Capítulo III

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"Así que esa es la verdad tras todo esto". Respiré aliviada, casi una hora de explicación había logrado tranquilizarme en parte, y digo en parte, porque ahora, sabía a lo nos enfrentaríamos.

"Así es, aparentemente tanto la tradición mágica como la tradición guerrera de su familia se habían perdido a través de los siglos, la prueba es el mal estado en que se encontraba aquel libro que ha pasado de generación en generación a las mujeres de esta familia, con la energía necesaria para invocar al Servant predestinado para usted, Crusader, una clase única de Servant, que combina tanto el poder mágico de un hechicero como la fuerza combativa de un guerrero. Sin embargo, aunque usted nunca recibió la educación mágica adecuada, su energía fue lo suficientemente poderosa como para permanecer en estado de latencia todo este tiempo y salir a la luz cuando encontrara un catalizador, es decir, aquel libro, sumado a la energía vital de su sangre derramada sobre las páginas, pero por esa misma razón, usted no pudo controlar tal cantidad de energía y esta terminó por salirse de control".

"Ya veo". Su explicación había logrado aclarar casi todas mis dudas exceptuando una. Levanté mi vista y la miré directamente a los ojos.

"¿Master?"

"Yo ya sé quién soy, pero… ¿Y tú? Porque no creo que 'Unmei' sea tu verdadero nombre. ¿O sí?". Mi pregunta tomó totalmente desprevenida a aquella chica.

"En efecto, no lo es, sin embargo, lo siento mucho, pero no puedo decirle mi verdadera identidad, ni mi verdadero nombre, ya que aunque no recuerde más que fragmentos de mi pasado, permitirle enterarse de aquellos supondría un gran peligro para su vida, puesto que cualquier Servant enemigo podría ir por usted para obtener esa información. Sólo me limitaré a decirle que mi existencia no es de este mundo, sino de un universo paralelo".

"Mmm, está bien, no te obligaré a decirme algo que no deseas, pero en fin, supongo que me limitaré a llamarte Unmei". Le sonreí, después de todo, aquella chica había salvado mi vida.

"Siendo que ahora la Guerra por el Santo Grial ha comenzado, creo que deberíamos de hacer…"

"Nada". Le interrumpí.

"¿Nada?"

"Así es, nada. Es decir, es un verdadero misterio la razón por la que logré invocarte tomando en cuenta que, inclusive aunque ganáramos esta guerra, yo no deseo absolutamente nada del Santo Grial, aunque si tu deseas algo, no me opondré a tus esfuerzos por conseguirlo, ya que después de todo, me salvaste la vida y supongo que esto es lo mínimo que puedo hacer por ti, sin embargo, no cuentes conmigo si tu plan es dañar a alguien más en el proceso de cumplir tu deseo". Le expliqué, ella había quedado sorprendida, definitivamente no se imaginaba que yo le daría esa respuesta.

"Esta bien, si esos son sus deseos, no me opondré a ellos; igualmente, no deseo nada del Santo Grial, o más bien, lo que yo deseo, no puede concedérmelo el Santo Grial".

"…" No pude decir nada, notaba como su mirada transmitía tristeza, no quise entrometerme, no deseaba herirla aún más a causa de mi curiosidad. No sé por qué, pero muy en el fondo, la comprendía, porque en efecto yo tampoco era feliz, y dudo mucho que una reliquia pudiera darme aquello que me hacía falta. Ella notó que yo igual comenzaba a entristecerme, y rápidamente trató de cambiar el rumbo de la situación.

"Entonces… únicamente usaremos la fuerza para repeler cualquier ataque que signifique un peligro para nosotras".

"Y en caso de ganar esta guerra, creo que sería prudente pedir que el Santo Grial se destruyese, así nadie más tendría que sufrir a causa de la ambición de otros por obtenerlo". La chica asintió ante mi comentario.

"Entonces será como usted desea, Master"

"¿Master?". Comenzaba a hartarme de esta palabra.

"¿Disculpe, acaso dije algo malo?"

"No, no es eso, sólo que… no me llamo 'Master'". Sonreí ampliamente.

"Disculpe mi descortesía, ni siquiera he tenido la delicadeza de preguntar por su verdadero nombre".

"Alicia… Alicia Ducati". La chica quedó impactada.

"¿Alicia?"

"¿…?" No entendí el por qué de su reacción.

"Es sólo que… es un bonito nombre".

"Gracias, Unmei". La chica sonreía ampliamente, pero de nuevo, aquella mirada triste había regresado a sus ojos.

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Continuará…