Capítulo 4: Un gran cambio
- ¿Realmente intentaran detenerme? – decía la ninja rosa. - ¿Le avisaron a alguien más o solo ustedes saben lo que voy a hacer?
- No, solo nosotros dos, pero si lo haces pronto se enteraran todos. – contestó Rain.
- Mileena, no hagas esto más difícil. – agrego Skarlet.
- No entienden, por fin tendré lo que tanto quise, un reino, una familia, cariño…
- ¿Nosotros no te damos cariño acaso?
- Rain, te oí decir que jamás te agradé, te espié cuando estabas en la cama con Skarlet.
La ninja carmesí se puso más roja de lo que ya era al escuchar que su intimidad con su amante había sido ultrajada.
- ¿Nos viste a Rain y a mí… en la cama, Mileena?
- Sí Skarlet, yo me esforzaba por tener un poco de amor por parte de Rain… y tú, que te hacías mi amiga y eso, con poco esfuerzo ya estabas encima de él gimiendo y sudando.
- Bueno… em… hubo algo entre Skarlet y yo, pero no tienes derecho a estar ofendida. – hablaba Rain. – Es verdad, no me agradabas porque eras muy infantil y…
- Porque siempre piensas que solo soy un clon malhecho de Kitana, por eso.
- Mileena, escúchame, yo no me llevo bien con todos, excepto con el emperador, con Rain y contigo. – dialogaba ahora Skarlet. – Yo siempre mostré aprecio hacia ti, así que por favor te pido, no hagas esto, no te unas a Kitana y Jade, no traiciones nuestra causa, no traiciones a tu padre…
- ¡Él no era mi padre, era mi emperador, yo hice de todo para satisfacerlo pero él siempre me trataba con rudeza como si fuera una esclava y no como una hija!
- Me temo que nos estas dejando sin alternativas Mileena, deja ya lo que estás haciendo o Skarlet y yo vamos a tener que obligarte.
Como se dijo antes la ninja escarlata había desenfundado lentamente sus cuchillas mientras que la hibrido edeniana–tarkatana había hecho lo mismo con sus sais. Con enojo Mileena arrojo sus sais mientras al mismo tiempo se teletransportaba desapareciendo en una nube rosa, los sais rozaron a ambos ninjas, haciéndoles un pequeño rasguño, pero nada grave.
La mujer de rosa volvió a los baldíos y esta vez además de Kitana y Jade, estaba el dios del trueno Raiden acompañado por Johnny Cage y Sonya Blade.
- Volviste. – dijo Kitana contenta.
- Kitana y Jade nos contaron todo, Mileena, nos alegra que hayas decidido dejar Outworld en favor de un mundo que realmente necesita tu ayuda y… - hablaba Raiden.
- Después pueden agradecerme. – interrumpía Mileena. – Tenemos que irnos antes de que nos encuentren.
- ¿Antes de que nos encuentren? ¿Quiénes? – preguntaba Cage hasta que una visión le sirvió de respuesta.
Dos charcos emergían de la nada: uno de agua transparente y otro de sangre roja y brillante; ambos charcos comenzaron a tomar formas humanoides hasta adoptar la forma definitiva de Rain y Skarlet.
- Ellos. – dijo Mileena sabiendo que con ver a ambos ninjas no hacía falta añadir nada más.
- Mileena, es tu última oportunidad, regresa aquí y no te haremos nada. – amenazaba Rain formando una espada de agua con su mano.
- ¡No, ya elegí! ¡Voy a ayudar a mi hermana a reconstruir Edenia y ustedes no podrán impedírmelo!
- Muy bien, tomaste tu decisión, lo lamento mucho Mileena pero tendremos que eliminarte… junto con ellos. – contestó Skarlet desenvainando nuevamente sus cuchillas filosas.
Sin perder tiempo Mileena, Kitana, Jade, Raiden, Johnny y Sonya, los seis se pusieron en pose de combate, era muy evidente la ventaja numérica pero había que destacar las grandes habilidades de Rain y Skarlet que eran los dos esbirros más poderosos de Shao Kahn junto con los shokan.
- Espera, Skarlet. – detuvo Rain a su compañera.
- ¿Qué pasa Rain?
- Dejemos que se vayan.
- ¡¿QUÉ?! ¡¿Dejarlos ir?! ¡Pero Rain…!
- Skarlet…
Los ojos azules de Skarlet miraban con enojo los ojos marrones de Rain, pero luego se contuvo y guardó sus cuchillas.
- ¿Realmente es lo que quieres Mileena? – preguntó Rain dirigiéndose a la ninja rosa.
- Sí, estoy segura. – respondió secamente.
- Muy bien, ve con ellos.
- ¿Qué, no iban a atacarnos? – preguntaba la teniente Sonya Blade confundida.
- ¿Se acobardaron acaso? – reía Cage pero la mirada fría de Rain lo hizo dejar de reir.
- No nos acobardamos humano tonto, he decidido que hoy no se derramara sangre, además por respeto a una gran guerrera como Mileena. Pueden irse tranquilamente… pero recuerda Mileena, esto no quedará así… pronto Edenia caerá de nuevo… todos se enteraran de tu traición y no habrá piedad alguna.
- No tengo miedo Rain, que venga todos los ejércitos de Outworld, podemos destruirlos como si nada. Adiós Rain, adiós Skarlet, los esperaré a ambos en el futuro. - concluyó Mileena.
Los seis guerreros desaparecieron en un solo relámpago, Skarlet le dio una sonora bofetada a Rain. La ninja escarlata se la veía realmente molesta por no haber podido absorber la sangre de la traidora y del dios del trueno.
- ¿Por qué hiciste eso Rain? ¿Acaso tuviste miedo?
- No tengo miedo, no conozco el miedo aun.
- ¿Y entonces por qué no me dejaste atacarlos, porque permitiste que se fueran? Mileena debía pagar por desertar.
- Era un combate de seis contra dos, además contando un dios entre los enemigos.
- No me digas que temías ser derrotado por Raiden, que no me entere que no querías salir lastimado, podíamos haberlos despedazado los dos juntos.
- No era por mí, era por ti, yo no quería que salieras herida por enfrentarte a Raiden, conozco al dios del trueno y su poder. Obviamente en otra ocasión no hubiera evitado el combate, pero después de perder al emperador, no quería correr el riesgo de perder a mi chica.
Los ojos azules de Skarlet se abrieron a más no poder ante las palabras de Rain, dejó de lado el enojo y lo abrazó al mismo tiempo, que bajando ambos mascaras (la suya y la de él), se dieron un profundo beso.
- Además no te preocupes mi querida. – hablaba el edeniano tras el apasionado beso. – Mileena pagará por su deserción. No ahora, pero algún día la haremos pagar.
Mientras tanto…
Mileena agradeció a Raiden por sacarla de una vez por todas de Outworld y le prometió que de ahora en adelante lucharía por una causa justa, Edenia y Earthrealm necesitaban toda la ayuda posible. El dios del trueno no podía estar más feliz de tener un nuevo aliado en su grupo, tras la pérdida de casi todos sus guerreros ya apenas le quedaban fuerzas para defender su mundo.
Kitana le preparó una habitación a Mileena en el palacio luego de presentarla en sociedad, al principio la gente le tenía miedo por haber sido una enemiga y por sus rasgos tarkatanos, pero poco a poco comenzaron a sentir aprecio por la "hermana" de la princesa.
- Mileena, me encantaría declararte "princesa" pero primero deberás cooperar mucho conmigo y con el pueblo edeniano, por ahora deberás conformarte con ser una guardaespaldas como Jade. – explicaba Kitana.
- De acuerdo Kitana, acepto el puesto.
Cuando la princesa se retiró, Jade se acercó a la ninja rosa.
- Te tendré muy bien vigilada Mileena, Kitana confiará en ti pero yo no, necesitarás hacer mucho para ganarte mi confianza… y si intentas algo en contra de ella…
- Te juro por Argus que cambié, no le haré ninguna maldad a mi "hermana".
- Eso espero. – concluyó la ninja esmeralda antes de marcharse.
La ninja rosa entró a su nuevo cuarto, era mucho más grande que aquella habitación de Outworld. Una cama grande y suave la invitaba a descansar. Sin perder tiempo se recostó quitándose su máscara, por primera vez no se molestó de su aspecto, ella siempre había odiado quitarse el velo, pero ahora sentía que podía recorrer el mundo sin llevarlo puesto.
En Outworld…
- ¿Mileena? ¿Es broma verdad? – decía un tarkatano incrédulo.
- No Baraka, no es broma, Mileena nos traicionó. – hablaba un edeniano de traje purpura.
- ¿Y por qué nos avisas ahora? – exclamaba Reptile molesto.
- Porque todo ocurrió muy rápido Reptile, nosotros la seguimos mientras ustedes dormían.
- No puedo creerlo, el emperador la tomó como hija y ella le hace eso. – hablaba Sheeva.
- Yo tampoco podía creerlo Sheeva pero así fue, ahora se refugió en una porción de Edenia que están reconstruyendo. – agregaba Skarlet.
- ¿Y qué estamos esperando? ¡Vamos allá y destrocemos todo! – gritaba Kano eufórico.
- Para poder ir allí necesitaríamos un portal. – replicaba Ermac.
- Con Shang Tsung y Shao Kahn muertos y Quan Chi desaparecido eso es algo que nos va a costar mucho conseguir. – completaba Goro.
- Además Cyrax y Sektor desaparecieron también, al parecer los Lin Kuei no quieren saber nada con nosotros ahora que perdieron a varios de sus soldados y el emperador se ha ido. – añadía Kintaro como final.
- Ah mierda.- protestaba el líder del Black Dragon.
- Quizás pueda ir a Netherrealm y hablar con Quan Chi. – volvió a hablar Ermac.
- De acuerdo Ermac, has eso, si logras que el brujo abra un portal atacaremos apenas podamos, por el emperador. – comandaba Rain nuevamente.
Volviendo a Edenia…
Mileena nunca había dormido tanto, las horas habían pasado como minutos, sus ojos naranjas se abrieron lentamente al oír una voz dulce que la llamaba.
- Mileena… despierta. – la llamaba Kitana.
- Kitana, perdóname me quedé dormida y…
- No te preocupes, estabas cansada, ven, demos un paseo.
Las dos mujeres se aventuraron al centro de la ciudad, la gente hacía reverencia a su princesa y su acompañante al verlas pasar. Mileena se la veía más feliz ahora, hasta se animó a jugar con unos niñitos a las escondidas (no hay que olvidar que por momentos es una niña en el cuerpo de una mujer adulta). Jade la seguía de cerca, pero cada vez comenzaba a sentir más aprecio por la nueva aliada y su miedo a una posible traición iba disminuyendo.
La verdad que Mileena no pudo sentirse más querida en la nueva Edenia, por fin sentía lo que era el amor y el cariño y eso que era recién el primero de muchos, muchos días.
Fin de capitulo.
