Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y su editorial. La historia es de mi autoría.
Capítulo Beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)
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Aunque le rezara al "santo de los olvidados" en este momento nada me salvaría, mi sentencia ya estaba dictada—. No tienes idea de lo que había planeado para nuestro reencuentro, pero esa boquita tan entrometida tiene que hablar —con sus manos acunó mi cara y su peso casi no me dejaba mover. Plantó un pequeño beso en mi mejilla como limpiando mis lágrimas, se veía tan tierno, pero en estos momentos nada de eso importaba, solo quería correr y saber que nada de esto estaba pasándome—. Eres mi perdición… —Sin más rompió mi barrera y se llevó mi virginidad, sus ojos ahora eran de confusión y rabia, no se movió—. ¡Maldita sea! Tú no eres Anabella —yo no pude ni contestar, solo pude llorar, ya no era la misma.
Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
François De La Rochefoucauld
Capítulo 3.
Bella's Pov.
No se movió, yo esperaba que lo hiciera, pero no lo hizo. Salió de mí, me desató y no importándole su desnudez comenzó a caminar de un lado al otro en la gran habitación. Yo me senté y me cubrí con las sábanas. Él se agarraba el cabello, el puente de la nariz, suspiraba, apretaba sus puños, se veía realmente desesperado, enfadado, preocupado… en realidad ni él mismo sabía cómo estaba, y yo… yo no sabía cómo me sentía. No sé cuánto tiempo pasó, pero las lágrimas me vencieron y me dormí.
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Abrí los ojos y aún era de noche, sentí que la cama se hundía, me volteé y lo vi… me estaba observando dormir. Se había enfundado unos pantalones negros, tenía el torso descubierto se veía sexy… Me ruboricé ante mis pensamientos, uní mi mirada a la suya para evitar seguir recorriendo su cuerpo, me miraba dulce y tranquilo, me dieron ganas de abrazarlo y… ¡alto! Cómo tenía el cinismo de mirarme de esa manera después de lo que me había hecho, lo volví a ver cristalino y supe que lloraría nuevamente, me cubrí con la sábana para no verlo.
—Por favor… ahora soy yo el que le ruega… váyase, olvídese de esto y perdóneme… Me siento muy mal, por su bien váyase, señorita.
Esta era mi oportunidad de huída, el "gordo" me la ponía fácil, no quería permanecer más tiempo en este lugar. Tomé el valor suficiente, me destapé y comencé a buscar mi vestido y mis zapatos, no me importaba no llevar ropa interior, en este momento era lo de menos, aún lloraba, mis lágrimas no podían parar, todo esto era demasiado. Gracias a Dios y a pesar de la oscuridad, encontré mi vestido y los zapatos, me los puse lo más rápido que pude. Ni siquiera lo miré antes de irme, pero segura estaba que no se había movido de la esquina de la cama en donde se encontraba sentado, lo odiaba con toda mi alma. Atravesé el pequeño recibidor del cuarto y abrí la puerta, ahí seguía parado el "gordo 2", quien solo me miró y dijo:
—Tome. —Me dio dinero—. Para su taxi.
No protesté, me sentía tan mal y en ese estado no pensaba caminar las calles de Londres, es más no sabía ni dónde estaba. Bajé en el ascensor, ahí iba una viejita, se me quedó mirando meticulosamente, podía sentir su mirada sobre mí.
—La vida es cruel, pero también tiene sus momentos buenos, todo pasará querida, ya lo verás.
No la miré solo asentí y gracias a Dios habíamos llegado a la recepción, pude ver el nombre del hotel "The May Fair"*. Dios, ese hotel era carísimo, si hubiese estado en otra situación tal vez hasta me tomaría tiempo de pasear por todo el hotel, pero como estaba solo tenía ánimo de estar en casa. Salí corriendo y tomé un Black cab*. No sabía ni cuánto dinero traía, todo se lo di al taxista y le dije que se quedara con el cambio. Le di mi dirección y sentí que fue el viaje más largo de toda mi vida, mis lágrimas no paraban.
— ¿Se siente bien señorita? —preguntó el taxista, pude ver por el retrovisor que estaba preocupado.
—Claro, no se preocupe, es solo que las despedidas son difíciles —fue lo único que se me ocurrió decir.
No le presté atención al trayecto que me llevaba de vuelta a casa, solo quería llegar, que Kate me abrazara y me dijera que todo estaría bien. Bajé del Black cab muy rápido, ni las gracias di, subí corriendo las escaleras del pequeño departamento, cuando estuve frente a la puerta noté que estaba cerrada, toqué y toqué, pero nada, caí en cuenta que no tenía ni idea el día ni la hora que era, tal vez Kate andaba trabajando. Me senté junto a la puerta y cerré mis ojos, dejando que mis lágrimas corrieran libremente.
Me sentía sucia… sí, esa era la palabra correcta, ese hombre me había tratado de zorra y al final me había echado del hotel como si fuera una puta. Ni siquiera tenía el ánimo de preguntar o pedir explicaciones del porqué lo había hecho, pero eso ya no me importaba, el daño ya estaba hecho. No quería verlo jamás en mi vida, porque él tendría mucho poder y todo, pero yo tenía valor y dignidad, y eso es peligroso en una mujer, nada me costaría cortarle el cuello. Recordé mis palabras de súplica, que de nada habían servido, si solo me hubiese escuchado nada habría pasado, yo seguiría siendo la misma, no sentiría este odio que siento en mi alma, mi corazón no estaría lastimado y sobre todo no me sentiría tan poca cosa como me sentía en este momento. Pero el hubiese no existe. Todo había sucedido tan rápido, la vida no era un cuento de hadas, la vida era una mierda. Sentada en el suelo me abracé las rodillas y hundí mi cara en ellas para seguir llorando, tenía la necesidad de llorar, de sacar todo ese dolor del alma, cuando de repente una mano tocó mi hombro…
— ¿Bella? Pequeña… que te han hecho corazón. —Y ahí estaba mi salvación, la persona que más amaba en esta vida, mi única familia. Levanté la mirada y sentí que un pedazo de mí regresó a mi cuerpo—. ¿Te golpearon?... Bells, por Dios, que te han hecho…
— ¡Oh Kate! —Me paré del suelo y la abracé, necesitaba tanto un abrazo sincero, uno de verdad, que me hiciera sentir que no estaba sola, que contaba con alguien.
Después de llorar mucho en brazos de mi hermana, entramos a casa y me sentí mejor. Me preparó un baño caliente, es más le imploré que lo preparara, me sentía sucia y quería lavar mi cuerpo, ese baño me relajó demasiado. Luego me tomé un té que había preparado Kate para calmar los nervios, me senté en el sillón, ella llegó con una manta y me arropó, ya que traía mi pijama de ositos -la única que tenia- y sentía frío. Se sentó a mi lado y yo recosté mi cabeza en sus piernas, ella comenzó a acariciar mi cabello con sus manos.
— ¿Quieres contarme lo sucedido? Bella, no entiendo nada… estoy confundida y preocupada, te buscamos y no supimos nada de ti, han sido las horas más largas de toda mi vida.
— ¿Qué día es, Kate?
—Madrugada de domingo, está pronto a amanecer.
— ¡Dios! Mucho tiempo… ¿Entonces vienes de trabajar? —pregunté, pensando que la respuesta por lógica sería sí.
—No Isabella, vengo de la calle, te estuvimos buscando todo el día. —Ahora entendía su cara—. Ya le avisé a Santi que te encontré y ya se ha tranquilizado, ahora tiene que luchar para que no le quiten el permiso del bar… al parecer lo clausuran mañana. — ¡Maldito hijo de puta!, pensé. Al final hizo lo que dijo, lástima que no lo volvería a ver, si no le cortaría las… —. Ojalá que encuentre pronto a alguien para que lo ayude, en fin, luego hablaremos de eso, ahora estoy preocupada por ti. ¿Qué fue todo eso Isa? Tú… ¿lo conocías a él y no me habías dicho? —Negué con la cabeza y nuevamente me puse a llorar—. Te buscamos por mucho tiempo, ya nos habíamos dado por vencidos, dejaste tu bolso en el bar, estabas desaparecida mujer. ¿Te han hecho daño? ¿Qué ha pasado Bella? Habla amiga, dime algo.
—Yo… ya no soy la misma, Kate… Él…
No pude más, me paré del sillón, necesitaba que mi amiga me abrazara, puse mis rodillas en el piso y no dejé que ella se parara, mi cabeza quedó nuevamente recostada en sus rodillas y ahí otra vez me dejó llorar.
—Isa, no me espantes… —habló unos minutos después—. ¿Isa es que ese maldito te… violó? —Negué—. Entonces cuéntame, no me preocupes más. —Quiso separarse de mí, pero yo le impedí que lo hiciera, no quería verla a los ojos cuando le contara todo, así me sentía con más valor—. Cuéntame entonces amiga.
—De acuerdo… pero no me interrumpas —le dije. Comencé a contarle, no con muchos detalles, pero si los suficientes como para que me entendiera y no quedaran datos afuera… Le relaté desde el momento que me sacó por el callejón, cuando le grité pendejo y me golpeó—. En ese momento quedé inconsciente por el golpe… fue duro…
Ahí ella me agarró por los codos e hizo que me levantara y me sentara a su lado, ya estaba más calmada. Pasó su mano por mi mejilla golpeada e hice un gesto de dolor, aún ardía.
— ¿Te duele mucho? —Asentí—. Sanará pronto, te daré un desinflamatorio, pero mientras continúa, quiero saber qué fue lo que te hizo.
—Si tu pregunta es: ¿cuál es su nombre? No lo sé y no me interesa. —A ella sí le importaba, Kate quería venganza—. ¿Puedo continuar? —Asintió.
Le conté cuando desperté, cuando comenzó a desnu… eso, cuando le rogué y que todo fue en vano… Otra vez aparecieron mis lágrimas.
—Tranquila, todo estará mejor… te lo aseguro, aunque me vuelen la cabeza no dejaré que nadie más te lleve. —Volvió a abrazarme.
— ¿Pero sabes qué fue lo peor? —Se lo iba a decir y no quería verla, así que no dejé de abrazarla—. Hubo un momento en que no dudé en entregarme a él… me siento mal por eso, no… no debí de haber reaccionado así, al principio fue tan dulce… pero después… no sé.
— ¿Pero qué nombre dices que te dijo? —Era imposible olvidarlo, si era muy parecido al mío.
—Anabella… me dijo Anabella. —Volví a darle la cara—. Me pregunto… ¿cómo será esa mujer con la que me confundió? No creo que sea tan parecida a mí, ¿o sí?
—Pues nos quedaremos con la duda Bella, porque no pienso dejar que se te acerque… e imagino que tú no quieres volver a verlo jamás, ¿no?
—Nunca… jamás en mi vida quiero verlo… Lo aborrezco. —El odio había vuelto a mí—. ¿Y… sabes que fue lo que más me molestó, Kate?
— ¿Qué? —Mi amiga se paró del sillón y se dirigió a la cocina—. Te escucho, voy por la pastilla para ese golpe, se ve mal.
—Primero, no sé qué rayos pasó que me confunde y me… me quita mi virginidad sin siquiera disfrutarlo. —Supe que me había sonrojado porque sentí mi cara caliente—. Y después me echa de su cuarto como si fuera una puta barata de lo peor… merecía explicaciones, ¿no?
—Eso ni dudarlo Bella… ese mal nacido te debe explicaciones… pero mejor dejémoslo así… evitémonos problemas, esos hombres son de cuidado. Ahora preocupémonos por el local de Santi, porque si se lo quitan… ahora sí no tendremos ni que comer. —Regresó a mi lado con una pastilla y un vaso de agua—. Tómatela. —Le hice caso y me acomodé otra vez en el sillón, ella se acostó en el piso, creo que terminaríamos por dormir ahí. Prendí el televisor y vi que apenas eran las 4 de la mañana—. Bien, ya me has contado todo Bella… pero ahora dime, ¿cómo te siente tú? Se sincera. —Me acomodé mejor en el sillón, ya que el té estaba haciendo sus efectos y en cualquier momento me quedaría dormida.
—Ahora me siento más segura Kate, estoy en casa, contigo y eso es lo mejor… pero también me siento usada, sucia, enfadada, triste y miles de emociones más. La vida es injusta, en especial conmigo, se ha ensañado por hacerme infeliz todo el tiempo. Desde que nací ha sido así, desgracia tras desgracia, tristeza tras tristeza, ya merezco ser feliz Kate… pero, ¿qué hago para serlo? Nada, más que esperar a que me llegue mi recompensa y a que esta reciente herida de mi corazón se cure. —Mis palabras apenas y yo las oía, estaba perdiendo la conciencia—. De tantas formas imaginé el estar con alguien, el vivir esa experiencia de perder la virginidad, la imaginé de la forma más tierna, hasta la más salvaje, como tú tantas veces me lo contabas… Pero no fue así, me la quitó a la fuerza, tal vez si hubiese seguido mirándome como lo hacía… mis recuerdos fueran otros y ahora… hasta desearía volver a verlo… mas sin embargo deseo que se pudra. —Ya no pude hablar más, el sueño me venció…
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Cuando abrí los ojos pude ver que el sol estaba en su esplendor, quizá eran como las 4 de la tarde, no lo sé. Me paré y me fui a dar una ducha, me hacía falta, me vi en el espejo y el moretón de mi mejilla aún se veía bastante, ese maldito "gordo" pegaba fuerte. Por lo visto no estaba Kate en casa, una vez duchada regresé a la cocina, a ver si había algo de comer, pero solo había un tomate y un pan duro, se me fue el apetito. Resignada me senté a ver la tele, estaban dando una película romántica, en este momento no quería saber de romance, la apagué y en ese mismo instante la puerta se abrió…
—Corazón… ¡pero mira cómo te dejó ese hombre! —Ahí estaba Santi, era como mi segunda hermana, una vez que entró él Kate dejó unas bolsas de comida en la cocina, gracias a Dios, me moría de hambre—. Kata me ha contado todo, maldito hombre hijo de puta. —Llegó a mi lado y me abrazó, tuve que pararme me sentía incomoda, él era muy alto. Kate rodó los ojos, odiaba que le dijeran "Kata"—. Pero ya todo eso hay que olvidarlo Darling, ese hombre guapo tarde o temprano recibirá su castigo. —Se separó de mí para dirigirse a la cocina—. Venga, ahora recarguemos energías, que ando vacío.
—Gracias, Santi. —Seguí la misma dirección que él, me moría de hambre—. Eso espero, que algún día ese… reciba su castigo, si no es que ya lo está recibiendo.
—Él daba miedo de solo mirarlo… pero su amigo… helaba la sangre —dijo Kate—. Ayer regresó a tomar una copa, según me dijo Kim, ella se quedó atendiendo el bar hasta las 12 de la noche, y preguntó nuestra dirección, pero ella se negó a darla.
—Milagro, porque esa chica es tan chismosa —dijo Santi—. Sabe lo que le conviene, si no ya la hubiese echado. —Kate puso a mi lado una cajita de comida, supuse que era china, porque olía deliciosa—. Anden, a comer, que por lo poco que he visto no tienen nada, vamos, menos charla y más acción.
Así fue, en la comida -porque ya iban a dar las cinco de la tarde, así que no podíamos llamarlo almuerzo- Santi nos platicó cómo estaba todo el rollo del bar. Que si no quería que lo denunciaran tenía que pagar una buena multa y así no le quitaban el permiso, ni le clausuraban el local.
—Segura estoy que fue ese maldito "papi chulo" hijo de perra el que se encargó de estar haciéndome sufrir. —Yo no contestaba, mi hambre era más grande que mis ganas de platicar—. No las quiero preocupar pequeñas, pero estoy segura que ese se trae algo entre manos y… yo no sé qué haría si les pasara algo a ustedes por mi culpa. He aprendido a quererlas mucho en este mes que he convivido con ustedes, ya las siento como mis hermanas y no dejaré que las dañen.
Andaba tan sensible que mis ojos se llenaron de lágrimas, al igual que los de Kate.
—Tranquilo Santi… verás que nada nos pasa, nosotros también te queremos a ti como si fueras de nuestra familia, es más, oficialmente eres nuestro hermano.
Yo, como tenía la boca tan llena, solo le tomé la mano, estábamos sentados en nuestra pequeña mesa de cuatro, aunque solo estábamos tres.
—Hermana… ¡Tonta!... —Eso me hizo reír—. Ahora seremos el equipo de las chicas "Súper poderosas". —Y así en esa posición que estábamos en la mesa nos abrazó o al menos intento abrazarnos, pasé la comida como pude, casi me atoro con ese jalón que nos dio—. No… hablo en serio, si algo les pasara viviría con culpa toda mi vida… les juro que si yo hubiese adivinado lo que iba a pasar, no hubiera aceptado que ese hombre llegara al bar… Pero también entiéndanme, cuanto más popularidad tenga el bar mejor nos va a todos, por eso lo hice. Me aseguraron que a nadie le pasaría nada, que ellos solo se divertirían y que nadie saldría lastimado, me juraron que habría seguridad para todos, con esa condición acepté que fueran. Ahí había muchos hombres que harían negocios con él… y otros solo lo iban a saludar, pero nada de eso sucedió, todo se salió de control muy rápido… Discúlpame Bella… Si yo hubiese sabido que eso pasaría no lo hubiera aceptado nunca. Ahora no estaré tranquilo nunca más, pensando en que ese hombre te puede encontrar en cualquier momento y hacerte daño de nuevo, tiene mucho poder por todo el mundo… es malo Isa… ¿Me perdonas?
—Claro Santi… pero si me dejas de abrazar así… me haces sufrir —dije, aún no nos soltaba de su "abrazo" y me estaba lastimando.
—Es verdad, apretaré ya mismo tus… —Kate y sus palabrotas, iba a continuar, pero mi amigo nos soltó.
—Perdón, ya saben cómo me pongo cuando estoy histérica… ¿Si me perdonas?
—Claro cariño, a ti es a quien te debo todo, sin ti estuviéramos peor, sin nada que comer, sin donde vivir y además sin tener un hermano tan lindo como tú —le dije y dejé a un lado mi comida, todos lo hicimos, la plática ya se había puesto más seria—. Además quién se iba a imaginar que algo iba a pasar y que ese hombre se iba a ir contra mí, pero eso ya pasó cariño, por favor si en algo quieren ayudar hay que olvidar eso, es lo mejor para mí.
—Sí Santi, Bells tiene razón, en nada la ayudaremos si le seguimos recordando a cada instante lo sucedido.
—Está bien, todo… olvidado. —Hizo un gesto dramático con las manos que nos dio aún más risa—. Pero ahora… ¡al ataque! Que esta comida está deliciosa y se enfría, vamos coman. —Sin más volvimos a comer.
El resto de la tarde pasó tranquila, platicando de cosas divertidas, haciéndome olvidar lo sucedido y lo lograron, hasta que le llamaron por celular a Santiago, al parecer había problemas con el bar y eso nos preocupó a todas. Si ese bar se cerraba estaríamos todos en la calle y al hablar de todos me refiero a nuestro equipo.
—Chicas, me retiro, tengo que arreglar lo de la multa a más tardar mañana a las 10 de la mañana, si no lo hago… no sé qué será de nosotros.
—Tranquilo, verás que todo se solucionará —dijo Kate abrazando a mi amigo.
Todos sabíamos que solo un milagro nos salvaría, era mucho dinero, ah, y se me había pasado agregar que al clausurar y quitarle su permiso… también lo metían a la cárcel, ya que tener trabajando a menores y en un bar es un delito.
—Eso espero pequeñas y ahora me voy. —Nos abrazó a ambas y se dirigió a la puerta—. Al mal tiempo… una cara hermosa como la mía.
Iba a abrir la puerta cuando le hablé.
— ¿Santi?
— ¿Sí pequeña?
—Si en mis manos está solucionar esto… ten por seguro que no me importará hacerlo… Yo por ti y por Kate doy mi vida, porque a partir de ahora y para siempre serán lo más importante en ella…
— ¡Oh, Bella! —dijeron al unísono ambos, me abrazaron y comencé a llorar.
—Nada de eso pasará, verás que se solucionará, tú tranquila. Ahora descansen, que falta les hace, hoy no circulamos. —Y sin más Santiago se fue.
Esa promesa que les hice, no sé porque, pero sabía que sucedería, tarde o temprano la cumpliría y si de mí dependía la estabilidad de esas dos grandes personas no me importaría el tamaño del sacrificio, yo lo haría.
Nos fuimos a dormir, ambas estábamos agotadas tanto física como emocionalmente…
— ¡No!... Por favor, no lo haga… Se lo ruego… ¡No! —Eran sus ojos, esos ojos verdes, mirándome nuevamente y de la misma manera—. ¿Cómo me encontró? —Me tenía agarrada de las muñecas y me pegaba a su cuerpo—. ¿Qué quiere de mí? Yo… yo no le puedo dar nada… Solo váyase… No tiene derecho de hacerme sufrir… Solo déjeme ir.
— ¿Creíste que todo quedaría así? —Sus palabras eran frías y soltó una sonrisa sínica, lo odiaba, lo odiaba con todas mis fuerzas. Estábamos en un callejón oscuro, solo él y yo—. Qué equivocada estabas niñita… te irás conmigo quieras o no… ¿Lo oyes? —No, esto debía ser un sueño, estaba soñando—. Respóndeme… ¿Lo oyes? —Asentí—. ¿Ves? En los buenos negocios las cosas se arreglan fácilmente con el consentimiento de las personas, tú sí sabes lo que te conviene, tus problemas están resueltos. Ahora… andando, el avión nos espera. —Y me jaló como lo hizo aquella noche que me sacó del bar, no había nadie que me salvara… la promesa se cumpliría…
—… despierta, Isa… despierta. —Alguien me movía con fuerza en la cama.
— ¿Kate? —Me sentía aturdida por el sueño, apenas y se lograba ver en la oscuridad del cuarto—. Kate, gracias a Dios era un sueño. —La abracé, estaba bañada en sudor y mi amiga se encontraba igual, nada más que fría—. Estás… ¿estás bien amiga?
—No, Bells, me siento mal, muy mal. Creo que me cayó mal la comida, no aguanto el dolor y he vomitado mucho.
¡Dios! Seguro que por el maldito sueño no me había dado cuenta de nada. Nos sentamos bien en la cama y prendí la luz… se veía bastante mal.
— ¡Ay Kate! Es que comimos mucho, pero, ¿no ha cedido nada el dolor… o te duele más?
—Siendo sincera me siento peor, Bella. —Se le notaba en la cara, eso no lo podía negar.
— ¿Qué hacemos? ¿Vamos al médico? —Esa opción era ilógica, no teníamos ni para un chicle. Mi amiga no pudo ni contestar, salió corriendo al baño con la mano en la boca, sabía a lo que iba.
Iba detrás de ella, pero en eso oí que pegaban muy fuerte en la puerta. ¿Quién podría ser a las 2 de la mañana? Pensé seriamente en si abrir era lo correcto o no, tenía miedo de quien fuera… Qué tal si mi sueño se volvía realidad, no, ya me pasaba de supersticiosa, ese hombre no sabía ni siquiera donde vivía. En ese momento me partí en dos, me dirigí rápidamente al baño a pasarle el alcohol a mi amiga, que ya estaba más calmada, y luego salí corriendo a abrir la puerta… los golpes no cesaban y ¡oh sorpresa!
—Bells… estoy vuelta loca. ¿Qué vamos a hacer nena? No tengo dinero… la multa se vence en unas cuantas horas, tengo para pagar a más tardar a las 12 de la mañana, no quería preocuparlas, por eso no les dije nada hace rato, pero ya no puedo yo sola con este problema, hermosas, ya no puedo. —Un Santiago desesperado entró por esa puerta, caminaba de un lado a otro por mi pequeño e insignificante departamento, andaba despeinado y se veía cansado… muy cansado, como él decía "había perdido el glamour"—. Para pagar esa dichosa multa tendría que vender el bar y si lo vendo, ¿en qué trabajaremos? Pero si no pago la multa, aparte de que me meten a la cárcel, me clausuran el bar y me quitan el permiso… Estoy perdido, yo no quiero ir a la cárcel Bella, pero tampoco quiero quedarme en la calle, ni dejarlas a ustedes igual o peor que yo —hablaba tan rápido que no podía responder—. Tu universidad, la de Kate, mi bar, mis sueños, mis planes, todo… todo se irá al caño.
¡Dios! Estaba a punto de llorar y si lloraba nadie lo podía calmar más que Kate y en estos momentos mi amiga no estaba en condiciones de hacerlo. Así que agarré valor y una vez que se quedó parado frente a mí le solté una bofetada, en muchas ocasiones así lo calmaba Kate, y resultó, regresó Santi.
—Gracias amiga… pero compréndeme estoy desesperada Darling. —Se sentó en el sillón y yo me quedé parada.
—Lo sé amigo, pero tenemos que encontrar una solución, prometo que te vamos a ayudar. Pero, por favor, ahora ayúdame tú a mí —le dije cuando por fin me dejó hablar—. Kate está muy mal, al parecer le cayó muy mal la comida.
— ¿Qué?... ¿Dónde está? Llévame con ella —lo decía como si esta casa fuera enorme.
—Está en el cuarto piso, en la segunda recámara… —se lo dije en tono sarcástico, ya que este bendito departamento solo tenía un cuarto y un baño—. Es el colmo, dónde va a estar Santi, pues en el baño.
Cuando llegamos Kate estaba sentada en el piso, se veía muy mal. Mi amigo le ayudó a darse un baño caliente, mientras que yo salí a la cocina para ver si había algún medicamento para el vomito o el dolor de estómago, pero nada, solo quedaba para el dolor de cabeza. Resignada suspiré y me dejé caer al piso, era la peor etapa de mi vida, siempre habíamos carecido de cosas… pero no habíamos llegado hasta este extremo, nunca nos encontramos como estábamos ahora.
—Toma pequeña. —Santiago me observaba desde la pequeña sala con cara de comprensión, me daba dinero—. Ve a la farmacia y compra algún medicamento para calmar a Kate, yo me quedo con ella, está dormida. —Lo acepté porque de verdad mi amiga necesitaba tomar algo—. Créeme que si tuviera más dinero la llevaríamos al médico, pero ese mequetrefe de abogado que tengo me ha dejado seco. Ahora mueve ese culo y ve, anda. —Me paré y fui con cuidado al cuarto a buscar mi celular—. Ve con cuidado, cualquier cosa yo te aviso.
—Gracias amigo… sin ti estaríamos perdidas.
Sin perder más tiempo salí hacia la farmacia. A esa hora en Londres mucha gente andaba despierta, así que me sentía como si estuviese de día. La farmacia que estaba más cerca de nuestro departamento y que además trabaja las 24 horas, estaba a 12 cuadras. Tenía que apurarme y caminar lo más rápido posible, ya que no traía para un Black cab*, y mi amiga necesitaba tomar algo urgente. Gracias a Dios llegué rápido, le pedí ayuda a la chica que atendía sobre que era lo más recomendable para mejorar el estado en que se encontraba mi amiga y me dio unas pastillas que eran muy buenas… pero muy caras, costaban el doble de lo que llevaba.
—No habrá unas más económicas. —Tenía en las manos ya el medicamento y la chica me atendía en el mostrador.
—Claro señorita, las genéricas, solo que no hacen efecto tan rápido como estas. —Mmm y ahora, ¿qué hacía?
—Se las lleva… yo las pago —ordenó una voz de hombre, se me hizo conocida y volteé a verlo, esa cara… yo la conocía pero no sabía de dónde, era alto y se veía musculoso, además de guapo.
—No… no, cómo cree… yo me llevo… —iba a decir que las más económicas, pero él ya las había pagado, me las tendió para que las tomara—. Gracias, que amable.
—No se preocupe y disculpe si oí su explicación, pero la ayudé porque sé que su amiga lo necesita.
—Nuevamente gracias. —Le tendí la mano en gesto de agradecimiento, pero él la apretó mucho, al grado que me lastimó… Eso ya no me gustaba—. ¡Ay! —Retiré rápidamente mi mano—. Tengo que irme.
Salí rápidamente de la farmacia. No volteé para ver si seguía ahí, solo caminé lo más rápido que pude, en primer lugar porque quería que Kate se tomara pronto el medicamento y en segundo porque ese hombre que lo había pagado no me daba buena espina. El corazón me latía desbocado por el miedo, ya no caminaba, corría y volteaba a cada rato para ver si alguien me seguía, pero nada. Como pude saqué mi celular y marqué el número de Santiago, quien enseguida me contestó.
— ¿Cómo sigue? —hablaba con dificultad debido a la desesperación mezclada con el cansancio, en ningún momento dejé de correr.
—Mal, Bella… el dolor no se le pasa… Se está intoxicando, si puedes trae una leche, pero rápido Bella, me estoy desesperado… ¿Vienes corriendo verdad?
—Sí… sí… Busca en el refrigerador, ahí había un poco de leche. Ya voy llegando, sal a alcanzarme para que abras la puerta, la cerré con candado. —Colgué
Volteé y vi que un carro negro como el de… no, no podía ser, se estaba acercando hacia la dirección donde yo venía, yo ya estaba llegando a casa, solo una cuadra más y estaba a salvo. Corrí lo más rápido que podía, mis pies no eran los mas rápidos, pero sí los más torpes.
—Por… favor… que… no… me… caiga —me decía a mí misma agitada, solo eso me faltaba caerme.
Estaba a punto de llegar a casa, así que paré de correr, solo tres pasos más y entraba. Volteé a ver y el carro había desaparecido. Me paré afuera del viejo edificio donde vivía y suspiré, estaba demasiado cansada, miré a todos lados y… nada, gracias a Dios solo eran pensamientos tontos, nadie me seguía. Me senté en uno de los escalones del edificio, esperando a que llegaran a abrirme y a intentar respirar más aire, que le hacía tanta falta a mis pulmones, mi mirada estaba dirigida hacia el piso. Ojalá que Kate no se hubiese puesto más grave, no teníamos dinero para llevarla al médico. ¡Dios, no nos podía estar pasando esto! Y Santiago que no se apuraba a venir a abrirme… ¿y si Kate estaba peor? No… ojalá que no…
— ¿Qué hace una niña tan linda afuera de su casa a esta hora? —Esa voz me sacó de mis pensamientos, no sentí llegar a Santi… no, Santi no hablaba así, esa voz era de… levanté la mirada y ahí, parado detrás de mí, con la puerta del edificio en donde yo vivía abierta, estaba el "gordo" número 1. Nuevamente vestido todo de negro, solo que en esta ocasión con una gabardina que le llegaba debajo de la rodilla, se veía aún más elegante—. ¿Creíste que todo quedaría así? —No, esto sí era un sueño, tenía que serlo, eran las mismas palabras, su mirada era igual que la de esa noche, fría, pero ahora retadora y… ¿divertida? —. Por cierto… bonita pijama.
Mierda, traía mi pijama de ositos, no me había acordado de quitármela.
— ¿Qué… qué hace usted aquí? —En eso me levanté porque mi celular comenzó a sonar, iba a contestar, pero él me arrebató el teléfono.
—Quien sea que te llama… contestarás de la forma más natural posible.
—Y usted… ¿quién se cree para mandarme?
Quise quitarle mi teléfono, pero con su fuerza me agarró del brazo provocando dolor, mas no me quejé.
—Tú y tu boquita… si yo lo decía, son bastantes parecidas. —Me guiñó el ojo. Imbécil, pensé—. Mira solo te digo que a ti te conviene… —Dejó de sonar mi celular—. ¿O prefieres que tu amigo quede en la calle? —Sí, definitivamente era un imbécil. Mi amigo tenía razón, él era el que estaba haciendo todo lo del bar, algo se traía entre manos—. Puedes salvar vidas, linda y puedes mejorar la tuya. —Mi celular volvió a sonar, me lo entregó, pero con un movimiento rápido me dejó a espaldas de él, atrapada en su cuerpo. Huele rico, pensó mi lista interior. No es momento idiota, no vez que estamos en peligro, le contesté—. Lo pondré en altavoz y juro que vuelo cabezas si no sigues mis órdenes, contesta es tu amigo… el del bar.
Por lo que veía estaba bien informado, mis miedos se hacían realidad.
—Bu… Bueno —contesté con miedo, mi cuerpo temblaba debido a los nervios y a que me tenía pegada a su… olvídalo.
—Isa, ¿ya estás afuera nena?
—Sí… sí, ya… tengo conmigo al… —Al idiota que me cambió la vida e hizo que me diera cuenta que los cuentos de princesas no existen, quería contestar, pero mi cabeza estaba en peligro—… los medicamentos para Kate.
—Espérame otro rato más Bella, no puedo dejar a Kate sola, no para de vomitar… ¿Qué haremos Isa? Si sigue así no sé qué pasará y yo no tengo en que caerme muerto. —Pude oír que la voz de Santi ya lucía desesperada, mis lágrimas por la frustración de estar atrapada y además de saber que mi amiga no mejoraba, comenzaron a salir sin permiso.
—Dile que llegarás en 15 minutos, que irás a buscar a alguien que te preste dinero para llevar a tu amiga al médico. —La voz del "gordo" fue fuerte, pero me lo dijo al oído para que solo yo lo escuchara, no contesté.
— ¿Isa?... ¿Sigues ahí? Tengo que colgar, tengo a Kate vomitando.
—No… espérame, no cuelgues… Yo… iré a buscar a… conseguir dinero para llevar a Kate al médico, regreso en unos minutos —lo dije entre sollozos, eso era una mentira, si casi ni conocía a nadie.
—Pero… don… —Le colgué, porque mi llanto se hacía más fuerte, el "gordo" me soltó y pude llorar mejor.
—Bien hecho, linda… ¿Ves que fáciles son las cosas cuando me haces caso? —Asentí, tenía miedo de llevarle la contraria—. Acompáñame. —Me jaló del brazo como era su costumbre.
—Pero mi… amiga está mal, tengo que llevarle su medicina. —Traté de soltarme, pero fue inútil, él era mucho más fuerte que yo.
—Estará mejor si me haces caso.
Me jalaba hacia un callejón negro como el de mi… sueño, pero a diferencia del sueño, no me dejaba ahí afuera parada en el callejón, sino que me metió al coche negro que me estaba siguiendo. Me aventó al asiento trasero y ahí me acomodé, cuidando que la bolsa de pastillas y mi celular no se me cayeran, segundos después entro él, quien se sentó a mi lado. No puedo negar que ese carro era cómodo, los asiento eran de piel, en mi vida me había subido a uno así.
— ¿Nos dirigimos hacia algún lado, señor? —habló el chofer, me le quedé mirando, era el mismo hombre que me había dado para el taxi y el mismo que había pagado los medicamentos de Kate.
—No, Jason, quédate aquí, yo te diré cuando irnos. —Pensaba que me iría con él ¿o qué? —. Bueno, Isabella, ¿cierto?
—Solo Bella. —Mi mirada estaba dirigida hacia mis manos, no le quería ver la cara, lo odiaba.
—De acuerdo… si estoy aquí contigo es porque quiero negociar, esto nos conviene a los dos. —Sabía que no por algo bueno estaba en este lugar.
—A mí no me interesa "negociar" con personas como usted, solo dígame que quiere y que sea rápido, mi amiga está mal y yo no tengo su tiempo. —Mi voz salía más fuerte de lo normal, estaba enojada.
—En eso tienes razón, seré breve… pero mírame, no me gusta que me ignoren cuando hablo.
—Si no lo miro, no es porque lo ignore, sino porque lo odio, es usted un maldito bastardo, hijo de put…
— ¡Hey! —interrumpió, no me dejó acabar—. Cuidado con esa boquita, querida Isabella. — ¿Querida? Solté un bufido—. Entiendo cómo se siente y no le reprocho que esté enfadada, pero cuide su boquita, porque no tenemos el gusto de conocernos. —Ni quiero conocerlo más de lo que ya le conocí, pensé y rodé los ojos. Por la furia mis lágrimas se habían ido—. Quiero pedirle disculpas por lo sucedido, no volverá a suceder, perdóneme. —Negué—. Entiendo si no lo quiere hacer, pero escúcheme…
— ¡Hable ya! Mi amiga está mal… por favor, hable ya —le dije desesperada.
—Hagamos algo, te doy todos los gastos del médico para tu amiga.
— ¿De verdad? ¿Haría eso por mí? —La esperanza regresaba.
—Claro, pero… —Ahí estaba lo que me temía, nadie da algo sin esperar recibir nada a cambio—. Tú accedes a hablar mañana conmigo.
En esos momentos no me importaba nada más que la salud de mi amiga y sin pensar contesté:
—Claro, claro, pero por favor déjeme ir, ella está mal y yo…
—Claro, toma. —Sacó de su gabardina un sobre amarillo, cómo si ya viniera preparado—. Mañana a las 10 de la mañana, en la habitación 886 del hotel "The May Fair", sin falta. —Asentí y salí corriendo del coche sin mirar atrás, solo me importaba mi amiga.
No se me ocurrió en ningún momento ver qué cantidad era la que tenía en mis manos. Llegué a mi departamento y Kate aún vomitaba. La sacamos del edificio, tomamos un taxi y nos dirigimos a una clínica para que atendieran a mi amiga, quien se veía bastante mal. El doctor dijo que la llevamos a tiempo y que fue muy acertado que le diéramos leche, que si no estaría peor. La internaron y se quedaría toda la noche, pero ya estaba estable. Me dirigí al baño porque tenía la curiosidad de ver cuánto dinero me había dado ese hombre y ¡oh sorpresa!, eran cerca de 5.000 dólares, demasiado dinero, si me quedaba algo se los regresaría y lo que ocupara también, solo lo tomaría como un préstamo. Maldito, ahora tendría que agradecerle ese enorme favor que me había hecho. Salí del baño, ya empezaba a amanecer y el cansancio y el sueño ya estaban haciendo efecto. Santiago estaba sentado en la sala de espera, me senté a su lado, se veía peor que yo.
—Prométeme que llegando a tu casa te quitarás esa abominación de ropa que traes encima.
Otro más, ¿pero qué traían contra mi pijama?
—Te lo prometo, pero, ¿qué tienes contra mi pijama? Si es hermosa. —Solo torció los ojos.
—Si tú lo dices. —Solo negué, no me iba a poner a discutir con él por mi pijama—. ¿Isa… quién te dio el dinero? — ¡Ay no! Por qué preguntaba eso, a él no le podía mentir, pero tampoco se lo diría en estos momentos.
—Santiago, prometo que te lo diré, pero no hoy, ¿sí?
—De acuerdo, pero… ¿estás bien?
—Sí, mucho más tranquila sabiendo que Kate ya está mejor.
—Yo también… ¿Te parece si vamos por un café?
Así lo hicimos, obvio yo lo pagué y mi amigo no protestó, estuvimos platicando hasta las 6 de la mañana. Después regresamos a la habitación de mi amiga, quien ya estaba despierta y mucho mejor, hablamos con ella y se sentía bien. Le dieron de alta a las 9 de la mañana, pagué la cuenta y me quedó más de la mitad de ese dinero, ese hombre era un exagerado. El doctor le recetó algunos medicamentos y le dio dieta. Estábamos afuera esperando un taxi, cuando recordé mi cita…
—Les molesta si voy primero al supermercado a comprar unas verduras y frutas para Kate… Digo, si es que no tienes nada que hacer Santi y puedes cuidarla un ratito. —Era la mejor mentira que se me había ocurrido.
—No, claro que no Isa, pero date prisa, recuerda que tengo hasta las 12 como toda una cenicienta, ya no te digo que para pagar, porque ya me resigné reina, estoy lista para irme al encierro, ya me di por vencida. —Suspiré, yo no podía permitir eso, quizá de esa bendita cita algo bueno salía y yo le podía pedir algo más de dinero prestado a ese hombre.
—Puedo saber de qué demonios hablan, ¿qué encierro Santi?
—Llegando a casa te platico, amor. Ahora date prisa mujer, chance y mejor huya del país o algo se me ocurrirá hacer.
—De acuerdo, no me tardo.
Ellos se subieron a un taxi y yo a otro, que me conduciría directo al matadero. Le indiqué la dirección al taxista y me resigné a lo que sucediera. Llegué al lujoso hotel -que muy bien tenía grabado en mi memoria- y subí por el ascensor, no tuve necesidad de andar buscando la habitación, ya que vi al "gordo" 2 parado afuera, vigilando al "gordo" 1.
—Buenos días, señorita…
—Bella —le completé la oración antes que dijera Isabella, odiaba que me dijeran así.
—Claro, Bella. Adelante, el señor Cullen la espera. —Cullen, eh… así que el "gordo" se apellidaba Cullen.
Entré a la lujosa habitación, solo que esta vez -gracias a Dios- no terminé en la cama, sino que me quedé parada en el pequeño recibidor. Ahora sí la pude observar bien, era enorme, estaba muy iluminada, las paredes eran de color crema y desde el recibidor, donde yo estaba parada se veía la ciudad entera. Me percaté de que la calefacción estaba prendida, ya que el ambiente se sentía calentito, a pesar de que traía mi pijama de ositos aún. Al lado del recibidor se encontraba una pequeña sala con muebles finos, hasta parecía que estaban bañados de oro y se veían bien acolchados. En esa misma sala estaba la pantalla plana, además de un escritorio, desde donde unos ojos verde esmeralda me miraban con atención.
—Eres puntual Isabella —me dijo, y moviendo la mano me invitó a pasar a la sala—. Siéntate, ¿quieres tomar algo?
—Gracias señor Cullen. —Sonrió, pero ahora su mirada estaba en la portátil que tenía enfrente.
—Veo que amas esa ropa, ¿es tu uniforme? Además que estás muy atenta a lo que te dicen.
—Mmm… digamos que en ocasiones tengo memoria de teflón, pero cuando las cosas se tratan de personas que me hacen daño… no olvido tan fácil. Con respecto a la ropa… da la casualidad que no he podido ir a mi casa a cambiarme, porque estuve encerrada en un hospital toda la madrugada. Ah, y tampoco gusto tomar algo.
Avancé y me senté en unos de los cómodos asientos, justo para quedar enfrente de él. Comencé a jugar con mis manos, estaba nerviosa y enojada. Esta habitación me traía malos recuerdos y me hacía sentir incómoda.
— ¿Cómo sigue tu amiga? —Claro, con algún tema tenía que empezar la conversación.
—Muy bien, gracias. Hace unos minutos la sacamos del hospital, gra… gracias. —Ya lo había vomitado, en mi vida pensé darle las gracias a ese desgraciado, pero bueno así es la vida.
—No hay problema, Isabella, te debía una por la confusión que cometí y me alegra que ese golpe de la cara esté mejor, ha sanado rápido a pesar de que solo han pasado casi 3 días. —Su mirada era de disculpa.
—Sí, claro, las medicinas hacen milagros, pero… ¿confusión?
—Si te cité aquí fue para dos cosas, la primera es aclarar todas tus dudas, así que pregunta todo lo que quieras que yo te responderé. —Es lo menos que merecía, necesitaba explicaciones.
—De acuerdo, antes de comenzar, yo juré que nunca, jamás lo quería volver a ver… y así es, esta será la última vez que nos veamos. —Él sonrió, esa risa no me gustó—. Y sí, le pediré explicaciones, porque me las debe y porque las merezco. —Asintió—. Así que comencemos… —Estaba calmada, pero antes tenía que sacar mi rabia, la que no había podido sacar desde hace días—. Pero antes tengo algunas cosas que decirle, ¿puedo?
—Claro, dime lo que quieras. —Se veía divertido, ¡ja! No sabía lo que le esperaba.
—De acuerdo… solo quiero que sepas que has hecho mierda mis sueños, que eres un bastardo y un maldito poco hombre. —Inconscientemente me paré e iba caminando hacia él y mis lágrimas comenzaron a salir—. ¿Así eres con todas? Primero las follas y luego les preguntas cómo se llaman. —Por cómo me miró, podría apostar que lo estaba haciendo enojar—. Moderna forma de hacerlo tiene, respetable "gordo".
En mis palabras se notaba la ironía y el coraje. Ya estaba enfrente de él y no le costó nada pararse de su escritorio, ponerse frente a mí y tomarme las muñecas con fuerza, otra vez, ahora no me dio miedo, al contrario, tomé valor y le sostuve la mirada.
—Yo no soy así… Isabella. —Me apretó más fuerte, pero no me importó.
— ¡Claro! ¡Claro! Perdón, usted es alguien tan decente… Primero me trata de zorra y luego me echa de su habitación como una puta. — ¡Puaj! Odiaba las lágrimas, pero esas palabras que me dijo fueron peor que lo que me hizo, me sentí humillada—. ¿Pero sabe qué? Me voy, no sé ni a qué vine, estaré loca para seguir en este lugar de mierda, tendrá dinero y poder, pero lo que no tiene es respeto, ni decencia y lo que usted hizo… —Ya no pude continuar, se fue por el caño mi enojo, mi valor y salió mi tristeza, mi desilusión, mi rabia. Comencé a llorar sin contenerme, caí al piso en cuanto él soltó mis muñecas, él se agachó conmigo y me abrazó, dándome consuelo y apoyo. No pude negarme a recibirlo, a pesar de que lo odiaba, necesitaba en esos momentos lo que él estaba ofreciendo.
Así estuvimos hasta que mis lágrimas comenzaron a cesar y pude controlarme, él me acariciaba el cabello con una mano, mientras que la otra se movía de arriba abajo sobre mi espalda, así es como Kate me calmaba cuando los días no eran bueno en el orfa… no lo quería recordar. Ya calmada me sentí con el valor suficiente de hacerle preguntas, si el muy maldito me quería fuera de ahí yo me iría, pero no sin antes saber por qué me hizo eso, tenía que darme explicaciones.
—Pregúntame lo que quieras, responderé, es lo menos que puedo hacer, aparte te lo debo. —Notó que ya estaba calmada y parecía como si leyera mi mente, así que decidí hacerle la pregunta más fácil.
— ¿Cuál es su nombre? —Se la hice aún acurrucada en sus brazos, sin mirarle, así me sentía con más valor.
—Te lo diré, pero a nadie más se lo dirás, lo que de mi boca salga solo en tu mente quedará. Nadie lo tiene que saber o de lo contrario van a volar cabezas por tu culpa. —Y había regresado el "gordo", sus amenazas me daban miedo, mis cables habían vuelto a su lugar. Tenía valor, pero no era tonta para arriesgarme, así que asentí—. Me llamo Edward Cullen.
—Edward —repetí su nombre—. Bonito nombre para tan fea paquetería. —Pude oír una sonrisa—. ¿Por qué… por qué lo hizo? —Pareció meditar la respuesta antes de hablar.
—Si te digo que te confundí, ¿me creerías? —Negué, era la excusa más tonta que había oído—. Lo sabía. —Me levantó junto con él del piso y me sentó en la cama, mientras que él se dirigía hacia su escritorio a buscar su portátil, regresó rápido y se sentó a mi lado. Cuando rozó su piel con la mía una descarga eléctrica recorrió mi piel, la ignoré, eso sería imposible—. Mira. —Me señaló con un dedo en dirección a la pantalla de la portátil y ahí estaba una imagen, ¿mía?... Imposible, esa no era yo y además estaba en bañador, no… no era yo, yo nunca en mi vida había utilizado un bañador… Pero sí, era yo, hasta se lograba ver el lunar que tenía debajo del seno derecho… era yo.
—Im... posible —dije casi en sollozo—. ¿Cómo? Yo nunca… no soy yo… ¿Cuándo?...
—Lo sé, no eres tú. Ella es Anabella… mi Anabella, con ella te confundí, no era mi intención hacerte daño. Cuando te vi en ese bar pensé que por fin la había encontrado, lleva mucho huyendo de mí y además me dijo, cuando hablé con ella por teléfono, que estaría ahí… —Dejó la portátil en el piso y se levantó sin despegar la mirada de mis ojos, se había vuelto a enojar—. Y tú también hablabas por teléfono, es que… ¿tú y ella?... Tú y… ella, ¿están de acuerdo, verdad?... Es una trampa. — ¿Qué? Estaba loco, yo ni sabía quién era ella, es más en mi vida los había visto a ambos.
—No… no, yo no sé quién sea ella, ni siquiera sabía quién era usted, por favor ya pare con esto y déjeme ir, ya fue suficiente, olvídese de mí. —Me creyó. No sé por qué me sentía triste al decirle que se olvidara de mí, nunca más lo volvería a ver… nunca. Era ilógico que me sintiera triste, pero no quería que las cosas fueran así, quizá si lo hubiese conocido en otra situación nada de esto hubiese pasado y yo y… él… Me dirigí hacia la puerta, quería salir ya de ahí—. Gracias por todo, por sus explicaciones y por el dinero, me podría dejar alguna dirección para depositar el dinero cuando lo tenga.
—No linda, tú no te vas de aquí. La segunda cosa por la que te pedí que vinieras es para negociar. —Eso ya no me gustaba, se paró nuevamente de frente a mí, su mirada era fría y firme.
— ¿Negociar?
— ¿Por qué crees que a tu amigo le cobran tanto de multa? ¿Quién crees que lo denunció?
—Tú… maldito, te odio, odio el día que me viste, te odio, todo es tu culpa, ¿verdad? Desde que llegaste a mi vida hace tres días solo me han ocurrido desgracias y más desgracias. —Me tapé la cara con las manos y comencé a llorar nuevamente.
—Y sabes cuántos años lo refundiré en la cárcel si no aceptas mi trato, sabes lo que le puede pasar a tu amiguita también, seguirán tus desgracias si no tomas buenas decisiones.
— ¿Me estás amenazando?
—Digamos que soy persuasivo, no lo veas como una amenaza. —Se agachó para levantarme y dejarme casi a su altura—. Pero… pregunta cuál es mi negocio.
— ¿Cuál?
Destapé mi cara, sabía que de ese bendito préstamo, de esta cita y de todo lo que tenía que ver con él no saldría nada bueno, lo odiaba.
—Quiero que te vayas conmigo a Seattle, que te hagas pasar por Anabella durante el tiempo que sea necesario. — ¿Qué? No, esto no me estaba pasando a mí, lo volví a ver vidrioso, sabía como aprovecharse de esta situación—. De ti depende que Santiago y tu amiga Kate tengan una vida normal, así que tú eres su salvación querida Bella, y apúrate que solo tienes hasta las 12 del día. —Me soltó y se volvió a sentar en su escritorio con su portátil en manos, me dejó ahí parada en shock por su maldita negociación—. Así que… o tus amigos se quedan en la calle y vuelan sus cabezas o te vas conmigo y todo sigue normal, como si nada hubiese pasado. — ¡Maldito! No que tenías valor para córtale el cuello… pues qué esperas Bella, hazlo ya, es el momento, ¿no que muy machita? Habló mi lista interior, no le hice caso, no era el momento.
Sabía que algún día tendría que cumplir la promesa que les había hecho a mis amigos, pero lo que no sabía es que tenía que ser al día siguiente. Ahora mis decisiones eran las que salvarían la libertad de los dos seres que más amaba. Tarde o temprano cumpliría con lo prometido y si de mí dependía la estabilidad de esas dos grandes personas no me importaría el tamaño del sacrificio… ¿yo lo haría?
* The May Fair: es un histórico hotel, con un moderno diseño, situado en el corazón de Mayfair, Londres.
* Black cab: es el taxi londinense.
Gracias a todas y cada una que leen esta historia...solo van 2 capítulos y ya la leen 52...ojala que les haya gustado este capitulo y haya aclarado unas cuantas dudas, nos leemos... espero su Review, saben que siempre contestoo...¿que les parecio? quieren un Edward´s pov? besos Lizz!
