Capítulo 4: Forma de sobrevivir que yo no conocía.


-¿Quién es él? – pregunté con curiosidad.

Estaba sentada tomando el desayuno en la mesa con ellos, excepto uno de ellos, que todavía no había salido de la habitación.

Silencio total. Parecían poder hablar a través de las miradas, y podía jurar que el tema de conversación era yo. Pero al escuchar aquella pregunta, sentí sus ojos fulminantes, otros siguieron totalmente serios.

En una pared, había un cuadro con una foto de ellos, pero allí aparecía un chico más, uno de pelo oscuro. Era como una foto típica de una familia, aunque no había padre, madre ni hijos, todos hacían la misma función.

-Cállate – fue la respuesta seca y fría que recibí por parte del que ya reconocía como Neji.

-No vuelvas a preguntar por él – ahora habló Gaara.

Pude notar algo de tensión cuando toqué ese tema que parecía tan prohibido.

Mi forma de comer era aterradora. Hace muchos días que no disfrutaba de una comida digna, así que no pude evitar sacar otra galleta del paquete.

Las miradas de reproche volvían.

-¿Qué vas a hacer para merecer comer esa galletita?

-Aquí no hay invitados especiales.

-Eeeh – dije un poco nerviosa – tengo un poco de dinero. Supongo que podría alcanzar para pagarles todo por unos días.

Les entregué un poco del dinero que había ganado trabajando. Creo que los convenció.

-De todas maneras tendrá que aprender a sobrevivir. No pretenderá quedarse aquí mientras nosotros estamos en la calle arriesgándonos.

-No se preocupen, si quieren puedo tratar de conseguir un trabajo – dije tratando de dar una solución.

Empezaron a reírse sin parar después de haber escuchado eso. ¿No se supone que era eso lo que querían? Lo único que tenía que hacer era cumplir con una cantidad de dinero.

-Pero miren qué inocente es – dijo el rubio - necesita aprender más de nosotros.

-Si me explicaran tal vez pudiera entender – contesté.

Volvieron a reír, pero todos se callaron cuando se escucharon pasos en las escaleras, era él, fijé mi mirada en el plato, no me sentía capaz de mirarlo, me intimidaba, así que simulé no prestarle demasiada atención.

Se acercó y miró la mesa con curiosidad. – Tienen que aprender a comer con más razón –dijo con desprecio al ver al ver el lugar donde habíamos comido. Nuevamente las miradas iban dirigidas hacia mí, él entendió de inmediato que la causa era yo. Hace rato moría por una buena comida.

Sonrió y se desapareció en la cocina.

Su presencia creaba cierta tensión. Emitía poder, autoridad, sin mencionar ni una palabra.

El chico de cabello rojo se paró de su asiento y el rubio lo miró incrédulo. -No pretenderás…

El pelirrojo, que ya estaba de espaldas dispuesto a salir por la puerta de la casa, se volteó nuevamente como si fuera necesario dar una explicación.

-Tengo que hacerlo. No puedo quedar mal.

-Es peligroso Gaara – habló una de las rubias – no te conviene andar por ahí. La policía podría verte.

Ahora comenzaba a entender un poco más, mis nuevos amigos no podrían ser visibles ante la policía, pero todavía me quedaba averiguar por qué.

-Eso no es nada nuevo Temari… - respondió burlándose de la obviedad de su comentario.

-Confíen en él – intervino Neji – Gaara ya sabe cómo ocultarse muy bien.

-Es muy temprano, deberías dejarlo para más tarde. La noche es más produdente. – insistió la rubia.

El pelinegro de mirada intimidante salió de la cocina con un plato con algunas galletas y una bebida, con su pelo desordenado y dejando todo su torso al descubierto.

Preferiría no describir lo que pensé al mirarlo.

-Esta vez debe ser más cuidadoso, esos idiotas están encima de nosotros – sus palabras estaban cargadas de odio. Su rostro se mantenía extremadamente serio la mayoría del tiempo.

-Tenemos que disfrazarlo, convertirlo en otra personaesta vez la que habló fue la chica de pelo castaño. Tomó la iniciativa y todos la siguieron hasta una puerta que desde el día anterior la había visto cerrada, aunque nadie me dijo nada, yo entré con ellos también. Era una habitación bastante grande, la chica abrió el armario y allí había una gran cantidad de pelucas y ropa inusual.

El pelirrojo dejó de ser el chico joven y atractivo que era, ahora lucía con un poco más de edad, por su ropa de señor adulto y su nuevo corte de cabello, que además era castaño.

Sus amigos quedaron satisfechos con el cambio. -Ninguno podría imaginar que se trata de Gaara.

Me miraron esperando una opinión. Yo permanecí callada.

La estás asustando desde muy temprano – dijo el nuevo hombre.

Vi que de la cara del pelinegro que me causaba tanta curiosidad salió una leve sonrisa, algo que hacía raramente, ya que la mayor parte del tiempo se veía muy serio. -Dentro de poco Sakurita ya tendrá que escabullirse también – sentenció en un tono divertido.

-Por cierto, no hemos decidido qué haremos con ella.

-No te preocupes Tenten, ya veremos para qué es buena – dijo Neji, que era tan serio casi como su amigo.

No terminaba de sorprenderme la manera cómo hablaban de mi destino, cuando Tenten abrió un cajón que estaba lleno de armas, se rieron al ver mi cara de espanto. Le entregó una pequeña al nuevo hombre y dijo: -Por si la necesitas.

Se la guardó en el pantalón, que quedó escondida por el largo de la camisa y la chaqueta.

Yo todavía no terminaba de entender cómo era que había pasado la noche en una casa donde habitaban quién sabe qué tipo de maleantes y yo todavía seguía sana y salva, sin intenciones de haber sido asesinada. Qué ingenua había sido, si te encuentras a dos jóvenes caminando por una calle solitaria a una hora bastante tarda te imaginas que vienen de alguna fiesta o algo así, no que están con planes de robar o matar a alguien.

Sin importar lo que pudieran pensar, salí por la puerta y subí a la habitación donde había dormido para coger mis cosas y largarme. Cuando empecé a bajar las escaleras, como lo sospeché, estaban todos sentados en la sala, mirándome. El chico rubio ya no estaba.

-¿Te vas a ir sin decir gracias? Eso es mala educación.

El chico de pelo largo, llamado Neji, se acercó hacia mí, ignorando totalmente el comentario anterior, serio, como siempre. ¿Pensaste que ibas a venir acá, dormir, comer y luego largarte?

-Yo no sabía con qué personas estaba – me defendí. No me quiero imaginar el tipo de problemas que voy a tener si sigo aquí.

-Y ahora tienes uno muy grande – siguió hablando sin reproche. ¿Cómo vamos a estar seguros de que no nos vas a delatar?

-¡ES CULPA DE NARUTO Y GAARA! Le dimos demasiada confianza, por lo menos se lo hubiéramos ocultado un tiempo hasta saber que era confiable – dijo con cierto enojo la chica que habían nombrado como Temari

-No es culpa sólo de nosotros Temari, fue de todos.

-¡Pero ustedes no tuvieron que haberla invitado!

-Se veía asustada y no tenía dónde quedarse.

El pelinegro que hasta ahora no intervenía soltó una carcajada. -Me sorprendes Gaara, desde cuándo tienes corazón y te interesa el bienestar de los demás. El pelirrojo intentó fulminarlo con la mirada, pero fue un fracaso, a él poco le importó.

-Vas a tener suerte Sakurita, no quisieras saber lo que hacemos con cualquier sospechoso que pueda delatarnos – dijo maliciosamente la que ya reconocía como Tenten.

-Y Gaara nunca sintió lástima por todas las personas que mató, pero sí la sintió por ella – dijo la otra rubia señalándome con su rostro.

Unos pocos segundos de silencio y los aproveché para poder volver a hablar. -No hay duda, sólo les traigo problemas, lo mejor es que me vaya. Pero fui detenida por Neji.

-Es cierto lo que dice Tenten, no haremos contigo lo que hacemos siempre con cualquiera que pueda hablar sobre nosotros, estamos acostumbrados a acabar con imbéciles hijos de puta, pero sé que seríamos incapaces de tocarte. Eres una niña.

Ese es el problema, su figura despierta tanta ternura.

No sabía si tomarlo como un cumplido, pero por lo menos ahora sabía que no iba a ser víctima de sus ataques.

Ahora sí había total silencio, al parecer cada uno en sus mentes debía analizar la situación. Mi existencia se convertía en un debate.

Neji y Temari fueron a la cocina, sacaron una botella y se tomaron un par de tragos, el pelirrojo permaneció sentado en su sitio, con la cabeza agachada, mirando un punto fijo, los otros se dispersaron, él me miraba, como si en mí fuera a encontrar la respuesta de lo que estaba pensando.

Esa mirada que me indisponía tanto, trataba de evitarla mirando para otra parte, pero sabía que estaba ahí.

Después de un rato, volvieron a la sala, el lugar donde al parecer se tomaban las decisiones "de familia". Yo estaba dispersa, mirando la casa, notando que no eran expertos en el orden.

-Yo quiero que se quede- ese comentario provenía de él.

La rubia de nombre desconocido se contuvo las ganas de saltar encima de él, porque en serio creo que lo quería hacer.

-¿Acaso tienes alguna intención con todo esto, Sasuke?

Temari estuvo de acuerdo con ella. -Me parece que Sasuke está pensando sólo en él, y no en el grupo.

Alzó los hombros como señal de que poco le importaba lo que pensaran. Yo sentí algo de pena y ahora sí quería desaparecer de ese lugar.

-Si llegó aquí es por algo – respondió con la misma tranquilidad, ni siquiera se veía alterado.

Y recordando el comentario tan inusual que me soltó la noche anterior, de la nada, sin ni siquiera conocerlo, pude imaginar, o casi que afirmar que era ese tipo de chicos que conquistan cuándo quieren y a quién quieren.

-A mí tampoco me molesta su presencia – dijo el pelirrojo – y si Naruto estuvo de acuerdo conmigo para traerla aquí es porque él también lo prefiere así. Entonces van tres votos a favor.

Tenten puso sus manos en la cabeza, suspiró y no muy convencida dijo: -Yo acepto, pero debe involucrarse, también tiene que estar manchada, sucia, para que nunca piense en delatarnos, ya que ella caería también.

Me alarmé al ver cómo decidían sobre mi suerte sin ni siquiera pedir mi opinión. Lo que decía Tenten era muy cruel, pero finalmente la entendí. Ellos no podían ir por ahí dejando testigos sueltos.

-Pero… pero yo no quiero estar manchada. ¿No me han entendido? No quiero ser parte de esto.

-Lo siento mucho – habló Neji, simulando tener un poco de compasión – pero aquí todas las decisiones se toman democráticamente, son cuatro votos a favor y eso es ventaja.

-Mi voto también debe contar.

-No quiero que me lo hagas repetir, niña.

Un delito más, esto es un secuestro – respondí tratando de defenderme pero al momento me di cuenta de que no les gustó para nada…

Ignorando por completo lo que pudiera pensar, subí a la que parecía que iba a ser mi nueva habitación por un largo rato y dejé mis cosas allí otra vez. Podría haber pensado en escaparme, ya lo había hecho, pero una cosa es escaparte de un internado, que aunque era de personas un poco peligrosas también, no se compara con lo mucho que pueden llegar a ser estos sujetos que guardan armas y que además tienen que esconderse. Definitivamente no era bueno ganarme seis enemigos de tal magnitud.


Era de noche. Naruto había llegado hace unos instantes, comenzaron a bombardearlo con preguntas, yo no presté mucha atención, sólo pude entender que todo había salido bien, nada de peligro.

Temari y Tenten estaban frente a un espejo maquillándose y peinándose. Temari llevaba una falda corta, un buen escote y tacones muy altos, así como la había encontrado la noche anterior.

Tenten estaba un poco más cubierta, miró su reloj y dijo: -Ya es hora, debe estar afuera esperándome. Salió sin decir nada, seguramente ya todos sabían para dónde iba, yo no aguanté la curiosidad y miré por el ojo de la puerta, había un auto lujoso de vidrios polarizados, abrieron la puerta, un hombre ya un poco viejo con ropa elegante le dio un beso en la boca, ella subió al auto y se fueron.

Cuando volteé la chica rubia estaba a unos pocos pasos de mí. -Chismosa, mejor prepárate que tú también tienes que trabajar hoy.

-¿Tenten se fue a trabajar?

-No te hagas la boba, está detrás del dinero de un viejo millonario. Ella asegura que dentro de poco le pedirá matrimonio.

-No había pensado en eso.

Yo me llamo Tsunade, creo que todavía no sabías mi nombre, y yo no soy como ellas, tranquila – dijo riendo – yo me dedico a otras cosas.

-¿Cómo cuáles?

-Robar…

-En otro momento se hacen amigas – interrumpió el pelirrojo – Sakura, ya es de noche y no veo nada de nada…

-Insisto en que puedo conseguir un buen trabajo… sólo denme un poco de tiempo. Gaara rió, y era obvio que no iba a discutir por esa tontería, luego llegamos a la sala, donde ya se hacía una emocionante conversación de toma de decisiones.

-Ella podría irse conmigo – dijo Temari.

-NO – respondió secamente el pelinegro. La rubia lo enfrentó. -¿Y por qué no? ¿Qué más puede hacer?

-Sasuke, creo que es lo ideal – dijo Gaara – no tiene experiencia para ir con nosotros.

-Que nos demuestre qué saber hacer.

-Podría ayudar a Temari a conseguir clientes, no tiene tanta dificultad. Pero si se va con nosotros sabes que hay muchos riesgos, podría equivocarse…

-No importa, podemos enseñarle, no quiero que se prostituya, se aprovecharían de ella.

-¿Y por qué no sientes la misma preocupación por mí, Sasuke? – dijo le rubia algo indignada.

- Eres así desde hace mucho tiempo Temari, ella no.

La discusión se acabó y yo me encontraba con Tsunade, que ahora mágicamente se había convertido en una rubia con la ayuda de una peluca, Temari se fue a su trabajo, un burdel, Naruto, Gaara y Neji se fueron juntos, su lugar de destino no lo sabía.

Íbamos caminando por una calle totalmente sola que daba temor, ella estaba a mi lado y el pelinegro nos seguía atrás, miré para atrás, iba tranquilo, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, me correspondió la mirada, inmediatamente volví sobre mi camino. Ellos parecían estar muy calmados, a comparación de mi corazón que latía más rápido de lo normal, el cuerpo me temblaba y sabía que no era por el frío.

La rubia sonrió al darse cuenta. -No te preocupes, la primera vez siempre es así.

Llegamos a un cementerio, en lo profundo de mi ser rogaba para que no fueran ladrones de lápidas, pero me alegré al descubrir que sólo íbamos allí para montarnos en un auto.

Sasuke iba al volante.

-Qué lugar tan extraño pasa usarlo como estacionamiento. Pensé en voz alta.

-Sakurita, no sería conveniente tener este auto estacionado cerca de la casa, nos podrían reconocer – dijo con cierto enojo por la torpeza de mi comentario.

-Claro que también nos ahorramos problemas usando una placa de auto falsa. Tenemos toda una colección.

Salimos del cementerio que me producía terror y no fuimos muy lejos, sólo unos 10 minutos de camino conduciendo. Se estacionó, soltó el volante y me dedicó toda la atención a mí, que me encontraba en el asiento trasero, sentía su cara demasiado cerca de mí, a pesar de que había una distancia considerable, y la seguridad con la que hablaba me causaba pánico.

-Hoy vamos a tener compasión de ti Sakurita. Sólo vas a ser espectadora.

-Pero Sasuke, ya habíamos acordado que ella…

-Está asustada – interrumpió secamente – no sé si recuerdas la primera vez que robaste, fue todo un fracaso y casi nos atrapan, todo por los nervios. – terminó diciendo en forma de burla mientras Tsunade lo miraba con reproche.

Estábamos en una calle solitaria y oscura, había grandes, enormes casas, que al parecer eran de familias muy acomodadas. Podía imaginarme que eran un constante blanco de robos para ellos. Tsunade se bajó del auto sin decir nada, él corrió la silla hacia atrás, puso las manos en su cabeza y se recostó, como si supiera que la espera sería larga.

-Supongo que debo hacer lo mismo – dije tratando de evitar ese silencio incómodo que sabía que se venía entre él y yo. Al mismo tiempo, recosté mi cabeza en la silla.

Sonrió. -Ya lleva mucho tiempo haciendo esto, no creo que tarde tanto – dijo sin dejar de mirar al frente.

Miré a mi alrededor. Me juré a mí misma nunca más caminar sola y de noche por un lugar como ese tan aterrador. Al parecer él leyó mis pensamientos.

-Nadie se atreve a caminar por un lugar como éste a esta hora, les daría miedo encontrarse con cierto tipo de personas. Aunque estaba en la parte de atrás podía ver que medio sonreía.

-Te refieres a encontrarse con personas como ustedes.

No respondió, era obvio que hablaba de ellos mismos.

-Pásate para acá adelante.

Sabía que si seguía su orden tendría que soportar su presencia aun más cerca de mí. Rió al ver que estaba totalmente pegada a la puerta como si quisiera salir corriendo de ahí. Combinaba una extrema seriedad con algo de burla, le gustaba molestar a la gente.

-Vas a tener que acostumbrarte a estar cerca de mí.

-Si quisiera podría irme en este momento y no volver a esa casa jamás.

-No te vas a ir, porque te da miedo estar sola por aquí.

-Yo no te dije nunca que me daba miedo.

-Pero sé que es así.

Pasaron unos minutos del incómodo silencio al que tanto le tenía pavor. Yo pensaba por qué él insistía tanto en que no me fuera de esa casa, y también tenía una pregunta para hacerle, una gran inquietud que siempre había tenido.

-¿Por qué me dijiste eso anoche? – pregunté y de una vez rompí el hielo.

-Mmm, ¿qué fue lo que dije? Por su actitud pude notar que sí sabía de lo que hablaba, sólo quería hacerse el que no lo recordaba.

Me quedé callada. Sabía que pedirle explicaciones sería una forma de subir su ego. Él tampoco me dio el gusto.

-No te lo tomes en serio. Ni siquiera sé por qué lo dije…

-No sabía que era normal ir diciéndole por ahí a cualquier persona que podría enamorarse de ti. Seguía totalmente quieto, mirando hacia al frente, y otra vez lo vi riéndose. No respondí nada.

Un sonido que apareció repentinamente me asustó. Era el celular del pelinegro, contestó rápido como si fuera una urgencia, sólo se limitó a escuchar, no dijo nada.

Bájate – dijo algo preocupado. Él ya estaba afuera, seguí su orden porque sentía que era algo importante. Comenzó a correr, lo hacía muy rápido, seguramente porque ya lo había hecho muchas veces, correr para no ser atrapado, yo era muy lenta todavía, pero trataba de ir lo más rápido que pudiera, corrimos casi dos cuadras hasta que él se detuvo en una casa en especial.

-Vas a tener que ayudarnos. No era una sugerencia o un favor, era una orden.

-Qué tengo que hacer – dije con mucho esfuerzo ya que todo el cuerpo me temblaba.

-Toca la puerta, invéntate algo, distráelo, cuando veas que Tsunade salga corriendo hazlo tu también, nos encontramos en el auto.

Supuse que no iba a ser tan difícil aunque no podía negar que cada vez estaba más nerviosa. Me dirigía a la puerta pero él me detuvo.

-Pretendes mostrarle tu rostro, para que luego te haga un retrato hablado y te busquen.

Fui muy tonta al olvidar esa regla tan básica de los criminales, él sacó unos lentes de su chaqueta y se alejó un poco. Yo me hice una coleta improvisada en mi cabello y me acerqué a la puerta.

Toqué. Pensé que mis manos no iban a ser capaces de hacerlo, pero después me di cuenta de que en efecto lo había hecho porque salió un hombre de aproximadamente 40 años, con su bata de dormir y un jarrón de vidrio en una mano. Por la expresión de su cara podía asegurar que quería matar a alguien con todas sus fuerzas, pero al verme se tranquilizó un poco. Me sentí mal porque se había confiado de mi figura inocente y si supiera que tenía que engañarlo. Miré el jarrón y pensé que era una defensa muy débil si la comparamos con el arma que probablemente llevaba Tsunade en su poder.

Él entendió mi curiosidad.

-Los delincuentes que no faltan.

Mi hubiera gustado preguntarte qué había pasado con Tsunade, pero obviamente no era lo más conveniente decirle algo como: Estoy buscando a mi amiga, que quería robarte en tu casa, ¿podrías decirle que saliera la puerta?

-Y bueno, qué buscas aquí niña, por qué estas en este lugar tan peligroso a estas horas…

No sé si era buena idea pero intenté cambiar la forma de mi voz.

-Estoy buscando la casa de mi abuela – mentí. Por la descripción de la casa creí adivinar que era ésta, pero por lo que veo me he equivocado de nuevo.

El hombre pareció interesarse en mi problema.- ¿Cuál es la dirección de la casa de tu abuela? Tal vez podría indicarte el camino.

Primer Error. No sabía ni siquiera el nombre del lugar donde ahora vivía, así que menos iba a saber de direcciones por esa zona de la ciudad.

Pánico, no sabía qué responder.

-Habla niña, cuál es la dirección.

Mis ojos no podían creer que al mirar hacia la ventana del segundo piso, Tsunade estaba allí dispuesta a tirarse. El hombre comenzó a mirarme de manera sospechosa.

Segundo Error. Fui muy obvia al mirar insistentemente hacia la ventana. El hombre quiso saber qué era lo que yo miraba. Tsunade saltó y cuando cayó pude adivinar qué tan doloroso había sido, sin embargo no se quejó de nada y comenzó a correr.

Mis pies no se movían. -Desgraciada, eres una de sus cómplices, voy a llamar a la policía. El hombre me miró con odio y entró a su casa rápidamente.

Era la oportunidad, comencé a correr y a lo lejos veía los cuerpos de Tsunade y Sasuke que también corrían. Creo que por los nervios corrí más rápido de lo normal, cuando llegué al auto ellos me esperaban con la puerta abierta.

El camino hacia el cementerio fue mucho más corto, tal vez la mitad del tiempo, ya que Sasuke conducía como un demonio. Dejamos el auto donde lo habíamos encontrado, y aunque me parecía razonable pedir descansar un poco, empezamos la corrida de nuevo.

Cuando llegamos a la casa, Tsunade comenzó a quejarse de todo lo que no se había quejado en el camino.

-Me duele un poco cuando camino.

Admiré su esfuerzo porque si decía que le dolía caminar, no me imagino qué pasaba si corría.

-¿Qué fue lo que pasó? – preguntó Naruto que ya estaba en casa. Al parecer su jornada laboral había sido sencilla y corta, o tal vez era una recompensa porque ya había estado trabajando en el día.

-Fue una idiotez mía – se disculpó la rubia – cuando estaba en la sala tumbé algo de vidrio sin querer, estaba muy oscuro, un hombre se despertó por el ruido y bajó a ver qué pasaba, pero pude esconderme. Cuando tocaron la puerta, que supuse que era la ayuda de Sasuke, aproveché para subir al segundo piso y encontré una ventana que estaba abierta. No tenía otra salida.

Naruto asentía con cada frase de la rubia.

-Fue Sakura quien tocó la puerta, pensé que ella le parecería más confiable – dijo el pelinegro.

Naruto y la rubia me sonrieron y por primera vez me había sentido menos incómoda. Por lo menos había servido para algo.

-Pude distraerlo muy poco tiempo, después quedé en shock.

-No te quites los méritos Sakura, mira que finalmente nada pasó – dijo el rubio.

-Pero no me parece que fue tan grave. No sé por qué corríamos tan rápido, él ni siquiera salió detrás de nosotros, sólo fue al teléfono a llamar a la policía. Mi comentario terminó con el ambiente amable que había. Sus caras volvieron a ponerse serias.

-¿Por qué crees que corríamos? ¿Para que el señor no nos atrapara? – dijo Tsunade. Escuchamos las sirenas de la policía pasar por nuestra calle.

Esa era la explicación.

-Si caminamos lentamente y sin prisa nos encontramos con ellos.

-Son muy rápidos, hay una estación de policía aquí cerca.

-Sí, esa estación apareció porque los habitantes de este sector comenzaron a quejarse de los robos que había todos los días.

-Definitivamente ya no hay tranquilidad en este lugardijo el pelinegro. Y comenzaron a reírse por lo irónico de sus comentarios. Toda la culpa era de ellos.


CONTINUARÁ