- ...me vine de Escocia, busqué donde vivir y eso es todo, por eso estoy aquí.
- Hermano, la cagaste..
Los ojos azules del interlocutor se clavaron en el tipo medianamente alto de cabello castaño y ojos cafés que sostenía una copa y lo veía con burla.
- No necesito tus sermones, esta bien? Suficiente tengo con los de Richard y otro tanto con los de mi madre.
- Es que piensalo, ir sin mas a verte con esa golfa teniendo a Candice embarazada... Es un milagro que tu suegro no te haya ido a buscar para por lo menos partirte todo lo que tienes por jeta.
- Se puede saber de donde estas sacando esas palabras? Qué significa "jeta"?
- La cara!
- Dile a Dolores que ya no te dé clases de español, por favor. Te está enseñando solo sandeces.
- Dime lo que quieras... está en el diccionario! Y, cuando le vas a decir a Candice que estas en la ciudad?
- Ya te dije que no sé!
- Tú crees que vas a pasar inadvertido mucho tiempo? El día menos pensado te van a sacar una foto y la van a publicar mínimamente en el New York Times... No puedes pasarte la vida encerrado!
- Llevo tres meses así, no es cierto? De igual modo me puedo esperar otros tres mas!
- Vas a parecer de esas mini-lagartijas blancas que se paseaban en el hotel de Los Cabos.. Ya pareces cadáver.
- Neil!
- Es que no entiendo. Tienes a tu mujer en un edificio de mala muerte en Queens, tu casa y departamento invadidos, ya nació tu hijo hace como tres semanas, no sé que diablos estas esperando.
- Ella va a solicitar el divorcio, yo lo sé.
- Pero para qué quieres el divorcio!? Yo sé que si te dispones ella puede perdonarte, ni que te hubieras acostado con aquella!
- Me estás dando dolor de cabeza! Callate ya!
- Puedes odiarme por decirte ésto, pero eres humano Terrence, se te fueron las cabras al monte por una ocasión, es todo. Estas flagelandote y a ella seguro que también. Qué ganas con divorciarte? Yo te voy a decir qué pierdes: en primero una esposa que ha sido ejemplar. En segundo, un hijo o hija, qué se yo que haya tenido y la oportunidad de verlo crecer y formar parte de su vida. En tercero, vas a perder la herencia de tus abuelos aristócratas.. Y te digo el cuarto? Tu felicidad. Así de sencillo. Aunque tu felicidad debería ser lo primero, parece que es lo último para ti ahora. O dime, vas a ser feliz el día que ella se encuentre a un tipo que la enamore, que reconstruya los pedazos que tú le dejaste por vida? En serio que no tienes madre!
Terrence deseó con todas sus fuerzas darle un derechazo al tipo que durante los últimos cinco años se hacía llamar su amigo. En la Universidad apenas se toleraban, pero después de ocho tragos de whisky hasta los recelos se le iban al suelo. Se lo había topado en Los cabos, un lugar turístico de México hacía seis años y desde entonces se dio cuenta que no era tan pusilanime como creía. Un encuentro en Chicago cinco años atrás y comenzaron a charlar sobre política.. Increíblemente opinaban casi igual.
- Con mi madre no te metas!
- No entiendes nada, ¿verdad? Solo una cosa más te voy a preguntar: ¿quieres a Candice? De tu respuesta dependerá tu felicidad.
El castaño solo echó la cabeza hacia atrás. Estaba hastiado de todo, incluyendo de sí mismo. Hubiera querido decir que lo de Susana fue algo momentáneo o impulsivo, pero de sobra sabía que hizo cosas que no debió.
- Te dejo Stear.. Chelsea no tiene mucha paciencia con los bebés e Isabella no tiene paciencia tampoco con ella.
- Te acerco a tu casa?
- No será bueno que vean un coche como el tuyo por allá. No es un barrio muy seguro.
- Eso quiere decir que tu apariencia es para despistar?
Candice entornó los ojos. Si, se veía pésimamente, pero ya había conseguido algunas entrevistas de trabajo y no creía tener que vivir en ese sitio mucho tiempo. Iba en algún momento a usar su ropa fina, las zapatillas que tenía abandonadas. De algo servía haber tenido un buen status antes y que Terry le comprara solamente cosas caras. No iba a parecer pordiosera en esa empresa de construcción. Gracias a Paty que su marido tenía buenas relaciones de trabajo con otras empresas que en nada tenían que ver con los Grandchester.
Pensar que cuando paty tenía 20 años se había encaprichado con su amigo Stear, que era cuatro años más chico que ella y un año y medio mayor que Candy.
Menos mal que se había topado con Thomas antes de que Stear se volviera una obsesión para ella. Pero por muy poco...
- Vas a tu departamento, y de ahí, qué harás?
Candy lo miró con una expresión seria, con algo de pesar si acaso.
- Voy a hablar con Richard. Voy a solicitar el divorcio. No tiene caso Stear, si a Terry yo le hubiera importado, siquiera me habría dado una explicación. A veces pienso que albergo alguna esperanza, pero no. Quizá lo nuestro iba a acabar tarde que temprano. Yo no soy una mártir... No podría más.
Stear la miraba con ternura, pero también la admiraba. Sufrir semejante calvario por culpa de un tipo que siempre creyó honorable, pero que había resultado ser solo un patán! Qué sorpresas daba la vida!
Por insistencia de ella no la llevó a su casa, así que llegó a su departamento e hizo lo que siempre solía hacer: encender la computadora y abrir su correo electrónico. Entre sus múltiples mensajes que todavía tenía por leer estaba uno que le intrigó... Lo abrió y se quiso caer de espaldas. Era una foto de Susana.. Estaba a todas luces embarazada. Muy embarazada..
Regreso a 1992
El ladrido de coqueta pasando con arbitrariedad por un lado de ambos los sacó del abrazo. Una perra samoyedo de dos años que la tía de Candy amaba casi del mismo modo que a sus hijos: Annie de casi 14, Jimmy de 12 y Daniela de 10.
(La tía se había quedado viuda a la edad de 32 años, cuando Daniela tenía solo 3 años. En ese momento todavía era bastante atractiva y ni que decir bonita, pero no quiso rehacer su vida con ningún hombre. 7 años habían pasado y muchas depresiones con ellos y ahora aunque era autosuficiente, se había descuidado en su aspecto, subiendo demasiado de peso.)
- Estas bien? -lo oyó preguntar. ¿De que hablaba?
- Coqueta... -reaccionó ella, abriendo sus ojos con preocupación- Coqueta se ha ido a la calle y me mata mi tía si se la lleva alguna camioneta de control animal..
Salieron de la casa gritándole a coqueta que se había echado a la carrera detrás de un camión repartidor.
- Carajo! -maldijo. Coqueta siempre se escapaba. Debía de haberla dejado en el patio cerrado de la casa.. Olvidaron atrancar la puerta. Dany siempre la dejaba entreabierta.
Se tuvieron que valer de varias artimañas para alcanzarla y poderla tomar del collar. La agilidad de Albert y la fuerza de sus manos alcanzaron someter la algarabía de la traviesa mascota.
- No traigo la correa -masculló ella. Llevarla así iba a ser muy complicado. Pero él no se notaba contrariado, al contrario, se veía bastante divertido. Sus mejillas se notaban ligeramente sonrosadas por la carrera, sus ojos brillaban y se hacían los pequeñitos hoyuelos en sus mejillas.
- No pasa nada... -contestó él- no se me irá de las manos, no te preocupes.
- Si mi tía no la quisiera tanto como quiere a mis primos... No me quiero arriesgar a que me de una zurra como cuando tenía 6 años!
- ¿Te daba de nalgadas muy de seguido? -preguntó él divertido.- No pareces una chica muy traviesa.
- Traviesa... Traviesa... -y luego cayó en cuenta- pues si, si fui demasiado traviesa de niña, pero yo diría que algo muy normal. Nada como incendiar la cochera o esas cosas, pero sí me gustaba hacer cosas arriesgadas.
- Arriesgadas cómo?
- Pues, subirme a la rejilla de la casa para acceder a mi cuarto o escaparme de él cuando mamá me dejaba castigada. Cosas así.
- Entonces eres una rebelde...
- Me escapé solo dos pares de veces. De ahí mi mamá tuvo que considerar eliminar la rejilla. No digo que soy rebelde, pero me gusta mi libertad.
- Muy interesante... Muy interesante...
Ella tuvo que voltear a verlo. ¿Estaba burlándose de ella? Sus ojos no tenían ningún rastro de burla, quizá algo de curiosidad.
- Entonces, para ti puede ser interesante una niña que se sale de su casa?
- Quizá si te digo que yo jamás hice algo así… creo que la peor travesura que hice fue robarle unos caramelos a mi abuela… y me parece que ella los dejó ahí a propósito.. supongo que siempre me consideraron muy formal.
- ¿Podría ser indiscreción preguntarte cuantos años tienes?
- No, tengo 22.. y.. yo quería preguntarte otra cosa..
- Tú dirás..
- ¿Cuál es tu nombre?
Candy sintió que los colores se le iban al rostro después de un par de segundos. Recordó haberlo llamado Albert el día anterior y desde luego que él no se lo había dicho. Había cometido un error.
- Mi nombre es Candice, aunque todo mundo me llama por su diminutivo: Candy.
- ¿Y tú como prefieres que te llamen?
- Creo que Candy está bien.. pero en algún momento me voy a sentir una niña si me si me siguen llamando así.
- ¿Tienes un problema con tu edad?
- Creo que el típico de todas… a veces me tratan como niña pequeña y yo me siento demasiado asfixiada cuando eso pasa, la escuela es un fastidio. Si me preguntas te diré que todas mis amigas pasan por lo mismo.- ¡Bravo! ¡No le había referido que ella lo llamara por su nombre el día anterior! Una vergüenza menos.
- Me estás volviendo a intrigar… ¿tienes hermanos mayores?
- Soy la más pequeña de mi casa…
- Eso pensé. -dijo con una media sonrisa.
- ¿Soy un cliché, acaso?
Él enarcó una ceja. ¿Cuándo había oído a una adolescente usar esa expresión? Nunca. Definitivamente nunca.
- ¿Qué quieres decir?
- Que si por ser la más pequeña de mi casa voy a representar la chica rebelde que tiene hambre de libertad, a la que sus hermanos, padres y amigos celan y que no quieren ver crecer. –contestó, deteniéndose en el camino. Él también se detuvo. ¡Qué osadía de esa chiquilla!
- ¿Te molesta?
- Te puedo decir que no me hace feliz. –y volvieron a caminar mientras ella contestaba.
- Pero me acabas de decir que en algún momento el diminutivo de tu nombre te va a hacer sentir que eres una niña.
- Te dije que mi nombre es Candice y que Candy me resulta demasiado infantil, o eso traté. Soy una chica muy bien portada, tengo buenas notas en la escuela, hago deporte, tengo muy buenos amigos. No soy una chica rebelde, aunque tampoco me gusta que me digan niña. Y otra cosa, mis padres no me celan. Creo que mi único problema con ellos es que quieren que tenga más vida social, por eso se inscribieron en el club.
- ¿Quieres decir con ello que quieren que madurez antes de tiempo?
- Quiero decir que ellos saben que no es correcto sobreprotegerme, quieren que tenga mayores opciones, que tenga un criterio más amplio, que no me encierre en una burbuja y sea infantil. Eso mismo quiero yo. Con lo único que tengo problema es con la ropa… he crecido más de lo que ellos esperaban y la ropa que tengo se ve demasiado pequeña, lo único que mis padres tienen poco tiempo para acompañarme a hacer las compras y yo soy muy quisquillosa con esas cosas, no me gusta apresurarme solamente por gastar.
- ¿Y quién te trata como niña entonces?
- ¿Tengo que decirlo? Mis tíos, mis maestros, mi abuela paterna, mi hermana Paty, los chicos de mi calle…
- ¿Algún muchacho?
Ella lo miró, quedándose sin palabras. Bingo!
- Espero que no. Sería pésimo. –contestó al fin.
- Así es, creo que sería pésimo. –y él fijó sus ojos en una de las aceras de la calle- Bien Srita. Candice, creo que será mejor que le traigas la correa –aconsejó. Ya estaban a pocos metros de la casa.- Coqueta tiene deseos de correr un rato. Será bueno brindarle ese tipo de actividad.
- ¿Y la clase de baloncesto?
- Creo que nos hace falta calentar un poco antes… una buena carrera sería estupenda.
Genial! No solo tenía que echarle en cara uno de sus complejos con la edad, aparte tenía que lucir sudorosa, agitada, pegajosa y después de una carrera de ese tipo, seguramente sin fuerza para ser una buena contendiente (sin contar que el cabello se le iba a esponjar más, eso pasaba cada vez que le daba por correr). Estaba bien, fuera todo glamour y deseo de impresionarlo, ya con una imagen de esas seguramente habría perdido.
- Deja se la pido a mi tía –contestó resignada, entrando a la casa y buscando lo que él le había pedido.
Él mientras tanto, la miraba entrar a la casa, sin poder evitar de nuevo admirar sus estilizadas y largas piernas, enfundadas en un jean que le quedaba algo entallado; su trasero también era de admirar, de un tamaño perfecto y curvatura de miedo, seguramente las minifaldas le lucirían fenomenal. La blusa de tirantes no mostraba menos sugerentemente sus curvas. Lo único que le hacía pensar que no estaba tratando de impresionarlo eran esos espantosos tenis.. madre mía, eran verdaderamente feos.
Esa chica le estaba pareciendo mucho más que interesante. Tenía que saber que todo lo que le dijo no era una pose solamente. Se iba a ir al día siguiente, así que debía aprovechar todas las oportunidades esa tarde y quizá, solo quizá, conseguir algo más que una sonrisa de gratitud al despedirse, su número de teléfono sería mucho más conveniente. Pues bien, srita. Candice, habías llamado la atención de él desde ese día, ya verían que tanto lo seguirías haciendo cuando llegara a finalizar.
Muchas gracias por seguir este fic, me emociona cada vez que puedo leer sus reviews. Como se han dado cuenta, ni Terry ni Albert han definido todas sus intenciones con Candy, El primero, parece haber tenido sus razones para irse, aunque suenen demasiado vagas. El segundo apenas está comenzando a mostrar interés en una chica que es varios años menor que él. Siganme escribiendo para saber que tal les ha estado pareciendo, yo tomo en cuenta cada review y cada PM (private message) que ustedes me envían.
Mis agradecimientos a Clau Ardley, Florcita, derby, Lady Blue, Friditas, a mi amiga CandyFan72, Laura GrandChester, maria1972, sayuri1707, clauseri, darby, Marce, yuukychan, Guest, Lu de Andrew por cada uno de sus reviews.
SALUDOS, BESOS Y BENDICIONES DESDE MÉXICO.
*AnaEdith*
