Los personajes de Hey Arnold le pertenecen a Craig Bartlett.

Hola a todos, otro domingo, otra actualización. Esperaba con ansias este día, hoy es mi último día de trabajo intensivo de vacaciones de invierno, ando rogando porque en mi ciudad se largue a llover para suspender la actividad y sólo tenga que hacer acto presencial, el cielo está horrible, pero sólo falta que caigan las gotas de agua.

Este capítulo en particular tiene dos referencias, una de ellas es la canción que canta Helga, es una versión traducida de Go Let It Out de la banda Oasis, lo gracioso es que siempre he odiado esta banda, pero esa canción representa mucho los años 90, que es una época marcable de este cartoon y por supuesto de mi propia vida también.

La otra referencia es una imagen que realicé y que proviene del arte caligráfico que fue hecho por Helga en Internet, personalmente me hubiese gustado hacer algo por mi propia cuenta ya que he realizado trabajos así en la universidad, pero como bien saben, la caligrafía no es el mejor arte para los zurdos, y yo soy una. Pueden encontrar otras referencias buscando por Google "Caligrafía expresiva" y tendrán una idea aproximada de lo que se trata esta imagen artística.

Como en el capítulo 1 para ver la imagen deben copiar el texto a continuación, agregando un http al inicio y un net luego entre el punto y la barra que se encuentra entre deviantart y el e337.

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Ahora sí empecemos.


Capítulo 4: Terminación

Una molesta mezcla entre frustración y pesadez recorría por su garganta, con la respiración densa y un dolor decepcionante dentro de sí. Pensamientos y posturas que recorrían en su mente y hacían un revoltijo de conceptos, de palabras, de pesares. Sentimientos y arrepentimientos, reflexiones sin cesar iban recorriendo en la cabeza de Arnold que iba camino hacia su casa luego de salir de la preparatoria. No se veía muy bien, por el contrario parecía muy serio y hasta desilusionado. ¿Qué había pasado con el chico positivo de siempre?

Todo había sido a causa de un suceso ocurrido no hacía mucho en la preparatoria, a casi horario de salida de clases.


Inicio Flashback

La campana de fin de cursada había sonado, dando por finalizadas las clases el martes. Arnold salió de la clase de Matemáticas para ir a buscar a su mejor amigo Gerald que estaba en Música por lo que hizo un largo recorrido por la preparatoria para ir a buscar a su mejor amigo con una sonrisa pues parecía tener un plan para ir con el moreno.

Fue entonces cuando lo encontró a este saliendo con expresión aburrida hasta que Arnold llamó su atención:

– ¡Gerald! – lo llamó.

Gerald se sorprendió de escuchar a Arnold llegar por lo que miró curioso y sorprendido se aproximó al rubio.

– ¡Hey Arnold! ¿Qué haces aquí? – preguntó asombrado.

– Vine para que fuéramos juntos al bar que está por aquí… hoy toca una banda del barrio, creo que es de rock sinfónico. Habíamos dicho que iríamos allá después del examen de Química. – dijo sonriente el rubio Cabeza de Balón.

Gerald no se esperó esa respuesta, incluso expresó un poco de incomodidad por el comentario mirando hacia un costado y diciendo un poco incómodo.

– ¿Era hoy…? – preguntó llevándose una mano detrás del cuello y luego suspiró para decirle a Arnold – Lo siento Arnie… pero hoy saldré con Phoebe. –

Arnold de alguna forma se esperó aquella reacción de su mejor amigo, pero como él era insistente y positivo intentó solucionar el posible malestar que podría darle dicha negación:

– ¿Entonces qué te parece si vamos mañana o el jueves? O mejor el viernes, solo un rato antes de irnos a preparar para la fiesta de tercer año. – propuso.

Sin embargo Gerald no se veía muy convencido, por el contrario parecía un poco incómodo y Arnold lo notó, conocía muy bien a Gerald y era difícil que le ocultase algo. No fue para menos que Phoebe apareció un tanto más lejos de los dos muchachos, la oriental llamó la atención de Gerald saludándolo con una sonrisa por lo que Gerald notó esto y saludó a Phoebe haciendo una seña de espera a ella y luego se voltea hacia Arnold y le dice:

– Lo siento viejo, pero estaré toda la semana con Phoebe. –

– ¿Toda la semana? – preguntó Arnold asombrado, sin poder creerlo – Gerald… entiendo que sea tu novia… de hecho siempre te dije que Phoebe es muy agradable y buena pareja para ti, pero ¿De verdad en serio tienes que pasar todo el tiempo con ella? Phoebe también tiene a sus amigas… –

Claro la mejor excusa para reclamar a su mejor amigo por su atención, aunque Arnold tenía razón… y el hecho de que ahora se sintiera mal era más que justificable.

– Si lo dices por Helga también tiene a Melody y Rebecca… – aclaró Gerald y entonces dijo – Perdón Arnold, es que luego de lo que tú ya sabes que pasó queremos recrear más tiempo juntos ¿Entiendes? –

Arnold meditó un poco la respuesta sin dejar escapar sus pensamientos internos terminó respondiéndole:

– Está bien comprendo ¿Qué te parece si la semana próxima arreglamos algún plan? – propuso el rubio.

– No lo sé… – dijo dudosamente el moreno – Tendría que ver… por la semana, las tareas, y ver la disponibilidad de Phoebe para entonces. –

Ante tal comentario, el rubio contuvo un suspiro forzado y no pudo evitar decir las siguientes palabras a su mejor amigo:

– ¡Gerald! Respeto y hasta te felicito mucho por tu progreso y avance con Phoebe… pero yo también soy tu mejor amigo. ¿Te acuerdas? Ya es la séptima vez que pasa esto por este mes, siempre arreglamos un plan para salir juntos y lo cambias de último momento, si no es por Phoebe es por otra cosa… –

A Arnold si bien no le gustaba hacer esta clase de reclamos, no con Gerald, siempre había aprendido a ser muy tolerante, incluso con quienes no se lo merecían… sin embargo, eran ese tipo de situaciones recurrentes que lo hacían sentirse inseguro, un poco molesto, y hasta angustiado… por sobre todo, sentirse aún más solo de lo que estaba… porque Gerald tenía una novia que correspondía perfectamente a él, habían compartido su intimidad juntos, y llevaban cuatro años de novios… mientras que Arnold solo tuvo dos relaciones de una semana cada una.

– Arnold… entiendo lo que dices – dijo Gerald intentando tomar la postura de la situación y hablarle de frente – Tienes razón en lo que apuntas, pero tampoco puedo descuidar mi relación con Phoebe, ella tiene tanto derecho de atención como tú viejo… y hasta te diría que aún más porque si Phoebe y yo seguimos juntos podremos planear lo que ya sabes… un proyecto de pareja y demás. Pero a ti siempre te veré como mi amigo y no como otra cosa. – tomó un poco de aire y retomó – Hay otras prioridades a esta edad Arnold… ya no tenemos nueve años… hay otras cosas en las cuales pensar y hacer. Y en mi caso, luego de las intervenciones de Molly y Milton, Phoebe y yo meremos nuestro espacio… –

Arnold mostró una expresión angustiada, incluso sintiéndose un tanto… rechazado, muy dolido por el comentario de su amigo, aunque más le había dolido eso… ya no tienen nueve años, ya no era todo como antes. Peor se comenzó a sentir cuando el moreno le puso una mano sobre su hombro para intentar hacerlo sentir mejor sin mucho éxito y sonreírle tranquilamente… como si todo estuviese bien:

– Ya me entenderás cuando encuentres a la chica que te hará feliz viejo. – le dijo y entonces sonrio soltándole el hombro – Tengo que dejarte, Phoebe me está esperando. –

– Diviértanse… – dijo Arnold en un tono cabizbajo y desanimado.

Gerald sonrio y sin más se marchó para ir con Phoebe, la cual le recibió con un beso a los labios y le tomó de la mano a Gerald para irse juntos por los pasillos hasta la salida de la escuela, dándole la espalda a Arnold y dejando al pobre rubio con una mirada llena de derrota y soledad y con una horrible sensación en el pecho… recordando lo tan sólo que se encontraba.

Fin Flashback


Sí… se sentía sólo… muy solo… y mucho de esto había pasado luego de su regreso de San Lorenzo… donde todo parecía muy diferente a cuando se fue. Claro, habían sido tres años de ausencia pero nunca pensó que llegaría a ver tal cambio en sus compañeros. Ese día… recordó algo que había pasado, lo cual le revolvió en la consciencia recordando cierto diálogo de ese mismo día con cierta chica.

¿Cómo estás? ¿Qué tal tus cosas? –

Bien, bien Arnoldo. –

Me enteré que hoy sales con Raynard al terminar las clases. –

Sí ¡Pero te aclaro lo mismo que a Lewis! ¡No es una cita! ¿Entiendes? Es sólo una tonta salida que le debo como favor. –

Claro comprendo. Espero que puedan divertirse y pasarlo bien. –

Sí… seguro nos divertiremos como nunca. –

Cuídate mucho Helga. –

Arnold por amor de Dios. ¡Ya te dije que no voy a sucumbir metiéndome en drogas como lo hace Raynard! ¡Ya deja de comportarte como si fueras mi consciencia! –

Arnold detuvo un momento su marcha habiendo resonado eso en su cabeza, pensando en por qué se le vino eso a la cabeza… y fue entonces cuando pensó que alucinaba por oír la voz de Helga en su cabeza, terminó resonando cuando la escuchó por las calles junto con Raynard.

Allí estaban los dos, mientras Arnold llegó a tomar una calle, vio al frente se encontraban ellos dos, Raynard y Helga enfrentados el uno al otro, el rubio alemán estaba apoyando una mano sobre la pared mientras mantenía su mirada enfrentada a Helga, quien estaba apoyada sobre dicha pared… dando una imagen un tanto explícita en cuanto a lo que pudiesen estar conversando ambos, uno podía llegar a suponer el ver a Raynard poniendo superioridad sobre Helga quien estaba ligeramente acorralada por el otro chico, aunque tenía una vía libre, precisamente del otro brazo que Raynard no ocupaba apoyando la pared sino que por el contrario mantenía dicha mano dentro del bolsillo de sus pantalones, y por debajo de dicho brazo sosteniendo su skate.

Arnold vio con ligera curiosidad dicha imagen, no llegaba a ver el rostro de Raynard pues estaba de espaldas a él, sin embargo llegaba a ver el de Helga, quien estaba con una expresión seria y molesta además de cruzada de brazos teniendo su guitarra criolla a su lado encerrada en una funda, no era raro que se la viera así, aunque sí era raro que dejara que Raynard interactuase así de cerca.

– ¿Qué propones Pataki? – preguntó Raynard con una clara sonrisa que parecía imitar a Varick pero no le salía ni en un 10% de efectividad – Estaré a tu total disposición en agradecimiento por nuestro encuentro. –

– Me da igual a dónde me lleves… esto es sólo un favor que te debo. – dijo la rubia aún cruzada de brazos y con expresión aburrida.

– De acuerdo entonces elegiré yo aunque… – había dicho con una sonrisa para luego mirar hacia la guitarra sobre la funda – ¿Vas a cargar con eso todo el tiempo? ¿Para qué lo trajiste con nosotros? –

– ¿Y tú para qué traes tu tonta patineta? – preguntó la rubia de alguna manera de responder a su 'ofensa' o al menos ella lo veía así.

– Para desplazarme y llegar a la escuela… pero tú para qué traes el instrumento, es una carga de más, no entiendo por qué fuiste a la sala de Música a buscarla antes de salir de la escuela – insistió Raynard.

Helga emitió un suspiro forzado rodando los ojos y dijo:

– Me hace mejor compañía que tú… más bien que cualquiera… como tu tonta patineta, así que déjanos a mí y a mi capricho en paz. –

El alemán no pudo evitar reír un poco de escucharla, pues le había parecido gracioso y hasta inteligente de su parte, sí, puede que su skate era un capricho o una forma de querer alardes de su habilidad de andar sobre una tabla con ruedas.

– En ese caso puedo aceptar tu capricho, porque ya sabes que yo también tengo los míos y que de verdad… –

Helga miraba a Raynard con desagrado, estaba a punto de contestarle algo para molestarlo más pero luego dejó de oírle y sólo se escuchaba un bullicio por parte de él pues Helga se dio cuenta que a lo lejos estaba Arnold observándolos, por lo que su expresión hostil desapareció llegando a ponerse un tanto nerviosa.

Evidentemente sí, Arnold permanecía al otro lado de la calle observando a Helga y a Raynard aunque no llegaba a escuchar nada de lo que conversaban por el ruido ambiental de las calles. No obstante se impresionó en cuando Helga le devolvió la mirada y se notó nerviosa por eso, llegando a pensar en qué hacer ¿Debía irse? ¿Correr? Si Raynard se daba cuenta que los observaba probablemente tendría problemas…

Helga se preguntaba internamente qué diablos estaba haciendo Arnold ahí, y para colmo se le vino a la cabeza toda la discusión con Phoebe y la pelea con Rebecca, por lo que respiró profundo mientras volteaba a ver a Raynard que seguía hablando:

– …y mi madre decía que yo era muy chico para andar en skate y… oye Helga ¿Estás oyéndome? ¿Estás bien? –

– ¡Vámonos Raynard! – reclamó Helga.

Sin pensarlo dos veces la rubia tomó su guitarra con una mano y con la otra le sujetó el brazo a Raynard y comenzó a jalarlo lejos de allí para salir lo más pronto posible de la vista de Arnold.

– Pero… ¡Creí que yo iba a elegir el lugar! – se quejó el alemán.

– ¡Pues me arrepentí así que ahora yo digo a dónde vamos! ¡Anda! ¡Muévete! – insistió la rubia.

Y sin más se lo llevó casi a rastras, aunque Raynard no se veía muy molesto por el gesto de Helga.

Arnold por su parte los vio marcharse… era obvio que Helga se estaba llevando a Raynard para evitar que este lo viera a él… aunque cierta incomodidad comenzaba a invadir en su cabeza. ¿Helga se lo llevó para que Raynard no lo viese y lo hiciera puré haciendo una escena de celos? ¿O porque realmente Helga quiere pasar tiempo a solas con Raynard?

No pudo evitarlo, ante esos pensamientos sacudió su cabeza… ¿Por qué repentinamente se ponía a cuestionar eso? Un suspiro se escapó de sus labios, llegándole un recuerdo a su mente, sí… el mismo día que llegó de San Lorenzo, era el mismo día que Raynard había llegado a la escuela…


Inicio Flashback

Noveno grado, y su regreso a Hilwood por sí solo, sus padres se quedarían en San Lorenzo y Arnold volvería a hospedarse con sus abuelos. Luego de tres años ausente tenía muchas ganas de ver a sus amigos de Hilwood, a los huéspedes del Sunset Arms, incluso a su mejor amigo Gerald y a todos los demás de su salón.

En cuanto había llegado a la escuela para dar su regreso, le habían comunicado que su primer horario iba a ser la clase de Gimnasia, la cual era en esos momentos de noveno grado conocida por dividir el curso entre varones y mujeres, teniendo los chicos al entrenador Jack Wittenberg como su profesor, mientras que las chicas iban a estar siendo entrenadas por su esposa Tish, lo que significaba que los cursos estarían divididos hasta la primera hora y Arnold sólo iba a encontrarse con sus compañeros varones hasta que llegara la hora del primer descanso.

Arnold iba directo hacia el gimnasio de basketball donde se daría la clase, al ingresar vio al entrenador Wittenberg, quien parecía más calvo luego de los años que no lo veía, y allí llegó a ver al resto de sus compañeros varones, aunque le pareció ver a dos más que no conocía, los cuales eran Erick y Milton, todos estos parecían estar estirando los músculos y calentando, hasta que Harold como siempre el más holgazán de la clase de Gimnasia llegó a presenciar al rubio Cabeza de Balón.

– ¡Miren todos! ¡Es Arnold! – exclamó Harold con entusiasmo mientras lo señalaba.

El entrenador Wittenberg escuchó a Harold por lo que se volteó y evidentemente ahí venía él por lo que sonrio, al igual que el resto de los alumnos cuando llegaron ver a Arnold llegar, exceptuando por Milton y Erick que vieron curiosamente al recién llegado, sin embargo no dejaron pasar la situación y fueron aproximándose a él.

– ¡Arnold! ¡No sabes cuánto gusto me da verte! – saludó el entrenador.

– También me da gusto verlo señor Wittenberg. – fue lo que contestó el rubio.

– ¡Hey Arnold! – saludó Gerald con entusiasmo.

El mencionado se dio la vuelta para entonces decir:

– ¡Gerald! –

El moreno se fue aproximando hacia su mejor amigo y emplearon su saludo secreto como siempre:

– ¿Qué tal amigo? – preguntó Gerald con entusiasmo.

– Muy bien. –

Fue lo que Arnold dijo llegando a ver al resto de sus compañeros.

– Me da gusto verlos también, Harold, Stinky, Sid, Eugene, Curly, Lorenzo, Brainy. –

– ¡Nosotros también Arnold! – exclamó Eugene con entusiasmo.

– ¿Qué tal San Lorenzo? – preguntó Sid.

– Oh muy bien, ya les contaré en el descanso… – dijo el rubio.

En ese momento fue cuando Erick se aproximó con una sonrisa y saludó.

– Hey hola, tú debes ser Arnold, Gerald me habló mucho de ti hermano. – dijo el moreno y extendió su mano hacia el rubio – Me llamo Erick Keynes, un placer. –

Arnold notó la presencia de Erick por lo que sonrio y extendió su mano hacia él para corresponderle el saludo.

– Lo mismo digo Erick. – sonrio el rubio.

En ese momento Milton intervino y saludó confiadamente al centro de la atención del momento:

– Con que tú eres Arnold Shortman, del cual se ha hablado mucho en estos años. – dijo el pequeño nerd – Un gusto igualmente conocer a persona tan bien hablada por esta escuela, me llamo Milton Glaser. –

Arnold notó a Milton llamándole un poco la atención su apariencia tan extravagante, mientras Gerald vio de reojo con cierta molestia al enano nerd.

– Un gusto igualmente Milton. – saludó Arnold siendo bastante modesto en lo que refería el chico en cuanto a su reputación en la escuela.

Milton se volvió hacia su lugar mientras Gerald se aproximó a Arnold y le susurró al oído:

– No te dejes llevar, es una verdadera molestia… –

Arnold estaba por preguntar a qué se refería pero entonces fue cuando el entrenador Wittenberg habló.

– Bueno ahora que todos ya saludaron y se presentaron ante Arnold, tengo que anunciarles que además de él, tendremos un nuevo compañero que estará con nosotros el resto del año. –

– ¡Cielos! ¿Tendremos un nuevo alumno? – preguntó Eugene con entusiasmo.

– Así es. – respondió el entrenador y luego dijo un poco más serio pero sin dejar de sonreír – Y quiero que sean muy amables con él y no lo hagan sentir incómodo… él viene directo desde Alemania, y como bien saben, los alemanes juegan muy bien al soccer ¡No queremos perder una joya así en un tiempo record! –

Nunca faltaba que el entrenador Wittenberg pensara siempre en los provechos de ganar cualquier deporte antes que otra cosa, y resultaba que por ser de otro país tenían que cuidarlo mejor que a otros alumnos… bueno si había llegado un alemán a la escuela entonces hablaba bien de ella ¿no? No solía pasar eso siempre en cualquier día de la semana.

Hubo varios murmullos y cuchicheos curiosos respecto a que el chico era extranjero, incluso algunos preguntaban si hablaría su idioma.

En ese momento el entrenador se voltea hacia la puerta de la entrada del gimnasio interno y dice:

– ¡Ven! ¡Ya puedes entrar! –

Todos guardaron silencio en ese instante por lo que miraron directamente hacia donde había volteado el entrenador Wittenberg, y se llegó a ver allí mismo a un chico de ropas holgadas, cabellera rubia y rasurada por la zona de la nuca, piercings en las orejas, y un curioso skate por debajo de sus pies, el chico fue entrando rápidamente moviéndose con toda gracia llamando la atención de todos los que se encontraban allí, algunos siendo más curiosos, otros en cambio más asombrados. El entrenador Wittenberg vio con curiosidad que el chico parecía ser más un deportista extremo que un tradicional, no parecía ser jugador de soccer, por lo que torció levemente la boca de verlo con aquella tabla.

El alemán se detuvo poniéndose cerca del entrenador deteniendo su skate y presionó con su pie en el extremo de este haciéndolo poner en posición vertical y de tal forma que lo agarrara y colocara debajo del brazo y mirara a todos con expresión aburrida.

– Woooow… – fue lo que dijeron algunos de ver aquello.

Hubo un inquietante silencio hasta que el entrenador decidió hacer presentación:

– ¡Alumnos! Déjenme presentarles a Raynard Windsträke, como les dije, vino desde Alemania, espero que sean todos muy amables con él. Raynard ellos serán tus compañeros de clase. –

– ¡Hola Raynard! – saludaron casi todos a coro con una sonrisa amable.

– Ah hola… – saludó desinteresadamente el rubio alemán.

En ese momento alguien se aproximó valientemente al nuevo alumno:

– Hey ¡bonito skate! –

El comentario fue de Sid, evidentemente, parecía bastante fascinado por el talento del nuevo alumno que andaba en el mismo, aunque Raynard mostró el mismo desinterés de antes y solo respondió.

– Ah gracias… –

Arnold y Gerald que se encontraban mirando al nuevo alumno no parecía estar muy entusiasmado de encontrarse ahí, fue el moreno el que se aproximó para susurrarle al rubio:

– No parece muy amigable… –

– Vamos Gerald… – dijo Arnold susurrándole igual – Tal vez sólo sea un poco tímido. –

Raynard permanecía en su lugar con la misma expresión de desinterés mientras Sid lo observaba fijamente con cierta admiración por su mera imagen e impresión que dio.

– Oye Raynard ¿Y desde hace cuánto que andas en skate? – preguntó el chico de la nariz alargada y gorra verde intentando ser amigable.

El rubio alemán no contestó ni siquiera lo miró, a través de sus ojos echaba un vistazo a su alrededor notando algunos destellos de color rodeando a las personas del ambiente… hasta que su semblante serio y desinteresado se desvaneció transformándose en uno de sorpresa total. Allí mismo llegaba a ver un potente fulgor blanco que si se comparaba con el resto de los colores que estaba allí parecía que se los comía, pero en realidad solo estaba ahí retroalimentándolos… se veía tan blanco, puro y lleno de vida, que Raynard prestó atención directamente al dueño de esa aura tan blanquecina y sin dudarlo se aproximó hacia él, dejando a Sid extrañado por cómo lo dejó hablando solo.

En ese momento, Arnold y Gerald se sorprendieron de ver que Raynard se aproximaba hacia ellos, por un momento pensaron que había escuchado lo que dijeron de él por lo que se pusieron un tanto nerviosos, pero Raynard se dirigió precisamente a uno en particular hasta ponérsele en frente, sonreírle por primera vez a alguien en ese momento y saludarlo.

– Hey hola – saludó el alemán.

– Hola Raynard – saludó amablemente Arnold – un gusto en conocerte, me llamo Arnold. –

Raynard sonrio de lado hasta borrar la misma de manera sutil y responderle al rubio:

– Lo mismo digo Arnold, es un placer conocer a una persona de gran espíritu y bondad. – respondió el alemán – Debes ser la persona con el karma más limpio que he visto en mi vida. –

Ni Arnold ni nadie se esperó esa respuesta tan repentina, dejando al rubio Cabeza de Balón con mucha curiosidad y a Gerald exageradamente desconcertado, así como el resto de los compañeros mirando alrededor muy curiosos a Raynard.

– ¿Disculpa? – preguntó Arnold.

– Viejo ¿Cómo se supone que supiste eso? – preguntó Gerald totalmente asombrado y sin poder creerlo.

Raynard no pareció contrariado por la sorpresa de todos, tampoco se arrepintió de haber dicho algo que merecía ser mencionado, después de todo él mismo había reconocido que Arnold era único.

– Digamos que tengo un don… – fue lo que respondió el rubio alemán con una sonrisa.

Algunos dejaron escapar un sonido de asombro y curiosidad mientras miraban a Raynard que evidentemente parecía mucho más calmado y amigable ahora, pues justo se había volteado a Sid y respondió:

– Por cierto, perdona que no te respondí antes, ando en skate desde que tengo 7 años y de ahí me puse a practicar. – respondió amigablemente y respondió – Tú pareces una persona muy amigable y confiable. –

Sid se sorprendió que respondiera a su pregunta e incluso le dijera eso por lo que respondió animadamente.

– ¡Muchas gracias! Mi nombre es Sid. – dijo extendiendo su mano hacia él.

– Gusto en conocerte Sid – respondió Raynard respondiendo a su estrechamiento de manos.

Algunos chicos se pusieron alrededor de Raynard entusiasmados por conocer más de él, parecía ser una persona con poderes o algo así, aunque el alemán parecía más confiado por la presencia de Arnold allí. Sin embargo la sonrisa se le borró en cuando vio a alguien más allí, por lo que se dirigió nuevamente a Arnold e interrogarle:

– Arnold ¿Quién es él? – preguntó señalando a la susodicha persona con la cabeza.

Arnold vio curiosamente a Raynard y a quien señalaba por lo que se volteó hacia el alemán.

– Ah, él es Brainy. – respondió calmadamente.

Un pequeño silencio incómodo se generó en ese momento mientras el alemán veía al extraño rubio de lentes y sonrisa pegajosa hasta que soltó un seco:

– No me cae bien. –

El alemán se volteó hacia Sid y los otros dejando a Gerald y Arnold bastante desconcertados por la respuesta que dejó, siéndole un poco extraño y hasta grosero de su parte, sin embargo no dijeron nada, apenas llevaban diez minutos de conocerlo y ya había ocasionado toda una revuelta.

Habiendo terminado la clase de Gimnasia llegó la hora del descanso, allí iban Gerald, Arnold y Raynard los tres juntos por los pasillos de la escuela, el rubio Cabeza de Balón y el moreno hablaban tendidamente mientras Raynard escuchaba un tanto curioso la conversación de los mejores amigos.

– ¿En serio estás saliendo con Phoebe? – preguntó Arnold asombrado.

– Sí, comenzamos a salir desde no mucho después que te fuiste a San Lorenzo. – respondió el moreno con una sonrisa.

– ¿Hace tres años? – preguntó de nuevo asombrado. – Impresionante ¡Felicitaciones! –

Raynard también aportó sus felicidades por lo que alzó un pulgar y le dijo:

– Felicidades también Gerald, espero que sigan por más tiempo. –

– Gracias a ambos. – contestó el moreno con entusiasmo.

– Raynard, seguro luego en la próxima hora conocerás a nuestras compañeras. – comentó Arnold al rubio alemán – Entre ellas la novia de Gerald, te caerá bien, es muy inteligente. –

– Claro, será un honor. – dijo Raynard con una sutil sonrisa.

En eso Arnold se volteó hacia Gerald y preguntó:

– Por cierto ¿Tenemos nuevas compañeras también? –

– Está la melliza de Erick, se llama Molly, y también está Lindsay. – mencionó Gerald.

– Será cuestión de conocerlas entonces. – respondió el mejor amigo del moreno.

En lo que los tres iban caminando en ese momento fue cuando Raynard intentó introducirse en la conversación cambiando de tema y hablando principalmente a su punto de interés en ese momento, es decir Arnold:

– Oye Arnold ¿Entonces has pasado mucho tiempo de tu vida aquí en Hilwood? Dices que fuiste a San Lorenzo a visitar a tus padres ¿Por qué regresaste? ¿Por qué tus padres están tan lejos? –

Gerald escuchó dichas preguntas y simplemente se mantuvo al margen escuchando la conversación, mientras Arnold se volteó para contestarle al alumno extranjero.

– Mis padres realizan algunas investigaciones allá y hacen cuidado de una antigua tribu, sólo confían en ellos por lo que tienen la responsabilidad de estar allá. La verdad me hubiese quedado más tiempo en San Lorenzo, pero al haber pasado toda mi infancia aquí y con mis abuelos, los extrañé mucho e incluso a mis amigos, como a Gerald y a todos los demás en la escuela. –

Gerald sonrio un poco compasivo por el comentario de su mejor amigo, para él también había sido difícil su partida, si no lo pasaba con Arnold era de estar con Phoebe o Erick en su mayor parte del tiempo.

– Aún así iré a visitarlos en las vacaciones, de ese modo podré pasar mi tiempo con mis padres también. – respondió Arnold.

– Ya veo… tus padres son personas muy responsables, y era de esperarse, de algún lado debiste haber heredado esa aura potente. –

– ¡Guau Raynard! De verdad estoy impresionado con esa habilidad que tienes. – comentó Arnold mirándolo fijamente – ¿Siempre la has tenido? –

– Desde que nací… – comentó el alemán – No es fácil… ver lo que otros no ven… –

– Ya me lo imagino. – fue lo que dijo Gerald también con algo de curiosidad.

– Pero no hablemos de mí. – dijo el alemán con una sonrisa – Arnold, me alegro mucho que hayas decidido volver al lugar donde se desarrolló tu infancia, es la época más pura de todo ser humano, más por todas las personas que te estiman y respetan aquí. –

– ¡Apoyo eso! – respondió Gerald señalando a Raynard creando una pistola con sus dedos con una sola mano.

Hasta en ese momento, Arnold consideraba de que Raynard era una persona muy agradable, quizás por momentos un tanto extraña así como el ignoró a Sid o incluso dijo sobre que no le agradaba Brainy, pero sin duda alguna parecía ser un chico muy observador e interesante con el cual conversar.

– Sí, la verdad es que pensé que sería un poco injusto dejar a todos mis amigos y personas con las cuales me he criado por tantos años sin saber de mí… con mayor razón los extrañaba, así que decidí regresar – respondió el rubio y prosiguió – He tenido mucha historia y experiencia a lo largo de los años con muchas personas en esta ciudad… todos son muy agradables y tengo una buena relación con ellos y… ¡Aahhh! –

En ese preciso momento Arnold no lo vio venir, pues tampoco lo notaron Gerald y Raynard en ese momento, Arnold había chocado con alguien en los pasillos haciendo que se cayera hacia atrás provocando el mismo impacto con la otra persona, la cual ya estaba reclamando:

– ¿¡Por qué no miras por dónde caminas zopen…!? ¡Arnold! –

Fue lo que recriminó una voz femenina proveniente de una chica rubia de coletas que simplemente se quedó sin habla cuando notó a Arnold, quien también notó a Helga por lo que se fue incorporando rápidamente diciendo muy lamentado:

– Lo siento Hel… –

– Vaya, vaya, vaya. – reiteró la rubia habiéndose puesto de pie y poniendo sus puños sobre sus nudillos – ¡Pero miren quién regresó de la selva! ¿Qué tal te fue visitando a tus parientes los monos? – expresó bastante molesta y para hacerlo aún peor terminó expresando – Lástima que no te hayas quedado allá y ahora tenga que volver a verte todos los días aquí. –

Arnold mostró una expresión de pesadez y molestia, al igual que Gerald, siempre era igual con Helga, siempre parecía estar molesta con hasta el propio aire que respiraba ¡Esa chica era imposible! Y tratándose de la existencia de Arnold peor aún. Tanto el rubio como el moreno no podían verse más molestos e incomodados por la presencia de la rubia, pero no Raynard.

El rubio alemán estaba mirando fijamente a la chica recién llegada sin poder disimular ni un poco su asombro, ni siquiera tomándose un segundo para parpadear, quedando con la boca ligeramente abierta quedose mirando fijamente a la rubia Pataki sin poder hacer otra cosa.

– Sí a nosotros también nos alegra verte… – dijo Gerald sonando totalmente sarcástico y molesto.

– Lo que tú digas… – respondió Arnold también un tanto hastiado.

– ¡Primer día en esta cafetera y tengo que cruzarme con el Cabeza de Balón y el Chico del Cabello Alto! ¡Simplemente criminal! –

Fue lo que terminó por explotar la rubia hasta que luego se volteó a ver a Raynard que le estaba mirando con una cara de más idiota que los otros dos a los cuales les había estado gritando por lo que se dirigió hacia él y dijo amenazadoramente:

– ¡Ah y tú debes ser ese chico germano que iba a venir aquí! Hazme el favor de no meterte en mi camino y todo saldrá bien para ti zopenco ¿Has entendido? – le dijo llevando un dedo sobre su pecho para hacer la amenaza aún mayor.

Raynard se asombró en cuanto Helga se le dirigió y amenazó llegando a sonreír maravillado por las palabras y agallas de la rubia, hasta que recompuso un poco su mente y respondió en un tono algo meloso:

– Na sicher~ –

Helga vio con desconcierto al chico alemán por lo que simplemente soltó:

– ¡Lo que faltaba! ¡Trasladaron a un alumno extranjero que ni siquiera habla nuestro idioma! ¡Mejor me alejo antes que me contagien sus tonterías! –

Fue lo que terminó soltando la rubia hasta marcharse dejando a Arnold y Gerald con expresiones agrias, y a Raynard con una expresión totalmente hechizada sin dejar de mirar hacia la rubia que se acababa de ir soltando varios insultos por los pasillos.

– Ahhh… – suspiró forzadamente Arnold y volteó hacia Gerald – Creo que debería medir mejor mis palabras… y realmente mi relación aquí es buena con casi todos… –

– Tú lo has dicho viejo – mencionó Gerald con la misma decepción que Arnold – Y ella no ha cambiado absolutamente nada en estos años que te fuiste. –

Arnold volvió a suspirar hasta que se volteó hacia Raynard que parecía aún ensimismado mirando hacia donde Helga se marchó y le había dicho:

– Lo siento Raynard e… –

– Oh mein Gott Arnold! ¡Dime quién era ella! – exclamó Raynard volteándose hacia el rubio interrumpiendo debidamente sus disculpas, se notaba muy asombrado.

Arnold entonces fue contestando, pero nuevamente le interrumpe:

– Su nombre es Helga Pataki y… –

– ¡S-se llama Helga! – exclamó Raynard con una inmensa sonrisa soñadora y se llevó una mano hacia el pecho para decir – ¡No podía ser más perfecta! ¡Hasta tiene un nombre proveniente de mi país! ¡Esto no puede ser mejor! –

Tanto Arnold como Gerald se miraron de reojo ¿Acaso escucharon lo que escucharon? ¿Raynard estaba… fantaseando románticamente con Helga? ¿Era eso posible? ¿¡Y por qué lo hacía!?

– ¿Disculpa…? – preguntó Gerald sin poder continuar la pregunta pues era demasiado para él.

Raynard nuevamente vuelve a interrumpir al rubio y al moreno volviendo a expresar abiertamente sus sentimientos en medio de suspiros y diciendo:

– Gesegnet sei das Schicksal uns zu treffen, meine Liebe~ –

Arnold y Gerald se miraron de reojo nuevamente sin entender ni una sola palabra pero algo es seguro, estaba diciendo alguna estúpida cursilada por la cara y los gestos que hacía, y eso no se detenía ahí.

– Ahm… Raynard… – dijo Arnold intentando hacer recapacitar a su compañero.

Pero el alemán se volteó hacia el rubio y el moreno y dijo:

– ¡Jamás en mi vida pensé que iba a cruzar con una chica con tan poderosa e impresionante aura! – exclamó con muchísimo entusiasmo notándose un brillo notable en sus ojos hasta mirar hacia sus manos conteniendo la emoción – ¡Dios! ¡Esa furia desgarradora! – luego suspiró y dijo mirando de reojo hacia donde la rubia Pataki se fue – ¡Esa chica es una aplanadora de emociones! Detrás de toda esa ira hay una mujer pasional y sensible. – luego sonrio aún más diciendo – Hasta me atrevería a decir que tiene un poderoso chacra sexual… ¡Debe ser una fiera encarnada! –

El alemán comenzó a sonreír sin poder disimularlo ni un poco y agitó los puños muy emocionadamente:

– Das ist wunderbar! – exclamó exageradamente entusiasmado – ¡Haberme mudado a Hilwood fue la mejor decisión que pude haber tomado! –

Arnold y Gerald quedaron completamente estupefactos no de escuchar el festejo de Raynard, sino todo lo que había dicho previamente respecto a Helga G. Pataki… ¿¡Acaso podía existir alguien que estuviese interesado en ella de esa forma!? Y más aún… ¿Helga apasionada? ¿Sensible? No parecía que estuviese hablando de Helga… fue en ese momento cuando Gerald le susurró en el oído a Arnold.

– Psst… viejo creo que sería mejor alejarnos de él… ¡Este chico está loco! –

Aunque era obvio que para Arnold tan loco no le parecía… si por tantos años él había insistido que Helga siempre escondía un lado sensible y amable… pero temía a demostrarlo por lo que siempre se mostraba hostil, aunque con los años comenzaba a dudar de eso… y en cuanto Raynard apenas tenía unos minutos de verla había sacado en conclusión en total certeza todo eso que él manifestaba respecto a Helga Pataki. Se sentía… extraño… porque él siempre quiso ver a esa Helga sensible… y nunca pudo verla, y Raynard sí pudo verla o al menos de forma espiritual y no materialmente, y en cierta forma le incomodaba y hasta frustraba, Raynard lo obtuvo con mucha facilidad y él lo siguió buscando por años sin éxito alguno. Aunque también le remordía la consciencia lo dicho por su mejor amigo… tal vez Raynard no tiene esa habilidad y en realidad está inventando ¿Podría ser así?

– Raynard ¿Estás seguro de que no te equivocaste en lo que viste? – preguntó repentinamente el rubio Cabeza de Balón.

– Arnold… – decía un notable e incómodo Gerald Johanssen mientras le hablaba entre dientes queriendo huir de ahí.

Raynard miró a Arnold tomándose un tiempo para contestarle con seguridad.

– En absoluto Arnold, sé lo que vi, y lo que vi es cierto… – dijo con una sonrisa – Entiendo que lo preguntes y no lo veas por ti mismo porque ella demuestra ser hostil para no develar sus verdaderas pasiones porque las cuida tanto como a su propia vida. –

Arnold en ese entonces contestó con profundo interés hablando con el rubio alemán:

– En realidad te lo pregunto porque hace mucho tiempo que vengo diciendo que… –

Gerald poco a poco pensaba en alejarse de ese lugar por lo que dio un paso atrás, Raynard parecía peligroso y extraño… ya no le estaba pareciendo tan agradable…

Y sin embargo, el alemán en ese momento interrumpió el comentario de Arnold dejando atrás lo que el Cabeza de Balón iba a decirle:

– ¡Un momento! – interrumpió un poco atemorizado y se volteó hacia el moreno y el rubio – No tendrá novio ¿verdad? –

La pregunta no la vino venir Arnold.

– ¿Novio? – preguntó un poco asombrado.

Era obvio que con tres años de ausencia Arnold no supiera esto y por el contrario Gerald que intentaba escapar tenía que contestar a eso por lo que por dentro estaba echando insultos pero contestó:

– Ella es la mejor amiga de mi novia… y por lo que llego a saber de ella cada tanto pues… no, no tiene novio. –

La mirada de Raynard se llenó de ilusión y brillo de escuchar al moreno por lo que mostró una sonrisa de triunfo.

– ¿En serio? ¡Excelente! – exclamó con entusiasmo – Debo estar de suerte que mi entorno tan superficial no se da cuenta de la increíble mujer que están perdiéndose… ¡Jajajaja! – expresó entre risas y dijo – Haré hasta lo imposible porque Helga salga conmigo… es la chica que siempre he esperado encontrar en mis sueños, y finalmente la encontré. –

Un silencio incómodo se generó entre los tres, dejando a Arnold y a Gerald bastante extrañados y fuera el rubio el que dijera no muy convencido:

– Pues… buena suerte… –

Aunque aquellas palabras no sonaban convincentes para sí mismo… no para Raynard… y eso era lo que lo haría cuestionarse más adelante una y otra vez a cada momento que lo recordase. Por sobre todo y además porque Raynard lo dijo… el entorno superficial… ¿acaso él era superficial? Eran esos momentos en los cuales pensaba y debía reflexionar si ver más allá de lo que mostraban sus ojos…

Fin Flashback


No podía creer que le había venido ese recuerdo a la mente… aún luego de aquel entonces Helga rechazó un sinfín de veces a Raynard y luego se enteró de la peligrosa adicción de este… llegándose a preocupar un poco porque Helga sufriera un destino parecido, sin embargo ella siempre lo trataba muy mal sin importar lo que dijera. No obstante fue cuando comenzó a considerar como muchos de sus compañeros, que Raynard quizás no ve esas dichosas auras… pero aún así, el recuerdo del cómo lo conoció o incluso la manera de describir a Helga, generaba una fuerte controversia lógica en su mente… no podría caber la posibilidad de que Raynard inventara todo eso.

Por momentos pensaba que quizás él no era el indicado para aproximarse a Helga, quizás Raynard podría hacerlo mejor sabiendo de su aura de poder verla, pero aún así la rubia lo rechazaba igual… y realmente el alemán no la ayudaba a ser más feliz, ya mismo lo había visto recientemente cuando la rubia estaba mirándolo molestamente mientras Raynard intentaba hablarle cercanamente, pero a pesar de todo terminó yéndose de su vista en cuanto notó su presencia… ¿Por qué motivo exactamente?

Otra cosa que lo molestaba, era precisamente lo dicho por Raynard en aquel entonces, la acusación del entorno superficial que lo rodea y lo constituye, de saber que él era superficial… pues lo era… si sus relaciones con Melissa y Sara apestaron precisamente por no darse cuenta de la clase de personas que eran ellas, y hasta la misma Helga se lo dijo una vez… que él nunca veía más allá de las apariencias.

Pensar todas esas cosas le frustraba y hasta deprimía… ayudaban a destruir la esperanza y positivismo de sí mismo… más incluso recordar el por qué estaba ahí vagando por las calles, su mejor amigo que salía con Phoebe y dejaba todos sus planes que acordaban para estar con ella, por querer extrañar su infancia… si al final había regresado a Hilwood especialmente para recrear esos momentos… y ahora se los habían rechazado ¿Estuvo bien en volver?

Todo esto se le hizo una nebulosa un tanto angustiante hasta llegar a donde quería… el Sunset Arms… tal vez podría escuchar un poco de música y ver un poco de televisión… olvidarse un poco de la vida que estaba teniendo allá fuera. Sin más se aproximó hacia la entrada llegando a ver cómo de esta salían varios perros y gatos a las calles… como en los viejos tiempos.

Hubiese ido a saludar a sus abuelos, pero estaba tan decaído que simplemente pensaba ignorar toda presencia de la casa así que fue camino por los pasillos hasta ir al ático donde se encontraba su habitación, la cual no había cambiado mucho en comparación a años atrás, salvo por alguna que otra innovación tecnológica.

Sin más se quitó sus zapatillas y se echó sobre la cama agarrando su celular Smartphone para revisar mensajes hasta que vio una notificación del seguimiento de una página proveniente de una red social. Arnold le dio entrar a la misma llegando a ver lo que parecía una publicación de una imagen que se trataba de un lienzo color madera con letras caligráficas en tonos grises, además de unas pinceladas rojas creando un corazón en un punto encerrando algunas palabras y algunas manchas diluidas sobre la hoja. Se llegaban a ver algunas frases románticas en aquellos escritos hechos en forma artística, parecía una hermosa puesta en página donde mezclaba la poesía, el diseño gráfico y la caligrafía. Desde hacía un tiempo que Arnold seguía las publicaciones de una tal Pink Panther, quien se trataba aparentemente de una joven adolescente que se dedicaba a la caligrafía, solía publicar cada tanto algunas de sus obras en una red social abierta, sus publicaciones siempre eran puestas en página hechas con caligrafía artística y tenían fragmentos y frases románticas, aparentemente dedicadas a una persona en específico, ya que muchas de sus obras parecían tener puntos en común cuando algunos rasgos de la persona dedicada aparecían allí. A Arnold le gustaba mucho el desempeño artístico de la joven, y cada tanto seguía sus publicaciones y comentaba alguna… como lo estaba haciendo en ese preciso momento mientras tecleaba en el celular y sonreía ligeramente. En el momento que lo finalizó lo envió llegando a escribir:

Satisfecho por el comentario, suspiró y dejó el celular a un lado y se volteó de la cama para revisar sus estantes de libros y ver aquel pequeño libro rosa que había terminado en sus manos y estaba repleto de poemas dedicados a él… jamás pudo saber de quién se trataba, y así como el nombre de la artista caligráfica le recordó aquel libro también compartiendo el gusto por el rosa. ¿Algún día encontraría a la dueña de ese libro? Simplemente se dejó llevar por las líneas escritas en aquel libro, dejando divagar su mente por aquellos trazos curvos escritos a mano y aquellas embelesadoras palabras dedicadas a él.

En ese momento se escuchó un ruido de golpear la puerta y de una muy conocida y anciana voz al otro lado de la misma.

– ¿Estás ahí Shortman? –

Arnold desvió su mirada del celular para alzar la voz y responder:

– Pasa abuelo. –

Y ahí estaba entrando a la habitación de Arnold, su abuelo Phil, el mismo se encontraba en edad más anciana aún, sin embargo se había conservado muy bien, tal vez sus movimientos eran un poco más lentos y limitados que años atrás, pero el hombre aún podía moverse por su propia cuenta y mantener la pensión de huéspedes. Ahora solía vestir con unos pantalones similares a los que usaba antes, y una antigua camisa, además de zapatos antiguos. El anciano observó con una sonrisa a Arnold y lo saludó:

– ¿Cómo estás chaparrito? Te ves un poco cansado. –

Era gracioso que aún le siguiera llamando chaparrito a pesar de la edad que tenía Arnold en la actualidad, sin embargo era costumbre de su abuelo, para él Arnold siempre iba a ser su chaparrito, y a Arnold realmente no le desagradaba, era código afectivo por parte de ellos.

– Algo… la verdad abuelo estoy un poco desanimado. –

– Vaya… – comentó el anciano un poco curioso – ¿Y por qué te sientes así Arnold? –

Arnold suspiró pesadamente recordando absolutamente todo lo que había pasado casi a finales del día y comenzó por contarle varios de los detalles de todo lo que había pasado y reflexionado, así como sus inseguridades al respecto.

– ¿Estoy haciendo mal abuelo? – preguntó preocupadamente el rubio – Desde que Gerald dice que ya no somos niños ni podremos hacer lo que hacíamos en aquellos tiempos… no sé qué hacer abuelo, quisiera poder mejorar y cambiar esas cosas, pero me siento tan perdido que estoy completamente sólo… –

Phil permaneció atento a su nieto sentado junto a él en la cama del mismo, se notaba bastante mal, pareciera que lo que Arnold alguna vez era para la mayoría de sus compañeros de clase, ahora nomás era solo una sombra que de vez en cuando aparecía para seguir a otros.

– Bueno hijo… tienes que ser paciente… tu amigo Gerald y tú están en una edad diferente. – mencionó pacientemente – En la adolescencia hay otras… prioridades y necesidades… Arnold, creo que nunca hemos hablado de… eso. –

Un momento de silencio se generó en el ambiente dejando a Arnold un poco pensativo.

– Hmmm… eso… –

– Tú sabes… eso que hacen todas las parejas enamoradas y apasionadas – respondió Phil.

– Oh… sí… eso… – respondió Arnold un poco sonrojado.

No podía evitar sentirse un poco avergonzado de hablar con su abuelo de ello, era un poco penoso, aunque era un asunto de interés para él era extraño tener que hablarlo con su abuelo quien se encargaba de cambiar sus pañales.

Phil suspiró tomándose tiempo para responder apropiadamente y decir:

– Sé que muchos a tu edad ya están interesados en pasar por ese tipo de cosas… en mis tiempos era imposible tener sexo con tu pareja antes del matrimonio, sino era muy mal visto por la sociedad. – comentaba Phil mientras miraba fijamente a Arnold – Pero en estos tiempos las cosas han cambiado mucho chaparrito… es normal que a tu edad ya intenten las primeras experiencias… a veces siendo más formales siendo con tu primer pareja y otras bueno no tanto… siendo resultados más efímeros. Como sea… esta es una de las primeras prioridades de los adolescentes de hoy, por lo que muchas cosas de antes ya no serán de tanta importancia. –

Arnold agachaba la mirada asintiendo varias veces con la cabeza, comprendiendo perfectamente lo que decía su abuelo y aún proseguía.

– Sin mal no recuerdo tu amigo Gerald estaba en pareja desde hace mucho tiempo ¿no? Me imagino que él ya se ha metido en esos asuntos ¿no es así? – comentó Phil.

– Precisamente… hace muy poco logró tener su primera experiencia con su novia Phoebe… está muy feliz y eso lo ha estado manteniendo muy al pendiente de ella. –

– ¡Pues con más razón entonces Arnold! Gerald estará solamente con la cabeza metida en ese asunto… – dijo de alguna manera entendiendo también la situación opuesta a la que pasaba su nieto – Pero no debes culpar a Gerald por eso… puede que cuando te ocurra a ti no estés tan metido en eso… sin embargo sí será importante para ti Arnold… puedes tener razón en tu postura y pensar que Gerald no debe descuidar la amistad que tiene contigo, pero tampoco puede descuidar su noviazgo… con quien está esperanzando el pasar el resto de su vida. Después de todo sabes que para mí tu abuela es más importante que el mismo Jimmy Kafka que es mi mejor amigo ¿Entiendes Arnold? –

Arnold lo meditó un poco, tenía sentido, había una diferencia importante en los lazos relacionales, y claro… probablemente Gerald estuviese proponiéndose a tener algo con Phoebe en el futuro… después de todo siempre han tenido buena química desde muy pequeños, no sería extraño que terminaran casados… envidiaba sanamente a su amigo, le hubiese gustado poder tener el mismo éxito que él, pero por ahora lo mejor era aceptar la realidad y seguir adelante.

– Tienes razón abuelo… creo que lo mejor que puedo hacer es apoyar su relación y yo no depender tanto de su relación conmigo… y si quiero rememorar algo de mi pasado… creo que será mejor que vaya a hacerlo yo mismo, sólo. –

Fue eso lo que dijo Arnold en el momento que se levantó de la cama para cargar su celular y luego ir camino hacia la puerta de su habitación queriendo salir, dejando a Phil un tanto desconcertado.

– ¿A dónde vas? – preguntó el anciano ladeando la cabeza.

– Voy a salir un poco… ya sabes, recorrer viejos lugares para alimentar mi nostalgia… quizás a buscar algo bueno que haya estado olvidando… –

– Oh… pues muy buena suerte, que te vaya muy bien. – dijo amablemente Phil – Y recuerda llegar para la cena. –

– Lo haré abuelo, gracias, nos vemos. –

Fue todo lo que dijo hasta marcharse de la habitación saliendo por los pasillos para dirigirse directamente hacia afuera del Sunset Arms… dejando a Phil un poco preocupado, y cuando eso pasaba normalmente iba a hablarlo con su esposa… Arnold comenzaba a perder brillo y a desorientarse y decepcionarse de todo lo que lo rodeaba. ¿Deberían tomar alguna decisión? Tal vez Arnold no estaba feliz en Hilwood… ¿Sería momento de marcharse por siempre? Era todo lo que se preguntaban los Shortman en ese momento…

Y Arnold mismo intentaba buscar alguna mínima razón para permanecer allí, después de todo sabía que para él sería muy fácil irse y vivir definitivamente en San Lorenzo con sus padres, pero… irse de la nada sería muy egoísta de su parte… antes de replicar por la desatención de Gerald esperaba a que sus demás compañeros pudieran recordarlo, y era eso lo que iba en busca ahora… de recuerdos. Recuerdos que le fortalecieran el motivo de permanecer allí…

– ¡Arnold! –

Se escuchó una voz conocida para el rubio que iba caminando por las calles, podría ser que esperaba a ver a alguien conocido, aunque no era precisamente alguien de su infancia, sino un chico que conoció luego de su regreso de San Lorenzo. Milton Glaser estaba allí cargando su mochila en la espalda y bastante preparado para lo que parecía una sesión de estudio. El pequeño nerd se aproximó al rubio para saludarlo mejor.

– Hola Milton ¿Cómo estás? – saludó Arnold.

– Bien, muy bien Arnold ¿Cómo estás tú…? – preguntó un poco dudoso y entonces lo detuvo poniendo una mano en alto – ¡No digas nada! No te ves animado… sino todo lo contrario ¿o me equivoco? –

Arnold se vio ligeramente asombrado por la observación del nerd, sin embargo tampoco era de extrañarse pues no era raro que siendo aún más inteligente que Phoebe fuera tan observador… lo extraño era que mirara tanto a su alrededor cuando parecía que sólo miraba a sus libros. A pesar de todo, el rubio le contestó:

– Pues… no te equivocas… la verdad no estoy muy bien… venía a caminar un poco para despejar la mente. –

– Oh claro, entiendo… ¿Puedo acompañarte o necesitas estar sólo? – preguntó el chico de lentes gigantes.

Arnold se volteó para verlo y luego responder:

– Me agradaría tener a alguien con quien conversar ¿Pero tú no vas a ningún lado Milton? –

– Bueno a decir verdad iba a mencionarte eso… estoy yendo a casa de Lila. – respondió el más bajito.

– ¿Lila? ¿Tienes algún proyecto con ella? –

Milton se volteó hacia Arnold mientras iban ambos caminando y entonces respondió:

– No realmente, Lila me pidió que le ayudara con Ciencias… aparentemente tiene problemas para incorporar los conceptos que se ven en clase. –

El rubio se mostró bastante extrañado por la respuesta del contrario, notándose claramente en su mirada, por lo que no pudo evitar responder:

– ¿Lila pidiendo tutoría? Creí que ella era de las alumnas más aplicadas de nuestro curso. –

Milton se encogió de hombros y dijo:

– Yo también lo pensé… sus demás calificaciones son excelentes, pero falla inevitablemente en Ciencias, y como ella y yo estamos en la misma clase, así que me pidió que por favor la ayudase a no reprobar. –

Arnold vio de reojo a Milton, algo le decía que Lila estaba excusándose para pasar tiempo con Milton. ¿Sería posible que ella…? Era irónico… hasta Milton tenía más éxito que él en eso…

– Pues, es bueno de tu parte que la ayudes entonces. – fue lo único que pudo responder.

– Supongo. – dijo tranquilamente el chico nerd – ¿Y tú? No sé si quieres que te pregunte por aquello que te tiene tan decaído… sé que no debo ser tu persona favorita porque tú eres el mejor amigo de Gerald… aún así sabes que estaré dispuesto a ayudarte si lo precisas. –

Arnold lo pensó un poco, llegando a suspirar un poco derrotado para luego ver a Milton de manera más tranquila, aunque el haber mencionado su 'mejor amistad' con Gerald le hizo soltar gran parte de lo que sentía en ese momento:

– Precisamente sobre Gerald se trata… he tenido una discusión con él… y veo muy distante. –

– Hmm coincido, pasa demasiado tiempo con Phoebe… y lo mismo veo de ella que no la encuentro tanto al lado de Helga Pataki. – mencionó Milton – Aunque Helga parece arreglarse muy bien con Rebecca y Melody. –

– Tienes razón… Helga al menos tiene a más personas con las cuales juntarse y confiar. –

No pudo evitarlo, en ese momento recordó la imagen de ella junto con Raynard en las calles, de alguna u otra forma sentía que ella estaba tan lejos como lo estaban Gerald y todos los demás de él. ¿Cómo es que su alrededor cambiaba y él no?

– Puedo entender que no hayan muchas opciones para reemplazar el vacío que provoca la ausencia de Gerald, Arnold. – comentó Milton – Incluso hablando por mí mismo… sé que no soy la persona más divertida y sociable, pero tampoco puedo mencionar a muchos compañeros que sean realmente unidos entre ellos. –

– ¿Por qué lo dices? – preguntó Arnold.

Milton se tomó un rato para contestar eso, llegando a tomar una bocanada de aire y luego contestar:

– Muchos de nuestros compañeros de nuestro curso están si no es metidos en sus relaciones regulares, son con sus parejas… como Harold y Patty, o incluso Stinky que se encuentra regularmente con esa chica Gloria, Curly sigue buscando la manera de tener la atención de Rhonda, Eugene lo mismo pero con Varick, y este está regularmente con Lorenzo y Brainy, además de que Sid y Raynard también están juntos casi siempre, y luego Erick que se lo ve a veces con Gerald o con Harold y Stinky. Las chicas también permanecen más metidas en sus relaciones… es normal que veamos estos subgrupos en nuestras épocas adolescentes Arnold. –

– No lo entiendo Milton… muchos de todos ustedes los he conocido en preescolar ¿Cómo pudimos crear tanta distancia entre nosotros? – comentó el rubio bastante desilusionado.

Milton tomó unos segundos para contestar llegando a notarse un poco serio sin embargo su mirada a través de esos gigantes lentes de ridículo y enorme aumento y luego responder:

– Entiendo tu frustración Arnold… pero es muy común que esto ocurra… he leído en algunos libros que en las épocas de la infancia se crean mayores similitudes, luego algunas amistades se diluyen por algunas diferencias, si no son por obsesiones o aspiraciones como las de Sid creadas al ver a Raynard como un ejemplo a seguir y abandonar su antigua amistad con Harold y Stinky, son a veces relaciones afectivas… como que a dos chicos les gusten la misma chica, y así. –

– Sí… tienes razón… aún así es lamentable… – dijo Arnold de forma desanimada – Debo aceptar la realidad que me rodea… a veces me cuesta un poco. –

Milton se quedó observando a Arnold un momento y dijo:

– Arnold eres una muy buena persona… no te lamentes por algo de lo cual tienes toda la razón. – expresó de forma muy segura – Espero que las cosas con Gerald mejoren, él debería sentirse afortunado de tener a un mejor amigo como tú. –

Arnold volvió a suspirar y volteó hacia Milton para responderle debidamente.

– Aún así eso no quita que deba aceptar el hoy de este modo. –

– Tal vez… tal vez incluso si buscas más allá te lleves una sorpresa… probablemente haya alguien que esté pasando por lo mismo que tú. –

Fue lo que Milton expresó dejando ir un extraño silencio que hizo que Arnold se volteara hacia el más bajito, sin embargo este se encontraba muy pensativo y entonces dijo:

– No suelo llevarme bien con ella… pero me pregunto si Helga Pataki no se sentirá igual por el aislamiento de Phoebe… puede que tome su tiempo estando con Melody y Rebecca… pero a ellas apenas las conoció este año… en los anteriores solía verla bastante tiempo sola, en especial antes que volvieras. –

– ¿Helga? – preguntó Arnold – No lo creo… hace un momento la encontré acompañada de Raynard, por fortuna este no me vio, porque seguro se molestaría mucho. –

– Oh sí… él es bastante posesivo con Helga, pero aún así ella no le da ni la hora, es evidente que no le interesa. –

Arnold pensaba en decir algo pero no lo hizo… además que ya se habían tenido, pues estaban justo frente a la casa de Lila Sawyer, lo que significaba que deberían separarse en ese momento.

– Bueno… aquí nos separamos. – dijo Milton.

– Claro, muchas gracias por acompañarme Milton, que te vaya bien. – respondió Arnold con una sonrisa – Y descuida… más allá de los percances que hayas tenido con Gerald no significa que yo piense lo mismo de ti. –

Milton sonrio un poco y fue despidiéndose de Arnold.

– Muchas gracias Arnold, también espero que te vaya bien y las cosas mejoren… aunque estoy seguro que eso ocurrirá. –

– Gracias, nos vemos. – sonrio Arnold.

– ¡Adios! – saludó Milton y se aproximó para ir a tocar el timbre a la casa de Lila.

Arnold comenzó a emprender caminata para alejarse de aquellas calles aunque le fue inevitable voltear a ver a Milton y aquella casa… donde vivía aquella chica pelirroja que alguna vez lo tuvo tan enamorado y ella lo ha rechazado frecuentemente… tal vez si desde un inicio hubiese reflexionado que estar en pareja con ella no era tan malo no la hubiese rechazado en aquel entonces para darse cuenta de que sí le gustaba… aunque ¿De verdad le había gustado todo ese tiempo? ¿O sólo fue un capricho creado por sí mismo?

No podía sentirse más frustrado por no poder contestarse a esas preguntas… y porque tampoco… podía sentirse más frustrado de ver a Lila salir a la puerta de la entrada con una sonrisa radiante para abrazar a Milton y darle un beso en la mejilla, dejando al chico nerd muy cohibido y tímido. La pelirroja parecía muy entusiasmada de recibirlo, ni siquiera se daba cuenta que Arnold los observaba de más lejos. Milton ingresó a la casa y Lila le siguió por detrás hasta cerrar la puerta… dejando a Arnold con un dejo de desilusión notable… sí, evidentemente hasta Milton tenía más éxito que él.

Otro suspiro escapó de la garganta de Arnold, puede que el pequeño nerd le haya animado un poco, pero por otro lado lo hizo decaer aún más. Llevó sus manos hacia los bolsillos de sus pantalones y por la frustración pateó una piedra que estaba en la calle… llegándose a perder entre ellas, sin fijarse realmente a dónde se dirigía.

Ahí iba Arnold, caminando sin rumbo fijo, probablemente volvería para luego de cenar o lo más tarde posible… llamaría a sus abuelos para avisar claramente, pero realmente aún no quería volver a su casa, aunque la salida no le estuviese ayudando perfectamente a sentirse mejor. Todo parecía una especie de proceso cíclico reiterativo, una y otra vez, en medio de ese dilema, de si volver o no volver… si volver al Sunset Arms… o volver a San Lorenzo… eran esos dilemas que rondaban por su cabeza.

Todo cesó en los pensamientos del rubio cuando escuchó el sonido de una guitarra criolla resonar, llegando a distraerse y darse cuenta de que terminó llegando al puerto de Hilwood… ese lugar que tantas veces ha llegado a permanecer y en donde se encontraba la isla del jadeante Ed que había visitado en su infancia.

Arnold miró hacia varios lados por dónde podía provenir aquel sonido, de alguna u otra forma escuchar música le harían despejar sus malos pensamientos… sin embargo no se distrajo en la música, sino en la persona que estaba tocando dicha música. Allí podría ver, sentada al borde del muelle del puerto, con una guitarra criolla sobre su regazo, y permaneciendo de espaldas frente a Arnold, allí estaba Helga, ella sola, extrañamente sin Raynard, pero dejando fluir su talento musical, sin que esta se diera cuenta siquiera que el Cabeza de Balón le estaba observando.

Helga empleaba ligeros acordes accionando las cuerdas hasta ir cantando en un tono neutro, casi contralto lo que parecía ser una clásica canción de pop británico de los 90.

No pinta ilusión, intenta hacer clickear en lo que tienes, saborea cada poción, y si te quieres mucho a ti mismo. Vamos déjalo salir, vamos déjalo entrar, vamos déjalo salir.

Arnold prestó atención al desempeño artístico de la joven, mirándola con curiosidad, aquella canción la conocía, y le gustaba, le recordaba a aquellos tiempos, hasta incluso podía encontrar un mínimo sentido a aquella letra surrealista con respecto a su situación. El viento comenzó a corroer moviendo sus cabellos y lo mismo con los de Helga, quien seguía absorta de que Arnold le estaba observando, ella continuó cantando mientras tocaba la guitarra:

La vida es precoz de la forma más peculiar, hermana psicosis, ella no tiene mucho que decir. Ella va y lo deja salir, ella va y lo deja entrar, ella va y lo deja salir. Ella va y lo deja salir… – había cantado hasta equivocarse en una nota como también haber fallado en una estrofa por haber desafinado por lo cual se molestó consigo misma – No… –

Arnold permaneció con los ojos cerrados dejándose llevar por el desempeño de Helga pero en cuanto se detuvo abrio los ojos notando que pareció disconforme con lo que estaba haciendo por lo que preguntó:

– ¿Por qué te detuviste? Lo estabas haciendo muy bien. –

Helga casi más pega un sobresalto de escuchar aquella voz, y algo asustada se volteó a ver a Arnold que permanecía apoyado en uno de los troncos del muelle aunque uno de los que se encontraban más detrás de ella.

– ¡Arnold! – exclamó Helga sorprendida pero luego se molestó– Digo… ¡¿Qué estás haciendo aquí Cabeza de Balón?! ¿Acaso me estabas espiando? –

– No sabía que cantabas… – comentó Arnold ignorando sus preguntas pues tampoco estaba del mejor humor para contestarlas.

Helga mostró molestia ante su comentario, pero miró hacia un lado… odiaba que la escucharan cantar, y siempre prefería hacerlo lejos de todos, si bien podía tocar la guitarra públicamente, pero entre las poesías y el canto siempre se mantenía alejada de las miradas ajenas, realmente no le gustaba que la miraran cantar, se ponía nerviosa y terminaba desafinando.

– Lo haces muy bien. – comentó Arnold sin esperar respuesta hasta dejar ir un incómodo silencio y luego mirar hacia un lado – ¿Y Raynard? ¿No estaba contigo? –

Helga estaba pensando en sacarse de encima a Arnold con alguna excusa antes que siguiera hablándole sobre su habilidad de canto, hasta que su hostilidad se redujo cuando preguntó por su compañero de salida por lo que se volteó hacia el muelle volviendo a tomar la guitarra y tocando algunos acordes y responder desinteresadamente:

– No tengo la menor idea, hace rato que se fue. –

A Arnold le extrañó eso… no era típico de Raynard… podría ser que se haya ido a consumir alguna de esas cosas él solo lejos de Helga, o quizás le haya pasado algo, pues no parecía ser de las personas que la dejara plantada sin motivo alguno a menos que…

– ¿Discutieron? ¿Se molestó contigo? –

– No… – contestó Helga mirando hacia su reflejo en el agua y pataleaba un poco dejando ir sus dedos sobre las cuerdas.

– Eso es raro… ¿No crees que deberíamos ver si no le pasó nada malo? – preguntó el rubio.

Helga gesticuló una expresión agria y disconforme, no era que Raynard fuera una gran cita para ella y estaba mucho mejor con la guitarra que con el alemán, obvio.

– Nah… de verdad espero que lo haya arroyado un camión al idiota ese. – dijo la rubia mientras seguía tocando la guitarra.

– Helga… – dijo Arnold un poco serio.

La rubia volteó su cabeza para mirar seriamente a Arnold de reojo y terminar expresándole:

– ¿Arnold? ¿Viniste aquí a hacerme uno de tus sermones morales? Porque si es así te diré que te vayas en este instante antes que te… –

– No, no, no, no… lo siento Helga… – se disculpó el rubio repentinamente. – No quiero molestarte… disculpa. –

Helga alzó una ceja por notar la reacción de Arnold, por un momento pensó que el chico se molestaría con ella por su egoísmo y no considerar lo que pasaba con Raynard pero por el contrario él se estaba disculpando con ella, cuando es ella quien debía disculparse con él. Algo raro estaba pasando por lo que la rubia se volteó llevando su pierna derecha flexionada apoyándola sobre la madera del muelle y la otra dejándola colgada, por supuesto sin soltar la guitarra y así tener una vista más clara de Arnold.

– ¿Cabeza de Balón? ¿Acaso estoy escuchando que te estás disculpando conmigo cuando yo debería hacerlo? ¿Qué diablos te ocurre? – preguntó sumamente extrañada.

Arnold se sintió un poco presionado, no iba a poder engañar a Helga de ese modo diciéndole cualquier cosa… y sí, la situación era rara… él estaba raro, cuando normalmente la rara era Helga. El rubio respiró profundo pensando una respuesta y luego dijo mirando hacia un costado:

– No he tenido un buen día… y tengo muchas dudas existenciales rondando en mi cabeza. – dijo intentando ser lo más sintético posible.

Helga alzó una ceja mirándole extrañada hasta luego contestar:

– ¿Finalmente te diste cuenta de la realidad que te rodea Cabeza de Balón? ¡Bienvenido a la Tierra! El planeta donde naciste. – comentó sarcásticamente.

Arnold soltó un suspiro forzado tomándose un rato en contestar, dejando a Helga un tanto seria pero fija en él.

– Sí Helga… tienes toda la razón. –

Helga estaba por responder algo pero aún así no supo el qué… ¿Qué era eso que tenía a Arnold desanimado? ¿Qué realidad es la que tuvo que descubrir? Sin embargo, decir lo siguiente le costó mucho… siempre le costaba mucho preguntar esto que dijo a continuación:

– ¿Estás bien Arnold? – preguntó simulando seriedad pero interiormente estaba preocupada.

– No lo sé… – dijo mirando hacia un costado.

Fue todo lo que contestó, dejando a Helga más nerviosa y preocupada que antes, la rubia contestó entonces un poco tímida preguntando:

– ¿Quieres contarme? –

Arnold volteó a ver a Helga, parecía verse más seria de lo normal… dejando a Arnold un poco desconfiado, no estaba seguro… Helga normalmente no ofrecía su ayuda así… ella no…

– ¡Bueno si vas a andarme mirando así mejor ni me molesto en preguntar! – exclamó la rubia alzando los brazos con molestia.

– No Helga… lo siento de nuevo… – dijo Arnold muy lamentado y se aproximó un poco a ella – Estoy muy pensativo… disculpa… –

La rubia rodó los ojos y se sentó nuevamente frente al lado del agua en el borde del muelle y corrio la funda de la guitarra dejando lugar al lado de ella y decirle al rubio:

– Tonto Cabeza de Balón… siempre con la cabeza en cualquier lado. – comentó Helga con desgano.

En cuanto Helga había corrido la funda de la guitarra, Arnold lo tomó como una invitación a sentarse a su lado por lo que lo hizo, dejando a Helga un poco nerviosa, pues no se esperó que tomaría con tal confianza aquella invitación indirecta de su parte, sin embargo Helga disimuló y no se inmutó por la reciente cercanía.

– Jejeje… –

La risita de Arnold descolocó a Helga dejándola un tanto atónita, se volteó a ver al rubio que permanecía mirando hacia su reflejo en el agua, por lo que esta reclamó por el extraño comportamiento de Arnold.

– ¿Se puede saber qué es tan gracioso Arnoldo? – preguntó ella ya comenzando a perder la paciencia.

Arnold sonrio de lado mirando hacia el horizonte que tenía frente a sí mismo tomándose un rato para contestar, teniendo la mirada de reclamo de Helga sobre él, pero eso no lo dejó intimidarse… por el contrario sabía que tenía su atención para decirle una gran verdad que salió de sus labios.

– Hace un rato hablaba con Milton sobre lo cuán cambiados están nuestros compañeros de clase, sé que igual él no es el mejor caso… pero muchos de ustedes han sido mis compañeros desde preescolar y todos han cambiado y tomado distintos rumbos… incluso Gerald… está tanto tiempo al lado de Phoebe que el tiempo que tenía para mí se lo da en su gran mayoría a ella… –

Helga permanecía mirando fijadamente a Arnold con su clara expresión hostil mientras este comenzaba a contar lo que había pasado, por un momento pensó en decirle que Milton no es precisamente el mejor ejemplo para hablar de eso cuando él era un ingresante de séptimo grado, pero su expresión cambio radicalmente cuando escuchó lo de Phoebe y Gerald, por lo que se mantuvo un poco más seria y dijo:

– Entiendo lo que dices… yo tampoco puedo pasar ya tanto tiempo al lado de Phoebe… incluso hoy me costó un poco que cediera a almorzar conmigo cuando tenía algo importante que decirle – dijo mirando hacia el reflejo del agua evitando la mirada de Arnold.

Para colmo recordó la discusión que tuvo con ella y Rebecca… y que para variar tenía a su deseo carnal a su lado conversando con ella en ese momento.

Arnold por otro lado, pasó ahora a mirarla a ella de tal manera que respondiera a su comentario.

– Aún así pasas tiempo con Melody y Rebecca… y eso está bien. –

– Sí… pero no es igual, ellas ingresaron este año… y Becka a veces quiere estar a solas con Melody… por lo que yo tengo que hacerme a un lado como buena amiga que soy. – dijo un poco desanimada hasta que halló una roca sobre el muelle y la arrojó al agua.

Arnold permaneció un poco curioso por la respuesta de la rubia, sobre todo cuando dijo de que Rebecca quería pasar tiempo con Melody… no imaginó que Helga le dijera eso a él, pero aparentemente no era un secreto, de cualquier modo Arnold sabía que Melody era muy inocente y no se percataba de esos detalles tan fácilmente.

– Entiendo… –

Hubo otro inquietante silencio, Helga no supo qué decir en ese momento, Arnold tampoco… la rubia tocó algunos acordes en guitarra para matar el silencio al menos unos segundos y luego tomar el valor para hablarle al Cabeza de Balón.

– Yo también me he fijado que nada es igual en nuestro curso… pero era algo que iba a pasar Arnold… nuestros diversos intereses nos han disociado y nos han hecho separar en los subgrupos de amistades que conoces ahora. –

Arnold volteó a ver a Helga y luego respondió volviendo su mirada hacia sus pies:

– Me preguntaba el por qué debía ser así… pero eso es parte de crecer ¿no? No siempre todo permanecerá igual que en nuestra infancia más pura, por más nostalgia que sintamos. –

– Así es… – confirmó Helga y luego miró hacia Arnold para decirle – Es raro oírte así Arnoldo… ni siquiera pareces tú. –

Arnold sonrio de lado haciendo una ligera mueca y volteó hacia Helga sin borrar aquella sonrisa.

– Puede ser… pero hace rato que comprobé algo que me agrada mucho de todo esto. –

– ¿Ah sí? – preguntó Helga mientras dejaba ir sus dedos sobre las cuerdas de su guitarra pero sin voltear hacia Arnold.

El rubio notó que Helga no se volteaba a él, por lo que terminó diciendo algo para que ella se volteara a él y le mirara.

– Y por eso debo darte las gracias Helga. – mencionó calmadamente.

Lógicamente Helga no se esperó esto en absoluto por lo que no pudo evitar voltear a mirar hacia Arnold con desconcierto… aunque tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural pues…

¡Oh por Dios! ¡Tonto Cabeza de Balón! ¡Deja de mirarme así! Ahhhh~ ¡Creo que me voy a desmayar!

Era lo que manifestaba en sus pensamientos, sintiendo unas fuertes pulsaciones en el pecho… sentía la adrenalina correr, la emoción y la felicidad en ese momento tan simple… pero a la vez dejándose llevar por la curiosidad de lo que realmente le hablaba Arnold, por lo que preguntó lo más seria posible.

– ¿De qué hablas zopenco? – preguntó en un tono algo demandante.

– Tú sigues siendo la misma que conocí Helga… – comentó con una sonrisa – Me sigues tratando igual sin importar cuántos años hayan pasado e incluso tenemos la misma relación desde entonces… me da gusto ver que al menos tú sigues siendo la misma. –

La expresión hostil de Helga cambió a total sorpresa… si bien aquel comentario le asombró y hasta se sintió un halago porque pues, Arnold estaba feliz porque de alguna manera no arruinaba su pasado, pero a la vez había algo que siempre ocultaba frente a Arnold. La rubia no supo qué contestar en ese momento y sólo podía responder con su clara y fingida molestia.

– ¡Ayy Arnold! ¡Ahora sí que se te zafaron los tornillos de esa cabezota que tienes! –

Arnold rio un poco por la respuesta de Helga, esperándosela de alguna u otra forma pero de todos modos contestó mirándole fijamente.

– Puede que sí, de todos modos estoy agradecido por eso. –

El rubio mostró de sus más honestas y nobles sonrisas dejando a Helga en una pelea interna con su consciencia de no derretirse en ese momento, volviendo a sentir que el corazón le latía a mil… ¡Y nada se le ocurría para zafarse de esa situación! ¡No se le ocurría nada siquiera para alejarlo o acercarse más a él! ¡Nada! Estaba por decir algo que ni siquiera estaba pensándolo cuando entonces…

– ¡Arnold! ¿Qué estás haciendo aquí? –

Tanto Arnold como Helga se sorprendieron y dieron la vuelta hasta notar a unos metros a sus espaldas a Raynard con lo que parecían unas copas de helado, aparentemente no estaba muy feliz de ver al otro rubio, y evidentemente ese era el motivo por el cual Helga intentó eludirlo anteriormente.

Arnold hizo todo lo posible por mantenerse calmado por lo que rápidamente se puso de pie de su lugar alejándose de Helga mientras Raynard se iba aproximando y la rubia en cambio miraba con expresión agria y molesta.

– Disculpa Raynard, vi a Helga sola, le pregunté si no estaba contigo pero no me dijo a dónde fuiste y permanecí con ella hasta ahora. – fue todo lo que pudo decir – Nos quedamos platicando… es todo. –

– ¿Se puede saber por qué demonios tardaste tanto Raynard? –

Fue lo que Helga preguntó de manera molesta mientras se pone de pie también para salvarle el trasero a Arnold de paso, dejando a este mirando un tanto curioso a la rubia.

Raynard mostró una sonrisa al ver a la rubia que era su 'cita' y le extendió una de las copas de helado.

– Lo siento Helga, fui a Slausen a conseguirte una copa de tu helado favorito… había una fila terrible, pero en cuanto pagué me apresuré a venir lo antes posible antes que se derritiera. – le dijo mientras le ofrecía la copa.

– Ah gracias… – dijo la rubia sin mostrar tanto entusiasmo pero a pesar de todo agarrando la copa de helado y le dio una bocanada al mismo para luego quedarse mirando a Raynard durante un momento y decirle – También veo que fuiste a consumir tus porquerías… –

Arnold ya se andaba preguntando si Helga le diría eso, pues desde que se había aproximado a él que había percibido su hedor a marihuana.

Por otro lado, el alemán sonrió un poco nervioso y dijo en su defensa mientras iba comiendo de su helado:

– Sólo una pinta Helga… estuve en abstinencia durante mucho tiempo… –

– Ah claro, y tuviste que matarla en nuestra salida. Eres imposible Raynard… te arrojaría el helado a tu cabeza de no ser porque está muy bueno. – y luego de eso llevó un poco de helado a la cuchara y se la extendió a Arnold – ¿Quieres Arnoldo? –

– No gracias, disfrútalo tú Helga. –

– Bien, más para mí. – respondió la rubia encogiéndose de hombros y dándole cucharadas al helado.

Bien, definitivamente aquel gesto de convidar no le había caído nada bien a Raynard, y Arnold se dio cuenta de esto, por lo que lo evitó lo mejor posible… o quizás Helga provocaba al alemán a propósito en venganza por haber estado fumando aquella cosa en medio de su salida. Fue entonces cuando este miró hacia Arnold y dijo:

– Bueno Arnold… supongo que ya no tienes mucho que hacer por aquí… Helga y yo tenemos que irnos al cine antes de volver a nuestras casas. – dijo con una sonrisa arrogante.

Arnold miró a Raynard de manera un poco curiosa, sabiendo que estaba restregándole su triunfo y compañía en el rostro pero intentando no tomar su provocación en su contra.

– De acuer… –

– ¿Sabes Raynard? Estaba pensando en volver a mi casa ya. – dijo Helga mientras le iba dando sus cucharadas al helado.

Tanto Raynard como Arnold voltearon a ver a Helga, viéndole al alemán bastante exaltado y desilusionado, y a Arnold un tanto curioso, aunque interiormente un poco más tranquilo de que Helga tomara dicha decisión.

– ¡¿Qué?! – preguntó el alemán sin poder creerlo – ¡No por favor! ¡No me hagas esto Helga! –

– Se está haciendo hora de cenar… debería volver a casa. – insistió la rubia sin mostrar la más mínima compasión por Raynard.

– ¡No te preocupes por eso! Yo te invito a cenar y luego te llevo a tu casa aunque se haga de noche. – dijo sonriendo confiadamente, aunque por dentro le carcomían los nervios.

Arnold permanecía en silencio viendo a ambos jóvenes, lo tan desacuerdo que se notaban los dos.

– ¿No entiendes verdad? – preguntó Helga de mala gana – No quiero Raynard… suficiente con que me dejaste más de media hora sola en el muelle cuando pudiste haberlo aprovechado a estar conmigo… ahora resígnate. –

Arnold no decía nada, pero sabía que Helga tenía razón… y a pesar de todo no se movía de ahí, cosa que a Raynard le estaba hartando.

– ¡Busqué que tuvieses un momento para inspirarte con la guitarra como siempre me dices que necesitas y tus padres no te dan el espacio que precisas! – exclamó Raynard y luego se mostró molesto mirando de reojo a Arnold – Pero a contrario de eso te veo conversando muy bien con Arnold… –

El rubio Cabeza de Balón cambió su expresión a una un poco más seria y ligeramente molesta por el comentario del alemán que le había resultado ofensivo.

– No lo hice para interponerme entre los dos… – fue lo que dijo en su defensa.

– Hable con el Cabeza de Balón o con cualquier otro sigue siendo lo mismo Raynard ¡Me dejaste sola demasiado tiempo y me aburrí! Así como también me aburrí de esta tonta salida… sepan disculpar pero me voy a casa, nos vemos mañana en Literatura, Arnoldo. – fue lo que dijo Helga mientras iba preparando a colgar su mochila en su espalda y guardaba la guitarra en su funda.

– Claro Helga, hasta mañana – respondió Arnold de manera tranquila.

Raynard estaba por decir algo pero la tranquila despedida de Arnold le hizo estallar su molestia y escupirla en nada:

– ¡Todo es por tu culpa! ¡Si no te hubieses metido en el medio no hubieses arruinado nuestra cita! –

Ante el comentario, Helga estaba a punto de replicar que nunca fue una cita, pero Arnold se adelantó volteándose a ver al alemán con expresión ofendida y contestó:

– ¿Disculpa? Fue tu culpa haberla dejado tanto tiempo sola para ir a consumir tus drogas. –

– ¡Mira Shortman! Puedo ser un drogadicto pero no un idiota. ¡Sé muy bien lo que hay entre ambos! ¡Y créeme que no voy a dejar que te interpongas entre Helga y yo! – amenazó el alemán.

Helga veía la discusión de ambos rubios con expresión molesta hasta que escuchó lo dicho por Raynard llegando a sorprenderle de sobremanera ¿¡Qué era lo que estaba vien…!? Era cierto que Raynard podía ver cosas que otros no… sin embargo la situación le pareció algo tensa por lo que exclamó:

– ¡C-cállate Raynard! – dijo intentando no sonrojarse por nada del mundo.

A pesar de todo eso no descolocó a Arnold sino que seguía más seguro que antes.

– Pues deberías comenzar por poner prioridades, si ella es más importante que tus vicios… sobre todo cuando son mala influencia para ella y su familia y quiere que te alejes de esas cosas. – fue lo que terminó diciendo mientras se cruzaba de brazos.

– ¿Te crees que yo no sé eso? – preguntó Raynard con molestia – Yo sé lo que es mejor para Helga, a cambio de ti, que tampoco sabes qué es lo mejor para las chicas que te rodean Shortman ¡Por eso estás sin pareja! –

No pudo evitarlo, aquel comentario ofendió bastante a Arnold y a Helga aún más aunque fuera ilógico, por sobre todo la rubia pensaba que Arnold no podía pasar peor día luego de esto, y era por eso que el Cabeza de Balón estaba contestándole pues parecía que su paciencia había muerto literalmente:

– Pues que yo sepa tú tampoco estás acompañado formalmente de nadie… y la persona que tanto te interesa misma te ha dicho que no quiere pasarlo contigo. –

– ¡Eres un…! – maldijo Raynard.

Arnold miró molesto y de manera desafiante a Raynard, dejando a Helga más tensa que nunca por lo que decidió interponerse para detener ese pleito de una vez dejando la mochila en el muelle junto con la guitarra.

– ¡Apártate de mi camino Arnold! – fue lo que exclamó Raynard llevando sus manos al frente para empujar a Arnold y arrojarlo al agua del lago.

– ¡Bueno ya cállensen los do…! ¡Aaaaaaaahhhh! –

Raynard había intentado empujar a Arnold y arrojarlo al agua, sin embargo en ese preciso instante la rubia Pataki se interpuso en el pleito para correr a Arnold a un lado recibiendo el ataque de Raynard y que ella sea la que terminara siendo arrojada al agua cruelmente.

Ante tal escena Raynard se quedó horrorizado de ver a su chica en el agua, lo mismo Arnold que se sorprendió completamente asustándose un poco y luego voltear a ver a Raynard con molestia.

– ¡Mira lo que hiciste! – exclamó.

Raynard miró muy molesto a Arnold y le contestó:

– ¡Es culpa tuya por haberte apartado! –

Arnold miró con aún más molestia a Raynard pero se encorvó para extender su mano hacia Helga y ofrecerle su ayuda.

– Helga toma mi mano y sube. –

Pero Raynard apartó a Arnold empujándolo y ofreciendo él su mano para ayudarla a ella.

– ¡Quítate! – dijo y luego extendió su mano – Helga lo siento mucho, te lo compensaré, toma mi mano y te ayudaré a subir. –

Pero Helga se levantó de su lugar en el medio del lago donde estaba cerca de la orilla, por lo que sus pies llegaban a la tierra… aunque su ropa y su cabello estaban completamente mojados y con una expresión de total y absoluta molestia y enfado, miró a ambos rubios y les zapeó con fuerza sus manos.

– ¡Auh! – exclamaron los dos llevando a sobar sus manos por el golpe proveniente de la rubia.

– ¡IMBÉCILES! ¡MIREN CÓMO ME DEJARON! – gritoneó sin poder contenerlo ni un poco.

Arnold y Raynard quedaron completamente apenados por la vergonzosa situación mientras veían a Helga irse aproximando nuevamente hacia el muelle estando toda mojada mientras escurría el borde de su playera dejando salir un hilo de agua.

– ¡Ustedes no pueden ser más zopencos porque es naturalmente imposible! –

Tras eso, Helga cargó su mochila en la espalda y la guitarra en su funda, sin embargo los rubios ya reclamaban su atención queriendo compensar su enorme error.

– Helga lo siento mucho – decía Arnold mientras se aproximaba a ella e iba desabotonando su camisa a cuadros – Toma, te presto mi camisa, póntela o te enfermarás camino a casa. –

Helga estaba por tirar un insulto a Arnold de no ser porque ¡Se estaba quitando la camisa y estaba mostrando plena piel de su pecho frente a ella! La pobre rubia debía hacer un sobresfuerzo inhumano para no sonrojarse, y quedose mirando hacia la camisa llegando a desviar un poco la mirada sobre el torso desnudo de su amado y comenzó su pelea mental.

¡No puede ser posible esto! ¡Se está semi-desnudando frente a mí y ofreciéndome su camisa! ¡Helga resiste! ¡No te le quedes mirando tanto tiempo así! ¡Argh! ¡El idiota está demasiado bien formado! ¡Helga no te sonrojes! ¡NO te son-ro-jes! – manifestaba en su interior para luego expulsar al exterior – ¡A-arnold por amor de Dios! ¡Vístete no seas ridículo! ¡Es un poco de agua! –

– Pero Hel… –

– Helga, toma te doy mi buzo, es mucho más abrigado. –

Fue lo que dijo Raynard metiéndose en el medio de la discusión viéndoselo a este con una playera negra encima y llevando el buzo violeta a la rubia de coletas por lo que esta miró hacia el mismo y se lo arrebató de las manos.

En cuanto Arnold vio que Helga aceptó el buzo de Raynard se contuvo un poco, bueno tal vez no iba a poder abrigarle muy bien su camisa, sin embargo Helga no terminó por abrigarse sino que arrojó el buzo al muelle y lo utilizó como trapo de piso para escurrir toda el agua y sobrante que tenía encima dejándolo totalmente mojado. Arnold vio esto con curiosidad y Raynard un tanto igual, mientras que la rubia dijo:

– Gracias. –

Y dicho esto emprendió marcha saliendo del puerto y yendo camino hacia su casa, dejando a ambos rubios completamente solos con la palabra en la boca. Arnold miró de reojo a Raynard y Raynard miró de reojo a Arnold repartiéndose miradas rivales, Raynard por su parte tomando su buzo del muelle y casi al unísono se podía escuchar y ver a ambos rubios caminar hacia la misma dirección gritando por las calles:

– ¡Helga! –

Ahí iba ella, completamente empapada cargando su mochila y su guitarra en su espalda mientras intentaba cubrir su brazos con sus manos por la corriente de viento que arrasaba por las calles, dejando además un camino mojado por las calles y dejando que los demás civiles la observaran extrañados por vérsela completamente mojada en tiempos como estos.

– Estúpido Raynard… si no se hubiese puesto en el medio yo… –

Era lo que terminaba diciendo mientras maldecía ella sola pero se detuvo en ese momento llegando a suspirar con desgano, recordando lo que habían hablado antes que Raynard llegara… le preocupaba un poco el estado de Arnold, claramente y quería ayudarlo ¡¿Pero cómo?! Bueno… realmente no había mucha vuelta, sin embargo, de nuevo se le cruzó la imagen de Melody en su mente y la fuerte discusión que tuvo con Rebecca y Phoebe ese día… lo que la desanimó aún más.

– ¿Qué diablos voy a hacer…? – se preguntó completamente derrotada.

No hubo respuesta, ni de sus propios labios, ni tampoco de su propia mente… Helga vagaba por las calles de Hilwood camino a su casa hasta llegar a ella. Buscó en su mochila sus llaves e ingresó a la misma sin tener la menor idea de que le observaban dos rubios a la esquina de la misma cuadra.

– Bueno… al menos ya está adentro. – dijo Arnold mientras veía el cómo Helga ingresaba a la casa.

– Sí… – afirmó Raynard.

Un incómodo y prolongado silencio se generó en ambos rubios de tal manera que ambos se echaron miradas rivales de reojo hasta luego voltearse quedando ambos enfrentados. Raynard fue el primero en manifestarse:

– ¡Te lo advierto Arnold! Más te vale que no te interpongas entre Helga y yo… o lo vas a lamentar. –

Arnold suspiró pesadamente rodando los ojos y terminó respondiéndole al alemán:

– ¡Asch! ¡Por favor Raynard! ¡Antes de dar acusaciones falsas deberías considerar lo que Helga quiere! Y si hay algo que ella quiere es que dejes de consumir esas cosas. –

– ¡Ella puede reclamarme eso tranquilamente! ¡Pero no tú! ¡Tú no estorbes Arnold! ¡Te estoy vigilando! – amenazó el otro.

– ¿Y qué me harás? ¿Me tendrás bajo amenaza como lo haces con Brainy? Mira Raynard… no sé qué es lo que traes conmigo… pero tus motivos de desconfiar de Brainy o incluso de mí pensando que nosotros vamos a quitarte a Helga o algo así son tan absurdos como tu supuesta habilidad de ver auras. –

No pudo evitarlo, finalmente Arnold comenzó a considerar que casi todos en la escuela tienen razón y que Raynard sólo inventaba cosas inspirándose a partir de los efectos alucinógenos de los fármacos y drogas que consumía… y claramente esto para Raynard fue una total y absoluta ofensa.

– ¡Vaya si en un momento pensé que eras agradable y confiable! Pero eres peor que eso, eres un aprovechador… estás corrompiéndote poco a poco Shortman. ¡Estás bajo mi vigilancia! Te acercas a Helga y te juro que no sales limpio. –

Arnold intentó no dejarse llevar por la intimidación que generaba Raynard, ya que él mismo sabía lo peligroso que podría ser, sobre todo si estaba bajo drogas nocivas, podría ser capaz de hacer algo inhumano… ir mucho más allá de un simple golpe en la cara o que le bajaran los dientes. A pesar de todo el Cabeza de Balón se puso firme para responderle:

– ¡Antes de seguirme amenazando mejor preocúpate porque Helga no despierte con una neumonía por tu culpa! –

Raynard no pudo ver con mayor odio a Arnold y entonces le alzó el dedo del medio en un claro gesto grosero para insultarlo en su contra:

– ¡Vete al infierno Shortman! –

Y luego de esto el alemán le dio la espalda para salir rápidamente con su skate, dejando a Arnold sólo y bastante molesto viendo con odio al otro chico.

Demoró unos segundos en tomar un poco de aire y mínimamente calmarse, llegando a voltear a la casa de Helga, pensó por un momento pasar y saber si todo estaba bien, pero seguro ella también estaba enojada con él y probablemente ahora estaba dándose una ducha de agua caliente para evitar que se enfermara. Ante tal pensamiento, el rubio Cabeza de Balón se retiró de allí volviendo camino a su casa, el Sunset Arms… pensando realmente lo que Raynard sospechaba sobre él… era cierto que en momentos consideraba de su habilidad… pero en momentos como ese generaba una fuerte controversia mental, y sin embargo ¿Realmente pasaba algo entre él y Helga como el alemán decía ocurrir?

– ¡Olga! ¿Por qué entras a la casa estando totalmente empapada? ¡Estás mojando todo el piso! –

Fue lo que exclamó Bob Pataki estando frente a su hija menor, la cual claramente estaba empapada y dejando el suelo húmedo, además de verse a Miriam un poco contrariada por la imagen que presenciaba.

– ¡Oh nada en especial! Sólo pensé que sería divertido darme un chapuzón en el agua del puerto de la ciudad pero olvidé el traje de baño así que me metí con mi ropa. – respondió Helga sarcásticamente.

Extrañamente Bob no respondió nada en ese momento pues Miriam lo hizo por él, mostrándose un poco más calmada por la situación.

– Helga cariño… debes tener más cuidado… vas a enfermarte. Ve al baño y date una ducha de agua caliente. –

– Es lo que iba a hacer antes que iniciaran el interrogatorio… – dijo la menor de forma molesta – Con permiso… –

Y sin más Helga fue subiendo rápidamente las escaleras para marchar rápidamente hacia primero su habitación en busca de su pijama y ropa interior, tras esto se introdujo en el baño y se quitó la ropa para ir preparando la ducha caliente, hasta que entonces iba esperando a que el agua se calentara y…

– ¡Atchú! –

Fue lo que expresó la rubia por medio de un estornudo mientras se llevaba las manos hacia los brazos cubriéndose innecesariamente pues estaba desnuda.

– ¡Criminal! Si llego a estar enferma para este fin de semana juro que en serio voy a arrancarle los piercings a ese estúpido germano del diablo. –

Suspiró de manera molesta hasta ir controlando a que el agua ya estuviese caliente, pero era demasiado caliente, por lo que cerró el grifo dejando que el agua hirviendo se fuera por el drenaje e iba esperando a que se vaciara la bañera. En ese momento la rubia volteó a verse al espejo del baño encontrándose con su reflejo… su cabello suelto y húmedo aparte de desarreglado por la mojada inesperada causada por Raynard… sin embargo no era su cabello lo que se detenía a observar… sino algo que se encontraba más abajo del mismo, precisamente por debajo de su cuello, de su clavícula. Helga agachó su cabeza mirando directamente hacia sus senos, los cuales eran bastante grandes, y ya a los 15 años estaba usando talla 90… era demasiado para una chica de su edad, y realmente odiaba con toda su alma tener eso allí. Le traía recuerdos como…


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Oh sí… ese momento tan vergonzoso de su infancia, porque ni aún llegaba a la pre-adolescencia. Helga se encontraba preparándose para ir a la escuela dentro de su habitación, la cual no estaba muy cambiada a como estaba en su infancia, e iba buscando su vestido para colocárselo, dejó este a un lado sobre la cama para irse poco a poco removiendo su pijama de dormir cuando entonces escuchó la puerta abrirse, llegando a asustar a la joven.

– ¿Hermanita bebé? – preguntó esta algo emocionada entrando a la habitación de la menor.

Dicho antes, Helga se sobresaltó por el ruido sobre todo porque la agarró en el preciso instante más indefenso de ella, permaneciendo casi semidesnuda frente a ella.

– ¡Olga por amor de Dios! ¡Toca la maldita puerta antes de entrar! ¿No ves que estoy vistiéndome? –

Olga se sorprendió también de esta situación tan improvista, por lo que rápidamente se disculpó.

– Lo siento Helga, lo que ocurre es que tenía que decirte que… – dijo algo lamentada y entonces se detuvo sorprendiéndose – ¡Un momento! –

Sin esperarlo, la hermana mayor se aproximó hacia la menor que intentaba colocarse el vestido pero la mayor se lo quitó de las manos para quedarse viendo al pecho desnudo de esta, descolocando a la más joven.

– ¡Por todos los rayos Olga! ¡¿Qué rayos te pasa?! ¿¡Acaso te volviste loca!? – preguntó un poco sonrojada por la vergüenza.

– ¡Oh Dios mío Helga! – exclamó Olga asombrada y luego miró hacia el rostro de su hermanita sonriéndole – ¡Te están creciendo los pechos! –

– ¿¡Qué!? –

Fue lo que Helga preguntó permaneciendo muy alterada, hasta mirar hacia sus pechos, evidentemente habían como dos pequeñas protuberancias por lo que anteriormente era su pecho plano, incluso parecían moverse junto con ella y no eran como los músculos de sus brazos o incluso sus propios glúteos… era más suave, y diferente.

– Vaya… tienes razón… – dijo extrañada la menor y luego miró un poco apenada hacia Olga – No me había dado cuenta. –

Olga sonrió enternecidamente para mimar a su hermana menor y darle una leve caricia en su mejilla, a pesar de que Helga se encontraba muy apenada.

– Mi hermanita está creciendo y desarrollándose~ – dijo melosamente.

Pero Helga estaba muy apenada, era demasiado raro… ella sabía muy bien que si bien era algo que iba a pasarle a todas las mujeres cuando llegaban cerca de su adolescencia… sin embargo eso también creaba cierta situación incómoda entre géneros opuestos o intereses indecorosos por parte de su entorno… Helga pensaba en todo eso y consideraba que su vida iba a ser mása difícil… pero también había algo más…

– ¿Sabes lo que eso significa? – preguntó Olga con una sonrisa – Que ya estás en edad para usar tu primer brassiere –

– ¿¡Qué!? – preguntó Helga muy sonrojada – ¡No! ¡No puedo hacer eso! –

– ¿Por qué no? – preguntó Olga un tanto curiosa – Helga… no puedes andar por ahí con tus senos fuera de control… –

– ¡Es que ninguna de mis compañeras de clase usa uno! – exclamó sin poder contenerlo.

Sin embargo Olga sonrió y dijo:

– ¡Oh eso significa que serás la primera! – dijo animadamente – Deberías sentirte orgullosa por eso. –

¡Pero por supuesto no lo estaba! Seguro se le quedarían mirando por eso, preguntarían qué es aquello que lleva debajo del vestido… por sobre todo cuando llegaran a los vestidores para las clases de gimnasia con uniforme o natación con traje de baño… sobre todo esto, seguro iban a notar su ligero cambio físico. ¡Y los chicos se le iban a quedar mirando como idiotas babosos! ¡Esto no podía ser peor!

– ¡Olga! – exclamó repentinamente la menor mirando hacia su hermana mayor.

– ¿Sí Helga? – preguntó esta sin dejar de sonreírle.

– ¿A qué edad comenzaste a utilizar tu primer brassiere? –

Tal vez de esa forma podría tomarlo como algo normal… quién dice… quizás con el tiempo pudiera tener la buena forma y cuidada complexión de su hermana que por algo tiene tanto éxito con la sociedad.

– Hmmm… –

Olga se llevó un dedo hacia la barbilla manteniéndose un poco pensativa en su respuesta intentando recordar, dejando a Helga más tensa que nunca, hasta que respondiera:

– Sin mal no recuerdo fue cuando tú ya habías nacido… a los 12 años. –

La expresión de alteración de Helga no se hizo esperar… por sobre todo porque ¡Ella tiene 10 años! ¡Y ya andaba usando un brassiere! Jamás iba a imaginar que luego de ese entonces sería un centro de atención bastante desalentador para ella… y por si eso no fuera peor, ni siquiera Arnold estaba ahí dando un comentario positivo sobre eso. ¡Genial! ¡Simplemente genial!

Fin Flashback


Todo aquello se le había venido a la mente, resultándole molesto… odiaba sus senos, y odiaba que le dieran tanto trabajo o que tuviese que usar aquellos sujetadores tan molestos. A veces solía tener dolores de espalda por el peso de estos… de verdad eran un total estorbo, y de por momento lo único que le han dado han sido suspensiones en la escuela por golpear a cada uno de los pervertidos que se detenían a mirarla allí mismo… como si eso no hiciera sentir peor a su autoestima.

Aunque algunas pocas veces tenía la pequeña fantasía… que si tan anhelado podían ser esos pechos, aquel cuerpo que contemplaba frente al espejo… que pudiese ser lo suficientemente apto para poder seducir a la persona que había robado su corazón desde que ella tenía memoria… era todo lo que más quería. Porque su mente reprimía los dolores de su compañera Melody… y Helga consideraba que lo mejor era obtener lo efímero por parte de Arnold y luego dejarlo para siempre… en disposición de la albina. Pero luego es cuando recordaba lo que Rebecca les había dicho a ambas… haciendo que Helga abriera de nuevo el grifo y se fuera introduciendo en la ducha y dijera para sí misma…

– Arnold ¿Qué es lo que buscas tú…? –

Y sin más se introdujo en la ducha dejándose llevar por la corriente del agua corroer del grifo, inundando la misma sobre su piel y dejando el vapor del agua recorrer el baño, empañando algunos vidrios y haciendo las cosas más borrosas… entre ellas algunas fantasías espontáneas que aparecían en su mente. Realmente no era mucho de hacer esas cosas, pero a veces lo presentía… como en ese momento, donde cierta inspiración afloraba dentro de sí… buscaba siempre ser criteriosa pues no vive sola en su casa, y trataba de ahogar cualquier mugido o sonoridad por medio del sonido del agua caer. Todo estrés, tensión, y deseos fueron descargados en ese momento en un mar de relajación… uno que le había hecho ahogarse en un placer efímero, y ridículamente corto… pero aún así valió la pena para matar toda la tensión de su día. Eran cosas que mantenía en total silencio con su entorno… y si bien era común a su edad, pero de cualquier manera jamás se atrevía a hablar de esos asuntos con nadie, ni siquiera con sus amigas… aún cuando se tratara de algo tan común y esperado en su edad.

Cuando Helga había finalizado la ducha, fue dejando secar su cuerpo, manteniendo su cabello suelto, y vistiendo un camisón rosado con tirantes, además de haber dejado el resto de su ropa para lavar y llevado sus cosas a su habitación. Había decidido no cenar, pues sólo le bastaba comerse uno de esos ramen instantáneos calientes y nada más. Desde hacía un tiempo que Phoebe le había pegado el vicio de comer ramen caliente para consumir algo cálido y a la vez algo rico… ya había pasado muchas veces encuentros con sus compañeras hablando de cosas de la vida y consumiendo aquellas sopas. Por si fuera poco, también con el tiempo aprendió a manejar los palillos, solía disfrutar utilizarlos y comer con ellos el ramen mientras miraba televisión, por lo que estuvo haciendo eso hasta que terminase el ramen, deteniéndose en mirar el canal de Música, llegando a disfrutar de algunas canciones mientras iba cenando y disfrutando de su espacio personal, tampoco estaba de humor para soportar a Bob y a Miriam luego del día espantoso que había tenido que pasar.

Poco después, terminó su ramen y apagó el televisor, pensando en prepararse para dormir, pero antes revisaría sus mensajes y fue cuando recordó:

– ¡Menos mal que dejé el celular en la mochila todo este tiempo! – fue lo que dijo para sí misma.

De este modo sacó su celular teniéndolo con una mano y el relicario de la fotografía de Arnold en la otra, el cual además estaba junto con ella desde que se quitó la ropa. En eso, fue acostándose en la cama viendo que la conexión inalámbrica estaba encendida y había recibido algunos mensajes, uno de ellos era de Rebecca que decía:

hey PP… lamento lo de hoy, mañana me gustaría que habláramos en el descanso, que estés bien y espero que lo hayas pasado bien con Raynard.

Una mueca de fastidio se generó en sus labios cuando recordó lo de Raynard, pero ya estaba en su cama calentita y casi a punto de dormirse, y realmente no le entraron ganas de contestar en ese momento ni pensar cosas serias, así que revisó algunas otras cosas como noticias o incluso cosas para compartir, cuando notó que había una notificación de su página de arte donde subía su material de arte de caligrafía expresiva… y no se trataba de cualquier comentario, pues se trataba de uno escrito por Arnold.

Helga se emocionó bastante de ver aquella notificación y sin pensarlo dos veces accedió a leer el comentario que le había dejado hasta que cuando lo finalizó sus ojos brillaron y terminó expresando:

– ¡Oh Arnold! ¡Arnold! ¡Siempre tan atento y considerado! ¡Esa sensibilidad y criterio artístico tuyo que me enloquece! ¡Aahhhh~! – dijo y suspiró para luego apagar su celular y dejarlo sobre su mesa de noche y agarrar el relicario y ponerlo sobre su pecho – Arnold mi amor ¡Haré lo que sea para que seas feliz! ¡Si quieres recuperar tu nostálgica infancia yo te la brindaré! –

Fue todo lo que dijo con entusiasmo para luego abrazar a su almohada con una inmensa sonrisa, quedando con los brazos descubiertos e inmediatamente dormida, cayendo en un profundo sueño, mientras el celular se iba apagando precisamente en lo que aparecía aquel mensaje, ese comentario proveniente de Arnold en la página de la identidad cibernética de Helga, conocida como Pink Panther:

Arnold P. Shortman: Me gusta el toque rústico que tiene, de verdad eres muy buena en esto. Tienes mucho talento, y tu nivel literario es realmente impresionante. Tus escritos me recuerdan a unos que tengo guardados en un libro desde hace años. Lo que me hizo pensar en volver a leerlo luego de mucho tiempo. Gracias por rememorarme una etapa que creí perdida ¡Sigue así! Comentaré en tu próxima publicación de seguro.


Es el fin por hoy, como había contado, este capítulo se centró más en Arnold, siempre pensé que sería interesante descontruir un poco la influencia de él y la imagen de chico positivo con el pasar del tiempo, que su alrededor cambie y que él mismo no lo reconozca y no sepa en dónde está parado. Si bien en aquel fan fiction anterior llamado Trastorno Disociativo utilizaba este concepto pero de forma mucho más extrema, por ejemplo Harold estaba delgado y era un chico apuesto y codiciado por la escuela, hasta así de extremos eran los cambios.

Afortunadamente, ahora por haber terminado con mi jornada de trabajo estas vacaciones podré estar un poco más al pendiente de las actualizaciones de este fandom y poder comentar sobre otros relatos, si uno quiere más reviewers siempre es bueno comentar el trabajo de otros, si no lo hice hasta ahora es porque no tenía tiempo disponible más que para escribir para el mío y tener una actualización semanal, de verdad lamento mucho eso, ahora por suerte podré hacerlo más frecuentemente.

El próximo capítulo se titulará Combustión ¡Finalmente la presencia del fuego! Pero el fuego tiene movimientos y estructuras irracionales e incontrolables, por lo que en el próximo capítulo vamos a ver probablemente muchas idas y vueltas pero de maneras mucho más fuertes, el próximo capítulo estará centrado tanto en Arnold como Helga a la vez. Afortunadamente ayer terminé de escribir este capítulo por lo que estaré próximamente escribiendo el sexto para adelantar lo mejor posible.

Les mando saludos a todos, agradezco enormemente los reviews que han llegado y que hayan al menos un mínimo de personas interesadas en este relato, sólo nos quedan 5 capítulos más para el final. ¡Tengan un buen día!

Ground Spirit Minerva – Marianela Paula Vázquez