Aqui subiendo los ultimos capitulos!!

Espero que lo pasen bien leyendo x3

Con mucho esfuerzo y cariño.


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Capitulo 4: ¿El Manual de los Buenos Padres?

La mano de Itami había tomado forma de puño. No podía creerlo, ellos… ellos…

Enseguida luego que Kakuzu les explicara, le dijo la mentirilla piadosa "Los hombres con hombres, y las mujeres con mujeres, también pueden tener hijos, es normal, pero no les digan a nadie o estarán castigados."

El joven padre había quedado sorprendido, si que sabe manejarlos, era obvio, como dice el dicho "Más vale el Diablo por viejo, que por Diablo."

Los gemelos comprendieron a la perfección, no fueron dañadas sus mentes, hasta entonces… a esperar un par de años para contarles la verdad. No obstante el siguiente problema sería Hitomi. Hidan estaba realmente asustado, sabe que las niñas maduran más rápido que los niños, y si juntamos las clases de biología… ¿eso también enseñan en la Escuela Ninja? En fin, la cosa es que preguntará "Lo cambios femeninos".

Konan había llamado preocupada. El jashinista le contó todo lo sucedido y en cualquier momento la llamaría y que por favor no se olvide de su celular.

Por mientras tiene ocho años.

***

¡Demonios! ¡Y todas las maldiciones del mundo!

Maldito documental de los cambios físicos y sicológicos de las niñas y los niños.

No… no podría imaginarse a esa pequeña e inocente de orbes violetas con un hombre. ¿Celos? ¿Celos de padre? No, claro que no. Solamente que hay que proteger a su hija de los lobos que andan sueltos.

Pero eso no todo.

Ya les contaron que sus cuerpos son distintos, tienen diferentes funciones, etcétera, etcétera. El problema radica en…

Las niñas dan su tiempo y atención en la apariencia física, varias horas frente al espejo, en peinar, maquillarte, hablar, caminar, incluso practicar su primer beso.

Odiaba la voz de la tipa del documental, pero eso no tiene nada que ver. Bueno… todo eso debe ser por el gen de Hidan ¿quién más pasa horas frente al espejo arreglándose?

Las niñas y los niños, tienden a explorar su cuerpo. Esto es absolutamente normal. Algunas niñas prefieren jugar con pelotas y juegos de acción que con muñecas, lo mismo suceden en los niños, pero es normal.

Eso ya era demasiado. Sería muy fácil explicarle a su diminuta imagen sobre sus repentinos cambios. No hay problema, son hombres. Explicarle que sentirá atracción por alguien del sexo opuesto, su primer vello, la eyaculación, etcétera. ¡Hitomi! No hay más alternativa que llamar a Konan.

… ¿juguetes? Ambos juegan a cosas bruscas.

En la etapa de la adolescencia, ambos sexos se interesan en problemas que no tienen nada que ver con su realidad. Cuestionan y critican a los demás, incluyendo a los padres.

Y me lo dices a mí. —pensó Hidan. Ambos hijos del carácter testarudo, lo cuestionaban en cualquier momento, incluso su religión. Era molesto para ambos padres. Metían sus narices donde no les correspondían.

Buscan su identidad.

Jashinista. —en eso recordó llevarlos a la iglesia de Jashin.

En la adolescencia comienzan a crear amistades e independencia.

Eh… no hay ningún problema con eso.

Ahora hablaremos sobre la pubertad. Las niñas comienzan en algún punto comprendido entre los 8 y 13 años, y entre los 10 y 15 años en los chicos.

Grandioso. —se dijo mentalmente sarcástico.

Los chicos, las hormonas viajan por el torrente sanguíneo y envían a los testículos la señal de que deben empezar a producir testosterona y esperma. La testosterona es la hormona que provoca la mayoría de los cambios en el cuerpo de los chicos durante la pubertad. Para que un hombre se pueda reproducir, es necesario que produzca espermatozoides.

En el caso de las chicas, la FSH y la LH se dirigen a los ovarios, que contienen óvulos que han estado allí desde el nacimiento. Estas hormonas estimulan a los ovarios para que empiecen a producir otra hormona llamada estrógeno. El estrógeno, junto con la FSH y la LH, hacen que madure el cuerpo de una chica, preparándolo para el embarazo.

Hidan no entendió absolutamente nada. Únicamente la de los chicos. Pero… ¡¿Embarazo?!

Los chicos desarrollas sus hombros que van anchándose, formándose más masculinos. En las chicas, el crecimiento de los pechos.

Aparece el peor enemigo de todos, el acné.

Los vellos, que es algo muy malo para las chicas. No necesariamente es bueno usar la cera, hay otros métodos en estos días.

Los chicos comenzarán con la primera erección que ocurren por las fantasías sexuales o piensan mucho en sexo, pero también suele ocurrir sin ningún motivo, incluyendo los llamados sueños húmedos.

"¿Cómo puedo explicarle eso a mi hijo, si solo soy su mamá?" Preguntó alguien del público.

Lo recomendable que sea explicado por su progenitor, su padre. Pero una madre también lo puede hacer con solo saber sobre el tema.

"¿Cómo enfrento las preguntas de mi hija, si solo soy su padre?"

La misma respuesta.

"Pero no le puedo explicar sobre la menstruación, puede que la asuste."

Lo mejor sería llamar a alguien del mismo sexo y explicarle, también puedes darte a conocer sobre sus cambios. Mal que mal, ellas preguntaran, y ellos también.

Oh Jashin-sama…

El albino estaba quedando un poco traumado.

— ¿Qué estás viendo Hidan? —entró al cuarto matrimonial el moreno.

—Un documental para estar preparado en el desarrollo físico y sicológicos de los hijos.

— ¿Cómo un manual de buenos padres?

—Sí.

—Apaga esa cosa Hidan, no servirá.

La niña ha comenzado a ser una mujer. El niño un hombre.

Tendrán su primera relación sexual.

—Hidan… apágalo. —insistió enojado.

Y así es como el ovulo es fecundado.

—Hidan…

— ¡Ya va, ya va! ¡Joder! —hastiado, coge el control de la televisión y la apaga. —Oye Kakuzu.

— ¿Qué? —dijo buscando sus cosas en su mueble.

— ¿Itami te dijo algo sobre la erección? —preguntó curioso.

—Em… —Kakuzu se detuvo e intentaba recordar. —Sí.

— ¿Y? —se sobresaltó.

—Nada. Le dijo todo. Se lo tomó bastante bien.

—Que suerte. Supe que las niñas tienen su primera menstruación entre los 12 y 14 años. Algunas por extraña razón es antes de los 12, incluso a los 8 años.

—Hidan.

— ¿Qué?

—Hitomi tiene 11 años. —luego se mantuvo un silencio no por mucho tiempo. Hidan se levantó de la cama sobresaltado.

— ¡No! ¡Ella ya debería saber sobre estas cosas! ¿Qué hacemos?

—Habla con ella. —dijo así de simple.

— ¿Qué? ¿Y tú? —Kakuzu debe dar su apoyo en esto.

—Voy a trabajar.

— ¡Joder Kakuzu! ¡Me tienes que ayudar! ¡Tú eres el más aplicado en todo esto!

—Es tu hija.

—Y tuya también si no te has dado cuenta.

—Tú la diste a luz, asique… —guardó su dinero en el pantalón. Volteó a ver a su joven esposo. —, buena suerte. —y enseguida se fue por la puerta de la habitación.

—Joder. —maldijo. Enseguida cogió el teléfono marcando el número de la ex Akatsuki. — ¡Joder! Konan, contesta... —mientras esperaba, hecho un manojo de nervios, sin darse cuenta se había enredado el cable del teléfono entre los dedos. Esta casi al borde de la histeria.

— ¿Diga? —por fin, la suave voz de la chica sonó del otro lado del tubo. Hidan suspiró aliviado.

— ¡Konan! Joder, tengo un problema... —dijo, intentando deshacerse de los negros cables enredados entre su pálida mano. — ¡Ayúdame!

— ¿Hidan? ¿Qué sucede? ¿Algún problema con los niños? —la dulce preocupación en la voz de la peliazul, contribuyó a relajar al estresado padre.

—Eh... sí, es algo así. Son... problemas con Hitomi. —respondió, suspirando de nueva cuenta y liberándose por fin de la maraña de cables.

—Cuéntame. —contestó Konan. La preocupación pareció acentuarse en la voz de la joven.

—Verás... Tú sabes que ambos están creciendo rápidamente y... también sabes que están comenzando una etapa llamada... em…¿cómo se llamaba? ¡Joder, lo olvidé! —se lamentó el peliblanco.

— ¿Hablas de la pubertad? —interrogó la chica.

— ¡Sí, eso! —sonrió Hidan. —Bueno... el otro día decidí que debía ver uno de esos documentales sobre los cambios físicos y psicológicos en los niños y niñas. Kakuzu y yo ayudamos a Itami con esas cosas. Pero... no sé nada sobre los cambios en las niñas. —dijo, algo entristecido.

—Entiendo. —afirmó Konan después de una pequeña pausa. — ¿Entonces te gustaría que hablara con Hitomi sobre los aspectos físicos de las mujeres?

— ¡Sí! ¡Por favor, Konan, estoy desesperado! ¡¿Qué tal si Hitomi me pregunta algo hoy mismo sobre "esas cosas"?! ¡Yo no sé nada, maldita sea! —comenzó a decir, apretando con fuerza su puño derecho.

—Hidan, relájate. —la chica le habló con dulzura para tranquilizarlo. —Ahora mismo saldré para allá, ¿sí? Hablaré con Hitomi y haré que me diga todas sus dudas. Tú no te preocupes.

—Oh, gracias, Konan... —el jashinista se calmó y sonrió, aliviado. — Jashin-sama te bendecirá.

—De nada. Nos vemos luego, adiós. —y la comunicación se cortó.

Unos minutos después, el timbre del hogar familiar sonó.

Hidan se levantó de un salto del sillón de la sala y corrió a buscar a su pequeña hija. La encontró contando el dinero de su mesada, en su habitación.

—Hitomi, la tía Konan ha venido a verte. —dijo, sonriente.

— ¿En serio? —la niña sonrió y, dejando de contar el dinero, se levantó de su silla. — ¡Ahora bajo!

Hidan la tomó de la mano y juntos bajaron las escaleras hasta llegar al recibidor. Al abrir la puerta, allí estaba Konan, con su maternal sonrisa de siempre.

— ¡Tía Konan! —exclamó la menor, acercándose a abrazarla.

— ¡Hola, Hitomi-chan! —respondió cálidamente y correspondiendo a su gesto.

—Konan, te agradezco mucho que hayas venido. —intervino Hidan, invitándola a pasar.

—No es nada. —sonrió. — ¿Y Kakuzu?

—Trabajando. —respondió simplemente. No le había dicho nada al tesorero sobre sus planes con la kunoichi. Quería demostrarle que él podía ser un buen padre.

—Está bien. Bueno pequeña, he venido porque tu papá me pidió que hablara contigo sobre ciertas cosas que sólo tú y yo comprendemos, ¿de acuerdo? —dijo Konan, acariciando los morenos cabellos de Hitomi.

— ¿Qué cosas? —inquirió curiosa, mirando de reojo al tenso Jashinista.

—Ya lo sabrás. Ahora, Hidan, ¿podrías dejarnos a solas, por favor? —pidió Konan.

— ¿Qué? ¡Pero quiero quedarme! —objetó el peliblanco, enfurruñándose.

—Estas cosas sólo se hablan de mujer a mujer. —respondió, cortante.

—Está bien... Nos vemos luego. —y se retiró de la sala.

Horas más tarde, cuando Konan ya se hubo ido, Hidan se acercó a su primogénita, dispuesto a averiguar si la niña ya estaba bien informada.

— ¿Hablaste con Konan, hija? —preguntó, sentándose en una de las sillas de la mesa del comedor, junto a la morena.

—Ajá. —asintió, sin levantar la vista del libro que estaba leyendo.

— ¿Y qué te dijo? —respondió, intentando no presionarla.

—Um... me dijo... —despegó sus violáceos ojos de las páginas.

— ¿Sí~? —no se sabía quién era el inmaduro.

—...que no te dijera lo que había hablado con ella. —finalizó, sonriendo tiernamente. Cerró el libro y se levantó de la silla, corriendo hacia la sala. — ¡Nos vemos, Papi!

El pobre inmortal quedó con la palabra en la boca. Gruñó molesto y suspiró. —Joder, Konan.

El día pasó. Normal y sin prisa.

Kakuzu había regresado de su trabajo, diciendo que tuvo tres recompensas, algo inédito. A los gemelos les sorprendió.

Otōsan era tan genial.

Hidan y sus hijos yacían en su cuarto.

—Itami, ven acá. —lo apremió. El chico se acercó de mala gana.

Hidan lo hizo darse la vuelta y rodeó el pálido cuello del menor con el amado collar de su dios. Cuando ya estuvo bien colocado, sonrió satisfecho. Itami observó el collar con curiosidad.

—Listo. ¿Tú también Hitomi? —interrogó, mirando a la jovencita de su mismo color de ojos. Ésta asintió aburrida como su hermano mayor. —Bien. ¡Entonces vámonos!

—Un momento... —una conocida voz a sus espaldas congeló sus pasos antes de salir de la habitación. Recién había entrado. — ¿A dónde creen que van?

— ¡Ka-Kakuzu! —el jashinista mayor se giró a ver al azabache. — Em... nosotros.... vamos a la iglesia de Jashin-sama. Quiero que los niños asistan a la misa. –respondió firme. Nadie le impedirá que no fueran.

—Ni se te ocurra hacer eso, Hidan. —negó con voz atemorizante. Los chicos se escondieron detrás del ojivioleta. —No dejaré que transformes a mis hijos en unos psicópatas como tú, ¿entendido? Y esa "Iglesia" ni siquiera existe.

— ¡Joder, Kakuzu! —Hidan ardía de colera. — ¡Son mis hijos también! ¡Yo los parí con dolor! ¡Y yo decido llevarlos a la iglesia de Jashin-sama! ¡Adiós! —y tomando a ambos pequeños de la mano, los jaló hasta la salida y cerró de un portazo, dejando a un Kakuzu molesto totalmente solo.

Salieron corriendo del feliz hogar.

Cuando los tres caminaban por una placita en dirección a la iglesia, Itami llamó a su padre y le dijo:

—Oye... hace mucho calor. ¿Me compras un helado? —pidió sonriente.

— ¡Yo también quiero! —intervino su hermanita.

Hidan les sonrió a ambos y les señaló un puesto de dicho dulce a unos metros.

—Está bien. Allí hay un puesto, cómprenlos. Pero apúrense o no llegaremos a la misa.

— ¡Sí! —asintieron ambos y salieron corriendo en dirección al puestito.

Cuando Papi e hijos llegaron a la inmensa iglesia estilo antiguo y decorada por doquier con el dichoso signo del sanguinario dios, la misa aún no había comenzado.

—Bien, ahora siéntense y guarden silencio. —les espetó, acomodándose en los duros asientos del sitio religioso. Ambos aceptaron algo resignados.

Mientras el sacerdote hablaba y hablaba sobre las divinidades de su adorado Señor, ambos jovencitos sentían que las horas pasaban con una lentitud tortuosa.

El problema era que el público presente son Hidan y familia.

Cuando al fin de dio por terminada, el sacerdote platicó con los gemelos, que sería muy bueno que fueran de la religión, y que la propagaran por el mundo shinobi.

Al pequeño albino le pareció fantástico, alardear ente todos sus compañeros lo grandioso que es Jashin y sus sabidurías y privilegios, como su Papi, que es inmortal.

A Hitomi le daba exactamente lo mismo. Solamente seguía los pasos de Papi y Otōsan. Si uno era religioso y el otro avaricioso, bueno… ella habrá heredado algo de ellos.

Al terminar todo, regresaron a la casa.

Kakuzu los esperaba muy molesto, no le agrava para nada que esos niños sean unos religiosos, no soportaría otro loco en la familia.

Mandaron sus hijos a la habitación…

Si… como no. No son tontos, les encanta escuchar sus discusiones, los encontraban divertidos, no obstante siempre eran descubiertos y enviados realmente su habitación. Y así sucedió.

Al día siguiente, los herederos de los orbes violetas fueron a la escuela ninja.

Itami alardeaba sobre el nuevo Dios de la masacre, no era para menos.

Hitami estaba practicando taijutsu con sus amigas.

Las clases pasaban.

Era una hora antes de que regresaran a sus hogares.

— ¿Tus papas eran Akatsuki? —preguntó un dudoso chico. Obviamente no le creería porque ellos hace bastante tiempo que se extinguieron.

—Sí. Se llaman Hidan y Kakuzu. —alardea Itami. —Aunque Otōsan es el más fuerte.

— ¡Jajajaja! ¡Eres tan ingenuo! Tus papas no pueden haber sido Akatsuki, y si lo fueran, son muy débiles.

— ¡No son débiles! ¡Ellos son fuertes; Papi es inmortal!

— ¡Si son tan buenos, entonces peleemos!

— ¡Te romperé la nariz! ¡Por Jashin sama!

En honor a su Padre, fue directo a golpearlo. Iniciaron una riña.

Sus compañeros se reunieron en círculo apoyando a su preferido. Hitomi yacía también de espectadora.

Por mala suerte, Jashin no estuvo con el albino, había sido derrotado, cayendo al suelo. Su ropa se encontraba totalmente sucia.

— ¡Oniichan! —se sintió preocupada.

—Joder. Maldito pagano. Jashin sama te castigará. —maldijo en voz baja mientras se limpiaba la tierra en su rostro, intentando ponerse de pie.

Justo apareció Kakuzu, se extraño por lo mugriento de su hijo. Todos los padres y madres aparecieron a buscar a sus retoños.

— ¿Por qué tan sucio? —dijo sacudiendo el polvo de su ropa.

—Itami-nii peleó porque ellos no creyeron que ustedes eran unos Akatsukis. —respondió la cabello oscuro.

— ¿Y? —eso no le dio importancia, a pesar de ser él el violento.

—Y dijo que Papi era débil, y tú también. —la mirada del chico bajó al suelo. Era tan humillante que le dijeran eso. Él sentía que sus padres eran lo mejor, eran su camino, sus ídolos. Al tener sus genes seguramente tendría una gran fuerza, pero al comprobar en la pequeña pelea, no fue así.

—Eso es lo de menos. —dijo sencillo Kakuzu. No era que le importara, no quería armar líos.

A unos pocos metros de distancias de ellos tres, el chico que había golpeado a Itami, conversaba con su padre.

—Es un debilucho. Dice ser hijo de los Akatsukis, que lamentablemente no duraron mucho. Son débiles. —presumió el mocoso a su padre ninja.

—Claro hijo, esos Akatsukis son muy débiles, hasta yo podría matarlos.

Eso le molestó sin ninguna duda a Kakuzu.

Si podríamos describir que fue lo que sucedió, sería precisamente que el inmortal mayor, extendió su brazo gracias a los hilos hacia el padre que presumía, quien fue golpeado en el rostro y llevado a una gran velocidad hasta chocar con la primera cosa que se intervenía.

¡Wow! Se sorprendieron los pequeños Jashinistas.

No hay duda, Otōsan era el Padre perfecto, haciendo el papel de Padre.

Pero…

…tendrán que buscar una nueva Escuela Ninja.


N/A: ¡Grande Papá Kakuzu! x3 Bueno... am... no se escribir... am... conocí a un chico super lindo en la Uni xD En fin... en el proximo cap, veremos a los inmortalitos a la edad entre los 16 y 17 años. Pobres padres xD

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