Nota: es un Lucy-centric, igual gira en torno a Natsu.
Cuarta emoción: Optimismo.
No. De palabras: 644
#4
En muchas ocasiones, Lucy Heartfilia se ha preguntado cómo es que Natsu Dragneel siempre trae una radiante sonrisa en su aniñado rostro, sin importar la situación.
Aun en una peligrosa misión, el muchacho no se deja llevar por pensamientos negativos como «no puedo esto», «no puedo aquello».
Aun cuando todo parece perdido, y su enemigo es exageradamente fuerte Natsu no se deja vencer, y se mantiene de pie en todo momento. Con la cabeza en alto y un claro espíritu de convicción rodeándole.
Con su mirada jade destellando una casi surreal valentía, brindándole optimismo a los demás.
Sí, Lucy sabe bien que una de las mejores cualidades del mago no es su fuerza bruta o un gran sentido del humor, no, su verdadero poder yace en nunca perder la esperanza.
En la capacidad de chocar sus puños y decir "¡Estoy encendido!" incluso frente al mismísimo Zeref.
Lucy lo admira por eso, pero también le da envidia. Y es que alguien como ella, nunca jamás llegara a ser ni la mitad de lo optimista que es Natsu, de lo fuerte que es.
No, ella es alguien débil y muchas veces inútil, no sabe pelear por sí misma y vive en un mundo de fantasía de ensueño la mayor parte del tiempo. Ella es pesimista.
Se dio cuenta cuando Phantom Lord intentó hacerse con ella, y sin necesidad de pensarlo dos veces estuvo dispuesta a irse con ellos para que dejasen a Fairy Tail en paz. De no ser porque Happy le recordó que Natsu aun peleaba por ganar, ella ahora viviría con su padre, aterrada.
Entonces Natsu fue optimista, y ella no.
Y no solo en esa ocasión, siempre, en cada nuevo peligro, Natsu era el que los motivaba a luchar. El que no temía a la muerte. El que sonreía victorioso al salir el sol, acompañado de un nuevo día.
A final de cuentas, siempre era lo mismo. Pero Lucy quería cambiar eso, al convivir tanto tiempo con el dragón, Lucy fue tomando pequeños pedazos de ese optimismo que tanto admiraba.
Y dejó de ser esa niña llorona, convirtiéndose en una maga fiel a sus principios y amigos.
La Heartfilia pensó que ahora era digna de ser llamada compañera de Natsu. Pensó, que por fin su optimismo había dado frutos.
Eso pensaba, hasta que los Grandes Juegos Mágicos llegaron, y las humillaciones y temores volvieron de golpe.
Y Lucy si bien no lo demostraba se enfadó, porque Natsu no hacía nada respecto a los insultos que les llegaban de las gradas. No se inmutaba y lucia demasiado tranquilo respecto a todo ese asunto, casi parecía no importarle ganar aquello.
Entonces ella dudó, y él no.
Un día pasó, y pronto Lucy tuvo que luchar. El resultado siempre fue obvio, la rubia perdió, con trampas o sin ellas. Lucy comprendía que era débil, y eso le frustraba y la hacía querer llorar y romper cosas.
Le entristecía no ser digna de alguien como él. Y lloró, y sus labios temblaron y se quedó tirada en la arena, acompañada de los abucheos del público.
Sin hacer nada más que eso, sin el valor suficiente para mirarlo a la cara con semejante deshonra.
Y las lágrimas siguieron cayendo, más al sentir su presencia a un lado. Más al escucharle decir que no se pusiera así, que no era para tanto y que ir en el último lugar el primer día lo hacía más emocionante. Que no se avergonzara, que peleó muy bien.
Lloró, al confirmar que aun después de tanto tiempo, el optimismo de Natsu no se había desvanecido, al contrario.
Definitivamente no era digna de él. Pero por unos segundos, se permitió creer más allá de lo que se ve a la vista. Se acuclilló, tomó su mano y sonrió torcidamente, aun llorando, siempre llorando.
— Sí… —No importaba que, continuaría esforzándose, tanto como él— Estoy encendida.
