Capítulo 4

Margaret pensó que la semana que faltaba hasta volver a ver a John no terminaría más, pero apenas si tuvo tiempo de extrañarlo. Los días pasaron entre conversaciones con la tía Shaw y Edith para planear los arreglos de la boda y visitas a la modista para elegir el vestido de novia, tarea especialmente difícil. Margaret sólo quería un sencillo vestido blanco pero su prima insistía con llenarlo flores y puntillas diciendo que, de lo contrario, parecería un hábito de monja. Finalmente, aceptó cubrir la falda con un delicadísimo encaje y adornar el corsage con una hilera de perlas.

Evidentemente John también estaba muy ocupado porque solo pudo enviarle a Margaret un telegrama en el que le decía que la empresa ya estaba en marcha, que había hablado con su madre y que esperaba verla pronto. Ese telegrama fue seguido por una concisa carta de la Sra. Thornton, dirigida a la Sra. Shaw, en la que le decía que aguardaba su visita para ultimar los detalles del enlace. La única referencia a Margaret era una breve felicitación hacia el final de la carta. La Sra. Shaw encontró esto sumamente descortés y así se lo hizo saber a Margaret que se limitó a sonreír.

Finalmente, un viernes por la mañana, siete días después de reencontrarse con John Thornton, Margaret Hale tomaba el tren a Milton junto a su tía.

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La Sra. Thornton estaba supervisando la preparación del almuerzo cuando escuchó que un coche se acercaba a la casa. 'Llegaron' pensó. Se acercó a la ventana y vio como su hijo ayudaba a bajar a la Sra. Shaw y luego a la Srita. Hale que inmediatamente miró hacia donde ella se encontraba, como si supiera que estaría allí, y la saludó con una pequeña reverencia. Tomó aire y pasó al hall para recibirlas. "Sra. Shaw, Srita. Hale. Bienvenidas. Espero que hayan tenido un buen viaje."

"Tolerable" dijo la Sra. Shaw quitándose el sombrero con fastidio.

"Viajamos muy bien Sra. Thornton, gracias" interrumpió Margaret y acercándose le dijo "Me da mucho gusto volver a verla."

La dulzura y sinceridad de Margaret parecieron romper la coraza de la Sra. Thornton. "A mí también me da gusto. Permíteme felicitarte" le dijo tomando las manos de Margaret entre las suyas.

John se acercó a ellas y tomándolas por los hombros susurró "Ustedes son las dos personas más importantes de mi vida. Las amo." Viendo que ambas mujeres tenían lágrimas en los ojos continuó "Pero no es momento de llorar. Pasemos a la mesa, tenemos que celebrar."

Durante el almuerzo todos pusieron de su parte pero se notaba que los únicos entusiasmados con la situación eran Margaret y John que no dejaban de cruzar miradas cómplices. Cuando terminaron de comer John sugirió ir a visitar la fábrica y, tal como esperaba, las dos señoras rechazaron la invitación, por lo que él y Margaret partieron solos.

"Ahora vas a ver lo que hicimos" dijo John mientras prácticamente la arrastraba de la mano hacia la fábrica. "Casi todos los antiguos operarios han regresado y están trabajando con más entusiasmo que nunca. Es como si sintieran que esta empresa también es suya. Higgins hizo un buen trabajo con ellos. Ahora es mi capataz." Mientras hablaba la miró para ver su reacción.

"Tu capataz! De verdad?" Margaret estaba genuinamente sorprendida pero también satisfecha. "Pues me alegro. Nicholas es un buen hombre y muy inteligente también."

"A veces es demasiado inteligente para mi gusto. Pero se está portando bien" dijo John sonriendo. Luego, abriendo la puerta del taller, la hizo pasar.

Dos años atrás Margaret había cruzado esa puerta por primera vez para descubrir un extraño mundo de máquinas y gente que se movían en medio de un tormenta de algodón. En aquel momento la imagen le había representado el infierno pero ahora comprendía que así era el mundo moderno y que aún en ese duro ámbito había lugar para el trabajo honesto de hombres como John Thornton. Margaret tomó la mano de John con fuerza y ambos se miraron a los ojos y se transmitieron todo lo que sentían el uno por el otro: amor, orgullo, respeto.

"Señorita Hale!" la voz de Nicholas Higgins rompió el hechizo. "Que alegría verla!"

"Nicholas!" Margaret se acercó a él y le dio un abrazo.

"Mary y yo nos alegramos mucho cuando supimos de su compromiso" dijo Nicholas y, mirando al Sr. Thornton continuó "Ya decía yo que el patrón sentía algo por usted. Estuvo con el alma por el piso desde que se fue."

"Higgins!" la voz del Sr. Thornton le indicó que había ido demasiado lejos. "Vuelve a trabajar, la Srita. Hale y yo tenemos que regresar a la casa. Volveré al final del turno."

"Adiós Nicholas. Dígale a Mary que mañana pasaré a visitarla" dijo Margaret mientras seguía a John fuera del taller.

Estaban a punto de salir al patio cuando Margaret tomó la mano de John para detenerlo y mirándolo seriamente dijo: "Quiero decirte que estoy muy orgullosa de ti." Sin responderle la llevó hacia un depósito contiguo, cerró la puerta, la tomó firmemente de los hombros y la miró con una intensidad que la hizo sonrojar.

"Todo lo que hago es por ti. Espero que lo sepas." Mientras hablaba se acercaba cada vez más a ella, haciéndola estremecer. "Te amo con toda mi alma Margaret Hale." Sin dejar de mirarla a los ojos la tomó por el mentón para obligarla a levantar el rostro "Mírame." Sus labios estaban cada vez más cerca y Margaret sintió vergüenza. En Londres él la había besado tímidamente pero ahora era diferente y se avergonzó aún más al percibir su propio anhelo. No sin cierto temor, cerró los ojos. Los labios de él se posaron sobre los suyos, suavemente primero y luego con más insistencia hasta que la sintió ceder. Margaret se abandonó al torrente de sensaciones que la embargaba, la boca de John se había apoderado de la suya, sus manos se deslizaban por su espalda apretándola aún más contra él, mientras ella se aferraba a sus brazos. Justo cuando creía que iba a perder el equilibrio, John se alejó y puso distancia entre ambos, aún sin soltarla, y respiró profundo tratando de recuperar la compostura.

"Lo siento, me sobrepasé. Es solo que… discúlpame" le dijo sin atreverse a mirarla.

"No te preocupes. Después de todo no fue tan malo" dijo atrevidamente pero al ver la sugerente mirada de John, agregó "Mejor volvamos. De lo contrario tu madre y mi tía vendrán a buscarnos. Y no creo que les guste encontrarnos aquí."

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El sábado por la mañana Margaret y John, acompañados por las Sras. Thornton y Shaw, fueron a la iglesia a reservar la fecha para la boda. Luego John regresó a la fábrica y Margaret se dirigió a casa de los Higgins mientras las damas se retiraban a descansar. Mary estaba realmente feliz de verla y los niños también porque había llegado cargada de regalos. El único que la recordaba era el pequeño Thomas que enseguida corrió a buscar su cuaderno para mostrárselo.

"Este niño es muy inteligente Mary. Va al colegio?" dijo Margaret mientras acariciaba la pequeña cabecita rubia del niño que estaba sentado en su falda.

"Si señorita, el Sr. Thornton nos da dinero para sus libros y para la ropa. Es muy bueno ese señor, aunque a veces asusta un poco."

"Lo sé" dijo Margaret riendo, "Pero dime, cómo estás tú?"

"Bien señorita, gracias. Antes trabajaba en la fábrica preparando el almuerzo, pero ahora me quedo en la casa para cuidar a los niños. Ah y el pequeño Thomas me está enseñando a leer y escribir."

"Te gustaría trabajar?"

"Claro señorita!" Dijo Mary entusiasmada.

"Pues, aún no he hablado con el Sr. Thornton así que no puedo prometerte nada, pero cuando regrese aquí necesitaré una doncella y me gustaría que fueras tú. Qué te parece?"

"Ay señorita, sería estupendo. Pero… yo no sé nada sobre eso y soy tan torpe! Y usted tiene cosas tan finas."

"Tu no eres torpe Mary y estoy segura de que aprenderás muy rápido."

"Pero que haré con los niños, no tenemos con quién dejarlos."

"Para ellos tengo otra idea pero todavía es muy pronto para decirla. Debo dejarte ahora Mary, quiero pasar por el cementerio antes de que oscurezca. Saluda a Nicholas de mi parte. Adiós."

Margaret puso las flores sobre la tumba de su madre y mientras quitaba las hojas secas que había sobre la lápida, el dolor la venció y se dejó caer sobre la tumba sollozando. "Ay madre… te extraño tanto! No sabes cuánta falta me has hecho." Minutos después, nunca supo cuantos, sintió una mano en su hombro y una voz que la llamaba suavemente, era John.

"Mary Higgins me dijo que te encontraría aquí. Estás bien?" preguntó preocupado y tomándola de la mano la ayudó a incorporarse.

"Si, pero hace un año que no visitaba la tumba de mi madre y…" el llanto la invadió de nuevo así que John la atrajo hacia sí y la obligó a apoyar la cabeza sobre su pecho. "Shhh, tranquila amor, llora todo lo que quieras" dijo y le acarició suavemente el cabello hasta que ella se calmó.

"Mejor?" preguntó John luego de unos momentos. "Deberíamos regresar."

"Sí, ya estoy bien. Pero… aguarda un minuto." Tomando la mano de John se volvió hacia la tumba de su madre y dijo "Madre, aquí esta John Thornton. Yo sé que lo apreciabas a pesar de que no llegaste a conocerlo bien y espero que te alegre saber que nos amamos y vamos a casarnos."

En ese momento sopló una suave brisa que pareció acariciarlos a modo de bendición.