Cuando llegaron al ryokan, Shôyô sacó su futón y lo tendió en el suelo de la habitación. Estaba molesto por cómo había racionado Kageyama al recibir el DVD, apartándolo cómo si solo fuera un objeto y no un amigo que le había acompañado. Sin pensar en la hora que era ni tener en cuenta que pronto iban a llegar sus compañeros, el pelirrojo se echó a dormir.

Tobio guardó en su maleta el DVD, tenía intención de verlo en cuanto llegara a casa, y después sacó unos cuantos libros de inglés. Se puso a estudiar, trataba de centrarse en la materia de los ejercicios, pero era incapaz. Las leves respiraciones de Hinata le distraían y acaba mirando como el pecho del pelirrojo se hinchaba y bajaba de forma acompasada. Se encontraba abstraído de aquel modo cuando la puerta de la habitación se abrió. Era Yamaguchi.

—¿Dónde está Tsukishima? — preguntó el moreno levantándose del suelo y dejando su libro de inglés en el suelo. Su tono resultó agresivo por lo que Tadashi pegó un bote algo asustando, dejando que las cosas que sostenía entre las manos cayeran y Shôyô se despertara de golpe.

— Está fuera, vamos a ir a dar una vuelta con los del Nekoma— dijo el pecoso recogiendo lo que se le había caído.— Si queréis, podéis venir.

Pero antes de que Yamaguchi terminara la frase, Kageyama ya se había calzado unos zapatos y saltaba por encima de él. Tenía que hablar con aquel imbécil, dejarle las cosas claras a Kei Tsukushima era primordial para él. El moreno bajó las escaleras del ryokan a toda velocidad, sin fijarse en Suwaguara y Sawamura que subían, de hecho los empujó a un lado y a otro de la escalera.

El capitán del equipo de voleibol tenía intención de reprenderle por aquello, pero lo dejó correr. Después de todo ninguno había acabado cayéndose por las escaleras, aunque fuera un milagro.

Kageyama salió por la puerta del ryokan con la vista fija en el rubio, que estaba tranquilamente apoyado contra la pared con sus cascos puestos. Estaba francamente relajado cuando las manos de Tobio agarraron su camiseta y le empujaron contra aquella pared.

Tsukishima dejó caer sus cascos, perdiendo el hilo de la relajante sinfonía clásica que estaba escuchando.

—¿Por qué mentiste esta mañana? — le gritó el moreno, para darse cuenta después que los chicos del Nekoma les miraban. De golpe se sintió ligeramente avergonzado. Estaba dando un numerito, y aquello no era propio de él.

Kuroo se acercó a los dos, intentando parar aquella posible pelea entre aquellos dos chicos, pero Tsukishima le indicó que se apartara con las manos sin apartar la mirada de los ojos de Kageyama. Kuroo Tetsurô sonrió vagamente, no le sorprendía nada aquello de los chicos de primero, aunque debía admitir que no se esperaba que Kageyama fuera un tipo tan pasional por nada que no fuera el voleibol.

Kei arqueó la ceja izquierda, fijándose en cómo el moreno le soltaba. Pulsó el botón de pausa en su reproductor de música y se quedó mirando a Tobio con cierta chulería.

— O-sama, los plebeyos no tienen por qué responder a tus preguntas fuera de la cancha— contestó con soberbia el rubio. Llevaba la mitad de los campamentos de Tokyo intentado impresionar a Kuroo y parecía que Tobio quería destrozarle todo el trabajo hecho hasta el momento.— A mí ni me interesa ni me importa lo que tú hiciste anoche.

El colocador del Karasuno desvió ligeramente la mirada y apretó los labios, debía controlar su carácter y salir de aquella confrontación con el premio ganador. Tenía las de ganar, pero debía pensar bien cómo hacía y decía las cosas, no podía perder los estribos.

—No te culpo porque tú compraras todo el alcohol de anoche, beberlo fue decisión de cada uno — argumentó el moreno de golpe. Se sorprendía a si mismo de o fácil que le estaba resultando controlar sus emociones.— Sin embargo, no entiendo qué motivo tienes para ocultar lo que ocurrió y mentirme deliberadamente.

Tsukishima dibujó una sonrisa ladeada en su rostro y guardó silencio. Se sentía poderoso por conocer aquella información que tanto intrigaba al rey de la cancha, pero lo cierto era que no se la guardaba por aquel motivo. Lejos de lo que cualquiera pudiera pensar, tenía intereses más personales para ocultar aquella información.

—No vas a decir nada ¿verdad? — Tobio lo sabía, no necesitaba más que leer la mirada del rubio para saber que no iba a abrir la boca, pero tenía un as en la manga.— Tengo un DVD con todo lo que pasó ayer noche en el Karaoke, no te necesito para nada, solo apelaba a que tal vez fueras un buen tipo.

La cara de Kei viró de color, ya no podía preocuparle menos el capitán del Nekoma. Toda la confianza que tenía en él mismo parecía haber desaparecido con aquella última frase del moreno. No podía dejarle ver aquel DvD, debía robárselo antes de que lo viera a costa de lo que fuera.

—Como si fuera tan importante lo que ocurrió— mintió el rubio tratando de disimular lo mucho que aquello le afectaba. Imprimió una sonrisa falsa y empujó ligeramente a Kageyama con el hombro al pasar por su lado, acercándose al capitán del Nekoma y alejándose del miembro de su propio equipo.

—¿Estás bien? —escuchó Kageyama que Kuroo le preguntaba a Tsukishima como si él realmente hubiera estado tan violento. Pero al moreno le daba igual.

Kageyama subió las escaleras, tenía intención de relajarse y dejar de pensar en el conflicto con Tsukishima. No importaba realmente lo que pudiera decir, o quizá sí, pero no merecía la pena romperse la cabeza con ello. Entró en la habitación y se fijó en que el futón de Shôyô había sido recogido y que se estaba poniendo unos zapatos.

— Daichi ha dicho que quiere hablar contigo — dijo Hinata sin levantar la mirada de sus pies. Se estaba atando los cordones, pero si no le miraba era porque seguramente seguía molesto, o aquello pensó el moreno con cierta desazón.

—Hinata — pronunció su apellido con claridad, con la mirada fija en él. Esperaba el día que se sintiera suficiente cerca de él cómo para poder llamarle por su nombre de pila.

Shôyô levantó la cabeza despacio, fijó su mirada en los ojos de Tobio sosteniéndosela. Kageyama guardó silencio, como encerado en la mirada del pelirrojo. Algún día le diría lo que sentía por él, confesaría sus sentimientos y después de un educado rechazo por parte de aquel chico se retiraría a asumir su derrota, pero aún no estaba listo para aquello.

—¿Qué? — preguntó ante el pelirrojo.

—No importa, solo…— Kageyama tragó saliva y respiró hondo, — gracias por acompañarme hoy.

Si se hubiera quedado cinco segundos más quizá hubiera visto cómo aquella película de enfado que envolvía a Hinata desaparecía, pero el capitán del Karasuno le buscaba y no quería hacerle esperar más.

NA: Siento terminar metiendo cosas de TsukiKuro que en realidad no pegan en esta historia, no se volverá a repetir, pero es que OTP, babes.