Nota: Antes que nada, quiero disculparme por no responder a los reviews recibidos, muchas gracias amigos, se los agradezco de corazón y discúlpenme, prometo responder, es que la universidad no me dejaba tiempo para nada mas pero ahorita estoy de vacaciones y tendré mas tiempo para actualizar y responder; también pido disculpas por la tardanza pero aquí estoy de nuevo con el cap nuevo de la Diosa de Rammnus, espero que los disfruten. Besos!
Capitulo III. La piel del Camaleón.
Atenas, Grecia. Santuario.
La tarde estaba muriendo para dar paso al nacimiento de la noche hermosa y estrellada, digna bóveda del Templo de una Diosa. Todos los santos dorados se encontraban en sus casas resguardándolas como siempre, solo que ahora con más tranquilidad y con la felicidad de que todos estaban juntos y vivos junto a su Diosa a la que juraron lealtad.
El patriarca se encontraba en la sala principal meditando, mientras que Seiya y Shiryu estaban en sus habitaciones, e Ikki rondaba por ahí en los campos de entrenamiento que ahora estaban vacíos por la hora.
La joven princesa se encontraba en su templo, meditando para localizar el cosmo de Shun, pero todo era en vano, no lo conseguía por ninguna parte, como si el santo de Andrómeda se hubiese esfumado del mundo.
-Donde estas, shun?
En ese momento una leve cosmoenergia se dirigió directo a ella, como una estrella fugaz, no duro ni un minuto pero ella lo sintió muy claro aunque no supo descifrar a quien pertenecía o de donde venia le alarmo la idea de otra guerra. Y donde estaba Shun?
Isla Andrómeda
Al rato Shun despertó. Noto que ella seguía dormida así que no se movió para no despertarla sino que se quedo observando al atardecer y se dio cuenta de que no había comido absolutamente nada en todo el día!. Decidió que en un rato si june no despertaba el mismo la llevaría hasta su cabaña, el podría dormir en el piso n le importaba pero prefería eso a despertarla.
Luego noto que ella tenía un poco de frío ya que tenía la piel de gallina, así que la acerco más a su cuerpo y no pudo evitar acariciar su espalda desnuda con sus dedos aunque suavemente para no despertarla. Algo en su interior le decía que tal vez no era correcto hacer eso, pero fue mas fuerte que el, el deseo de tocarla le estaba matando y era peor el no tener respuestas a lo que estaba sintiendo.
Desde que llego a Andrómeda, fue un soldado, el y todos sus amigos, durante toda su vida solo fueron santos dedicados a proteger a Athena y a morir por ella en cada batalla, pero ellos no eran solo santos, eran hombres, todos, personas que sienten y piensan; el no podía ignorar su naturaleza, no podía ser solo soldado y no hombre, y sabes que es hombre porque ya hace mucho tiempo dejo de ser un niño.
Su piel era tan suave y delicada que el santo se perdió en ese mar de sensaciones, y no se percato de que la amazona había despertado.
El roce de shun la despertó pero no se movió de su sitio, se sentía segura entre los brazos de Shun, y su cercanía la hacia sentir demasiado bien. Además sus caricias la hacían estremecerse y se le erizaba la piel.
El seguía hechizado por la piel del camaleón, cuando algo llamo su atención. Un cosmo que le pareció conocido, por lo que desvió la mirada hacia el mar, de donde creyó sentir ese extraño cosmo pero no vio nada, solo que el mar estaba un poco alborotado. La voz de la rubia lo saco de sus pensamientos.
-No te detengas por favor-dijo
De pronto sus mejillas se ruborizaron; como se le había salido eso, ahora que le diría a el!
Pero el no dijo nada, estaba demasiado apenado, cuando tiempo llevaba ella despierta y porque le pedía que continuara si la estaba acariciando!.
-Yo…discúlpame, no se que…eemm-dijo o intento decir la joven mientras se levantaba.
Shun tampoco dijo mucho, o mejor dicho nada, el solo quería que se lo tragara la tierra para no verla a la cara pero antes de que los dos pudieran levantarse de la arena la presencia de un cosmo alerto de nuevo al caballero de Andrómeda que rápidamente se levanto a tratar de conseguir al dueño de ese cosmo que aun no lograba identificar pero que le parecía demasiado conocido. Se dirigió hacia la orilla de la playa dejando a la amazona atrás un tanto confundida. Llego incluso a adentrarse al agua seguido por la mirada de june que empezaba a preocuparse, ello lo llamaba y el no respondía.
No sentía el agua que le llegaba casi hasta las rodillas, ni escuchaba a june llamarlo, solo escucho una voz que reconoció de inmediato.
-Disfrutando de la vida, Andrómeda?- dijo el personaje que se encontraba justo a su lado.
Era Afrodita de Piscis, quien le hablaba y le dirigía una mirada malévola y ese aire de altivez que lo caracterizaba.
Portaba su armadura dorada, pero esta estaba destruida y el estaba golpeado. Así fue exactamente como shun lo vio vivo por ultima vez, cuando pelearon en las doce casa y el derroto al santo de oro.
El encuentro con el santo y la sorpresa que se llevo el peliverde lo obligaron a echar unos pasos hacia atrás; además algo no estaba bien, que hacia Afrodita ahí si debía estar en el santuario, como llego sin que lo sintieran antes y porque su armadura tenia su color dorado, si había pasado a ser negra en la batalla contra Hades?.
-Veo que la estas pasando bien-dijo en tono sarcástico el santo de piscis.
Su instinto de guerrero lo obligo a estar mucho mas alerta, algo estaba muy mal. La mirada de Afrodita parecía vacía, sin vida.
-Que haces aquí?-murmuro Andrómeda.
-Vengo a buscarte, me extrañaste?-respondió Piscis, siempre con el sarcasmo por delante.
-Que dices?
-Debes pagar, Andrómeda.
Los sentidos del joven estaban cada vez mas alerta; la visita del santo dorado no era en son de paz. Luego otra voz se escucho detrás de Shun, por lo que al voltear vio a Sid, el dios guerrero de Asgard, en el mismo estado que Afrodita.
-Eres un asesino Shun, y los asesinos van al infierno-dijo Sid con tono amenazador.
Ahí Shun decidió llamar a su armadura y prepararse para luchar de nuevo contra esos dos, pero se encontró con que su cosmo no le respondía! Y por supuesto tampoco su armadura.
-JA,JA,JA tu armadura no vendrá!-grito Afrodita apuntándolo con una rosa piraña.
En ese momento vio como los dos guerreros se lanzaban sobre él y lo atacaban con sus mejores técnicas, los dos al mismo tiempo mientras él no podía hacer nada, no podía moverse, solo sentía las terribles heridas que le estaban causando y luego un terrible miedo invadió a Shun, uno que nunca antes había sentido: era miedo a morir.
June estaba estupefacta. Solo podía ver a Shun de rodillas en el agua, con las manos sobre la cabeza como si un terrible dolor lo estuviera atacando y gritaba. En cuanto lo escucho salio corriendo hacia el.
Después de unos segundos todo desapareció, las heridas, la sangre, el miedo, Afrodita y Sid, y solo quedo june muy asustada, delante de el tratando de hacer que reaccionara.
-Shun! Basta! Que te pasa?-dijo June mientras lo movía por lo hombros.
Al fin, shun reacciono, pero pronto se llevo las manos a la cabeza de nuevo, sentía que la cabeza le iba a estallar.
-Que pasa?-pensó el.
-Shun, estas bien! dime que tienes por favor!
-Estaban ahí, me atacaban-dijo aun en la misma posición.
-Quien? Aquí no había nadie!
En eso Shun la miro de frente y se quedo pensando unos segundos, hasta que ella lo hizo reaccionar de nuevo.
-Pero estaban aquí, Afrodita y Sid! No los viste?
-Que dices?
Mientras tanto en el Santuario…
Bien entrada la noche, el guardián de la séptima casa, Milo el Escorpión, se sentaba en las escaleras de su casa a admirar las estrellas. Al rato, entro y sintió otro cosmo.
-De quien es ese cosmo- pensó
-Quien anda ahí!
El santo se percato de que no era uno sino varios cosmos los que se sentían dentro de la casa.
-no puede ser, quien ha logrado pasar por las otras casas y llegar hasta aquí?
-Quien sea salga de aquí inmediatamente, esta prohibida la entrada al santuario!
Nadie respondió, solo aparecieron varias figuras a su alrededor. Las caras le parecían familiares pero no logro recordar quienes eran. Aquellos muchachos estaban muy golpeados y hasta parecían muertos. Aquello le extraño aun más, pero no le dio importancia, ninguno de ellos era la mitad de fuerte que él.
-No me importan quienes sean-dijo dándole la espalda al grupo-váyanse de aquí si no quieren morir.
-ni siquiera sabes quienes somos-dijo uno
-Matas y ni te enteras, no tienes respeto por la vida que no te corresponde quitar!-dijo otro con rabia.
-Maldito, asesino!
Milo volteo a verlos.
-Que dices?
-Nosotros si sabemos quien eres!.
-Nosotros somos los discípulos de Albiore de Cefeo en la isla Andrómeda, y es hora de pagar por tus pecados, Milo del escorpión!
Luego todo el grupo se le vino encima y Milo no pudo mover ni un músculo. Lo atacaron entre todos y el no pudo defenderse.
Lo peor de todo fue que no solo sintió las técnicas de los muchachos sino también la suya propia; sentía los pinchazos de la aguja escarlata, veía los agujeros en su cuerpo y el sin poder hacer nada! Y tenia miedo, muchísimo miedo, sentía el miedo de los muchachos al ser atacados por el en la isla Andrómeda, era terrible, nunca había sentido tanto miedo, estaba desesperado, como si aquellos chicos despertaran en el sus mas terribles miedos.
-Que es esto?
-BASTAAAAA!
Shaka de Virgo y Dohcko de Libra estaban en la casa de este último cuando escucharon el grito del santo de Escorpión y fueron a ver que sucedía.
Al llegar encontraron a Milo en el piso en posición fetal, aparentemente intacto pero temblando hasta la medula.
Isla Andrómeda.
Shun estaba en su cabaña, mirando por la ventana. Era más de medianoche y él no podía dormir, los sucesos de la tarde no lo dejaban en paz, ninguno de ellos.
-Porque me atacaron así?no entiendo, Afrodita debería estar en el Santuario en estos momentos, como llego aquí sin ser visto por nadie y porque rayos me ataco?. Y ese miedo que sentí…eso no es normal, nunca había sentido eso, nunca he temido a la muerte. Ni siquiera parecía…mi miedo, lo sentí ajeno a mí.
No entiendo nada.
Volteo hacia la cama; June estaba ahí.
Cuando Shun se levanto para confirmar que los dos guerreros se había esfumado, cayo de rodillas de nuevo en el agua; si estaba herido, tenia una herida en el costado derecho que, a pesar de ser pequeña sangraba bastante así que June decidió ir con el hasta la cabaña para curarlo. En eso una lluvia torrencial cayo sobre la isla y Shun prefirió que ella pasara la noche ahí.
La amazona no opuso resistencia, la lluvia era demasiado fuerte como para llegar sana y salva a su cabaña y tampoco quería dejarlo solo ni separarse de el. Y la forma en que le hablo, con un dominio y autoridad poco común en el, tampoco dejo espacio a los "peros". Al llegar a la cabaña le coloco una venda sobre la herida. El no podía dormir así que ella se acostó primero.
La observaba dormir, se veía preciosa, tenia puesta una camisa que el le presto para dormir ya que su ropa estaba muy lejos de ahí. Recordó lo que paso antes de que se aparecieran Afrodita y Sid, cuando sentía su piel y su cuerpo cerca del suyo y cuando le pidió que no se detuviera. Se sonrojo al recordarlo y sonrió.
La lluvia que chocaba contra la ventana llamo su atención. Rayos y relámpagos iluminaban el océano, se veían las olas chocar violentamente contra las rocas y la lluvia acompañada por fuertes vientos huracanados.
De pronto, imágenes se le vinieron a la mente. Primero eran como flashes, no las veía bien; pero después se hicieron mucho mas claras, y mucho mas perturbadoras. Eran recuerdos; recuerdos de la batalla en el hades, de Ikki tratando de salvarlo, de la pelea en los Campos Eliseos, de todos los santos dorados dando sus vidas por ella…
Su corazón le recordó el dolor y la tristeza de esa batalla que aun se desarrollaba dentro de el. El dolor de cabeza aumento tanto que lo tumbo al piso, obligándolo a apoyarse con una rodilla, y la rabia y la frustración hicieron que un cosmo comenzara a emanar de su cuerpo. No era el cosmo de Andrómeda, pero si pertenecía a Shun; su color era de un azul eléctrico, tan fuerte y agresivo que de vez en cuando volaban chispas de electricidad al aire.
Un movimiento en la cama llamo su atención: la amazona se estaba despertando. Si sentía ese cosmo, el tendría que dar ciertas explicaciones que no estaba seguro de querer dar, al menos no aun, ya bastante ha esperado june por esas explicaciones y si la conocía bien, sabia que ella ya se había dado cuenta de que algo estaba distinto y respetaba su decisión de no hablar, pero ya eso seria demasiado.
Se levanto, sin pensar en como calmar aquella energía, la suya propia; solo guiado por esa experiencia desconocida para el. Se acerco a la cama y con su cosmo aun encendido, toco levemente la frente de la rubia.
-Duerme.
El movimiento de la chica ceso y cayo en un profundo sueño.
En medio de sus sueños, sintió un cosmo extraño. Su instinto de guerrera la obligo a despertar pero una fuerza aun mayor, y un toque calido la dominaron por completo. Sintió como una orden era enviada directo a su ser. Volvió a dormirse.
El cosmo se mantuvo encendido, mientras el miraba hacia la ventana. Su furia aumento, al igual que la tormenta afuera.
Atenas, Grecia. Santuario
Milo dormía en su cama, pero su sueño no era tranquilo. Sudaba y seguía temblando. Shaka estaba con el, mientras Dohcko estaba afuera con Saori y Shion, hablando.
-No tengo idea de que pudo haber pasado, Shaka y yo estábamos hablando cuando lo escuchamos gritar y al llegar lo encontramos en el piso, prácticamente muerto del miedo y herido en el costado.
-Bueno, debemos estar pendientes de cualquier cosa que suceda-dijo Shion-mañana en la mañana mandare a apostar a mas vigilantes en las entradas del coliseo y del templo y que se aumenten las rondas.
-Seiya y Shiryu están recorriendo los alrededores junto con Aioria. Creo que por ahora ya no podemos hacer mas nada, al menos hasta que amanezca-dijo Saori.
-Athena tiene razón. Yo me voy a quedar con Milo, su herida me preocupa un poco-Dijo Dohcko pensativo.
Shion sonrió y puso una mano en el hombro del antiguo maestro.
-Como quieras, amigo-dijo el Patriarca-yo llevare a Athena a su templo.
Dohcko asintió, sabiendo que con su amigo de armas, la diosa estaba más que segura.
Luego Shion volteo a verla y ella se encamino hacia el templo con el Patriarca a su lado.
Seiya, Shiryu y Aioria buscaron durante una hora más, pero Saori les hablo a sus cosmos directamente, pidiéndoles que regresaran a sus habitaciones. Seiya estaba un poco renuente, pero al final acepto.
Al Este de Etiopia, Océano Índico
El océano esta enfurecido y se revolvían sus aguas, mientras que el cielo se picaba en pedazos cuando era atravesado por lo fuertes rayos y relámpagos que se abrían paso entre las negras nubes.
El viento azotaba la superficie del agua, la lluvia parecía inundar la tierra, todo era un caos total, los elementos parecían estar en guerra por ver cual era el más poderoso y mortífero. Una embarcación se tambaleaba como una hoja de papel, envuelta en la terrible tormenta que golpeaba al mar, luchaba por salir adelante, pero el mar no esta de su lado y la embarcación se vio atrapada entre el oleaje.
El capitán del barco trataba inútilmente de aferrarse al timón para controlarlo, pero el solo hecho de mantenerse de pie era un reto prácticamente imposible de lograr.
El resto de la tripulación también luchaba por poner a buen resguardo los animales que llevaban. El Helena, era un barco que transportaría animales desde Australia hasta una reserva en Tanzania, África.
El capitán había protestado, ya que le parecía que el barco no era lo suficientemente fuerte para llevar una carga tan pesada, y ahora, en medio de la tormenta y apunto de hundirse, maldecía al pobre infeliz que le asigno al Helena esta misión.
La tormenta golpeaba cada vez mas fuerte al barco; las ventanas se destruyeron y la lluvia entro nublando la vista del capitán y tumbándolo al piso, por lo que el timón giro como un loco cambiando totalmente el rumbo de la embarcación y dejándola a merced de la tormenta que se la llevaba por delante.
-Maldita Tormenta!-dijo el capitán tratando de levantarse.
Al tomar el timón de nuevo uno de sus hombres entro, cayo al piso y se levanto de nuevo.
-La tormenta es demasiado fuerte!-dijo el hombre.
-Cállate y vuelve abajo!-ordeno el capitán.
-Abajo esta la muerte!-respondió el hombre
En ese momento el Helena choco contra algo macizo en el fondo, haciendo que todo lo que estaba en cubierta se moviera hacia delante y muchas de las cosas cayera al agua, incluido uno de los tripulantes.
-Hombre al agua!
El hombre y el capitán se levantaron como pudieron, este ultimo se guindo del timón para no caer de nuevo al piso, sentía que iba desmayarse si se golpeaba de nuevo la cabeza, pero se maldecía por no predecir esta tormenta. Si llevaba tantos años navegando como era posible que se le viniera encima un monstruo como este y el no lo viera venir?;aquello tenía que ser un castigo de los Dioses, no había otra respuesta.
Se dice entre los marineros que cuando el mar no te quiere, te expulsara de una forma u otra.
La tormenta siguió arremetiendo contra la embarcación hasta que una enorme ola dio por terminada la lucha, tragándose al Helena, ahogando los gritos de auxilio de los marineros.
Isla Andrómeda.
June despertó y recorrió la habitación con la mirada; shun no estaba, pero sintió su cosmo, estaba encendido. La amazona se asusto y salio corriendo del habitación guiada por el cosmo del santo.
Shun se encontraba en la playa, arrodillado con el agua hasta la mitad del muslo, sin camisa y con las manos sobre los muslos; estaba meditando pero se vio bruscamente interrumpido por una amazona asustada que estaba frente a el con su camisa y mojada por el agua.
-Shun, que tienes!
-Yo nada, porque,June, estas bien?
-Si…Yo…no te pasa nada, sentí tu cosmo encendido.
Que estas haciendo?-dijo June con cierta preocupación en su voz, algo le decía que había hecho el ridículo en ese preciso momento.
-esto…meditaba. Es una técnica que me enseño shiryu.¬¬
-Ay, dioses, perdóname!- dijo la pobre amazona, rogando porque se la tragara la tierra.
Shun sonrió divertido con la escena y encantado con el hecho de que june no llevaba la mascara puesta y al parecer no se había dado cuenta. El no había dejado de pensar en ella aun después de levantarse y el poder ver su rostro de nuevo lo alegro enormemente; muy en el fondo de su corazón, y aunque el no lo reconociera necesitaba desesperadamente ver su rostro de nuevo, mirarla a los ojos, sin esa barrera que le imponía la mascara.
June estaba arrodillada frente a el y bajo la cabeza, un poco apenada y aliviada al mismo tiempo, por lo menos shun estaba bien. El la tomo suavemente por la barbilla para que levantara la cara y lo mirara.
-Estoy bien, no te preocupes-le dijo casi en un susurro y mirándola con una ternura que solo el podía tener-y buenos días, preciosa.
Ambos se sonrojaron bastante por la situación; ella por como la miraba y sostenía suavemente su rostro y el por atreverse a decirle eso, aunque no era mentira y el no pudo evitar decírselo, estaba demasiado embelesado con el rostro de la rubia como para controlar sus palabras, o a el mismo.
Pero a june el frío del agua ya le estaba afectando, ya que con el susto salio corriendo de cabaña de shun solamente con la camisa que el le había prestado para dormir y que gracias a los dioses a ella le quedaba enorme.
-Yo…creo que mejor…voy a cambiarme-dijo sin dejar de mirarlo a los ojos.
Shun se levanto, tenia el pantalón totalmente ceñido al cuerpo por el agua; le dio la mano y la ayudo a levantarse pero las olas empujaron a june hacia el cuerpo del santo, quien la sostuvo para evitar que se cayera poniendo sus manos sobre su cintura, mientras que ella se puso sus manos sobre su pecho mojado.
-Estas temblando-le dijo el.
-frío- fue lo único que ella respondió.
Su mente se obligaba a alejarse e irse a la cabaña, sabia que tenia poca ropa encima y que además no llevaba la mascara, pero la presencia de shun la dominaba aun mas, y el por su parte no tenia deseos de apartarla de su lado.
Se quedaron así unos segundos, cuando una imagen perturbo la mente de shun y lo obligo a separarse de la amazona.
-Vamos, no quiero que te enfermes-dijo dedicándole una sonrisa por demás encantadora.
Ella sonrió y juntos salieron del agua y se dirigieron a la cabaña.
Atenas, Grecia, Santuario.
Saori se encontraba meditando en el templo principal cuando sintió el cosmo de Seiya acercándose, por lo que interrumpió su meditación y se reunió con el a las afueras del templo.
-Buenos Días, princesa-dijo coquetamente el santo de Pegaso mientras hacia una reverencia.
-Bueno Días, seiya-respondió la Diosa visiblemente sonrojada.
Ambos empezaron a caminar juntos por los alrededores.
-Estoy preocupado por lo que sucedió anoche.
-Yo también. No siento ningún cosmo extraño pero lo que sea que haya dejado a Milo en ese estado, no es cualquier cosa.
-Sabes que pase lo que pase, no me apartare de tu lado.
-Seiya-dijo la Diosa adelantándose y dándole la espalda-quiero que ustedes tengan una vida normal pero…
-Pero nacimos para protegerte, es lo que somos y lo hacemos porque queremos y ni tu puedes contra eso-dijo firmemente el joven santo.
Saori no respondió nada, sabia que él tenia razón. Solo volteo a mirarlo.
-Aun no consigo el cosmo de Shun, temo mucho por el. Por ustedes.
Aquello le estaba oprimiendo el pecho y al decirlo sus ojos se inundaron de lágrimas que luchaban por salir. El se acerco a ella y la abrazo fuertemente, mientras ella hundía su rostro en su pecho.
-Yo también temo por el, pero Shun no es un niño, es fuerte y sabe cuidarse solo.
-Solo quisiera que volviera, quiero verlos a todos juntos-dijo Saori ahogando un sollozo.
-Yo también quiero que vuelvan, hyoga y el-dijo seiya en un susurro.
HOLA! XD espero que les este gustando este fic hasta ahora, jeje. Freeman
