Un mundo de recuerdos.
Jueves 1º de Agosto de 1996:
-Vamos, chicos ya levántense.- dijo Hermione seguida de Ginny irrumpiendo sin ninguna consideración por la puerta de la habitación de Harry y Ron. Eran las nueve de la mañana. Ambos estaban dormidos, o más bien, el pelirrojo estaba dormido y Harry estaba hablando en sueños de nuevo. Las dos chicas se acercaron corriendo a la cama de su amigo y escucharon atentamente lo que decía.
-¡Sirius, Sirius, por
favor!... Profesor Lupin, ¡déjeme! Usted no lo entiende, por favor.
¡Sirius!- Harry estaba delirando.
Ginny le tocó la frente y
retiró la mano rápidamente. -¡Está hirviendo!- dijo. -¡Hermione,
ve a buscar a mi madre o a alguien por favor!- la castaña salió
rápidamente de la habitación. Ron se despertó al darse cuenta de
lo ocurrido y se quedó esperando sentado en su cama. Sabía que no
podía hacer nada por él. Se escucharon pisadas en la escalera y
pronto apareció una Molly muy preocupada, un profesor Lupin muy
cansado y una Helen impaciente.
-¡Oh, dios! Tiene muy alta
temperatura.- dijo la señora Weasley después de tocarle la
frente.
-Está sudando y habla en sueños. Solo es una pesadilla.
Se le pasará.- dijo Helen, e hizo el intento de irse, pero Lupin la
detuvo tomándole el brazo.
-No puedes mostrarte así de
indiferente. Debe tener unos cuarenta grados, Helen. Es grave, por
favor has algo.- le dijo preocupado. La mujer lo miró fijamente y
luego dijo:
-Granger, ve al armario de pociones y tráeme una de
líquido violeta. Es la única, así que no te confundirás.- la
chica se asombró por la frialdad con la que le había hablado, pero
sin más salió otra vez de la habitación. Al minuto apareció con
un frasco en la mano y con la otra en el pecho. Le tendió la poción
a la mujer y ésta fue derecho al lado de Harry.
Dejó el frasco
sobre la mesa y para asombro de todos, tomó a Harry con suma
delicadeza por la cintura y la axila y lo sentó contra el respaldo.
El chico respiró mejor. Todos estaban expectantes. Conjuró una
jeringuilla y absorbió con ella un poco de la poción. Luego buscó
en el antebrazo de Harry una vena especialmente marcada y le inyectó
despacio la aguja. El chico hizo una mueca de dolor pero a los pocos
minutos se fue calmando, y dejó de sudar al acabarse la poción.
Harry abrió los ojos poco a poco y se encontró de frente con
los calculadores ojos azules de "esa mujer extraña" según
él mismo. Ginny y Hermione se lanzaron a sus brazos, estaban muy
tensas y preocupadas. "Han estado llorando" pensó Harry al
verles los ojos rojos e hinchados. Vio a la señora Weasley con una
mano en el pecho y dándole las gracias a Merlín, y para su alegría,
vio a Remus Lupin. Aunque ese sentimiento se fue al ver las bolsas en
los ojos, lo delgado que estaba y las canas que se notaban más que
nunca. Se sintió de lo peor cuando se dio cuenta de que anoche había
sido luna llena y él, emocionado por la fiesta, se había ido a
dormir sin siquiera preguntarse dónde estaba el hombre. Se había
olvidado por completo y se sentía realmente culpable. Pero Lupin sin
embargo le sonrió. Como siempre, tenía una sonrisa sincera para
Harry, algo con lo que confortarlo aunque fuera un instante. Parecía
leerle la mente, porque cada vez que a Harry se le pasaba por la
cabeza algún sentimiento negativo, Lupin le sonreía transmitiéndole
que todo estaba bien.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué todos me
miran así?- Harry miró a todos uno a uno. Helen no le quitaba la
vista de encima, pero su rostro permanecía impasible y Harry no pudo
descifrar lo ocurrido. Dirigió la mirada a Ron, quien se tocó la
cabeza con los dedos para indicarle lo sucedido. -Díganme que no
pasó...- dijo el moreno al comprender los gestos.
-No pasó.- le
dijo Ron, en un tono que revelaba claramente lo contrario. Harry lo
miró avergonzado.
-Y... ¿qué...? Es decir... ¿alguien sabe
que...?
-Si, Harry.- le cortó Ron para sacarlo del apuro. -De
hecho, todos te escuchamos.
De repente el humor de Harry cambió:
-Pues ya estoy bien, gracias.- dijo dirigiéndose especialmente a
Helen, quien luego de dirigirle una última mirada, salió de la
habitación.
-Por favor, Molly, chicos, ¿me dejarían hablar con
Harry a solas?- preguntó Lupin.
Todos salieron a prisa.
Cuando se quedaron solos, el profesor se sentó al lado del
chico.
-Harry, ¿cómo te sientes?
-Estoy bien.- contestó
Harry testarudamente.
-Harry, lamento no haber podido asistir a la
fiesta de tu cumpleaños.- Y con ese simple comentario de boca del
hombre que había sido su apoyo desde que lo conoció, que no tenía
más intención que trasmitirle su pena, Harry se arrepintió
enormemente de haberle contestado mal, pues recordó de inmediato la
mala noche que debió haber sufrido Lupin, de la cual él se había
olvidado.
-Estoy bien.-repitió Harry. -Y lo entiendo.- dijo en un
tono de voz más suave.
-Te traje un regalo.- sacó un paquete
cuadrado de debajo de su abrigo y se lo dio. Harry lo miró y tras la
mirada inquisitiva de Lupin lo abrió. -Era de James y Sirius, no se
porqué, pero me lo regalaron un año después de salir de Hogwarts.
Ellos prefierieron conservar los espejos.- miró el objeto con
melancolía.
-Sea lo que sea, muchas gracias, si perteneció a Los
Merodeadores, será algo muy especial.
Lo que Remus le había regalado a Harry era una mediana caja de cartón forrada en tela de gamuza roja. Adentro había un par de cadenas de plata, que tenían como centro, una gema verde brillante cada una. Si a Harry no le hubieran dicho que tenían una función especial, las habría tomado como joyas normales. Muy valiosas, pero al fin y al cabo joyas. Pero Lupin le explicó:
-Harry, estas no son cadenas comunes. De
hecho, son muy útiles. Por ejemplo, tú le regalas una de las
cadenas a Ron, y la otra te la quedas tú. Entonces, sin importar a
la distancia que se encuentren, pronunciando un hechizo ambos se
pueden localizar, siempre y cuando la lleven puesta. Esa persona a la
que le regalaste la joya, en este caso Ron, no se la puede quitar,
solo puedes hacerlo tú, que eres el dueño real de ambas
cadenas.
-Es impresionante.- dijo Harry maravillado.
-Sirius y
James las usaban entre ellos para saber que todo estaba bien. Ambos
podían quitarse las cadenas ya que al comparlas pagaron exctamanete
la mitad cada uno, para no tener esa clase de problema. También
tenían el espejo, pero como era más grande y fácil de ser
descubierto, preferían utilizar estas cadenas. Todos pensaban que
las usaban para impresionar a las chicas con algo tan valioso.- rió
al recordar eso, y continuó. -De hecho, nos turnábamos entre los...
cuatro. Dos espejos y dos cadenas. Las cadenas generalmente eran para
James y Sirius, eran unos de sus más preciados tesoros.- Lupin había
dudado en dar esa información ya que. aunque implícitamente,
incluía a Peter Pettigrew.
-Me encanta. Es genial. Increíble.
Maravilloso.-
-Me alegro de que te gusten.- dijo Remus sonriendo
abiertamente.
-Muchas gracias, profesor. Significa mucho para mí.-
Harry no podía dejar de pensar que esas mismas joyas las habían
usado James y Sirius. Y ahora pertenecían... a
él.
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Voldemort se deleitaba ante el sufrimiento de su prisionero. En sus ojos se veía fuego y eran más aterradores que nunca. Su figura se alzaba imponente, habría hecho retroceder a cualquiera sin necesidad de utilizar su gran poder. En los últimos momentos había intentado persuadirlo para que le diera información de la guarida de la Orden del Fénix, pero había sido en vano. Tampoco podía penetrar en su mente, para su asombro, aún seguía totalmente cerrada.
-Tu estado es terrible, Moody. ¿Pensaste que podías escapar de mis garras? Eres un imbécil.- Voldemort había utilizado un tono de voz entre sarcástico y furioso. Nadie se escapaba de Lord Voldemort, y menos un viejo loco. -Es tu última oportunidad, tú decides. O me revelas el paradero del cuartel y te doy una muerte rápida o sino...- Voldemort lo miró de tal forma que parecía querer matarlo con la mirada. -ésta muerte será tan lenta y dolorosa que pasarás a la historia como el hombre que más sufrió en la tierra.- Voldemort soltó una carcajada que retumbó por todas las paredes de la guarida, e incluso llegó hasta las mazmorras, e hizo que varios mortífagos tengan algo de compasión por el que en ese momento estuviera siendo castigado por el Señor Oscuro.
-Ja...
jamás... yo... no repetiré... lo que hizo... Pettigrew.- le faltaba
el aire. Todavía se estaba recomponiendo de la última maldición
que había recibido. Pero nunca traicionaría a sus compañeros, sin
importar la situación en la que se encontrase.
-¡Entonces
sufrirás la ira de Lord Voldemort!- y le apuntó con la varita.
En ese momento, ambos sintieron cercana una fuente de energía inmensa. Y no se equivocaban. Una mujer de pelo largo y negro apareció justo al lado de Moody. Se alzaba su figura imponente, casi más aún que la del mismísimo Voldemort. Ella lo miró intensamente y extrayendo de su espalda un arco y una flecha, ambos negros, lanzó una flecha al hombro del mago tenebroso sin que éste se lo impidiera y le dijo fríamente:
-Tómalo como un recuerdo... para que no olvides... de lo que soy capaz...- Luego tomó de un brazo a Moody, y del asombro Voldemort no pudo disparar la maldición Cruciatus. La mujer desapareció con Moody, rodeada de un potente brillo de energía. Mientras tanto, el Innombrable sintió algo frío resbalando por su piel y se dio cuenta de que era su propia sangre. Todavía con la boca abierta de la sorpresa logró susurrar:
-No puede ser... es la Niña Guerrera...
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Ya era la una del mediodía y Harry bajaba las escaleras, mientras recordaba lo mucho que Sirius odiaba esa casa. Recordó el momento en el que le había contado que había huido:
"-¡Tú no
sales aquí!- exclamó Harry tras recorrer con la mirada la parte
inferior del árbol.
-Antes estaba.- comentó Sirius señalando un
pequeño y redondo agujero con los bordes chamuscados, que parecía
una quemadura de cigarrillo. -Mi dulce y anciana madre me borró
cuando me escapé de casa. A Kreacher le encanta relatar esa historia
entre dientes.
-¿Te escapaste de casa?
-Cuando tenía
dieciséis años. Estaba harto.
-¿A dónde fuiste?- preguntó
Harry mirándole fijamente.
-A casa de tu padre. Tus abuelos se
portaron muy bien conmigo; me adoptaron por así decirlo.
-¿Pero
por qué...?
-¿Por qué me marché? Porque los odiaba a todos: a
mis padres, con su manía de sangre limpia, convencidos de que ser un
Black te convertía en un miembro de la realeza... El idiota de mi
hermano, que fue lo bastante estúpido para
creérselo...
-Lestrange...- pronunció Harry en voz alta.
-Están
en Azkaban.- le dijo Sirius con aspereza. -Bellatrix y su marido,
Rodolphus, entraron con Barty Crouch hijo.
-Nunca me dijiste que
era tu...
-¿Qué más da que sea mi prima?- le espetó Sirius.
-Por lo que a mi respecta, ya no son familia mía. Ella desde luego,
no lo es. No la veo desde que tenía tu edad, exceptuando el día de
su llegada a Azkaban. ¿Crees que estoy orgulloso de tener una
pariente como ella?
-Lo siento.- dijo Harry. -No quería... Es que
me ha sorprendido, nada más.
-No importa, no tienes que
disculparte.- masculló Sirius entre dientes. -No me hace ninguna
gracia estar aquí.- añadió contemplando el salón. -Nunca pensé
que volvería a estar encerrado en esta casa..."
Miraba con repulsión las cabezas de los elfos domésticos que trabajaron para la familia Black, colgadas en la pared. Y pensar que ese era el sueño del maldito elfo que ahora trabajaba para él: Kreacher. Lo había heredado de Sirius, ya que todas sus pertenencias iban dirigidas hacia él. Por poco, Harry lo dejaba en libertad porque no lo quería cerca de él. Pero Dumbledore le advirtió muy acertadamente que el elfo tenía mucha información de la Orden, y si lo libraba no tardaría en ir por allí regalando información confidencial a personas como Narcisa Black. Pero si el sueño de Kreacher era que su cabeza esté colgada en la pared entre los antepasados de los elfos que trabajaron en la Mansión Black, entonces cuando tuviera oportunidad se lo cumpliría... "Un momento, yo no soy así" pensó Harry asustado de si mismo. "¿Qué me está pasando?" Una cosa es tener odio, pero otra muy distinta es ser un asesino. Aunque sin embargo, Kreacher se lo merece. No seré yo el que propicie su muerte, pero si alguien más quiere hacerlo, no se lo impediré. Después de todo lo que hizo... después de mentirme sobre Sirius el año pasado... después de ayudar a Voldemort en su plan..." En sus pesadillas aún retumbaba la conversación de aquella vez que se había introducido en la chimenea de Dolores Umbridge, para tratar de comunicarse con Sirius:
"-La cabeza de Potter ha aparecido en la
chimenea.- informó Kreacher a la vacía cocina al tiempo que lanzaba
furtivas miradas de triunfo a Harry. -¿A qué habrá venido, se
pregunta Kreacher?
-¿Dónde está Sirius, Kreacher?- inquirió
Harry.
-El amo ha salido, Harry Potter.
-¿A dónde ha ido? ¡A
dónde ha ido, Kreacher!- por toda respuesta el elfo soltó una
risotada que pareció un cacareo. -¡Te lo advierto!- gritó Harry
consciente de que desde su posición no podía castigar a Kreacher.
-¿Dónde está Lupin? ¿Y Ojoloco? ¿Dónde están todos?
-¡Kreacher
se ha quedado solo en la casa!- informó el elfo con regocijo; a
continuación, le dio la espalda a Harry y echó a andar lentamente
hacia la puerta que había al fondo de la cocina. -Kreacher cree que
ahora irá a charlar un rato con su dueña, sí, hace mucho tiempo
que no puede hacerlo, el amo de Kreacher se lo impedía...-
-¿A
dónde ha ido Sirius?- le gritó Harry. -¿Ha ido al Departamento de
Misterios, Kreacher?
-El amo nunca dice al pobre Kreacher adónde
va.- contestó el elfo.
-¡Pero tú lo sabes! ¿Verdad? ¡Tú
sabes dónde está!- Se produjo un breve silencio; entonces el elfo
rió socarronamente.
-¡El amo nunca regresará del Departamento
de Misterios!- afirmó alegremente. -¡Kreacher y su dueña se han
quedado solos otra vez!- exclamó y siguió andando y se escabulló
por la puerta que conducía al vestíbulo."
Se había quedado parado mirando las cabezas de los elfos. Al darse cuenta, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina. Estaba más vacía de lo habitual. El primer día que había llegado a Grimmuld Place la cocina estaba repleta de miembros de la Orden, pero ahora estaban Ron, Hermione, Ginny, Arthur y Charlie, quien volvía a Rumania el lunes; Bill y Fleur ya tenían todo listo para viajar a Francia mañana. La señora Weasley se había levantado para hacerle el desayuno cuando vio a Harry en la puerta.
-¿Cómo estás
querido? ¿Te sientes bien?
-Si, señora Weasley, gracias.
-Oh,
Harrrry, que bueno que estás mejorrrr.- le dijo Fleur levantándose
de la silla. Lo tomó de la cara y le dio dos largos besos en ambas
mejillas. Harry se sonrojó completamente, y Ginny hizo una mueca de
disgusto al ver la escena.
-¿Que tal amigo?- le dijo
Ron.
-Supongo que mejor que antes.- dijo Harry encogiéndose de
hombros.
-Ya déjalo, Ron.- le dijo Hermione que estaba sentada al
lado suyo, pegándole cariñosamente en el hombro. "Demasiados
cariñosos" pensó Harry mirándolos divertido.
-¿Qué ves?-
le preguntó Ron. Harry le respondió con un simple "nada"
y luego una sonrisa.
-¿Cómo estás, Ginny?- le dijo Harry
sentándose a su lado.
-Contenta.- le respondió, dándole un beso
en la mejilla. Harry la miró interrogativamente. -Mañana vamos al
Callejón Diagon, estoy tan ansiosa. Hace mucho que no salgo de
aquí.
-Te entiendo.- sus miradas quedaron conectadas por una
magia inexplicable para ellos, pero nosotros sabemos muy bien que es
el amor que los une. Les resultaba increíble que les sucediera
exactamento lo mismo cada vez que se miraban a los ojos. Ambos sabían
con certeza que el otro también lo sentía. La señora Weasley quedó
mirandolos con un sonrisa cálida. "Aquí pasa algo raro. Me
alegro por Ginny." pensó. Hermione pensaba algo muy parecido, y
tenía planeado hablar con Ginny cuando estuvieran a solas.
-Buenos
días, Harry.
-Buenos días, señor Weasley.
Bill y Charlie lo
saludaron al mismo tiempo, lo que hizo reír a Harry.
-¿Papá, ya
has visto los resultados del último ataque?- le preguntó Bill.
-Ah,
no...Tanto ajetreo nos ha dejado agotados.
-Está en la página
siete.- le dijo Bill lanzándole El Profeta. El señor Weasley buscó
la página y al ver el contenido no pudo evitar abrir los ojos como
platos.
-Es... terrible. Aquí dice que han habido alrededor de
seicientos muertos, y unos quinientos heridos gravemente, que están
en San Mungo.
Harry, Ginny, Ron, Hermione y Molly se quedaron
conmocionados hasta el punto de no poder respirar. La primera en
recomponerse fue Hermione:
-Es una catástrofe. Es
horrible...
-Excelentes resultados para el Señor Tenebroso.-
susurró una voz ronca que provenía de un elfo que había aparecido
en la cocina. Tenía los ojos grandes y rojos, y miraba a los
presentes maliciosamente.
-¡Kreacher!- Harry se sobresaltó al
verlo aparecer, pero luego la furia lo invadió.
-El mocoso Potter
se ha atrevido a volver a pisar el precioso suelo de mi ama.- dijo
Kreacher hablándole al suelo.
-¡Te recuerdo que soy tu
amo!
-Como usted diga, amo Potter.- afirmó el elfo
socarronamente. Y luego agregó en un tono de voz más bajo. -Es el
castigo de Kreacher, tener a un mocoso engreído como dueño. Pero
Kreacher no lo obedecerá. No señor. Kreacher solo servirá a la
familia Black. La legítima ama de Kreacher es la señorita
Bellatrix, no Sirius Black. Pero Kreacher ya se libró de él, la
señorita Bellatrix se ocupó de ello...
-Cállate, Kreacher.- le
ordenó Harry temblando de furia.
-No señor, Kreacher no
obedecerá al mocoso Potter. No lo hará.- el elfo de repente se
calló, no podía emitir ningún sonido de su boca. Hermione fue la
que entendió lo que pasaba y se lo explicó a los demás:
-Kreacher
no puede hablar porque debe obedecer a su amo, que en este caso es
Harry. Por eso cuando siguió hablando luego de la orden de callarse,
una magia le quitó su voz. Eso lo hace la ley de los elfos, que
implica obedecer a su amo completamente.- todo esto lo dijo muy
rápido.
-Ahhh.- dijeron los demás, salvo Harry que aún temblaba
de la furia. Kreacher, a pesar de no poder hablar, le dirigió una
mueca que pretendía ser una sonrisa malvada.
-Está mejor así.-
opinó Ron.
-¡Te mataré, maldito elfo!- Harry se abalanzó sobre
Kreacher y comenzó a estrangularlo.
-¡Harry, suéltalo por
favor! ¡No sabe lo que dice!
-¡Claro que es muy consciente,
Hermione!- gritó Harry fuera de sus casillas. -¡Él es el culpable
de todo! ¡Por él fuimos al Departamento de Misterios! ¡Te odio!-
Kreacher ya había pasado del morado al verde.
-Es suficiente.-
dijo una voz salida de la nada. Pero de pronto apareció la figura de
Helen, que se acercó a Harry y rodeándolo de un brillo blanco, hizo
que soltara a Kreacher. Harry jadeaba y le costaba sostenerse en pie.
Se había exaltado mucho tratando de matar al elfo. Helen lo atrajo
hacia su cuerpo y lo abrazó. Esto sorprendió mucho a Harry y a los
demás, pero no se lo impidieron. Helen giró la cabeza a un costado
y cerró los ojos, no podía estar demostrando cariño, estaba
rompiendo las reglas que le habían impuesto los Dioses al hacerla
líder de la misión. Volvió su rostro a los demás, y volviendo a
su expresión dura y fría dijo:
-Deben llevarlo a su cama, y
dejadlo descansar.- agregó dirigiéndose a Ron y Hermione.
-Pero
si está muy cómodo contigo, Helen.- le dijo Arthur amablemente.
Molly le dirigió a su esposo una mirada de advertencia, justo en el
momento en el que Helen hacía esfuerzos por ignorar el comentario.
Pero era verdad. Harry se sentía muy a gusto en el cálido abrazo,
pero se acordó quién era la persona que lo abrazaba así que se
soltó bruscamente.
-No tenías derecho a pararme. Pude haber
terminado con ese monstruo de una vez por todas.
-Pero si hace una
hora, mientras mirabas las cabezas de los elfos colgadas en la pared
junto a la escalera, pensabas que no eras un asesino. ¿No es así?-
le espetó Helen burlona. Harry se sorprendió tanto ante tal verdad
que se quedó sin palabras por un momento.
-¿Y tú como sabes
eso?
-Bueno, no conoces nada sobre mí... no tienes porqué
sorprenderte...
-Pero no eres una maga común y corriente.
-Tienes
razón...- dijo misteriosamente. Sonrió satisfecha. Las palabras
siempre eran la mejor forma de hacer caer a las personas, era su
forma de manipularlas. La primera carta estaba echada. Esa simple
conversación era la que había dado pie a lo que surgiría más
tarde, y Helen lo sabía. Harry Potter iría en busca de su ayuda muy
pronto. Volvió a posar su mirada azulada en los ojos verdes del
joven, y al instante desapareció envuelta en un potente
brillo.
-Maldición.- gritó Harry. Y se dio la vuelta para salir
de la cocina.
-Espera, Harry, aún no has desayunado.
-Gracias,
señora Weasley, pero ya no tengo hambre.- dicho esto salió de la
habitación.
Ese maldito elfo. Lo odiaba. Pero lamentablemente para él, Helen tenía razón. Él mismo había dicho una hora atrás que no era un asesino, y después había intentado matar a Kreacher. ¿Qué rayos le pasaba? Ese sentimiento extraño que había brotado en él lo hacía sentirse más... fuerte. Era cierto que había cambiado desde la muerte de Sirius pero tampoco era para tanto ¿O sí? Sin darse cuenta comenzó a bajar las escaleras para ir al sótano. Estaba seguro de que allí no habría nadie y podría pensar con más claridad, al fin solo. Pero se equivocó, porque al observar el sótano se encontró con alguien...
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-¡Profesor
Lupin! No sabía que estaba aquí.
-No te preocupes Harry. Ven,
siéntate.- le dijo amablemente señalándole una silla a su lado.
-Veo que te encuentras mejor.
-¿Se refiere a lo de la mañana?
Si, estoy bien.
-Me alegro.- le dijo Remus sinceramente, con una
sonrisa amarga.
-Profesor... necesito preguntarle algo. -el hombre
asintió. -Ayer, en medio de la fiesta, me encontré con Ginny en las
escaleras.- Harry procuró omitir el detalle de que había subido
para buscarla a ella. -Estaba muy preocupada porque encontró herido
a Buckbeak. Y... me guió hasta allí y era cierto, el hipogrifo
tenía dos cortes profundos.
-¿Buckbeak? ¿Por qué?
-Pues no
lo sé. Creí que usted tal vez se había enterado de algo... como
fue el único que no pudo asistir a la fiesta... No le estoy echando
la culpa de nada.- aclaró Harry rápidamente, al ver que sus
palabras podían ser malinterpretadas.
-Lo sé, lo sé.
Sinceramente, me sorprende, ¿quién haría daño a Buckbeak? Aunque
tengo vagas sospechas...
-¿De quién, profesor?
-Verás,
Harry. Ayer, poco antes de la medianoche, fui a la cocina para tomar
la poción, y me encontré con Kreacher. Él estaba maldiciendo sobre
algo que no logré entender muy bien, pero comprendí palabras como
plan, amo, heridas y...- Lupin forzó su memoria. - y traidora a la
sangre.
-¿Traidora a la sangre?- repitió Harry comenzando a atar
cabos.
-Así es. Pero no estoy seguro de nada, Harry, así que no
cometas ninguna locura.
-Descuide, profesor.- asintió Harry,
asombrado de su capacidad para disimular. -¿Profesor se encuentra
bien?- le preguntó al ver la cara que traía.
-Si, claro que sí.
Solo estoy algo cansado por la transformación. Me deja agotado al
menos por una semana. Pero estaré bien.
-Claro que sí.- aseguró
Harry, con una expresión de profunda confianza. Remus sonrió. -¿Qué
es lo gracioso?- preguntó Harry al verlo.
-Me recuerdas tanto a
tu padre.- le dijo melancólico. Harry sonrió. Le gustaba que se lo
recordaran de vez en cuando. -Ponía la misma expresión cuando Lily
o Helen le decían...- en ese momento se detuvo pues Harry había
dado un salto de la silla. -¿Qué es lo que pasa?
-¿Qué fue lo
que dijo, profesor?- inquirió Harry.
-Que me recuerdas a tu
padre.
-No, después de eso...- Lupin cayó en la cuenta de que
había nombrado a Helen.
-Hablas de Helen.
-¿Mis padres la
conocían?
-Harry, escucha, yo no estoy en derecho de responderte,
no es asunto mío.
-Usted también la conocía...- lo acusó
Harry.
-Harry, yo...
-Espere.- lo interrumpió Harry. -Si usted
también la conocía, entonces sí puede responderme.
-Harry.
Déjame hablar, por favor.- Harry se calló y esperó.- Bueno, debo
decirte que sí. Tus padres, Sirius y yo sí conocíamos a Helen. Era
una amiga de la antigua Orden del Fénix.
-Pero... si era miembro
de la Orden, ¿por qué no se presentó a la reinauguración el año
pasado?
-Pues... no lo sé.- dijo sin mucha convicción.
-Me
está ocultando algo, profesor Lupin.- le dijo Harry dolido.
-Harry,
aunque lo supiera no podría decirte porque son asuntos de Helen.
-Me
está mintiendo, profesor, sé que lo sabe...
-Harry, de verdad,
no quiero discutir contigo. Si quieres saber algo, pregúntaselo a
ella.
-¿Por qué? Si ella me odia.
-¿Por qué piensas eso?
Ella no te odia Harry. Es... su forma de ser.
-Oh, claro, su
forma de ser es tratar mal a todos, lo entiendo perfectamente. ¿Pero
quién se cree?
"Una de los doce dioses" pensó Remus,
pero no se atrevió a decirlo en voz alta.
-No la subestimes,
Harry. Dale una oportunidad. Ambos la necesitan. Necesitan poder
confiar en alguien más.
Harry se cruzó de brazos enfurruñado. Había algo que no encajaba, Helen cambiaba toda la historia. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? Tantos problemas, tantos ataques, tantas muertes, y tantas vidas arruinadas... Y todo eso tenía un mismo causante: Voldemort. Toda esta guerra absurda era por él, y según la profecía, Harry era el único con poder para detenerle. Porque esa era la segunda guerra, y lo haría por un futuro mejor.
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-Ginny,
¿no crees que Helen ha actuado muy raro hoy?- la pelirroja y
Hermione estaban en la habitación que compartían, sentadas en la
cama de la segunda.
-Si, la verdad es que fue muy extraño. ¿Viste
cómo lo abrazó?
-Pues a mí me parece que no tiene nada de
malo.- repuso la castaña.
-No me refiero a eso, pero fue extraño.
Desde el primer día me dio mala espina, por cómo lo miró... Y
ahora me resultó muy raro verlos abrazados.
-Es cierto, siempre
es tan... indiferente. ¿Por qué crees que lo hizo?
-No puedo
saberlo. Pero después de tratarlo tan fríamente, ¿quién se cree
para ir y abrazarlo?
-Te comprendo, Ginny. Es que no hemos tenido
oportunidad de vigilarla en ningún momento, nunca sabemos dónde
está. Simplemente desaparece y no sabemos nada de su vida. Me inunda
la curiosidad, es como si tuviera un libro frente a mí y no pudiera
abrirlo... ¡Pero yo quiero saber lo que tiene escrito!
-Intentemos
averiguarlo, quizá esté aquí.
-Eso espero. Vamos, bajemos y
busquemos a los chicos. Es hora de la cena.- le dijo Hermione
fijándose en el reloj cuadrado de la mesa de luz que había entre
las dos camas. Las dos amigas salieron por la puerta, y al dar sólo
unos pasos se encontraron con Ron por el pasillo.
-¿Oigan,
chicas, no han visto a Harry?- las dos se miraron confusas.
-No,
creíamos que estaba contigo.
-Que raro.- dijo Ron. -No lo he
visto en ninguna parte después del almuerzo.
-Ni nosotras.- le
dijo Hermione. -Tal vez ya esté en la cocina. Vamos.- los tres
amigos comenzaron a bajar pero a los pocos escalones se quedaron
quietos, ya que escucharon dos voces que, parecía, conversaban.
-Shh, son Harry y...- dijo Ginny sin poder terminar la
frase.
-Helen...- dijo su hermano, sorprendido.
-No hagan
ruido.- les recomendó Hermione intrigada. Se agacharon hasta
sentarse en el suelo, y disimulados tras la baranda de la escalera,
se dedicaron a escuchar la
conversación.
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Helen y Harry se encontraban en la sala de estar de la mansión Black. Todo estaba muy limpio desde el día anterior, en el cumpleaños de Harry, y la casa había dejado a un lado su aspecto tenebroso. Harry estaba sentado en uno de los sillones, y Helen estaba parada, apoyada contra la pared y cruzada de brazos. Tenía los ojos cerrados, pero su expresión era paciente. Harry no sabía por donde empezar, no quería ser brusco con el tema, pero tampoco quería darle muchas vueltas. No se percató de que Helen le estaba leyendo el pensamiento; era sorprenderte; sí, podía usar la legeremancia con los ojos cerrados. Sólo los más poderosos de su especie podían hacerlo, y ella estaba dejándole buscar una solución a Harry. Al ver que el chico seguía sin decidirse, comenzó ella:
-Estoy esperando a que me digas
para qué me has llamado. Soy muy paciente, Potter, pero
lamentablemente no tengo todo el tiempo del mundo.- Harry la miró
furioso. Según el profesor Lupin, la mujer no lo odiaba, pero no era
lo que estaba demostrando. Él había recurrido a ella pacíficamente
para preguntarle lo que tenía en duda y Helen ya había empezado a
maltratarlo con su tono frío.
-Verás... es que quería
preguntarte algo. Hoy tuve una conversación con el profesor Lupin y
sin querer te mencionó. Dijo algo sobre ti, mi madre y mi padre.-
Helen no contestó. Seguía impasible, como siempre. Pero por dentro
tenía un dilema sin resolver: Si contarle la verdad a Harry ahora, o
dejarlo para otro momento. "No puedo contárselo ahora, aún no
me conoce y sería muy precipitado. No lo tomaría bien. Está
decidido."
-Lily Evans y yo fuimos amigas desde nuestro
primer año en Hogwarts. Cuando James y Lily se juntaron, yo también
conocí a tu padre.- contestó Helen evadiendo la verdadera
respuesta. Ella no quería contarle aún de dónde venía ni por qué
se habían unido tanto hasta llegar a ser mejores amigas.
-Entonces
la conocías... ¿Y en cuál casa estabas?
-Gryffindor.- "Qué
extraño." pensó Harry. "¿Por qué? Creí que había
estado en Slytherin."
-En mi infancia no tenía muchas
cualidades de Slytherin.- le dijo Helen leyéndole el pensamiento,
otra vez, y percatándose a lo que se refería el joven.
-No
tienes derecho a entrar en mi intimidad.- la acusó Harry.
-Eres
muy vulnerable. Cualquiera podría leerte la mente.- confesó
Helen.
-No cambies de tema. Entonces fueron amigas... ¿Y porqué
no apareciste en la fotografía de la Orden del Fénix?
-Porque yo
me fui... de viaje luego de terminar en Hogwarts. Desde entonces no
volví a ver a tus padres, hasta que regresé cuando me enteré de la
creación de la Orden del Fénix.
-¿A dónde te fuiste?
-Dime
Potter ¿Esto es un interrogatorio o solo una duda que tenías?-
ironizó Helen, marcando bien la palabra "una".
-Las dos
cosas.- replicó Harry mordaz. Se levantó del sillón y comenzó a
pasear por la habitación. -Helen, ¿puedo llamarte por tu nombre o
te llaman de otra forma?- le preguntó olvidándose del viaje de la
mujer.
-Helen está bien.- dijo la mujer, sin inmutarse ante la
muestra de simpatía del chico.
-Entonces, Helen, parece que eres
muy poderosa, hay algo extraño en ti… Pero eso no es lo que más
me preocupa ahora… Me gustaría aprender oclumancia contigo.- todo
esto lo dijo rápidamente, nervioso ante aquella confesión. Además
estaba preocupado porque no sabía como reaccionaría la mujer, ya
que nunca habían tenido una conversación. Cruzó los dedos de ambas
manos rezando por una respuesta positiva, y Helen no lo defraudó.
-De
acuerdo. Pero yo seré la que ponga las reglas ¿entendido?- dijo
autoritariamente. Harry respiró aliviado. No podía creerlo, pero
había puesto toda su fe en ello. Ella había aceptado, él al fin
aprendería a cerrar su mente, y no volvería a estar descubierto
ante Dumbledore o cualquier otro mago.
Helen, en cambio, se sentía
muy satisfecha consigo misma. Harry había caído tan rápido... Tan
sólo el día anterior había echado la primera carta, y ya tenía a
Harry pidiéndole ayuda... Definitivamente, no existía nadie más
capacitado que ella para ese tipo de misiones.
-Gracias.-
respondió Harry simplemente, intentando ocultar su ansiedad.
-Muy
bien, nos vemos mañana, a las once de la noche, en el sótano. ¿De
acuerdo?- le dijo Helen en un susurro. Luego recorrió la habitación
con la mirada, a sabiendas de que ciertos pelirrojos y cierta castaña
los estaban observando y seguramente escuchando. A Harry le extrañó
esa acción, y decidió preguntarle, pero Helen se le adelantó:
-Debo irme.- dijo tras tocarse la frente con una mano y cerrar los
ojos rápidamente. Dicho esto desapareció con ese extraño brillo
rodeándola por
completo.
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Los tres amigos aún seguían en la escalera, escondidos tras las barandas. Habían estado lo más silenciosos posibles, pero en el último momento Ron trastabilló en un escalón haciendo un leve ruido. Por eso les pareció ver que Helen se había puesto alerta, y había observado muy cerca del punto en el que los tres se encontraban. Pero para suerte de ellos, la mujer no los vio, o tal vez simuló no hacerlo.
-¿Han escuchado todo?- preguntó
Hermione pensativa.
-Si, salvo la última parte.
-Ron, creo
que en esa parte le dijo dónde se encontrarían.- dijo Ginny
recelosa.
-Estoy de acuerdo contigo.- la apoyó su amiga. -Pero no
creo que a Harry lo dejen salir de Grimmuld Place.
-¿Quién dijo
que va a pedir permiso, Hermione? No todos respetan las reglas. Y
sabemos muy bien que Harry es capaz de salir a escondidas.- opinó la
pelirroja.
-¿Creen que debemos preguntarle?
-No, Ron, nos
culpará de haberlo espiado.
-Pero es lo que hemos estado
haciendo, Ginny.
-Mejor que no se entere.- replicó la
pelirroja.
-Chicos, suban rápido, creo que Harry viene.- advirtió
Hermione.
Subieron sigilosos y se metieron en la habitación más
cercana, la de la castaña y la pelirroja. Cerraron la puerta
suavemente y se pegaron a la puerta para escuchar y reconocer los
pasos de quien subía. Ron miró por la cerradura de la puerta y vio
a su mejor amigo.
-Chicas, efectivamente es Harry. ¿Salimos?
-Ni
se te ocurra, Ronald.- le advirtió con un dedo amenazador.
-A
veces me das miedo, Hermione.- dijo Ron alejándose un poco de la
chica y mirándola con simulado
temor.
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