NADA DE ESTO ME PERTENECE LOS PERSONAJES SON DE NICK YO SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola! ¿como están? Yo aquí feliz subiendo el tercer capitulo de esta historia que ha tenido un recibimiento demasiado bueno y eso me emociona demasiado ¡Espero este capítulo también les guste mucho!

Muchas gracias a:

Nieve Taisho, alwayswlove, Valeria Grayson, lupita leal, LegendOfHako, .16, kyubute.

por sus hermosos comentarios en donde me demuestran todo su hermoso apoyo que me da ánimos para continuar con esta historia ¡Son increíbles! muchas gracias

¡Y aquí está!:


Capitulo 3

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Las coincidencias no existían.

Toph lo sabía, y solo por eso aceptó guiar al mocoso ese a Ba Sing Se. Pero no iba a confiar en él. Por ahora simplemente se limitaría a guiarlo y rezar por no encontrarse con los Guerreros del Agua (¿Dragones? ¡Ja! A ellos no les temía nada)

Se levantó bien temprano esa mañana, sin apenas haber dormido por la noche, metiendo sus cosas en la mochila y saliendo de la posada ¿Qué demonios estaba haciendo?

—¡Buenos días!—saludó Adam. Tenía una radiante sonrisa de impaciencia por emprender su viaje lo más pronto posible.

—No digas nada o me arrepentiré—fue su saludo matutino—¿Traes todas tus cosas?—preguntó.

—Sí.

—Muy bien, vámonos.

Adam entendió que ella estaba guiándolo a reticencia, por eso caminó en silencio a su lado. Las personas salían a las calles para charlar, caminar o hacer sus compras diarias, el ajetreo de Omashu ignoraba que dos personas importantísimas para detener la rebelión estaba empezando un viaje hacia sus destinos.

Salieron de la ciudad. Los Guardianes los detuvieron para ver sus papeles y les preguntaron la razón de su viaje.

—Iremos a Ba Sing Se—fue la respuesta de la Bandida Ciega.

El Guardia frunció el ceño.

—¿En barco, imagino?

—¡Obviamente! No somos unos locos suicidas.—hablaba con un sarcasmo muy marcado—¿Qué compañía nos recomienda?

—Les recomendaría los Maestros Agua, claro. Ellos son excelentes navegantes y podrán guiarlos con seguridad—el Guardia notó los ojos blancos de la chica—¿Usted es ciega?

Rodó los ojos.

—Sí, señor. Como ve mi pareja me guiará—y agarró la mano de Adam.

Adam tragó duro cuando sintió la manita pálida de la bandida ciega sobre la suya. Había escuchado esas explicaciones impresionado y no reaccionó hasta ese momento. El Guardia asintió, les dio otras recomendaciones más y los dejó salir de la ciudad. Caminaron agarrados de la mano hasta la mitad del puente, donde Toph estaba segura de que ya no los veían.

—¡Suficiente teatro!—soltó su mano rápidamente—Cómo odio los guardias…

—No iremos en barco ¿Verdad?—eso era lo que en realidad preocupada a Adam.

—¡Por supuesto que no!—Toph suspiró, aquél chico no entendía en absoluto la forma de viajar por el mundo—Si les dijera que vamos a cruzar el reino perdido jamás nos hubieran dejado salir de la ciudad.

—Pero tu lo haces todo el tiempo.

—Yo me saltó el muro—se encogió de hombros—Pero ésta vez… creo que no volveré a Omashu.

—¿En serio?—Adam comenzó a sentirse culpable ¡Quizá por él ya no quería volver a su ciudad!—Pero, es tu hogar.

—Yo no nací en Omashu ni crecí ahí, si a eso te refieres. La tierra es mi hogar y donde haya tierra estaré en casa—afirmó, como orgullosa maestra tierra—Ahora camina que no tenemos todo el día.

Adam simplemente la siguió.

Caminaron lentamente por la vereda hasta que Toph lo detuvo. Ella entonces lo desvió hacia un camino a través de un espeso bosque. No había ningún tipo de sendero, la chica se guiaba por las vibraciones que sentía a través de sus pies. Adam la seguía sin hacer cuestiones, confiaba en ella para guiarlo al Reino Perdido y además, tenía la extraña corazonada de que ella jamás lo iba a traicionar. Había aprendido los últimos meses a hacerle caso a sus instintos.

Toph no habló en el camino que llevaron hasta que el viento enfrió.

—Bandida Ciega—la llamó—Está anocheciendo ¿Cree que debamos acampar?

—Sí—dijo, pero cerró los ojos concentrándose en las vibraciones—Más adelante hay un río. Será más seguro.

—Como usted diga.

Conocía perfectamente esa ruta. El río era donde usualmente paraba a descansar cuando se iba a sus excursiones. Estaba asombrada. Habían caminado todo el día a un ritmo bastante apurado y Adam no se quejó. No dijo una sola palabra ni aminoró el paso. Ella pensaba que tardarían dos días en llegar al río. Si Adam seguía siendo tan rápido caminando como hasta ahora, probablemente no tardarían dos meses en llegar a Ba Sing Se, si no menos.

Esa ilusión casi desapareció cuando, llegados al río, Adam se dejó caer sobre el suelo.

—¡Al fin!

Ella frunció el ceño.

—¿Estás cansado?—ella como Maestra Tierra caminaba por horas sin cansarse. La conexión con su elemento le hacia que caminar fue más fácil. Y Adam era un Maestro Tierra.

—No en realidad—fue su respuesta, mientras se sentaba—No me canso al caminar. Pero no me gusta hacerlo.

—¿En serio? ¡Pero si es parte de nuestro elemento!

Adam se encogió de hombros.

—Lo sé… pero no es de mi agrado.

En eso sintió que se ponía de pie y caminaba hacia el río. Escuchó el ruido del agua cuando sumergió su cuerpo entero entre la corriente acuática.

Adam se sentía feliz. Había dejado la mochila en suelo seco y también buena parte de sus ropas. Al ser su acompañante ciega, podía refrescarse en el agua luciendo sus tatuajes sin ninguna preocupación. Además no había nadie cerca, sus poderes así se lo decían.

—¿No viene, Bandida Ciega?—le preguntó—Está fresca.

—No—Toph no sabía nadar y a ella no le gustaba mucho sumergirse en los ríos, así que solo se colocó en la orilla y dejó que el corriente de agua mojara sus pies—Aquí estoy bien.

Adam simplemente se encogió de hombros, nadando un rato más.

Toph se dejó relajar. El agua le traía buenos recuerdos de sus amigos. Años atrás, cuando tenía doce, ella había realizado una pequeña incursión en la montaña—a escondidas de sus padres, quienes pensaron que fue de visita a la ciudad—con los príncipes de las Tribus Agua y de la Nación de Fuego. Iba también su mejor amigo, Aang, al que ya sabía Avatar. La incursión la habían planeado los Monjes para que la amistad entre el Avatar y los niños nobles fuera más estrecha, y también pudieran perfeccionar sus habilidades elementales.

Poco más de un mes se pasaron entre largas caminatas, bromas, peleas, risas y muchas aventuras. Cuando regresó a casa nunca más volvió a ser la misma. Sentía que la montaña la llamaba y cada vez que podía se escapaba de sus padres. La oportunidad perfecta de regresar a la naturaleza se presentó cuando la creyeron muerta. Pero ahora, con Adam, sentía que estaba volviendo a ser la misma de antes y que había perdido el camino hacia su independencia. Una cosa era segura: ella había cambiado. Y odiaba reconocerlo.

Adam salió del río después de casi una hora, con mucha hambre y cansancio. Comió frutas que había guardado en su mochila y construyó una sencilla tienda de campaña con tierra igual a la de la bandida ciega. Ésta comía trozos de carne seca y le ofreció.

—No, gracias—rechazó amablemente.

—¿No te gusta la carne?

—Soy vegetariano.

Toph asintió. Ella ya sabía que le iba a dar esa respuesta.

—Descansa, mañana deberemos caminar aún más.

-o-

En el Templo Aire del Este, cercano a la ciudad de Ba Sing Se, vivían una gran cantidad de sacerdotisas así como los Monjes sobrevivientes del Templo Aire del Sur. No habían querido restaurar ese bello templo después de la masacre ahí acontecida. Estaban seguros que muchos espíritus se negaban a irse y las energías se habían alterado.

—Pueden quedarse el tiempo que necesiten, ya sabe—le dijo la sacerdotisa Yodora al Monje Gyatso.—Si quieren pueden irse a los demás Templos. Todos estamos conscientes de su tragedia y aceptaremos la decisión que tomen.

Gyatso había sido el protector del Templo Aire del Sur y a la muerte del Monje Jo, líder del Templo, ascendió a ese puesto. En condiciones normales Gyatso ya hubiera mandado a los demás niños y monjes del Sur hacia el Templo del Norte, donde había más Monjes. Pero había decidido esperar en el Templo del Este por una serie de sueños que había estado teniendo las últimas semanas.

—Me gustaría construir un nuevo Templo en la cadena montañosa del Sur. Mantener el equilibrio de los cuatro puntos cardinales.

Yodora asintió.

—Me parece una excelente idea. Y creo que todos estarán de acuerdo ¿Cuándo quisiera empezar los preparativos?

—Me gustaría hasta el solsticio de verano—apenas estaban al equinoccio de otoño—Dejar pasar un poco más el duelo por nuestros compañeros caídos. Usted comprende.

La mujer colocó una mano sobre su hombro.

—Comprendo perfectamente—le sonrió—Un año más con ustedes será un verdadero honor.

La sacerdotisa, de canosos cabellos y piel avejentada, dejó solo al Monje para salir a meditar.

Gyatso solamente caminó hacia los establos, donde se encontraba un bisonte volador en específico. Appa gruño al verlo a modo de saludo y dejó que el anciano acariciara con cariño su pelaje; Momo, el lémur volador, descendiendo desde las torres para reposar sobre el hombro de Gyatso.

—Sé que lo extrañan—dijo, con voz calmada—Pero aquí estamos nosotros los vivos para cuidarlos.

Appa había sido el bisonte volador de Aang, su compañero imparable desde que eran unos niños, ambos. Momo no llegó a la vida del Avatar hasta que fue un adolescente de catorce años. Pero de igual forma se ganó un lugar en su corazón.

A la muerte del Avatar, ambos animales demostraron tristeza y desconcierto. Gyatso se había encargado de cuidarlos, pero no solo.

—¿Noticias nuevas?—preguntó el monje, cuando sintió pasos a sus espaldas.

—Nada interesante—fue la respuesta de Sokka—Ya sabes, mi hermana de necia ha mandado un escuadrón alrededor del muro. Dice que tus visiones deben ser ciertas.

—Probablemente lo sean—dijo, volteando a verlo—O quizá sean solo sueños raros de mi gastada imaginación.

—¡Exactamente!—Sokka sonaba frustrado—Pero dile eso a ella. Está más ensimismada en su mente que el propio Zuko.

—¿Debo tomar eso entonces como que ella se fue a resguardar el muro?—preguntó, con una sonrisa. Ya conocía la respuesta.

—¿Me lees el pensamiento o qué?—replicó Sokka—Partió ésta mañana. No pude detenerla.

Momo voló hacia Sokka por el durazno que él le ofrecía. Se posó sobre el hombro del moreno, comiendo de su fruta con tranquilidad.

—Pensé que se llevaría a Appa.

—Me pidió que se lo llevara en unos días—agregó Sokka—Como si no tuviera suficientes problemas dirigiendo mis tropas al norte.

—¿Y por qué vas al Norte?

—Papá me pidió refuerzos—suspiró—Atacaron nuevamente el Polo Norte. Debo ir a darles una mano.

—Mucha suerte con eso, joven amigo.

—Gracias.

—Y sobre tu hermana…

Sokka se quedó callado, esperando la respuesta del sabio anciano.

—Yo mismo le llevaré al bisonte en dos días y trataré de tener una charla con ella.—cerró los ojos—Intenta comprenderla un poco más. Hay heridas que tardan más años en cerrar.

Sokka lo sabía, pero eso no lo hacía más fácil.

—Todo mejorará.

Fue lo último que dijo el Monje. Sokka intentó aferrarse a ese pensamiento mientras partía con sus tropas al Polo Norte.


¡Ya salió Sokka! se que es poco por ahora pero las cosas se irán aclarando más de poco en poco. El próximo capítulo veremos a más personajes,

nos vemos!

chao!