalando por su piel y se dio cuenta de que era su propia sangre. Todavía con la boca abierta de la sorpresa logró susurrar:

-No puede ser... es la Niña Guerrera...

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Ya era la una del mediodía y Harry bajaba las escaleras, mientras recordaba lo mucho que Sirius odiaba esa casa. Recordó el momento en el que le había contado que había huido:

"-¡Tú no sales aquí!- exclamó Harry tras recorrer con la mirada la parte inferior del árbol.
-Antes estaba.- comentó Sirius señalando un pequeño y redondo agujero con los bordes chamuscados, que parecía una quemadura de cigarrillo. -Mi dulce y anciana madre me borró cuando me escapé de casa. A Kreacher le encanta relatar esa historia entre dientes.
-¿Te escapaste de casa?
-Cuando tenía dieciséis años. Estaba harto.
-¿A dónde fuiste?- preguntó Harry mirándole fijamente.
-A casa de tu padre. Tus abuelos se portaron muy bien conmigo; me adoptaron por así decirlo.
-¿Pero por qué...?
-¿Por qué me marché? Porque los odiaba a todos: a mis padres, con su manía de sangre limpia, convencidos de que ser un Black te convertía en un miembro de la realeza... El idiota de mi hermano, que fue lo bastante estúpido para creérselo...
-Lestrange...- pronunció Harry en voz alta.
-Están en Azkaban.- le dijo Sirius con aspereza. -Bellatrix y su marido, Rodolphus, entraron con Barty Crouch hijo.
-Nunca me dijiste que era tu...
-¿Qué más da que sea mi prima?- le espetó Sirius. -Por lo que a mi respecta, ya no son familia mía. Ella desde luego, no lo es. No la veo desde que tenía tu edad, exceptuando el día de su llegada a Azkaban. ¿Crees que estoy orgulloso de tener una pariente como ella?
-Lo siento.- dijo Harry. -No quería... Es que me ha sorprendido, nada más.
-No importa, no tienes que disculparte.- masculló Sirius entre dientes. -No me hace ninguna gracia estar aquí.- añadió contemplando el salón. -Nunca pensé que volvería a estar encerrado en esta casa..."

Miraba con repulsión las cabezas de los elfos domésticos que trabajaron para la familia Black, colgadas en la pared. Y pensar que ese era el sueño del maldito elfo que ahora trabajaba para él: Kreacher. Lo había heredado de Sirius, ya que todas sus pertenencias iban dirigidas hacia él. Por poco, Harry lo dejaba en libertad porque no lo quería cerca de él. Pero Dumbledore le advirtió muy acertadamente que el elfo tenía mucha información de la Orden, y si lo libraba no tardaría en ir por allí regalando información confidencial a personas como Narcisa Black. Pero si el sueño de Kreacher era que su cabeza esté colgada en la pared entre los antepasados de los elfos que trabajaron en la Mansión Black, entonces cuando tuviera oportunidad se lo cumpliría... "Un momento, yo no soy así" pensó Harry asustado de si mismo. "¿Qué me está pasando?" Una cosa es tener odio, pero otra muy distinta es ser un asesino. Aunque sin embargo, Kreacher se lo merece. No seré yo el que propicie su muerte, pero si alguien más quiere hacerlo, no se lo impediré. Después de todo lo que hizo... después de mentirme sobre Sirius el año pasado... después de ayudar a Voldemort en su plan..." En sus pesadillas aún retumbaba la conversación de aquella vez que se había introducido en la chimenea de Dolores Umbridge, para tratar de comunicarse con Sirius:

"-La cabeza de Potter ha aparecido en la chimenea.- informó Kreacher a la vacía cocina al tiempo que lanzaba furtivas miradas de triunfo a Harry. -¿A qué habrá venido, se pregunta Kreacher?
-¿Dónde está Sirius, Kreacher?- inquirió Harry.
-El amo ha salido, Harry Potter.
-¿A dónde ha ido? ¡A dónde ha ido, Kreacher!- por toda respuesta el elfo soltó una risotada que pareció un cacareo. -¡Te lo advierto!- gritó Harry consciente de que desde su posición no podía castigar a Kreacher. -¿Dónde está Lupin? ¿Y Ojoloco? ¿Dónde están todos?
-¡Kreacher se ha quedado solo en la casa!- informó el elfo con regocijo; a continuación, le dio la espalda a Harry y echó a andar lentamente hacia la puerta que había al fondo de la cocina. -Kreacher cree que ahora irá a charlar un rato con su dueña, sí, hace mucho tiempo que no puede hacerlo, el amo de Kreacher se lo impedía...-
-¿A dónde ha ido Sirius?- le gritó Harry. -¿Ha ido al Departamento de Misterios, Kreacher?
-El amo nunca dice al pobre Kreacher adónde va.- contestó el elfo.
-¡Pero tú lo sabes! ¿Verdad? ¡Tú sabes dónde está!- Se produjo un breve silencio; entonces el elfo rió socarronamente.
-¡El amo nunca regresará del Departamento de Misterios!- afirmó alegremente. -¡Kreacher y su dueña se han quedado solos otra vez!- exclamó y siguió andando y se escabulló por la puerta que conducía al vestíbulo."

Se había quedado parado mirando las cabezas de los elfos. Al darse cuenta, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina. Estaba más vacía de lo habitual. El primer día que había llegado a Grimmuld Place la cocina estaba repleta de miembros de la Orden, pero ahora estaban Ron, Hermione, Ginny, Arthur y Charlie, quien volvía a Rumania el lunes; Bill y Fleur ya tenían todo listo para viajar a Francia mañana. La señora Weasley se había levantado para hacerle el desayuno cuando vio a Harry en la puerta.

-¿Cómo estás querido? ¿Te sientes bien?
-Si, señora Weasley, gracias.
-Oh, Harrrry, que bueno que estás mejorrrr.- le dijo Fleur levantándose de la silla. Lo tomó de la cara y le dio dos largos besos en ambas mejillas. Harry se sonrojó completamente, y Ginny hizo una mueca de disgusto al ver la escena.
-¿Que tal amigo?- le dijo Ron.
-Supongo que mejor que antes.- dijo Harry encogiéndose de hombros.
-Ya déjalo, Ron.- le dijo Hermione que estaba sentada al lado suyo, pegándole cariñosamente en el hombro. "Demasiados cariñosos" pensó Harry mirándolos divertido.
-¿Qué ves?- le preguntó Ron. Harry le respondió con un simple "nada" y luego una sonrisa.
-¿Cómo estás, Ginny?- le dijo Harry sentándose a su lado.
-Contenta.- le respondió, dándole un beso en la mejilla. Harry la miró interrogativamente. -Mañana vamos al Callejón Diagon, estoy tan ansiosa. Hace mucho que no salgo de aquí.
-Te entiendo.- sus miradas quedaron conectadas por una magia inexplicable para ellos, pero nosotros sabemos muy bien que es el amor que los une. Les resultaba increíble que les sucediera exactamento lo mismo cada vez que se miraban a los ojos. Ambos sabían con certeza que el otro también lo sentía. La señora Weasley quedó mirandolos con un sonrisa cálida. "Aquí pasa algo raro. Me alegro por Ginny." pensó. Hermione pensaba algo muy parecido, y tenía planeado hablar con Ginny cuando estuvieran a solas.

-Buenos días, Harry.
-Buenos días, señor Weasley.
Bill y Charlie lo saludaron al mismo tiempo, lo que hizo reír a Harry.
-¿Papá, ya has visto los resultados del último ataque?- le preguntó Bill.
-Ah, no...Tanto ajetreo nos ha dejado agotados.
-Está en la página siete.- le dijo Bill lanzándole El Profeta. El señor Weasley buscó la página y al ver el contenido no pudo evitar abrir los ojos como platos.
-Es... terrible. Aquí dice que han habido alrededor de seicientos muertos, y unos quinientos heridos gravemente, que están en San Mungo.
Harry, Ginny, Ron, Hermione y Molly se quedaron conmocionados hasta el punto de no poder respirar. La primera en recomponerse fue Hermione:
-Es una catástrofe. Es horrible...
-Excelentes resultados para el Señor Tenebroso.- susurró una voz ronca que provenía de un elfo que había aparecido en la cocina. Tenía los ojos grandes y rojos, y miraba a los presentes maliciosamente.
-¡Kreacher!- Harry se sobresaltó al verlo aparecer, pero luego la furia lo invadió.
-El mocoso Potter se ha atrevido a volver a pisar el precioso suelo de mi ama.- dijo Kreacher hablándole al suelo.
-¡Te recuerdo que soy tu amo!
-Como usted diga, amo Potter.- afirmó el elfo socarronamente. Y luego agregó en un tono de voz más bajo. -Es el castigo de Kreacher, tener a un mocoso engreído como dueño. Pero Kreacher no lo obedecerá. No señor. Kreacher solo servirá a la familia Black. La legítima ama de Kreacher es la señorita Bellatrix, no Sirius Black. Pero Kreacher ya se libró de él, la señorita Bellatrix se ocupó de ello...
-Cállate, Kreacher.- le ordenó Harry temblando de furia.
-No señor, Kreacher no obedecerá al mocoso Potter. No lo hará.- el elfo de repente se calló, no podía emitir ningún sonido de su boca. Hermione fue la que entendió lo que pasaba y se lo explicó a los demás:
-Kreacher no puede hablar porque debe obedecer a su amo, que en este caso es Harry. Por eso cuando siguió hablando luego de la orden de callarse, una magia le quitó su voz. Eso lo hace la ley de los elfos, que implica obedecer a su amo completamente.- todo esto lo dijo muy rápido.
-Ahhh.- dijeron los demás, salvo Harry que aún temblaba de la furia. Kreacher, a pesar de no poder hablar, le dirigió una mueca que pretendía ser una sonrisa malvada.
-Está mejor así.- opinó Ron.
-¡Te mataré, maldito elfo!- Harry se abalanzó sobre Kreacher y comenzó a estrangularlo.
-¡Harry, suéltalo por favor! ¡No sabe lo que dice!
-¡Claro que es muy consciente, Hermione!- gritó Harry fuera de sus casillas. -¡Él es el culpable de todo! ¡Por él fuimos al Departamento de Misterios! ¡Te odio!- Kreacher ya había pasado del morado al verde.
-Es suficiente.- dijo una voz salida de la nada. Pero de pronto apareció la figura de Helen, que se acercó a Harry y rodeándolo de un brillo blanco, hizo que soltara a Kreacher. Harry jadeaba y le costaba sostenerse en pie. Se había exaltado mucho tratando de matar al elfo. Helen lo atrajo hacia su cuerpo y lo abrazó. Esto sorprendió mucho a Harry y a los demás, pero no se lo impidieron. Helen giró la cabeza a un costado y cerró los ojos, no podía estar demostrando cariño, estaba rompiendo las reglas que le habían impuesto los Dioses al hacerla líder de la misión. Volvió su rostro a los demás, y volviendo a su expresión dura y fría dijo:
-Deben llevarlo a su cama, y dejadlo descansar.- agregó dirigiéndose a Ron y Hermione.
-Pero si está muy cómodo contigo, Helen.- le dijo Arthur amablemente. Molly le dirigió a su esposo una mirada de advertencia, justo en el momento en el que Helen hacía esfuerzos por ignorar el comentario. Pero era verdad. Harry se sentía muy a gusto en el cálido abrazo, pero se acordó quién era la persona que lo abrazaba así que se soltó bruscamente.
-No tenías derecho a pararme. Pude haber terminado con ese monstruo de una vez por todas.
-Pero si hace una hora, mientras mirabas las cabezas de los elfos colgadas en la pared junto a la escalera, pensabas que no eras un asesino. ¿No es así?- le espetó Helen burlona. Harry se sorprendió tanto ante tal verdad que se quedó sin palabras por un momento.
-¿Y tú como sabes eso?
-Bueno, no conoces nada sobre mí... no tienes porqué sorprenderte...
-Pero no eres una maga común y corriente.
-Tienes razón...- dijo misteriosamente. Sonrió satisfecha. Las palabras siempre eran la mejor forma de hacer caer a las personas, era su forma de manipularlas. La primera carta estaba echada. Esa simple conversación era la que había dado pie a lo que surgiría más tarde, y Helen lo sabía. Harry Potter iría en busca de su ayuda muy pronto. Volvió a posar su mirada azulada en los ojos verdes del joven, y al instante desapareció envuelta en un potente brillo.
-Maldición.- gritó Harry. Y se dio la vuelta para salir de la cocina.
-Espera, Harry, aún no has desayunado.
-Gracias, señora Weasley, pero ya no tengo hambre.- dicho esto salió de la habitación.

Ese maldito elfo. Lo odiaba. Pero lamentablemente para él, Helen tenía razón. Él mismo había dicho una hora atrás que no era un asesino, y después había intentado matar a Kreacher. ¿Qué rayos le pasaba? Ese sentimiento extraño que había brotado en él lo hacía sentirse más... fuerte. Era cierto que había cambiado desde la muerte de Sirius pero tampoco era para tanto ¿O sí? Sin darse cuenta comenzó a bajar las escaleras para ir al sótano. Estaba seguro de que allí no habría nadie y podría pensar con más claridad, al fin solo. Pero se equivocó, porque al observar el sótano se encontró con alguien...

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-¡Profesor Lupin! No sabía que estaba aquí.
-No te preocupes Harry. Ven, siéntate.- le dijo amablemente señalándole una silla a su lado. -Veo que te encuentras mejor.
-¿Se refiere a lo de la mañana? Si, estoy bien.
-Me alegro.- le dijo Remus sinceramente, con una sonrisa amarga.
-Profesor... necesito preguntarle algo. -el hombre asintió. -Ayer, en medio de la fiesta, me encontré con Ginny en las escaleras.- Harry procuró omitir el detalle de que había subido para buscarla a ella. -Estaba muy preocupada porque encontró herido a Buckbeak. Y... me guió hasta allí y era cierto, el hipogrifo tenía dos cortes profundos.
-¿Buckbeak? ¿Por qué?
-Pues no lo sé. Creí que usted tal vez se había enterado de algo... como fue el único que no pudo asistir a la fiesta... No le estoy echando la culpa de nada.- aclaró Harry rápidamente, al ver que sus palabras podían ser malinterpretadas.
-Lo sé, lo sé. Sinceramente, me sorprende, ¿quién haría daño a Buckbeak? Aunque tengo vagas sospechas...
-¿De quién, profesor?
-Verás, Harry. Ayer, poco antes de la medianoche, fui a la cocina para tomar la poción, y me encontré con Kreacher. Él estaba maldiciendo sobre algo que no logré entender muy bien, pero comprendí palabras como plan, amo, heridas y...- Lupin forzó su memoria. - y traidora a la sangre.
-¿Traidora a la sangre?- repitió Harry comenzando a atar cabos.
-Así es. Pero no estoy seguro de nada, Harry, así que no cometas ninguna locura.
-Descuide, profesor.- asintió Harry, asombrado de su capacidad para disimular. -¿Profesor se encuentra bien?- le preguntó al ver la cara que traía.
-Si, claro que sí. Solo estoy algo cansado por la transformación. Me deja agotado al menos por una semana. Pero estaré bien.
-Claro que sí.- aseguró Harry, con una expresión de profunda confianza. Remus sonrió. -¿Qué es lo gracioso?- preguntó Harry al verlo.
-Me recuerdas tanto a tu padre.- le dijo melancólico. Harry sonrió. Le gustaba que se lo recordaran de vez en cuando. -Ponía la misma expresión cuando Lily o Helen le decían...- en ese momento se detuvo pues Harry había dado un salto de la silla. -¿Qué es lo que pasa?
-¿Qué fue lo que dijo, profesor?- inquirió Harry.
-Que me recuerdas a tu padre.
-No, después de eso...- Lupin cayó en la cuenta de que había nombrado a Helen.
-Hablas de Helen.
-¿Mis padres la conocían?
-Harry, escucha, yo no estoy en derecho de responderte, no es asunto mío.
-Usted también la conocía...- lo acusó Harry.
-Harry, yo...
-Espere.- lo interrumpió Harry. -Si usted también la conocía, entonces sí puede responderme.
-Harry. Déjame hablar, por favor.- Harry se calló y esperó.- Bueno, debo decirte que sí. Tus padres, Sirius y yo sí conocíamos a Helen. Era una amiga de la antigua Orden del Fénix.
-Pero... si era miembro de la Orden, ¿por qué no se presentó a la reinauguración el año pasado?
-Pues... no lo sé.- dijo sin mucha convicción.
-Me está ocultando algo, profesor Lupin.- le dijo Harry dolido.
-Harry, aunque lo supiera no podría decirte porque son asuntos de Helen.
-Me está mintiendo, profesor, sé que lo sabe...
-Harry, de verdad, no quiero discutir contigo. Si quieres saber algo, pregúntaselo a ella.
-¿Por qué? Si ella me odia.
-¿Por qué piensas eso? Ella no te odia Harry. Es... su forma de ser.
-Oh, claro, su forma de ser es tratar mal a todos, lo entiendo perfectamente. ¿Pero quién se cree?
"Una de los doce dioses" pensó Remus, pero no se atrevió a decirlo en voz alta.
-No la subestimes, Harry. Dale una oportunidad. Ambos la necesitan. Necesitan poder confiar en alguien más.

Harry se cruzó de brazos enfurruñado. Había algo que no encajaba, Helen cambiaba toda la historia. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? Tantos problemas, tantos ataques, tantas muertes, y tantas vidas arruinadas... Y todo eso tenía un mismo causante: Voldemort. Toda esta guerra absurda era por él, y según la profecía, Harry era el único con poder para detenerle. Porque esa era la segunda guerra, y lo haría por un futuro mejor.

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-Ginny, ¿no crees que Helen ha actuado muy raro hoy?- la pelirroja y Hermione estaban en la habitación que compartían, sentadas en la cama de la segunda.
-Si, la verdad es que fue muy extraño. ¿Viste cómo lo abrazó?
-Pues a mí me parece que no tiene nada de malo.- repuso la castaña.
-No me refiero a eso, pero fue extraño. Desde el primer día me dio mala espina, por cómo lo miró... Y ahora me resultó muy raro verlos abrazados.
-Es cierto, siempre es tan... indiferente. ¿Por qué crees que lo hizo?
-No puedo saberlo. Pero después de tratarlo tan fríamente, ¿quién se cree para ir y abrazarlo?
-Te comprendo, Ginny. Es que no hemos tenido oportunidad de vigilarla en ningún momento, nunca sabemos dónde está. Simplemente desaparece y no sabemos nada de su vida. Me inunda la curiosidad, es como si tuviera un libro frente a mí y no pudiera abrirlo... ¡Pero yo quiero saber lo que tiene escrito!
-Intentemos averiguarlo, quizá esté aquí.
-Eso espero. Vamos, bajemos y busquemos a los chicos. Es hora de la cena.- le dijo Hermione fijándose en el reloj cuadrado de la mesa de luz que había entre las dos camas. Las dos amigas salieron por la puerta, y al dar sólo unos pasos se encontraron con Ron por el pasillo.
-¿Oigan, chicas, no han visto a Harry?- las dos se miraron confusas.
-No, creíamos que estaba contigo.
-Que raro.- dijo Ron. -No lo he visto en ninguna parte después del almuerzo.
-Ni nosotras.- le dijo Hermione. -Tal vez ya esté en la cocina. Vamos.- los tres amigos comenzaron a bajar pero a los pocos escalones se quedaron quietos, ya que escucharon dos voces que, parecía, conversaban.
-Shh, son Harry y...- dijo Ginny sin poder terminar la frase.
-Helen...- dijo su hermano, sorprendido.
-No hagan ruido.- les recomendó Hermione intrigada. Se agacharon hasta sentarse en el suelo, y disimulados tras la baranda de la escalera, se dedicaron a escuchar la conversación.

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Helen y Harry se encontraban en la sala de estar de la mansión Black. Todo estaba muy limpio desde el día anterior, en el cumpleaños de Harry, y la casa había dejado a un lado su aspecto tenebroso. Harry estaba sentado en uno de los sillones, y Helen estaba parada, apoyada contra la pared y cruzada de brazos. Tenía los ojos cerrados, pero su expresión era paciente. Harry no sabía por donde empezar, no quería ser brusco con el tema, pero tampoco quería darle muchas vueltas. No se percató de que Helen le estaba leyendo el pensamiento; era sorprenderte; sí, podía usar la legeremancia con los ojos cerrados. Sólo los más poderosos de su especie podían hacerlo, y ella estaba dejándole buscar una solución a Harry. Al ver que el chico seguía sin decidirse, comenzó ella:

-Estoy esperando a que me digas para qué me has llamado. Soy muy paciente, Potter, pero lamentablemente no tengo todo el tiempo del mundo.- Harry la miró furioso. Según el profesor Lupin, la mujer no lo odiaba, pero no era lo que estaba demostrando. Él había recurrido a ella pacíficamente para preguntarle lo que tenía en duda y Helen ya había empezado a maltratarlo con su tono frío.
-Verás... es que quería preguntarte algo. Hoy tuve una conversación con el profesor Lupin y sin querer te mencionó. Dijo algo sobre ti, mi madre y mi padre.- Helen no contestó. Seguía impasible, como siempre. Pero por dentro tenía un dilema sin resolver: Si contarle la verdad a Harry ahora, o dejarlo para otro momento. "No puedo contárselo ahora, aún no me conoce y sería muy precipitado. No lo tomaría bien. Está decidido."
-Lily Evans y yo fuimos amigas desde nuestro primer año en Hogwarts. Cuando James y Lily se juntaron, yo también conocí a tu padre.- contestó Helen evadiendo la verdadera respuesta. Ella no quería contarle aún de dónde venía ni por qué se habían unido tanto hasta llegar a ser mejores amigas.
-Entonces la conocías... ¿Y en cuál casa estabas?
-Gryffindor.- "Qué extraño." pensó Harry. "¿Por qué? Creí que había estado en Slytherin."
-En mi infancia no tenía muchas cualidades de Slytherin.- le dijo Helen leyéndole el pensamiento, otra vez, y percatándose a lo que se refería el joven.
-No tienes derecho a entrar en mi intimidad.- la acusó Harry.
-Eres muy vulnerable. Cualquiera podría leerte la mente.- confesó Helen.
-No cambies de tema. Entonces fueron amigas... ¿Y porqué no apareciste en la fotografía de la Orden del Fénix?
-Porque yo me fui... de viaje luego de terminar en Hogwarts. Desde entonces no volví a ver a tus padres, hasta que regresé cuando me enteré de la creación de la Orden del Fénix.
-¿A dónde te fuiste?
-Dime Potter ¿Esto es un interrogatorio o solo una duda que tenías?- ironizó Helen, marcando bien la palabra "una".
-Las dos cosas.- replicó Harry mordaz. Se levantó del sillón y comenzó a pasear por la habitación. -Helen, ¿puedo llamarte por tu nombre o te llaman de otra forma?- le preguntó olvidándose del viaje de la mujer.
-Helen está bien.- dijo la mujer, sin inmutarse ante la muestra de simpatía del chico.
-Entonces, Helen, parece que eres muy poderosa, hay algo extraño en ti… Pero eso no es lo que más me preocupa ahora… Me gustaría aprender oclumancia contigo.- todo esto lo dijo rápidamente, nervioso ante aquella confesión. Además estaba preocupado porque no sabía como reaccionaría la mujer, ya que nunca habían tenido una conversación. Cruzó los dedos de ambas manos rezando por una respuesta positiva, y Helen no lo defraudó.
-De acuerdo. Pero yo seré la que ponga las reglas ¿entendido?- dijo autoritariamente. Harry respiró aliviado. No podía creerlo, pero había puesto toda su fe en ello. Ella había aceptado, él al fin aprendería a cerrar su mente, y no volvería a estar descubierto ante Dumbledore o cualquier otro mago.
Helen, en cambio, se sentía muy satisfecha consigo misma. Harry había caído tan rápido... Tan sólo el día anterior había echado la primera carta, y ya tenía a Harry pidiéndole ayuda... Definitivamente, no existía nadie más capacitado que ella para ese tipo de misiones.
-Gracias.- respondió Harry simplemente, intentando ocultar su ansiedad.
-Muy bien, nos vemos mañana, a las once de la noche, en el sótano. ¿De acuerdo?- le dijo Helen en un susurro. Luego recorrió la habitación con la mirada, a sabiendas de que ciertos pelirrojos y cierta castaña los estaban observando y seguramente escuchando. A Harry le extrañó esa acción, y decidió preguntarle, pero Helen se le adelantó: -Debo irme.- dijo tras tocarse la frente con una mano y cerrar los ojos rápidamente. Dicho esto desapareció con ese extraño brillo rodeándola por completo.

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Los tres amigos aún seguían en la escalera, escondidos tras las barandas. Habían estado lo más silenciosos posibles, pero en el último momento Ron trastabilló en un escalón haciendo un leve ruido. Por eso les pareció ver que Helen se había puesto alerta, y había observado muy cerca del punto en el que los tres se encontraban. Pero para suerte de ellos, la mujer no los vio, o tal vez simuló no hacerlo.

-¿Han escuchado todo?- preguntó Hermione pensativa.
-Si, salvo la última parte.
-Ron, creo que en esa parte le dijo dónde se encontrarían.- dijo Ginny recelosa.
-Estoy de acuerdo contigo.- la apoyó su amiga. -Pero no creo que a Harry lo dejen salir de Grimmuld Place.
-¿Quién dijo que va a pedir permiso, Hermione? No todos respetan las reglas. Y sabemos muy bien que Harry es capaz de salir a escondidas.- opinó la pelirroja.
-¿Creen que debemos preguntarle?
-No, Ron, nos culpará de haberlo espiado.
-Pero es lo que hemos estado haciendo, Ginny.
-Mejor que no se entere.- replicó la pelirroja.
-Chicos, suban rápido, creo que Harry viene.- advirtió Hermione.
Subieron sigilosos y se metieron en la habitación más cercana, la de la castaña y la pelirroja. Cerraron la puerta suavemente y se pegaron a la puerta para escuchar y reconocer los pasos de quien subía. Ron miró por la cerradura de la puerta y vio a su mejor amigo.
-Chicas, efectivamente es Harry. ¿Salimos?
-Ni se te ocurra, Ronald.- le advirtió con un dedo amenazador.
-A veces me das miedo, Hermione.- dijo Ron alejándose un poco de la chica y mirándola con simulado temor.

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