Hola! Ahora no me tardé tanto, ¿verdad? Sin comentarios, disfruten!


ARCANUS

Memorias de los condenados


Capítulo III: Lágrimas de Placer


Mientras el cerebro alienado de Hermione volvía a funcionar, de su inexpresiva mirada brotaban gruesas lágrimas que resbalan por sus mejillas, humedeciendo la piel a su paso hasta su cuello, esto le daba un sabor exquisito extra, Draco gozaba de lo lindo.

Pero entonces, Hermione suspiró con tristeza, desolada y rendida, y con los ojos fijos en el infinito dejó que su cuerpo reaccionara como mejor le conviniera en automático, como si toda su razón hubiera muerto con aquellos pensamientos, como si todo su sentido común se encontrara tan cerca de su mente como el pelirrojo de acariciarla en lugar del blondo.

La mirada de Hermione se centró en el cabello del rubio, aunque aún parecía perdida, sus manos se dirigieron como arrastradas por los hilos de un títere hasta tocar con sus yemas la suave textura del despeinado muchacho. Entonces, lo acarició, entremetiendo sus dedos en el cabello, con suavidad, con inseguridad, con ausencia. Un escalofrío recorrió el cuerpo del rubio, por un momento quedó impactado ante tal reacción, él esperaba más pelea, tal vez incluso una reciprocidad con algo de coraje como la última vez, pero Hermione estaba siendo delicada, y el que lo tocara delicadamente hacía que cada uno de los pelos de su nuca se erizaran creando una sensación increíblemente placentera en el resto de su cuerpo, especialmente entre sus piernas, hecho que lo hacía restregar su cuerpo y el de Hermione con más fuerza.

Después de unos minutos de caricias finas, en que Malfoy se dejaba tocar cual manso animalito, haciendo movimientos de cadera alternados y apenas sensibles entre sus cuerpos, desde su cabello hasta su espalda las manos de Hermione recorrían errantes la piel erizada del muchacho, entremetiendo de vez en vez las caricias en su camisa, provocando sensaciones deliciosas al blondo cuyo rostro yacía petrificado en el cuello de Hermione.

Una repentina caricia dio en algún punto clave que lo obligó a gemir y estrechar con fuerza las nalgas de Hermione entre sus manos, fue entonces, ante tal reacción, que Hermione volvió del país de Nuncajamás y se hizo conciente de lo que estaba haciendo.

Unos segundos de debate y duda la sumergieron en un enredado caos de sentimientos y emociones encontrados, el pelirrojo era demasiado ciego para darse cuenta de lo que sucedía, le importaba tan poco ella y le importaba tanto el quidditch y el placer de besar a Lav-Lav que ello lo convertía en nada menos que uno más del montón, zoquete, cabezota, y un grandísimo estúpido, eso era lo que era.

Sujetó entre una de sus manos algunos mechones de Draco y, tomando una resolución poco racional y llena de resentimiento y cólera, lo jaló con fuerza obligándolo a separar el rostro de su cuello y dirigirle una mirada de odio y sorpresa.

Malfoy estaba apunto de protestar cuando las manos de Hermione se apoderaron de sus mandíbulas y lo atrajeron hacia el rostro de ella con agresividad, "si no puedes contra el enemigo, ¡únetele!". Por fin, el incentivo que Malfoy necesitaba para volverse loco, se lo había dado, le había echado leña al fuego, y estaba claro que no había marcha atrás.

Después de tanto rato de cargar a Hermione ya se había cansado y volvió a su posición original, acuclillado con la chica sentada sobre sus piernas. Se besaron con ansias, con pasión, con salvajismo. Sus lenguas se unieron y comenzaron a pelar como si acaso pudieran hacerse daño entre ellas, Hermione se descubrió sintiendo un agradable cosquilleo en el estómago y en la entrepierna, como aquella que sentía cada vez que imaginaba a Ron acercándose a ella para besarla. En un momento de locura, Hermione mordió el labio inferior de Draco con fuerza y lo jaló hasta liberarlo con rudeza, Draco comenzó a sangrar ligeramente por dentro y la miró divertido.

— El animal aquí, Granger, soy yo —espetó apretando el trasero de Hermione para restregar sus entrepiernas, casi haciéndole daño con sus uñas.

— Sin duda, Malfoy, sin duda —respondió sarcástica, haciendo una mueca de burla y malicia recién brotada de su oculta personalidad.

Estaba harta de sufrir, estaba harta de sentir. ¡Qué más daba si se metía con un hombre! ¡Era libre después de todo! Pero... de todos los chicos que se hubieran acostado con ella sin rechistar, ¿por qué sucumbía ante Malfoy? Sabía que de no haber cooperado, de cualquier manera la iba a violar, pero ¿por qué había decidido aceptar? Quizá, muy dentro de sí, sabía que acostarse con Malfoy era la mayor traición y abominación que podía cometer en contra del pelirrojo, incluso, si nunca se enteraba de ello...

Draco se quitó la camisa y la túnica al mismo tiempo, abriendo y rompiendo los botones de la camisa a la vez. Hermione sumergió sus manos sobre sus hombros y brazos, ayudando a liberarlo de la tela, tocando su piel pálida, lamió y mordió su cuello mientras él se liberaba de las mangas. Las prendas cayeron al suelo con un golpe seco.

La castaña paseó sus manos por la recién descubierta área, acariciando y apretujando aquí y allá. Mientras tanto, Draco hacía lo propio con las piernas de Hermione, acariciando con suavidad sus nalgas y recorriendo sus muslos, que provocaban que la piel de la chica se erizara, haciendo que más texturas se agregaran al deleite de sus manos. Ella, por su parte, recorrió con sus dedos y uñas desde los omóplatos hasta el principio de las nalgas del rubio, con suavidad y luego enterrando las uñas dejando surcos rojos sobre su piel, provocando gemidos de dolor y placer al mismo tiempo al blondo, que lo hacían sonreír con satisfacción. Acarició sus costillas descubriendo que el muchacho era extremadamente sensible en esa área, Hermione recibía sus jadeos en la boca mientras emitía los suyos propios.

Draco internó sus manos por debajo del pedazo de vestido que quedaba, tocando los costados de la castaña, toda la piel a su paso se erizaba mientras tenues temblores se apoderaban del cuerpo de Hermione, sintió la curvatura de sus caderas y el leve hundimiento de su arqueada espina dorsal, llegando hasta el estómago, su ombligo sudoroso y el principio de sus costillas, que subían y bajaban rítmicamente con la respiración agitada. Sacó sus manos y recorrió los brazos en ese momento ocupados en el abdomen de él, llegó hasta los tirantes del vestido y los bajó hasta dejar visible parte del sostén blanco, la tela era tan frágil que con un simple jalón dio de sí y rasgándolo por la espalda pudo terminar de arrancarlo del cuerpo de Hermione.

Por un momento se quedó embelesado, Hermione no era una chica perfecta, ni siquiera tenía las curvas de una diosa, pero tenía un cuerpo lindo y bien formado. La chica se dejó admirar unos instantes, con el rostro rojo por el calor y el resto del cuerpo erizado por los escalofríos causados con las caricias, colocó las palmas de sus manos en el abdomen de él, levantando ligeramente los hombros para exaltar un poco sus pechos, como invitándolo a acercarse a ellos.

Él, no lo dudó ni un instante y hundió su rostro entre los suaves pliegues del pecho, causados por la presión del sostén. Hermione estaba muy excitada, era la primera vez que se acercaban a zonas tan sensibles de su cuerpo y las sensaciones aunadas a los pensamientos de su virgen mente la hacían sentir un repentino pudor que sólo colaboraban a excitarla más.

Mientras besaba y lamía la zona entre los pechos de Hermione, Draco recorría con sus manos la espalda de la muchacha, atravesando por los omóplatos y recorriendo con los dedos toda la espina dorsal hasta el inicio de sus nalgas, internando suavemente sus dedos en la ropa interior, Hermione se sobresaltó al sentir los dedos de él tocando de piel a piel su trasero, acariciando la división entre sus nalgas.

Ella, por otro lado, se dedicaba a revolver el cabello del rubio, recorrer su cuello y espalda, repasando con sus dedos las heridas que le había dejado, humedeciendo con un poco de sangre sus dedos, entonces se llevó una mano a la boca, la sangre tenía un sabor metálico, no es que supiera del todo agradable, pero le gustaba pensar que ella había provocado que brotara, cerró los ojos mientras acariciaba la cabeza de Draco y lamía sus dedos.

Percibió de repente una mano del chico en su espalda, mientras desabrochaba hábilmente su sostén, sintió como si la liberaban de una prisión, no sólo a nivel físico, sino también mental, porque sabía lo que vendría. Draco separó su rostro del cuerpo de Hermione, provocando que el sostén cayera por sí mismo dejando a la vista los pechos redondos de la castaña. La observó, notó que ella tenía los ojos cerrados y sonrió satisfecho, paseó sus dos manos desde la cadera de Hermione hasta la base de los pechos, sosteniéndolos con suavidad, Hermione se curvó hacia atrás, como en un acto reflejo de rechazo, pero en cuanto el rubio comenzó a masajearlos, se destensó y permitió que la acariciara, recargó su espalda en la pared causando que Draco se inclinara sobre ella para besar su cuerpo.

Draco estaba fascinado, de la resistencia opuesta había pasado a una docilidad impresionante, y sentía una libertad incomparable, sentía que podía ser gentil y agresivo en el momento que le diera la gana, sin miedo a reproches (al menos no válidos) ni quejas. Sólo placer, sabía que ella se regía por el resentimiento y la resignación, pero era innegable que lo estaba disfrutando sobremanera y que jamás lo iba a olvidar.

Que jamás lo iba a olvidar...

Sabía por los iniciales besos inexpertos de ella, que era imposible que se hubiera acostado con ningún muchacho ya. Draco no se sintió más motivado porque ella fuera virgen, no tenía ninguna fijación ni fetiche con el desvirgamiento de mujeres, pero el hecho de que fuera su primera vez lo convertiría en el fantasma del nomeolvides, porque por mucho sexo que tuviera una mujer o un hombre, la primera era la que nunca iba a olvidar. Y Hermione nunca lo iba a olvidar, aunque a él no le importara lo más mínimo.

Así pues, se dedicó a tocar y apretujar los senos de Hermione sin pudor alguno, acercó sus labios y los recorrió con ellos. Hermione se sentía extraña, ella nunca había tenido contacto íntimo con ningún hombre y aún así sabía lo que podía hacer, como si fuera instintivo, sintió la necesidad de tocar zonas más prohibidas, ya que él había dado el primer paso, entonces ella podía avanzar también.

El rubio lamió y mordió con suavidad el pliegue de las faldas de los pechos de la castaña, después fue recorriendo, uno por uno hasta la cúspide de los mismos, lamiendo y succionando con delicadeza, una mano se posó en el que no podía atender y masajeó y pellizcó con suavidad el pezón erecto de la chica, ella gimió, porque era como si al mismo tiempo que la pellizcaba y succionaba, sintiera un pellizco en su interior pélvico. Estrechó su cuerpo con el de él en un compás rítmico mientras él se hacía cargo de la zona superior.

Obedeciendo a sus instintos, Hermione dirigió sus brazos como pudo hasta el abdomen del chico y acarició su ombligo, sentía la textura del vello que descendía hasta la cremallera de su pantalón, por alguna razón, le gustó sentir esa sensación, era como si después de tanta tersura de la caucásica piel, sintiera algo muy característico de un hombre. Con un poco de dificultad encontró el cierre y comenzó a deslizarlo en dirección sur, internó sus dedos suavemente, tocando sus caderas, sintiendo sus huesos y sus músculos en tensión. Como pudo, alcanzó la parte trasera del pantalón y la deslizó hacia abajo, entonces le fue posible internarse un poco en la ropa interior de él.

Draco quería más, estaba cansado de esa posición, por lo que cargó a Hermione de nuevo y se levantó con trabajo, Hermione lanzó un gritito al ser levantada tan repentinamente, Draco titubeó un poco por las piernas entumecidas, se dirigió hasta el centro de la sala mientras los pantalones se le caían hasta las pantorrillas y aventó a Hermione sobre una pila de cojines amontonados junto a la chimenea, gruesos cojines capaces de amortiguar una caída semejante.

Draco comenzó a dar patadas para sacarse los zapatos y lo que quedaba de pantalón y se lanzó sobre ella, sin darle tiempo a reaccionar. La volteó bruscamente y comenzó a derramar besos, mordidas, caricias, apretones y rasguños al cuerpo entero de Hermione, mientras él la recorría, desde el cuello, atravesando la tersa espalda y acariciando sus piernas, ella se convulsionaba de placer, sentía una inmensa necesidad por ser tratada así, por sentirse deseada, y ser la protagonista de un acto tan placentero.

Le dedicó un tiempo a sus piernas, tocando sus muslos, besándolos, succionando para dejar una que otra marca, acarició la cara interna de las piernas con vehemencia y lamió la piel sensible de esta zona. Hermione se derretía por sentir tanto y no poder hacer nada, por ello intentó voltear y al conseguirlo se enganchó al cuello del rubio, besándolo con fervor, haciendo movimientos de cadera muy sugestivos, ahora que sólo los protegía un pedazo de tela a cada uno, las sensaciones eran mucho más fuertes.

Repartió marcas en el cuello y pecho de la chica, lo cual a ella parecía encantarle, sujetaba con fuerza sus pechos y mordía sus pezones, incluso los pellizcaba un poco, y ella sólo se retorcía de placer. Descendió por todo su abdomen hasta el principio de la última prenda que la cubría y la bajó un poco, dejando a la vista gran parte de su pubis, y besó y lamió, ella se limitaba a gemir mientras se tapaba la cara con las manos para evitar hacer demasiado ruido.

La volvió a girar bruscamente y retiró un cojín para que Hermione quedara como a gatas, con medio cuerpo tendido sobre los cojines.

Mientras besaba su espalda acarició con suavidad, pero asegurándose de que sintiera, la tela que cubría la entrepierna de Hermione. Se sentía húmeda, y Hermione lo sabía, y se sentía avergonzada y excitada al mismo tiempo por ello. Hizo a un lado un pedacito de tela y acarició por encima, Hermione dio un brinco y jaló una almohada algo más pequeña para ahogar sus jadeos.

Draco continuaba besando el ahora descubierto trasero de la chica mientras su mano comenzaba a abrirse camino por la zona más íntima de Hermione. Ella gimió, un dedo frío y hábil se abrió paso a una parte sensible que ella sabía que existía pero que nunca se había atrevido a localizar, sintió mareos en todo su cuerpo, era como si la hubiera conectado a una corriente eléctrica, todo su cuerpo reaccionaba en automático, moviéndose y gimiendo al ritmo de las caricias y besos que Draco le proporcionaba.

Para Draco, esto era como música para sus oídos, extrañaba esto, lo único que faltaba, para que todo fuera perfecto, era que la chica gimiera su nombre, pero él sabía que no lo haría. Así pues, tomó una resolución rápida, se retiró lo que le quedaba de ropa y se acercó a ella.

Decir que Hermione no se había dado cuenta de lo que Draco pretendía hacer a continuación sería una mentira, pero fingió para sí misma que no lo sabía y esperó a que él le insinuara algo antes de proseguir, pero el rubio no le insinuó nada en absoluto, tan sólo se acercó y Hermione lo sintió entre sus piernas, aún la protegía la tela pero aún así respingó de sorpresa, cerró los ojos con fuerza, no tenía idea de cómo deseaba esto y comenzaba a impacientarse porque Draco se tomara tanto su tiempo.

Al fin el momento deseado le llegó, Draco terminó por quitarle la ropa interior con los dientes, deslizándola deliciosamente mientras lamía y acariciaba sus piernas, terminó por liberarla y quedaron ambos en iguales condiciones. Y entonces, lo sintió.

— ¡Malfoy, espera! ¡espera! —suplicó Hermione, sabiendo que la primera vez podría ser dolorosa.

Pero oír la súplica y tomando conciencia de que Hermione sabía que lo estaba haciendo con él y no imaginaba a otro, sólo contribuyó a incentivar más a Draco y, apretando los dientes y cerrando los ojos, se adentró con fuerza, sin darle tiempo si quiera de pensar si le había dolido o no.

Hermione lanzó un grito que podría confundirse con un gemido y aferró los dientes a la almohada que la cubría, ella misma no sabía si gritaba por sorpresa o por dolor. Draco les dio un respiro tanto a ella como a él mismo para recobrar algo de compostura, porque lo mejor venía después de la primera entrada.

Como si hubiera un botón dentro del cuerpo de Hermione que activara las glándulas lagrimales, dejó escapar un par de lágrimas con los ojos apretujados, el rostro aplastado contra la almohada, oía la respiración entrecortada de Draco quien parecía recuperarse apenas de un trance, y entonces, lo volvió a sentir, y esta vez sí sintió dolor, pero también placer, porque escuchar a Draco jadear colaboraba sobremanera a su excitación.

Así pues, Draco se fue alejando poco a poco, jadeante y tomando a Hermione por la cintura, volvió a embestirla, sintiendo cada fibra de su ser arder en llamas. Y repitió el mismo proceso hasta que Hermione dejó de ejercer presión con su propio cuerpo, y por fin, la pudo escuchar gemir de placer.

Gotas de sudor resbalaban por su cabello y caían sobre el cuerpo de Hermione, llevaba un ritmo lento pero muy placentero, recostó su cuerpo sobre el de Hermione e internó sus manos por debajo su cuerpo, una para acariciar sus pechos y la otra para introducirla en la entrepierna de Hermione y acariciar su clítoris.

Hermione se mordía los labios a punto de gemir el nombre de Draco en varias ocasiones, pero algo dentro de sí evitaba que lo hiciera, tal vez orgullo, tal vez vergüenza. Sentía algo muy extraño dentro de su ser concentrarse en la unión que tenía con Draco mientras éste comenzaba a aumentar la velocidad de sus movimientos, se aferró con fuerza al cojín y terminó por destensarse totalmente hasta sentir aquello que tanto se había preguntado cómo se sentía, se estaba acercando al clímax, y por los sonidos que Draco hacía sumados a la fuerza con que sujetaba uno de sus pechos y la fuerza con que la acariciaba, supuso que él también estaba a punto de llegar.

Un escalofrío le recorrió por todo el torrente sanguíneo y se concentró con fuerza en las embestidas proporcionadas por el rubio, Hermione se sintió explotar ahí mismo, haciendo movimientos intermitentes que la obligaron a llorar aún más, pero por increíble que parezca, lloraba de placer.

Draco esperó un poco más, no quería dejar escapar esa sensación, y sintió a Hermione llegar al clímax, y haciendo con su cavidad apretones involuntarios que sólo lo obligaron a dejarse ir, no podría haber aguantado más con una experiencia como esa, él la conocía y siempre había sucumbido ante ella.

Draco y Hermione no se dirigieron la palabra, cada quien se fue por su lado sin dedicarse siquiera una mirada, el blondo salió como rayo y desapareció en la oscuridad de la noche, dejando a Hermione atrás.

Una vez reparada su ropa y habiendo hecho uso de un encantamiento anticonceptivo, que alguna vez le pareció innecesario aprender, se retiró también del salón. Sonrió triste pero aliviada cuando llegó a su habitación poco antes de que la fiesta de Slughorn llegara a su fin y se recostó pacíficamente, cayendo como nunca antes en los brazos de Morfeo.