Emboscada
EDRIELLE.
Pocos minutos después de que Hipo se desmayara, nos desataron del árbol. Frote mis muñecas, tenía un aro rojo en cada una. Dolor.
-Muy bien-dijo Estoico-es hora que nos expliquen.
-Collins Fairchild está planeando crear un ejército de autómatas-explico Will-.
-No solo de autómatas humanos, también de autómatas animales-continúe yo.
William iba a decir algo más, cuando un rugido llamo la atención de todos. De los espesos arboles salió un tigre blanco.
-Ahí estas Snow-dijo Bocón, acercándose al tigre. El tigre era tan mayor, todavía era un cachorro.-No podía abandonarlo.
-Ve a alimentar a tu gato a otra parte Bocón, no queremos que se coma a nadie.-Dijo Estoico. Yo solo miraba con curiosidad.
Estoico poso su atención en William y yo otra vez.
-Continúen.-Dijo, más bien nos lo ordeno.
-Eso es todo-dijo Will.-No nos dijo nada más. O no sabemos nada más. Simplemente eso.
-Más les vale que digan la verdad porque-algo interrumpió a Estoico. Gritos. Astrid.
Hipo. Hipo ¡HIPO!
Corrimos todos juntos al interior de la cueva. Astrid estaba junto al cuerpo de Hipo. Tenía las manos en el pecho de él. Me deslice y quede justo a su lado, Astrid estaba enfrente de mí.
-¿Qué paso?-pregunte con urgencia. Astrid estaba pálida. Puse las manos en el pecho de Hipo. No respiraba. Quite a Astrid y me puse sobre Hipo, comencé a dar presión en su corazón, pero nada.
-¡WILL!-Llame, Will salió rápido de entre la multitud. Yo no sabía dar respiración de boca a boca.
Me retire de encima de Hipo y en mi lugar se puso Will. Will comenzó a acomodarse y entonces comenzó a darle respiración de boca a boca a Hipo. Will, prácticamente, estaba besando a Hipo. La escena hubiera sido graciosa si Hipo no hubiera estado al borde de la muerte. Cuando Will lo soltó, Hipo ya respiraba por su propia cuenta, y había despertado.
-¿Qué paso?-pregunto, medio adormilado.
-William te beso-no me resistí mas, tenía que decirlo, comencé a reírme. Todos me siguieron. La cara de Hipo solo fue de confusión, pero todo cambio cuando escuchamos pasos acompasados. Todos miramos hacia afuera de la cueva.
Afuera había un montón de muñecos de metal, sus caras eran únicamente un montón de platos de latón formando una esfera. Sus cuerpos estaban cubiertos por una armadura de hierro resistente, dentro de esta armadura están todos los mecanismos que lo hacen funcionar. Sus brazos eran articulaciones de metal con cinco dedos al final de cada una. Sus piernas un poco más elaboradas para poder caminar bien. Eran espantosos.
De entre ellos surgió una muchacha que parecía unos dos años mayor que nosotros. Su cabello negro profundo iba recogido en la cabeza. Llevaba un vestido rojo strapless debajo de una capa negra que tenia echada para atrás.
-Que lindos se ven todos juntos.-Dijo con voz fría.-Socializando con el enemigo. Tontos.-dio un paso hacia delante.- ¿Qué no saben acatar órdenes? Es por eso que mi padre creo estos autómatas, pero claro, necesita también algo humano ¿No?-su echo su capa hacia delante cubriéndole los hombros.-Ataquen-ordeno con voz firme a los autómatas.
Los autómatas comenzaron a moverse, al igual que nosotros. Tomamos lo primero que encontramos, como piedras y palos porque las armas estaban en el barco. Todos se fueron contra los autómatas, los golpeaban con palos, pero no hacían más daño que algunas abolladuras. Me lance contra un autómata por la espalda y desarme la coraza por detrás con mis manos. ¡DOLOR! Mis manos estaban heridas por la última vez de hacer esto, que no salió bien, pues término persiguiendo a Astrid en lugar de detenerse. El mecanismo estaba funcionando y como no tiene sensibilidad no supo que lo estaba atacando. Tome una piedra y la metí en medio del mecanismo, salte lejos y el autómata se desplomo en el suelo.
Mire a mí alrededor. Estábamos perdiendo contra muñecos de latón. Pensé rápido, corrí fuera lo más rápido posible hasta la nave, donde los dragones estaban en un plácido sueño. Fui al camarote donde había un baúl con armas y un dragón. Desperté a Chimuelo y este se puso en guardia al verme.
-Tranquilo, amigo-dije, con la voz más calmada y amable que pude. Estire mis manos hacia él, y lo mire a los ojos. Fue entonces cuando se calmo.
Abrí el baúl para estar segura que su contenido eran armas y no otra cosa. Lo cerré y lo puse sobre Chimuelo. Me subí sobre el dragón y salimos corriendo, no volando porque no pude controlar su mecanismo de vuelo.
Llegamos en cuestión de minutos al lugar donde los autómatas estaban atacando a los vikingos. Solté el baúl y este se abrió al golpear el suelo. Cada vikingo tomo un arma y fue cuando comenzaron a tener ventaja. El sonido de metal contra metal, y saber que era el metal de los vikingos el que estaba ganando, me reconforto totalmente. Hipo subió a Chimuelo y juntos comenzaron a destruir autómatas.
Entonces la chica del vestido rojo apareció otra vez.
-¡Se acabo el juego!-grito, y todos los autómatas se detuvieron. Excepto los que tomaron a Hipo, William y a mí por la espalda. Su agarre era tan fuerte que casi no podía respirar.-Gracias por atención-dijo. Y todo se torno negro y cuando menos pensé, estábamos en otro lado.
No habían pasado ni un minuto. Estaba mareada. Sentía como le hacía falta el oxigeno a mis pulmones. La chica del vestido rojo abrió un par de celdas y los autómatas nos metieron a William y a mí en ellas. Mis pulmones se apresuraron por reponer el oxigeno faltante. El autómata que tenia a Hipo siguió a la chica del vestido rojo por un pasillo hasta que los perdimos de vista.
Me senté en el fondo de la celda cerrada, luchando por no llorar, pero una lágrima prófuga se escapo y rodo por mi mejilla.
-Will…-dije en apenas un susurro ahogado por las lagrimas.-Fue un error no haberles dicho desde el comienzo-fue lo último que dije.
-Lo sé-fue lo último que él dijo.
Después nos quedamos en silencio. Después cerré los ojos arrullada por las lágrimas y el cansancio y las emociones. Y ese goteo incesante. Y deje que la oscuridad me envolviera hacia un sueño reconfortante.
HIPO.
El agarre del autómata se aflojo un poco y logre respirar con más normalidad. La chica con el vestido rojo nos guio por un campo de entrenamiento. Todo dentro de muros gruesos y altos. Dimos la vuelta hacia unas escaleras y comenzamos a subir. Pasamos por puertas, todas exactamente iguales y hasta que llegamos a la última, la abrió y el autómata me lanzo hacia dentro.
-Esta será tu habitación mientras que estas aquí-explico desde el umbral.-En unas horas tendrás el honor de hablar con mi padre, hasta entonces, permanecerás aquí y no trataras de huir, porque te podrían ocurrir cosas terribles-dijo, se dio media vuelta y la puerta se cerró sola.
Corrí hasta la puerta pero estaba cerrada por fuera y las ventanas tenían barrotes. La habitación en si no era tan miserable. Estaba bien iluminada y la cama estaba en orden, tenía una bañera en una esquina, con la cortina descorrida. Había un estante con libros en uno de los extremos, y un sillón a un lado. Por otro lado había una mesa de madera. Había tres ventanas. Una a un lado de la cama, otra estaba cerca del librero y la otra a un lado de la mesa, encima de ella. Todas con gruesos barrotes de hierros.
Me dirigí al librero y tome uno al azar y me fui a la cama a leerlo. Hablaba sobre herrería y metales y mejor lo cerré y me quede mirando al techo, procesando todo esto.
Hola otra vez, aquí esta lo más nuevo de este fic. Este capítulo es más largo como pueden ver, y creo que la acción está a punto de comenzar ¿eh? Bueno, mientras tanto, pueden tomar estas actualizaciones constantes como una disculpa por haber tardado tanto la última vez.
Bueno, creo que esto es todo, no olviden comentar, ya que su opinión en importante para mí.
Hasta la próxima, adiós!
