Diclaimer: D. Gray-Man no me pertenece.

Chapter 4

La mañana parecía ser tranquila. Dentro de la Orden todo se movía a un ritmo normal a pesar del clima tenso que a veces perturbaba la rutina.

Lenalee caminaba con calma por el pasillo de las habitaciones. Recién había terminado de servirles un poco de café a los chicos de la División Científica, cosa que ellos consideraban su combustible vital, (sin el cual seguramente ya todos estarían desmayados por el cansancio) y ahora se dirigía a buscar a la recién llegada peli negro para darle un "tour" por el edificio.

"Espero que Gabriel-chan logre sentirse cómoda aquí. Ahora que somos compañeras quizás pronto tengamos una misión"

-Ahora que lo pienso… ¿Qué tipo de Inocencia tendrá?- se cuestiono en voz alta mientras se detenía frente a la puerta de madera del cuarto el cual esbozaba un pequeño cartel hecho apresuradamente en una hoja que rezaba "Gabriel's room"- Gabriel-chan, soy Lenalee ¿Estas despierta?

-Sí, abro enseguida, espera- se escucho desde dentro junto a algunos que otros sonidos. Unos minutos después la puerta se abrió mientras se asomaba una cabellera negra- Gomen si te hice esperar.

-Gabriel-chan, tu cabello…- abrió los ojos en asombro ante lo que veía.

La menor vestía una camisa blanca de mangas largas por debajo de un suéter negro con cuello en v de borde blanco, una falda sobre las rodillas gris con líneas cuadriculadas negras, medias negras por encima de las rodillas y zapatos blancos. Algo común, lo sorprendente era que en una sola noche el cabello de la oji verde había crecido hasta sus tobillos.

-Ah… eso- desvió su mirada al suelo ignorando por completo el mechón que cruzaba por su rostro, el cual antes conformaba su flequillo- Quizás… te parezca extraño que este así.

-Etto, solo un poco ¿Cómo es posible?- inconscientemente comenzó a acariciar su propio cabello, el cual apenas y le llegaba a los hombros. Le parecía una eternidad el tiempo que le llevo tenerlo así.

-No lo sé pero… desde pequeña mi cabello crece mientras duermo una vez cada siete días. Imagina mi sorpresa la primera vez que me lo corte (N/A: Imaginen a una chibi Gabriel por el cuadro derecho superior de la pantalla): lo tenía por encima de los hombros cuando fui a la cama y la mañana ya lo tenía hasta el suelo. Me sorprendió mucho cuando lo note!- la chica intentaba acomodar el largo cabello por detrás de sus hombros, se le hacia un poco molesto el tenerlo sobre sus hombros- Etto… Lenalee-san, ¿sabe donde están los baños?

-Sí, déjame mostrarte donde- al oír esto la menor se volvió a buscar sus cosas, dándole la posibilidad a la peli verde de ver el cabello negro azabache, cayendo como cascadas de agua sobre su espalda, en su totalidad. Se pregunto a sí misma, siguiendo un presentimiento, cuantas cosas extrañas sucedería de ahora en adelante.

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Dejaba que el agua tibia cayera y recorriera libremente su cuerpo desnudo. Relajando la tensión de sus músculos por el esfuerzo del estar despierto aún cansado. Las gotas de agua provocaban que su blanco cabello se pegara a su frente. Si cualquier mujer pudiese entrar allí (N/A: desgracia, es el baño de hombres T-T) tendrían que haberle sacado urgente hacia la enfermería por el shock que significaría tener tal visión.

Allen dejo escapar un suspiro mientras dejaba que su mente se pusiera en blanco, dándose el descanso que durante la noche no podía permitirse. Dejando que lo temprano del día le diera paz, pues él era el único hombre allí. Aún con el ruido de la lluvia (la ducha) alcanzo a escuchar una puerta abrirse y cerrarse cerca.

Se asomo por la cortina, esperando encontrar a alguien pero solo lo recibió el vacio. Se le hacía extraño, casi nadie se levantaba tan temprano, él era la excepción por causa del insomnio voluntario.

-Debió ser mi imaginación- regreso bajo el agua, mientras se preguntaba si es que pronto empezaría a alucinar con comida. Después de todo, este paso, se volvería loco.

Fuera, en la puerta del baño, le esperaba el Cuervo, silencioso cual sombra. Observando el pasillo vacio, atento a cualquier sonido dentro. Como supuso por la hora, nadie se hacía ver por esa parte de la Orden, a excepción claro de Lenalee una chica un poco más baja que la exorcista con el cabello extrañamente largo. La hermana menor del Supervisor se fue luego de que la chica entrara en los baños de mujeres. Algo completamente normal ¿no es así? Sin embargo una extraña especie de presentimiento no le dejaba en paz. ¿A qué se debería?

Mientras en el lado de las mujeres, Gabriel suspiraba por lo bajo mientras regulaba la temperatura del agua, rogando que su senpai no hubiese notado lo cansados que estaban sus ojos. Luego de ese sueño no había logrado volverse a dormir. Eso también se le añadieron los nervios de ser "novata" o "la nueva": Komui le había asegurado que luego de que se instalara propiamente tendría que presentarla ante los Generales, personas cuya sincronización con la inocencia había superado el punto Critico (el 100%) es decir los exorcistas más poderosos que había.

Al pensar en esto, repentinamente se sintió pequeña. Era tan solo una chica de 15 años, que había pasado la mayor parte de su vida en un pequeño pueblo griego. Comparándose con ellos, su sincronización era de apenas un 82%; tampoco podía decir si era buena o no pues había luchado contra pocos akumas, tan solo durante su viaje hacia allí y unas pocas ocasiones antes.

El corazón se le acelero por los nervios ¿Qué clase de persona serian? ¿Cómo debía comportarse frente a ellos? ¿La verían como una exorcista con potencial? ¿O solo como una niña a la cual le costaba superar su timidez? Tomo su cabeza entre sus manos y se puso de cuclillas por el pánico.

-¿Qué debería hacer?!- exclamo en silencio. ¿Lograría confiar en si misma? ¿O seria ella misma quien lo arruinaría todo? Al siquiera rozar esta posibilidad un aura depresiva se instauro sobre ella ¿Quizás si huía ahora…?- No. ¿Adónde se supone que iré? Además…

"Además, he llegado hasta aquí…" levanto la vista hacia el pequeño vitral, dos pequeños Azulejos se dibujaban sobre un fondo blanco con flores, sobre ella que dejaba entrar la luz del sol con los colores del cristal. "No puedo rendirme. Esto… acaba de comenzar". Con el ánimo ya levantado acabo de ducharse (cosa que le costo por la cantidad de cabello) y salió. Antes de salir definitivamente del baño, se detuvo frente al espejo. De este le devolvía la mirada decidida una chica con un par de tijeras en mano.

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En una habitación bien decorada, de cortinas rojo granada, suelo de baldosas blanco perlado, un candelabro colgaba desde el centro del techo igual de blanco que el piso, ventanas con marcos de roble con detalles en bajo relieve al igual que la puerta. Era todo lo que podía esperarse de la Sala de los Generales.

Habitación que se encontraría vacía sino fuera por la persona que se encerraba allí aprovechando la ausencia de los demás.

En uno de los elegantes sillones se encontraba sentado con una agria expresión el más joven de los Generales, mientras sostenía fuertemente su espada. A su alrededor volaba su golem aparentemente atento a su dueño.

-Una nueva exorcista ¿eh?- se escucho la voz relajada de un hombre a través del pendiente del peli negro-azulado- ¿Qué te parecería tener una hermana, Yuu-kun?

-No me llames así- una vena sobresalió de su frente, ese hombre jamás entendería que detestaba que le tratara así.

-Ni lo creas Tiedoll- se escucho una profunda voz femenina por la misma línea- Tú ya tienes a Chaoji.

-Tan directa como siempre Cloud- fue la única respuesta del artista. El dueño de los ojos oxidiana dejo escapar un "Tsk", quería terminar esa molesta conversación de una vez por todas- ¿Qué hay de ti Sokaro?

-No me interesa entrenar a una debilucha- con su típico tono, el sádico General descartó a la chica sin siquiera dudarlo. Era de esperarse de un tipo que amaba la lucha. El silencio se prolongo durante un tiempo prolongado en que los otros dos Generales meditaban que hacer: Nine no podía pues ya tenía a Timothy, que le provocaba trabajo por dos, y también se desechaba la opción de dejarla por su cuenta como Krory debido a su edad.

-Entonces… ¿Qué tal si se la dejamos a Yuu-kun?- el japonés se quedo tieso al oír semejante sugerencia, iba a negarse cuando antes de poder pronunciar palabra su maestro le interrumpió- Después de todo, ya que eres un General y es momento de comiences a cumplir con las tareas de uno ¿No lo crees Yuu-kun?

-Haz lo que quieras- no discutió más, aunque quien lo viera saldría corriendo debido al aura asesina que emanaba del chico. Tal era la magnitud que seguramente los Generales lo habían percibido a través de sus comunicadores.

-Bien, ya está decidido. Esfuérzate Yuu-kun- dio por terminado el dialogo y seguidamente se corto toda comunicación.

Genial, no solo tenía que soportar los nuevos deberes que conllevaba ser General que incluían un interminable papeleo y reuniones en cantidad similar, ahora tendría que llevar a cuesta a una NOVATA. En ese momento quería matar al general cuatro ojos que tenia por maestro, el cual, para suerte y desgracia de las persona en la Orden estaba en otro país de misión con Marie y Chaoji.

-Escuche las buenas nuevas, Kanda-kun- la molesta voz del complejo de hermana se} dejo escuchar a través del golem- Me gustaría que vinieras a mi oficina para presentarte a tu nueva aprendiz.

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Junto a Lenalee habían recorrido toda la Orden mientras le explicaba que era cada lugar. Conoció a la Jefa de Enfermeras, la enfermería, el salón de entrenamiento, la biblioteca, los jardines. Todo el edificio, que desde fuera se veía como una inmensa catedral, era esplendido y bastante hogareño en algún extraño sentido. Aunque, había algo que no dejaba de molestarle: aquellas figuras con ropas negras que cada tanto se veían, silenciosas, vigilantes, desprendían un aura de peligro que le erizaba los cabellos de la nuca. Parecía ser que alrededor de ellas el aire se cargaba de tensión.

Por más que quería, no lograba hallar el valor para preguntarle a su senpai sobre esos extraños individuos que parecían desencajar. Como si fuera peligroso el mencionarlas siquiera.

Ahora se encontraban en la sección de la División Científica, conociendo a todos los miembros del equipo. Lenalee ya le había presentado al Jefe de sección Reever un hombre de cabello castaño claro que al instante le cayó bien, a Cup una mujer morena de contextura ancha pero muy amable, a un hombre con rastas y un gorro con una actitud bastante extrovertida y despreocupada llamado Didi. Sin embargo, a pesar de la amabilidad y la calidez que le otorgaban los chicos, la presencia constante de una de esas entidades de negro le tensaba.

Este parecía seguir cual sombra a uno de los jóvenes científicos llamado Johnny, de cabello castaño sujeto en una coleta, cuerpo bastante compacto, estatura cercana a la suya, parecía ser una persona muy amigable y positivo, quien se veía obligado a moverse en una silla de ruedas por un eso en su pierna derecha y varias vendas.

Este muy animado le pidió permiso para tomar sus medidas. Aparentemente era él quien se encargaría de confeccionarle su traje de exorcista. Hasta podía ver brillos a su alrededor con solo mencionarlo.

Justo en momento en que a uno de los chicos se le cayeron algunos de sus papeles y ella junto a Lenalee ayudaban a levantarlos pudo sentir una mirada sobre ambas. Un escalofrió le recorrió la espalda con una sensación que se le hacía familiar.

-Ahora dos exorcista ayudando a la Sección científica- una voz masculina pero de tono altivo se escucho a sus espaldas. Al levantar la vista se topo con un hombre de cabello claro sujetado por una bandana pare mantener su rostro libre, con lentes, que lucía una bata de laboratorio- Definitivamente es un lugar excepcional aquí.

-Ah Regory-san. Buenos días- el saludo de la chico con reflejos verdes fue educadamente amable, a la vista de la menor le pareció ver que no estaba del todo cómoda con la presencia del otro- ¿Le gustaría un café?

-Si no es molestia- le dedico una leve sonrisa. Mientras Lenalee le devolvía las hojas al ya semi-despierto científico se encamino hasta el carrito para preparar el café.

Peck se entretuvo contemplando poco disimuladamente a la joven exorcista, desviando luego su mirada a la chica de cabello largo que repetía la misma acción de su senpai, añadiendo el ofrecimiento de ayudarle para que descanse un poco el pobre somnoliento científico. Esta se encontraba levemente de costado lo que le permitía ver parte de su perfil. No estaba mal, de estatura promedio, figura algo disimulada por la ropa pero visible, de rostro bastante inocente. Realmente, era interesante.

"¿Por qué tengo la sensación de una mirada hambrienta sobre mi?" en el rostro de la pelinegra se destacaba las típicas líneas azules que a todos se les presentaba ante algo desagradable, siempre había sido muy perceptiva con respecto a miradas de "ese" tipo. Reever fue uno de los pocos en notar esto, dándole una mirada de advertencia, ya estaba cansado de repetirle una y otra vez que si no se detenía al menos fuera más discreto. "Y pensar que hace lo mismo con Gabriel, este tipo…" era lo que atravesaba su mente ese momento.

-Aquí esta- la voz de Lenalee atrajo la atención del indiscreto cuatro ojos para suerte de la oji-verde.

-Ah! Gracias Lenalee-san- recibió la taza caliente aprovechando para rozar sus manos con las de las joven, pero de la nada la taza despareció. Ni siquiera necesitaba voltearse para saber de quién se trataba. La taza regreso a sus manos completamente vacía. Esa intervención de parte de su igual ya le resultaba completamente molesta.

-Era un buen café, señorita Lee- felicito el hombre. De aspecto pulcro, llevaba su cabello perfectamente peinado hacia atrás, gafas, y su bata tenía unos pequeños rasgos que la diferenciaban de las de los demás. Le dedico a través de sus gafas una mirada dura a Peck, antes de dirigirse hasta el ocupado peli castaño- Jefe Reever, cuantas veces he de pedirle que usted y sus hombres utilicen desodorante. El olor llega hasta mi sección y es molesto.

-Sí, sí, no es necesario que lo repita cada mañana Jefe Burroughs- el de las mangas remangadas ni siquiera le miro y se dedico a terminar de leer y llenar algunos papeles que tenia sobre su escritorio.

Sabiéndose totalmente ignorado, el hombre no insistió y dándose la vuelta, salió hacia su puesto con paso decidido. Seguido del Jefe de la sección 2, quien decidió volver al trabajo e intentar más tarde el volver a intentar ligar con la linda exorcista.

-Etto… Reever-san ¿Quiénes eran?- preguntó aun algo azul la chica mientras señalaba la puerta por la que habían salido ambos personajes.

-Esos eran Regory peck (el tipo con bandana), jefe de la sección 2- explico Reever mientras Gabriel se asombraba de que alguien así fuera un Jefe de Sección - Y el otro era Mark Burroughs, jefe de la sección 3, antes de que los transfirieran aquí eran miembros del departamento de ciencias de central división científica.

-Ya veo- "Realmente, en este mundo, hay muchos tipos de personas ¿no?" -_-U

-Lenalee~ ¿estás con Gaby-chan, no es así?- del comunicador de la chica se escucho la voz despreocupada de su hermano mayor- ¿Podrías decirle que venga a mi oficina?

-Si, nii-san- contesto antes de dirigirse a la peli negro- Gabriel-chan, mi hermano quiere verte. Si quieres te acompaño hasta su oficina.

-Yo iré Lenalee- atajo el mayor mientras se levantaba de su escritorio y se estiraba levemente- Necesito estirar las piernas, además ¿tú aún no has desayunado cierto?

Como respuesta a la pregunta se escucho un leve sonido proveniente del estomago de la peli verde provocándole un notable sonrojo y sonrisa de satisfacción al peli castaño por saberse en lo cierto.

-Está bien, te lo encargo Reever- contesto mientras salía con una sonrisa y el sonrojo que todavía no la dejaba- Nos vemos luego.

-Bien, ¿vamos?- con esto último comenzaron el recorrido a la oficina del Supervisor.

Aunque había dicho que era para estirar las piernas, Reever tenía también otros motivos para acompañarla. El principal era que el camino desde la División Científica pasaba por donde trabajaba Peck; el segundo, no por eso menos importante, quería ver cómo era la personalidad de la chica. Se volvió levemente a verla pues venia un paso detrás de él, miraba al suelo y alzaba poco la mirada tan solo para ver donde se hallaba, sujetaba con fuerza el borde de su suéter, su cabello se mecía con cada paso (lo llevaba cortado tan solo con el flequillo recto y los que caían por sus hombros, igualmente recto). Realmente era una chica tímida, y con su aspecto parecía más la hermanita menor de algún miembro de la Orden que una Exorcista.

No tardaron mucho en llegar a la oficina de Komui, el mayor toco tres veces a la puerta antes de escucha un "adelante" desde adentro. Abrió la puerta, revelando una habitación drásticamente diferente de la que la chica había visto ayer: ya no se veían ninguno de los mucho papeles y documentos que antes estaban regados por el suelo. "Quien haya sido la persona que limpio debió haberse esforzado mucho".

Vio parada al lado del chino a una mujer con el cabello corto levemente rizado, vestida de manera elegante. Un Komui con cara de fastidio que cambio al verlos a una mirada seria junto a una sonrisa, una expresión que no solía poner pero que resultaba encajar bien con su rostro.

-Etto… Reever-san, esa mujer ¿Quién es?- pregunto curiosa en voz baja sin pasar todavía de la puerta

-Bridget Fay, la primera secretaria de central, ayudante del supervisor de la orden- contesto sabiendo que no le había visto antes, después de todo la mujer había sido llamada a Central durante una semana y ayer en la noche había regresado recién.

-Ah! Gaby-chan, pasa- le invito con tono amigable. Se despidió de Reever con una leve inclinación antes de que este cerrara la puerta.

Lo extraño fue que, hasta después de entrar se dio cuenta que había otra persona sentada en el sofá frente al escritorio. Solo le veía parte de la espalda y la parte de atrás de la cabeza pero no se le dificulto distinguir que se trataba de un hombre con el cabello recogido en una coleta alta y que sostenía contra su hombro una funda roja con negro.

-¿Quería verme, Komui-san?- pregunto levantando poco la voz por la presencia de esos dos nuevos personajes.

-Sí. Gabriel, este es Kanda Yuu- presento el de lentes mientras señalaba al individuo en el sofá, que apenas se volvió a verla con unos ojos oscuros y una mirada afilada- Él, será tu maestro.