Haunted
A las afueras del pueblo, en la cima de la colina se veía una perfecta y cuidada mansión, nadie sabía a quién le pertenecía, ni mucho menos quien la habitaba, pero los rumores ardían y se expandían como flama en gasolina por todo el lugar. Se creía tiempo atrás una familia adinerada ocupó la estancia, un conjunto de seres queridos y carismáticos, una joven pareja en espera de su primogénito.
Una noche regresaron a su hogar encontrándolo en ruinas. Ventanas rotas, puertas abiertas y marcos destrozados; los culpables se regocijaban y las sonrisas infernales que decoraban sus facciones al reconocer sus presencias les heló la sangre. Si. El infierno existía en la tierra y ellos lo vivieron esa noche.
Los gritos se escondían bajo las risas estridentes y sicóticas, para él fue la perdición el ver como su esposa caía de rodillas sobre el suelo, cubriendo su vientre e un intento de proteger la vida dentro. Sus cuerpos fueron encontrados en la entrada, un obscuro y serpenteante rastro de sangre se extendía por las piernas de la mujer y se perdía en dirección al corredor.
Desde entonces se creía que si prestabas atención a la mansión lo suficiente ciertas noches, podías ver la figura de la pareja que deambulaba por las habitaciones en busca de su hijo.
Jungkook se removió en su asiento una vez que terminó de escuchar la historia y no pudo evitar lanzar una fugaz mirada en dirección a la mansión de la que tanto hablaban, Hoseok acomodó los lentes sobre el puente de su nariz y sonrió leve para calmarle los nervios, mostrándole sus coquetos hoyuelos; Taehyung llegó a su lado y le rodeó el cuello con un brazo.
—¿Qué me dices, Jungkookie? ¿Quieres ir a dar un vistazo? —El terror y la sorpresa fueron tan claras en sus ojos que el mayor no pudo evitar reír.
Contra todo pronóstico se vio a las afueras de la mansión, la expansión era tan imponente que asentaba un peso desconocido en su estómago. Taehyung ojeaba las ventanas y su atención fue atrapada por el sonido de campanas que parecían activarse con el viento, Jungkook le siguió de cerca escondiendo las manos en los bolsillos de su hoodie, más giró el rostro en dirección contraria creyendo haber visto una sombra; las ventanas permanecían cerradas y las cortinas ondeaban despacio, sin fuerza ni prisa.
Llamó a Taehyung a gritos —su pequeño descuido le había costado el encontrarse ahora solo—, pero el mayor no aparecía; cruzó la entrada y permaneciendo en la esquina contempló la inmensidad del espacio. ¿Acaso Taehyung habría desaparecido en aquella dirección? A punto de continuar se encontraba cuando escuchó como la puerta principal se abría, el chirrido retumbó en sus oídos.
A duras penas le reconoció, una figura desdibujada en la lejanía, menuda y ropas holgadas, su cabello en cascada caía por debajo de sus hombros hasta alcanzar parte de su espalda. Le era dificultoso registrar las facciones de la extraña y su corazón se aceleró contra sus costillas al ver como la desconocida se detenía y se giraba en su dirección. Con el cuerpo dispuesto a un lado, su cabeza se movía lento, daba la vuelta para verle mejor; a Jungkook le temblaron las piernas.
Un par de cuencas vacías le calaban en lo profundo manteniéndole en su sitio, era imposible encontrar sus ojos, solo recibía obscuridad destellante y gotas de vino tinto comenzaron a manchar sus mejillas; la sangre es escurría pro su rostro cayendo al suelo en un repiqueteo constante.
—Te encontré.
Jungkook despertó en su habitación, las sábanas hasta debajo del mentón y Taehyung se aferraba a una de sus manos aun entre sueños. ¿Qué?
En los días siguientes el muchacho se cuestionaba la realidad de lo que había vívido aun cuando pudiese sentir todavía el desasosiego bajo la punta de sus dedos, Taehyung le aseguraba le había dejado unos momentos y cuando regresó, le encontró inconsciente al pie de las escaleras de la entrada de la mansión. Nunca le dijeron a nadie dónde habían ido.
Estaba seguro sería para él posible el dejar atrás todo sentimiento de incomodidad al tiempo que encontró la primera señal.
En el espejo del baño se podía apreciar el inicio de una frase, el contacto húmero resonaba en el espacio a medida que las letras se volvían cada vez más claras. Te encontré.
Jungkook rozó con la punta de los dedos la superficie del vidrio y restregó la pintura roja, solo para ser consciente del olor metálico que provenía de ella. En la esquina contraria a su atención, bruma sobrevolaba, se transformaba en humo y se disipaba deslumbrando así su figura. Su expresión vacua y anhelante era inconfundible.
—Te encontré.
